obras públicas

El muro de Berlín de Nayib o de Obras Públicas. De Enrique Borgo Bustamante

San Salvador está siendo objeto de divisiones territoriales físicas quizás para impedir el tránsito de personas y vehículos.

borgo bustamanteEnrique Borgo Bustamante, 22 diciembre 2016 / LPG

San Salvador está siendo objeto de divisiones territoriales físicas quizás para impedir el tránsito de personas y vehículos en varias partes de la ciudad, pareciera construir un muro para evitar que los de una parte de la ciudad transiten por otra, p. ej. los vecinos de la zona poniente al oriente, creando una verdadera autopista dentro de la ciudad, que entorpece más el tránsito en vez de facilitarlo, pues no permite cruzar de oriente a poniente y al revés, sino que obliga a transitar lejos, p. ej. en la avenida Masferrer debe irse al South Point Masferrari o al North Point Lucero para pasar este nuevo muro de Berlín salvadoreño, aumentando enormemente la concentración y atraso de vehículos en tales redondeles, desde el de la Unión Europea, quizás para que gasten el doble de gasolina y con el ingreso extra del impuesto ya no sea necesario subirle $0.17 al galón de gasolina para que OOPP pueda usarlo en otras rutas.

la prensa graficaY lo mismo puede decirse de múltiples calles en todas partes como en la Vía Privilegiada de la Compañía SITRAMSS y otras. Que el responsable envíe a su personal a las horas de entrada y salida del trabajo, que lleguen a las siete y media, no a las diez ni a las tres y media, que vean cuántas personas están viendo las esculturas del túnel de la Masferrer, y el hoyo negro entrando al túnel del Redondel de las Naciones Unidas.

Parece ser que con la acumulación del tránsito en esas y otras calles citadinas, tomándose parques y espacios públicos, la PAES de los motoristas, en paciencia y solidaridad, había subido casi a nueve, pues daban paso para que otros vehículos cruzaran la Autopista Citadina, mejorando su comportamiento cívico, pero tampoco los pobres peatones pueden pasar de una a otra acera porque corren un peligro mortal, pero talvez el dueño de los sapos amarillos (quizás originarios de la Muralla China) tenga en mente construir medias Ruedas de Chicago para que los peatones pasen la Autopista Citadina, ¿por qué no usar en un cruce el semáforo apagado frente a Casa Presidencial?, cuando si entra o sale alguna persona o vehículo siempre hay agentes de servicio para parar el tráfico y hacerlo menos fluido.

Nuestro Código Civil desde 1860 (art. 579) establece: “El uso y goce… para el tránsito,… corresponde a los particulares en las calles, plazas,… sujetos a las disposiciones de este Código, y a las ordenanzas generales o locales que sobre la materia se promulguen”.

La Constitución creadora de la autonomía municipal (art. 204) faculta al municipio para decretar ordenanzas y reglamentos locales; y el Código Municipal, art. 4, prescribe que compete al municipio: “La regulación del uso de parques, calles, aceras y otros sitios municipales”. Y agrega: “En caso de calles y aceras deberá garantizarse la libre circulación sin infraestructuras y otras construcciones que las obstaculicen”, ¿como los obstáculos que limitan el carril de SITRAMSS? ¿Los sapos amarillos? El municipio es la autoridad facultada para regular el uso de nuestras vías urbanas, construidas lógicamente por el Estado con los impuestos que pagamos los salvadoreños.

Además, de acuerdo con la Constitución (art. 120), toda concesión que otorgue el Estado (Mrio. de OOPP), para la explotación exclusiva de calles construidas por el Estado, con nuestros impuestos, debe ser sometida a la aprobación de la Asamblea Legislativa. Debemos preguntar al viceministerio ¿si la Asamblea Legislativa aprobó la concesión al SITRAMSS?, cosa que ya mencioné en otro artículo que fue publicado a mediados del año pasado, pero parece ser que ya se concedió su uso general y habrá que botar la muralla de exclusividad.

