Partido Popular

Una nueva mayoría española. De Cayetana Álvarez de Toledo

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Cayetana Álvarez de Toledo, periodista y política española

Cayetana Álvarez de Toledo, 23 diciembre 2017 / EL MUNDO

El 10 de octubre de 2006, Xavier García Albiol me protegió de una lluvia de piedras y huevos a las puertas del Centro Cultural de Martorell. Habíamos acudido juntos a un mitin de Ángel Acebes y Josep Piqué -por entonces, respectivamente, secretario general del Partido Popular y líder del partido en Cataluña- y a la salida nos encontramos con que unos 90 energúmenos nacionalistas bloqueaban la puerta. Impresionada, incluso fascinada -mi bautismo en la violencia política-, pegué la nariz al cristal. Un grupo de niños, vocecitas de San Ildefonso, gritaban desquiciados: “¡Fascistas, fascistas!”. A su lado, jaleándoles, el simpático líder de las Juventudes Socialistas del lugar. Durante algo más de una hora esperamos que llegaran refuerzos policiales. Pero los Mossos ya eran los Mossos y además gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero. Un escolta nos sugirió huir por la puerta de atrás, pero Acebes se negó y encaramos el pelotón. Albiol, dos metros, voluntarioso y valiente, fue nuestro escudo humano. Se llevó varios golpes y también dio alguno, lo que motivó que la izquierda y el nacionalismo en bloque exigieran, escandalizadísimos, su cabeza. Lo típico: la víctima convertida en agresor.

el mundoRecordé aquel día y aquella lluvia mientras caían los resultados electorales del PP. Qué absurdo pedir la dimisión de Albiol, pensé, cuando nunca pecó de pusilánime y cuando la política sobre Cataluña ha sido diseñada y dirigida desde la atalaya de La Moncloa. Pero, sobre todo, qué ridícula su propia reacción. Este pobre tuit: “Hoy los resultados serían distintos si no hubiese habido ese empeño por parte de Ciudadanos y cía. de hundir al PP para ganar, en lugar de sumar”. Al rato, el portavoz Rafael Hernando reincidía en la consigna: “Si Arrimadas ha ganado las elecciones lo lógico es que pueda formar gobierno. Si no de qué ha servido el campañón contra el PP. ¿Todo para nada?”. Pocos espectáculos más desasosegantes que un dirigente político aferrado a una teoría de la conspiración. Por lo que revela sobre su capacidad de análisis. Y sobre todo por lo que sugiere respecto a su futuro.

Nadie ha hecho más para hundir al PP en Cataluña que el PP. Da hasta pudor repasar la lista de errores cometidos en los últimos años. Y yo me reprimiré. Sólo diré que nunca una debacle fue más previsible ni tuvo más amigos que la pronosticaran. Y que sus consecuencias serán graves. Las elecciones catalanas del 21 de diciembre son para el PP lo que fueron las elecciones andaluzas del 23 de mayo de 1982 para UCD: la evidencia sangrante de que el partido ha perdido su utilidad social. Cataluña no es una comunidad cualquiera. Es el lugar de España donde hoy más dramáticamente se libra la batalla entre la democracia y sus enemigos, entre la razón y la reacción. Y sus ciudadanos han dicho que no consideran al PP, ¡el partido del Gobierno!, un instrumento útil para este crucial desafío. La pregunta es inevitable: ¿Y entonces para qué sirve?

El presidente Rajoy minimizó ayer la fuerza de Ciudadanos en el resto de España y recordó los resultados de las dos últimas elecciones generales. Es cierto que las extrapolaciones son pura materia tertuliana. Y que las expectativas nacionales sobre Ciudadanos han resultado hasta ahora exageradas. Sin embargo, el presidente obvia un dato fundamental. Ciudadanos, de nacimiento heroico y adolescencia dispersa, está madurando. Reconciliándose con sus orígenes, digamos. Ha aprendido de sus errores de 2015, cuando en lugar de situar el eje del debate entre demócratas y nacionalpopulistas lo hizo entre viejos y jóvenes. Aquel colegueo con Pablo Iglesias, con Évole de tutor. Aquella liviandad de márketing: “Hablar de nacionalismo nos escora hacia la derecha”.

