Perú

Debate sobre el indulto a Fujimori: Mario Vargas Llosa versus Fernando Mires

El indulto presidencial que el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski concedió al ex presidente Fujimori despertó una controversia, no solo en el Perú, sino en amplios círculos políticos y de Derechos Humanos en el mundo entero. Presentamos dos enfoques diferentes: el del escritor peruano Mario Vargas Llosa, desde el punto de vista de la moral; y el del politólogo chileno Fernando Mires, desde el punto de vista de la teoría política. Llegan a conclusiones opuestas. Para Vargas Llosa la decisión de Kuczynski es traición, para Mires es ejercicio legítimo de negociación política.

Segunda Vuelta

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Alberto Fujimori

LA TRAICIÓN DE KUCZYNSKI
De Mario Vargas Llosa

El indulto a Fujimori, el dictador que asoló el Perú, cometió crímenes terribles contra los derechos humanos y robó a mansalva, ha incendiado el país.

MARIO VARGAS LLOSA

Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura

Mario Vargas Llosa, 31 diciembre 2017 / EL PAIS

El presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, se salvó de milagro el 21 de diciembre de ser destituido por “permanente incapacidad moral” por un Congreso donde una mayoría fujimorista le había tumbado ya cinco ministros y tenía paralizado a su Gobierno.

La acusación se basaba en unas confesiones de Odebrecht, en Brasil, afirmando que en los años en que Kuczynski fue ministro de Economía y primer ministro, la empresa brasileña había pagado a una compañía suya la suma de 782.207,28 dólares. A la hora de la votación, se dividieron los parlamentarios del APRA, de Acción Popular, de la izquierda y —oh, sorpresa— los propios fujimoristas, 10 de los cuales, encabezados por Kenji, el hijo de Fujimori, se abstuvieron. Los que respaldaron la moción se quedaron ocho votos por debajo de los 87 que hacían falta para echar al presidente.

Esta sesión fue precedida de un debate nacional en el que todas las fuerzas democráticas del país rechazaron el intento fujimorista de defenestrar a un jefe de Estado que, si bien había pecado de negligencia y de conflicto de intereses al no documentar legalmente su separación de la empresa que prestó servicios a Odebrecht mientras era ministro, tenía derecho a una investigación judicial imparcial ante la cual pudiera presentar sus descargos, y a lo que parecía un intento más del fujimorismo para hacerse con el poder.

Vale la pena recordar que Kuczynski ganó las elecciones presidenciales poco menos que raspando, y gracias a que votaron por él todas las fuerzas democráticas, incluida la izquierda, creyéndole su firme y repetida promesa de que, si llegaba al poder, no habría indulto para el exdictador condenado a 25 años de cárcel por sus crímenes y violaciones a los derechos humanos. Hubo manifestaciones a favor de la democracia y muchos periodistas y políticos independientes se movilizaron contra lo que consideraban (y era) un intento de golpe de Estado. En un emotivo discurso (por el que yo lo felicité), el presidente pidió perdón a los peruanos por aquella “negligencia” y aseguró que, en el futuro, abandonaría su pasividad y sería más enérgico en su acción política.

Lo que muy pocos sabían es que, al mismo tiempo que hacía estos gestos como víctima del fujimorismo, Kuzcynski negociaba a escondidas con el hijo del dictador o con el dictador mismo un sucio cambalache: el indulto presidencial al reo por “razones humanitarias” a cambio de los votos que le evitaran la defenestración. Esto explica la misteriosa abstención de los 10 fujimoristas que salvaron al presidente.

