Mariano Rajoy

Bajo la mirada del mundo. De Lluís Bassets

Un dirigente político es, ante todo, alguien que sabe comunicar con los ciudadanos, explicarles lo que está haciendo y hacer comprensibles sus decisiones más difíciles.

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 Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en La Moncloa

Lluís Bassets

Lluís Bassets, periodista catalán, director adjunto de El País

Lluís Bassets, 2 octubre 2017 / EL PAIS

El mundo nos miraba y no le ha gustado lo que ha visto. El balance no puede ser peor para la imagen del Gobierno y como corolario de España. Rajoy ha evitado el referéndum de autodeterminación, pero el precio que ha pagado ha sido el de una severa erosión del prestigio democrático español.

Los socios europeos esperaban que hiciera lo que tenía que hacer, especialmente para evitar que la crisis catalana se convierta en crisis europea. Pero que lo hiciera bien. Tenía muchas cosas a favor: el principio de legalidad, también una solidaridad europea de principio y obligada entre socios, incluso el interés común en reforzar el camino de unión y la integración.

el paisEl Gobierno independentista hizo su propia contribución al desprestigiarse ante los socios internacionales, primero, con su irresponsable gestión de los atentados del 17 de agosto, convertidos en ocasión para erosionar al Gobierno en Madrid, y luego, con la fraudulenta aprobación parlamentaria de las dos leyes iliberales de desconexión, la del referéndum y la de la transición y fundación de la república.

Con estas cartas en la mano, a Rajoy solo le faltaba paralizar el referéndum de forma que fuera aceptable y comprensible para el conjunto de España y especialmente para los preocupados socios europeos. El combate que debía librar, se ha visto ahora, era consigo mismo. Primero contra su laconismo. Un dirigente político es, ante todo, alguien que sabe comunicar con los ciudadanos, explicarles lo que está haciendo y hacer comprensibles sus decisiones más difíciles. No es el caso de Rajoy, que incluso cuando debe dar cuenta de jornadas tan difíciles como la de ayer, se atiene a un guion previsible e inane, sin capacidad alguna de conectar.

El segundo combate consigo mismo afecta al campo político, donde Rajoy se mueve como un presidente ausente, como si atendiera aquel viejo consejo del dictador: “Haga como yo, no se meta en política”. Rajoy la subarrienda a los abogados del Estado, a los jueces, a los fiscales, a los policías incluso, al final a los ciudadanos, confluyendo así por pasiva en la inteligente técnica del outsourcing (externalización) de un Procés, que es digital y ha confiado a los ciudadanos la realización práctica del referéndum. El resultado es la catástrofe del 1-O, en la que han sufrido físicamente los ciudadanos en manos de los policías, mientras los responsables de los delitos y los desperfectos, de uno y otro lado, se siguen enfrentando verbalmente a través de sus respectivos medios de comunicación.

Esto tampoco puede gustar fuera de España. No gustaba Puigdemont y ahora no gusta Rajoy. Y no gusta esta realidad de dos gobiernos enfrentados en una situación de doble poder, que evoca momentos prerevolucionarios y alienta el recuerdo de los peores años de nuestra historia, cuando España se hizo triste y mundialmente célebre entre 1936 y 1939.

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El desafío independentista catalán

Ni Rajoy ni Sánchez. Editorial de EL PAIS

el paisPedimos a los dos responsables del bloqueo que den un paso atrás.

 Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en sus actos de partido este sábado.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en sus actos de partido este sábado.

Editorial, 4 septiembre 2016 / EL PAIS

Fracasada la investidura de Mariano Rajoy, se glosa lo sucedido como si fuera un incidente de recorrido. Domina la impresión de que el PSOE puede entrar en crisis, bien porque dirigentes de peso obliguen a Pedro Sánchez a abstenerse en un segundo intento de Rajoy, bien porque el propio Sánchez consiga seguir adelante en su insensato camino. Y empieza a ponerse sobre la mesa la necesidad de que el PP busque un nombre que sea capaz de generar más apoyos de los que ha conseguido Rajoy. No menos extendida se encuentra la idea de acudir a votar por tercera vez, en Navidad o quizá una semana antes.

