seguridad pública

Carros militares no son suficientes. De Erika Saldaña

Quienes en algún momento fueron líderes de la guerrilla, se enfrentaron a la Fuerza Armada durante la guerra civil y promovieron la separación de las labores de seguridad pública de la defensa nacional, hoy promueven que militares colaboren en el mantenimiento del orden.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 25 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Regresaron los carros blindados con ametralladoras punto 30 o punto 50 a San Salvador. Eso es parte de las nuevas medidas que implementa la administración Sánchez Cerén. Los vehículos de la Fuerza Armada patrullan las calles con militares encapuchados y con grandes armas a la vista de la gente. Pareciera que nos preparamos, otra vez, para la guerra. Pero no. Se trata de la reciclada estrategia de seguridad pública, con la cual pretenden devolver seguridad y confianza a la población.

EDH logLos grupos que formaron el FMLN se rebelaron en parte contra un modelo de seguridad pública similar. Por esto resulta irónico que sean los dos últimos gobiernos los que desde 2009 mantengan la remilitarización del territorio y den un gran protagonismo a esta institución en el combate a la delincuencia. Quienes en algún momento fueron líderes de la guerrilla, se enfrentaron a la Fuerza Armada durante la guerra civil y promovieron la separación de las labores de seguridad pública de la defensa nacional, hoy promueven que militares colaboren en el mantenimiento del orden.

Fue con los Acuerdos de Paz que se cambió el modelo de seguridad en el país. La Fuerza Armada ya no cumpliría labores policiales ni los cuerpos policiales tendrían cultural militar. Se implantó una separación entre las labores de ambas instituciones. En los Acuerdos se estableció que el fin de la seguridad pública es mantener el orden y la paz, fundamentado en el respeto de los derechos de las personas y esta labor estaría bajo la dirección de la PNC; estas funciones son distintas a las encomendadas a la Fuerza Armada, la cual está orientada a la defensa nacional en contexto de conflicto armado.

Usar a los militares para trabajos de paz interna y seguridad pública está habilitada por la Constitución, pero de manera excepcional, señalando que esta debe ser temporal y limitarse a lo estrictamente necesario. Sin embargo, en el país hemos normalizado esa excepción volviéndola permanente, pues la presencia de la Fuerza Armada en actividades de seguridad pública no es nada nuevo. A finales del año 2008 se aprobó un decreto que autorizaba el apoyo de los militares a la PNC durante un año. Desde esa época a la fecha, dicho decreto ha sido renovado durante diez años consecutivos. Es decir, la Fuerza Armada es parte de la seguridad pública de este país.

Este despliegue militar en las calles tiene dos finalidades: que la población se sienta segura y disuadir a las personas de delinquir. Y aunque son objetivos válidos, una vez más parece que son un papel pegado con saliva. La gente en Santa Elena y colonia Escalón probablemente no necesite un patrullaje de camiones militares como sí urgen en zonas como Soyapango o Apopa; los esfuerzos deberían enfocarse en resolver un problema real y no solo en crear una percepción de control de la situación.

Y si los planes de seguridad no rinden frutos evidentes de manera inmediata, el efecto disuasivo hacia los delincuentes durará lo mismo que el tráfico fluido en San Salvador: nada. Durante años hemos sido testigos de estrategias como la mano dura, sacar militares a las calles, endurecimiento de penas y de varias medidas más. Los resultados han sido escasos y la población tiene que cargar con miles de muertes violentas cada año.

A la fecha, la PNC no ha sido suficiente para detener la delincuencia y traer seguridad. Súmele que la colaboración de militares se ha vuelto permanente y aun así no se percibe que exista un control sobre la situación. El apoyo militar ha colaborado en el combate a la delincuencia; sin embargo, en el fondo descansa una desnaturalización de sus funciones, hay una ausencia de estrategia integral por parte de las autoridades y una insuficiencia de recursos para volver eficientes los planes ya existentes.