En el PP protestan que hasta el pasado mes de septiembre Albert Rivera abjuraba del artículo 155. Y es verdad. La propia Inés Arrimadas se oponía a su aplicación con el argumento rasante de que “perjudicaría a los catalanes”. Pero llegó octubre, con su golpe, su rey y sus dos manifestaciones, y todo cambió. Por oportunismo o porque de pronto reabrió los ojos, Ciudadanos ha asumido, y reivindicado, y ejercido una idea que en España tiene pocos precedentes y cada vez más partidarios: lo moral es lo eficaz. Es una idea emocionante y más fácil de poner en práctica de lo que la estúpida tiranía de la corrección política ha hecho creer. La superficie, la costra vieja, se resiste. Pero debajo hay una corriente que empuja, optimista. Cuarenta años de nacionalismo habrán convertido a dos millones de individuos en autómatas xenófobos, entregados a la anti-lógica del morir matando. Pero cuarenta años de Constitución también han dejado huella, y es benéfica. Hoy un murciano no acepta sin más la condición de ciudadano de segunda. Hoy el primer partido catalán rechaza los privilegios, promueve la solidaridad y se envuelve en la bandera española como símbolo de libertad. El día que el líder del PP vasco, Alfonso Alonso, defendió el Cupo entre ataques a Ciudadanos -lo acusó de hacer “nacionalismo a la inversa”-, el monitor del PP exhibió una línea plana y empezó a emitir pitidos. Ya no se puede hablar de una división del centro-derecha. Ha comenzado el proceso de sustitución.

El presidente del Gobierno no va a convocar elecciones generales. Pedirle que lo haga es un homenaje a la melancolía. Pero quizá también un acto de responsabilidad: por pedir que no quede y, sobre todo, que por mí no quede. España necesita una nueva mayoría política. Emancipada del nacionalismo. Lúcida, consciente y movilizada. Dispuesta a encarar sin hipotecas y con el máximo aval popular la etapa abierta por las elecciones catalanas. Esta nueva etapa ya no estará definida por la unilateralidad ni por la revolución ni por el ataque frontal a la legalidad, sino por una propuesta aviesa, todavía más difícil de combatir. Lo anticipó hace unos días el lehendakariUrkullu, referente de la moderación, según el Madrid gagá. Ante el Partido Demócrata Europeo reunido en Roma, reclamó solemnemente a la Unión Europea que elabore una “Directiva de Claridad” que ofrezca a “las naciones sin Estado, como Cataluña y Euskadi, un cauce legal para poder consultar a la ciudadanía con garantías”. Es la trampa canadiense, el referéndum pactado, la Constitución vaciada, el territorio donde se congregarán, felices y seguros de sí mismos, todos los colores del arcoíris antiespañol: los identitaristas, los tácticos, los equidistantes, los coquetos, los editorialistas anglo-condescendientes, algunas cancillerías europeas y por supuesto las retroizquierdas de Zapatero. Enfrente, la mayoría de los españoles. Sí, la mayoría. Millones de ciudadanos españoles que piensan distinto sobre muchas cosas pero lo mismo sobre lo esencial: España es un vínculo vivo y su defensa es una prueba de civilización. Y ahí estarán también millones de ciudadanos europeos, que comparten con nosotros el compromiso de combatir las ideas malignas que sembraron nuestro continente de odio y de muerte. A los europeos nos espera una batalla épica contra el nacionalismo. Y España tiene la capacidad y el deber de encabezarla. Promovamos un internacionalismo anti-xenófobo. Exijamos un liderazgo limpio, sometido sólo al imperio de las convicciones. Procuremos consolidar para España y para Europa un gran partido de ciudadanos.

“Hemos conocido una derecha civilizada”

Lectores de EL PAÍS responden a la pregunta: ¿Debe Rivera apoyar a Rajoy?

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Mariano Rajoy conversa este martes con Albert Rivera en el Congreso. PIERRE-PHILIPPE MARCOU (AFP)

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Estas son las respuestas de los lectores a la pregunta formulada por el director de Opinión de EL PAÍS, José Ignacio Torreblanca, sobre si Ciudadanos debe apoyar al PP y facilitar la investidura del próximo presidente del Gobierno.

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Ningún dirigente o partido que haya esgrimido en algún momento una ambición regeneracionista puede apoyar un Gobierno del PP tras el rodillo de la mayoría absoluta de 2011-2015, ni mucho menos formar Gobierno. Salvo que se quiera traicionar la principal exigencia ciudadana, que es la de la coherencia. En aras de la gobernabilidad del país puede, a lo sumo, abstenerse. La responsabilidad de la mayoría solitaria del PP es únicamente del PP. El PP, y Mariano Rajoy, han sido los únicos que han mejorado resultados el 26-J. Sería, pues, hasta cierto punto contra natura y contra la voluntad popular hacer malabares para formar Gobiernos alternativos. Pero una cosa es no ser obstruccionista y otra muy distinta avalar desde otros partidos y en especial los nuevos la política del PP. Si el PP no ha renovado su mayoría absoluta, por algo será. Pablo García Astrain

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De entrada, mi respuesta es no. Y ahora expongo mis razones:

1. En el PP no ha cambiado nada con respecto a las condiciones que se dieron tras el 20-D y entonces Ciudadanos le dijo no a Rajoy. ¿Por qué tendría que cambiar ahora?