No saben que no saben. De Manuel Hinds

Manuel-Hinds-VIB-11Manuel Hinds, 30 septiembre 2016 / EDH

Es parte del trágico destino de El Salvador el ser gobernados por personas que no saben que no saben porque nunca creyeron tener necesidad de saber algo para sobrevivir o para no pasar vergüenza. Por eso, cuando tienen un problema, nunca se les ocurre que muchas personas, a través de los siglos, tuvieron problemas similares y encontraron soluciones o axiomas que llevan a ellas, y que luego los escribieron y fueron ordenándolos en las variadas ciencias del saber humano. De esta forma, por ejemplo, es obvio que cuando diseñaron los pasos a desnivel y especialmente el del redondel Masferrer, demostraron que ignoran el viejo axioma griego que dice que dos sólidos (dos carros, digamos) no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo. Al no saber que el axioma existía, trataron de violarlo con consecuencias que pueden ser catastróficas para los que usen estos túneles.

diario hoyEs necesario aclararle al gobierno que lo que dice el axioma es cierto aunque los dos cuerpos estén en movimiento, ya que podría ser que ellos piensen que si los sólidos se están moviendo los carros que vienen en un carril pueden fusionarse con los que vienen en otro. No. Eso no se puede. Si tratan de hacerlo, se encaraman el uno en el otro. Aunque se vayan moviendo.

Esto podrían haberlo comprobado con experimentos en los corredores del Ministerio de Obras Públicas, con carritos o con personas tratando de meterse corriendo en el mismo ladrillo al mismo tiempo. Allí se hubieran dado cuenta de la sabiduría de los antiguos griegos.

Pero el Ministerio no violó solo esta versión del axioma, que podemos llamar “el axioma dinámico”, sino también la otra, que podemos llamar “el axioma estático”. Este indica que si usted construye una bajada de dos carriles, digamos, del redondel Masferrer a la avenida Jerusalén, y al llegar abajo la bajada choca contra una casa, los carros no podrán ocupar el lugar de la casa o pasar a través de ella sin botar sus paredes en un accidente espantoso.

Aprovechando el ejemplo, es claro que los usuarios de las calles de San Salvador igual podrían haberse beneficiado si los del gobierno hubieran sabido que los antiguos griegos también habían estudiado hidráulica, haciendo observaciones que no pierden su valor por el hecho de que los niños desde el tiempo de ellos han logrado descubrir en tiernas edades lo mismo que los grandes griegos encontraron y el gobierno no.

Lo que los del gobierno deberían haber intuido es que en los embudos el flujo máximo de agua está determinado por el ancho de la boca angosta, no por el de la boca ancha. De esta forma, por más que usted haga más ancha la boca grande, no pasará más agua si no aumenta el ancho de la angosta.

Esta verdad hidráulica tiene la ventaja de que puede ser expresada en muchas otras dimensiones, como que si usted tiene una calle que tiene en un tramo cuatro carriles y en otro, dos, la cantidad máxima de vehículos que pasarán por la calle estará limitada por el tramo de dos carriles. Construir más carriles, túneles o puentes que mueren en un tramo de dos carriles no aumentará el flujo de vehículos a menos que se viole el axioma de los dos cuerpos en el mismo lugar. Los carros no pueden pasar por las casas. Ignorar este tema solo aumentará la velocidad con la que los carros llegarán a la trabazón.

Esto, por cierto, es lo que está pasando ahora que el túnel de la Masferrer está terminado, y es lo mismo que pasó en el otro paso a desnivel que el gobierno hizo en el otro extremo de la Jerusalén. Nunca, nunca jamás se habían armado trabazones tan terribles como las que hay ahora. Y el gobierno no entiende por qué.

Lo aterrorizante del caso es que estos son ejemplos de las cosas más sencillas que el gobierno no sabe y no sabe que no sabe. Al fin y al cabo, podrían haberse dado cuenta de los errores con unos cuantos dibujitos y unas carreritas en los corredores. Imagínese usted lo que pasa en cosas complicadas como la economía y las políticas sociales y de seguridad. Da vértigo pensarlo.

