transición

El llanto de Iglesias. De Salvador Garrido Román

Nunca hasta ahora, la lucha contra la dictadura fue usada por una organización para la confrontación política.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, tras su intervención en la sesión de control al Gobierno. J.J. Guillén

11 junio 2018 / EL PAIS

Yo fui torturado por Antonio González Pacheco —alias Billy el Niño— en 1972, cuando tenía veinte años. Guardo entre mis cosas el reloj de pulsera que llevaba puesto en el momento de mi detención, destrozado por el culatazo de arma de esbirro. Me puso su pistola en mi pecho y me dijo que mi cadáver aparecería flotando en el río Manzanares. Me preguntó si sabía quién investigaría mi muerte. Se respondió a sí mismo: “También yo”. Y rio su letal amenaza.

Fui entonces preso político, encarcelado por el torturador Billy el Niño. Ocurrió hace 46 años, va para medio siglo y ahora me lo rememora Pablo Iglesias con motivo de su alegato contra el mantenimiento de la concesión de una medalla en 1977. Nunca vi así mi caso en manos de una organización política.

Reprochó al ministro del Interior que la distinción a este torturador no hubiese sido retirada por el Gobierno. No mencionó que la Ley de Amnistía de 1977 supuso tabla rasa sobre estos asuntos: asesinos etarras con delitos de sangre, que volvieron a matar, se beneficiaron de la misma medida. No denunció esta infamia. Pero sí permitió, con sus silencios, que muchos españoles más jóvenes —como él—, pero desconocedores de esta tragedia, vislumbraran la vergüenza de mantener una condecoración a un torturador.

Afirmó Iglesias que ojalá un futuro ministro del Interior socialista haga justicia cuando sabe perfectamente que los hubo en el pasado durante más de veinte años de Gobierno y que no procedieron a la retirada de la condecoración que ahora reclama. A continuación, leyó algunos testimonios de víctimas del torturador en los que se relataba similares y más graves actos impropios hasta de una bestia.

El ministro le contestó que si los relatos que acababa de leer estuvieran recogidos en una sentencia, no habría diputado en la cámara que pensara en el merecimiento de la medalla y que caería sobre el torturador todo el peso de la ley. Iglesias no tenía ninguna sentencia. Su socio de coalición electoral, Alberto Garzón, envió acto seguido un mensaje público en el que incidía en este objetivo partidista acusando de poca vergüenza al ministro por haber defendido “a ese fascista delante de sus víctimas, que estaban en la tribuna” y mostrando su esperanza de que gente así sea expulsada del Gobierno.

Según Iglesias y Garzón, o se retira la medalla o se está en la vergüenza. A mí, sin embargo, me parece vergonzoso que un asunto así sirva para la confrontación partidista. Yo no hice lo que hice para que se usara de esta manera. Yo lo hice para que todos los españoles pudiéramos vivir en libertad, incluidos Iglesias, Garzón y los ministros del Interior, populares y socialistas, claro, y para que las leyes democráticas futuras fueran garantía de que no volviera a ocurrir. Como así fue. Nunca para que fuera arrojado, como una piedra, contra nadie. Cuando terminó su intervención, Iglesias se incorporó, levantó su puño, se sentó. Y lloró.

Mucho antes, en 2011, la ministra italiana de Trabajo lagrimó su comparecencia pública y dio tal imagen icónica la vuelta al mundo. Como cunda el ejemplo, y así parece, se va a generar una contienda política de desconsuelos. En mi caso, me sentí orgulloso de mi contribución a una nueva convivencia y convencido de que la democracia ha demostrado la imposibilidad de que vuelva a reproducirse la barbarie. Me satisfizo haber sido hijo de mi tiempo, comprometido, y me repele hoy la calificación de esclavo del pasado. Vencí al torturador cuando España se transformó en una democracia. Mi satisfacción, ya digo, es la libertad que disfruto, la misma que ocasiona la derrota del torturador.

