Nazismo

Mugre. De Ernesto Savater

La única diferencia que veo es que alguna vez pudo haber comunistas de buena fe, mientras que un nazi de buena fe es inimaginable.

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 La portavoz de Izquierda Unida en el Parlamento Europeo, Marina Albiol, FOTO: PATRICK SEEGER / EFE

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Fernando Savater, filósofo, novelista y columnista español

Ernesto Savater, 21 octubre 2017 / EL PAIS

Un mes después de asumir la presidencia del Consejo de la Unión Europea con el lema “Unidad y equilibrio”, Estonia convocó para el 23 de agosto una jornada en memoria de las víctimas de los totalitarismos europeos, es decir, el estalinismo y el nazismo. Es evidente que los estonios algo saben del asunto, porque los han padecido a ambos. Lo que no sé es por qué al comunismo lo llaman “estalinismo”, como si antes de Stalin y después no hubiera sido también totalitario. Como si, ya puestos, no lo siguiera siendo hoy, cuando de Stalin ya no se acuerda casi nadie… al menos fuera de los países que sufrieron su caricia de acero. Esta jornada no parecía una efeméride demasiado comprometida, pero sin embargo no logró el paisni mucho menos un apoyo unánime. El griego Tsipras, Podemos, Izquierda Unida, EH Bildu y algún otro grupo parecido se desmarcaron de la celebración proclamando que “equiparar nazismo y comunismo supone un error histórico”. Cosas del parentesco. No sé exactamente qué error hay. Si es el número de asesinados por cada equipo siniestro, dentro de Europa el balance está bastante equilibrado pero China y los jemeres rojos desbordan a sus rivales. La única diferencia que veo es que alguna vez pudo haber comunistas de buena fe, mientras que un nazi de buena fe es inimaginable. Pero eso a las víctimas de unos y otros les ayuda poco

Lo que cuenta es que el comunismo y el nazismo son la mugre política que la UE trató de erradicar. Pero ahí siguen. Marina Albiol, eurodiputada por Izquierda Plural, ha calificado hace unos días a la UE en un tuit de “institución criminal al servicio de los poderosos”. Y eso repantingada en su escaño de Estrasburgo. Ella sí que es un error histórico…

Carta a la generación salvadoreña de postguerra: Rebélense contra la hipocresía. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 20 julio 2017 / MAS! y EDH

Amigos:
El 20 de julio, aniversario del atentado que un grupo de altos jefes militares alemanes intentaron para matar a Adolf Hitler, siempre fue un día complicado durante mi juventud en la postguerra. Declarado por ley “Día de la Resistencia”, pero nunca fiesta nacional, nunca “día nacional”, tuvimos que asistir al colegio en vez de ir a un lago o las piscinas públicas. No había clases, pero un EDH logacto solemne, donde tuvimos que escuchar el sermón del director, que nadie podía entender. No sólo porque éramos muy jóvenes, sino por su incongruencia. Todos sabíamos que el tipo había sido ferviente militarista y nazi durante la guerra, y ahora, democratizado y “desnazificado” el país, le tocó hablarnos de la “noble resistencia” y del “honor de los verdaderos patriotas y militares”.

masPor suerte, también tuvimos un profesor que no sólo una vez al año, no sólo el 20 de julio, nos hablaba del nacionalsocialismo, del nacionalismo, del militarismo, de los crímenes de guerra y del Holocausto. Claro, este hombre no fue nazi durante la guerra, sino preso político, por el crimen de ser socialdemócrata. Por supuesto, a él jamás lo dejaron dar el discurso del 20 de julio…

Los discursos oficiales en el Parlamento, de ministros, jueces, fiscales y diputados, siempre se parecían más al sermón de nuestro director que a lo que nuestro profesor de historia nos hizo estudiar. Nunca explicaron porqué ellos no habían hecho nada contra la dictadura, la guerra y los campos de concentración. Más bien resaltaron a los “héroes del 20 de julio” como prueba que no todos en su generación eran o nazis o cobardes.

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Hitler y Stauffenberg (izqu)

Tampoco explicaron que la élite militar prusiana, en gran parte proveniente de familias aristocráticas como su líder, el Conde Claus Schenk von Stauffenberg, se rebeló contra los nazis cuando comenzaron a perder la guerra, en 1944, no sin antes armarle a Hitler la formidable máquina militar que necesitaba para invadir a Polonia, Francia y la mitad de Europa.

Nadie en estos discursos oficiales mencionaba que la persecución de socialdemócratas, comunistas, y sindicalistas y el exterminio de los judíos comenzó en 1933 – y la resistencia de los militares del 20 de julio hasta 10 años más tarde. O sea, cuando ya habían muerto millones en los campos de batalla, las prisiones y los campos de concentración.

Esta ambivalencia y hipocresía escuchó mi generación de postguerra en nuestras casas, nuestras escuelas, de nuestros fiscales, jueces y gobernantes.

Llegando a la edad propicia para racionar y cuestionar, y topándonos en las universidades con la misma amnesia y las mismas mentiras, nos rebelamos. Surgió la famosa consigna “Debajo de las togas, el tufo de mil años”, haciendo alusión a las vestimentas medievales que en aquel entonces todavía usaban los catedráticos dando clases – y al “imperio de mil años” proclamado por Hitler.

La hipocresía de la generación de nuestros padres y profesores produjo la rebelión estudiantil de los años sesenta.

La historia es para conocer y entenderla. Y para actuar. Saludos,

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