2. Tras el 20-D, Ciudadanos construyó, junto con el PSOE, un programa de gobierno con el que Sánchez se presentó a la investidura. No veo ningún motivo en la situación actual como para anular aquel pacto y sustituirlo por otro con el PP.

3. Ciudadanos ha basado parte de su campaña en la regeneración política y ha establecido como línea roja la corrupción. En el PP, desde el 20-D solo han existido más casos de corrupción, a lo que habría que añadir las conspiraciones del ministro del Interior en Cataluña; una razón más para no pactar con el PP.

4. Pactar un coalición de Gobierno con el PP podría suponer para Ciudadanos la fagotización de esta formación por el PP y, prácticamente, desaparecer en un corto espacio de tiempo no más allá de dos legislaturas (similar al caso de UPyD). Vicente Fdez. Arias

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Rivera no debe ni puede pactar con Rajoy.

Los votos recibidos por Rivera no se le han dado para ser la muleta del PP, ni aunque la “estabilidad” dependa de ello. Quien quería votar PP ya lo hizo directamente. Pactar con Rajoy es pactar con la corrupción, con los sobres, con Bárcenas, con Camps, con Barberá, con Arístegui, la Gürtel y la Púnica. Rivera no recibió tres millones de votos para echarlos a la basura (se condenaría como político y como opción de futuro). Podría, eso sí, pedir la cabeza de Rajoy y de varios corruptos más del PP (desde Arenas a Cospedal) a cambio de un programa político y económico de regeneración… pero eso es soñar (pura ciencia ficción). Con los pies en la tierra, Rivera no puede ni debe pactar con Rajoy, pase lo que pase. Terceras elecciones incluidas. Juan Vilches.

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No.

Creo que la labor desarrollada por Rivera desde el pasado 20 de diciembre, ha permitido a muchas personas, conocer a una derecha civilizada, no diré culta todavía. Pero que apunta maneras, que puede dialogar y a la que no le gusta que se juegue en el Congreso con maquinitas ni que se meta la mano en la caja. Mezclar su ideología con la de los cientos de imputados, condenados… del PP sería algo irreversible. Creo que Rivera debe girar al “centro” y es cuestión de tiempo que las nuevas generaciones de los hijos del PP vean en él algo menos contaminado que lo que tienen en casa. Tal vez, incluso algún socialista al que no le gustan los experimentos regionales, ni las zancadillas internas y mucho menos las puertas giratorias pudiera sentirse atraído. Antonio Jaén

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Rivera no debería de pactar ni con Rajoy ni con Sánchez. La mayoría de los votantes de C’S son votantes que votaron en el 2011 a Rajoy, y arrepentidos y decepcionados no quieren que repita como presidente. Si Rivera lo hace posible por activa o por pasiva, este electorado se sentirá muy frustrado. Con Sánchez tampoco debió de pactar Rivera puesto que estos votantes son ciudadanos de centro-derecha que no quieren a Rajoy, pero menos quieren un presidente socialista. Rivera debió de mantenerse en un segundo plano, antes, y ahora con más motivo, dejando la pelota en el tejado del PP y del PSOE, pero su afán de protagonismo le puede y le pierde. José Manuel Riveiro Corona.

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Opino que sí. Ciudadanos debe apoyar al PP, pero manteniendo sus promesas y forzando, si puede, la dimisión de Rajoy. Unos años más de despiadadas e injustas políticas de derechas acabarían abriendo los ojos a los ciegos y pusilánimes. Es el PP y solo el PP el que debe darnos miedo o, mejor todavía, terror pánico. Parafraseando a Monterroso: “Cuando despertó, Mariano Rajoy seguía ahí”. José Belenguer Serrano.

