socialismo del siglo 21

La gran estafa bolivariana. De Joaquín Villalobos

JOAQUIN VILLALOBOSJoaquín Villalobos, 1 septiembre 2017 / NEXOS

Fidel Castro solía lamentarse de que la primera revolución marxista en el continente hubiera tenido lugar en un país pobre como Cuba; decía que habría sido mejor en un país rico como Venezuela y lo intentó. En los años sesenta un grupo de cubanos se sumó a las guerrillas venezolanas y cuenta Teodoro Petkoff, veterano de aquella insurgencia, que Fidel les propuso enviar al Che Guevara, pero los guerrilleros venezolanos se opusieron, obviamente el Che sería más ruido que ayuda. En los ochenta las luchas revolucionarias más importantes tuvieron lugar en Nicaragua y El Salvador, dos países más pobres que Cuba que estaban más para pedir que para dar. En ese contexto se derrumbó la Unión Soviética que era la gran proveedora, el panorama se volvió desolador, Cuba se organizó para resistir el hambre y, entonces, llegó Hugo Chávez.

Screen Shot 2017-09-03 at 9.59.00 PMA diferencia de Colombia, que es un país violento con una cultura política civilista, Venezuela es un país pacífico con una cultura política militarista. Muchos venezolanos les confieren a los militares el papel de “salvadores de la patria”. No es extraño que el rechazo al ajuste estructural de Carlos Andrés Pérez acabara convertido en oportunidad para el golpismo militar en 1992 y luego en la victoria electoral del teniente coronel Hugo Chávez en 1998. El militarismo venezolano de tradición conservadora, vocación autoritaria, pasado represivo y entrenamiento estadunidense, pudo así alcanzar el poder con una narrativa antipolítica como la de Fujimori, para luego asumir una plataforma izquierdista antineoliberal. La pregunta en aquel momento era si Chávez era un nuevo “gorilato militar” o una revolución como él decía.

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Intelectuales de izquierda de todo el planeta comenzaron a estudiar el militarismo venezolano y su propuesta de socialismo del siglo XXI. Se escribieron miles de páginas para darle a los uniformados bolivarianos sus credenciales revolucionarias. En vida a Salvador Allende nunca se le consideró un revolucionario, tampoco a Juan Velazco Alvarado, mucho menos a Juan Domingo Perón o al general Omar Torrijos a quien Fidel simplemente llamaba “guajiro filósofo”. ¿Qué tenía Chávez que logró que Castro cantara el “Happy Birthday” en inglés?, ¿qué hizo que estos militares terminaran aceptados rápidamente como revolucionarios? Los ingresos petroleros de Venezuela desde 1998 hasta 2016 se estiman en cerca de un millón de millones de dólares, el más grande boom petrolero en la historia de Venezuela. Una verdadera orgía de dinero a la que los militares venezolanos invitaron a los izquierdistas de todo el planeta. Fidel Castro, que ya había hecho gala de pragmatismo respaldando a los cuasinazis militares argentinos en la guerra de las Malvinas, se prestó para reconocer como revolucionarios a unos gorilas sin ideología que tenían mucho dinero y estaban dispuestos a repartir.

La plata venezolana llegó, así, a los extremistas de izquierda de todas partes: Estados Unidos, Gran Bretaña, España y toda América Latina; se pagaron consultorías a académicos europeos a precios de ejecutivos de Coca Cola, se financiaron partidos políticos, organismos no gubernamentales, campañas electorales, candidaturas presidenciales, convenciones internacionales, se inventó la Alianza Bolivariana de América, se alineó petroleramente a los pequeños países caribeños y con 90 mil barriles diarios de petróleo Cuba logró sobrevivir y ganar tiempo para empezar a transitar gradualmente al capitalismo porque su socialismo ya había fracasado.

El dinero venezolano tuvo tres destinos principales, una parte en políticas sociales, otra en geopolítica de protección y otra para los militares y la elite chavista. Todo esto se hizo con un manejo brutalmente ineficiente, despidiendo a los técnicos y colocando militantes en posiciones de gobierno, hasta alcanzar una burocracia de más de dos millones de personas. Las Fuerzas Armadas pasaron a tener el doble de generales que Estados Unidos ascendiendo a dos mil oficiales a ese rango, con ello tuvieron más cabeza que cuerpo, algo ilógico para una fuerza militar, pero lógico para distribuir corrupción. Compraron armamentos militarmente inútiles bajo contratos que les permitieron hacerse de miles de millones dólares. El desorden en el manejo de los recursos ha sido gigantesco, sin controles y bajo el supuesto de que gobernarían por siempre sin jamás tener que rendir cuentas a nadie.

El dinero era tan abundante que se tapaba el despilfarro con más despilfarro. Si escaseaba comida se compraba más y se la dejaba pudrir sin repartirla. En esa ruta se realizaron expropiaciones que lo mismo perjudicaban a grandes capitales que a panaderías de barrio. Las empresas expropiadas terminaron arruinadas, afectando el mercado, golpeando la estructura productiva y las cadenas de distribución de productos. Cuando cayeron los precios del petróleo estalló el drama del hambre para los más pobres y se les repartió represión como alimento. Los saqueos más violentos y la represión más brutal han ocurrido en antiguos bastiones chavistas, entre éstos, el lugar donde nació Hugo Chávez y el barrio donde vivió Nicolás Maduro cuando era pobre.

Por un momento algunos, aunque nunca estuvimos de acuerdo con la tal revolución bolivariana, pensamos pragmáticamente que, a pesar del desorden, el chavismo podía derivar en inclusión social, generación de nuevas elites y un partido político de izquierda que podía madurar con el tiempo. Pero no hubo ahorro, no hubo transformación productiva, no hubo planes sociales sostenibles, no hubo construcción de institucionalidad, se dejó de realizar elecciones libres cuando se tuvo certeza de perderlas y se inventaron una Asamblea Constituyente partidaria para quedarse gobernando para siempre por la fuerza. Entre el 6 de abril y el 7 de agosto los militares y paramilitares han asesinado a 156 personas y herido a más de 10 mil. Existen más de 600 presos políticos y la tortura se ha vuelto sistemática.