Entre toda esta confusión, lo primordial a nuestro juicio es impedir que los españoles tengan que volver a las urnas, algo que hay que evitar de cualquier forma. Se detecta entre muchos de nuestros dirigentes políticos un profundo error de apreciación de lo que significan las urnas, un instrumento que no se puede banalizar. Equiparar la trascendencia de repetir las elecciones a la de una ronda de encuestas daña la credibilidad del sistema político. Lo peor es que se pretende presionar al cuerpo electoral para que acepte dar mayoría amplia a algún partido, lo cual equivale a forzarle a rectificar las decisiones que ya ha tomado. Decimos con toda claridad que forzar una tercera convocatoria de elecciones nos parece un fraude democrático de primer orden que no debe ser consentido. Convocar a la ciudadanía nuevamente simplemente porque disgusta el resultado anterior de las urnas deslegitima tanto al sistema como a los que pretenden hacernos transitar por ese camino.

“Una terceras elecciones supondrían un fraude
a la democracia que no debe ser consentido”

No se puede frivolizar con la idea de que se está mejor sin Gobierno: hasta un mal Gobierno es mejor que el vacío en el que vivimos desde hace ochos meses. Hasta ahora el crecimiento económico no se ha visto mermado por la provisionalidad del Ejecutivo, pero nadie debe tentar la suerte. No habrá Presupuestos del Estado para 2017 sin un Gobierno en plenas funciones, puesto que el Gabinete interino tiene vedado legalmente presentarlos. No se pueden realizar nombramientos. La tensión secesionista de las autoridades de Cataluña y la agitación existente en la Unión Europea —acentuada por el Brexit— requieren un Gobierno muy atento y con plenas capacidades. Tampoco se puede ejercer el control parlamentario sobre el Gobierno en funciones.

“En caso de un bloqueo como el actual,
debe gobernar la fuerza más votada”

Falta en la Constitución un mecanismo de salida para situaciones de bloqueo como la actual. Y convocar las terceras elecciones generales en un año no puede sustituirlo: llevamos dos y ni siquiera está claro que a la tercera vaya la vencida. Por eso las cúpulas partidistas, tan dispuestas a ponerse de acuerdo para una reforma exprés de la ley electoral, tienen otra tarea prioritaria: pactar un procedimiento que impida el grotesco recurso a otras elecciones navideñas. A las demás fuerzas políticas puede parecerles inconcebible permitir el gobierno del partido más votado, pero, a falta de alternativa, esta es la solución más respetuosa con la voluntad expresada en las urnas.

Hemos pedido insistentemente que el PSOE se abstuviera en la investidura de Rajoy y que le permitiese formar Gobierno, por muy poco que lo mereciese. Esa posibilidad se ha esfumado por la terquedad de Sánchez en su viaje a ninguna parte. Ahora ya ha quedado claro que ni Rajoy ni Sánchez, cuando lo intentó en abril, han sido capaces de reunir apoyos suficientes. Quizá ha llegado el momento, como sugirió el viernes Albert Rivera ante el Congreso, de que ambos políticos den un paso atrás y dejen que otros líderes en sus respectivos partidos busquen mejor suerte. Si algo ha quedado claro en todos estos meses turbulentos es que ni Rajoy ni Sánchez reúnen las condiciones adecuadas para gestionar esta crisis. El primero ha sido el más votado en dos elecciones sucesivas y reclama con razón un reconocimiento. Pero lo cierto es que también es la figura que simboliza a un partido que debe pagar un precio por la corrupción. Entendemos el sacrificio personal que esto representa para Rajoy, pero él mismo ha esgrimido en el último debate de investidura argumentos de patriotismo que muy bien pueden valer ahora para justificar ese paso. En cuanto a Sánchez, su incapacidad para hacer buen uso de esos 85 diputados que le han dado los ciudadanos ha sido palpable. Ya debería haber renunciado tras dos derrotas históricas consecutivas. Pero él mismo se ha cargado de razones para hacerlo durante este periodo en el que ha conducido al PSOE a la irrelevancia.

Hay que evitar la repetición de elecciones a cualquier precio. Cuando llegue el momento, insistiremos en que si el PSOE o el PP no pueden formar Gobierno tampoco deben impedir que el otro lo haga, descartando al mismo tiempo aventuras suicidas que los socialistas no deberían permitir jamás. Y creemos que sin Rajoy ni Sánchez las posibilidades de unir fuerzas para que se forme un Gobierno crecen considerablemente.