La traición de Kuzcynski permitirá que el fujimorismo se convierta en el verdadero Gobierno del país y haga de nuevo de las suyas

Las vilezas forman parte por desgracia de la vida política en casi todas las naciones, pero no creo que haya muchos casos en los que un mandatario perpetre tantas a la vez y en tan poco tiempo. Los testimonios son abrumadores: periodistas valerosos, como Rosa María Palacios y Gustavo Gorriti, que se multiplicaron defendiéndolo contra la moción de vacancia, y el ex primer ministro Pedro Cateriano, que también dio una batalla en los medios para impedir la defenestración, recibieron seguridades del propio Kuczynski, días u horas antes de que se anunciara el indulto, de que no lo habría, y que los rumores en contrario eran meras operaciones psicosociales de los adversarios.

De esta manera, quienes en las últimas elecciones presidenciales votamos por Kuzcynski creyéndole que en su mandato no habría indulto para el dictador que asoló el Perú, cometiendo crímenes terribles contra los derechos humanos y robando a mansalva, hemos contribuido sin saberlo ni quererlo a llevar otra vez al poder a Fujimori y a sus huestes. Porque, no nos engañemos, el fujimorismo tiene ahora, gracias a Kuzcynski, no sólo el control del Parlamento, por el 40% de votantes que en las elecciones respaldaron a Keiko Fujimori; controla también el Ejecutivo, pues Kuzcynski, con su pacto secreto, no ha utilizado al exdictador, más bien se ha convertido en su cómplice y rehén. En adelante, deberá servirlo, o le seguirán tumbando ministros, o lo defenestrarán. Y esta vez no habrá demócratas que se movilicen para defenderlo.

La traición de Kuzcynski permitirá que el fujimorismo se convierta en el verdadero Gobierno del país y haga de nuevo de las suyas, a menos que la división de los hermanos, los partidarios de Keiko y los de Kenji (este último, preferido por el padre) se mantenga y se agrave. ¿Serán tan tontos para perseverar en esta rivalidad ahora que están en condiciones de recuperar el poder? Pudiera ocurrir, pero lo más probable es que, estando Fujimori suelto para ejercer el liderazgo (apenas se anunció su indulto, su salud mejoró) se unan; si persistieran en sus querellas el poder podría esfumárseles de las manos.

Por lo pronto, el proyecto fujimorista para defenestrar a los fiscales y jueces que podrían ahondar en la investigación, ya insinuada por Odebrecht, de que Keiko Fujimori recibió dinero de la celebérrima organización para sus campañas electorales, podría tener éxito. Recordemos que el avasallamiento del poder judicial fue una de las primeras medidas de Fujimori cuando dio el golpe de Estado en 1992.

Tras este descalabro democrático ¿en qué condiciones
se llegará a las elecciones de 2021?

El fujimorismo tiene ya un control directo o indirecto de buen número de los medios de comunicación en el Perú, pero algunos, como El Comercio, se le han ido de las manos. ¿Hasta cuándo podrá mantener ese diario la imparcialidad democrática que le impuso el nuevo director desde que asumió su cargo? No hay que ser adivino para saber que el fujimorismo, envalentonado con la recuperación de su caudillo, no cesará hasta conseguir reemplazarlo por alguien menos independiente y objetivo.

Luego de este descalabro democrático, ¿en qué condiciones llegará el Perú a las elecciones de 2021? El fujimorismo las espera con impaciencia, ya que es más seguro gobernar directamente que a través de aliados de dudosa lealtad. ¿No podría Kuzcynski traicionarlos también? Las próximas elecciones son fundamentales para que el fujimorismo consolide su poder, como en aquellos 10 años en que gozó de absoluta impunidad para sus fechorías. En su discurso exculpatorio Kuzcynski llamó “errores y excesos” a los asesinatos colectivos, torturas, secuestros y desapariciones cometidos por Fujimori. Y este le dio inmediatamente la razón pidiendo perdón a aquellos peruanos que, sin quererlo, “había decepcionado”. Solo faltó que se dieran un abrazo.

