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Carta a un joven deportista: Que tu mala suerte sirva para algo. De Paolo Luers

1 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimado José Rafael Flores Vásquez:
Tu foto salió en todos los medios. Un flaco con cara de asustado, a la par de un hombre tatuado. Ambos sin camisa, ambos con señas de los golpes recibidos en la cabeza. A la par el titular: “Policías capturan a pandilleros vinculados a cuatro homicidios”. Foto: “Cortesía” de la PNC.

Los medios reciben y publican diariamente este tipo de fotos. Las toma la PNC a todos los detenidos, las publica en sus páginas de redes, las manda a los medios. Estos las suelen publicar, aunque cada vez que lo hagan, violan la ley. Tal vez no una ley penal, pero sí una ley ética del periodismo: No publicar algo que no se tiene capacidad de comprobar. Es una regla básica.

Por supuesto, si al rato los policías (o el fiscal, o el juez) se dan cuenta que se equivocaron, y que el retratado como pandillero y asesino es inocente, no vuelven a publicar su foto para limpiar su nombre. Nunca. Y tampoco lo suelen hacer los medios que se fueron en la chicahuita. El daño está hecho para la persona que estuvo en el lugar equivocado al momento equivocado, para él y su familia. Y normalmente así queda la cosa…

El caso tuyo fue la excepción. Un amigo tuyo, viendo tu foto en El Diario de Hoy, y sabiendo que ya te habían puesto en libertad, habló a un periodista del Diario para señalar el error. El Diario obtuvo la confirmación de que no existe ningún cargo contra vos y consiguió la denuncia que hiciste ante a Procuraduría de Derechos Humanos por el maltrato a manos de los agentes que te detuvieron. Los colegas tomaron la decisión correcta: publicaron el día siguiente la verdadera historia – y la verdadera foto: vos en tu bicicleta, como seleccionado de ciclismo que sos – no como “vinculado a 4 homicidios” a la par de un hombre tatuado.

Es más, en la redacción del Diario se reafirmó la regla de no publicar las fotos de presentación de detenidos que difunde la PNC. Una buena decisión, que otros medios deberían emular. Un acusado puede salir con nombre, apellido y foto solo cuando un juez haya confirmado que existen sospechas fundamentadas de su culpabilidad que justifican mandarlo a juicio. Así debe ser. ¡Gracias, colegas!

Es más, muchos abogados consideran que la manera como la PNC presenta a sus detenidos a la prensa es inconstitucional, sobre todo la forma denigrante como suelen hacerlo. Y si es así, los medios nunca deberían hacerse cómplice publicando estos videos y fotos. Tu caso comprueba los riesgos de esta mala práctica de la PNC – y de los medios.

La PNC, lamentablemente, no se limita a proporcionar estas fotos de sus detenidos a los medios. La PNC (y el ministerio de Seguridad, que parece más una extensión de la policía que una instancia civil que la supervisa), mantiene sus propios medios. Uno de ellos se llama “Radar”. Se presenta en Internet y redes sociales como “medio digital informativo”, pero no es otra cosa que un instrumento de propaganda del Ministerio de Seguridad y de la PNC, manejado por un equipo que centraliza las comunicaciones de ambas instituciones. “Radar” también difundió la foto tuya, y toda una historia de acción inventada. Por supuesto, tampoco rectifica cuando se ha equivocado. Jamás. Y se equivoca bastante, casi por diseño…

Es un hecho positivo que El Diario de Hoy rectificó en tu caso. Lamentablemente es la excepción en nuestros medios – y debería ser la regla. Como periodista, no me queda más que pedirte disculpas que te hayamos exhibido como pandillero y asesino.