 

“Hemos conocido una derecha civilizada”

Lectores de EL PAÍS responden a la pregunta: ¿Debe Rivera apoyar a Rajoy?

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Mariano Rajoy conversa este martes con Albert Rivera en el Congreso. PIERRE-PHILIPPE MARCOU (AFP)

el pais12 julio 2016 / EL PAIS

Estas son las respuestas de los lectores a la pregunta formulada por el director de Opinión de EL PAÍS, José Ignacio Torreblanca, sobre si Ciudadanos debe apoyar al PP y facilitar la investidura del próximo presidente del Gobierno.

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Ningún dirigente o partido que haya esgrimido en algún momento una ambición regeneracionista puede apoyar un Gobierno del PP tras el rodillo de la mayoría absoluta de 2011-2015, ni mucho menos formar Gobierno. Salvo que se quiera traicionar la principal exigencia ciudadana, que es la de la coherencia. En aras de la gobernabilidad del país puede, a lo sumo, abstenerse. La responsabilidad de la mayoría solitaria del PP es únicamente del PP. El PP, y Mariano Rajoy, han sido los únicos que han mejorado resultados el 26-J. Sería, pues, hasta cierto punto contra natura y contra la voluntad popular hacer malabares para formar Gobiernos alternativos. Pero una cosa es no ser obstruccionista y otra muy distinta avalar desde otros partidos y en especial los nuevos la política del PP. Si el PP no ha renovado su mayoría absoluta, por algo será. Pablo García Astrain

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De entrada, mi respuesta es no. Y ahora expongo mis razones:

1. En el PP no ha cambiado nada con respecto a las condiciones que se dieron tras el 20-D y entonces Ciudadanos le dijo no a Rajoy. ¿Por qué tendría que cambiar ahora?

2. Tras el 20-D, Ciudadanos construyó, junto con el PSOE, un programa de gobierno con el que Sánchez se presentó a la investidura. No veo ningún motivo en la situación actual como para anular aquel pacto y sustituirlo por otro con el PP.

3. Ciudadanos ha basado parte de su campaña en la regeneración política y ha establecido como línea roja la corrupción. En el PP, desde el 20-D solo han existido más casos de corrupción, a lo que habría que añadir las conspiraciones del ministro del Interior en Cataluña; una razón más para no pactar con el PP.

4. Pactar un coalición de Gobierno con el PP podría suponer para Ciudadanos la fagotización de esta formación por el PP y, prácticamente, desaparecer en un corto espacio de tiempo no más allá de dos legislaturas (similar al caso de UPyD). Vicente Fdez. Arias

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Rivera no debe ni puede pactar con Rajoy.

Los votos recibidos por Rivera no se le han dado para ser la muleta del PP, ni aunque la “estabilidad” dependa de ello. Quien quería votar PP ya lo hizo directamente. Pactar con Rajoy es pactar con la corrupción, con los sobres, con Bárcenas, con Camps, con Barberá, con Arístegui, la Gürtel y la Púnica. Rivera no recibió tres millones de votos para echarlos a la basura (se condenaría como político y como opción de futuro). Podría, eso sí, pedir la cabeza de Rajoy y de varios corruptos más del PP (desde Arenas a Cospedal) a cambio de un programa político y económico de regeneración… pero eso es soñar (pura ciencia ficción). Con los pies en la tierra, Rivera no puede ni debe pactar con Rajoy, pase lo que pase. Terceras elecciones incluidas. Juan Vilches.

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No.

Creo que la labor desarrollada por Rivera desde el pasado 20 de diciembre, ha permitido a muchas personas, conocer a una derecha civilizada, no diré culta todavía. Pero que apunta maneras, que puede dialogar y a la que no le gusta que se juegue en el Congreso con maquinitas ni que se meta la mano en la caja. Mezclar su ideología con la de los cientos de imputados, condenados… del PP sería algo irreversible. Creo que Rivera debe girar al “centro” y es cuestión de tiempo que las nuevas generaciones de los hijos del PP vean en él algo menos contaminado que lo que tienen en casa. Tal vez, incluso algún socialista al que no le gustan los experimentos regionales, ni las zancadillas internas y mucho menos las puertas giratorias pudiera sentirse atraído. Antonio Jaén

