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La transformación de la economía. De Manuel Hinds

El entorno ha cambiado, y ese nuevo entorno es el que crea los empleos que se han perdido en actividades especificas. Pero cada vez se requiere más educación.

Manuel Hinds, 19 mayo 2017 / EDH

La población salvadoreña parece ignorar los efectos en el mercado laboral de la profunda revolución por la que está pasando la economía mundial en estos años como resultado de la habilidad para coordinar complejas tareas a distancia que la conectividad ha introducido en nuestro mundo. Estos efectos se han dado en tres oleadas principales.

Primero, la habilidad de coordinar a distancia ha permitido a las empresas partir sus líneas de producción, dejando en países avanzados aquellas porciones que requieren habilidades especializadas para llevarse a cabo, y moviendo las que requieren pocas habilidades a países en desarrollo, en donde la mano de obra es más barata. De esta forma, las cadenas de producción dejaron de estar en un solo país que exportaba el producto terminado para dejar paso a las cadenas internacionales, en las que se comercian los productos intermedios. Esta primera oleada inició la globalización en los años ochentas.

La segunda oleada comenzó en la última década con la introducción de robots en las líneas de producción, que permiten repatriar gran parte de las cadenas internacionales de producción a los países desarrollados, aunque creando muchos menos trabajos que antes porque los robots sustituyen a humanos. Esto generó grandes temores de que la nueva revolución tecnológica iba a causar grandes tasas de desempleo.

De hecho, sí las va a causar, pero sólo en ciertos sectores, mientras que lo van a aumentar, y con salarios mucho mayores, en actividades nuevas. Esta es la tercera oleada, que ha venido mezclada con la segunda y que ya ha comenzado a manifestarse.

La tercera oleada está demostrando el error garrafal que se comete al enfocarse en sólo una parte de la economía para determinar el impacto de una tendencia general, como es la revolución tecnológica. Es como si hace 100 años uno hubiera pensado que los carros de combustión interna iban a resultar en una caída en el empleo porque, obviamente, el número de los que trabajaban en hacer látigos para caballos, o rieles para trenes, iban a quedar sin trabajo porque los carros iban a sustituir a los carruajes y a muchos de los trenes en las actividades de transporte. Por supuesto, ahora sabemos que las maquinarias han creado mucho más puestos de trabajo que los que han destruido, y que la mayor parte de estos empleos se han creado en actividades que nadie soñó en 1800. La gente ya no ara, siembra o recolecta a mano sino con tractores. Esto dejó a mucha gente sin empleo. Pero se crearon muchos empleos en las fábricas de tractores, y de muchas otras cosas, y en los servicios que los que vivieron en el siglo XVIII nunca sospecharon que se crearían.

La revolución de la conectividad creará más trabajos y mejor pagados que ahora en actividades muy distintas de las de hoy. Así como el mundo industrial es completamente distinto del mundo agrario que reemplazó, el nuevo mundo de la conectividad no será igual al de ahora solo que con más teléfonos inteligentes. No es como el de 1800 sólo que más rápido por ayuda de las máquinas. Para los de esa época la velocidad de entrega de las comunicaciones dependía de hacer barcos más rápidos, pero ahora las comunicaciones son instantáneas no porque se hayan inventado barcos más rápidos. El comercio electrónico no se maneja como una tienda de la esquina, sólo que más rápida. El entorno ha cambiado, y ese nuevo entorno es el que crea los empleos que se han perdido en actividades especificas. Pero cada vez se requiere más educación. Así, de 2008 a 2016, la economía norteamericana perdió 5.5 millones de puestos de trabajo para personas con escuela secundaria o menos, pero creó 11.6 millones de puestos en otros sectores para gente con mayor educación.

Eventualmente, los que trabajan con máquinas de coser serán desplazados por robots mientras que los educados van a ganar más y van a progresar en el nuevo mundo que nos viene. El Salvador debe entender esto, y rápido. La educación es la diferencia entre regresar a la pobreza y desarrollarnos como país.

