los pobres

En nombre de los pobres. De Rosarlin Hernández

Las reacciones respecto del SITRAMSS solo son una pequeña muestra de todo lo que se dice y se hace en nombre de los pobres.

Rosarlin Hernández, 14 mayo 2017 / LPG-Séptimo Sentido

En El Salvador, usar a los pobres como argumento para hacer funcionar un proyecto se ha convertido en una fórmula casi infalible. Si usted quiere decir, proponer, escribir o hacer lo que sea, y asegurar el éxito económico y mediático de su proyecto, use a los pobres. Diga que está sumamente interesado en mejorar su calidad de vida, que desea que los niños en “situación de riesgo” vivan como sus hijos, que ese proyecto que conoció en Finlandia o Noruega va a dar excelentes resultados cuando usted lo haga aquí, recalque que los admira por la resistencia y la audacia que tienen para sobrevivir, explique que su interés es dignificarlos y que quisiera ser como ellos porque saben cómo ser felices con bien poco.

Ahora bien, si usted quiere lograr mayor conmoción, empatía y “liderazgo”, lo recomendable es que escriba en su muro de Facebook un día sí y otro también cómo le duele el mar de injusticias que produce este país, describa las veces que ha llorado de impotencia, publique cómo pasa las noches de insomnio pensando en los que tienen hambre, en los desempleados, en los obreros con un sueldo ridículo o en todos los pobres que en este país sufren abuso de poder.

En estos días, por ejemplo, los pobres han ocupado el primer plano de interés. La razón: cuatro de los cinco magistrados que integran la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia aprobaron una medida cautelar que obliga a la habilitación del carril segregado del Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana de San Salvador (SITRAMSS) para que lo usen todos los automovilistas por igual.

La característica común de la avalancha de reacciones ha sido “defender el interés de la población pobre que no tiene vehículo”. El diputado Róger Blandino Nerio calificó la decisión como una medida del “demonio”, el alcalde de Soyapango, Miguel Arévalo, activó su solidaridad con la “gente de a pie” y el ministro de Obras Públicas, Gerson Martínez, aclaró que una de las personas que encabezan la demanda es un activista del partido ARENA, candidato y “provocador de motines”. Las declaraciones las hizo mientras miembros de su partido vociferaban insultos frente a la Corte Suprema.

En este mismo tono de preocupación me sorprendió un tuit del periodista Roberto Valencia que decía: “Esta sociedad clasista nunca digirió la idea de que un pobre en bus llegue antes que alguien en carro propio. La sala corrige la anomalía”.

Me sorprendió, sobre todo, porque un sinnúmero de veces me ha tocado cruzar los dedos para que mi carro viejo no se quede varado en medio de las coasters repletas de pasajeros. Una vez más, los errores de origen del SITRAMSS se perdieron entre el razonamiento polarizado de la politiquería y el clasismo. Una vez más, las opiniones más sensatas las dieron los verdaderos usuarios del servicio.

Las reacciones respecto del SITRAMSS solo son una pequeña muestra de todo lo que se dice y se hace en nombre de los pobres. Elija un hecho reciente y piense en los argumentos que utilizaron los voceros para atacar o defender ese hecho. Muy seguramente el argumento más importante que quedará en sus recuerdos es que todo se hizo en nombre de los pobres sin importar el resultado.

No crea que ese tono de preocupación conveniente es exclusivo de los funcionarios del partido de Gobierno, no, ese tono también lo usan otros actores de la sociedad civil para afianzar su imagen de voceros en favor de los desprotegidos.

Digo todo esto porque en mi caso tanta indignación solo me genera incredulidad. Prefiero creer y apoyar aquellas iniciativas en las cuales sus líderes están enfocados en hacer más y alardear menos. Prefiero, de ser posible, conocer el producto y, al final, llena de admiración y maravillada, sentir el deseo de averiguar quién lo hizo. De preguntar qué debo hacer para sumarme a su proyecto. Pero quizá en estos tiempos de redes sociales, eso sea pedir mucho.

P. D.: Felicidades sinceras a las escritoras salvadoreñas Krisma Mancía, Claudia Hernández, Ivonne Veciana, Elena Salmanca, Jorgelina Cerritos y a mi amigo Miguel Huezo por la fiesta de libros que nos han regalado.

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