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Rivera no debería de pactar ni con Rajoy ni con Sánchez. La mayoría de los votantes de C’S son votantes que votaron en el 2011 a Rajoy, y arrepentidos y decepcionados no quieren que repita como presidente. Si Rivera lo hace posible por activa o por pasiva, este electorado se sentirá muy frustrado. Con Sánchez tampoco debió de pactar Rivera puesto que estos votantes son ciudadanos de centro-derecha que no quieren a Rajoy, pero menos quieren un presidente socialista. Rivera debió de mantenerse en un segundo plano, antes, y ahora con más motivo, dejando la pelota en el tejado del PP y del PSOE, pero su afán de protagonismo le puede y le pierde. José Manuel Riveiro Corona.

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Opino que sí. Ciudadanos debe apoyar al PP, pero manteniendo sus promesas y forzando, si puede, la dimisión de Rajoy. Unos años más de despiadadas e injustas políticas de derechas acabarían abriendo los ojos a los ciegos y pusilánimes. Es el PP y solo el PP el que debe darnos miedo o, mejor todavía, terror pánico. Parafraseando a Monterroso: “Cuando despertó, Mariano Rajoy seguía ahí”. José Belenguer Serrano.

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Sí. Eduardo Barousse Moreno

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Es Rajoy el candidato que debe ofrecer voluntariosamente a Rivera un pacto de legislatura o investidura. Rajoy es el que tiene que demostrar a Ciudadanos que estaban equivocados en la pasada campaña y que él personalmente puede asumir un Gobierno reformista y anticorrupción. Como eso no va a suceder, dado el talante despreciativo, inmovilista y de mínimos de Rajoy, a Rivera solo le quedará pasar a la oposición constructiva votando no al investidura. Se avecinan tormentas políticas y económicas en el horizonte y a Ciudadanos le interesa mantenerse como un referente, el partido de la ilusión por un proyecto político reformista íntegro, frente a los “populares” que quieren disolver su esencia en un regalo de gobernabilidad que se resolverá inútil al poco tiempo dado el nulo afán de cambio de Rajoy. Carlos Camino

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Sí, debe de pactar. Carmen Juárez

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La peor decisión que puede tomar un partido que está en la lucha por ganar espacio político es verse enredado en acuerdos con un partido enfermo de corrupción. La opción no es pactar con el PP, es pactar con los dirigentes que han podrido la política, que han ensuciado la función pública. Es una cuestión de respeto a la gente que cree en las bases del PP. Pactar con Rajoy es, de alguna manera, favorecer su enquistamiento en el poder y con él, y con ellos, una nefasta manera de entender la política. Es permitir que un político sin escrúpulos, sin responsabilidad política ni ciudadana se salga con la suya. Es que Rajoy solo tiene que sentarse a esperar que su método dé frutos, solo con dejar pasar los días y apelar al sentido común del resto de partidos para que hagan lo que deben, tragar y abstenerse ante este personaje. La política en España ha tomado un tono extraño, donde quien intenta pactar es castigado, quien se refuerza en el cinismo del que deja hacer se beneficia. Solo escucho hablar de quién tiene la responsabilidad ante la posibilidad de que se vuelva a votar, pero se olvidan que sin segundas no habría terceras, que los culpables de este estancamiento político son la corrupción del PP que lo deja aislado y la desidia e infantilismo de Iglesias y Garzón cuando debieron estar a la altura de los millones de votantes que confiaron en ellos. Olé, por Rivera y Sanchez, que intentaron un pacto de contrarios, sobre una base de lugares comunes para sumar. Lástima que solo lo entendieron ellos. De nada sirve un pacto de investidura si luego no es posible gobernar. Rubén Óscar Mansor.

