Ricardo Lagos

Todo es relativo. De Leda Romero

septimo sentidoEste tipo de declaraciones pendencieras y arrogantes fue una tendencia durante el mandato del expresidente Funes y la costumbre se quedó, a pesar del daño que hacen a la dinámica dialogante.

leda romeroLeda Romero, 7 agosto 2016 / LPG-Séptimo Sentido

El borde del abismo puede verse muy distinto, dependiendo de la perspectiva de quien lo mira.

Por ejemplo, en Chile se caldean los ánimos mientras se discute la vigencia, el uso y sentido de las AFP, se cuestiona el modelo de gratuidad de la educación recientemente puesto en ejecución, se planifica la nueva Constitución a través de diálogos ciudadanos a escala nacional, se enjuicia a empresarios y políticos envueltos en escándalos asociados a colusiones, en fin, existe un ánimo de discutir temas de país.

Sin embargo, hace poco el Sr. Ricardo Lagos Escobar, uno de los recientes expresidentes, expresó: “Esta es la peor crisis política e institucional que ha tenido Chile”. En una entrevista ofrecida a un importante diario local, dijo que “la desconfianza ciudadana está poniendo en entredicho la legitimidad del sistema político” y que “hace falta un gran reencuentro nacional que restaure el prestigio de la política y la credibilidad de las instituciones”.

Esas últimas dos frases son perfectamente aplicables a la realidad salvadoreña, aunque, a mi juicio, El Salvador está atravesando una crisis política mucho más profunda que la chilena.

El más reciente ejemplo es el escándalo provocado por la sentencia que inhabilitó a los diputados suplentes, dejando a los diputados propietarios con la obligación de participar en todas las sesiones plenarias. Este hecho produjo una serie de molestias en los diputados propietarios y las consecuentes declaraciones de uno de los diputados con más ausencias, Medardo González, quien, en un evidente contraste con la propuesta del expresidente Lagos, decía: “¿Cómo es posible que nos ofendan y nosotros bien portaditos? ¿Por qué nosotros vamos a responder de manera decente? Tengo derecho a rebelarme”.

Ese contraste llamó poderosamente mi atención: mientras un expresidente se pronuncia preocupado y llama a un reencuentro nacional para restaurar el prestigio de las instituciones en el país suramericano, un diputado centroamericano se indigna porque lo obligan a sesionar y dice que tiene derecho a rebelarse, cual adolescente caprichoso, y encima afirma que no tiene por qué responder de manera decente.

Eso es el reflejo de una crisis institucional. Más allá de las casi increíbles declaraciones, tiene que ver con el ánimo, con el espíritu que reflejan: la indiferencia hacia un comportamiento político maduro y dialogante.

Hay muchos más ejemplos que podrían traerse a colación y que no solo tienen que ver con el Poder Legislativo. Este tipo de declaraciones pendencieras y arrogantes fue una tendencia durante el mandato del expresidente Funes y la costumbre se quedó, a pesar del daño que hacen a la dinámica dialogante.

El Salvador necesita una clase política que pueda poner en perspectiva las necesidades de país que existen, que no son pocas, son urgentes y apremiantes: delincuencia, cárceles, salud, educación, vivienda, tecnología, etcétera.

Mostrar una actitud afín a estas necesidades de país está en absoluto contraste con lo reflejado hasta ahora por el cuerpo de diputados, quienes aparentan estar más preocupados porque se ha puesto en evidencia que ni siquiera se acercan al pleno legislativo que por realizar un trabajo que ayude a solucionar la gran cantidad de temas pendientes que afectan a los salvadoreños.

El mensaje es para aquellos diputados que no se sienten identificados con este perfil de político, para que se hagan notar y nos permitan creer que hay quienes sí están trabajando por el país.

 

Saludo a los demócratas de Venezuela. De Eduardo Frei y Ricardo Lagos, ex-presidentes de Chile

Los expresidentes chilenos Eduardo Frei y Ricardo Lagos respaldan a una Venezuela donde el diálogo político sea la regla principal de la convivencia nacional.

Eduardo Frei y Ricardo Lagos, ex-presidentes de Chile. El primero es demócrata cristiano, el otro socialista.

Eduardo Frei y Ricardo Lagos, ex-presidentes de Chile. El primero es demócrata cristiano, el otro socialista.

