reelección

Una historia en Centro América. De Manuel Hinds

¿Será que no ven que esto podría pasar en El Salvador en 2018 y 2019, que un gobierno no de derecha sino de izquierda maneje las elecciones oscuramente y no entregue el poder? ¿Qué no ven que la impunidad con la que esto ha pasado en Honduras podría repetirse aquí?

manuel hindsManuel Hinds, 22 diciembre 2017 / El Diario de Hoy

Esta es una historia genérica, que ha pasado tantas veces que uno puede escribirla en formulario con espacios en blanco para rellenar los nombres cuando la historia se quiere hacer específica. En este caso las elecciones han sido en Honduras. Las primeras cifras daban el triunfo a Salvador Nasralla con un margen del 5%, que, con cerca del 60 % de los votos ya contados, era casi imposible de superar para el otro candidato, el presidente Juan Orlando Hernández. Éste dijo que lo superaría porque faltaba contar los lugares en los que él tiene más partidarios. Pero entonces el conteo se descontinuó, la computadora principal del proceso se cayó y no se dio ninguna información por un día y medio. Cuando se volvió a dar, el presidente Hernández era el que llevaba la ventaja con el 81 por ciento de los votos contados.

EDH logLa Misión de Observación Electoral de la OEA pidió a un profesor de la Universidad de Georgetown su opinión con respecto al comportamiento estadístico del proceso de votación, para ver si es cierto que el cambio se debió a que entraron nuevas regiones en el conteo. El profesor declaró que las diferencias no provenían de un solo departamento sino de todo el país, que son demasiado grandes para ser generadas por el azar y que no son fácilmente explicables por otras razones, levantando dudas sobre la veracidad del resultado.

Después de recibir el informe de sus propios observadores, la OEA declaró: “Como ya fue informado por la Misión de Observación Electoral de la OEA, el proceso electoral estuvo caracterizado por irregularidades y deficiencias cuya entidad permite calificarlo como de muy baja calidad técnica y carente de integridad. Intrusiones humanas deliberadas en el sistema informático, eliminación intencional de rastros digitales, imposibilidad de conocer el número de oportunidades en que el sistema fue vulnerado, valijas de votos abiertas o sin actas, improbabilidad estadística extrema respecto a los niveles de participación dentro del mismo departamento, papeletas de voto en estado de reciente impresión e irregularidades adicionales, sumadas a la estrecha diferencia de votos entre los dos candidatos más votados, hacen imposible determinar con la necesaria certeza al ganador”. Otras irregularidades incluyen el proceso que se siguió para restablecer el sistema, que no solo alteró la evidencia sino que también dejo al servidor bajo el control remoto de la empresa proveedora, que podría cambiar resultados sin que quedara rastro. Esto es lo que alguien que quisiera cambiar los resultados directamente en la computadora central hubiera hecho.

La OEA declaró que aunque no puede probar que hubo dolo, el proceso fue de baja calidad electoral y que su seguridad fue vulnerada. Luego pidió la repetición de las elecciones, mientras que el tribunal electoral declaró ganador al presidente Hernández.

Cegados por la rivalidad de izquierdas y derechas, muchos salvadoreños no se dan cuenta de que la lección principal de Honduras no es que la así llamada “derecha” (por aclaración, la derecha de verdad no está de acuerdo con hacer elecciones dudosas, de ningún lado) haya “ganado”, ni que turbas movilizadas por la izquierda hayan saqueado tiendas, sino de que un gobierno asentado puede manejar las elecciones de maneras tan oscuras como estas y forzarse en el poder por medio de ese tipo de elecciones. Y hacer eso después de haber violado olímpicamente la Constitución, corriendo para reelegirse cuando está claramente prohibido hacerlo.

¿Será que no ven que esto podría pasar en El Salvador en 2018 y 2019, que un gobierno no de derecha sino de izquierda maneje las elecciones oscuramente y no entregue el poder? ¿Qué no ven que la impunidad con la que esto ha pasado en Honduras podría repetirse aquí?

Algunos han pintado a la OEA como un instrumento del socialismo del Siglo XXI, olvidando que ese mismo organismo ha sido el enemigo más grande de la tiranía venezolana y que el jefe de la misión de observadores de la institución en Honduras es Jorge Tuto Quiroga, un eminente político de derecha que está por encima de cualquier sospecha. Al contrario, con lo mal que se están preparando las elecciones aquí, ya quisiéramos tener una OEA que no tenga miedo de denunciar las irregularidades.

