RSE

Para compartir. De Sandra de Barraza

La RSE tiene que ver con responsabilidad moral. Las empresas, si quieren ser confiables, deben cumplir con expectativas culturales, sociales y ambientales. No son leyes, no están escritas, pero son deseables porque para el conjunto de la sociedad son importantes.

Sandra de Barraza, 24 julio 2015 / LPG

Por tercer año consecutivo FUNDEMAS organiza la semana de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). ¿Responsabilidad Social Empresarial? Independientemente del tamaño de la empresa, del sector y del territorio, la RSE tiene que ver con responsabilidades económicas porque cualquier empresa tiene que maximizar sus ventas, minimizando costos de producción y asegurando calidad. Y en este tema entiendo que hay mucho por hacer, nuestro mercado es limitado y lo que estratégicamente conviene es buscar Centroamérica y el mundo. Para lograr exportar a Centroamérica y el mundo se deben conocer y cumplir normas y tener las certificaciones de obligatorio cumplimiento. Algunos les llaman “barreras no arancelarias”, pero son las que abren y aseguran mercado y protegen al cliente. Recientemente asistí a la certificación del yogur de la empresa de lácteos La Salud. Son diversas las exigencias y explicaron el proceso voluntariamente aceptado que resultó en un producto certificado para tres años. ¿Cuántas empresas tienen productos lácteos certificados para incrementar sus ventas aprovechando las oportunidades del mundo? Dos.

La RSE tiene que ver con responsabilidades legales. La empresa es una persona jurídica que debe conocer y cumplir su propio marco jurídico y el que regula todas y cada una de sus actividades. Las empresas salvadoreñas, independientemente del tamaño y el sector, deben cumplir, al menos, 4 leyes vinculadas con la producción, 5 laborales, 8 tributarias, 4 mercantiles, 6 ambientales, 10 internacionales, 11 de fomento sectorial y las respectivas ordenanzas municipales. Y todo lo establecido en leyes secundarias debe ser coherente y dar cumplimiento al bien común establecido en la Constitución de la República. Este complejo entramado jurídico obliga a preguntar ¿tiene coherencia y consistencia? Ojalá la Comisión de Economía de la Asamblea Legislativa se lo preguntara y se comprometiera a actualizar la normativa porque aunque se tenga duda, cualquier empresa, independientemente del tamaño y sector debe cumplirlo. Y en el marco de la RSE cada empresa debe preguntarse y responder con sinceridad y transparencia si cumple el marco legal. Y ¿quién verifica que se cumple? Independientemente de la respuesta, todo este marco normativo “ordenado” debe cumplirse. ¿Se cumple? Es exigible que la respuesta sea positiva.

La RSE tiene que ver con responsabilidad moral. Las empresas, si quieren ser confiables, deben cumplir con expectativas culturales, sociales y ambientales. No son leyes, no están escritas, pero son deseables porque para el conjunto de la sociedad son importantes. La dignidad en el trato. El respeto a la libertad de expresión y organización. El cuidado efectivo de los recursos ambientales escasos. El desarrollo humano de sus colaboradores. Hay más, pero, ¿cuál empresa puede calificarse de responsable si trata de manera indigna a los empleados? ¿Que dice lo que no hace? ¿Que dentro de la empresa actúa de una manera y afuera quiere dar otra imagen? ¿Que usa recursos ajenos para publicitarse en causas “nobles”?

Estas tres responsabilidades, la económica, la legal y la moral, son fundamentales porque tienen que ver con la gestión interna y el giro del negocio. Estas tres responsabilidades son exigibles porque tienen que ver con el negocio. Estas tres responsabilidades no son negociables porque tienen que ver con la gestión interna que se cumple o se deja de cumplir; que tiene variables e indicadores internacionalmente aceptados para medir y valorar RSE y la sostenibilidad corporativa. Lo destaco porque RSE también tiene que ver con responsabilidad social con el entorno y que se traduce en voluntariado, filantropía, caridad, sensibilidad social, conciencia social o como quiera llamarle. Esta es la más fácil y la que “crea imagen” publicitaria aunque no tenga nada que ver con el giro del negocio. Acá caen todas las donaciones y las partidas presupuestarias para becas, salud, agua… y todo lo que es asistencialismo social. Necesario pero… no es lo fundamental.

Este tercer año de reflexiones organizado por FUNDEMAS, el concepto de RSE se queda corto. Introdujeron el de sostenibilidad corporativa, concepto que tiene que ver con el Pacto Mundial con sus 10 y siete más compromisos empresariales que hacen sostenible la actividad empresarial en los mercados internacionales. Estos compromisos son objeto de medición con indicadores no negociables que obligan a las empresas a la producción de información confiable y comparable y también a transparentar su gestión “reconociendo y haciéndose cargo de los impactos de la actividad empresarial en la sociedad y comprometiéndose a maximizar su contribución a la sociedad”, dijo una expositora.