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Aunque considero a Ciudadanos un partido de centro-derecha no debería dar su apoyo al PP por pura coherencia con los principios que han proclamado a los cuatro vientos: regeneración democrática y transparencia, elementos que no se dan precisamente en Rajoy y compañía. Y, sinceramente, tampoco veo a sus herederos muy lejos de sus jefes, al menos por los sapos que se están comiendo para hacerse un hueco en el poder. Naturalmente, hablo de Maillo, Pablo y Cía. Si votan a favor del PP, debieran hacerlo tras conseguir negociar los cambios que ya negociaron con el PSOE, como mínimo. J. Payán

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La pregunta es: ¿Debe pactar Rivera con Rajoy? La respuesta es: “Depende”. Ciudadanos no debe pactar con el PP a cambio de nada, ni de puestos en el Gobierno (Rivera ya dijo que no querían sillas). No debe apoyar a Rajoy así como así. Lo que deben hacer PP y Ciudadanos es sentarse a negociar un acuerdo de gobernabilidad y la responsabilidad del éxito en el acuerdo es de ambos. Ciudadanos debe entender que no puede exigir ni la mitad de medidas de su programa, ya que debería ser proporcional al número de escaños obtenidos. Y el PP debería entender que debe ceder en algunos para obtener su apoyo. En resumen: si yo fuera Albert Rivera, saldría ante los medios y diría lo siguiente: “Queremos un acuerdo de gobernabilidad con el PP. Entendemos que teniendo menos escaños que ellos no podemos exigir el cumplimiento de todas las propuestas en su programa, pero nuestro apoyo tampoco debe ser gratuito. Somos humildes y pedimos solo tres propuestas de nuestro programa:

1. Nueva ley electoral: un ciudadano, un voto.

2. Aplicar el paquete de medidas de regeneración democrática (puertas giratorias, listas abiertas, primarias en los partidos…).

3. Supresión de las Diputaciones

Si se comprometen únicamente a estas tres medidas tendrán nuestro voto”. Como votante de Ciudadanos, si Rivera le da su apoyo a Rajoy a cambio de prácticamente nada, de maquillaje… perderá mi voto. Creo que el votante de C’s es más crítico de lo que pueda ser el votante del PP con su partido. Javier Oviedo

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 Sí, sin ninguna duda, Rivera debiera intentar pactar con Rajoy. Seguramente accediendo a un Gobierno que lo participe activamente, pero creo que debe dejar de lado la negativa y caprichosa influencia de Sánchez. Este último quien, por cierto, debiera dejar de lado su arrogancia constante, reconocer su derrota electoral, y facilitar un Gobierno que, quiérase o no, fue votado mayoritariamente por la gente, y que además hace muchísima falta ya no solo para el Gobierno nacional del día a día, sino además para generar una imagen de país consolidado. (Por cierto, no soy del PP, pero reconozco que en este momento es lo más adecuado). Creo que es esta también una importante coyuntura que puede permitir plantar firme cara al independentismo, que tanto daño hace a la sociedad. Pablo A. Pérez.

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No!!!

Si Rivera ha perdido ocho diputados por vetar a Rajoy. Debe ser fiel a los votantes que le han quedado. Se supone que estos han creído en su promesa electoral. Y debe cumplirla. Emilio Soler

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Cuando los resultados de unas elecciones conllevan una ambigüedad de resultados, que la ley electoral así vigente lo ha decidido, y lo ha hecho en dos ocasiones sucesivas, lo mínimo que pueden hacer los partidos es conformar una mayoría de gobierno que permita cambiar lo que no funciona, en nuestra democracia. La gestión de poder debe realizarse de la mejor forma posible, anteponiendo los intereses generales de la democracia a los propios del grupo perdedor. Esta lealtad se refiere al proceso democrático, y no necesariamente a las políticas que ponga en práctica el nuevo gobierno, por ello todos aquellos grupos deben aglutinarse en esta ocasión en torno a un programa de gobierno que no puede ser de izquierdas o derecha, sino del interés general de los ciudadanos de este país, para su bien común y para ello Sr. Rajoy, Rivera, Sánchez o Iglesias deberían estar negociando, una legislatura de transición para el bien común. Miguel Brito Ramos.

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Sería muy importante que Ciudadanos ayudara a formar gobierno porque necesitamos ya un gobierno fijo cuanto antes. Personalmente no me gustan en absoluto las políticas de Rajoy y del PP, los numerosos casos de corrupción, las pésimas políticas sociales. Y el caso de las escuchas en el Ministerio del Interior tiene claras reminiscencias del franquismo que resultan francamente alarmantes. Casi peor -si cabe- que los casos de corrupción económica. Sin embargo, aunque es difícil entenderlo, la gente ha vuelto a votar por el Partido Popular y a mí me gustaría que los partidos que entren en el gobierno juntos al PP ejerciesen un control fuerte al PP y que les obligasen a hacer una limpieza profunda para que los ciudadanos podamos volver a creer en la democracia en España. Con el PP en el gobierno nuestro concepto de cómo debe de funcionar la democracia se aleja cada vez más de la realidad. Más que nunca necesitamos hombres de Estado en el gobierno para ejercer un mayor control sobre la ética en política. Ciudadanos tiene mejor sentido de la ética que el PP y su papel es clave para regenerar la política y el PP en concreto. Julia Weiss.

