servicios públicos

Diabetes fiscal. De Manuel Hinds

Como un diabético mal cuidado, el gobierno se engorda mientras que los servicios públicos y las actividades legítimas del gobierno tienen cada vez tienen menos recursos.

manuel hindsManuel Hinds, 28 enero 2017 / EDH

El gobierno quiere que creamos que el problema fiscal del país es que no puede pa-gar sus deudas porque sus ingresos son más bajos que sus egresos. El equivalente médico de esta enfermedad sería inanición. Los síntomas serían ver a un gobierno adelgazado, esquelético. Su cura sería reducir el uso de energía o aumentar la comida. Pero la enfermedad fiscal del gobierno de El Salvador no es inanición. Lo que tiene el gobierno es diabetes fiscal—una enfermedad en la que la persona come mucho, puede engordar enormemente, pero se está muriendo de hambre porque los alimentos no se usan para que sus células puedan trabajar. La enfermedad se come la energía que entra al cuerpo y deja sin comida a las células que la comida debería alimentar. Esto es lo que pasa en el país. El gobierno cada vez cobra más impuestos, y diario hoycada vez dedica menos de estos (y de los préstamos que logra conseguir) a pagar los servicios públicos que el gobierno debería de proveer. Como un diabético mal cuidado, el gobierno se engorda mientras que los servicios públicos y las actividades legitimas del gobierno tienen cada vez tienen menos recursos. La diabetes, médica y fiscal, engorda al paciente pero causa inanición en sus células.

Las radiografías del gobierno muestran un enorme gordo en sus ingresos, y un pobre esquelético muriéndose de hambre en las funciones que debería de estar cumpliendo. El remedio no es darle más de comer al diabético. Hacerlo es altamente contraproducente, porque el darle más comida acelera el proceso por el cual los que reciben la comida se las quitan a las células del cuerpo. Si el gobierno consigue más dinero, su gordura aumentará pero sus actividades legítimas caerán cada vez más en la inanición.

Por supuesto, el gobierno clama, cuando pide más y más dinero, que se queda sin efectivo porque, siendo un gobierno de izquierda, está gastando mucho en servicios sociales para los pobres. Hay gente que les cree: los que no viven en este mundo, los que no se dan cuenta de cómo los servicios sociales se han deteriorado, los que no se detienen a pensar que no es posible que este gobierno ha recibido más recursos que cualquier otro gobierno y ha llevado al estado a una situación paupérrima, los que no se dan cuenta de que el gobierno del FMLN ha logrado que le aprueben un presupuesto que no contiene todos los gastos que tendrá que cubrir en 2017 porque si los incluyera se vuelve obvio que el presupuesto está desfinanciado.

Pero los que se tragan la peregrina idea de que el gobierno se ha metido en problemas fiscales porque gasta mucho en ayudar a los pobres deberían de reaccionar viendo como, en medio de la crisis espantosa por la que pasan los hospitales públicos porque no reciben dinero suficiente ni para los medicamentos más esenciales, el gobierno del FMLN les ha recortado 17 millones en el nuevo presupuesto, diciendo que en realidad no les hará falta, implicando que no los necesitan. Pero al mismo tiempo el gobierno gasta 50 millones en extravagantes seguros de salud privados cuyas primas cuestan, en todo el gobierno, cerca de 50 millones de dólares que, si fueran invertidos en los hospitales públicos, harían una gran diferencia para la población del país. Que el FMLN hace esto muy conscientemente lo demuestran las declaraciones de una de sus líderes en la Asamblea, que llena de indignación dijo que ella y sus colegas no podrían ir a clínicas públicas o del Seguro Social porque son muy inferiores a las del sector privado. ¡Claro! ¡Si día a día ellos mismos le quitan dinero a los servicios públicos! Este es un claro caso de diabetes fiscal, en la que las glóbulos que deberían de llevar la glucosa a las células del cuerpo se quedan con ella y la usan para su propio beneficio.