Felizmente, la realidad suele ser más complicada que los esquemas y proyecciones que resultan de las intrigas políticas. ¿Imaginó Kuzcynski que el indulto iba a incendiar el Perú, donde, mientras escribo este artículo, las manifestaciones de protesta se multiplican por doquier pese a las cargas policiales? ¿Sospechó que partidarios honestos renunciarían a su partido y a su gabinete? Yo nunca hubiera imaginado que tras la figura bonachona de ese tecnócrata benigno que parecía Kuzcynski, se ocultara un pequeño Maquiavelo ducho en intrigas, duplicidades y mentiras. La última vez que nos vimos, en Madrid, le dije: “Ojalá no pases a la historia como el presidente que amnistió a un asesino y un ladrón”. Él no ha asesinado a nadie todavía y no lo creo capaz de robar, pero, estoy seguro, si llega a infiltrarse en la historia será sólo por la infame credencial de haber traicionado a los millones de compatriotas que lo llevamos a la presidencia.

 

FUJIMORI, EL INDULTO Y LA CULPA
De Fernando Mires

Las negociaciones son parte insustituible del hacer político. Quien piense en una política sin negociaciones no piensa políticamente. Sin negociaciones no hay política. El gran error de PPK, por lo tanto, fue haber ocultado esas negociaciones como si hubieran sido algo ilícito y haber presentado el indulto como una obra de caridad.

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Fernando Mires, politólogo chileno radicado en Alemania

Fernando Mires, 1 enero 2018 / POLIS

A quien no alcanzan las pasiones desatadas, las iras verbales, la escalada de odio visceral que ha provocado el indulto de Fujimori por gracia navideña otorgada por el presidente Pedro Pablo Kuczynski, el caso amerita un análisis. El hecho proporciona elementos discutitivos para quienes se interesan en los conflictivos temas de la teoría política moderna. Para un docente en ciencias políticas, un manjar.

Los hechos: Alberto Fujimori fue condenado el 2009 a 25 años de prisión. Los cargos que pesan sobre él no son bromas: asesinatos, secuestros, torturas, saqueo del erario nacional. Fujimori fue, sin duda, un criminal, como lo fueron ayer Castro, Pinochet, Videla y hoy Maduro.

Fujimori es ahora un anciano enfermo, con cáncer terminal a la lengua dice el informe médico, aunque hay quienes hablan de fingimiento. La verdad es que las diversas fotografías no nos permiten ver a alguien rebosante de salud. Pero dejemos eso, no es lo más importante. Lo cierto, es que en su estado actual, Fujimori no parece ser un enemigo para nadie.

polis.pngCierto es también que si Fujimori no hubiese sido Fujimori, su indulto, aún por los mismos cargos, podría haber pasado desapercibido en días navideños, cuando nos creemos más buenos de lo que somos. Pero Fujimori no solo es Fujimori. Fujimori es el fujimorismo. ¿Y qué es el fujimorismo?

El fujimorismo es en  primer lugar una era de la historia peruana. En segundo lugar, una forma de dictadura precursora de las actuales autocracias que asolan América Latina y, en tercer lugar, un partido político mayoritario en el Perú de nuestros días. Un partido que, además, defiende el “legado“ del ex-dictador, adjudica a su persona el innegable crecimiento económico del país y lo presenta como un hombre fuerte cuyo mérito histórico fue poner fin a la barbarie de Sendero Luminoso, guerrilla al lado de la cual hasta los asesinos de las FARC o de ETA parecen ser angelitos del cielo.

Vistas así las cosas, la prisión de Fujimori más que como hecho legal (y lo es), debe ser analizada como representación simbólico-política de un tiempo, de un movimiento y de un partido que, como todo partido, quiere llegar al poder: el fujimorismo de los hijos de su padre: Keiko y Kenji, peleados entre sí sin que nadie sepa todavía cual es Caín o cual es Abel.

Frente al indulto a Fujimori se han levantado las voces airadas de los Vargas Llosa, padre e hijo, secundados por una multitud de intelectuales antifujimoristas y vargallosistas. ¿Estamos frente a una guerra entre Capuletos y Montescos, pero sin Romeo, sin Julieta, y sobre todo sin la voz cristalina de Juan Diego Flores? No es para tanto, aunque para Vargas Llosa padre estemos frente a una verdadera tragedia de Shakespeare.

