Salud

Salud en crisis y disputa por edificios. De Ricardo Esmahan

15 mayo 2018 / El Diario de Hoy

Platicando con médicos y expertos en salud pública, me comentan que en El Salvador lo que se necesita es modernizar el sistema de salud; no es solo el Hospital Rosales, sino toda la red de salud y áreas sociales.

En el Hospital Rosales, como en todos los hospitales públicos, se necesita más personal médico y paramédico, insumos, tecnología de punta; y desde luego, una administración eficiente y presupuesto adecuado. Y como en toda la institucionalidad pública el transparentar el uso de fondos. Lo anterior debería ser así para no construir elefantes blancos que no funcionan bien, como el Hospital de Maternidad que colapsa con frecuencia.

El tema de salud es amplio y complejo, y tal como ha sido señalado públicamente por el gremio médico de quienes han laborado y laboran en el Hospital Rosales, son crónicas las carencias de equipos médicos y medicinas. Se debe construir el edificio del Hospital Rosales y otros más, pero los que verdaderamente sabotean estas iniciativas son los que no quieren se audite la administración de los fondos y exigen cheques en blanco a la Asamblea Legislativa en nombre de las necesidades más urgentes de la población pobre y vulnerable.

Debe considerarse que el Gobierno nos tiene en una grave crisis sanitaria, por lo que debemos exigir que exista la transparencia y rendición de cuentas, como antesala para un hospital moderno y funcional, con administración eficiente.

Voceros de los médicos del Hospital Rosales han señalado que no ven necesario la construcción de un nuevo edificio para el hospital. Aseguran como gremio que una solución es el reparar las instalaciones del nosocomio ya existentes; con ello, aseguran que se pueden evitar gastos superfluos, porque existen áreas libres donde se pueden hacer ampliaciones de la edificación. Asimismo, que el segundo nivel funcione, porque de esa manera el Hospital Rosales se va a descongestionar.

Los médicos agremiados proponen que si hay fondos ya aprobados para la construcción del nuevo edificio del Hospital Rosales, estos se deberían invertir para reparar todos los hospitales del país y brindar una mejor atención a la población. Según el sindicato del Rosales, las autoridades de salud están utilizando el deterioro de las instalaciones del Hospital Rosales, para obviar su incapacidad.

Considere el lector que el Foro Nacional de Salud, un movimiento claramente alineado con el partido político oficialista, recientemente público el informe sobre varios centros de salud: “Desabastecimiento de Medicamentos”. Los resultados muestran que en 14 establecimientos de salud se constató la falta de 54 medicamentos, de los cuales, 17 (31.48 %) se consideran prioritarios, que por ningún motivo deberían faltar. En muchos casos, son medicamentos para tratar enfermedades crónicas, escases que pone en riesgo la calidad de vida y la vida misma de los pacientes.

Entre los insumos hospitalarios no se encontró oxígeno para cirugía mayor, lo que significa la suspensión de miles de cirugías en los hospitales. Solo en el Hospital Rosales se prevé la suspensión de más de 800 cirugías. A esto se suma la falta de gasas quirúrgicas y de rollo, guantes, jabón yodado, algodón, etc. Concluye el informe, que entre algunas de las deficiencias encontradas está la falta de planificación estratégica de la Gerencia del Ministerio de Salud y el desorden de las compras y la distribución.

Son cuestionables las reiteradas declaraciones de la Ministra de Salud de que existe un alto nivel de abastecimiento; al contrastarlas con ese informe queda en un discurso que no resuelve la demanda no atendida en el sistema de salud. De no tomarse en cuenta las medidas de cambio demandadas ampliamente, lejos de resolver la situación, sus problemas tenderán a agudizarse, dañando a la población.