Suerte te desea


La cambiante efectividad de los mítines. De Manuel Hinds

10 octubre 2018 / EDH-Observadores

Hubo una época en la que los mítines eran el medio más importante para ganar cualquier elección. Hay muchos que dicen que ese tiempo pasó ya hace muchos años con el advenimiento de nuevas tecnologías de comunicación, que permiten una mayor cobertura de la población con un esfuerzo mucho menor en términos de trabajo y dinero. Hay muchos otros que dicen que el territorio sigue siendo insustituible porque establece una relación mucho más íntima con el electorado y porque permite la interacción entre éste y el candidato. Quién tiene la razón en esta controversia es una cuestión pragmática.

Los avances de la campaña electoral en El Salvador parecen confirmar la primera opinión. De acuerdo con la encuesta de la UTEC, la población coloca a los mítines como el quinto medio más efectivo para realizar una campaña electoral, con números mucho más bajos que los dos primeros. La Tabla 1 muestra que sólo el 7.6% de la población piensa que el medio más efectivo son los mítines, cuando el 34.1 y el 29.3% piensan que son la TV y las redes sociales.

TABLA 1 TV Redes Sociales Reuniones por sectores Radio Sub-Total Mítines
% de población 34.1% 29.3% 9.8% 7.6% 80.8% 7.6%

La Tabla 2 muestra otra manera en la que se muestra que la eficiencia de los mítines no es la que antes se pensaba. Hasta este momento sólo el 30% de los pobladores han tenido mítines en sus localidades. La primera fila de la tabla muestra a quienes mencionaron los encuestados de ese 30% que los habían visitado. La segunda fila muestra el resultado de la simulación de voto. Note que el candidato que tiene más de esos votos es el que menos mítines ha tenido. Mientras que el número de mítines es menos de la mitad, el número de votos es más del doble. Por otro lado, es claro que el que más ha invertido en redes sociales va ganando.

TABLA 2 Nayib Bukele Carlos Calleja Hugo Martínez Josué Alvarado
Del 30% de la población que ha tenido mítines, ¿con qué candidato los ha tenido? 22.3% 46.5% 26.6% 0.2%
Simulación de voto 41.9% 18.3% 11.3% 0.2%

Hay tres observaciones que es necesario hacer en esta comparación. La primera es que el medio usado no es el único factor que interviene en dar forma a las preferencias de la población. Es decir, no podemos atribuir las diferencias en la Tabla 2 sólo a los medios usados, aunque sí muestran que los que creen que los mítines son decisivos parecen estar muy equivocados. Sin embargo, como tanto se ha enfatizado por tanta gente, la segunda observación es que se puede decir con seguridad que el que descuida las redes sociales va directo a perder.

La tercera es que, según los encuestados, las reuniones con sectores (médicos, enfermeras, agricultores, etc.) son más efectivas que los mítines porque además de permitir la interacción con el público, a la vez permiten discutir más en detalle las propuestas de políticas y recibir críticas de personas que no están tan asociadas con un partido político como para ir a un mitin en el que se cantan canciones de ese partido y se visten sus camisetas. Es decir, mantienen al candidato más en la realidad.

Finalmente, hay una observación general que es muy importante. El valor de las encuestas no está en que predigan los resultados de una elección, sino sólo en mostrar las tendencias de las opiniones de la población. A los que más ayudan es a los que salen con números menos favorables, ya que les permite reevaluar sus estrategias. Lo malo para éstos sería que todas las encuestas dijeran que todo va muy bien, sólo para despertarse el día después de las elecciones con la desagradable sorpresa de que los números rosados, que los hicieron sentir tan bien en la campaña, los llevaron a descuidarse sin darse cuenta de lo que realmente estaba pasando.

La encuesta de la UTEC no dice cosas cualitativamente diferentes de lo que dicen todas las demás. Marca una situación en la que un candidato, si bien no es seguro que ganaría en primera vuelta si las elecciones fueran ahora, las ganaría seguramente en la segunda vuelta. Ninguna otra encuesta seria ha dado un resultado distinto. Los resultados de todas estas encuestas deberían de crear la ocasión para reflexionar a fondo y cambiar las estrategias que han llevado a la situación actual.