Las revoluciones, equivocadas o no, descansan en procesos sociales en los que se lucha en desventaja contra un poder muy superior. Esto obliga a un despliegue extraordinario de mística, heroísmo, espíritu de sacrificio, capacidad de organización, un extenso voluntariado y un manejo austero de los escasos recursos de que se dispone. Las revoluciones suelen ser por ello un momento muy religioso de la política. Nada de esto estuvo, ni ha estado presente en el ascenso del chavismo. Este llegó al gobierno vía elecciones libres, una vez allí pasó a administrar una abundancia extraordinaria, durante dos décadas reinó políticamente en el continente y gozó de la tolerancia de cuatro gobiernos de Estados Unidos. Es hasta que empezaron a matar, apresar y torturar que se acabó la tolerancia.

En Venezuela se produjo un engendro en el que se combinaron la utopía izquierdista, el autoritarismo militarista de derechas, el oportunismo geopolítico, la ineficiencia de gobierno y el dinero como factor de cohesión. Ni los utópicos, ni los militares sabían cómo gobernar y el resultado ha sido fatalmente destructivo. Corrupción hay en todas partes, pero el problema más grave es que en Venezuela, mientras todos se ocupaban de robar, nadie se ocupaba de gobernar en serio. El engendro derivó en una cleptocracia de gran escala. Más que militancia revolucionaria construyeron redes clientelares, las milicias y “colectivos” son lumpen pagados y la propia dirigencia izquierdista terminó en una descarada corrupción.

Recuerdo que en una ocasión se acusó a Fidel Castro de tener cuentas en el extranjero y éste respondió con mucha firmeza que estaba dispuesto a renunciar si se lo probaban. La aplicación de sanciones personales por parte de Estados Unidos a Nicolás Maduro y otros 22 dirigentes chavistas incluye congelarles cuentas y bienes en Estados Unidos. Ni Maduro ni los principales dirigentes incluidos en estas listas han negado que posean bienes y cuentas. Al vicepresidente Tareck El Aissami se le ha descubierto una fortuna personal de varios cientos de millones de dólares. ¿Cómo fueron tan estúpidos para declararse revolucionarios antiimperialistas y al mismo tiempo abrir cuentas y comprar propiedades en Estados Unidos?

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El desastre del chavismo es un golpe moral muy grande al extremismo de izquierda, porque reafirma la inviabilidad de su utopía. No sólo por el fracaso programático bolivariano ha derivado en crisis humanitaria, sino porque el rechazo visceral a la riqueza y al capital se ha evidenciado como hipocresía y hasta como resentimiento social izquierdista. Lucen ahora como la iglesia católica con el celibato, que trae como resultado todo tipo de perversiones sexuales. Venezuela prueba cómo la codicia llevó a la extrema izquierda a bendecir como revolución a una dictadura militar cleptocrática. Es cierto que se combinaron intereses políticos, pero la codicia personal ha sido un componente colectivo indiscutible en la red clientelar mundial chavista que ha dejado a no pocos “revolucionarios” convertidos en millonarios. No tiene nada de malo tener dinero, pero es hipócrita proclamarse anticapitalista y volverse rico con dinero público.

El ser humano está programado para la competencia y la cooperación, intentar sistemas que descansen sólo en uno de estos dos grandes componentes de la naturaleza humana es una receta para el fracaso. Se puede ser rico y solidario y también se puede ser pobre y codicioso. El verdadero proyecto de izquierda debe poner el énfasis en la solidaridad, pero asumiendo sin pena y sin miedo la representación del derecho a la superación individual para darle oportunidad a la generación de riqueza. Sin deseo de superación no hay riqueza y sin solidaridad no hay seguridad. Sin ambas cosas no se puede superar la pobreza. La razón de los éxitos del centro izquierda en Uruguay, Chile, Costa Rica, España, Suecia, Noruega, Dinamarca y otros países reside en el respeto al mercado y a la democracia. Cuba y Venezuela reafirman nuevamente que la utopía izquierdista no funciona. Ésta genera pobreza y dictadura y vuelve hipócritas y cínicos a dirigentes que se inician con voto de pobreza y terminan invadidos por la codicia.

¿Por qué nadie le dijo a Chávez que no se peleara con el mercado y que evitara expropiar empresas? Cuando él llegó al gobierno, la extrema izquierda ya venía de regreso en ese tema, incluso cuidando la estabilidad macroeconómica en arreglos con organismos financieros. Algunos países con gobiernos de izquierda que se definieron bolivarianos respetaron el mercado y sus economías han crecido. ¿Por qué Cuba, que estaba desarrollando reformas capitalistas, en vez de señalar el error empujó al chavismo a la radicalización? ¿Por qué los consultores izquierdistas europeos tampoco dijeron nada? Callaron porque el desorden y el despilfarro bolivariano era una condición óptima para sacar recursos mediante acuerdos políticos, una economía más ordenada hubiera obligado a controles administrativos. Al final todo esto ha sido una gran estafa, la extrema izquierda engañaba al chavismo, los militares engañaban a la extrema izquierda, los cubanos engañaban a los venezolanos, los chavistas se engañaban a ellos mismos y todos juntos engañaron a los más pobres.

Lo que queda de Venezuela. De Joaquín Villalobos

El régimen de Maduro se está convirtiendo en el sepulturero de la ‘Revolución Bolivariana’. Enfrentado a una coalición de fuerzas de centro que creen en la democracia y el mercado, es un modelo muerto y nada puede recuperarlo.