El problema de Honduras. De Manuel Hinds

Hernández ha destruido la integridad institucional de su país, no ahora en las elecciones puestas en duda, sino en el momento en el que rompió la Constitución para seguir siendo presidente.

manuel hindsManuel Hinds, 8 diciebre 2017 / El Diario de Hoy

Los eventos que han tenido lugar en los últimos días en Honduras están dejando al país terriblemente dividido y agitado. Mucha gente parece creer que esta división se ha generado últimamente, como resultado de unos comicios mal manejados por el Tribunal Supremo Electoral en medio de un proceso del que mucha gente manifiesta profunda desconfianza y que ha culminado en violentas protestas de parte de los que se creyeron ganadores y después se les dijo que eran perdedores.

EDH logLos opositores del presidente Juan Orlando Hernández, que se presentó como candidato a la reelección, dicen que él no ganó las elecciones y exigen que se unja a Salvador Alejandro Nasralla. El problema es mucho más grave que esto porque todo evidencia que el presidente Hernández no debería haber estado en las nóminas electorales.

La Constitución hondureña es taxativa en su prohibición de la reelección presidencial en varios de sus artículos. En el artículo 4, incisos 2 y 3, dice: “La alternabilidad de la Presidencia de la República es obligatoria. La infracción de esta norma constituye delito de traición a la patria”. El artículo 239 dice: “El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del poder ejecutivo no podrá ser Presidente o Vicepresidente de la República. El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán inmediatamente en el desempeño de sus respectivos cargos y quedarán inhabilitados por diez (10) años para el ejercicio de la función publica”. Finalmente, el artículo 374 establece los artículos que se refieren a este tema como pétreos —es decir, que no se pueden reformar. El artículo dice: “No podrán reformarse, en ningún caso, el artículo anterior [que se refiere a la manera de reformar la Constitución], el presente artículo, los artículos que se refieren a la forma de gobierno, al territorio nacional, al período presidencial, a la prohibición de ser nuevamente Presidente de la República, el ciudadano que lo haya desempeñado bajo cualquier título y el referente a quienes no pueden ser Presidentes de la República por el período subsiguiente”.

El problema no es si era permitido que el presidente Hernández buscara su reelección. La Constitución es clarísima que no puede hacerlo. De hecho, el expresidente Mel Zelaya fue expulsado del país en 2009 por haber pretendido reelegirse. Entre los que lo expulsaron, o apoyaron su expulsión, estaban muchos miembros del Partido Nacional, que ahora ha intentado reelegir al presidente Hernández.

El verdadero problema de Honduras es que el presidente Hernández logró que la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral dijeran que, aunque la Constitución dijera lo que dijera, él podría reelegirse, y que esto fue aceptado por el Partido Nacional, que lo nombró candidato, y por el pueblo entero, que aceptó que corriera como candidato a la reelección, y por todos los que votaron por él.

El problema es profundo porque, ¿cómo puede el Tribunal Supremo Electoral, que se arrodilló humillantemente ante el Presidente para decir que lo negro es blanco y para negar la autoridad de la Constitución, cómo puede ahora tener la autoridad moral para decir que no ha habido trampa y que el candidato A o B ha ganado? ¿Qué respeto pueden tener los miembros de la Corte Suprema para exigir el respeto a la ley si ellos mismos la han subvertido?
En este momento todavía no sabemos cuál será el resultado final del proceso. Lo único que sí sabemos es que, con su ambición desmedida de poder el presidente Hernández ha destruido la integridad institucional de su país, no ahora en las elecciones puestas en duda, sino en el momento en el que rompió la Constitución para seguir siendo presidente.re

Con sus acciones para reelegirse, y con la complicidad de los jueces que lo ayudaron a hacerlo violando la Constitución, el presidente Hernández ha causado un daño casi irreparable a Honduras, porque ha deslegitimado las instituciones fundamentales del Estado. El pueblo hondureño pagará por muchos años el haber permitido que destrozaran la integridad institucional de su país. Lo que está pasando ahora no es nada comparado con lo que un país con sus instituciones en el suelo puede sufrir.

El derecho a la perpetuación. De Héctor E. Schamis

Esta nota sobre Bolivia hay que leerla pensando en lo que está asando en Honduras, donde un presidente de derecha, Juan Orlando Hernández, actúa igual que Evo Morales: pervertir el orden constitucional para poderse reelegir.