Enseñar feminismo. De Cristina López

Cristina LópezCristina López, 9 enero 2017 / EDH

Esta semana la Fiscalía General de la República — como siempre con más ruido que nueces — anunció la captura de un pez gordo. En el sentido metafórico y literal, pues capturaron al Gordo Max y a otros sujetos acusados por remunerar actos sexuales con menores de edad. Lo que se desató a continuación, es de no creer (realmente es de no creerlo, la anterior frase no es una sátira de los poco afortunados titulares que muchos “medios” usaron para dar a conocer la noticia). Inmediatamente se vino una avalancha combinada, compuesta por amarillismo periodístico, doble victimización y sexismo asqueroso; todo un circo macabro que ilustra precisamente por qué nos hace falta tanto como sociedad la única cosa que podría resolver todos y cada uno de los anteriores problemas, y es educación sobre lo que significa la igualdad de género (al vivo a señas: feminismo).

diario hoyEmpecemos por el amarillismo mediático. En países como el nuestro, el morbo atrae y por eso los medios lo ponen por delante en sus reportajes sobre crímenes sexuales. El morbo de saber “qué dijo el acusado, ¿se rió? ¡Hizo una broma!” no informa. De hecho, tiene la peligrosa consecuencia de que humaniza a quien se acusa de haber hecho algo monstruoso. En los casos de abusos sexuales, violaciones, y trata humana, un periodismo que no se enfoca en las víctimas y en las consecuencias del delito, es un periodismo que le falla a las víctimas. El enfoque tampoco puede ser culpar a la víctima. De hecho, explicar por qué los actos de la víctima en un caso de trata de menores no tienen relevancia alguna en la tipificación del delito, es un enfoque instructivo que haría que el reportaje generara algo de valor más que morbo. Mientras los medios no hagan consciencia de que, además de informar, sus reportajes moldean la cultura, seguirán fallándole a las víctimas y perpetuando comentarios entre sus lectores como que “el hombre llega hasta donde la mujer lo deje”, el estúpido arquetipo que impone la absoluta responsabilidad de no ser violada o usada a la mujer, ignorando circunstancias y librando al hombre del libre albedrío que le separa de los animales, como si fuera un pobre incapacitado de la voluntad.

Claro que las reacciones reflejan mucho del sexismo de la sociedad que tristemente, más que solo respirado en el ambiente, es transmitido de generación en generación. A las niñas se les enseña que la culpa de un asalto, abuso, o violación es de ellas (como se visten, como bailan, la cantidad que tomen o con quién se junten). Les dicen que “en gaveta abierta todos meten la mano”. Y a los niños, en este mismo tema, nada. Se les aplaude si meten la mano. Se sabe que en un país urge hablar y enseñar qué significa el consentimiento cuando ni las autoridades encargadas de la implementación de las leyes lo entienden, con alguien que cuenta con rango oficial diciendo que en el caso de la trata de menores “las menores iban con consentimiento, aunque con engaños”. Buena oportunidad para los padres educando niños para explicar qué significa el consentimiento y que no se puede dar si hay engaño de por medio. Y que la ley, para ayudar a borrar arbitrariedades y diferencias en el desarrollo emocional y biológico, ha estipulado que para perfeccionar este tipo de consentimientos se tengan 18 años.

En general, buena oportunidad para los padres, medios de comunicación y cualquier entidad con influencia formativa para los individuos en la sociedad para enseñar respeto en vez de miedo. Enseñar que “no”, no significa tal vez o sí. A enseñar que las diferencias (de poder, de edad, de dinero) no pueden usarse para conseguir síes. A enseñar que el cuerpo, la atención y el tiempo de una mujer no los merece nadie por ser hombre ni son el derecho de nadie porque podía comprarlo o tomarlo por la fuerza: la mujer los entrega solo si quiere. A enseñar que todas las personas, mujeres y hombres, menores y mayores de edad, requieren respeto. En pocas palabras, enseñar feminismo, que, al fin y al cabo, eso significa.