JOAQUIN VILLALOBOSJoaquín Villalobos, 21 julio 2017 / EL PAIS

En Latinoamérica están en marcha tres transiciones que golpean a la extrema izquierda: el fin de la lucha armada en Colombia; el retorno gradual, pero irreversible, de Cuba al capitalismo; y el final de la Revolución Bolivariana.Venezuela es el eje de estas tres transiciones. Con más de 400 presos políticos y la negación a la alternancia mediante elecciones libres, el régimen chavista se destapó como dictadura. Después del intento de Fujimori, se acabaron en el continente las dictaduras de extrema derecha y tras casi 40 años de democracia solo quedan las dictaduras de extrema izquierda en Cuba y Venezuela. En este contexto, los 100 días de protestas contra Maduro se han convertido en la rebelión pacífica más prolongada y de mayor participación en la historia de Latinoamérica. Ninguna dictadura anterior enfrentó un rechazo tan contundente.

el paisSi Nicolás Maduro hubiese aceptado el referéndum revocatorio en el 2016, posiblemente hubiera perdido conservando un 40% de los votos. Pero ahora cada día que pasa su soporte es menor, con lo cual Maduro se está convirtiendo en el sepulturero de la Revolución Bolivariana. Es totalmente falso que en Venezuela haya una lucha entre izquierda revolucionaria y derecha fascista; el régimen venezolano está enfrentado a una coalición de fuerzas esencialmente de centro que incluye a partidos, líderes, organizaciones sociales e intelectuales de izquierda que creen en la democracia y el mercado. Lo que está en juego en Venezuela es el futuro del centrismo político en Latinoamérica, porque en esta ocasión, las fuerzas democráticas no son compañeros de viaje de extremistas ni de derecha, ni de izquierda. La derrota del extremismo abre la posibilidad de alcanzar una mayor madurez democrática en el continente.

Chávez pudo darle unos años más de vida al régimen cubano que ahora, literalmente, está buscando desprenderse de la teta petrolera venezolana para agarrarse de la teta financiera norteamericana. Hace 18 años era intelectualmente obvio que la Revolución Bolivariana tenía fecha de caducidad. La historia de sube y baja de los precios del petróleo y los avances tecnológicos volvían absurda la pretendida eternidad de un socialismo petrolero que permitiera repartir sin producir. Sin embargo, izquierdistas de toda Latinoamérica, España, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y del resto del mundo vieron en Hugo Chávez la resurrección del mesías y en Venezuela el renacimiento de la utopía que había muerto en Europa Oriental y agonizaba en Cuba. La euforia fue tal que, para muchos, ser de izquierda implicaba aplaudir a Chávez y no criticar a Fidel Castro. La chequera venezolana compró lealtades a escala universal. Sin duda el final del régimen dejaría perdedores en todas partes, por eso sigue conservando defensores y obteniendo silencios.

Pero, finalmente, tal como era previsible, se produjo la implosión del socialismo del siglo XXI y la crisis humanitaria que ha generado es descomunal; la fiesta del despilfarro revolucionario y del robo oportunista ha terminado. El modelo chavista saltó de la inclusión social a la multiplicación exponencial de la miseria. El modelo está muerto y absolutamente nada puede recuperarlo. El régimen de Chávez fue el único de los llamados bolivarianos que le declaró una guerra abierta al mercado con expropiaciones que acabaron con la economía de Venezuela. Ahora solo le queda la fuerza bruta del carácter militar que siempre tuvo. Las ideas que acogió Chávez fueron más una oportunidad para la tradición militarista venezolana que una definición ideológica. El principal factor de cohesión de la Revolución Bolivariana nunca fue la ideología, sino el dinero. Con los billones de dólares en ingresos petroleros fue fácil que un grupo de militares se decidiera, para beneficio propio, confesarse izquierdistas.

 

Es falso que en Venezuela haya una lucha entre izquierda revolucionaria y derecha fascista

Los militares venezolanos tienen más generales que Estados Unidos, ocupan miles de puestos de gobierno, han armado paramilitares, se han involucrado en el narcotráfico, han intervenido y expropiado empresas, se benefician de la corrupción, controlan el mercado negro, reprimen, apresan, torturan, juzgan y encarcelan opositores. En 17 años los militares han matado casi 300 venezolanos por protestar en las calles. En la historia de las dictaduras latinoamericanas no ha existido una élite militar que haya podido enriquecerse tanto como la venezolana y todo esto lo han defendido como “revolución popular” los extremistas de izquierda en todo el planeta. La plata venezolana logró que intelectuales de primer y tercer mundo establecieran que los antes “gorilas derechistas” fueran reconocidos como un fenómeno revolucionario.

En el pasado, los revolucionarios latinoamericanos fueron perseguidos por Estados Unidos; los bolivarianos, por el contrario, tienen propiedades y cuentas bancarias en Florida. A Venezuela no necesitan invadirla como a Cuba, tampoco requieren armar contrarrevolucionarios como lo hicieron con Nicaragua. La Revolución Bolivariana no depende de Rusia, ni de China, sino de que su enemigo, el “imperialismo yankee”, le siga comprando petróleo. Venezuela cubre solo el 8% del mercado estadounidense. Suspender esa compra no afectaría a Estados Unidos y no sería una agresión, sino una decisión de mercado. Por ello, aunque parezca inaudito, Maduro sigue gobernando gracias a la compasión de Donald Trump. No hay argumento antimperialista que valga, Estados Unidos no ha metido su mano en Venezuela como la metió en Chile, República Dominicana, Panamá o El Salvador.

Los enormes progresos en bienestar logrados por el centroizquierda en Costa Rica, Chile, España y, no digamos, Suecia, Noruega o Dinamarca respetando la democracia y el mercado contrastan con el desastre social y económico de Cuba y Venezuela. Es incomprensible la terquedad de los utópicos de querer hacer posible lo imposible. Chávez no inventó un nuevo socialismo para el siglo XXI, sino que repitió el camino equivocado al pelearse con las fuerzas del mercado y ahora sus herederos hacen lo mismo contra la democracia.

Los bolivarianos bajaron la producción del petróleo
y despilfarraron unos ingresos históricos

El supuesto marxista era que la Revolución Bolivariana lograría el desarrollo de las fuerzas productivas, pero, al igual que en Cuba, lo que hubo fue destrucción de las fuerzas productivas. Los bolivarianos hicieron retroceder la producción de petróleo y despilfarraron los ingresos más altos que ha tenido Venezuela en toda su historia. Pero no solo se contradijeron con Carlos Marx. En Venezuela a los de arriba se les ha vuelto imposible gobernar, hay un agravamiento extremo de la miseria de la gente y existe una intensificación extraordinaria de la lucha popular. Estas son las tres condiciones que estableció Vladímir Lenin para reconocer la existencia de una situación revolucionaria. Qué triste debe ser comprarse una revolución de mentiras y ser derrotado por una de verdad. Como dice Rubén Blades en su canción: “Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”.

Cayó la careta del Socialismo del Siglo XXI. De Manuel Hinds

El Gobierno salvadoreño está defendiendo al ilegítimo régimen venezolano a costa de destruir económicamente a cientos de miles de salvadoreños que ahora viven en Estados Unidos.