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Sí. Eduardo Barousse Moreno

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Es Rajoy el candidato que debe ofrecer voluntariosamente a Rivera un pacto de legislatura o investidura. Rajoy es el que tiene que demostrar a Ciudadanos que estaban equivocados en la pasada campaña y que él personalmente puede asumir un Gobierno reformista y anticorrupción. Como eso no va a suceder, dado el talante despreciativo, inmovilista y de mínimos de Rajoy, a Rivera solo le quedará pasar a la oposición constructiva votando no al investidura. Se avecinan tormentas políticas y económicas en el horizonte y a Ciudadanos le interesa mantenerse como un referente, el partido de la ilusión por un proyecto político reformista íntegro, frente a los “populares” que quieren disolver su esencia en un regalo de gobernabilidad que se resolverá inútil al poco tiempo dado el nulo afán de cambio de Rajoy. Carlos Camino

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Sí, debe de pactar. Carmen Juárez

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La peor decisión que puede tomar un partido que está en la lucha por ganar espacio político es verse enredado en acuerdos con un partido enfermo de corrupción. La opción no es pactar con el PP, es pactar con los dirigentes que han podrido la política, que han ensuciado la función pública. Es una cuestión de respeto a la gente que cree en las bases del PP. Pactar con Rajoy es, de alguna manera, favorecer su enquistamiento en el poder y con él, y con ellos, una nefasta manera de entender la política. Es permitir que un político sin escrúpulos, sin responsabilidad política ni ciudadana se salga con la suya. Es que Rajoy solo tiene que sentarse a esperar que su método dé frutos, solo con dejar pasar los días y apelar al sentido común del resto de partidos para que hagan lo que deben, tragar y abstenerse ante este personaje. La política en España ha tomado un tono extraño, donde quien intenta pactar es castigado, quien se refuerza en el cinismo del que deja hacer se beneficia. Solo escucho hablar de quién tiene la responsabilidad ante la posibilidad de que se vuelva a votar, pero se olvidan que sin segundas no habría terceras, que los culpables de este estancamiento político son la corrupción del PP que lo deja aislado y la desidia e infantilismo de Iglesias y Garzón cuando debieron estar a la altura de los millones de votantes que confiaron en ellos. Olé, por Rivera y Sanchez, que intentaron un pacto de contrarios, sobre una base de lugares comunes para sumar. Lástima que solo lo entendieron ellos. De nada sirve un pacto de investidura si luego no es posible gobernar. Rubén Óscar Mansor.

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Aunque considero a Ciudadanos un partido de centro-derecha no debería dar su apoyo al PP por pura coherencia con los principios que han proclamado a los cuatro vientos: regeneración democrática y transparencia, elementos que no se dan precisamente en Rajoy y compañía. Y, sinceramente, tampoco veo a sus herederos muy lejos de sus jefes, al menos por los sapos que se están comiendo para hacerse un hueco en el poder. Naturalmente, hablo de Maillo, Pablo y Cía. Si votan a favor del PP, debieran hacerlo tras conseguir negociar los cambios que ya negociaron con el PSOE, como mínimo. J. Payán

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La pregunta es: ¿Debe pactar Rivera con Rajoy? La respuesta es: “Depende”. Ciudadanos no debe pactar con el PP a cambio de nada, ni de puestos en el Gobierno (Rivera ya dijo que no querían sillas). No debe apoyar a Rajoy así como así. Lo que deben hacer PP y Ciudadanos es sentarse a negociar un acuerdo de gobernabilidad y la responsabilidad del éxito en el acuerdo es de ambos. Ciudadanos debe entender que no puede exigir ni la mitad de medidas de su programa, ya que debería ser proporcional al número de escaños obtenidos. Y el PP debería entender que debe ceder en algunos para obtener su apoyo. En resumen: si yo fuera Albert Rivera, saldría ante los medios y diría lo siguiente: “Queremos un acuerdo de gobernabilidad con el PP. Entendemos que teniendo menos escaños que ellos no podemos exigir el cumplimiento de todas las propuestas en su programa, pero nuestro apoyo tampoco debe ser gratuito. Somos humildes y pedimos solo tres propuestas de nuestro programa:

1. Nueva ley electoral: un ciudadano, un voto.

2. Aplicar el paquete de medidas de regeneración democrática (puertas giratorias, listas abiertas, primarias en los partidos…).

