Libertad de Expresión

El respeto a las libertades de expresión e información. De Rodolfo González

Rodolfo González, ex magistrado de la Sala de lo Constitucional

3 octubre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Todas las constituciones incluyen en sus catálogos de derechos, las libertades de expresión e información. En la teoría general de los derechos fundamentales se analizan los límites tolerables para ellas desde la perspectiva constitucional, así como la manera en que deben ser resueltos los casos en que colisionan con otros bienes igualmente importantes en el régimen democrático: el honor, la intimidad, la propia imagen, la presunción de inocencia, o la igualdad entre hombres y mujeres, entre grupos étnicos o religiosos, y la paz interna e internacional.

En la sentencia de 11-I-2013, pronunciada en el proceso de Inc. 41-2005, la Sala falló sobre la demanda presentada por un grupo de ciudadanos que pedían la declaratoria de inconstitucionalidad del Reglamento para Teatros, Cines, Radioteatros, Circos y demás Espectáculos Públicos, emitida por un decreto ejecutivo de 1948. La impugnación se basó en el vicio formal consistente en que una materia reservada a la ley estaba siendo regulada por un reglamento.

Para determinar si la materia regulada estaba efectivamente reservada a ley, el tribunal analizó el tema de la censura de los espectáculos públicos, y en sintonía con la jurisprudencia de diversos tribunales internacionales y constitucionales, concluyó que, en el ámbito del art. 6 de la Constitución, solo es posible impedir tales espectáculos, para la protección moral de la infancia y la adolescencia, exigencia derivada del artículo 35 de la Constitución. También especificó que, dentro del orden público –que en el mismo artículo 6 opera como límite para la libertad de expresión–, se comprende el combate a la discriminación, la defensa del pacifismo y el respeto a los símbolos que representan al pueblo en su identidad cívica y en su diversidad religiosa; esto último habilita acciones estatales para contrarrestar la apología del odio racial o a la mujer, de la guerra o la ofensa a los símbolos patrios, así como las expresiones de intolerancia religiosa.

Sin embargo, en la misma sentencia se aclara que las causas que habilitan a la censura previa de espectáculos públicos deben interpretarse de manera restrictiva, de forma que la prohibición de contenidos sea la excepción, y la difusión de las ideas, la regla general. La sentencia concluyó declarando la inconstitucionalidad por vicio de forma del reglamento impugnado, por regular una materia reservada a ley.

Recientemente se ha presentado iniciativa del Presidente de la República por medio del ministro de Gobernación y Desarrollo Territorial, para la aprobación de una Ley de espectáculos públicos, cinematografía, medios de comunicación y publicidad, que tendría por supuesta finalidad proteger la integridad moral y la dignidad humana, así como difundir una cultura de paz, y que entre otras cosas, crea un observatorio de medios para medir el cumplimiento de los indicadores que permitirán evaluar y clasificar los contenidos transmitidos en los espectáculos públicos, medios de comunicación y medios de publicidad: violencia, sustancias que generan adicción, situaciones sexuales y lenguaje inadecuado; además dispone que la publicidad y los contenidos comunicados al público, a través de espectáculos públicos, radio, televisión, la industria cinematográfica y publicitaria, deberán estar acordes a la política nacional de contenidos configurada por el Estado.

La aprobación de un decreto legislativo superaría las deficiencias formales identificadas en la citada sentencia de la Inc. 41-2005; sin embargo, la iniciativa también es susceptible de análisis para determinar si se está cumpliendo con los estándares materiales o de contenido ordenados por la Ley Suprema sobre libertades de expresión e información, tal como han sido explicitados en la jurisprudencia de la Sala. La constitucionalidad de la regulación de tales derechos no se satisface solamente cumpliendo los requisitos formales, sino también los de contenido.

 

El burro de Maduro. De Alberto Barrera Tyszka

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una conferencia de prensa en el Palacio de Miraflores en Caracas, el 18 de septiembre de 2018 Credit Marco Bello/Reuters

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

23 septiembre 2018 / THE NEW YORK TIMES

CIUDAD DE MÉXICO — El título de este artículo es una frase peligrosa. Podría ser diseccionado semánticamente por un tribunal en Venezuela y condenarte a veinte años de prisión.