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Debe y está obligado. Primero, porque el bipartidismo se ha terminado en beneficio de la democracia. Segundo, porque estamos perdiendo una oportunidad única, para hacer leyes negociadas por todos los partidos y no impuestas, que un partido legisla y otro elimina al llegar de nuevo con sus mayorías absolutas. Tenemos necesidad de una ley de educación, justicia, electoral pactadas por la mayoría de los partidos y no leyes impuestas sin negociación previa que nos ha traído hasta aquí, como la Ley de educación. Es un momento único para la democracia negociada y no impuesta. Para ello hace falta talante que dudo exista en los líderes de los partidos actuales. Luis Maraña.

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Por coherencia, y por supervivencia, no debe pactar, a menos que Rajoy se eche a un lado y el PP nomine a alguien no contaminado como candidato a presidente. Esto sería una medalla para Rivera, pero por eso mismo el PP no lo va a aceptar. Juan Mª González Oliveros.

 

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La hora de Rivera. Editorial El País

España: Las promesas electorales en una servilleta. El Mundo

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13 diciembre 2015 / EL MUNDO

el mundoPAPEL (revista de El Mundo) ha conseguido que los cinco candidatos de las cinco principales fuerzas políticas intenten convencer a los votantes por medio de una servilleta. ¿Lo conseguirán?

 

Mariano Rajoy. 26 de noviembre, 16.30h. Restaurante Las Musas, Campo de Criptana. SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL

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Fue en un molinar trendy. No es un arranque muy cervantino, pero allí, en el corazón del Quijote, en Campo de Criptana, eligió Mariano Rajoy posar para la portada de PAPEL. Una mañana de sol reventón en la terraza del restaurante Las Musas. Tiró de azul para el cielo, el ornado de la servilleta, el rotulador, la corbata y los cuadros de la chaqueta. Ya, yo también me pregunto si de verdad estaba todo tan pensado o hubo algo de azar cromático. Sólo lo sabe Moragas. El mensaje, escueto, como el presidente. En positivo, como la campaña. Confiado, como el PP post aznarista. Uno se esperaba mantel de cuadros y dominó. Será el aperturismo del final de legislatura, pero Las Musas se presenta como un restaurante manchego de fusión. De hecho, ofrecen dos menús, «el tradicional» y «el de la imaginación», como los dos rieles por los que transita este PP. El primero, el de siempre, el del muro encalado y las aspas que dan calma. El segundo, el examen de lo nuevo. La derecha sigue tirando de puchero pero también quiere su hueco en la nouvelle cuisine de la política. Y lo pide entre dos exclamaciones. Como todo comentario de sobremesa.

 

Pedro Sánchez. 20 de noviembre, 17.30h. Bar de tapas Raff, Málaga. JESÚS DOMÍNGUEZ

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¿Por qué Pedro Sánchez no firmó su servilleta? Más allá de la señal de tráfico y su giro obligado a la izquierda; incluso saltándonos que sea el único que no ha escrito con sujeto, verbo y predicado, he ahí el enigma. El líder de centroizquierda tenía tan preparada la respuesta como la servilleta: «Porque el Partido Socialista no es un partido-persona. Aquí firma el PSOE». Y sobre mesa de madera, que se noten los 136 años de siglas. La política se resume en el galimatías de encontrar la diferencia para representar a la mayoría. Sánchez, con su aire de consenso y su raya al lado, se desmarca con un diagrama. Más derechos, más justicia y más limpieza. Por justicia, precisamente, no podíamos saltarnos el guión fotográfico de este reportaje. Si hubiésemos abierto plano, habrían contemplado la despedida de soltera que compartía local con Pedro Sánchez. Allí estaban todas, de cañas, a las 17.30, en el bar de tapas Raff, en un barrio popular de Málaga, mientras el candidato se refrescaba antes del mitin. Y sí, cayeron los tropecientos selfies preboda sin soltar la zero. No había diademas. Sí un hashtag: #20D. Por si alguien lo había olvidado.