Por eso es urgente fortalecer a la PNC y la Fiscalía General de la República. Si no lo hacemos, nos quedamos con planes impactantes pero probablemente ineficaces. A los criminales hay que intimidarlos, sí; pero también perseguirlos, investigarlos, arrestarlos, juzgarlos y condenarlos. Para eso necesitamos PNC y FGR fuertes. Si no, nos quedaremos con la sensación efímera que brindan los militares en las calles. La percepción de seguridad debe ser permanente y que no la bote la próxima muerte violenta.

Esperanza. De Cristian Villalta

Y para ahorrarnos el gasto en policías, tanquetas y fusiles, ¿por qué mejor no matamos a nuestros enemigos antes de que crezcan?

CRISTIAN VILLALTA

Christian Villalta, director de El Gráfico

Cristian Villalta, 24 septiembre 2017 / LA PRENSA GRAFICA

Entiendo que matarlos por hambre o desnutrición les parezca más congruente con el actual estado de las finanzas públicas, es ideal matar sin hacer nada más que ignorar los deberes constitucionales, y que eso no cuesta un peso, pero no hay garantías de triunfo, Óscar. La resiliencia de esa gente es casi una necedad.

Tampoco envenenarles la leche garantiza nada, aunque se agradece la sugerencia, ministro. Recuerde que la mayoría de ellos no van a la escuela, o en todo caso comenzaron el año escolar pero la deserción puede más, y la idea es aniquilar completamente. ¿Tierra arrasada, no?

Además, si estos periodistas progres y mequetrefes lloriquean por las actividades extracurriculares de algunos de la corporación, ni nos imaginemos la preguntadera que les cogería.

LPGNo nos desanimemos, tenemos un punto a favor. Al fin entendimos que nada bueno puede salir de la pobreza. Que la pobreza produce pobres –gran línea, profe. De modo que los pobres son el enemigo de cara al futuro. Los pobres de hoy no son solo los pobres del mañana, sino que entre ellos inevitablemente están los delincuentes de la próxima década.

Entenderlo no es poca cosa, camaradas. Esa es una visión connatural a la historia salvadoreña. Y los descalzos perdieron siempre, desde los pipiles hasta El Mozote.

Disculpen la pausa. Por la emoción, se me secó la garganta.

Comprendo las dudas de algunos. Con tanta blandenguería política, han perdido el enfoque; una conciencia desenfocada puede volverse escrupulosa. Pero ya parémosle a tanta logística y habladera… Convengamos en que si los agarramos desprevenidos, advendría un triunfo militar inobjetable. Esa guerra sí la podemos ganar. Y no es poca cosa, desde Sánchez Hernández no ganamos una.

Y antes de que alguno acá objete mamarrachadas tipo derechos humanos, de la niñez y otras sensiblerías pequeño burguesas, le invito a que recuerde aquellas horribles noches, oculto en la montaña.

¿Qué les mantenía despiertos, pese al hambre, parados y ateridos, con piojos desde el pelo hasta las botas? ¿El espíritu bolivariano? No, Medardo, siga durmiendo.

Les mantenía esa enfermedad, ese mal endémico de ciertos pueblos que se llama esperanza. Ese germen crece y se reproduce ferozmente entre los marginales, los excluidos y los pobres. Por eso es que Jesús les tenía tanto cariño, si eran su clientela.

Claro, la esperanza que nos animaba, bueno, que les animaba a ustedes porque yo estoy acá solo de asesor estratégico, aunque siempre he admirado su causa, Normita, era la del triunfo socialista. Y digo, pues, yo sé que siguen peleando por el socialismo… desde el capitalismo… transición anticapitalista me corrige Sigfrido, gracias. Y eso que ustedes no eran pobres, sino que habían hecho la opción preferencial. Of course.

Pero estos pobres de hoy y sus esperanzas son tan poca cosa. No aspiran más que a salud digna, educación suficiente, libertad de circulación y… esto es lo más risible… seguridad adonde viven. Y después, toda esa plataforma neoliberal de espacio público, identidad nacional, igualdad sustantiva. Babosadas, pues, nada que conmueva el curso de la historia. ¿Qué van a saber de dialéctica si solo saben de hambre?