 

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“Invito a los funcionarios o a algún diputado que vaya al Rosales”: Xiomara Rodríguez

Xiomara Rodríguez enfrentó la precariedad del sistema de salud público el 28 de diciembre de 2015, cuando su hijo de 14 años fue diagnosticado con leucemia, un cáncer en la sangre, y fue llevado al Hospital Nacional Rosales, específicamente al área de Oncología, donde pasó su más dura batalla.

rosales

Beatriz Benítez, 27 febrero 2017 / LPG

la prensa graficaRecuerda que de entrada le tocó comprar lo más mínimo que ella cree que debería tener el hospital para sus pacientes: guantes, mascarillas y una inyección para evitar que su hijo convulsionara.No solo eso, también la mandaron a la Cruz Roja Salvadoreña a comprar sangre porque las personas con cáncer requieren plaquetas. Su sorpresa fue que los hospitales públicos tienen un acuerdo de no comprarle sangre a la Cruz Roja, y tuvo que buscar donantes.

“Eso significa darles el pasaje, darles la comida, y si pierden el día, pagárselos, porque a los enfermos de cáncer, como el caso de mi hijo, no nos pedían dos donantes, nos pedían 15 donantes, y eso los tenemos que tener porque, si no, no le ponen las quimioterapias”, cuenta.Rodríguez dice que en el Rosales la respuesta constante de los médicos es ‘falta tal medicamento’. “A veces había quimioterapias que te faltaban tres medicamentos, uno que valía $15, y necesitabas ponerte cinco botes… había otro medicamento que nos costó $900”.

Irónicamente, quizá ella no lo sabía, pero este centro de salud ha gastado $13,900.3 en seguros médicos privados en los últimos cinco años, un promedio de $2,780.00 cada año, en complicidad con los $144.6 millones que ha gastado el Estado en seguros privados.

“Qué podrían hacer con esos millones invirtiéndolos en los hospitales públicos”, reacciona cuando se entera. “La prioridad debería ser los hospitales, y los hospitales públicos, porque ahí es donde va a parar todo el mundo cuando está ya con enfermedades terminales”, sostiene Rodríguez.

Comenta que gracias a que tiene un salario mensual no se le dificultó comprar algunas medicinas, pues cuenta que hay gente que no tiene ni para pagar los pasajes, y menos para comprar medicinas.

screen-shot-2017-02-27-at-12-58-46-pmRelata que un día los médicos reunieron a los familiares de pacientes para explicarles la crisis que tenían con algunos medicamentos caros y pedirles que se “rebuscaran” para conseguirlos. “Había una señora que contó que ella había hipotecado el terreno de su casa y que con eso había logrado comprar los medicamentos. Pero eso solo de una quimioterapia, pero no es solo una, sino un montón”, dice.

La falta de medicamentos y la insalubridad del hospital no son los únicos problemas, también cree que los jóvenes, a la par del tratamiento, necesitan acompañamiento psicológico, pero no hay. Dice que su hijo desde el primer día que ingresó y vio cómo sufría la gente, solo hizo dos quimioterapias, y le dijo: ‘mamá, no quiero volver’.

“Yo invito a los funcionarios o algún diputado a que vaya, pero que vaya de verdad, al Hospital Rosales”, reta Rodríguez.

“Mi hijo murió en junio, y casi un año un año después no salgo de las deudas de pagar todos los gastos que tuve que hacer. Yo que tengo un empleo; y te imaginás esa señora que hipotecó su terreno, también se murió, y seguramente eso le costó a la familia quedarse sin su terreno”, expresa Xiomara.

“Yo no he vuelto al Hospital Rosales porque me trae demasiados malos recuerdos, pero me imagino que la situación es exactamente la misma. Porque las personas con cáncer siguen estando en el mismo edificio viejo que está inhabilitado porque fue dañado por los terremotos”, concluye Rodríguez.

La verdad sobre los servicios públicos. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 13 enero 2017 / EDH

Una diputada y vocero del FMLN en la Asamblea Legislativa hizo hace algunos días unas declaraciones espectaculares en el contexto de defender la decisión de contratar (como en los años anteriores) un seguro de salud privado para los diputados y empleados de la Asamblea, que si no se contrata se verían obligados, como la mayoría de los salvadore-ños en el sector formal, a someterse al Seguro Social. La diputada dijo, entre otras cosas:

diario hoy“Yo creo que el concepto de un seguro privado siempre ha sido sostenido porque siempre se ha hecho que la cosa pública no sirva, de verdad históricamente. Yo me admiro, a mí me impresiona llegar al Seguro Social, ver al doctor, al nefrólogo por decir algo, dar consulta en el Seguro Social. ¿Cómo lo atiende el nefrólogo en el Seguro Social? Como que si usted fuera a mendigar. Si ya está pagando el seguro y luego busca al nefrólogo en el Hospital de Diagnóstico  y la actitud del nefrólogo es diferente”.

