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Tal día como hoy. De Alberto Barrera Tyszka

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Fotografía de Diego Vallenilla, tomada durante la recolección de firmas en Bello Monte, Caracas, para el referendo revocatorio.

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 16 julio 2017 / PRODAVINCI

Puedes pronunciar tu nombre. Porque votar es también un acto de lenguaje. Una forma de nombrarnos. De decir quiénes somos. Uno a uno. Es una manera de hacernos visibles. De deletrear nuestras miradas y nuestras pieles, los colores que somos, la historia que vamos viviendo, lo que nos gusta, lo que nos duele, lo que deseamos, lo que ya no podemos tolerar. Tal día como hoy tenemos la oportunidad de decir todo lo que quieren que callemos.

Porque el proyecto de la Constituyente es el proyecto del silencio. Es un programa para acallar todas las voces que no sean el sonido oficial. El oficialismo no quiere debates. No quiere disidencia. No quiere poderes independiente. Ya no quiere ni siquiera votos distintos. Menos ahora que la Fiscalía amenaza con sacar a flote las verdades de la corrupción. El que menos puja tiene prodavinciuna suegra con 42 millones de dólares en tres bancos de Suiza. Prometieron detener y encarcelar a los corruptos y han terminado deteniendo y encarcelando a estudiantes, a periodistas, a líderes sociales, a cualquier que se ponga de pie y pretenda quejarse y protestar. Para eso también existe este domingo. Para votar en contra de los enchufados. Para evitar quedarnos definitivamente mudos.

Tal día como hoy podemos decirle a Tibisay Lucena mentirosa. Sí. Tres veces sí. Tres veces mentirosa. Embaucadora. Tramposa. Hiciste lo imposible por impedir el Referendo Revocatorio. Violando la Constitución, apagaste la elecciones regionales. Pero cuando el gobierno te lo indicó saliste corriendo a organizar y legitimar la Constituyente del Partido. Y, como si todo esto no fuera suficiente, propones para este mismo domingo un simulacro oficial. No se puede ser tan infantil y tan evidente. No se puede traicionar de manera tan impúdica a las mayorías del país. Tal día como hoy podemos decirle todo esto al CNE. Con un voto. Sólo con eso.

Llevamos más de tres meses observando cómo actúa el bolivarianismo salvaje. Todos hemos visto demasiados videos aterradores. Hemos leído y escuchado testimonios estremecedores. En la historia reciente, como país, nunca antes tuvimos tantas ganas de llorar, tantos días llenos de crueldad y también de mucha cobardía. Los 7 u 8 tipos que acosaron y golpearon brutalmente a Gyanny Scovino en Lecherías, por citar un ejemplo reciente, son fundamentalmente unos cobardes. Lo hemos visto repetidamente. Caen en bandada, en cayapa, entre varios y por todos lados, sacuden y apalean a ciudadanos indefensos. Les dan con todo. Sin respeto. Sin piedad. Hasta el asco. Ninguno de esos asaltantes debería llevar uniforme. Ningún debería ser considerado un “soldado de la patria”. Tal día como hoy podemos decírselo. Tal día como hoy podemos gritarle todo esto al Ministro Padrino López. Podemos demostrarle que, a pesar de todas sus bombas lacrimógenas, seguimos creyendo en la democracia. Este domingo tenemos el chance de convertir la rabia en voto.

Conatel intentó lo imposible: quitarnos el lenguaje. Es otra muestra más del Estado histérico: ahora también están persiguiendo palabras. El gobierno lleva ya demasiado tiempo empeñado en desconocer al pueblo. Ha desconocido sus realidades. Ha declarado que en Venezuela no hay hambre, que nadie pasa necesidad, que los hospitales funcionan, que hay seguridad y bienestar, que somos como Alemania pero en el trópico. El gobierno ha dicho que todas tus angustias solo son una ficción mediática. Una manipulación de la derecha internacional. Otro exceso de la oposición. Nicolás Maduro se ha reído de la pobreza. Han bailado sobre el dolor y sobre la muerte. Como si no les perteneciera. Ellos solos se salieron del mapa. No reconocen la existencia de otros que no sean ellos. Y ellos cada vez son menos. Su idea de país se reduce a la velocidad del vértigo.

Ningún pequeño funcionario puede venirnos a decir cómo se llama este domingo. Tal día como hoy puedes decir y repetir que esto es una consulta popular, que todos somos pueblo y que todos debemos ser consultados. Nuestro voto le da nombre al país. Este puede ser un domingo de una rebeldía imbatible. Hoy tenemos una oportunidad casi única. Tal día como hoy, participativos y protagónicos, diversos y libres, podemos salir a firmar entre todos una nueva carta de independencia.