¿Qué quiere decir realmente? ¿Que Nicolás Maduro tiene, posee, un burro? ¿Que es el dueño legítimo de un animal cuadrúpedo, de la familia de los équidos, conocido como burro, asno o borrico? ¿O quiere decir, más bien, que Nicolás Maduro es un burro? ¿Se refiere acaso a esa acepción de “persona bruta e incivil”, como refiere el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española? El problema de fondo, sin duda, es que esta interpretación sea un asunto judicial en Venezuela.

Ricardo Prieto y Carlos Varón, dos miembros del cuerpo de bomberos de Apartaderos, una población de la región andina del país, decidieron un día pasear a un burro por los diferentes espacios de su estación. Mientras el animal deambulaba, fueron filmándolo con un teléfono, haciendo comentarios en evidente tono de broma, relatando que se trataba de una visita de Nicolás Maduro a las abandonadas dependencias del cuerpo. Alguien colgó el video en las redes sociales y, de pronto, esa jocosa “visita presidencial” se volvió viral.

Y entonces, unos oficiales de la Dirección General de Contrainteligencia Militar se presentaron y detuvieron a los bomberos. Y entonces, poco después, en un acto casi instantáneo, fueron imputados por el cargo “instigación al odio”. Y entonces, luego, en una rueda de prensa, el propio Maduro se mostró intemperante y agresivo en contra de un periodista que se atrevió a preguntar por el caso: dudó de su calidad y de su honestidad profesional y se negó a responderle. Esta seguidilla de hechos y declaraciones solo ha logrado magnificar y darle más resonancia a lo que era una simple broma.

¿Cómo un burro puede llegar tan lejos?

La respuesta a esa pregunta está en la violencia que estructura y define cada vez más a la élite que domina de forma autoritaria a Venezuela. Es una clase, tan reducida como feroz, que todavía no entiende que hay cosas, como la inflación o el humor, que no se pueden controlar imponiendo decretos. Por eso reaccionan ante ambas con la misma ceguera y brutalidad.

La represión y la censura, ya se sabe, sirven para mostrar fuerza pero también delatan una enorme fragilidad. Quien no tiene argumentos tampoco tiene humor. Solo puede negociar a golpes con la realidad. Como señala el poeta Charles Simic, el humor muestra “la dimensión ridícula de la autoridad”. Relativiza su poder, lo democratiza. Es un indicador natural del estado en que se encuentra cualquier sociedad, de su capacidad de discernimiento y de ejercicio de las libertades. Reprimir el ingenio o el chiste es una expresión inequívoca de una gran violencia institucional, un síntoma de un régimen aterrado que distribuye terror.

Quizás vale la pena recordar el caso de Marianne Elise K., una viuda a quien en 1943, en una pausa de trabajo, se le ocurrió contarle a un compañero de la fábrica un chiste sobre Hitler. Fue delataba, acusada, enjuiciada por el Tribunal del Pueblo y condenada a muerte. La lógica del poder a veces se parece mucho al descontrol. En medio de la decadencia militar nazi, entre la zozobra y el temor, una mujer fue ejecutada por decir un chiste. Año y medio después, el füher también estaba muerto. El chiste todavía existe. La risa, según decía Mijaíl Bajtín, nunca “pudo oficializarse, fue siempre un arma de liberación en las manos del pueblo”.

La broma de dos bomberos que quisieron reírse un poco de la autoridad y de su propia desgracia, se ha encontrado con una destemplada y feroz reacción del gobierno. Mientras la región se organiza para discutir el terrible problema del flujo migratorio y debatir de forma colectiva el caso de Venezuela, Nicolás Maduro logra que dos humildes apagafuegos formen parte de los más de 250 presos políticos que ya tiene su régimen.

La intolerancia ante el humor refleja nítidamente el grado de autoritarismo que necesita Maduro para continuar en el poder. Lo del burro es una tontería. Basta recordar que en el año 2006, públicamente, Hugo Chávez se burló del entonces presidente George W. Bush, llamándolo donkey en varias oportunidades. El tema real es la violencia. Resulta irónico, casi un chiste cruel, que mientras la mayoría del Grupo de Lima se pronuncia en contra de una intervención violenta en Venezuela, el gobierno venezolano se pronuncia a favor de una intervención violenta en contra de los ciudadanos de su propio país.