“La traición de Kuczynski” es el título del último artículo del gran escritor (El País, 31.12.2017) quien conoce sin duda el significado semántico de la palabra traición pero al parecer, no su significado político. Traición es efectivamente una palabra que pertenece más a las relaciones interpersonales que a las políticas. Nadie traiciona a quien no ama o no estima. Y la política –en ese punto están de acuerdo la mayoría de los filósofos- no se deja regir, gracias a Dios, ni por relaciones de amistad ni de amor.

¿Traicionó PPK a su partido? ¿O a sus amigos personales? En ningún caso. ¿Traicionó a sus aliados? Pero los aliados son aliados y por lo mismo las relaciones que con ellos establecemos son circunstanciales. Ningún partido es aliado de otro para siempre. ¿Traicionó PPK entonces al pueblo que lo eligió al indultar a Fujimori? En el peor de los casos, incumplió. No obstante, es posible imaginar que quienes votaron por PPK lo hicieron por muchas razones y solo una de esas  –y tal vez no la más decisiva- fue la de mantener a Fujimori en prisión. Por lo demás, no ha habido gobernante en el mundo que haya cumplido con todas sus promesas, y no solo porque no ha querido sino, muchas veces porque no ha podido.

PPK, desde su punto de vista político –que no es el de Vargas Llosa- no podía cumplir con la mantención de Fujimori en prisión sin correr el riesgo de entregar el poder. Y nos guste o no, lo menos que hace un político es entregar el poder. Porque la política es lucha por el poder (Max Weber.) Esto significa: PPK no indultó a Fujimori por razones de amistad, sino por razones de poder. Desde ese punto de vista político –que no es el filantrópico- no hay nada que criticar. Lo dijo el mismo Vargas Llosa: “(el indulto) no es un acto de compasión. Es un crudo y cínico, cálculo político” (Efe, 31.12.2017) (he subrayado las dos últimas palabras: cálculo político)

Por lo demás, PPK no transgredió a la legalidad vigente. Hizo solo uso de un derecho que le concede la Constitución. Los argumentos en contra, más bien leguleyos, no prosperarán.  El artículo 118 inciso 21 es demasiado claro. Eso no quiere decir, por supuesto, que las víctimas o familiares de las maldades cometidas por el dictador no tengan derecho a reclamar. Por el contrario: deben levantar su voz y así lo han hecho. Para ellos la explicación de PPK relativa a que el indulto obedece a razones humanitarias, es una justificación inmoral. Del mismo modo, las instituciones humanitarias que han condenado al indulto al ponerse al lado de las víctimas han cumplido con su deber. Para eso están. La CIDH, Human Right Watch, y AI, cumplieron con su trabajo. Pero también es cierto que el deber de un presidente es defender su poder y, por lo mismo, contraer las alianzas que considere convenientes para lograrlo. Para eso, está obligado a negociar.

Las negociaciones son parte insustituible del hacer político. Quien piense en una política sin negociaciones no piensa políticamente. Sin negociaciones no hay política. El gran error de PPK, por lo tanto, fue haber ocultado esas negociaciones como si hubieran sido algo ilícito y haber presentado el indulto como una obra de caridad cuando todo el mundo sabía que Fujimori fue negociado. En ese sentido PPK mintió, y por eso -solo por eso- debe ser enjuiciado.

El indulto fue resultado de una negociación, si no con todo el fujimorismo, por lo menos con una de las alas de Fuerza Popular (Luz Salgado Salgado y Kenji Fujimori) con las cual PPK venía dialogando desde antes de ser conocidos los hilos de Oedebrecht (que no solo involucran a PPK sino a casi toda la clase política peruana.) En otras palabras, lo que ha tenido lugar en el Perú es un giro político de PPK desde el centro-izquierda hacia el centro-derecha. Hilando más fino, podría pensarse que no fue el indulto a Fujimori lo que determinó ese giro. Por el contrario, fue ese giro lo que determinó el indulto a Fujimori.