Manuel Hinds, 30 junio 2017 / EDH

El martes, en cadena nacional de televisión, Nicolás Maduro “advirtió al mundo” que “Si Venezuela fuera sumida en el caos y la violencia y fuera destruida la revolución bolivariana, nosotros iríamos al combate, nosotros jamás nos rendiríamos y lo que no se pudo con los votos lo haríamos con las armas, liberaríamos nuestra patria con las armas”.

Con estas palabras, Maduro escupió la verdad del Socialismo del Siglo XXI: sus líderes han comprometido su vida en una lucha a muerte por el poder político y económico. La democracia no les importa. La han usado la democracia sólo como un medio para acce-der a ese poder y están dispuestos a matar con tal de no perderlo, aun si democrática-mente han sido derrotados. Esto demuestra también que sus protestas de querer el be-neficio del pueblo son sólo máscaras para establecer un poder totalitario.

Como es típico de ellos, Maduro envolvió estas declaraciones en su característico doble-hablar, usando la palabra “liberar” a Venezuela cuando en realidad se refiere a ins-talar una tiranía —y a instalarla a balazos—. Nada puede ser más contrario a una liberación que imponer el poder de un grupo sobre una sociedad, peor todavía si se hace con vio-lencia.

Ya antes de estas declaraciones se había vuelto imposible que una persona partidaria de la democracia y del imperio del derecho apoyara o siquiera suspendiera el juicio sobre el régimen venezolano, que ha venido pisoteando los derechos fundamentales de los ciudadanos desde hace mucho tiempo. En las elecciones de diciembre de 2015 la Mesa de la Unidad Democrática (la coalición opuesta a los Socialistas del Siglo XXI) ganó 112 de los 167 curules de la Asamblea Nacional. A pesar de que el gobierno tuvo que aceptar la derrota, que había sido aplastante, Maduro se negó a aceptar las consecuencias, y, en contra de la Constitución, decidió ignorar la nueva Asamblea. Más aún, se negó a respetar el derecho que la Constitución le da a los venezolanos de llevar a cabo un referéndum revocatorio para determinar si el presidente (en este caso Maduro) debiera o no terminar su mandato presidencial.

Luego, cuando el pueblo se levantó en diarias protestas que han durado ya por varios meses, el gobierno ha respondido con un total desprecio por las multitudes y con violencia, que ha dejado muchos muertos. En el proceso ha tomado muchos presos políticos, a los cuales les ha negado sus derechos y los mantienen en condiciones lamentables que incluyen torturas.

Nada de esto ha detenido al Gobierno de El Salvador de convertirse en uno de los poquísimos defensores del régimen venezolano en el Continente, llenando al país con el oprobio de estar del lado de una de las peores y más sangrientas tiranías que ha habido en América entera.

Peor aún, en su afán por hacer cualquier cosa por defender a Venezuela, el gobierno ha logrado impedir que la OEA condene la matanza en Venezuela y con eso se ha echado encima a la región entera, incluyendo a Estados Unidos, con lo que pone en peligro el TPS para cientos de miles de salvadoreños y la posibilidad de habitar en ese país para otros miles. Es decir, conscientemente, el Gobierno salvadoreño está defendiendo al ilegítimo régimen venezolano a costa de destruir económicamente a cientos de miles de salvadoreños que ahora viven en Estados Unidos y de causar un golpe enorme a la economía y la seguridad del país al causar la expulsión de ellos.

Esto prueba que la lealtad del FMLN está con Maduro y sus asociados y no con los salvadoreños. Esa lealtad es ominosa porque indica cómo el FMLN piensa y siente. Si no condenan al régimen del Socialismo del Siglo XXI están indicando claramente que para ellos es legítimo ganar con las armas lo que no puedan ganar con los votos. El FMLN no ha cambiado nada desde que se formó en La Habana bajo la autoridad de Fidel Castro. Para los seguidores de Castro, la paz es una interrupción temporal en la lucha armada por el poder.

Venezuela sigue cayendo. De Manuel Hinds

manuel_hindsManuel Hinds, 12agosto 2016 / EDH

Bajo el título “Testificando un Completo Colapso de la Sociedad en Venezuela” la revista Time acaba de publicar una serie de 32 fotografías documentando lo que está pasando en ese país. El fotógrafo que la produjo, que ha trabajado en Irak, Afganistán y Colombia, dijo que Venezuela es el lugar más duro en el que ha trabajado. No hay medicinas, ni anestesia, ni comida en las tiendas, y la gente tiene que esperar por días enteros para conseguir gas. El mal manejo de la cuenta de dólares del Banco Central de Venezuela ha llevado a Citi a suspender los servicios de banco corresponsal. Muchas líneas aéreas se han retirado del país. El gobierno reprime violentamente las diarias manifestaciones de protesta. “Por los últimos cuatro años Venezuela ha estado siempre en crisis y nunca ha reventado. Pero ahora estoy asustado de cómo va a terminar. Venezuela ha cruzado la línea de no retorno. Estoy preocupado de lo que sucederá después”.

diario hoyEl caso de Venezuela contradice lo que mucha gente piensa: que hay un límite a lo que puede caer un país, que al pasar de cierta línea los que manejan el gobierno responderán, que la comunidad internacional hará algo cuando un país cae tanto, que la razón tendrá que prevalecer y, en el caso de Venezuela, que sería fácil para la oposición el recuperar el poder por medio de un referéndum revocatorio. Nada de esto ha pasado. El gobierno sigue diciendo que sus problemas provienen de que cayeron los precios de los productos primarios y a un ataque económico de Estados Unidos, cuando es claro que ningún otro país dependiente de esos productos ha caído en la crisis en la que ha caído Venezuela, y que todos los problemas del país han sido causados por la política de los socialistas del siglo XXI. Un grupo pequeño sigue ahogando al país, reprimiendo las manifestaciones en contra, y llevando al país entero a la ruina con el único propósito de satisfacer su inexhaustible ambición de poder y dinero.

¿Cómo es que Venezuela pudo haber caído tanto, y seguir cayendo, sin que nadie logre hacer nada para evitarlo?