En septiembre de 2018, se organizó una manifestación frente al Banco Central de Venezuela, en Caracas, para demandar al presidente Maduro el pago completo de sus pensiones. Credit Fernando Llano/Associated Press

No creo que la solución o la salida a la tragedia que vive mi país sea una invasión militar. Pero sí creo que hay que debatir, buscar y encontrar nuevas maneras de actuar y presionar de manera más eficaz a un gobierno que actúa de manera hipócrita y salvaje, que exige internacionalmente aquello que no desea cumplir dentro de sus fronteras. Con el pretexto de la amenaza de una invasión externa, el gobierno de Maduro ha invadido y saqueado a su país y a sus ciudadanos. ¿Qué se puede hacer entonces frente a un gobierno violento que se alimenta del carácter no violento de sus vecinos?

Nicolás Maduro no es un burro. Puede que sea inepto y negligente, que con frecuencia actúe como un incivil. Pero no es bruto. No seguiría ahí si lo fuera. No habría logrado apartar a sus rivales internos y consolidarse como lo ha hecho. No tiene humor pero sí tiene un proyecto. Él —o a quienes él representa— desea quedarse para siempre en el gobierno. Cada vez con más poder. De cualquier forma y a cualquier precio. Incluso, al tratar de hacer lo imposible: prohibir la risa.

La internacionalización del conflicto no puede opacar el endurecimiento represivo que el gobierno de Maduro ejerce dentro de Venezuela. Es necesario, desde la experiencia ciudadana y desde la práctica política, pero también desde la solidaridad internacional y desde la diplomacia, inventar nuevas formas de presión, nuevos mecanismos de lucha. ¿Es posible desarmar y derrotar a los violentos de manera pacífica? ¿Cómo? Ese es el debate.

¿Qué tan sana está nuestra democracia? De Cristian Villalta

2 septiembre 2018 / La Prensa Gráfica

La pregunta no es peregrina aun cuando estamos a pocos meses del decimoquinto proceso electoral después de la firma de los Acuerdos de Paz, entre elecciones presidenciales, legislativas y municipales.

Es que la democracia no se mide por las veces que el electorado asista a las urnas. Casarnos con esa idea es darle mucho crédito a los partidos políticos y muy poco a la ciudadanía; subirle o bajarle el dedo al magro espectro ideológico de la partidocracia cuscatleca fue necesario pero no suficiente para nuestro proceso histórico.

Para responder, debemos elegir indicadores acordes con el principio de mayoría moderada y el modelo de democracia representativa instalados en El Salvador.

Uno de los indicadores fundamentales sobre el debido funcionamiento de la democracia es la robustez de la opinión pública. Porque, de hecho, ¿qué es el sufragio sino una opinión sobre las cosas del pueblo?

Antes, cuando ARENA y el FMLN eran más grandes que sí mismos y no solo la suma de sus afiliados, votar por ellos era un símbolo ideológico de identidad, un signo de militancia más allá de la política; los tiempos han cambiado, y ahora solo una minoría es la que verdaderamente sangra por esas banderas. Bienvenidos al siglo XXI.

Votar es, pues, opinar. Y sin opiniones libres no hay elecciones libres.

Todas las variantes del totalitarismo lo atestiguan, porque esos regímenes sabían y saben que la dictadura nace con la imposición intolerante de una idea. La democracia muere cuando la nación ya no tiene opinión sobre sí misma.

La libertad de la opinión será motivo de apasionados debates siempre. Es que en todos lados, el público en general está poco interesado en la cosa y no se informa lo suficiente. Platón diría que más que verdadero saber, el pueblo lo que tiene son solo opiniones. O Twitter…

Pero he ahí el quid: la democracia no se sustenta en una ciudadanía formidable, a la que no se le pide ni siquiera que asuma una posición; le basta con que el público tenga a la mano suficiente información para emitir una opinión.