Karl Popper afirmó que “aún el tirano más poderoso depende de su policía secreta, de sus secuaces y de sus verdugos”. Así, la dictadura se sustentó en numerosos torturadores, entre otros azotes. Uno de ellos fue Billy el Niño. Lo importante fue que no perdurara la tiranía. También André Glucksmann, en su libro “el discurso del odio” ofreció claves para reconocer esa lacra. Una de ellas es que “el odio se maquilla de ternura”. El argumentario del odiador es, señaló Glucksmann: “Quizá me equivoco… pero creía que estaba haciendo bien, voy de buena fe, nada malvado; el perverso eres tú, que osas suponerme tal”. Y con su conclusión me expreso: no necesito odiar el odio para combatir su locura asesina sino que sonrío ante su espantoso ridículo.

Pablo Iglesias representa un liderazgo cesarista que le permitió convocar una consulta entre los inscritos de Podemos sobre la permanencia de los cargos que su compañera Irene Montero y él tienen, cuestionada tras la compra de su nueva residencia. Obligó y sometió un asunto privado a la consideración política de su organización. Convirtió su designio personal en un referéndum político. Sin encomendar su voluntad a comité de dirección interno, conocido, alguno. Este comportamiento suyo fue autoritario y no veo razón alguna, sino todo lo contrario, para así calificarlo.

De aquella experiencia adversa no me quedó ningún estigma por suerte. De toda la transición política sí conservo una conciencia crítica que, con el tiempo, me mantiene en alerta contra los vestigios autoritarios y, hoy, me generan considerarlos un esperpento.

Salvador Garrido Román es periodista, fue secretario general del sindicato de CC. OO. de Correos y Telégrafos, elegido en su congreso constituyente de 1977.

Reconozcamos los avances y también los retrasos y despistes ocurridos en el último cuarto de siglo. De David Escobar Galindo

Hay que partir de un hecho incuestionable: a pesar de los trastornos que se han venido presentando en el trayecto, el esquema político democrático se ha mantenido incólume a lo largo del tiempo.

david escobar galindoDavid Escobar Galindo, 1 octubre 2016 / LPG

Para El Salvador y los salvadoreños el cuarto de siglo que se cumple en enero de 2017 representa la etapa histórica menos previsible a lo largo de nuestro desenvolvimiento histórico contemporáneo. Y hay que detenerse un instante en dicha afirmación, para buscar en el plano de los hechos las fundamentaciones de la misma. Los salvadoreños fuimos acumulando los factores que conducirían hacia el conflicto bélico desde mucho antes de que éste se desatara en el terreno. De seguro dicha acumulación se dio de manera más directa desde los sucesos del año 1932. Pero como siempre ocurre en estos casos, nadie pareció advertir que se estaban creando las bases de lo que sería el desgarramiento mayor, que es la guerra interna. Y cuando la guerra surgió hubo una generalizada percepción de que estaban dadas todas las condiciones nacionales e internacionales para que hubiera un desenlace militar.

la prensa graficaLas cosas fueron pasando de manera imprevista, sobre todo en lo fundamental. Pese a contar con los máximos apoyos internacionales posibles en aquellos tiempos finales de la bipolaridad mundial, ninguna de las dos fuerzas en guerra logró alzarse con el triunfo por medio de las armas. La solución política se dio, aunque casi nadie creía que fuera posible. Esto abrió un espacio de oportunidades de futuro que surgieron casi de repente. La democracia tenía ante sí un escenario político renovado, en el que estaban presentes todos los actores en juego, sin exclusiones ideológicas de ninguna índole, y todos llegaban a él de manera natural, sin credenciales privilegiadas para nadie. Novedad que requería, en primer término, ser asimilada como tal en toda su significación proyectiva; e inmediatamente después ser manejada con una sensatez no aprendida, porque en el pasado no existía ninguna experiencia semejante.

Un cuarto de siglo después, hacer balances de lo ocurrido y de lo no ocurrido a lo largo del desenvolvimiento de la posguerra es tarea que tiene mucho más que carácter histórico, porque se trata de recoger lecciones que nos habiliten para administrar el presente en función del futuro. Hay que partir de un hecho incuestionable: a pesar de los trastornos que se han venido presentando en el trayecto, el esquema político democrático se ha mantenido incólume a lo largo del tiempo. No ha habido fracturas ni deslaves que desquicien dicho esquema. Esto quiere decir, sin duda, que el escenario no puede ser problema para la viabilidad del proceso; y si este se traba es porque los actores no responden como debieran. Hay ahí una falla de actuación que es preciso corregir cuanto antes, para que la dinámica fluya hacia adelante. ¿Y a qué se debe dicha falla? Principalmente a que las mentalidades operantes aún no se animan a desalojar los enclaves del pasado.