Luego la diputada siguió:

“Aquí  se ha dicho históricamente de la cosa pública que no sirve, precisamente por eso antes se licitaba mucho la privatización de la salud, porque se decía que lo privado sí es bueno y lo público es malo, ¡por Dios! si quienes hacemos la cosa pública somos los mismos seres humanos que actuamos en lo privado y porque en lo público somos malos y en lo privado tratamos de ser buenos. Conclusión, porque paga. Sí, pero en lo público el médico también está ganando, ante esa circunstancia que ha sido históricamente, usted va a pasar consulta en la unidad de salud, yo siempre hago un chiste para la gente y digo ‘usted llega enfermo y sale más enfermo’, porque el paciente con una tocadita a veces  de espalda se siente mejor, pero si el médico lo recibe de una manera malcriada obviamente la gente asiste al sistema [privado] de salud”.

Las declaraciones de la diputada no tienen nada de original. Es lo que todo el mundo dice. Describen con toda exactitud la situación de los servicios públicos en el país—no sólo los servicios de salud, sino todos los servicios que el estado, ahora en manos del FMLN, está en la obligación de rendir. Hay, sin embargo, varios aspectos en los que son extraordinarias, ligados a tres hechos.

Uno, que lo diga una diputada miembro del partido que está en el poder desde hace siete años y medio, que por tanto es responsable por la pobre condición de los servicios públicos. Dos, que la actitud de los médicos es sólo una parte de los problemas del sistema público de salud, que incluyen la falta de medicinas y materiales, hospitales en los que llueve por dentro por la repetida explosión de las tuberías de agua, y condiciones pésimas para los pacientes de consulta y hospitalizados, mientras que el gobierno del FMLN se niega a pagar los salarios pactados hace años con el escalafón de salud.

Tres, que una miembro prominente del FMLN exprese una preferencia por los servicios privados, diciendo que en los públicos “usted llega enfermo y sale más enfermo”, cuando su partido desde su fundación ha tratado de eliminar al sector privado para que lo único que exista sea el sector público. Cuatro, que confiese que no entiende cómo los servicios privados siempre son muy superiores a los públicos, y aun así crea en una ideología y pertenezca a un partido que quieren eliminarlos.

Cinco, que la élite del FMLN quiera tener un acceso a los obviamente mejores servicios privados no con sus propios recursos, sino usando fondos proporcionados por los contri-buyentes en general, la mayoría de los cuales no tienen otra alternativa que ir al muy inferior sistema nacional de salud. Es decir, los líderes del partido que pretende defender al pueblo, quieren usar (y usan) el dinero de éste para no tener que pasar por las penas que éste pasa por lo malos que son los servicios públicos que ellos mismos manejan.

Memorias de la Cuba de Castro. De Cristina López

Cristina LópezCristina López, 5 diciembre 2016 / EDH

Cuando se trata de la Cuba de Castro, tengo opiniones superfuertes. Viscerales, casi, en carne viva. Todo porque en 2013, durante un período de idealismo arrogante, fui en una ingenua misión con una amiga mexicana a La Habana, con las mejores intenciones de llevarle tecnología (cámaras y memorias usb usadas) y compartir mejores prácticas en temas de organización cívica con un grupo de disidentes jóvenes, la gente más valiente que he conocido.

diario hoyPensábamos, “el régimen está debilitado, no pueden ser tan [inserte adjetivo calificativo sinónimo con el horror, la paranoia y el autoritarismo]”. Nos equivocamos, y por mucho. En esos diez días la policía estatal nos siguió a todas partes, nos consta que nuestras conversaciones estaban intervenidas y nos amenazó un hombre diciendo que él se encargaría de que hiciéramos turismo, si a eso habíamos llegado, según nuestra visa. Se autodenominaba “El Doctor” y nos acosó por teléfono y dejándonos notas en nuestro hotel, a pesar de que nunca le habíamos dicho dónde estábamos quedándonos. Todo por demostrar que podían encontrarnos si querían. Todas nuestras reuniones tenían que ser en secreto, rápidas y a murmullos. Juntarnos por fin con los disidentes, después de intentos abortados por el peligro en que los ponía recibir nuestra ayuda, fue como una versión de The Amazing Race, pero con consecuencias reales, recorriendo toda La Habana de arriba a abajo, en coco taxis, buses y a pie, cambiando de ruta y de destino a última hora y sospechando de todo y de todos, mintiendo por teléfono y cara a cara. Inventándonos excusas y nombres falsos.