Dejándolo hasta ahí, vamos, que en tres décadas de proceso democrático no nos ha ido tan mal. Hay una opinión pública prolífica, desbordada, que se expresa no solo en una idea de país que los partidos políticos tradicionales tendrían que operativizar, sino en nuevos discursos, actores y plataformas. En un año hemos asistido al nacimiento de tres nuevos movimientos políticos e incluso los usualmente inmóviles ARENA y FMLN sostuvieron unas primarias perfectibles pero valientes.

Es tal el vigor de la opinión pública que en todos esos casos, desde las internas arenera y efemelenista hasta el lanzamiento de los nuevos partidos, los métodos de comunicación fueron más sofisticados que el contenido. Mejores publicistas que estrategas, claro…

Todos, desde el activismo más profano hasta el periodismo más fino, participamos en ese esfuerzo, personas naturales y jurídicas por igual, en un incesante intercambio que es un equilibrio en sí mismo.

Por eso mismo, el discurso antimedios o la cruzada contra el periodismo de la nueva meca política no debe pasar desapercibido. Nada de lo que hacen es por incordio, sino parte de un plan a la sazón burdo para tiranizar la opinión pública.

Tal cosa es hoy imposible gracias al cada vez más libre acceso a la información, y a que los salvadoreños del futuro parecen más interesados por la política que apasionados por los políticos.

Un acto arbitrario. De Manuel Hinds

Manuel Hinds, 13 abril 2018 / El Diario de Hoy

El lunes pasado el Tribunal Supremo Electoral emitió una resolución para normar las comunicaciones de precandidatos, partidos y medios durante las elecciones primarias para seleccionar los candidatos a la Presidencia de la República. La resolución se dio en respuesta a la queja de algunos ciudadanos de que las campañas que los precandidatos de ARENA están llevando a cabo constituyen una “campaña adelantada” para las elecciones de 2019 porque en el proceso han colocado vallas y mupis en calles y carreteras y han trasmitido varios programas de televisión, incluyendo un debate entre todos los precandidatos que se llevó a cabo el jueves de la semana pasada. La queja es que en la propaganda para cada uno de los precandidatos se filtra un mensaje favorable para el partido ARENA mismo, lo cual representa, dicen los quejosos, una desventaja para los otros partidos, que no están llevando a cabo un proceso similar.

El TSE se pronunció a favor de los quejosos, estableciendo unas restricciones que no solamente violan la libertad de expresión y prensa consagrada en la Constitución Política sino que además contradicen el espíritu de la Ley de Partidos Políticos y la sentencia de la Sala de lo Constitucional que exigió que los candidatos a puestos de elección popular fueran seleccionados por medio de procesos democráticos. Las restricciones son tales que, en medio de muchas otras, el TSE ordena que los medios “no podrán transmitir spots, programas de televisión, cuñas radiales o publicaciones en prensa escrita y digital, en las que aparezcan ciudadanos que aspiren al cargo de presidente o vicepresidente de la República”.

Esto implica que para no incurrir en sanciones del TSE los periódicos, los canales de televisión tendrían que estar autocensurándose, no reportando ningún evento en el que aparezcan precandidatos y buscando que en ninguna fotografía o video aparezca uno de estos. Esto suprimiría mucha información que el público demanda legítimamente y establecería una autocensura que está prohibida por la Constitución. El TSE no tiene derecho ni competencia para negar al público acceso a la información.

La resolución también contradice el espíritu de la Ley de Partidos Políticos y los estatutos de ARENA, que han sido aprobados por la Asamblea Nacional como leyes de la República. La Ley de Partidos Políticos ordena que los candidatos sean seleccionados por medios democráticos, y los estatutos de ARENA que esta selección debe hacerse por medio de elecciones primarias. El padrón electoral de ARENA es de 122 mil personas. No hay manera efectiva de llegar a todos estos electores sin usar los medios masivos que son precisamente los que el TSE ha prohibido usar. Facebook y otras redes sociales se pueden usar, pero no llegan a todos, especialmente a los que tienen menos medios económicos. En realidad, los medios masivos cumplen un papel que sin ellos nadie puede cumplir. Al prohibir el uso de estos medios, el TSE ha remachado su negación al derecho de información de la población.