Por eso, mis estimados camaradas, antes que nuestros enemigos se contagien de esperanza y luego se les transforme en desencanto, y del desencanto pasen a la rabia, al brinco, la pertenencia y el delito, les recomiendo que nos anticipemos y que les entremos a sangre y fuego.

Al enemigo por su nombre: cualquier niño sospechoso de ser pobre, con el agravante de ser salvadoreño.

De nuevo la seguridad pública…. De Luis Mario Rodríguez

Mientras la sociedad no exija un compromiso integral, los políticos y las mismas víctimas y familiares de estas seguirán conformándose con parches legales, demostraciones de fuerza y estrategias dispersas.

Luis Mario RodríguezLuis Mario Rodríguez, 21 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Las últimas decisiones del gobierno para mitigar las condiciones de inseguridad combinan reformas legales con una mayor presencia policial y de efectivos militares. De la misma manera que en administraciones anteriores, de derecha y de izquierda, las autoridades quieren hacer creer a la gente que las circunstancias mejorarán aumentando penas y exhibiendo al ejército en las calles. Para quienes sufren en carne propia la crueldad de los extorsionistas, homicidas y ladrones, estas medidas les parecerán correctas e imprescindibles.

EDH logEn aquellas zonas donde las pandillas, y no el Estado, son las que establecen las reglas de “convivencia social” por supuesto que resulta mil veces preferible que sean los agentes de la PNC o la Fuerza Armada los que cuiden y protejan a su familia. La idea que ha venido cincelándose desde hace varios años en la opinión pública, de que no importa que se viole la ley con tal de resolver la crítica situación de violencia que soportan los habitantes, sigue tomando forma y alentando al Estado a emprender “todo tipo de actos” para generar una sensación de alivio entre la población afectada.

El dilema de la falta de seguridad permanecerá sin modificación alguna de continuar todos, los funcionarios y los habitantes, aceptando una solución que indudablemente nos conduce siempre a los mismos resultados. Los primeros insisten en estos métodos porque de lo contrario pueden obtener efectos adversos en las próximas elecciones; y los segundos admiten los remedios anunciados porque simplemente no soportan el infierno que padecen diariamente. De esta manera las trabas que ocasionan las decenas de homicidios y delitos de todo tipo para el comercio, el crecimiento económico y el ejercicio de las libertades, debido a la mala imagen que proyecta el país, no harán más que multiplicarse y ampliar su radio de acción limitando el desarrollo nacional.

Cuando en 2014 el presidente Sánchez Cerén creó el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia se anunció una nueva etapa de acuerdos entre los distintos sectores que enfrentaría la epidemia de asesinatos que afecta a la Nación. Este fue también el objetivo de la Comisión Nacional para la Seguridad Ciudadana y la Paz Social durante la última administración del partido ARENA. Ambas instancias presentaron sendos planes en la materia, cuyo seguimiento e implementación “brillaron por su ausencia”. De haberse ejecutado estas iniciativas la realidad en este ámbito habría mejorado.

A cinco meses de las elecciones es poco probable que los responsables de la seguridad pública, la presidencia y el partido en el poder renuncien a una estrategia muy similar sino idéntica a la utilizada por los gobiernos de derecha. Y al final los dañados somos todos. Es así porque se prefieren los votos y se desprecia la vida de los cientos de salvadoreños que la pierden como consecuencia de un hecho delictivo. Mientras la sociedad no exija un compromiso integral, los políticos y las mismas víctimas y familiares de estas seguirán conformándose con parches legales, demostraciones de fuerza y estrategias dispersas.