Ford’s Bow to Trump Benefits Robots, Not Workers. Mark Gilbert

He's after your job. Photograph by Central Press/Getty Images

He’s after your job. Photograph by Central Press/Getty Images

screen-shot-2017-01-06-at-3-55-46-pmMark Gilbert, 5 enero 2017 / BLOOMBERG

Ford Motor Co.’s decision this week to scrap a $1.6 billion investment in Mexico, following criticism from Donald Trump, shows government intervention can be “good for industry and it’s good for employment,” according to French presidential candidate Marine Le Pen. As far as the workers in this particular case are concerned, the numbers suggest otherwise.

The U.S. automaker says abandoning its Mexico plan and instead spending $700 million to expand its domestic operations in Michigan will create just 700 jobs. Even I can work out that’s $1 million per new employee hired.

screen-shot-2017-01-06-at-3-48-38-pmAmid the ongoing debate about whether robots are poised to steal everyone’s jobs, that feels like a chillingly low number of new hires for an investment of that scale. And while automation may be particularly suited to replacing human hands for bashing, bending, welding and painting metal to make cars, the acceleration in the production of industrial robots in recent years suggests it’s not just workers in car factories who should fear the rise of the robots:

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The International Federation of Robotics says the auto industry is “the most important customer” for industrial robots, buying almost 40 percent of total global output of the machines. In the first half of this decade, sales to carmakers have increased at an average pace of 20 percent per year, IFR says.

Ford says Trump’s criticism of the auto industry moving jobs abroad wasn’t the motivation for its change of plans, citing instead a drop in demand for the small cars it planned to build in Mexico. That may or may not be true; the company could hardly admit to changing course because of the tweets of the President-elect.

But it does seem likely that those industry trends, including a wider acceptance of electric cars and the carmakers’ push to develop self-driving vehicles, mean Ford needs to expand where its smartest engineers, best technology and advanced automation are located, rather than seeking low-cost production lines.

It’s been a century since Henry Ford introduced the moving assembly line that slashed the time taken to build a single vehicle to 90 minutes from 12 hours. The Model T, however, had just 3,000 parts; Toyota reckons it currently takes about 18 hours to build a car featuring about 30,000 individual parts.

Employing a human welder in a factory in the U.S. costs about $25 per hour including benefits, according to a 2015 study by the Boston Consulting Group; that drops to just $8 per hour for a robot, including installation, operating costs and maintenance. By 2030, “the operating cost per hour for a robot doing similar welding tasks could plunge to as little as $2 when improvements in performance are factored in,” BCG said.

The rise of automation has had tangible financial benefits for the auto industry. Ford’s annual revenue per employee, for example, has climbed 27 percent in a decade, although it’s slipped a bit from its 2011 peak:

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But it’s not just factory workers who should be nervous about robots, software and automation. More than half a century after the world’s first industrial robot, the Unimate #001, made its debut in a General Motors factory, Martin Ford’s “The Rise of the Robots” won the 2015 Financial Times/McKinsey Business Book of the Year Award.

Ford, a software engineer with more than a quarter-century of experience in computer design, argued that technology threatens to revolutionize all kinds of workplaces, with machines becoming replacements for workers rather than tools for their use:

While lower-skill occupations will no doubt continue to be affected, a great many college-educated, white-collar workers are going to discover that their jobs, too, are squarely in the sights as software automation and predictive algorithms advance rapidly in capability. Employment for many skilled professionals — including lawyers, journalists, scientists, and pharmacists — is already being significantly eroded by advancing information technology. They are not alone: most jobs are, on some level, fundamentally routine and predictable.

My household acquired an Amazon Echo at Christmas, a voice-powered speaker hosting Alexa, a digital assistant. She’s far from perfect; she will happily babble away trying to answer questions she thinks my television has asked her, and is clueless about what date tradition suggests I should take down my Christmas decorations.

But for adding or inspecting a personal calendar, booking rides on Uber or adding reminders to a schedule, Alexa can replicate many of the functions of an old-fashioned secretary — suggesting algorithm-driven digital assistants are becoming smart enough to become the corporate PAs of the future.

In much the same way as iPads and other touchscreen tablets that were designed for consumers have invaded the workplace (the coffee machine in Bloomberg’s London pantry is iPad-controlled), digital assistants have the potential to migrate to the office from the living room to take over admin tasks.