Ningún proceso nacional, en ninguna parte, es una línea sostenida sin tropiezos ni derrapes; por eso en cada caso hay que hacer valoraciones de la realidad sucesiva, para estimular lo positivo y corregir lo negativo. En una situación tan especial como la salvadoreña de posguerra, esto se vuelve aún más útil. Mencionábamos ya el avance principal, que es contar con un esquema de participación política sin exclusiones, que es todo lo contrario de lo que antes existió. Pero también hay retrasos y despistes. El retraso mayor consiste en no tener elaborado un diagnóstico integral y pleno de la realidad del país, que sustente un plan de nación en el que todas las piezas del rompecabezas estén comprendidas. Y en cuanto a despistes, quizás el más significativo sea el de continuar creyendo que El Salvador de hoy puede seguir manejándose sin los reciclajes políticos, sociales y económicos que demandan los tiempos que corren.

Estamos a punto de cumplir el primer cuarto de siglo desde que concluyó la guerra por medio de un Acuerdo de Paz. En muchos sentidos aún nos hallamos en transición, lo cual, si bien se ve, es perfectamente entendible dentro de un proceso como el nuestro. Si tardó tantos decenios hacer que la división nacional culminara en una guerra no sería lógico esperar que la pacificación modernizadora se cumpliera como por arte de magia. Hay que trabajar mucho para que la paz se vuelva estabilidad y progreso irreversibles. En ésas estamos, aunque por momentos la fatiga histórica se haga presente.

Lo que sí se puede y se debe es acelerar el ritmo de las diversas transiciones en las que estamos inmersos. Esto se logrará si hay disposición activa compartida para que todo lo que se vaya haciendo tanto en la institucionalidad como en la sociedad apunte hacia el propósito claro de ganar futuro en todos los sentidos posibles.

El chavismo tiende una emboscada al nuevo parlamento venezolano

El oficialismo maniobra antes de que la oposición tome posesión en el Parlamento. Trata de nombrar hoy a 13 jueces afectos para el Supremo.

Dirigentes de la MUD denunciando las maniobras del chavismo

Dirigentes de la MUD denunciando las maniobras del chavismo

Alfredo Meza, 23 diciembre 2015 / EL PAIS

el paisEl Gobierno de Nicolás Maduro, decidido a obviar las consecuencias de la derrota sufrida en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre, está aprovechando el control que mantiene sobre el Poder Judicial para impedir que la nueva legislatura, de mayoría opositora, se instale el próximo 5 de enero como está previsto. Este martes por la tarde, el Tribunal Supremo de Justicia respondió a un escrito presentado por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, en el que demandaba la interpretación del artículo de la Constitución que le autoriza a convocar sesiones extraordinarias después del 15 de diciembre, cuando culmina el segundo semestre legislativo. La Sala Constitucional no solo aclaró que nada impide que se puedan llamar a plenarias fuera del período ordinario, sino que en estas convocatorias se puede tratar cualquier tema.

Era una respuesta a las críticas de la oposición cuyos voceros no discutían la legalidad del llamado, sino el problema político que se genera. El chavismo pretende aprovechar las sesiones extraordinarias y sacar adelante este miércoles en la Asamblea el nombramiento de 13 nuevos magistrados, afectos al Gobierno, y 22 suplentes para el Tribunal Supremo. “Es un asunto de moralidad republicana. La mayoría oficialista no puede tomar decisiones que comprometan el futuro del país cuando están de salida”, afirmó Jesús Torrealba, secretario ejecutivo de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en declaraciones a este diario.