@crislopezg

Matando al mensajero. De Max Mojica

max mojica-xMax Mojica, 6 junio 2016 / EDH

“Matar al mensajero” es una frase metafórica que se refiere al acto de culpar a una persona que trae malas noticias en vez del autor de las mismas. Anteriormente, los mensajes eran enviados por un emisario humano, por lo que a veces el destinatario del mensaje -fuera de control después de haber recibido noticias adversas- fácilmente podía desquitar su ira con el mensajero, en vez de dirigir su furia con el responsable de generar las malas noticias.

Plutarco, en su Libro “Vidas”, narra cómo el Rey Tigranes cortaba las cabezas a los mensajeros portadores de malas nuevas, complaciéndose únicamente con aquellos que lo halagaban. Posteriormente, William Shakespeare, en sus obras “Enrique diario hoyIV” y en “Antonio y Cleopatra”, satirizó la necesidad que tienen los poderosos de descargar su ira cuando a estos no les gustaban los mensajes recibidos. Cuando se le informa a Cleopatra que Antonio se casó con otra mujer, ésta amenazó con sacar los ojos al mensajero, a lo que este elegantemente responde: “Graciosa madame, yo traigo las noticias, no he hecho a la pareja”.

Una aplicación moderna de la expresión ocurre cuando se culpa a los medios de comunicación por brindar malas noticias sobre un hecho o sobre las causas que lo generaron. Al atacar al medio de comunicación, se genera una respuesta emocional momentánea hacia noticias no bienvenidas, pero no constituye un método efectivo para brindar una solución a los problemas o adversidades que los mensajeros enuncian. “Matando al mensajero” –es decir, cerrando periódicos o noticieros, imponiendo censura o controlando libre expresión-, no es el camino por medio del cual se brinda solución a los problemas de una nación -asesinatos diarios, por ejemplo-. Ningún problema se soluciona escondiéndolo o evitando hablar de él.

Una variante de lo anterior es el “argumento ad hominem”. Este es un tipo de falacia que consiste en dar por falsa una afirmación tomando como argumento alguna característica propia del emisor de esta. Mediante ella, se intenta desacreditar a la persona (político, analista, periodista) que defiende una postura, señalando una característica de esa persona (“oligarca”, “evasor”) o fomentando una creencia impopular respecto de ella (“narco”, “escuadronero”, “pluma pagada”).

Este tipo de recurso es una técnica retórica poderosa, usada habitualmente por políticos populistas para convencer a quienes se mueven más por sentimientos y reacciones emocionales que por razones lógicas. No se atacan los argumentos propiamente dichos, sino al hombre o institución que los produce y, más concretamente, su origen, raza, educación, riqueza, pobreza, estatus social, pasado, moral, familia, etc.

Lamentablemente en El Salvador, de forma habitual se ataca a las personas o instituciones molestas para el Gobierno o para los grupos de poder, en vez de atacar las ideas –sociales, económicas o políticas- enunciadas, promovidas o defendidas por estos. Así vimos persecuciones judiciales, sin base, contra prominentes pensadores y editorialistas salvadoreños de oposición (Miguel Lacayo y Guillermo Sol Bang, por ejemplo), promovidas para callar sus ideas y paralizar sus plumas; ataques personales derivados de situaciones familiares para descalificar a titulares de fundaciones molestas al gobierno; calificar de “evasores de impuestos” -sin ninguna base real- a grandes empresarios o reconocidos medios de comunicación, para restar validez a sus sólidos argumentos; o calificar de “vendidos” o de “plumas pagadas” a pensadores de izquierda que no aceptaron alinearse con las nuevas políticas desarrolladas por el partido en el poder.

Creo que personalizar el ataque es un acto vil y cobarde, ya que quien voluntariamente acepta renunciar a la comodidad del anonimato para exponer sus ideas en público para el bien de la colectividad, no solo merece todo respeto (aunque no se compartan sus ideas), sino también debería ser objeto de admiración por el solo hecho de sacrificar su vida privada en pos de sus ideales, sean estos de izquierda o de derecha.