Obras públicas. De Luis Portillo

Luis Portillo, 23 junio 2016 / EDH

Los gobiernos son recordados por los proyectos insignias y la infraestructura que ejecutan. Es decir, los puertos fantasmas, los aeropuertos obsoletos y las carreteras sin terminar fueron el legado del gobierno de Elías Antonio Saca y su equipo en el Ministerio de Obras Públicas (MOP) liderado por David Gutiérrez.

Con la entrada del gobierno del FMLN, uno de los ministros con mayor aceptación y reconocimiento ha sido Gerson Martínez, quien ha estado al frente del MOP por 7 años. Como si estuviera caminando sobre el agua, muchos aplauden la “transparencia” con que se han ejecutado las obras de infraestructura, sobre todo, en el gran San Salvador. Fue tal la presunta corrupción y falta de obras, sobre todo del último gobierno de ARENA, que ahora se aplaude la aparente transparencia en la gestión de la infraestructura de nuestro país. Esto solo demuestra que los humanos nos adaptamos incluso a lo inaceptable, como la corrupción e ineficiencia estatal que se convierte en “normal”.

diario hoyLa gestión de Gerson Martínez, posible candidato presidencial del FMLN para el 2019, debe ser evaluada desde la perspectiva de resultados. Considerando que el parque vehicular de nuestro país esta por llegar al millón de unidades, siendo el 85% de unidades de transporte familiar o personal, es importante que los encargados de la planificación y ejecución de la red vial de nuestro país tengan los pies en la tierra y la mirada hacia el futuro. La medición de la gestión no puede ser en función de los millones de dólares invertidos, kilómetros de carretera construida, metros cúbicos de concreto utilizados, personal contratado u otros datos que típicamente aparecen en las notas periodísticas. Si bien es cierto esos datos son importantes, la medida de éxito aceptable para los ciudadanos debe ser el tiempo promedio de viaje diario, los galones gastados de combustible mensual, la emisión de dióxido de carbono (CO2), la velocidad promedio del transporte de carga, el gasto en reparación de llantas y amortiguadores, entre otros. Es decir, los ciudadanos queremos llegar rápido a nuestro trabajo y sin duda a nuestros hogares, gastar menos en gasolina y repuestos, respirar un aire más limpio y que los productos que consumimos sean más baratos. Si el MOP no está midiendo eso, se puede jactar de ejecuciones aparentemente transparentes, pero no está solucionando los problemas de los salvadoreños. Es más, podría estar desperdiciando recursos que serían de más beneficios para todas nuestras familias.

Un ejemplo claro lo podemos ver en la ejecución de la megaobra del redondel Naciones Unidas. Esta obra sin duda ha impresionado a muchos por su velocidad de ejecución, calidad de obra y manejo del tráfico durante la construcción. Todas estas buenas noticias no son atribuibles al MOP, sino a la empresa constructora a que le adjudicaron la obra. Después de la respectiva fanfarria de inauguración y $17 millones de inversión, el caos vehicular ha regresado al redondel Naciones Unidas, lo cual se trata de resolver con improvisados planes de cambio de circulación y gestores de tráfico. La impresión que se tiene es que las obras publicas son los nuevos monumentos a la ineficiencia gubernamental, que solo buscan aplausos, pero que no resuelven las necesidades de la población.

La planificación es la base de la eficiencia. Aun cuando se ejecuten obras como los pasos de nivel de Naciones Unidas, Redondel Masferrer y Navarra, que no resuelve el problema vial de fondo, los contribuyentes solo veremos millones de dólares invertidos en concreto, pero seguiremos con alto tráfico, que implica contaminación, mayor consumo de gasolina y valioso tiempo perdido. Dado a que se supone que la cartera de obras públicas cumple con lo básico, que es realizar licitaciones transparentes y contratar empresas de primer nivel, el nuevo “normal” debe incluir que las obras realizadas lleven beneficios tangibles a los contribuyentes.