Sentimos, al final, que nuestra ayuda había sido totalmente insignificante, dada la proporción de los males padecidos por esta gente de mi edad, dado su encarcelamiento en la isla. Todos soñando con el día en que podrían escapar. Mientras tanto, los turistas ajenos y despistados tomaban sus fotos, romantizando la pobreza y alabando la preservación del bonito filtro rústico de Instagram con sus carros antiguos y edificios ruinosos, tratando con todas sus fuerzas de ignorar a los niños rogando por algo de comer o a las mujeres pidiendo tampones y toallas sanitarias, “lo que tengas chica, cualquier cosa me sirve”. Siendo parte y fortaleciendo, sin querer, el espantoso apartheid monetario que causa la diferencia entre el peso cubano y el CUC del turista (peso cubano convertible, en paridad con el dólar).

Por eso me es difícil tolerar argumentos de «por el otro lado» sobre Fidel Castro. «Pero la tasa de alfabetización es altísima» Sí, pero solo se puede leer lo que aprueba el régimen, no existe la libertad de prensa y el internet está controlado y censurado. «Pero toda la gente tiene acceso a educación superior» ¿De qué sirve ser bioquímico en un lugar donde el único empleo disponible es de taxista? Es como tener un carro de Fórmula 1 en un lugar sin pistas. «Pero, ¡el sistema de salud universal!» No es universal, los miembros del régimen y el círculo de amigos de los Castro (incluido Sánchez Cerén) reciben un cuidado de calidad bastante distinto a al que recibe el cubano de a pie. Para ellos, no hay medicina disponible, los hospitales se están cayendo a pedazos y no son diferentes que el resto del mundo en desarrollo. Por cada historia de éxito sobre los logros de la medicina cubana hay miles más de tragedia y muerte. «Pero todo el mundo es igual». Igualmente pobre, sí. Los Castro y su círculo no, ellos son muy ricos. «Pero la gente LGBT es tratada con respeto». Solo después de décadas de persecución y asesinato impune se les reconoció el mismo nivel de dignidad que a cualquiera, todo por conseguir la alabanza y publicidad de la comunidad internacional, usándolos para desinfectar la imagen del régimen ante los organismos multilaterales.

Y ya. No hay rescatables. Al revolucionario heroico que botó a Batista lo sustituyó un dictador sangriento, obsesionado con el poder y paranoico, dispuesto a extender su control obsesivo sobre otros territorios de Latino América. El resto es puro marketing sentimentaloide, propaganda sin filtro. Y creérselo sin una gota de escepticismo sano o sin darle peso a las voces de quienes se han ido huyendo o han visto los horrores, sería entregarle a Castro una última victoria inmerecida. ¡Que viva Cuba libre!

@crislopezg

La salud. De Alberto Barrera Tyszka

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Alberto Barrera-Tyszka, escritor y guinista venezolano (Foto: Cristina-Marcano)

Alberto Barrera Tyszka, 15 febrero 2016 / EL NACIONAL

Hace unos días, la diputada Meléndez dijo lo siguiente: “Nunca hemos mentido de que existe una crisis y por eso el gobierno trabaja para solucionar” (sic). Se refería a la situación de la salud en el país. Carmen Meléndez, antes de ser parlamentaria, se desempeñó como ministra de la Defensa, fue ministra de Relaciones Interiores y, además, hasta el año pasado, estuvo a cargo del ministerio del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno. Durante todo ese tiempo, Carmen Meléndez nunca denunció ninguna crisis. Tampoco reaccionó públicamente cuando Mario Isea aseguró que en Venezuela había “suficientes medicamentos”. Ni salió a la calle, a acompañar las protestas de los médicos y pacientes de los hospitales públicos. No se ha solidarizado con aquellos que viven persiguiendo farmacias. Ni ha publicado en las redes sociales el ay de alguien que necesita urgentemente Eutirox o Zanidip. Todo lo contrario. La cuenta de Twitter de Carmen Meléndez se llama “@gestionperfecta”.