Segunda Vuelta

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Héctor E. Schamis, politólogo de la Universidad de Georgetown.

Héctor E. Schamis, 3 diciembre 2017 / EL PAIS

Llegó a la presidencia en 2006 por un período sin reelección, pero él no se conformaría con ello. En febrero de 2009, entonces, consiguió que se promulgara una nueva constitución con cláusula de reelección inmediata por un segundo período. Una disposición transitoria en el nuevo texto especificaba que el período anterior—bajo la previa constitución—se tomaría en cuenta.

Fue así reelecto en diciembre de aquel año con el 67 por ciento de los votos para cumplir un último período. Pero para el presidente tampoco era suficiente.

En 2013 se postuló a un tercer mandato, siendo habilitado por el Tribunal Constitucional. La justificación fue que anteriormente había sido presidente de “otro” Estado. Es que la nueva constitución consagra el Estado “Plurinacional” Boliviano. La alquimia constitucional habrá sido burda pero fue por demás efectiva: volvió a ser reelecto en 2014. Se trata de Evo Morales, desde luego, otro líder imprescindible.

el paisAún así, él quiere más. Al concluir el primer año de su tercer gobierno, abrió un proceso de reforma del artículo 168 de la constitución, el cual limita la reelección. Ello incluyó un referéndum el 21 de febrero de 2016 por el cual se preguntó a los ciudadanos si apoyaban una nueva reelección. El “no” fue vencedor de la consulta, siendo la misma de carácter vinculante y de vigencia inmediata y obligatoria de acuerdo a la ley. Cosa juzgada, asunto archivado. Para todos menos para Evo Morales.

En septiembre pasado el Tribunal Constitucional, políticamente adepto al gobierno, dio entrada oficial a una demanda del gobierno por la inconstitucionalidad de cuatro artículos de la constitución, incluyendo el que se invocó para llevar a cabo el referéndum en 2016. Bolivia se desliza así por una pendiente demasiado conocida en América Latina: la de las alteraciones graduales, y la posible ruptura, del orden constitucional.

El oficialismo invoca una supuesta incompatibilidad entre el artículo 168 de la constitución con el artículo 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos en lo relativo a los derechos a elegir y ser elegido. Curioso que Evo Morales apele a la OEA, habiendo sido la propia OEA la institución que observó y certificó el proceso de reforma constitucional de 2009 al igual que el referéndum de febrero de 2016. Es que el derecho a ser elegido nunca puede transformarse en un derecho a eternizarse en el poder.

Someterse a una instancia supranacional además supone respetar su opinión, y eventualmente acatar su decisión, independientemente del resultado. No se trata de hacerlo solo cuando se está de acuerdo. El tema es central para Bolivia, siendo que el Tribunal Internacional de La Haya es donde está localizada la demanda a Chile por la salida al Pacífico. El intento de perpetuación bien puede convertirse en un boomerang de credibilidad internacional.

Pero hay más sinsentidos en esta historia. El gobierno también reivindica el derecho del presidente a postularse sin limitaciones porque “en Europa lo hacen”. Ello es muy cierto, pero Morales soslaya la crucial diferencia de régimen político—parlamentario o presidencial—y las consecuencias que ello tiene en términos de la concentración de poder en el largo plazo.

En el sistema parlamentario el Jefe de Gobierno no es Jefe de Estado. El Ejecutivo es creación del Legislativo. Solo es necesario un voto de no confianza para hacer efectivo el principio de la alternancia. El gobierno se disuelve y uno nuevo se forma, ya sea en el Parlamento o por medio de elecciones anticipadas. En consecuencia, las veces que se postula un líder parlamentario es trivial. Su poder está institucionalmente limitado de antemano.

El presidencialismo, por su parte, una post-revolucionaria invención americana—de Estados Unidos, esto es—fue un arreglo institucional de compromiso para satisfacer a los monárquicos. Nótese, el presidencialismo fusiona al Jefe de Gobierno y al Jefe de Estado en una misma persona, lo elige de manera directa, a menudo lo plebiscita y luego le otorga capacidad de legislar, ello a su vez acompañado de desproporcionados vetos y prerrogativas.

