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Hey, ¡las mujeres también opinan! De Cristina López

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Cristina López, 4 abril 2016 / EDH

Tiendo a ser del equipo que considera que usar la burocracia para designar días específicos en los que se celebra o construye consciencia sobre una causa es perder el tiempo y en poco avanza la causa, y sin embargo, las conversaciones y discusiones que se pueden tener usando el día como excusa son de por sí un avance positivo. Usemos como ejemplo el Día Internacional de la Mujer. Abundan las que dicen no necesitar un día para sentirse empoderadas (¡qué bien por ellas!) pero sobran los ejemplos de cómo aún la paridad de género es un concepto foráneo en tantas sociedades.

Claro, se ha logrado avanzar mucho en Latino América: las mujeres votamos, nuestra incorporación a la fuerza laboral fue el motor que explica el crecimiento exponencial de muchas economías latinoamericanas, y más etcéteras que merecen aplausos y palmadas en la espalda. Y sin embargo, hay detalles que indican que nos falta mucho por recorrer. En El Salvador, por ejemplo, cualquiera que se tomara el tiempo de darse una vuelta por los canales nacionales durante la programación nocturna de opinión política pensaría que no hay mujeres capaces de dar una opinión con criterio, pues se encontraría con paneles eminentemente masculinos.

diario hoyEso, a pesar de las demostradísimas capacidades de las mujeres salvadoreñas en roles de liderazgo. Tuvimos a una mujer en la vicepresidencia antes que muchos países desarrollados, la actual presidente de la Asamblea Legislativa es mujer, y sin reconocimiento o gloria, miles de familias en el país salen adelante con una mujer a la cabeza. Pero, para algunos productores de televisión en lo que respecta a opinión pública, un panel de mujeres solo sería justificable para “hablar de temas de mujeres” (¿cuáles son los temas “de mujeres”?). Como ilustración, un panel en el programa salvadoreño 8 en punto transmitido en el canal 33 –irónicamente el día antes del Día Internacional de la Mujer — conformado únicamente por hombres. Ante el comentario en redes sociales de una mujer señalando la falta de representatividad femenina, un administrador bien intencionado contestó “Si un día las invitamos a 8 en punto, ¿qué temas tocarían en el programa?”, como si los que toca un panel masculino (la política, las pensiones, ¡la inseguridad, por Dios!) no podría discutirlo un panel con mujeres.

Y no se trata de paridad de género como fin, por corrección política, o filantropía mal entendida. La paridad es solo el medio. Se trata de periodismo objetivo y acucioso: si lo que se quiere es generar impacto en la opinión pública, idealmente se quiere profundizar en las opiniones y abarcar más terreno en las perspectivas, y simplemente, las experiencias vividas de un hombre y una mujer en países donde hace falta tanto por recorrer en cuanto a paridad de género son tan distintas, que no hay manera que un panel masculino pueda brindar puntos de vista que representen las experiencias de la gran mayoría de la audiencia.

Precisamente porque los temas de políticas públicas las afectan de maneras distintas, las mujeres tendrán perspectivas diferentes que enriquecerían los debates. Por la disparidad salarial, la precariedad política en la que se encuentran las pensiones en El Salvador afecta a las mujeres de manera diferente. Por los altos índices de violencia de género y doméstica, la perspectiva ante la inseguridad en el país que tiene una mujer, es diferente que la que podría tener un hombre.

Si no basta el argumento de enriquecer el debate con más perspectivas, por lo menos vale la pena aumentar la representación de voces femeninas en espacios de opinión por el simple argumento del mérito. Hay importantísimas voces femeninas en el periodismo salvadoreño que podrían aportar brillantes criterios en políticas públicas. En el activismo, varias jóvenes se han hecho un nombre gracias a su emprendedurismo social. Las opciones para los productores de espacios televisivos de debate político, o los editores de los periódicos buscando diversificar las columnas en las páginas de opinión, abundan.

Y si no creen en el mérito, que crean por lo menos en la visibilidad y en el futuro: ver paneles masculinos, siempre, todo el tiempo, contribuyen a construir percepciones sobre quiénes pueden opinar y quiénes no. Queremos países con niñas que crezcan sabiendo que, si quieren, opinar y participar es una opción viable.