el nacional“No es ético, no es cristiano, hacer política con el dolor ajeno”, dijo la diputada y tantas veces ex ministra. ¿Qué se supone, entonces, que haga un político con las tragedias de la gente, con el sufrimiento de los ciudadanos? ¿Guardar silencio? ¿Qué es lo ético? ¿Callarse? ¿No decir nada frente a las noticias sobre la precariedad y desabastecimiento de la medicina pública? ¿Ocultar o silenciar las denuncias sobre remedios vencidos y sobreprecios en la compra e importación de fármacos que ha hecho el Estado? ¿Qué es lo cristiano? ¿Cerrar la boca? ¿Mirar hacia otro lado mientras los mercaderes se hacen millonarios con la salud del pueblo?

No hay ideología en una sala de emergencias. Un bisturí no es vocacionalmente leninista. Una tableta de acetaminofén no es genéticamente de derecha. La cháchara oficialista se deshilacha frente a la catástrofe. ¿Cuántas jeringas se pueden comprar con los más de 20.000 millones de dólares que tienen las empresas fantasmas que el gobierno protege? ¿Cuántos enfermos podrían salvarse con los 300.000 millones de dólares que –según denuncia de los ex ministros Navarro y Giordani– se “desaparecieron” en estos años? Cada vez que, por falta de insumos o de equipo médico, muere un venezolano en algún centro de salud, la revolución bolivariana se convierte en una experiencia criminal.

Porque, lamentablemente, la enfermedad del país es la secuela de la enfermedad del poder que nos gobierna. Esta casta, soberbia y autoritaria, empeñada en ser eterna, incapaz de leer la realidad. Esta oligarquía que defiende su capital y sus empresas en contra del pueblo, que protege a Derwick mientras apaga a la mayoría de los venezolanos. Esta nueva clase con pretensiones hegemónicas que ha aprendido a mentir sin pudor, que todavía tiene el descaro de decirnos que 2016 es “el año del renacimiento de la patria”. Luego dirán que fue un error, una conspiración mediática, que no dijeron renacimiento sino racionamiento. Que nunca nos han mentido. Que solo trabajan para salvarnos.

La salud también está en el lenguaje. Todo lo han contagiado. Ya incluso sus palabras están enfermas.

Veinte años

Hace dos décadas, Sergio Dahbar me sentó frente a un café y, sin ninguna anestesia, me propuso que escribiera una columna semanal para un nuevo suplemento dominical que estrenaría en breve este periódico. Desde ese momento, comencé a poner palabras, cada siete días, en esta esquina de la página. Este domingo me toca despedirme. Veinte años en un mismo lugar es mucho tiempo. Siento que he terminado un ciclo, que debo mudarme, buscar algo nuevo. No quiero hacerlo sin dejar de agradecer a este diario que me dio una oportunidad y siempre honró la independencia y libertad de mis opiniones. También quiero agradecer, en especial, a la gente con quien, durante todos estos años, he trabajado la fragua semanal de esta columna: Marisa Rossini, Ana María Matute y Flor Cortez. Y a los lectores, por supuesto: sin ustedes, no habría existido ningún domingo.

Médicos denuncian: Quieren callar a las voces críticas en país

Tres especialistas del Rosales enfrentarán una audiencia en la que el juez decidirá si los destituyen del hospital Rosales. Ayer se suspendió el proceso que se le sigue al secretario general del sindicato de médicos, Alcides Gómez.