Eduardo Frei y Ricardo Lagos, 15 sept. 2015 / EL PAIS

Amigos de Venezuela, con fraternidad latinoamericana y solidaridad democrática queremos entregarles nuestro respaldo en su lucha por una Venezuela donde el diálogo político sea la regla principal de la convivencia nacional. Reciban nuestro saludo en esta marcha que ahora inician, para expresar su voluntad de luchar por un país donde todos puedan ejercer legítimamente su derecho a ser voz ciudadana y entregar su visión sobre el futuro.

Pero también, al enviar este mensaje, lo hacemos con gratitud profunda hacia el país que nos tendió la mano cuando Chile vivía las horas oscuras de una dictadura militar. Los chilenos no podemos olvidar el refugio que tantos exiliados encontraron en Venezuela, mientras nos esforzábamos por recuperar la democracia en nuestra patria. Esos tiempos nos dejaron una gran lección: cuando se violan los derechos humanos no hay fronteras y es legítimo levantar la voz por otros pueblos cuando somos testigos de arbitrariedades e injusticias.

Lo dijimos en el pasado hablando por Chile y la democracia que queríamos y lo decimos hoy mirando a Venezuela: en este país no sobra nadie, la patria somos todos. Por eso, rechazamos con profunda convicción ciudadana, la condena a Leopoldo López y a sus cuatro acompañantes y demandamos para todos su inmediata libertad. A pesar de que la Constitución venezolana reconoce el derecho de protesta, Leopoldo López fue detenido por liderar una manifestación no autorizada. Aunque él se entregó voluntariamente a la justicia, su arresto y encarcelamiento experimentó todo tipo de anomalías, siendo condenado por la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Nos sumamos a la consternación expresada por todos esos organismos defensores de derechos humanos ante el fallo condenatorio de la justicia de ese país, que no observó las garantías esperadas en un debido proceso.

Así también levantamos la voz por el alcalde Antonio Ledezma y para todos quienes sufren presión domiciliaria. Y junto con la libertad reclamamos la restitución de todos sus derechos como ciudadanos que, bajo decisiones arbitrarias, les han sido arrebatados. Todos sufren las decisiones de una justicia que no parece justa y frente a la cual sólo cabe demandar que, en las próximas instancias de apelación, rija el respeto a la legítima defensa y el debido proceso. También supimos en Chile como, a más de uno de nuestros líderes, se les impidió votar en el plebiscito contra Pinochet, mediante argucias insostenibles en un derecho transparente y justo. No obstante, el pueblo supo defender su victoria con la fuerza de su protesta pacífica y sus convicciones inquebrantables.

Nunca debemos olvidar que la convivencia democrática es esencial para construir futuro. Ninguna nación se hace grande sofocando al que piensa distinto. Porque cuando se aniquila el diálogo y se excluye la voz de los otros, al final no hay patria para nadie. Debemos evitar que Venezuela llegue a la trágica situación que viven otros pueblos, como en Siria, donde las condiciones extremas y la confrontación indiscriminada ya no hacen posible vivir allí.

Hemos tenido el honor de ser mandatarios en nuestro país, de vivir la democracia en todos sus andares y resultados. De saber que siempre hay tareas pendientes y sueños de justicia e igualdad por alcanzar. Y de esa experiencia nace una convicción profunda: los países sólo avanzan con ciudadanos libres y auténtica participación democrática.

Las elecciones del 6 de diciembre deben ser limpias, transparentes, donde el pueblo pueda ejercer libremente su voto. Donde todos los que buscan representar a sectores de su pueblo puedan hacerlo y donde los ciudadanos puedan ejercer el derecho de dar la representación a quien les parezca el mejor. Deben ser elecciones donde ninguna opinión democrática esté excluida y ningún ciudadano, sólo por pensar distinto, sea retenido en la cárcel.

Es por ello que hacemos un llamado a los organismos destinados a promover la integración en la región a buscar mecanismos que hagan posible, en las instancias judiciales pertinentes, que Leopoldo López puedan revertir la injusta sentencia infringida y, al mismo tiempo, pongan sus buenos oficios al servicio de detener la escalada de violaciones a los derechos humanos en dicho país. Venezuela nos dio apoyo y respaldo para recuperar la democracia en Chile. Hoy estamos con ustedes por un deber ético, porque creemos que tienen el derecho de entregar sus ideas por una Venezuela más justa, más libre y mejor.