Techo

¿Qué esperar de Carmen Aída Lazo? De Wilson Sandoval

Wilson Sandoval, ex director de TECHO El Salvador

24 julio 2018 / El Diario de Hoy

Comparto esta opinión a partir de la relación que alguna vez tuve trabajando en la sociedad civil junto a Carmen y TECHO, organización que, en los últimos años, ha tenido la valiosa oportunidad de contar con jóvenes líderes que se han posicionado como funcionarios públicos, en diferentes gobiernos con distintas ideologías políticas.

Gobiernos como el de Costa Rica, Paraguay, Chile y Guatemala cuentan con ministros, viceministros o funcionarios tomadores de decisiones que han pasado por las filas de la organización y que llevan consigo el “sello” de haber conocido la realidad de las comunidades en situación de pobreza. En El Salvador y quizá a nivel de América Latina por primera vez se presenta también un perfil vinculado a la organización a un puesto tan importante como una Vicepresidencia de la República, como es el caso de Carmen Aída Lazo.

Desde el año 2015, Carmen se venía desempeñando como presidente de la junta directiva de TECHO de manera voluntaria, apoyando en la consecución de una visión más académica junto a otros directivos que enriquecen los programas sociales. Entre estos directivos destacan académicos y defensores de los derechos humanos, como el Padre Tojeira o Benjamín Cuéllar, exvoluntarios, empresarios, activistas sociales, etc. Considerando tal antecedente, me parece importante analizar tres aspectos sobre la candidatura de Carmen.

Primero, están los valores que a todo aquel que pasa por la organización se le inculcan de manera formativa, con el objetivo de que los mismos sean una guía al momento de servir a los demás. Estos valores son solidaridad, diversidad, excelencia, convicción y optimismo. En ese sentido, si algo podemos esperar de cualquier persona que pasó por TECHO y en especial de quien lo lideró a nivel directivo es el fiel cumplimento de aquellos valores, siendo estos los mínimos que deberían acompañar a Carmen en el reto que le depara.

En segundo lugar, está el aspecto relacionado a la función pública, que conlleva la obligación de dirigirse y actuar conforme al principio de probidad, es decir, ser fiel a los intereses del país antes que a los intereses particulares o partidarios.

Un último aspecto son los antecedentes del partido que propone la candidatura, puesto que es insoslayable que tanto el PCN como todos los partidos en el país cargan con acciones que les posicionan como las instituciones democráticas con menos confianza ante la población, producto de antecedentes negativos como la corrupción o la desconexión con la ciudadanía. De hecho, el PCN aún guarda una importante deuda en cuanto a sus años de gobierno y el irrespeto a los derechos humanos que lo caracterizó.

Bajo esta lógica, Carmen deberá lidiar, por una parte, con cumplir con valores y principios; pero por otra, dar un nuevo aire a la forma de hacer política, derribando los paradigmas que los partidos tradicionales hoy por hoy imponen. Surge entonces la pregunta: ¿Es Carmen un perfil que cuenta con las herramientas para lograr lidiar con estos aspectos?

Analizando la candidatura desde la perspectiva de la meritocracia, Carmen refleja méritos que en un ideal se requieren de un funcionario público: preparación técnica, experiencia de servicio en la sociedad civil, en entidades estatales y organismos internacionales. Como joven espero que si Carmen resulta electa, conciba guiar sus acciones mediante los valores que en conjunto pusimos en práctica cuando coincidimos trabajando en la sociedad civil para promover la inclusión de las comunidades y el cumplimiento de los derechos humanos. Y por otra parte, espero que haga prevalecer los principios exigidos en una profesional de su trayectoria —principios aplicables para cualquier otra persona que decida postular a un cargo público— como la probidad.

Se requiere de valentía para asumir el reto de buscar incidir, desde la política y a nivel de país, como Carmen lo proyecta: conservando la visión de hacer prevalecer los ideales de servicio que precisamente le anteceden.

Los bichos del Techo. De Carlos Alberto Guzman

“Nosotros no necesitamos suplentes para cambiar nuestro país”, voluntario del Techo.

, 29 julio 2016 / EDH

El Techo cumple 15 años en El Salvador y sigue invitando a la sociedad a mejorar las condiciones de las familias que viven en situaciones de pobreza. En palabras sencillas, durante estos años el Techo ha demostrado que no se necesitan suplentes para trabajar por un país sin pobreza. Otras lecciones que vale la pena destacar de esta organización son:

Las crisis generan oportunidades. Es un voluntariado que surgió de jóvenes universitarios motivados por la urgencia de los terremotos de 2001. Inicialmente conocido como Voces, estos jóvenes transformaron la cultura universitaria salvadoreña y retomaron aquel espíritu irreverente propio de la juventud. Incluso llegaron a construir una vivienda en la plaza Salvador del Mundo, cuando no era común asistir a las plazas. El Techo impulsó la cultura del voluntariado, que pasó de ser un mero trámite de horas sociales, a una expresión vivencial de un mensaje, una idea y un vínculo con la realidad de nuestro país. Ellos aprendieron que a la indignación se le debe sumar la urgencia, para convertir una crisis en oportunidad.

diario hoyEl relevo generacional es valioso y necesario. En su faceta organizacional, Techo ha experimentado muchos cambios para adaptarse a nuevas realidades, incluyendo su nombre y su logo. Los materiales de las viviendas han cambiado, primero eran de láminas, luego de madera y, ahora de fibrocemento. Los programas sociales pasaron a ser prioridad, para atender la dinámica de exclusión social de nuestro país. Los liderazgos han sido renovados, y por la organización han pasado al menos cuatro generaciones de voluntarios. El cambio es un reto, pero al combinar la frescura con la mística el relevo generacional ordenado  impulsa los proyectos hacia adelante.

La pasión impulsa a la acción. En estos 15 años, Techo ha construido más de 2,600 viviendas, ha trabajado junto a empresas de todos tamaños, ha trabajado junto al Gobierno, alcaldías y cooperación internacional, y ha involucrado a más de 11,000 jóvenes voluntarios. Estos jóvenes aprendieron a trabajar y a aprovechar su diversidad para lograr una meta común, ellos entendieron que lo importante es transitar de las palabras a la acción, de las buenas ideas a las actuaciones concretas, y de la indignación a la realidad.

Con el transcurso de los años, muchos de quienes fuimos bichos del Techo dejamos las aulas por oficinas de trabajo, ganamos algunas libras de más, y cambiamos nuestras camisetas por vestimenta formal. Unas amistades se distanciaron, otras persisten, y algunas se transformaron en proyectos de vida permanentes. Muchas cosas han cambiado, pero sin importar adonde estemos, esta semana Techo nos brinda la oportunidad de volver a construir. Esta vez no lo haremos con nuestros guantes ni usaremos el taladro o el martillo, sino que lo haremos con nuestra donación en la nueva Colecta de esta semana.

Los voluntarios Techo salen a la calle a recibir nuestra donación para continuar construyendo viviendas y ejecutando programas sociales, pero al mismo tiempo le hacen un llamado a la sociedad a seguir construyendo nuevos techos. Esta invitación resuena con mayor énfasis en quienes fuimos voluntarios, porque seguimos en emergencia y tenemos el reto de emprender nuevos caminos que nos permita convertir las crisis en oportunidades, promover el relevo generacional ordenado en la sociedad y actuar con urgencia para continuar martillando esta realidad.

@lapapguzman