@crislopezg

Feminismo blanco. De Cristina López

No hay duda en que los últimos siglos han traído enormes avances en el área de la equidad de género. Más mujeres han logrado salir de la pobreza en Latino América gracias a nuevos accesos a oportunidades laborales. Sigue en la lista de pendientes por conquistar la equidad salarial – que no necesariamente es producto de discriminación descarada, sino de limitaciones que enfrentan las mujeres en lo que a sus opciones laborales se refiere. 

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Cristina López, 19 octubre 2015 / EDH

Esta semana, la conocida actriz Jennifer Lawrence se robó el ciclo noticioso al escribir un ensayo en el que compartía sus experiencias en Hollywood enfrentándose a salarios que muchas veces, injustificadamente, eran bastante menores que los de sus pares masculinos. Y su ensayo abrió el espacio para tener interesantísimas discusiones sobre la equidad de género e irónicamente, la de inequidades existentes dentro de la misma lucha por la equidad de género.

Y es que sí, las consecuencias de las inequidades de género no son “igual de desiguales” para todas las mujeres. Afectan en mucho mayor medida a las minorías raciales, con menos acceso a educación y, por ende, mayores tasas de embarazos adolescentes, mayores posibilidades de vivir en situaciones de pobreza y menores oportunidades laborales. El abogar por simple igualdad de paga en Hollywood es valiente, sí, pero miope y actualmente conocido como “feminismo blanco”, el que aboga por igualdades superficiales y de manera inconsciente de que hay discriminaciones de las que el privilegio protege. Por ejemplo, la brutalidad policial, a lo largo del continente americano, tienen más posibilidades de sufrirla aquellas mujeres que viven en situaciones de pobreza o con rasgos raciales más oscuros.

Pero en países como El Salvador, la discusión de la inequidad salarial, la participación de las mujeres en instancias de poder y en la fuerza laboral, son un lujo. La lucha por estas conquistas solo pueden hacerla las que poseemos el privilegio de tener voz. Los millones de niñas cuyas voces son silenciadas por el miedo a las maras y la violencia de género como consecuencia, no pueden darse el lujo de pensar en conquistas dentro del mercado laboral cuando el miedo y las amenazas de violencia harán que dejen de ir a la escuela antes de terminar la secundaria. Cuando la falta de oportunidades y educación las convertirá en mamás antes de que puedan votar, es difícil que se planteen si es proporcional la participación femenina en la política.

EL-DIARIO-DE-HOY-LOGOLa radio nacional pública, en Estados Unidos, mejor conocida como NPR, publicó recientemente un reportaje desgarrador sobre las “surrealistas razones por las que las niñas están desapareciendo en El Salvador”. El reportaje —un segmento que dura casi quince minutos en una de las radios más sintonizadas en Estados Unidos—, ilustra cuatro historias que en nuestro país se están volviendo demasiado típicas:  la de la niña que tras ser amedrentada por compañeros de escuela pertenecientes a las maras, tuvo que dejar de estudiar;  la de la niña cuya mamá no tuvo otra opción más que intentar mandarla a Estados Unidos para protegerla de las amenazas de violación sexual de su padre, convicto criminal en un penal de alta seguridad; la de la niña cuya amiga, simplemente desapareció sin dejar rastro, tras una serie de amenazas de pandillas. Es indudable que el feminismo ha hecho enormes cosas por la equidad de género en el país. Sin visionarias mujeres como Prudencia Ayala, conquistas básicas como el voto y la participación política habrían tomado mucho más tiempo.  Pero la crisis de violencia es un indicador de que falta hacer mucho más, pues la vida y la libertad son precondiciones para cualquier aspiración a equidad, y la cantidad de niñas y mujeres que tienen la vida y la libertad amenazadas es exorbitante. Si bien vale demandar equidad, olvidarse de que para un porcentaje enorme de mujeres estas demandas son un privilegio, porque les falta lo básico, como vivir o disponer sobre el destino propio, sería una miopía muy al estilo del feminismo blanco. Ojalá los organismos internacionales, con sus agendas y financiamientos, no las olviden tampoco.