La asamblea saliente va a aprovechar hasta el último minuto de su mandato para evitar que la oposición, con mayoría absoluta, pueda legislar en contra de los intereses de la llamada revolución bolivariana. El fallo del Supremo confirma que podrán trabajar hasta la medianoche del cuatro de enero. No habrá una transición civilizada porque el chavismo así lo ha informado a su contraparte. “Diosdado Cabello respondió a una carta nuestra, en la que le pedíamos que nombrara a un equipo que nos entregara la Asamblea Nacional, diciendo que nos entendiéramos con el portero”, dijo Torrealba en una rueda de prensa convocada el martes en Caracas, la capital.

Justo en esa conferencia, en la que se encontraba el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski, Torrealba denunciaba que la Sala Electoral, que está oficialmente de vacaciones hasta el 7 de enero, había abierto sus puertas para conocer de un contencioso contra 22 diputados opositores electos. El recurso judicial, firmado por el abogado Leobaldo Salazar, pretendía dejar sin efecto la proclamación hasta que se resolviera un reclamo cuyo alcance y dimensiones desconocía la coalición opositora. El abogado de la MUD, Carlos Guevara, no podía ofrecer más detalles sobre los nombres de los impugnados porque aún no tenía una copia del escrito. “Tengo la certeza de que existe porque vi el documento y me prometieron que lo conocería en las próximas horas”, aseguró Guevara. El Supremo difundió una nota ayer en la que negaba no obstante haber recibido la solicitud de impugnación.

No habrá una transición civilizada,
porque el chavismo así lo ha informado a su contraparte

Durante toda la tarde las redes sociales se convirtieron en un abrevadero de rumores que dan cuenta de una tensión que no disminuye ni en los días cercanos a la Navidad, cuando los venezolanos suelen desconectarse de su cotidianidad. Fuera del país también hubo reacciones al intento por evitar que el nuevo Parlamento asumiera sus funciones. Hasta 36 ex jefes de Estado y de Gobierno integrantes de la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA-Democrática) -entre los que se encuentran los exmandatarios José María Aznar (España), Laura Chinchilla (Costa Rica), Andrés Pastrana (Colombia) y Ricardo Lagos (Chile)- publicaron un comunicado donde llamaban la atención de los gobiernos miembros del sistema interamericano “a propósito de las graves alteraciones constitucionales que están teniendo lugar en Venezuela y que amenazan con desconocer la voluntad popular”. “La acción judicial ordinaria de nulidad electoral tiene los visos de un golpe judicial”, agregaron.

La movida jornada informativa en Venezuela continuó en la noche con la misma intensidad. En respuesta a la denuncia de la MUD, un despacho de prensa del Tribunal Supremo de Justicia indicó que la Sala Electoral no había recibido ninguna acción judicial que impugne los resultados de las elecciones parlamentarias. Fue un desmentido que terminó por reafirmar las sospechas de la alianza opositora acerca de la existencia del contencioso. “Nos parece genial que lo nieguen. Estamos en una situación de extrema opacidad y cualquier especulación cabe. Nos remitimos a los hechos: nuestro abogado vio el documento y teníamos el número del expediente. Lo que ha ocurrido quiere decir que el gobierno ha dado marcha atrás. Si admitían ese documento perderían el único argumento que les queda: el de reconocer los resultados”, dijo Torrealba a este diario poco después de conocerse la reacción de Supremo.

El chavismo, mientras tanto, sigue con su plan de nombrar a 13 nuevos magistrados y a 22 de sus suplentes. El presidente del Comité de Postulaciones Elvis Amoroso mencionó los nombres de los candidatos, entre los que se encuentra el exencargado de negocios de Venezuela en Washington Calixto Ortega como integrante de la Sala Constitucional. Después de las dos primeras sesiones y de constatar que no tienen la mayoría calificada -dos tercios de la cámara- para aprobar a los nuevos togados, el director del debate Diosdado Cabello convocó a dos nuevas sesiones para este miércoles. Si al momento de celebrar el cuarto pleno aún no llegan a un acuerdo con la oposición el oficialismo podrá nombrarlos con la mitad más uno de los 165 miembros del Parlamento. Con su habitual tono jactancioso el número dos del régimen dijo a los candidatos: “Vénganse preparados para juramentarse. La cita es mañana a la una de la tarde (hora de Venezuela)”.

El chavismo elige a 12 jueces del Supremo fuera de plazo
El chavismo en su laberinto, por M. A. Bastenier

Comenzó el cambio en Venezuela. De Julio Borges

Nuestro compromiso es una nueva Asamblea que reconcilie al país.