La verdad sea dicha, considero que cuando políticos y hordas de Trolles controlados por estos atacan a la persona en vez de atacar sus ideas, es por el simple hecho de no tener suficientes argumentos para contrarrestar lo acertado y real de sus mensajes; y esto es debido a que la democracia en El Salvador ha avanzado a un ritmo superior al que ha avanzado la calidad de ideas, recursos y debates de la clase política. Los ciudadanos seguimos a la espera de debates políticos de altura, centrados en propuestas reales y viables para brindar solución a los importantes problemas del país, y no en golpes bajos y críticas barriobajeras, que únicamente entretienen a su fanático “voto duro”, sediento de escándalos y shows mediáticos.

Ojalá que dentro de poco, con la incorporación de nuevos actores políticos, los electores podamos presenciar discusiones de ideas y planteamientos técnicos, para que de una vez por todas, dejen de cortar cabezas a los que se atreven a actuar como portadores de estas.

@MaxMojica

Mea culpa. De Cristina López

Cristina López, 9 mayo 2016 / EDH

Reconozco que me equivoqué, y mucho. Era junio de 2015 y el acto de circo ambulante mejor conocido como Donald Trump acababa de anunciar su candidatura. Dije y escribí, no una, sino varias veces, que no existía escenario posible en el que alguien tan poco preparado pudiera lograr la candidatura del partido Republicano, cuya base evangélica y conservadora jamás aceptaría a alguien con la opacidad ideológica que ha demostrado Trump. Y no estaba sola en mi error: la prensa política también hizo la misma lectura.

Y porque era risible, desde los medios cubrimos cada una de sus meteduras de pata, documentamos su incompetencia cultural, revisamos la veracidad de sus declaraciones (nula, del mismo nivel que una obra de ficción), hicimos escrutinio burlón de su pasado de reality shows y nos mofamos de su pelo, entretenidísimos. Porque entretenía, lo pusimos en la tele y le regalamos horas de diario hoycobertura por las que otros candidatos pagan millonarias sumas. Cuando no estábamos viendo su cara anaranjada gritando improperios y estereotipando acusatoriamente a nacionalidades y religiones enteras, estábamos discutiendo sobre él, repitiendo una y otra vez cómo jamás ganaría la nominación.

Mientras tanto, sus políticas de división racial atraían como moscas al excremento a sectores de la población sumamente descontentos, buscando culpar a algún chivo expiatorio (a China, a los inmigrantes, al libre comercio, ¡a quien sea!) por el estancamiento económico en el que se encuentran. Por primera vez, el tipo de cosas que solo se oyen en los intestinos de la internet (sugerencias de campos de detención para musulmanes y extremismos de ese calibre) encontraron una potente plataforma que entusiasmadamente volvía promesas de campaña sus teorías de conspiración. El racismo casual que se escucha solo en los programas de radio de la derecha extrema (afiliada sin vergüenza alguna a grupos de nacionalismo blanco) encontró a su campeón. Y precisamente porque este tipo de medios de comunicación no necesita ganar elecciones, no tienen incentivos para moderar su tono. Buscan encender pasiones, pues eso genera más audiencia. Consiguieron mover a Trump y arrastrar con él lo poco rescatable que quedaba del partido, hacia la derecha populista.

Lo anterior lo está pagando caro el partido Republicano, que podría perder el control del senado si su electorado moderado se toma la nominación de Trump como un insulto. Muchos conservadores han amenazado no salir a votar, pues ven entre la elección de Trump y la de Hillary Clinton (la probable nominada del partido Demócrata) el equivalente a la frase célebre con la que Mario Vargas Llosa describió una vez la falta de opciones electorales en el Perú: como una elección entre el sida y el cáncer.

Pero la culpa, al final, no es de la población descontenta de la que se está aprovechando Trump. La culpa es nuestra, desde los medios de comunicación. Por no tomárnoslo en serio desde el principio. Por cubrirlo refiriéndonos a él como “polémico” y describiendo su retórica como “controversial”. A veces, para que el periodismo sirva su propósito social de confrontar al poder y cubrir la verdad, hay que sentar postura. Y con Trump, nos tardamos demasiado en hacerlo. Mea culpa. Esta versión de la vida real de los Hunger Games la escribimos nosotros.