Foto: Alvaro Ybarra Zavala/TIME

Foto: Alvaro Ybarra Zavala/TIME

 La respuesta es porque durante varios años los Socialistas del Siglo XXI lograron desarticular cualquier oposición real y potencial con cuatro armas principales. Una ha sido el uso de la intimidación y la violencia, disparando contra manifestaciones, apresando a los opositores, aun asaltando y quebrándole la nariz a una diputada dentro de la Asamblea misma. La segunda fue un trabajo continuo para reformar la institucionalidad del país para asegurarse de que el poder real estuviera en manos de ellos mismos, reformando las leyes electorales, dándose ventaja para dominar siempre los tres poderes del estado. La tercera fue una campaña sistemática del gobierno para tranquilizar al sector privado con beneficios y privilegios mientras durara el boom del petróleo. Ciegos a su verdadera realidad, los empresarios aceptaron que los Socialistas del Siglo XXI hicieran lo que quisieran en términos de destruir la estructura institucional del país. Al fin y al cabo, pensaban, igual que los nicaragüenses y algunos salvadoreños, que hagan lo que quieran con tal de que nos dejen manejar nuestras empresas.

La cuarta ha sido más sutil pero ha sido tan o más efectiva que las otras: la también sistemática descalificación de la empresa privada a través de inyectarle a la gente la idea de que el lucro es malo. Los empresarios no le prestaron atención a esto y algunos, por hacerse los progresistas, contribuyeron a la diseminación de esta idea, a pesar de saber que es absurda. Todas estas cosas juntas fueron erosionando las bases de la democracia venezolana en la mente de los ciudadanos.

Con los ciudadanos pensando que el lucro es malo, que el afán de poder de la derecha también es malo pero es bueno en la izquierda, que el lucro de los de izquierda que se enriquecían en el gobierno había que ignorarlo para que los izquierdistas no lo criticaran a uno, la estructura social de la derecha colapsó hace mucho tiempo, dejándoles el camino abierto a los Socialistas del Siglo XXI. La estrategia de éstos, y de todos los miembros del Foro de Sao Paulo es la misma: debilitar al árbol para que caiga el fruto. Ojalá que esto no pase aquí también.

Declaración Final del XXII Encuentro del Foro de São Paulo

Todos que en El Salvador se dedican a hacer política o análisis político deberían conocer este documento que describe el rumbo que el FMLN busca para nuestro país. Sin más comentario, reproducimos la declaración final del XXII. Foro de Sao Paulo celebrado en San Salvador.

Segunda Vuelta

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Screen Shot 2016-06-28 at 11.38.48 PM26 junio 2016 / Sitio oficial del FMLN