Igual pasa en educación, en donde las escuelas reciben cada vez menos dinero.. Pero, grandes como son estos casos, ni siquiera comienzan a explicar a dónde se va tanto dinero que el gobierno recibe y sigue recibiendo de los ciudadanos mie

La verdad sobre los servicios públicos. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 13 enero 2017 / EDH

Una diputada y vocero del FMLN en la Asamblea Legislativa hizo hace algunos días unas declaraciones espectaculares en el contexto de defender la decisión de contratar (como en los años anteriores) un seguro de salud privado para los diputados y empleados de la Asamblea, que si no se contrata se verían obligados, como la mayoría de los salvadore-ños en el sector formal, a someterse al Seguro Social. La diputada dijo, entre otras cosas:

diario hoy“Yo creo que el concepto de un seguro privado siempre ha sido sostenido porque siempre se ha hecho que la cosa pública no sirva, de verdad históricamente. Yo me admiro, a mí me impresiona llegar al Seguro Social, ver al doctor, al nefrólogo por decir algo, dar consulta en el Seguro Social. ¿Cómo lo atiende el nefrólogo en el Seguro Social? Como que si usted fuera a mendigar. Si ya está pagando el seguro y luego busca al nefrólogo en el Hospital de Diagnóstico  y la actitud del nefrólogo es diferente”.

Luego la diputada siguió:

“Aquí  se ha dicho históricamente de la cosa pública que no sirve, precisamente por eso antes se licitaba mucho la privatización de la salud, porque se decía que lo privado sí es bueno y lo público es malo, ¡por Dios! si quienes hacemos la cosa pública somos los mismos seres humanos que actuamos en lo privado y porque en lo público somos malos y en lo privado tratamos de ser buenos. Conclusión, porque paga. Sí, pero en lo público el médico también está ganando, ante esa circunstancia que ha sido históricamente, usted va a pasar consulta en la unidad de salud, yo siempre hago un chiste para la gente y digo ‘usted llega enfermo y sale más enfermo’, porque el paciente con una tocadita a veces  de espalda se siente mejor, pero si el médico lo recibe de una manera malcriada obviamente la gente asiste al sistema [privado] de salud”.

Las declaraciones de la diputada no tienen nada de original. Es lo que todo el mundo dice. Describen con toda exactitud la situación de los servicios públicos en el país—no sólo los servicios de salud, sino todos los servicios que el estado, ahora en manos del FMLN, está en la obligación de rendir. Hay, sin embargo, varios aspectos en los que son extraordinarias, ligados a tres hechos.

Uno, que lo diga una diputada miembro del partido que está en el poder desde hace siete años y medio, que por tanto es responsable por la pobre condición de los servicios públicos. Dos, que la actitud de los médicos es sólo una parte de los problemas del sistema público de salud, que incluyen la falta de medicinas y materiales, hospitales en los que llueve por dentro por la repetida explosión de las tuberías de agua, y condiciones pésimas para los pacientes de consulta y hospitalizados, mientras que el gobierno del FMLN se niega a pagar los salarios pactados hace años con el escalafón de salud.

Tres, que una miembro prominente del FMLN exprese una preferencia por los servicios privados, diciendo que en los públicos “usted llega enfermo y sale más enfermo”, cuando su partido desde su fundación ha tratado de eliminar al sector privado para que lo único que exista sea el sector público. Cuatro, que confiese que no entiende cómo los servicios privados siempre son muy superiores a los públicos, y aun así crea en una ideología y pertenezca a un partido que quieren eliminarlos.

Cinco, que la élite del FMLN quiera tener un acceso a los obviamente mejores servicios privados no con sus propios recursos, sino usando fondos proporcionados por los contri-buyentes en general, la mayoría de los cuales no tienen otra alternativa que ir al muy inferior sistema nacional de salud. Es decir, los líderes del partido que pretende defender al pueblo, quieren usar (y usan) el dinero de éste para no tener que pasar por las penas que éste pasa por lo malos que son los servicios públicos que ellos mismos manejan.

Carta a los maestros, enfermeros, médicos, policías y bomberos del país. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 1 septiembre 2016 / EDH

Estimados trabajadores públicos:
Ustedes son los que nos brindan los servicios públicos elementales, pero estratégicos, que un Estado debe a sus ciudadanos: educación, salud y seguridad.