A partir del giro de PPK, el fujimorismo ha pasado a ser el factor más decisivo de la política peruana. En cierto modo ha alcanzado el poder antes de ganarlo. Contra ese giro y contra esa nueva alianza en el poder, y no tanto en contra del indulto, protestan la izquierda peruana y los intelectuales vargallocistas. Es decir, en contra de una alianza que con o sin Fujimori ya se venía gestando. Hecho que no debe sorprender a nadie pues PPK es un hombre de derecha o de centro-derecha.

La alianza entre PPK y la derecha fujimurista es, en cierto modo, una alianza natural. Tan natural como la alianza contraída en Chile entre el centro-derechista Piñera con la derecha pinochetista. Esa derecha  chilena -lo sabe muy bien Vargas Llosa, amigo personal de Piñera-  no tiene un pasado más inocente que la derecha fujimurista. ¿Puede Vargas Llosa apoyar una alianza de poder en un país y al mismo tiempo condenar la misma en otro? Lo que es bueno para el pavo ha de ser bueno para la pava (y al revés también), es un dicho. Luego, si Vargas Llosa se hubiera limitado a criticar el indulto, no habría habido ningún problema. El problema es que, además, Vargas Llosa critica a la nueva alianza de poder que ha tenido lugar en el Perú, tan parecida a la que tiene lugar en Chile. La desgracia para PPK es que esa nueva alianza ha tenido que pasar por el indulto de Fujimori. Esa es su culpa y su tragedia a la vez.

No obstante, hay que decirlo de una vez: PPK no ha trangredido a las leyes ni subvertido a la Constitución. Sus negociaciones políticas con el fujimorismo pueden no gustar, pero es imposible desconocer que el fujimorismo, con alianzas o sin alianzas, representa a la mayoría parlamentaria del país, y por lo mismo, con o sin negociación, es un factor decisivo de poder.

Queda todavía una pregunta por responder. ¿Fue el indulto a Fujimori una transgresión a la moral pública?  Para las víctimas y familiares, sin duda. Pero el tema es si esa moral posee un carácter universal o simplemente es una moral discursiva (discutitiva) y luego, menos que moral es solo una ética. Si atendemos a la primera posibilidad, tendríamos que  convenir en que la política debe estar subordinada a la moral (como en los países islámicos, a la moral religiosa.) De acuerdo a la segunda posibilidad, en cambio, la política posee su propia moral. Esta, fue, como se sabe, la posición de Nicolás Maquiavelo, a quien se le concede el mérito de haber emancipado a la política de la moral religiosa.

Para Maquiavelo, en efecto, la política debe atender no a razones morales sino simplemente a la lucha por el poder, por más brutal que esta sea. Algo diferente, mas no distinta, fue la posición de Kant, la que sigue prevaleciendo de modo tácito en la filosofía política de Habermas y de Rawls.

Según Kant, existe una moral pre-constitucional, la que solo es visible cuando aparece una Constitución. La Constitución para Kant es la puesta en forma escrita de una moral pre-constitucional. Es por esa razón que, para el gran filósofo, donde hay Constitución no podemos regirnos por normas, máximas y principios no- o pre-constitucionales.

Ahora, si volvemos la mirada hacia el Perú, podríamos deducir que el indulto a Fujimori obedeció más a una lógica maquiavélica que a una kantiana. Pero en tanto PPK no transgredió a la Constitución, tampoco es definitivamente anti-kantiana.  Y al fin y al cabo:  ¿no es más maquiavélica que kantiana la política, no solo en el Perú, sino en casi todo el continente latinoamericano?  Algún día tendremos que admitirlo.