@crislopezg

Medios a la medida. De Mariana Belloso

Mariana Belloso

Mariana Belloso, 20 marzo 2016 / LPG -Séptimo Sentido

Ya sé, ya sé: usted me dirá que siempre ha sido así, que los medios de comunicación son instrumentos de los grupos de poder, que responden a agendas específicas, que se moldean a los intereses de los dueños… créame, he escuchado eso innumerables veces.

Porque eso somos: profesionales. La mayoría hemos estudiado años y años, y nos seguimos especializando. Nos ha tocado aprender desde cero en las redacciones, escalar a fuerza de experiencia, asoleadas, mojadas, erupciones volcánicas, emergencias nacionales, maratónicas jornadas electorales y cualquier otra cosa que se pueda usted imaginar en ese caleidoscopio que conforma la agenda nacional.

No es fácil ser periodista, ni en este país ni en ningún otro lado. A decenas de colegas los matan cada año por tratar de acercarse a la verdad, esa utopía escurridiza que nos anima a seguir cada día tratando de dar lo mejor. Muchos otros deben huir de sus países, y los menos afortunados no tienen más que seguir en el oficio en condiciones duras, en medio de peligros y amenazas, malpagados y maltratados por las audiencias.

Ese es nuestro pan diario: gente que lee las noticias y, como ha sucedido desde los principios de nuestras civilizaciones, se enojan por el mensaje y culpan al mensajero. Ya perdí la cuenta de las veces que me han dicho periodista mentirosa, vendida, mentera o, en el caso más amable, ignorante. Y sin embargo, acá seguimos, enamorados de este oficio ingrato, tratando de dar lo mejor.

Desde esta perspectiva es que hoy escribo sobre los “medios” que últimamente se multiplican en la web. Y no me refiero a los periódicos digitales que cuentan con redacciones estructuradas, periodistas de profesión, editores y agendas de investigación bien definidas. De hecho, estos han traído variedad a la gama de fuentes de información disponibles, están ayudando a democratizar el acceso a la misma y han ayudado a que salgan a la luz temas que no tendrían cabida en los medios tradicionales.

Me refiero a los medios sin rostro, sin firmas, sin siquiera una locación física a la que poder acudir para tratar de ver quién está detrás de ellos. Estos medios aparecen de un día para otro, reproduciendo notas internacionales y luego informando, extrañamente, de las actividades de cierto político, funcionario, alcalde o grupo en específico. Medios a la medida, tal cual.

En este auge por los medios digitales muchísimas personas dan por cierta cualquier cosa que leen en Internet. Confían ciegamente, leen, se indignan, comparten. Y así, se vuelven virales noticias falsas, exageradas, armadas, de nuevo, a la medida de la billetera que está detrás de estos supuestos medios.

En el mundo, mientras tanto, cada vez son más las publicaciones tradicionales que abandonan el papel y se quedan únicamente en el formato digital. En muchas sociedades se está viendo como un paso natural la desaparición de los medios impresos y la multiplicación de los digitales. Pero lo que hace la diferencia, como lo ha hecho desde los inicios del periodismo, es la calidad del contenido, no la plataforma.

El reto se extiende para ambos lados, tanto para los lectores como para los periodistas y empresarios de los medios. Por un lado, el lector, el consumidor de la información, debe estar alerta de que lo que está consumiendo es información verificada, proporcionada por una fuente fidedigna, con la firma del autor, y no cualquier bulo que se vuelve viral por curioso-raro-morboso.

Y para los medios y los periodistas que trabajan en ellos, el gran reto es no abandonar la calidad y no caer en la moda de la viralidad, no dejar de lado la sustancia del contenido ni abandonar las misiones fundamentales de informar, educar y dar datos de utilidad a nuestras audiencias.