En los países más desarrollados, lo de ustedes son las profesiones de servicio público más prestigiosas y mejor remuneradas. Y no les pagan bien porque tienen más desarrollo y más pisto, es al revés: estos países son más desarrollados y tienen más recursos porque a tiempo apostaron por salud, educación y seguridad -y a los profesionales que proveen estos servicios. A su formación profesional, a su bienestar, a su prestigio en la sociedad, a sus condiciones de trabajo, a las inversiones necesarias servir bien a los usuarios.

diario hoyAquí no. Aquí el Estado y la sociedad tratan con negligencia y a veces con menosprecio a las profesiones que deberían tener absoluta prioridad. Por esto estamos trabados en el subdesarrollo. Vayan a visitar Costa Rica para ver la diferencia…

Cada rato, esta negligencia hace crisis social y política. A veces la crisis se enciende por el pésimo estado de hospitales, escuelas, delegaciones policiales o estaciones de bomberos -y los correspondientes equipos. A veces la crisis se enciende por que a ustedes no les cumplen las obligaciones salariales, de prestaciones o de bonos que ha asumido el Estado. Como ahora: por esto tenemos huelgas en escuelas y hospitales, y peligro de huelga hasta en la policía. El Gobierno dice: No hay pisto, no puedo cumplir con los bonos prometidos, con las prestaciones obligatorias o con los escalafones salariales que les corresponden por ley.

Y ustedes dicen, con todo derecho: Entonces, que el Gobierno revise sus prioridades. Porque sí hay pisto para otras cosas que ni siquiera son obligaciones por ley del Estado. Ninguna ley obliga al Estado a poner relieves prehispánicos en los túneles; a construir nuevos edificios para la Asamblea y para la fiscalía; a pagar seguros privados a los funcionarios de la Corte, de la Asamblea y de las autónomas; a pagar por cenas y viajes de diputados, ministros; a contratar asesores y asesores de asesores… y mucho menos a pagar todo lo que pagan de las cajas discrecionales de la presidencia de la República, de la Asamblea y de la Corte Suprema.

Si el Estado tiene un problema de caja, no puede comenzar a recortar en los gastos que le corresponden por ley, sino en otros que corresponden a su agenda electoral o partidaria.

Los escalafones de salud, educación y PNC son obligaciones establecidos por ley. Y muchos de los bonos son obligaciones establecidos por convenios. Hay quienes dicen que los escalafones, sobre todo el de Salud, son “impagables, injustos y hasta escandalosos”.

Bueno, si alguien piensa que un escalafón, establecido por ley, es “impagable y injusto”, que cambie la ley, pagando el costo político que esto significa. Ante las leyes y otras obligaciones legales (por contratos o por promesas públicas hecha por el Gobierno) solo hay dos opciones: cumplirlas o cambiarlas. Simplemente incumplir obligaciones que tiene el Estado como patrón y como proveedor de servicios públicos no es opción. Mucho menos con el argumento “Sorry, me quedé sin pisto”.

El Gobierno tiene que revisar sus prioridades: Si realmente quiere dar prioridad a mejorar la calidad de los servicios públicos que da a los ciudadanos, tiene que invertir en las instituciones y los profesionales que los brindan. Esto significa mejores instalaciones y equipos para hospitales, escuelas, policía y bomberos -pero también mejores salarios para los profesionales que ahí trabajan.