Ford’s investment plans highlight how the auto industry is at the vanguard of this brave new robotic world. But make no mistake: The rest of us should be looking over our shoulders.

Los robots y la educación. De Manuel Hinds

La globalización ha creado un solo mercado mundial de empleos en la producción de bienes y de muchos servicios, especialmente en los puestos de trabajos no especializados. 

Manuel-Hinds-VIB-11Manuel Hinds, 24 julio 2015 / EDH

Dos noticias recientes deberían de llamar nuestra atención, y en particular la de los que hacen las políticas económicas y sociales del país.  Una es que Apple, después de producir casi todos sus diseños en China, decidió producir su nueva computadora Mac Pro en Texas.  A pesar de que la mano de obra es mucho más cara en Texas, los costos son mucho más bajos allí porque la computadora es producida casi sin intervención humana, primordialmente por robots.

La otra es que, según datos oficiales del gobierno de China, los empleos industriales se han disminuido en 25 por ciento (30 millones de puestos de trabajo) desde 1996 a pesar de que la producción ha aumentado 70 por ciento.  Las dos noticias apuntan en la misma dirección.  Aunque las estadísticas chinas son conocidas por su falta de precisión, aun si uno descuenta la mitad del dato como error, la noticia apunta en la misma dirección que la primera: la creciente sustitución por robots de la mano de obra no calificada y mucha calificada.

Acostumbrados a nuestro laxo concepto del tiempo en los negocios, nosotros no nos damos cuenta de la rapidez con la que estas cosas pueden pasar y están pasando, y acostumbrados a pensar en la economía en términos tradicionales, no nos damos cuenta del impacto que esto puede tener en nuestro país.  La rapidez con la que estas cosas pasan la podemos ver en el efecto que la globalización está teniendo en la distribución del empleo dentro de los países desarrollados y entre estos y los países en desarrollo.

La globalización ha creado un solo mercado mundial de empleos en la producción de bienes y de muchos servicios, especialmente en los puestos de trabajos no especializados.  Esto es así porque con las comunicaciones de ahora las empresas pueden producir en cualquier parte del mundo, y lo hacen en los lugares en los que les sale más barato hacerlo.  Hay ciertos trabajos que requieren una fuerza laboral altamente educada y entrenada, que sólo se puede conseguir en países desarrollados.  Pero hay otros que los trabajadores en los países en desarrollo pueden hacer igual que los de los desarrollados pero con salarios más bajos, que más que compensan por los costos más altos de operar en países en desarrollo, como corrupción, ineficiencias, demasiadas regulaciones, etc. (por supuesto, las empresas pueden pagar más salarios mientras menos sean esos otros costos no productivos).

Eso es lo que ha causado el enorme éxodo de trabajos hacia los países en desarrollo en los últimos veinte años, y eso es lo que llevó al desarrollo de China y de partes de India.  Las empresas en los países desarrollados cerraron sus plantas en sus países de origen, o las redujeron en importancia, e invirtieron en plantas en China, Vietnam, Tailandia, Indonesia, etc.  Inicialmente, los trabajos exportados eran no especializados, pero poco a poco ha aumentado la sofisticación de los empleos, incluyendo ahora call centers, contabilidad llevada en países en desarrollo para empresas en países desarrollados, diseño, cálculos de ingeniería, producción de software, etc.

Ahora muchos de estos trabajos están en peligro, tanto en los países desarrollados como en los en desarrollo por el rápido perfeccionamiento de los robots, que ya pueden hacer tareas muy complejas como leer radiografías y cuadros clínicos, sugerir tratamientos, calcular edificaciones, diseñar partes de aviones, volar aviones, manejar carros, contestar llamadas y reemplazar humanos en call centers, además de poder sustituir obreros en las líneas de producción.

Esto no va a terminar con la mano de obra humana no especializada pero va a bajar aún más los salarios, ya que los humanos tendrán que competir con los robots que producen más barato a ese nivel.  Más que nunca, el desarrollo estará ligado a la educación, en temas en los que los robots no pueden competir.  ¿Hasta cuándo vamos a entender que la única política económica que nos puede sacar del subdesarrollo es la educación?