Lo que no se mide (correctamente), no se mejora. De Alejandro Poma

Trabajar juntos en el desarrollo de nuestras comunidades se facilita si contamos con datos apropiados, oportunos y completos sobre cómo nuestros esfuerzos están contribuyendo al progreso social.

Alejandro Poma dirige la Fundación Poma

Alejandro Poma dirige la Fundación Poma

Alejandro Poma, 21 julio 2015 / EDH

Las empresas no operan en una realidad distinta a la del resto de la sociedad. Incluso en la era de la globalización, las compañías se establecen en una comunidad, de la que son miembros y a la que buscan transformar positivamente. Además de su misión principal, que es generar rentabilidad y empleos, las empresas aportan valor a la sociedad generando bienestar, desarrollo e innovación.

El concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no solo reconoce la necesidad de hacer negocios integrando a la comunidad, sino también el deseo de contribuir a hacer una diferencia impulsando el progreso social. Por décadas, inclusive durante eventos catastróficos como el terremoto de 1986 a media guerra, muchas empresas han destinado una cantidad importante de recursos a diversos proyectos que buscan desarrollar a las personas del entorno en el que operan. Exitosos programas de salud, educación, vivienda, desarrollo de habilidades, entre muchos otros, han nacido y encontrado apoyo en el sector privado. Sin embargo, un problema que afecta a los programas públicos y privados es la falta de información de calidad para diagnósticos y evaluaciones confiables y veraces. Ciertamente, la experiencia trabajando de cerca con la gente aporta elementos fundamentales para diseñar programas adecuados a sus necesidades. No obstante, sin datos y métricas adecuadas no se puede realizar un diagnóstico apropiado ni un diseño óptimo de la intervención y, por consiguiente, no se logra una eficiente administración de los recursos.

En El Salvador, y particularmente dentro del sector público, no poseemos una cultura de evaluación, medición de resultados, transparencia y rendición de cuentas. El presupuesto para programas sociales es definido, a veces, de forma arbitraria y poco sustentada, y cuando se utilizan métricas, suele caerse en el simplismo de la medición monetaria de los ingresos o en el reporte de los montos ejecutados, indicadores que no hacen mucho por explicarnos el impacto positivo y sostenible que una intervención social ha tenido sobre la calidad de vida de una familia.

Para superar lo anterior, en Fundación Poma, y ahora durante la semana de la RSE,  promovemos el Índice de Progreso Social (IPS), como una herramienta de diagnóstico, diseño, monitoreo y evaluación de las iniciativas sociales. Con el IPS no reemplazamos ni eliminamos los datos tradicionales sobre PIB, pobreza y necesidades básicas, sino que los integramos y complementamos en una medición profunda y estructurada de la realidad. Actualmente el IPS es promovido a nivel mundial por Michael Porter, profesor de la Universidad de Harvard y quien, además, lideró el diseño del Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial e introdujo la noción de valor compartido como evolución de la RSE.

Queremos que el sector privado, ya comprometido con mejorar la calidad de vida de los salvadoreños, hacia adentro de sus empresas y en la comunidad, sea líder en promover continuamente esta cultura de medición, en profundizar su conocimiento sobre las necesidades más urgentes de la sociedad, en monitorear el impacto de sus programas y en establecer una nueva y eficaz estrategia para definir los planes de acción para intervenciones comunitarias. Con el IPS, se entrega una evaluación amplia y completa de las condiciones de vida de las personas, de la medida en que la sociedad cumple con esa visión de permitirle a sus ciudadanos alcanzar su pleno potencial. Combinando el IPS con los recursos y capacidades del sector privado, buscamos maximizar el alcance de los programas sociales, en términos del progreso social que generan y el impacto positivo sobre la calidad de vida de los beneficiarios.

En el sector público, también existen oportunidades de mejora en la medición de los programas sociales y la rendición de cuentas sobre la eficacia de los mismos. La ciudadanía debe ser informada con datos e indicadores idóneos para evaluar, de forma adecuada y transparente, el trabajo de sus gobernantes en áreas como educación, salud pública y seguridad.

Trabajar juntos en el desarrollo de nuestras comunidades se facilita si contamos con datos apropiados, oportunos y completos sobre cómo nuestros esfuerzos están contribuyendo al progreso social.  El verdadero valor compartido se obtiene cuando nuestro trabajo rinde fruto, tanto al crecer en productividad y competitividad, como al contribuir a que la sociedad en la que vivimos sea más segura, justa y libre.