3. Supresión de las Diputaciones

Si se comprometen únicamente a estas tres medidas tendrán nuestro voto”. Como votante de Ciudadanos, si Rivera le da su apoyo a Rajoy a cambio de prácticamente nada, de maquillaje… perderá mi voto. Creo que el votante de C’s es más crítico de lo que pueda ser el votante del PP con su partido. Javier Oviedo

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 Sí, sin ninguna duda, Rivera debiera intentar pactar con Rajoy. Seguramente accediendo a un Gobierno que lo participe activamente, pero creo que debe dejar de lado la negativa y caprichosa influencia de Sánchez. Este último quien, por cierto, debiera dejar de lado su arrogancia constante, reconocer su derrota electoral, y facilitar un Gobierno que, quiérase o no, fue votado mayoritariamente por la gente, y que además hace muchísima falta ya no solo para el Gobierno nacional del día a día, sino además para generar una imagen de país consolidado. (Por cierto, no soy del PP, pero reconozco que en este momento es lo más adecuado). Creo que es esta también una importante coyuntura que puede permitir plantar firme cara al independentismo, que tanto daño hace a la sociedad. Pablo A. Pérez.

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No!!!

Si Rivera ha perdido ocho diputados por vetar a Rajoy. Debe ser fiel a los votantes que le han quedado. Se supone que estos han creído en su promesa electoral. Y debe cumplirla. Emilio Soler

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Cuando los resultados de unas elecciones conllevan una ambigüedad de resultados, que la ley electoral así vigente lo ha decidido, y lo ha hecho en dos ocasiones sucesivas, lo mínimo que pueden hacer los partidos es conformar una mayoría de gobierno que permita cambiar lo que no funciona, en nuestra democracia. La gestión de poder debe realizarse de la mejor forma posible, anteponiendo los intereses generales de la democracia a los propios del grupo perdedor. Esta lealtad se refiere al proceso democrático, y no necesariamente a las políticas que ponga en práctica el nuevo gobierno, por ello todos aquellos grupos deben aglutinarse en esta ocasión en torno a un programa de gobierno que no puede ser de izquierdas o derecha, sino del interés general de los ciudadanos de este país, para su bien común y para ello Sr. Rajoy, Rivera, Sánchez o Iglesias deberían estar negociando, una legislatura de transición para el bien común. Miguel Brito Ramos.

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Sería muy importante que Ciudadanos ayudara a formar gobierno porque necesitamos ya un gobierno fijo cuanto antes. Personalmente no me gustan en absoluto las políticas de Rajoy y del PP, los numerosos casos de corrupción, las pésimas políticas sociales. Y el caso de las escuchas en el Ministerio del Interior tiene claras reminiscencias del franquismo que resultan francamente alarmantes. Casi peor -si cabe- que los casos de corrupción económica. Sin embargo, aunque es difícil entenderlo, la gente ha vuelto a votar por el Partido Popular y a mí me gustaría que los partidos que entren en el gobierno juntos al PP ejerciesen un control fuerte al PP y que les obligasen a hacer una limpieza profunda para que los ciudadanos podamos volver a creer en la democracia en España. Con el PP en el gobierno nuestro concepto de cómo debe de funcionar la democracia se aleja cada vez más de la realidad. Más que nunca necesitamos hombres de Estado en el gobierno para ejercer un mayor control sobre la ética en política. Ciudadanos tiene mejor sentido de la ética que el PP y su papel es clave para regenerar la política y el PP en concreto. Julia Weiss.

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Debe y está obligado. Primero, porque el bipartidismo se ha terminado en beneficio de la democracia. Segundo, porque estamos perdiendo una oportunidad única, para hacer leyes negociadas por todos los partidos y no impuestas, que un partido legisla y otro elimina al llegar de nuevo con sus mayorías absolutas. Tenemos necesidad de una ley de educación, justicia, electoral pactadas por la mayoría de los partidos y no leyes impuestas sin negociación previa que nos ha traído hasta aquí, como la Ley de educación. Es un momento único para la democracia negociada y no impuesta. Para ello hace falta talante que dudo exista en los líderes de los partidos actuales. Luis Maraña.

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Por coherencia, y por supervivencia, no debe pactar, a menos que Rajoy se eche a un lado y el PP nomine a alguien no contaminado como candidato a presidente. Esto sería una medalla para Rivera, pero por eso mismo el PP no lo va a aceptar. Juan Mª González Oliveros.