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El brexit y el revocatorio de Maduro… De Luis Mario Rodríguez

Luis Mario RodríguezLuis Mario Rodríguez, 30 junio 2016 / EDH

La salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) utilizó como medio de consulta al referéndum. El sorpresivo triunfo de la alternativa que pedía el abandono de la UE ha demostrado que el populismo penetra toda categoría de sociedades. También nos revela que los referéndums pueden complicar el sistema político de un Estado o bien desenredar los totalitarismos que se han enquistado en los gobiernos. El referéndum revocatorio que exigen los venezolanos contra el régimen de Nicolás Maduro es un buen ejemplo de este último caso.

diario hoyEn contraste con la democracia representativa, que delega a los diputados la adopción de aspectos trascendentales para la vida de los ciudadanos, la democracia directa permite a éstos últimos su participación en la toma de resoluciones en las que los votantes deben optar entre el “si” o el “no”. Precisamente a los ingleses les preguntaron “si debería el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea o abandonar la Unión Europea”. El resultado final arrojó un 48.1% para la primera opción equivalente a 16 millones 141, 241 personas, mientras que la segunda obtuvo un 51.9%, de respaldo popular que significó el voto de 17 millones 410, 742 habitantes.

La crítica a la democracia representativa se fundamenta en la pérdida de confianza de la sociedad en sus representantes porque estos abandonan los intereses de la nación. Se señala que entre el elegido y el elector no existe coincidencia de propósitos ya que los legisladores no toman en cuenta las necesidades de la población. Sobre la democracia directa, también conocida como “democracia participativa”, los argumentos de sus detractores se resumen en el abuso que los políticos hacen de los instrumentos que la integran, el referéndum o los plebiscitos, como medios para aumentar la influencia de los poderes del presidente o su reelección indefinida.

Sobre el uso de uno u otro modelo de democracia, o en relación a la combinación de los mismos, existe un debate que se recrudeció cuando varios países suramericanos utilizaron las consultas populares para aprobar nuevas constituciones. Diversos estudios demuestran que si el referéndum se destina para desconcentrar el poder político y fortalecer derechos como el de expresión, contratación, libre tránsito y otros, aumenta el grado de libertad en ese país. Por el contrario, si esas herramientas son aplicadas para consolidar el poder del presidente de turno u otorgar más prerrogativas al Ejecutivo en detrimento del Legislativo, entonces disminuye el grado de libertad de los ciudadanos.

América Latina presenta varios sucesos en los que la democracia directa ha servido para ambos propósitos. En la década de los ochenta, la dictadura de Pinochet sometió la continuidad de su gobierno a un plebiscito en el que terminó imponiéndose el “no”. La victoria de la oposición permitió el inicio de la transición democrática en Chile y para 1990 se eligió democráticamente al democristiano Patricio Aylwin. En el caso venezolano sucedió todo lo contrario. En 2004, ante la convocatoria de un referéndum revocatorio, los venezolanos acudieron a las urnas para decidir la permanencia de Hugo Chávez en la presidencia. Finalmente la determinación de los venezolanos fue la de no revocar su mandato de forma anticipada y Chávez se quedó hasta que la muerte lo separó del poder.

En la última década y media, los casos de Bolivia, Ecuador y Venezuela han “demonizado” el uso de instrumentos participativos porque sus presidentes los han empleado para acabar con los partidos tradicionales sirviéndose de la “antipolítica” para alcanzar su objetivo. Con esta maniobra han logrado entronizarse en el poder por varios períodos.

Al final de la historia, la democracia directa no es más que un complemento de la democracia representativa. Se trata de un protagonismo más directo de los ciudadanos en la toma de decisiones. El “voto cruzado”, los concejos municipales plurales, los procesos de democracia interna en los partidos y la posibilidad de las candidaturas independientes, son “herramientas” participativas que fortalecen a la forma de gobierno establecida en nuestra Constitución. Lo relevante es determinar, desde un inicio, cuáles temas se pueden someter a consulta e identificar aquellos que por ningún motivo serán objeto de esta clase de soluciones.

Cataluña: Derrota y victoria. Editorial El País

El 27-S es para el secesionismo un triunfo electoral y un fracaso plebiscitario.

El PaisEditorial, 28 sept. 2015 /  El País

Nadie puede ignorar este resultado. Todos, también el Gobierno, deben reaccionar. Las elecciones celebradas en Cataluña han sido enormemente significativas. Pese a la confusión del carácter de la convocatoria (plebiscito o elecciones); pese al hecho, desincentivador del voto, de celebrarse en puente en la gran Barcelona (el territorio menos secesionista), y pese a la escasa calidad del debate, el nivel de participación ha sido extraordinario, perfilando un récord histórico para unas elecciones de ámbito autonómico.

En efecto, la participación ha superado no solo la de 2012, sino la de todas las anteriores convocatorias de este ámbito. Además, ha concurrido a las urnas una variadísima gama de opciones y se ha incrementado el número de votantes en todas las circunscripciones, urbanas y rurales, de catalanes de siempre y de nous catalans. Todo ello otorga al 27-S un empaque político que debe acarrear grandes consecuencias.