  1. Screen Shot 2016-06-28 at 11.39.01 PMDel 23 al 26 de junio de 2016, el Foro de São Paulo realizó su XXII Encuentro en El Salvador, país gobernado desde hace siete años por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que el día primero de este mes celebró el segundo aniversario de la toma de posesión del compañero presidente Salvador Sánchez Cerén.
  2. En sus veintiséis años de vida, la plenaria del Foro sesiona por tercera vez en San Salvador. Protagonistas de una fecunda historia de luchas en las que resaltan figuras como Augusto C. Sandino y Farabundo Martí, los pueblos de América Central, junto con sus hermanos de México, América del Sur y el Caribe, no sólo hacen una significativa contribución al Foro, sino también a la formación del actual mapa político del subcontinente, poblado por combativos movimientos populares y por gobiernos, legislaturas y alcaldías de izquierda y progresistas.
  3. Los procesos y acontecimientos ocurridos y en desarrollo desde nuestro XXI Encuentro, celebrado en agosto de 2015 en la Ciudad de México, demuestran la certeza de los análisis, reflexiones y planes de acción que, por más de un cuarto de siglo, hemos realizado en este espacio de convergencia, debate, acción conjunta y solidaridad de los partidos, organizaciones y movimientos políticos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe.
  4. La derecha continental subordinada al imperialismo norteamericano ha intensificado las acciones con las que pretende desmantelar los procesos de cambio social que se vienen desarrollando a lo largo y ancho de nuestro continente, en lo que se perfila como una contraofensiva imperial.
  5. La brutal ofensiva destinada a desalojar a las fuerzas progresistas y de izquierda de todos los espacios sociales, políticos e institucionales conquistados por ellas en buena lid, indican la necesidad de apurar en paso en la construcción de los nuevos paradigmas de la izquierda del siglo XXI. Es vital no perder de vista el carácter instrumental de cualquier sistema político como medio de legitimación del poder de clase, al margen de quien lo ejerza, lo cual fundamenta la necesidad de los cambios estructurales, no solo en el ámbito económico, al cual se suele hacer referencia de manera exclusiva, sino en el ámbito político, en cuanto al diseño del modelo, que nos debe llevar a una democracia que sea, participativa y protagónica, como instrumento del poder popular que asegura las victorias locales y nacionales. La izquierda debe definir estrategias para aumentar su presencia en la integralidad del poder político, avanzando en el cambio de la correlación de fuerzas en la institucionalidad del Estado, lo cual requiere no reducir la lucha política al Poder Ejecutivo. A la par de ello, los procesos revolucionarios y de cambio social en marcha en nuestro continente deben luchar por su perfeccionamiento y contra todo aquello que desde dentro de los procesos mismos, atente contra el avance de éstos. Por otra parte, a pesar de los grandes avances obtenidos, debemos identificar todo aquello que podríamos haber hecho hasta ahora y aún tenemos pendiente.
  6. Los gobiernos de izquierda en nuestro continente han logrado dar estabilidad social, política y económica a nuestras naciones, y han sacado de la pobreza a decenas de millones de familias, que se han librado así de la marginación, el desempleo, accediendo a la salud, la educación y oportunidades de desarrollo humano. Estas acciones afectan los intereses de las clases históricamente dominantes y del imperialismo, y por ello desean recuperar el control de los gobiernos por cualquier medio y regresar al viejo esquema autoritario y subdesarrollado que tanto les ha beneficiado. La profundización de los cambios sociales alcanzados por los gobiernos de izquierda y el fortalecimiento de las luchas políticas y sociales en aras de esos cambios, es la mejor manera de enfrentar y derrotar esa contraofensiva de la derecha y el imperialismo.
  7. Nuestros inmensos logros y los que están por venir, son parte del legado de todas las luchas históricas de nuestros pueblos por sus derechos, soberanía, independencia y autodeterminación. Como parte de la situación actual, debemos destacar la heroica victoria de la Revolución Cubana en su batalla de màs medio siglo frente a la agresividad del imperialismo norteamericano, con el reconocimiento de Estados Unidos de la derrota de su política hacia Cuba y con el inicio del proceso de normalización de relaciones entre ambos países, que sin embargo no será posible si no se pone fin al criminal bloqueo económico que ya ha sido declarado obsoleto por el propio gobierno estadounidense, y a la ilegal ocupación del territorio cubano por la base naval en Guantánamo.
  8. Una indudable victoria continental son los avances estratégicos para alcanzar la paz en Colombia en el marco del diálogo-negociación entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, resultado de la heroica lucha de un pueblo combativo y tenaz, frente al terrorismo de Estado impuesto por una ultraderecha criminal y genocida. La paz en Colombia hará posible que todas las fuerzas populares, revolucionarias y progresistas de ese país logren avanzar unidas en la lucha política, garantizándoles la vida, los derechos civiles y la participación política a sus líderes y militantes. Hacemos un llamado al gobierno colombiano y al ELN a avanzar en el diálogo que permita dar conclusión final al proceso para alcanzar una paz definitiva en ese hermano país. Resaltamos el papel de apoyo y solidaridad de la comunidad internacional de apoyar el proceso de negociación y su decisión de involucrarse en el seguimiento y verificación de los acuerdos para su cabal cumplimiento.
  9. Manifestamos nuestro profundo rechazo a la militarización que se intenta restaurar en nuestro continente y propugnamos por la defensa de América Latina y el Caribe como zona de paz, tal como fue proclamada por la CELAC.
  10. En estos momentos, se presenta un desafío fundamental para los pueblos en lucha y para el movimiento revolucionario, que es la batalla en Venezuela, cuyo pueblo revolucionario encabezado por sus fuerzas organizadas ha demostrado una capacidad de lucha y resistencia pocas veces vistas en la historia de lucha de nuestros pueblos, frente a las embestidas brutales de la oligarquía apátrida y el imperialismo. La Revolución Bolivariana es una victoria permanente y estratégica en la lucha por la libertad de nuestros pueblos.
  11. Celebramos el triunfo de las fuerzas revolucionarias y progresistas por el rechazo del informe presentado en la OEA por el Secretario General de ese organismo, el cual vulneraria la soberanía y autodeterminación de este país. Respaldamos la iniciativa de diálogo promovida por el gobierno revolucionario venezolano encabezado por el Presidente Nicolás Maduro, el cual ha venido ganando cada vez más respaldo a nivel continental y mundial.
  12. Elemento esencial para preservar, ampliar y fortalecer la correlación de fuerzas favorables a las fuerzas políticas y gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe, es la defensa de la integridad y la orientación popular, anti neoliberal, de los mecanismos intergubernamentales de concertación, cooperación e integración, a saber, la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA TCP), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
  13. El proyecto del ALBA y PETROCARIBE ha sido y continúa siendo un ejemplo de la capacidad de los pueblos para ejercer la solidaridad, la complementariedad y avanzar unidos hacia un destino mejor. Es notoria la consolidación de los procesos de cambio en Nicaragua, El Salvador, Ecuador, Bolivia y Uruguay.
  14. Es de destacar en el caso de Nicaragua, el contundente y sostenido respaldo popular al FSLN y a su líder, el Comandante Daniel Ortega, candidato presidencial para las elecciones de noviembre en ese país, en las cuales el pueblo nicaragüense, seguro de su triunfo, ha dado una lección de soberanía al no permitir la tradicional intervención de las potencias imperialistas en los procesos democráticos de nuestros países bajo el disfraz de la observación electoral, la cual será ejercida por organismos legítimamente constituidos a nivel de nuestra gran nación latinoamericana y caribeña.
  15. La izquierda impulsa la transparencia, la honradez en el uso y manos de los recursos públicos y nos manifestamos en contra la pretensión de Estados Unidos, de arrogarse prerrogativas fiscalizadoras en el enfrentamiento a la corrupción, irrespetando la soberanía de nuestros pueblos mediante mecanismos inconstitucionales, como resultado de lo cual llama la atención que no han sido señaladas ni afectadas las figuras políticas vinculadas con la oligarquía, de donde provienen los más grandes actos de corrupción, lo cual es también un engendro del intervencionismo imperialista. El caso de la CICIG en Guatemala es emblemático en ese sentido, pero el propio pueblo guatemalteco ha demostrado que no se necesita la tutela imperial mediante organismos intervencionistas para enfrentar la corrupción, pues la garantía para eso es la capacidad de lucha de los sectores populares, siempre que se cuente con un movimiento revolucionario unido, organizado y a la altura de su misión histórica.
  16. Reiteramos nuestro compromiso con la defensa de la independencia, soberanía y autodeterminación de nuestros pueblos. Condenamos el colonialismo en su condición como máxima expresión de la dominación imperialista sobre nuestros pueblos, y apoyamos la lucha heroica del pueblo puertorriqueño por su independencia y el justo reclamo de Argentina por su soberanía sobre las islas Malvinas. El FSP se proclama continuador histórico del Congreso Anfictionico de Panamá, convocado por el Libertador Simón Bolívar, en la lucha contra todo vestigio de colonialismo y neocolonialismo y por la unidad de nuestros pueblos.
  17. A Bolivia le expresamos nuestro respaldo solidario e internacionalista militante de los partidos del Foro, y a la revolución boliviana en su lucha contra la guerra no convencional, antidemocrática y desestabilizadora. Exhortamos a los partidos miembros del FSP tanto de Chile como de Bolivia a seguir dialogando en aras de una solución negociada sobre la demanda histórica boliviana de una salida soberana al mar, en el marco del respeto al derecho internacional.
  18. El Foro de Sao Paulo rechaza los paraísos fiscales, la evasión tributaria y la opacidad del gran capital en cada país, perjudicando su desarrollo económico y social. Asimismo, respalda la iniciativa del Presidente Rafael Correa de llevar a la Asamblea General de la ONU el planteamiento de la eliminación mundial de la figura de paraísos fiscales y generar mecanismos de transparencia y responsabilidad financiera.
  19. En Brasil, el Golpe de Estado contra la Presidenta Dilma Rousseff es parte de la contraofensiva imperial que será derrotada por las fuerzas populares en todo el continente. Apoyados por los medios de comunicación, sectores del aparato del Estado y del poder económico nacional e internacional, han montado el juicio político en Brasil que es un golpe contra la democracia, los derechos sociales, la soberanía nacional y la integración de América Latina y el Caribe. El Foro de Sao Paulo expresa al pueblo brasileño su irrestricta solidaridad en su lucha que es de todo el continente, contra el golpe de Estado, por la democrracia y la defensa de las conquistas sociales del pueblo brasileño bajo los gobiernos del PT y sus aliados, encabezados por Lula y Dilma, y sumamos nuestra voz a todos aquellos que en todo el mundo, rechazan el ilegítimo gobierno golpista y demanda el retorno de la Presidenta legítimamente elegida.
  20. El Estados Unidos viven más de 55 millones de personas procedentes de América Latina y El Caribe que contribuyen al desarrollo económico, social de ese país. Un porcentaje significativo de las 11 millones de personas indocumentadas en Estados Unidos son de América Latina y El Caribe y el gobierno de ese país no ha cumplido su promesa de una reforma integral por los derechos de la población migrante, una parte de la cual sufre una crisis humanitaria, como es el caso de los niños y las niñas retenidos en las fronteras. El Foro de Sao Paulo motiva a los militantes y simpatizantes de sus partidos en Estados Unidos a que, como comunidad, se sumen a la lucha y demanda de sus derechos y denuncien la política injerencista del gobierno de Estados Unidos hacia nuestros países.
  21. Es necesario que el Foro de Sao Paulo fortalezca los esfuerzos por la construcciones de un frente político y social continental, integrado por movimientos políticos, sociales y populares de nuestra región, abarcando a amplios sectores de la sociedad, entre ellos aquellos que exigen el respeto a sus derechos personales y colectivo, como por ejemplo, sus orientaciones sexuales en el caso de los grupos LGBT, los sectores de la juventud, las luchas de género por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, los pueblos originarios, los afrodescendientes, que no necesariamente actúan partidariamente, pero que luchan en las calles por sus derechos y el ejercicio de sus expresiones culturales. Todos los partidos de izquierda debemos garantizar espacios en nuestras luchas y en nuestras estructuras a estos sectores.
  22. La cultura es hoy una de las principales armas de dominación de las oligarquías nacionales y de las grandes corporaciones que pretenden controlar el mundo y frenar todo proyecto emancipador. Es necesario fortalecer la batalla de las ideas en todas sus expresiones y a través de todos los medios. La lucha ideológica, cultural, mediática, resulta imprescindible para derrotar la invasión ideológica de las clases dominantes y así movilizar a los pueblos en la defensa de sus intereses. Debemos articular un frente de pensamiento contrahegemónico que incorpore sin prejuicios a nuestra lucha a personas y grupos de las más diversas filiaciones políticas.
  23. El Foro de Sao Paulo felicita al gobierno de El Salvador y al FMLN por sus logros, sobre todo por las efectivas políticas sociales, que han permitido reducir la pobreza, y el combate a la delincuencia, que ha mejorado el clima de seguridad. Estamos convencidos que el gobierno del FMLN seguirá profundizando los cambios iniciados desde su primera gestión, en el año 2009, en beneficio del pueblo salvadoreño.
  24. América Latina y el Caribe está en estos momentos y seguirá estando al frente de la lucha de los pueblos por una sociedad con justicia y libertad, sin explotación ni opresión; una lucha en la cual los pueblos, sus organizaciones políticas y sociales, y los gobiernos que defienden los intereses populares, se enfrentan a las más poderosas fuerzas del mundo, pero cuyo poderío económico y militar no podrá contra el poder de la razón, de las ideas, y de los más altos valores de la humanidad, que como proclamaba la Revolución Cubana en la Segunda Declaración de La Habana, “ha dicho BASTA y ha echado a andar…” Seguiremos construyendo el poder popular para asegurar las transformaciones económicas, sociales y políticas de los pueblos de América Latina y El Caribe.