¿Cómo podrían enterarse los 122 mil empadronados de ARENA de lo que piensan y sienten los precandidatos para hacer su decisión de por quien votar? ¿Y cómo el resto del país podría enterarse de cómo se han realizado las primarias si no se puede informar sobre ellas?

La verdad es que al emitir estas resoluciones el TSE ha seguido innecesariamente una filosofía restrictiva para resolver el problema de la equidad de oportunidades en las elecciones. Los quejosos o sus protegidos se sienten en desventaja porque estos protegidos, los otros partidos, no están realizando primarias, y no están teniendo una legítima competencia para seleccionar a su candidato. Si ellos estuvieran cumpliendo con el espíritu de la Ley de Partidos Políticos, ellos también estarían haciendo propaganda nacional, y tendrían vallas, mupis, entrevistas y hasta, posiblemente, debates. Por supuesto, si no se puede publicar nada en los medios masivos de los actos de los precandidatos de ARENA, ni de sus debates, ni de la magnitud de su proceso, los otros partidos podrán no hacer nada similar y aún así pretender que son tan democráticos como ARENA —obviamente— sin serlo. El sacar el proceso de las primarias de los medios masivos es crear oscuridad en la política del país. Todos sabemos lo que se forja en la oscuridad.

Carta al TSE: No pueden prohibir el debate público. De Paolo Luers

Paolo Luers, 12 abril 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimados magistrados:
No sé quién de ustedes escribió la resolución sobre la “propaganda adelantada” de los precandidatos que compiten en las elecciones primarias de ARENA. O estaba borracho, o tuvo un ataque de despotismo.

Prohibir a los medios (TV, radio, prensa escrita, medios digitales) que publiquen cualquier espacio o programa donde “aparezca algún ciudadano que pretenda aspirar al cargo de presidente” es un acto arbitrario, prepotente e ilegal contra la libertad de prensa de los medios, la libertad de expresión de los precandidatos, y el derecho de informarse de todos los ciudadanos.

Prohibir a los ciudadanos que difundan públicamente mensajes (en cualquier medio, incluyendo los medios digitales, por excelencia ciudadanos, la imagen de los precandidatos, está totalmente fuera de la jurisdicción del Tribunal Electoral. Intentar a ejercer esta coerción de los derechos ciudadanos es un abuso de autoridad grave.

Pero dejemos las consecuencias jurídicas de este abuso a los juristas. Políticamente, esta resolución significa que la autoridad electoral, que por Constitución tiene que velar por el cumplimiento del Código Electoral y de la Ley de Partidos Políticos, prohíbe la primarias, o por lo menos obstaculiza que los partidos cumplan con el mandato de realizar elecciones primarias democráticas, transparentes y libres. En todos los países donde los partidos realizan elecciones primarias para definir candidatos, estas contiendas internas a la vez son públicas y mediáticas. No puede ser de otra manera.

En el caso de ARENA, los precandidatos tienen que proyectar su persona, sus pensamientos, sus propuestas a más de 122 mil ciudadanos afiliados. Y para convencer a los afiliados que son los candidatos idóneas, tienen que comprobar que saben comunicarse con el resto de la ciudadanía. Todo esto solamente es posible si se proyectan a través de los medios de comunicación masivos – lo que ustedes precisamente quieren prohibir. Tienen que dar entrevistas, realizar debates públicos televisados, y animar a ciudadanos, afiliados o no afiliados, a comunicarse con ellos, a criticarlos, a interrogarlos, pero también a respaldarlos – que es la otra cosa que ustedes quieren prohibir. 

Haciendo todo esto, y hacerlo de manera pública y transparente, obviamente le da una gran presencia mediática a ARENA, y en este sentido cierta ventaja política. Pero la misma oportunidad tendrán los otros partidos cuando entren en su proceso electoral interno – siempre cuando se atrevan hacerlo de la misma manera transparente, de cara a sus afiliados y la ciudadanía entera. Si no se atreven, obviamente desaprovechan la oportunidad – y los partidos que realizan primarias verdaderamente democráticas tomarán ventaja.