Es innegable que a los policías y a los soldados debe cuidárseles. Quienes atentan contra ellos desafían a la comunidad entera. También es una verdad comprobada que para encarar a la delincuencia se necesitan recursos. Con una policía desmotivada, sin el equipo idóneo, con la existencia amenazada, lo mismo que la de sus allegados, no es posible luchar contra un flagelo cuyas raíces tienen varios metros de profundidad. Esas dos condiciones, la protección de las fuerzas de seguridad y el auxilio presupuestario, deben ser parte de una política criminal que incluya acciones de prevención del delito, reinserción y rehabilitación de los pandilleros y de los malhechores condenados, y una severa aplicación de la ley que respete el Estado de Derecho y que al mismo tiempo imponga orden en el territorio.

Cuando se convive con el mal, como ocurre en El Salvador, se pierde la sensibilidad y la capacidad de exigir un arreglo definitivo de las contrariedades y las penas que nos agobian. Por eso es necesario recordarle a los electores que la obligación de sus representantes es la de cumplir con sus promesas, en este caso la de recuperar el control de la seguridad y no la de proteger su reelección.

Carta a Salvador Sánchez Cerén: Reprobados en Seguridad. De Paolo Luers

Presentación de la nueva fuerza anti-pandillas: Fuerzas Especial de Reacción El Salvador  (FES)

Paolo Luers, 30 mayo 2017 / MAS! y EDH

Estimado ciudadano presidente:
Toca a hacer resumen de 3 años de su gobierno. Me voy a concentrar en el tema de Seguridad Pública. Por dos razones: es el área donde existe el abismo más grande realidad y propaganda. Es en seguridad donde ustedes pretenden ganar puntos, sabiendo que es donde más le duele a la gente; y sabiendo también en los otros temas prioritarios como empleo, crecimiento económico, crisis fiscal, salud y educación, Empleo tienen perdida la batalla.

Así que ustedes quieren vender su política de seguridad como éxito, sólo porque ahora en el 2017 tenemos menos homicidios que hace un año. Pero será difícil vender como éxito que ahora regresemos a los mismos índices de violencia que cuando usted asumió el gobierno en el 2014, luego de haber provocado en el 2015 y 2016 los índices record de homicidios, con un promedio de 20 asesinados diarios.

De lo que usted tiene que rendir cuentas no son de los homicidios de los últimos tres meses, sino de los últimos 3 años: 15,700. Son 5,233 al año; 436 al mes; 14.3 al día. ¿Cuál éxito? ¿Cuál solución?

El problema es que ustedes no tienen un plan de seguridad. Tienen un plan propagandístico que se llama “Plan El Salvador Seguro”. Pero este plan es paja, no tiene nada que ver con lo que ustedes ponen a ejecutar a sus fuerzas policiales y militares en el terreno y en los barrios. El verdadero plan que están ejecutando nunca lo han hecho público, porque es impresentable: militarización de la PNC, llevando al traste el concepto de una policía civil acordada en los Acuerdos de Paz; permanente búsqueda de enfrentamientos de tipo militar para provocar bajas a las pandillas; fomentar y proteger ejecuciones extralegales por parte de policías y grupos ligados al FMLN – y un Estado de Excepción en el sistema penitenciario, legalizado con las “medidas extraordinarias”.

El error es que han declarado la guerra a los pandilleros, en vez de declararle la guerra a la violencia y la delincuencia. Son dos guerras muy diferentes. La primera causa la cantidad de muertes y la erosión institucional de la policía que hemos observado en los últimos 3 años. La segunda se enfocaría en prevenir muertes y apostaría todo a la institucionalización de las fuerzas de seguridad.

Les declararon la guerra a las pandillas, no para erradicarlas (que incluso ustedes saben que es imposible a pura represión), sino para domarlas y someterlas al diseño de control social y territorial del FMLN. Ustedes libran esta guerra con tanta saña, porque en el fondo ven como traición que los pandilleros pretenden representar a los más marginados, sin supeditarse a los lineamientos del partido que supuestamente es la vanguardia de los pobres.

Por esto a 3 años de su gobierno estamos tan mal como cuando llegaron al poder, pero infortunadamente pasando por los dos años más mortíferos de nuestra historia.

Reprobados.