Y ustedes tienen todo el derecho de exigir ambas cosas: más inversión en sus instituciones -y que les cumplen las obligaciones a cada uno de ustedes. Y si el Gobierno no responde a estas exigencias, que pague el costo político de su incapacidad y su falta de voluntad.
No se dejen intimidar. Saludos,

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El dinero no lo es todo. De Manuel Hinds

Manuel-Hinds-VIB-11Manuel Hinds, 8 julio 2016 / EDH

Es irónico escribir este artículo pensando en los errores crasos que el FMLN está cometiendo cada vez más frecuentemente. Es irónico porque ellos son los que acusan continuamente a los capitalistas y liberales de exprimir al pueblo para sacarle un último dólar para satisfacer su codicia. Con su comportamiento el gobierno del FMLN está demostrando que está dispuesto a exprimir al pueblo hasta dejarlo totalmente seco con tal de extraerle el último dólar para satisfacer su codicia de poder. Es irónico también porque con sus acciones demuestran que han idolizado el dinero como medio para comprar el apoyo de la gente, y de una manera insana.

diario hoyConsidere, por ejemplo, lo que ha hecho el gobierno por conseguir dinero, luego las cosas que ha hecho con él y luego pondere si en el proceso el FMLN está ganando o perdiendo. Para conseguir el dinero, el FMLN ha introducido nuevos impuestos, alzado las tarifas de los servicios públicos, y disminuido el volumen y calidad de éstos reduciendo sus presupuestos. En el proceso ha encarecido la vida de los ciudadanos aumentando el costo del agua, de la electricidad, de la gasolina, de las llamadas telefónicas, y de muchos otros bienes y servicios. Además está dejando al público horriblemente endeudado con la desbordada emisión de bonos y LETES y otras deudas. Ha amenazado también con apropiarse los recursos ahorrados por el pueblo para sus retiros y para mientras les paga rendimientos bajísimos en los recursos que toma prestados de ellos, efectivamente reduciendo sus pensiones.

Como resultado de la reducción real de los fondos asignados a los servicios públicos, la peor de las técnicas para apropiarse dinero, la gente se muere porque los hospitales no tienen medicinas ni materiales y las escuelas carecen de materiales y adecuadas instalaciones.

¿Y en qué gasta el gobierno del FMLN todo esto? Uno, en el gozo del poder. Jamás en la historia el gobierno los funcionarios han gastado y desperdiciado tanto dinero en carros de lujo para transportarse, en comida fina para alimentarse, en tragos para celebrarse, en viajes para divertirse, en contrataciones para sentirse poderosos. El otro es lo que ellos piensan que le dará el poder: el gasto en publicidad, el gasto en activistas para que convenzan a la población de que vote por ellos, ejemplificado en los subsidios a los nini.

Es como si un enemigo les ha estando aconsejando qué hacer para lograr que fracasen. Castiga al pueblo sacándole dinero, búrlate de él, y luego usa ese dinero para que, castigado y burlado como se siente, vote por ti. Según ellos, el dinero así sacado del pueblo, y ya muy disminuido por todos los gastos de las mieles del poder, va a ser más poderoso en determinar la ventaja que le quieren sacar a ARENA en las elecciones que el machucamiento que le causan al pueblo para sacarle ese mismo dinero.

Es fácil darse cuenta de que este proceso les está saliendo por la culata y que en cada vuelta de la ruedita de caballitos (extorsión, exprimida, gasto en la vida alegre, gasto en publicidad y activistas) el gobierno y el FMLN van perdiendo apoyo y ganando aborrecimiento en la población. Pero es fácil entender por qué está pasando esto. Han llegado a creer que el dinero es todo poderoso.

Lo han hecho porque se mesmerizaron con Chávez y el Socialismo del Siglo XXI, que ganó muchas elecciones porque tenía mucho dinero que gastar. Y porque se mesmerizaron con sus propios manejos electorales, logrados en la época en la que los fondos venezolanos eran muy cuantiosos. Pero nunca se han puesto a pensar que con todo el dinero que gastaron, el porcentaje del electorado que votó por ellos nunca ha subido del 30 por ciento, que es su voto duro. Por eso creen que, ahora que no tienen a Venezuela, hay que exprimir al pueblo para tener el dinero necesario para esas campañas que no les han servido de nada.

Pero hay otro motivo. Ya les gustó el paso del dinero por el gobierno. En cada pasada, hay más mieles. Como la droga, el dinero ya es una adicción, y no pueden dejar de hacer lo que sea para conseguirlo. Esto los va a llevar a la derrota. Pero ya no pueden evitarlo.