Nubes negras sobre la libertad de prensa. De Karla Hernández

karla hernandez

Karla Hernández, diputada del deparatmaneto La Libertad por ARENA

Karla Hernández, 7 diciembre 2015 / EDH

diario hoyEn los últimos meses hemos visto dos intentos desde la Asamblea Legislativa, el primero de GANA y luego otro del FMLN, para tratar de poner frenos a la libertad de prensa, a través de propuestas de ley.

Dichos intentos parecen estar relacionados a las últimas publicaciones sobre casos  de funcionarios públicos que se encuentran bajo investigación por sospechas de enriquecimiento ilícito y otros similares y que, como es de esperarse, los medios de comunicación han dado amplia cobertura e investigación.

Dada la misma naturaleza que poseen los medios, es difícil que sean manipulados por partidos políticos, funcionarios o personas. Por supuesto que aquí, como sucede en otros países, el gobierno de turno tiene sus propias vías para comunicar su discurso, medios que por la naturaleza del trabajo que realizan, no cumplen con los requisitos para que sean confiables y verídicos en su información.

A la par de los medios con que contamos, en El Salvador al igual que sucedió en la mayoría de países, las redes sociales dinamizaron la forma en que los ciudadanos con acceso a tecnología, podían expresarse, manifestarse, hacerse escuchar, ejercer su derecho a la libertad de expresión, de cara, y dando la cara con respeto.

Pero si bien las redes sociales permiten que los ciudadanos comunes y corrientes nos expresemos, debemos de tener claro que la fuente de la noticia, con sus investigaciones, testimonios, verificaciones, etcétera, proviene de los medios informativos  serios, y esa es para mí suficiente razón para protegerlos de caer en lo mismo que ha sucedido en países con gobiernos socialistas como el de Venezuela y Ecuador, donde las mordazas llegaron acompañadas de una represión tremenda.

Las leyes relacionadas con la libertad de prensa que salgan de la Asamblea Legislativa, no pueden buscar amarrar o tener por objetivo cercar a los medios, porque al hacerlo, que es el planteamiento del FMLN, estaríamos limitando el derecho ciudadano a estar informados.

En el “Documento sobre la formación económico-social de El Salvador” emitido en su congreso y en el cual se emula el documento final del pasado Foro de Sao Paulo, el FMLN escribió: “La oligarquía está bien organizada y además de su instrumento político fundamental, el partido ARENA, tiene un peso importante en el Estado y los gremios empresariales, y dispone de fundaciones, universidades, intelectuales, medios de comunicación…”, cargando nuevamente contra estos.

El partido de gobierno insiste en limitar el ejercicio de la prensa, llegando incluso a culparlos por situaciones como la inseguridad que vivimos actualmente, tal y como lo hemos escuchado del mismo presidente de la República y dirigentes del FMLN en varias oportunidades.

¿Cómo vamos a generar el debate público que la democracia demanda si amordazan a los medios? ¿Cómo va el ciudadano a pedir cuentas a sus funcionarios, a su gobierno si no cuentan con medios libres, pluralistas, independientes y profesionales?.

A muchos funcionarios no les gusta la fiscalización de ningún tipo, olvidando que la rendición de cuentas es parte de la demanda ciudadana. Ignorando que cada día, hay más ciudadanos rechazando la corrupción y la impunidad.

Los diputados debemos cumplir, antes de que termine este año, el mandato de la Sala de lo Constitucional referente a la “Ley de Indemnización por Daños de Carácter Moral”.

Nuestra propuesta no busca intimidar a los periodistas, lejos de eso, se busca fortalecer a quienes funcionan como un vigilante que proporciona a la población, herramientas de empoderamiento.

El partido de gobierno insiste en copiar modelos socialistas con los que se trata de anular el trabajo de los medios informativos, cerrando los ojos ante una realidad que parece imparable: esos modelos que tanto admiran y a los que rinden culto están cayendo en Suramérica, abriendo nuevamente a los ciudadanos la participación que lleva a la democracia.