La venas abiertas de América Latina. De Manuel Hinds

manuel_hindsManuel Hinds, 11 diciembre 2015 / EDH

diario hoyEn este año, con dos décadas y media de retraso, se cayeron los últimos terrones del gigantesco edificio del comunismo que colapsó el siglo pasado en el resto del mundo con la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética. En un solo año han colapsado los dos terrones principales de la ya muerta ideología, Cuba y Venezuela. De los dos países que fueron sus principales aliados en el avance del así llamado Socialismo del Siglo XXI, Argentina y Brasil, el primero ya ha sacado a dichos aliados del poder y el segundo está en el proceso de hacerlo. Otros dos, Ecuador y Bolivia ya van por el mismo rumbo. De todo los países entregados a Alba solo van a quedar dos terroncitos, Nicaragua y El Salvador. Nicaragua seguro ya se va a zafar.

El atraso con el que se ha dado el colapso de estos últimos terrones es un indicador del atraso general de la región, que siguió dando importancia a una doctrina que en todo el resto del mundo fue descartada hace ya tanto tiempo por su destructividad innata. Los países que fueron comunistas, fueron grises y mediocres durante todos esos años y sufrieron terribles masacres organizadas por los comunistas para imponer su ideología (entre otros más de 25 millones de muertos en la Unión Soviética, 70 millones en China, 4 millones en Camboya y Corea del Norte, un millón en Europa Oriental). Hoy, estos países han florecido en libertad en todos los órdenes de la vida humana. Por dos décadas y media, partidos y países en Latinoamérica siguieron propugnando doctrinas que nadie más tomaba en serio. Por eso, en el escenario mundial, eran terrones nada más.