¿Cuáles? El presidente saliente de la Generalitat, Artur Mas, las configuró como unas elecciones plebiscitarias: “Queríamos un plebiscito y es lo que tendremos”, dijo en el cierre de campaña; estas elecciones “se leerán como un plebiscito”, insistió ayer. Y el líder del secesionismo antisistema, Antonio Baños, añadía que “es necesario” al menos “un 50% de los votos, porque estos comicios son un plebiscito”.

Como este diario destacó antes de celebrarse la elección, el pretendido carácter de plebiscito para la independencia era engañoso, por la naturaleza de la convocatoria (se votaban partidos, no una única cuestión) y por la carencia de competencia jurídica para ello del convocante.

Con casi el 100% de votos escrutados, las fuerzas (contradictorias entre sí) partidarias de la secesión no alcanzaban ni de lejos la mitad de los votos. Pero es evidente que la ciudadanía catalana se ha mostrado severamente fracturada en dos bloques, de distinta aunque similar dimensión. Como el plebiscito que desearon sus organizadores, pues, los secesionistas han perdido claramente la partida. Es un factor fundamental, especialmente en la arena internacional. Sobre todo si además se considera que en casos del género se exigen no solo mayorías simples, sino reforzadas (Montenegro, a instancias de la UE; Quebec, del Tribunal Superior de Canadá), lógico en cuestiones trascendentales.

Ahora bien, como elecciones de especial importancia, han resultado contundentes en favor del independentismo. En escaños, recordando que un escaño barcelonés cuesta dos veces y media que otro leridano, Junts pel Sí vence holgadamente, muy por encima de la ascendente y meteórica cosecha del segundo puesto de Ciutadans (que desbanca al PP, convertido en fuerza menor), y del meritorio tercer lugar del PSC, al que tantos consideraban desahuciado. Lo que da a Junts legitimidad para continuar su estrategia proindependentista, siempre que lo haga ateniéndose estrictamente a la legalidad.

Es cierto que su resultado empalidece porque acaba con muchos menos escaños que la suma anterior de Convergència y Esquerra. Y porque necesitará el concurso de la imprevisible formación antisistema CUP para recolocar como presidente a su número cuatro, Mas. Pero también es cierto que cualquier otra alternativa se asemeja dificilísima, cuando no imposible.

Por todo ello, y porque muchos votos de otras listas exigen mejoras del autogobierno, nadie, tampoco el Gobierno central, puede hacer oídos sordos al resultado. Debe reaccionar con urgencia, ofreciendo cauces para el diálogo y vías de solución que puedan dar respuesta al deseo de cambio expresado sólidamente por los catalanes: vías de solución con la firma del Gobierno, que no puede seguir cediendo la iniciativa a los tribunales de justicia.

Cataluña: El separatismo pierde su plebiscito. Editorial de elmundo.es

el mundoEditorial, 28 sept. 2015 / ELMUNDO.ES

LA APUESTA soberanista de Artur Mas y Oriol Junqueras se estrelló ayer en las urnas. Los catalanes han evidenciado que no quieren la independencia porque la suma de los votos de Junts pel Sí y CUP no llega al 48%, una cifra que revela que la sociedad catalana está partida en dos y que deslegitima cualquier intento de secesión.

Es cierto que la lista única que encabeza Raül Romeva y la CUP han logrado 72 escaños, ligeramente por encima de los 68 que marca la mayoría absoluta. Pero ello no oculta el retroceso de la marea nacionalista que queda en evidencia por dos datos demoledores.

El primero es que CiU y ERC había obtenido un total de 71 escaños en las elecciones autonómicas de 2012. Ahora bajan a 62, un durísimo golpe de los electores. Y el segundo dato adverso es que CiU, ERC y la CUP sumaban 74 escaños y ahora Junts pel Sí y la CUP sólo han obtenido 72.

Artur Mas y los suyos han insistido en que estos comicios eran un plebiscito. Pues bien, lo han perdido. Por mucho que quieran disimular sus líderes, el nacionalismo ha sufrido una derrota en las urnas y ello porque Junts pel Sí ni siquiera ha podido llegar al 40% de los votos pese a que se presentaba como una coalición de fuerzas diversas que representaban a toda la sociedad civil catalana.

Mas ha utilizado las instituciones con fines propagandísticos, ha convertido TV3 en un órgano de partido, ha despilfarrado el dinero público, se ha envuelto en la bandera de todos y se ha presentado como el paladín que iba a llevar a Cataluña a la independencia. Sólo ha conseguido perder votos y dividir a los catalanes. Es impensable que pueda seguir liderando su partido y presidiendo la Generalitat.