 

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El dilema de los socialistas españoles y la posibilidad de una nueva mayoría reformista. De Paolo Luers

paolo_luersPaolo Luers, 14 diciembre 2015 / EDH

Tuvo que movilizarse el viejo señor del PSOE, el ex presidente Felipe González, para poner en su lugar a “Podemos” y su candidato Pablo Iglesias. Durante meses “Podemos” atacó sin misericordia a los socialistas y su candidato Pedro Sánchez – y esta estrategia tuvo toda la lógica del mundo: “Podemos”, la autoproclamada “nueva izquierda”, para crecer tiene que desplazar a la socialdemocracia. Su campaña es muy simple: atacar a la derecha gobernante, el PP de Rajoy, y decir que los socialistas ya no son oposición, sino cómplices del PP. Ocupar el espacio socialdemócrata. Y luego, pactar con un debilitado PSOE para formar una gobierno de “unidad popular”. Todo muy lógico.

diario hoyLo ilógico es que la campaña del líder socialista Pedro Sánchez nunca entendió que su principal adversario no era ni el PP ni mucho menos el nuevo centro llamado “Ciudadanos”, sino “Podemos”. Era la “nueva izquierda” que le estaba robando votos y disputando el papel de principal retador de Rajoy. Para ganar a Rajoy y asumir el gobierno, el PSOE tenía que parar a “Podemos”, atacándolo. Pero no lo hizo. Ni en las reciente campaña electoral para parlamentos regionales y gobiernos municipales, y tampoco ahora en la campaña que va a definir el Congreso y el gobierno. Pedro Sánchez obviamente se tragó la tramposa tesis de “Podemos” que solo una nueva mayoría de izquierda podrá derrotar a la derecha. Hizo pactos locales y regionales con “Podemos”, incluso algunos (como en el ayuntamiento de Madrid) como socio menor. No entiende que la mayoría que tiene que construir es la mayoría de los reformistas, para derrotar al PP y al mismo tiempo marginar a “Podemos”, la fuerza anti-europea.

Pablo Iglesias y “Podemos” saben que no pueden ganar las elecciones generales en España. Su meta no es ganar, sino desplazar a los socialistas y convertirse en sus herederos. Y de paso, a quebrar su resistencia al populismo y al concepto de la “unidad popular”. Por esto definieron, correctamente, a los socialistas como su enemigo principal. Luego, cuando de repente surgió “Ciudadanos” como nueva fuerza emergente de cambio y renovación, robándole a “Podemos” las banderas del relevo generacional y del cambio, “Podemos” definió a Albert Rivera, el carismático líder de esta fuerza céntrica, como segundo enemigo principal. Se había generado una situación muy compleja: Podemos estaba robándole votos al PSOE, pero “Ciudadanos” le estaba robando aún más a “Podemos”, y al mismo tiempo al PP. Por esto, Albert Rivera creció tanto que ahora muchos piensan que la recta final es entre Mariano Rajoy y él, con las dos fuerzas de izquierda relegadas.

De repente vino Felipe González, agarró el micrófono del PSOE y dirigió todo el ataque verbal a Pablo Iglesias y “Podemos”. Correcto, refrescante, pero tarde. Pedro Sánchez, el líder del PSOE, piensa que necesita a “Podemos”. En caso que logre sobrepasar a Rajoy, quiere gobernar con “Podemos”. En caso que gane Rajoy o Rivera, Sánchez se ve en una alianza opositora con “Podemos”. Felipe vino tarde. Ya no puede cambiar la estrategia de su partido…

Esta estrategia equivocada le va a costar caro al PSOE. No solo están al punto de perder, otra vez, la batalla por la presidencia, sino también el papel de primera fuerza opositora. Lo más lógico, y lo mejor no solo para el PSOE, sino para el país, hubiera sido trabajar desde el principio para que “Podemos” no crezca. Y prepararse a una alianza con la nueva fuerza progresista, liberal, radical-democrática que es “Ciudadanos”. O juntos en el gobierno, o juntos haciendo oposición al desgastado PP de Rajoy. Si Rivera gana, necesita al PSOES para gobernar. Si no, tendría que gobernar con el PP, cosa que no prefiere y que no sería nada bueno para la renovación del país. Si Pedro Sánchez gana, necesita pactar con “Ciudadanos”. Si no es con “Ciudadanos”, estaría obligado a pactar con “Podemos”, lo que sería lo peor para la socialdemocracia, para España y para Europa.

El PSOE y “Ciudadanos” son la fórmula perfecta para renovar España. Tienen muchas coincidencias en temas de institucionalidad, el manejo de la crisis catalana, la reforma de las autonomías, derecho humanos, transparencia, etc. Tendrían que ponerse de acuerdo sobre temas económicos, fiscales y sociales, pero precisamente esto sería bueno para España: salir de la vieja polarización entre neoliberalismo y socialismo, conceptos que ambos ya no tienen vigencia. Es posible una nueva mayoría reformista y progresista. Ojala que los socialistas lo entiendan.