Julio Borges es el Coordinador Nacional de Primero Justicia, partido de miembro de la MUD. Fue reelecto como Diputado a la Asamblea Nacional.

Julio Borges es el Coordinador Nacional de Primero Justicia, partido de miembro de la MUD. Fue reelecto como Diputado a la Asamblea Nacional.

Julio Borges, 8 diciembre 2015 / EL PAIS

el paisArmados de esperanza y de su voto, los venezolanos este pasado domingo arrancaron el cambio económico y político en Venezuela. En las elecciones parlamentarias, los venezolanos hablaron claramente contra la inflación rampante y la escasez, contra la polarización que nos divide como compatriotas amantes de nuestra tierra, y por el cambio de un modelo agotado y fracasado que ha sumido al país en su peor crisis económica en la historia. Alcanzando 99 curules – con 19 aún por adjudicar – los diputados de oposición que formamos parte de la nueva mayoría en la Asamblea Nacional entendemos que la confianza que el pueblo ha depositado en nosotros viene con una gran responsabilidad. Hoy estamos listos para asumirla y arrancar el cambio que busca nuestro país.

La odisea para lograr esta nueva mayoría no fue nada fácil. Por un lado, el gobierno usó un brutal ventajismo para intimidar a los votantes y aprovecharse de la gran maquinaria de propaganda a través de los medios de comunicación del Estado para avanzar su campaña y calumniar a la oposición. Por otro lado, a través de la persecución y control del ente electoral y los tribunales, inhabilitaron a líderes políticos de la oposición de ser candidatos y manipularon salvajemente los circuitos parlamentarios. Pero a pesar de todas estas maniobras, el pueblo venezolano no cedió en sus deseos de cambio para el país.

Esta victoria electoral ratifica la posición de todo un pueblo que unido está convencido que la salida de la crisis que vivimos es a través de la vía electoral. Así como nuestro pueblo, nosotros en Primero Justicia siempre hemos creído que es posible derrotar democráticamente a un gobierno que no es democrático. Nuestro partido se ha mantenido firme aún ante fuertes críticas de ciertos sectores opositores que dudaron de la vía electoral. Así lo hicimos en el 2005, cuando fuimos el único partido opositor que se negó a retirarse de los comicios parlamentarios, a diferencia de todos los otros partidos de oposición en ese momento.

La errada decisión de los partidos políticos de no participar en esos comicios resultó en una Asamblea Nacional casi totalmente chavista. De igual manera, en los últimos dos años, Primero Justicia ha resistido estrategias improvisadas y malogradas que han sido ampliamente rechazadas por nuestro pueblo y que son utilizadas por el gobierno para desviar la atención de la crisis que se ha generado en el país. Pero sobretodo, lo rechazamos porque tenemos la convicción que para asegurar un cambio estable, pacífico y de largo plazo, es crítico lograrlo en las urnas y apegados a la constitución. El tiempo nos ha dado la razón.

Ahora comienza una nueva etapa. Una etapa que exige no defraudar a la mayoría de venezolanos que exigen un cambio para el país. Antes que nada, el cambio exige acabar con el modelo económico fracasado donde el gobierno central es amo y señor de los instrumentos de producción y ve al sector privado como enemigo y no socio. El resultado de esas políticas ha sido la contracción económica, la reducción de nuestra producción nacional en un 80 por ciento y la generación de la inflación más alta del hemisferio y de una escasez brutal. Por eso vamos a impulsar incentivos para generar mayor producción local, terminar con la política de expropiaciones y empezar a trabajar mano a mano con el sector privado como parte integral de la economía del país.

También vamos a devolverle la independencia a los poderes públicos, especialmente a la justicia venezolana que se ha convertido en servil al gobierno. Esto incluye impulsar una Ley de Amnistía para liberar a los presos políticos y permitir el regreso al país a esos venezolanos obligados a huir por motivos políticos. Igualmente, tenemos que atacar la inseguridad, especialmente acabar con la impunidad que deja indemne 9 de cada 10 delitos en el país.