El secreto del presidencialismo reside en la norma—originalmente, no escrita—de un máximo de dos períodos y afuera. Fue Roosevelt, al quedarse más de lo pensado, quien obligó a escribir dicha norma: la Enmienda 22 de la Constitución. Pensado como una alternativa a la monarquía, un presidencialismo sin límites de tiempo en el poder—es decir, sin alternancia—termina siendo exactamente eso, un régimen monárquico y con rasgos marcadamente despóticos.

La estrategia se repite en América Latina: de un período a dos, de dos a tres y de tres a la reelección indefinida. Quienes persiguen la perpetuación han ideado la mejor de las coartadas institucionales: la reelección indefinida, atributo de un sistema parlamentario, pero en un sistema híper-presidencial. Lisa y llanamente, esa fórmula consagra un régimen autoritario.

@hectorschamis

La Razón/Bolivia: El No a la reforma constitucional gana con un margen apretado, según encuestas

Las empresas Mori e Ipsos publicaron los resultados del referéndum de reforma constitucional. Los datos de Ipsos dan al No el 52,3% y al Sí el 47,7%, mientras que Mori el 51% al No y el 49% al Sí. El oficialismo ve un empate técnico y la oposición celebra.

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21 febrero 2016 (20.39 horas), LA RAZON

Screen Shot 2016-02-21 at 10.40.18 PMLos resultados de las encuestas de las empresas Ipsos y Mori dan una victoria apretada del No a la reforma constitucional de repostulación. Los datos de Ipsos para la red ATB  dan un 52,3% al No y un 47,7% al Sí, mientras que Mori para la red Uno da la victoria al No con el 51%, mientras que el Sí obtiene solo 49%. La oposición celebra y el oficialismo ve un empate técnico.

El ministro de Autonomía, Hugo Siles, consideró que los resultados son preliminares y que debe esperarse los finales y oficiales, aunque adelantó que es un empate técnico. El opositor Samuel Doria Medina consideró que los resultados no variarán y que la población optó por el rechazo a la reforma constitucional de repostulación.

Según Ipsos, en Santa Cruz el Sí obtuvo 41,5% y el No 58,5%; en Beni, el Sí 39% y el No 61%; en Pando, el Sí 46,9% y el No 53,1%; en Tarija, el Sí 39% y el No 61%; en Chuquisaca, el Sí 42,4% y el No 57,6%; en Potosí, el Sí 40% y el No 60%; en Oruro, el Sí 50,1% y el No 49,9%; en La Paz, el Sí 55,9% y el No 44,1%; y Cochabamba, el Sí 52,1% y el No 47,9%.

El conteo final no oficial es del 47,7%  por el Sí y 52,3% por el No. Siles insistió que es un empate técnico y que debe esperarse los resultados finales del Tribunal Supremo Electoral (TSE) para conocer la suerte de la reforma.

Los movimientos sociales afines al oficialismo plantearon la reforma constitucional para ampliar de una a dos las repostulaciones continuas. De ganar el Sí, el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García estarán habilitados para terciar en las elecciones de 2019, mientras que de ganar el No concluirán con su mandato en 2020 sin posibilidad de repostular.

“Quiero saber si el pueblo me quiere o no me quiere”, afirmó el presidente Evo Morales en distintos medios de comunicación en la fase previa al referendo, frase que fue repetida este domingo minutos antes de que emita su voto en Villa 14 de Septiembre, en el trópico cochabambino.

Dos semanas antes del referendo, el Mandatario fue involucrado en una denuncia de corrupción con tráfico de influencia a favor de su expareja Gabriela Zapata en la empresa china CAMC, con la cual el gobierno firmó al menos siete contratos para distintos proyectos. El oficialismo acusó a la oposición de guerra sucia y cerró filas en torno al Jefe de Estado. El miércoles una turba atacó y quemó la alcaldía de El Alto con el saldo de seis muertos, hecho que precedió la consulta.

Morales ganó por primera vez las elecciones presidenciales de 2005 con el 53,72%. En enero de 2006 asumió el cargo en medio de un llamado a la Asamblea Constituyente que se instaló en agosto de ese año.

En 2009, fue reelecto con el 64,22% de los votos bajo el paraguas de una nueva Constitución. Volvió a presentarse en los comicios de 2014 y logró el 61.36% de la votación.

La oposición celebra resultados de encuestas, que dan victoria apretada al No

VP García ve empate técnico y confía en drástica reversión de resultados