El desastre que el comunismo ha dejado en Cuba, en donde fue aplicada en su totalidad la Dictadura del Proletariado (cero propiedad privada; el poder totalmente concentrado en los jerarcas del Partido Comunista, llamados la vanguardia del proletariado; la represión de cualquier manifestación de la democracia), y en Venezuela, en donde se avanzaba hacia este sistema ha sido comparable en términos materiales al desastre que los comunistas dejaron en Rusia y sus satélites, y en China hasta el momento en el que adoptaron el capitalismo. Cuba, que cuando Fidel Castro subió al poder en 1959 era el país más avanzado de Latinoamérica, ha sufrido por casi sesenta años privaciones que ningún otro país ha sufrido en la región. Y estas privaciones han sido como un lujo para Cuba. Ni eso hubiera podido tener si no se hubiera convertido en un Estado parásito de la Unión Soviética, y luego del petróleo de Venezuela. La gente que deja el comunismo en Cuba sigue viviendo en la miseria, con la excepción de los jerarcas del Partido Comunista.

En Venezuela no pudieron hacer todo lo que hicieron en Cuba pero hicieron mucho daño. Económicamente, dilapidaron los enormes beneficios del boom de los precios del petróleo, que duró por una década y que, invertidos juiciosamente, hubieran impulsado un verdadero desarrollo. En vez de eso, el dinero se fue en subsidiar el régimen comunista en Cuba y en corromper Venezuela y Latinoamérica con la compra de voluntades en un sistema continental de servilismo político que convergía en Caracas. Después de haber tenido ingresos adicionales de cientos de miles de millones de dólares por una década, Venezuela está otra vez en la miseria. Todo ese dinero se fue para satisfacer las vanidades de un grupo pequeño de ególatras.

El comunismo en Latinoamérica no ha sido diferente del caudillismo arcaico que ha destrozado a la región desde su independencia. Chávez, los hermanos Castro, Maduro, no son diferentes de Somoza, Trujillo y tantos otros.

Si América Latina quiere desarrollarse, tiene que darse cuenta de que si, como dicen los comunistas, es cierto que hay “venas abiertas en la América Latina”, el desangramiento de esas venas lo causan estos grupos que usan las ideologías radicales para insertarse como parásitos y quitarle los recursos al pueblo para satisfacer sus ambiciones personales. Esto no terminará hasta que Latinoamérica entienda que el desarrollo requiere trabajo duro e inversión en capital humano, y que las promesas de riquezas instantáneas son sólo trucos usados por estafadores políticos para explotar al pueblo.

Otra vez el socialismo, esta vez como comedia. De Marvin Galeas

Eran los años Setenta y el socialismo estaba, como por estos días, de moda. Acababa de triunfar la revolución cubana. El Che había abandonado, sin más, sus privilegios como ministro de Estado y se había ido, con un pequeño grupo, a hacer la revolución continental, comenzando en Bolivia. Tal despropósito le costó la vida. Su muerte incrementó el número de fans en todo el mundo. 

marvin galeasMarvin Galeas, 14 noviembre 2015 / EDH

diario de hoyUn amigo chileno me contó que por esos tiempos alguien dijo en un autobús que circulaba por las calles de Santiago, que el Che tenía un cierto parecido a Cantinflas. No bien había terminado la frase cuando un desconocido le dio un puñetazo, al blasfemo, que le rompió la nariz. Tal era la devoción que provocaba el Che.

Fidel Castro era un joven abogado que había dirigido con éxito la guerra de guerrillas. Sus histriónicos discursos, su asombrosa capacidad de acumular datos y cifras, su estatura y su penetrante mirada lo habían convertido en un mito viviente, entre los jóvenes en ambos lados del charco.

Joaquín Villalobos apenas acababa de cumplir los 25 años cuando asumió la jefatura del clandestino Ejército Revolucionario del Pueblo. Entre los otros comandantes había mujeres bonitas y más jóvenes que él y en los comités militares casi nadie pasaba de los 22 años.

En las universidades europeas, desde la Sorbona hasta Lovaina, el marxismo era considerado como una ciencia social, mientras intelectuales como Sartre, Louis Althusser y Franz Fanon profetizaban que el socialismo científico era el camino para redimir a la humanidad.

En Vietnam, Ho Chi Minh y su estado mayor se desplazaban en bicicleta y tenían sueldos de 25 dólares al mes, mientras enfrentaban y derrotaban al poderoso ejército de los Estados Unidos. Las imágenes en afiches de Tamara Bunker, Patty Hearst y Ana Guadalupe Martínez eran más admiradas que las fotos de Mia Farrow y Fay Dunawey. Era el socialismo del Siglo XX, con sus íconos, héroes, mitos y libros, muchos libros.

Los dirigentes revolucionarios latinoamericanos eran jóvenes que enfrentaban dictaduras militares. La posesión de bienes materiales, incluso un reloj de lujo, se consideraba una grave desviación burguesa. La URSS era una superpotencia y existía un bloque socialista de naciones. Un buen día todo aquello se desplomó como un castillo de naipes. Y tras la caída del Muro de Berlín quedaron al descubierto las violaciones a los derechos humanos, la pobreza y la falta de libertad en aquellos “paraísos” del socialismo del Siglo XX.

Por un accidente histórico un hombre, sin más formación que el cuartel, se hizo con el poder en un país que nadaba en petróleo, entró en contacto con los desorientados partidos izquierdistas tras la caída del Muro, agrupados en el Foro de Sao Paulo, y nace no como un concepto, sino como una delirante ocurrencia la revolución bolivariana y el “socialismo del Siglo XXI”. Las diferencias entre el del XX y del XXI, son muchas y hasta grotescas.

Aquel estaba equivocado desde sus supuestos básicos, como lo demostró la historia; éste además de eso es solo una caricatura sin héroes, sin mitos, sin argumentos y sin libros. Chávez no hizo una revolución. Se compró una. Sus sobrevivientes ya se quedaron sin dinero para seguir el “shopping”. Los presidentes de este socialismo son muy parecidos a muchos de los antiguos dictadores solo que más ostentosos. Los gastos personales de Chávez, por ejemplo, según publicaciones, eran, solo en jabón de tocador y champú de 145 mil dólares.

Los líderes del socialismo del Siglo XXI hacen negocios millonarios y manejan camionetas de lujo. Sus mejores ideólogos no escriben libros. Y los fieles de esa extraña parroquia son totalmente incapaces de argumentar. Ellos solo insultan y denigran. Nada más. A los Castro se les acaba el ciclo vital y no hay generación atrás que los sustituya. La transición en Cuba será inevitable en pocos años. El del XXI, por ser una mala copia de un mal original, está destinado al fracaso más rápido de lo que muchos creen.