 

Albert Rivera. 3 de noviembre, 18.45h. Bar Mercado Provenzal, Madrid. ANTONIO HEREDIA

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Llegó, vio y firmó. Albert Rivera no es de perder el tiempo, quiere ser presidente con 36 años y eso exige meterle un poco de prisa a la vida. A grandes zancadas camina por la calle Alberto Alcocer, sin abrigo en un Madrid que ya refresca, hasta que llega al Mercado Provenzal. Un local de ésos que nunca verías en la Provenza: bar de franquicia, precio medio-bajo, buen gusto seriado y siempre lleno de clientes. No conoce de antemano el sitio. No ha pensado el eslogan. Le sale de corrido. El color de la mesa es verde con texturas y su punto naíf, como de hogar de recién casados. Rotulador naranja, servilleta ídem. Todo muy de spot nórdico. Como si la apuesta de Ciudadanos no fuera sólo regenerar la vida política, sino redecorar el salón de cada español. Algo de eso hay en el partido guapo, que no sabemos si es, pero ya parece. De ahí quizás el mensaje de Rivera, que les invita a coger el rotulador y dibujar un país nuevo, a «escribir el futuro». Eso harán ustedes el #20D, como les recuerda en la esquina inferior izquierda. Un hashtag en el que coincide con Pedro Sánchez. Llevamos 130 servilletas por si no salía bien a la primera. Nos volvimos con 129.

 

Pablo Iglesias. 11 de noviembre, 13.45h. Bar El Frontón de Tito, Madrid. ANTONIO HEREDIA

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Quería redactar su servilleta con un rotulador morado, a juego con su partido. Sin embargo, la tinta se empasta en el papel, así que Iglesias -tan pragmático como resolutivo- escoge el rotulador negro: «Lo importante es que se lea». Cambia de tinta igual de rápido que pasó del marxismo antisistema a la socialdemocracia escandinava: lo importante es que le voten. Tampoco busquen un significado oculto en su elección de bar. Sí, es un garito de polígono en el que los obreros que almuerzan temprano le piden selfies. Pero Iglesias no ha venido aquí a que le aclamen: sólo tiene 15 minutos, así que ha optado por un local pegado a su próxima cita… en un medio de la competencia. De nuevo, el pragmatismo. No desvela si trae su mensaje pensado de casa, pero lo parece. Agarra el rotulador y escribe sin titubear, con ese ceño fruncido de un alumno que resuelve una ecuación exponencial. Culmina el mensaje con su nombre, su apellido y un subrayado rotundo. Y se queda algo extrañado cuando le pedimos más explicaciones: «¡Es lo que pienso! Ya hemos cambiado España y sólo nos queda un último empujón para que el cambio llegue a las instituciones».

 

Alberto Garzón. 24 de noviembre, 18:45. Restaurante Debonair, Madrid. ANTONIO HEREDIA

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Anda Alberto Garzón redactando la servilleta con su «letra de monja» -así la describe él- cuando le suena el móvil. «Hola, Soraya», saluda a la vice. Llaman para invitarle a una reunión del pacto antiyihadista en Moncloa, pero él replica que no, que gracias, que IU no saldrá en la foto. «Como otros», añade. Y la pulla a Podemos se queda ahí, flotando en el aire. No será la única. El líder de IU no trae preparado el mensaje ni da más motivo para elegir este local que la cercanía a su casa. Aunque sí, el jardín vertical de musgo -costó 9.000 euros, dice el dueño-queda lucido como decorado. Garzón es, de lejos, el candidato al que le ha salido la servilleta más verbosa: 31 palabras más su firma. Si la pillara un editor con prisas, podría resumirla en cuatro: «Porque somos de fiar». Si también tuviera ganas de incordiar, le añadiría otras tres -«más que Podemos»- que Garzón prefiere no dejar por escrito: «Nosotros no cambiamos de opinión con el tiempo, ni con el vaivén de las encuestas ni nos gustan los viajes al centro como si esto fuera un mercadillo electoral», proclama. Palabras agrias de una izquierda que no se disfraza de otra cosa. Aunque use letra de monja.