Pero en este asunto ustedes como Tribunal no tienen porque intervenir. Es como los árbitros quisieran intervenir en las sesiones de entrenamiento de los equipos de fútbol, o en la manera como cada club decide su formación y quien va a quedar en la banca.

Como ciudadano y mucho menos como periodista no voy a aceptar que ustedes me limiten el derecho de hablar de las primarias, comentar los discursos y debates de los precandidatos, cuestionarlos o respaldarlos. Y hacer todo esto público. Lo último (respaldar a candidatos) es un derecho que tenemos cada uno de nosotros, incluyendo periodistas y comentaristas – y cada uno tiene que decidir si y en que forma lo va a ejercer. Nuevamente, no es asunto del Tribunal, es un asunto entre cada uno y su conciencia.

Por suerte, los debates entre y con los precandidatos que ustedes querían parar, no se han detenido. Y en las redes sociales, de todos modos nadie les hace caso. El debate público, de candidatos y ciudadanos, continua. Y así tiene que ser.

Saludos,

Mis nietas ‘vandálicas’. De Enrique Obregón

La defensa de Enrique Obregón, abuelo de las gemelas Amanda y Ximena, detenidas por pintar un grafiti en las paredes del Museo Nacional a principios de marzo: “Como a cualquier persona en el mundo, ellas son lo que su sangre les dicte y lo que el tiempo y la sociedad en la que han vivido les han marcado”, dice Obregón.

Enrique Obregón, 23 marzo 2018 / La Nación

Enrique Obregón es un político socialdemócrata y periodista costarricense

Como ha trascendido a la opinión pública, recientemente, tengo dos nietas gemelas a quienes sus padres pusieron por nombres Amanda y Ximena. Pero como nunca supe cuál era la una y cuál la otra, comencé diciéndoles las Gemes y, después del primer año, las Machillas. Esto último, por su pelo castaño claro, herencia de su bisabuelo vasco y de su bisabuela alemana. Y como siempre estuvieron dispuestas a bailar y cantar, pienso que también tal disposición se deba a la sangre andaluza que heredan de su abuela gaditana. Además, puede que también hereden espíritu de disconformidad y rebeldía de alguno de mis ancestros, chorotega o talamanqueño, que nunca aceptó la esclavitud impuesta a su raza por el conquistador español.

Como a cualquier persona en el mundo, ellas son lo que su sangre les dicte y lo que el tiempo y la sociedad en la que han vivido les han marcado. Las Machillas son consecuencia de su época, de su propia circunstancia que les ha dado la conciencia social que las caracteriza. Son y se sienten ciudadanas de una democracia y actúan reclamando lo que esta democracia niega a una mayoría considerable de nuestro pueblo.

Protestar, gritar porque no hay puntos finales
en la conquista de la democracia

Aprendieron a ser solidarias tempranamente. No pertenecen a ningún partido político ni luchan por ideologías de izquierda o de derecha, pero saben que la democracia debe ser el gobierno para los pueblos y que la ciudadanía se ejerce directamente, defendiendo y apoyando esa inclinación gubernamental, cuando se da, o reclamando y protestando cuando sucede lo contrario.

Desde los quince años, se unieron a un grupo que recogía dinero para construir casas a familias que nunca las habían tenido. Entonces eran Machillas de martillo y serrucho, de machete y macana, construyendo casitas en los más alejados rincones de este país.

Igualdad de género. En los últimos años ha crecido un movimiento social reclamando la igualdad de género. Las Gemes también se han unido a este reclamo independientemente. No pertenecen a grupos feministas ni de diversidad, pero sí entienden que ellos piden el reconocimiento de derechos que les pertenecen. Derechos, siempre pisoteados.

Ellas fueron educadas en la fe católica y respetan los templos y tradiciones de su Iglesia, pero van poco a misa, posiblemente porque no reciben mensaje social alguno ni encuentran palabra inspiradora en sus sacerdotes. Respetan también los templos y tradiciones de otras religiones; en consecuencia, jamás irrespetarían el culto y los edificios de todas las religiones manchando sus paredes con insultos y agravios.