Pero sobretodo, tenemos una gran tarea de volver a unificar al país. Por 16 años el gobierno chavista ha usado la calumnia y la retórica de la división para polarizar a los venezolanos. No queremos más polarización. No queremos más división. Queremos volver a ser un país unido, en el cual se respeten las opiniones de todos. Ese es nuestro compromiso: una nueva Asamblea que reconcilie a Venezuela.

En esta nueva etapa política invitamos al gobierno y a los diputados del oficialismo a discutir con nosotros los problemas de los venezolanos y encontrar soluciones viables para ellos. Eso es lo que exige nuestro pueblo. Sería un error si el gobierno se interpone en el camino del progreso y continúa por la vía de la polarización. Dejemos nuestras diferencias atrás y comencemos a trabajar por una Venezuela de progreso para todos por igual.

Sabemos que lo que viene no es un camino fácil, pero aceptamos el reto de luchar cada día para hacer de Venezuela un país de progreso y oportunidades para todos. En Venezuela empezó el cambio.

Julio Borges es el Coordinador Nacional de Primero Justicia, partido de oposición en Venezuela. Fue reelecto como Diputado a la Asamblea Nacional. 

@julioborges

El desatador de nudos. De Carlos Fernando Chamorro

La triple transición no desembocó en una consolidación democrática, ahora hay que desatar el nudo autoritario.

Antonio Lacayo, ex-mi istro de presidencia en el gobierno de Violeta Chamorro; empresario, cuñado del autor. Falleció en un accidente aéreo.

Antonio Lacayo, ex-mi istro de presidencia en el gobierno de Violeta Chamorro; empresario, cuñado del autor. Falleció en un accidente aéreo.

 

Carlos Fernando Chamorro, periodista y opositor nicaragense. Ex-director de Barricada, el órgano oficial de los sandinistas en los años 80. Hijo de Pedro Joaquín Chamorro, editor de La Prensa asesinado en 1978 por los somozistas, y de Violeta Chamorro, ex-presidenta de Nicaragua

Carlos Fernando Chamorro, periodista y opositor nicaragense. Ex-director de Barricada, el órgano oficial de los sandinistas en los años 80. Hijo de Pedro Joaquín Chamorro, editor de La Prensa asesinado en 1978 por los somozistas, y de Violeta Chamorro, ex-presidenta de Nicaragua

Carlos Fernando Chamorro, 25 noviembre 2015 / EL PAIS

el paisAntonio Lacayo fue el desatador de uno de los más intrincados nudos del problema nacional. Durante la transición democrática desató el nudo de la confrontación, una herencia maldita de casi dos siglos en nuestra vida independiente. En 1990 insistió hasta el cansancio en que se ¨había ganado una elección, no una guerrra¨, y sentó el precedente de una nueva cultura política en la que el ganador, aún después de un inédito plesbicito fundacional, no se lleva todo ni manda al perdedor al destierro.

A diferencia de Alejandro Magno, que cortó el mítico nudo gordiano con la fuerza de la espada, Toño desenredó el nuestro con las uñas, recurriendo al camino más largo del diálogo y la negociación con mucha paciencia y más determinación. Invocando el liderazgo moral de mi madre, Violeta Barrios de Chamorro y su ideario de democracia y reconciliación refrendado por una sólida mayoría política, adoptó decisiones complejas con la astucia de un ingeniero político democrático, y en los momentos más difíciles se las jugó combinando firmeza y flexibilidad. También se equivocó y cometió errores, como corresponde en todos los grandes emprendimientos de riesgo, pero el balance de la obra, al menos a finales del siglo pasado, era claramente favorable a Nicaragua al grado que algunos logros lucían irreversibles. Se conquistó la paz y el fin de la guerra, se fijó un rumbo de reconstrucción económica –aunque con un enorme déficit social–, y se sentaron las bases de instituciones democráticas, con libertad de prensa y más transparencia que nunca. Sin embargo, ese legado de la ¨triple transición¨, no logró alcanzar la etapa de la consolidación democrática y ahora atraviesa por una auténtica regresión autoritaria.

Se descarriló la transición democrática, por los pactos y la corrupción que facilitaron la captura del estado por un liderazgo autoritario que ha demolido las bases más profundas del estado de derecho y el sistema de separación de poderes.