La CUP tiene la llave

Tampoco se lo va permitir la CUP, que es la fuerza política que más crece en términos relativos al pasar de tres a 10 escaños. Es una organización de extrema izquierda, que defiende la violencia en la calle, promueve el movimiento okupa y propugna la salida de Cataluña de la Unión Europea. Su cabeza de lista, Antonio Baños, declaró anoche que hay que romper de inmediato con la legalidad española. Fue precisamente David Fernández, el verdadero líder de la CUP y el hombre que esgrimió una sandalia en el Parlament, quien aseguró hace pocas semanas que nunca apoyarían la investidura de Artur Mas. Si mantienen su posición, los días políticos del actual presidente de la Generalitat están contados.

¿Quieren Mas y Junqueras proclamar la independencia de la mano de un partido de extrema izquierda que cuestiona la propiedad privada de los medios de producción? No hace falta ser adivino para suponer que las bases de Convergència deben estar asustadas con la mera posibilidad de esta alianza.

Los resultados de ayer trazan un escenario de enorme inestabilidad política en Cataluña, con la posibilidad de que el nuevo Govern no pueda terminar la legislatura ni, por supuesto, llevar a cabo sus planes independentistas.

En el espectro de los partidos constitucionalistas, el gran triunfador de las elecciones es Ciudadanos, que logra un espectacular resultado al pasar de 9 a 25 escaños y triplicar sus votos. Ello supera todas las expectativas previas.

¿Cuál es la clave de este importante avance? La explicación es que una parte del tradicional voto del PP y del PSC ha ido a parar a la formación de Albert Rivera, que ha acertado en la campaña con sus mensajes. No hay duda de que estos resultados convierten a Ciudadanos como la gran alternativa al nacionalismo a medio plazo.

Por el contrario, el PP baja de 19 a 11 escaños, lo que pone en evidencia que sus planteamientos no han llegado al electorado. De la parálisis en su acción política a la improvisación a última hora, el PP es uno de los perdedores de la noche de ayer. Xavier García Albiol no ha podido remontar el hundimiento del partido, castigado por los casos de corrupción a nivel nacional y por el episodio de La Camarga, que restó autoridad moral a Alicia Sánchez Camacho para dirigir el partido en Cataluña.

Las encuestas eran muy malas para el PSC, que al final ha acabado salvando los muebles. Pasa de 20 a 16 escaños, una caída tolerable que refuerza a Miquel Iceta, un veterano dirigente que ha intentado enderezar el discurso errático del partido, con algunos guiños de empatía hacia su clientela. Los resultados son un alivio para Pedro Sánchez.

El que ha fracasado totalmente en Cataluña es Pablo Iglesias, cuyas siglas han quedado en 11 escaños y menos del 9% de los votos. ICV, la marca de Izquierda Unida en esta comunidad, había sacado 13 representantes en los anteriores comicios. Catalunya Sí Que Es Pot, integrada por Podemos y algunas pequeñas formaciones, ha logrado unos resultados muy malos por dos motivos: su falta de definición respecto al soberanismo y el error al elegir a Luis Rabell como cabeza de lista. Rabell es una persona sin carisma, que hace unos meses se declaraba partidario de la independencia y que de ninguna manera encarnaba la regeneración que propugna el partido de Iglesias.

Podemos retrocede

Pablo Iglesias tiene muchas razones para estar preocupado porque los resultados en Cataluña pueden ser interpretados en el contexto de la fuerte y prolongada caída en las encuestas desde esta primavera. En Cataluña, su discurso no ha llegado a los ciudadanos, lo que debe abrir una seria reflexión entre sus militantes. El fracaso de Podemos es todavía más sangrante si se tiene en cuenta el giro a la izquierda del electorado catalán, expresado en el avance de la CUP.

La última de las formaciones que aspiraba a entrar en el Parlament era Unió, que no ha podido alcanzar el 3%, por lo que queda sin representación. Es una pena que el nacionalismo moderado haya recibido este tremendo castigo de las urnas.

No deja de ser una contradicción difícil de entender que el electorado de CiU, formado tradicionalmente por una burguesía moderada, se haya quedado sin un solo diputado. Ello sólo se puede explicar porque Mas ha arrastrado a sus posiciones a ese sector de la sociedad catalana.

Haciendo balance de los resultados, las expectativas nacionalistas han quedado muy frustradas, pero ello no debe servir de excusa para paralizar la necesaria regeneración que necesita España para hacer atractiva la convivencia a todos los ciudadanos, sin distinción de ideologías ni de territorios.

Ha llegado la hora de trabajar todos juntos para, por decirlo en términos orteguianos, asumir el reto de vertebrar España, lo que consiste en crear una ilusión colectiva que aglutine el esfuerzo de todos sus habitantes. Los resultados de ayer crean un escenario adecuado para avanzar en esa dirección.