Alcides Gómez llegó a la audiencia en el Centro Judicial Integrado de Derecho Privado, pero se pospuso. Foto EDH / Omar Carbonero

Alcides Gómez llegó a la audiencia en el Centro Judicial Integrado de Derecho Privado, pero se pospuso. Foto EDH / Omar Carbonero

Nota EDH, 13 junio 2015

“Estamos en este juzgado porque sencillamente hemos denunciado las necesidades de los pacientes, las deficiencias del sistema nacional de salud, la incapacidad de quienes administran el hospital y el Ministerio de Salud “, declaró Alcides Gómez, secretario general del sindicato de médicos del Rosales.

Gómez llegó ayer por la mañana al Centro Judicial Integrado de Derecho Privado y Social a afrontar la audiencia única, promovida por el director del hospital Rosales; Mauricio Ventura, para que el especialista sea destituido del hospital, donde ocupa la jefatura del Servicio de Cirugía Plástica.

“Si nosotros perdemos, quien va a perder sencillamente es la población porque se va a callar todas las deficiencias”, dijo Gómez, minutos antes que le notificaran que la audiencia estaba suspendida.

El proceso fue trasladado para el 23 de junio a las 10:00 de la mañana, debido a que uno de los abogados acusadores fue incapacitado por problemas de salud.

“Yo lo lamento. (Para) uno como ser humano, esto es un estrés; no quiero especular que es parte de una estrategia que tienen de sometimiento (de tenernos) con la soga al cuello”, expresó Gómez.

El especialista considera que el proceso de destitución en su contra es en represalia porque ha sido una de las voces críticas, por sus contantes denuncias sobre la falta de medicamentos, equipo dañado y otras deficiencias.

“Son seis años de denuncias, pero también de resistir ataques de todo tipo de las autoridades hospitalarias y ministeriales”, comentó Gómez.

Él dijo que tiene confianza que el juez comprenda que la falta que han cometido es pelear para que los pacientes reciban una buena atención.

El secretario general del sindicato manifestó que a él no se le ha respetado el fuero sindical.

El director del Rosales en reiteradas ocasiones confirmó que solicitó a los juzgados de lo civil y mercantil que se destituyan siete jefes porque no colaboran con la institución, no respetan las reglas y no cumplen las funciones que mandan los cargos.

“Desde el primer mes que llegué aquí empecé a recibir cartas del doctor Alcides Gómez, ellos empezaron a mandar cartas a la señora ministra que me destituyera, que yo estaba haciendo una mala gestión” declaró Ventura, en mayo pasado.

Hasta ayer eran tres los médicos notificados del proceso de destitución. Los otros dos especialistas son Héctor Valencia, jefe del Servicio de Hematooncología y Melvin Guardado. A este último le quitaron las funciones como jefe del Departamento de Cirugía y se lo trasladaron a otro especialista.

“Mi nombramiento sigue así, lo que han hecho es bajarme de categoría”, acotó Guardado. La audiencia del cirujano está programada para la próxima semana.

El médico manifestó que están siendo acusados injustamente, pero están preparados para enfrentar la audiencia.

“Tenemos más de 20 años de estar peleando porque este pueblo tenga servicios de salud de calidad; esa ha sido la lucha y ese ha sido el problema que hemos tenido con el director”, declaró Guardado.

La confrontación entre el director y los médicos del Rosales lleva años, pero fue hasta 2014 que se agudizó cuando se implementó la marcación biométrica.

Más de 100 médicos se opusieron a la disposición que, según Ventura, era un mandato de la Corte de Cuentas. A quienes participaron en ese movimiento se les aplicó descuentos, a algunos de hasta siete meses.

Los médicos expusieron que las autoridades usaron el tema de la marcación biométrica en contra de ellos y para ponerlos contra los pacientes.

“Todos los médicos del hospital registran biométricamente sus asistencia y entonces se debe usar otro argumento con el fin de destruirnos y acallar toda voz crítica”, opinó Gómez, quien tildó el proceso de destitución que se les sigue como una agresión de parte de las autoridades.

“Él ha irrespetado las normas, reglamentos e indicaciones por parte de las autoridades del hospital y no contribuye en nada a mejorar la calidad de la atención a los pacientes, a cumplir metas, a cumplir objetivos”, declaró en mayo el director Ventura.

El martes 9 de junio, miembros de la Junta Directiva del Colegio Médico respaldaron públicamente a los especialistas del Rosales y pidieron a las autoridades resolver el conflicto.