Se abortó la transición militar en el ejército y la policía nacional, al imponerse otra vez el caudillismo político con leyes que eliminan el plazo de los jefes de ambas instituciones en el cargo, subordinando su reelección y permanencia a la discrecionalidad del ¨El Supremo¨.

Se perdió la democracia electoral como resultado de los fraudes y la partidización del sistema en todos sus niveles, eliminando las garantías básicas de elecciones libres y transparentes. Y se desmontó un embrionario sistema de autonomía municipal, participación ciudadana y rendición de cuentas, a punta de garrote y cooptación, para sustituirlo por el régimen de ordeno y mando de la pareja presidencial que, apuntalada en el desvío y la apropiación ilegal de la millonaria cooperación venezolana, ha creado un nuevo ¨orden social¨ que, irónicamente, excluye el derecho a ejercitar la ciudadanía.

Ciertamente, la macroeconomía funciona y el país mantiene el rumbo hacia el crecimiento económico y la atracción de inversiones, pero bajo un esquema corporativista que prodiga grandes oportunidades al sector empresarial, a costa de transparencia y democracia. Este intercambio entre ventajas económicas sin institucionalidad democrática, bajo una suerte de estabilidad autoritaria, es un mal negocio a largo plazo para las empresas y los países, como lo demuestra exhaustivamente el análisis histórico del profesor James Robinson coautor del libro ¨Por qué fracasan las naciones¨, que está siendo debatido en Managua en estos días.

Al conmemorarse los primeros 25 años de las elecciones de 1990, el pasado 25 de febrero Toño publicó un artículo en La Prensa reflexionando sobre este dilema estratégico y la incidencia determinante de los ¨factores sociopolíticos¨ en nuestro desarrollo. Vale la pena releer con atención su texto ¨Los próximos 25 años¨, que concluye así: ¨Si los nicaragüenses ahora no tomamos en serio la necesidad de poder elegir libremente, sea quien sea el que elijamos, vamos a haber tirado al traste el inmenso logro de haber derrotado en 1979 una dictadura de 45 años y haber podido elegir libremente nuestras autoridades en 1990. La agricultura moderna, la agroindustria, la pesca, la minería, el turismo y la producción de energías renovables pueden muy bien permitirnos a los nicaragüenses alcanzar dignos niveles de vida. Si vienen los megaproyectos, mejor. Pero debemos convencernos de una vez por todas que el gran megaproyecto de Nicaragua es la democracia, y esta demanda, por encima de todo, elecciones libres.¨

¿Cómo desatar el nudo del autoritarismo en un régimen que actúa con mentalidad de partido único, manteniendo la formalidad democrática pero sin tolerar la existencia de una oposición democrática beligerante? Esta es sin duda la tarea más acuciante que enfrenta Nicaragua hoy, cuando se invoca con respeto y gratitud la memoria y el legado de Antonio Lacayo, para intentar despejar la incertidumbre del futuro. Un desafío formidable, en primer lugar para todas las fuerzas políticas: independientes, opositores, sandinistas, movimientos sociales, pero también para las élites económicas que tienen igual responsabilidad en la calidad de las instituciones del país. No se trata de que los empresarios sustituyan a la oposición política o renuncien a dialogar con el gobierno, sino que ese diálogo trascienda sus actuales objetivos cortoplacistas y ponga en la agenda nacional el desmontaje gradual del corporativismo autoritario: empezando por restituir el derecho al debate público, terminar con las “misas negras” en que se deciden las leyes al margen del parlamento, poner límites estrictos a los abusos de poder, denunciar la corrupción y restablecer la transparencia pública, y sobre todo priorizar la credibilidad y renovación del sistema electoral.

Pero el clamor nacional por elecciones libres nunca se traducirá en un cambio en las reglas del juego como una concesión del poder, sino únicamente como resultado de la presión de la gente. Y en esos momentos inciertos, cuando la estabilidad autoritaria resulte desbordada por la represión y el chantaje, el imperativo del cambio pacífico demandará en los nuevos líderes del país la misma voluntad y determinación de Toño Lacayo para desatar el nudo autoritario. Ojalá esta vez sea irreversible.