Ellas saben en qué consiste la libertad de conciencia y se manifiestan en consecuencia con esa libertad. Pero sienten la necesidad de protestar por todo lo que está pasando; por los trescientos mil costarricenses que se acuestan todos los días con hambre (según lo ha indicado en su columna el inteligente y culto politólogo Jorge Vargas Cullell); por las minorías que luchan por derechos mínimos; contra los que roban libertades a los pueblos y contra los que roban otra cosa también a la Hacienda pública.

Mujeres vandálicas –como las han tildado sectores importantes de la opinión pública y grupos diversos de toda clase, tamaño y condición– que necesitan identificarse como el primitivo neandertal que imprimió su mano en las paredes de las cavernas dejando el mensaje a la posteridad de “yo estuve aquí”.

Antigua práctica. Los grafitis son tan antiguos como la humanidad; en toda etapa histórica siempre hubo alguien que protestó, dejando mensajes en las cuevas rupestres, en los edificios, en los puentes, en las piedras, en los baños públicos. Y en Roma, sobre todo en la época republicana, esta actividad fue de todos los días.

Solamente recordemos que un desastre natural sepultó Pompeya en agosto del año 79 y que las excavaciones posteriores descubrieron para la posteridad una semblanza de la vida romana, con sus calles, edificios públicos, casas solariegas, panaderías, herrerías y prostíbulos. Pero también algo que tiene que ver con lo que expongo: diez mil grafitis detallando la vida sexual desde la brutalidad hasta el más fino sentimiento de espiritualidad como este que cito a continuación: “El que intente encadenar a los vientos e impedir brotar a los manantiales pretende separar a los enamorados”.

También todos estos grafitis se referían a anuncios comerciales, a ofensas personales, a citas filosóficas y, desde luego, a protestas por la falta de justicia y libertades. Nada que no esté sucediendo en la actualidad.

No, señores que han insultado a mis nietas, mintiendo algunos, al afirmar que ellas participaron en las pintas a las iglesias, en la pintura lanzada a la estatua de Juan Pablo II y las que dejaron mensajes en las paredes de la Asamblea Legislativa. No es que se equivocaron, es que mintieron. Pero resulta que las Machillas solo querían dejar un mensaje de solidaridad con todos los que reclaman la igualdad de género, y eso quedó impreso en un pequeño detalle en la pared externa en la que fue casa del comandante del Cuartel Bellavista.

Cuando estaban pintando este pequeño detalle, fueron sorprendidas por la Policía, con órdenes de autoridades superiores, con esposas fuertemente ceñidas a sus muñecas y, con los brazos atrás, fueron luego conducidas en la perrera y encarceladas durante una noche. ¿El delito?, dejar un mensaje de solidaridad para todos los que piden igualdad.

Vandálicas que son las Gemes, las Machillas, las que bailan, las que cantan, las que ayudan a construir casas para los más necesitados, las que visitan a los indígenas abandonados, las que cometen el vandalismo de ser solidarias y fraternales, las que aman, las que nunca aprendieron a insultar, las que saben salir de la cárcel con una sonrisa de perdón para todos los que las juzgan y condenan. Y, por esto, por esta casi infantil forma de ejercer la más auténtica ciudadanía, se ha levantado una acusación nacional contra ellas y, como consecuencia, una respuesta solidaria, convirtiendo a este país, durante unos días, en una batalla campal de exageradas proporciones. Y eso que apenas son gemelas. ¡La revolución en la que todavía estaríamos enfrascados de haber sido quintillizas!

Papeles invertidos. Generalmente, los abuelos aconsejan a sus nietos. Así ha sido siempre, pero rompiendo esa tradicional costumbre, ahora es un abuelo quien recibe consejo –por su forma de actuar– de dos nietas.

Durante gran parte de mi vida fui disconforme, activo, denunciante. No obstante, con el transcurso de los años, me apachurré. La edad me tiene un poquito aplastado. De pronto, las Machillas me han tirado de las orejas, señalando el recto camino: la ciudadanía hay que ejercerla siempre; hay que denunciar los males de la época.

Protestar, gritar porque no hay puntos finales en la conquista de la democracia. Conservador es el que está conforme con su tiempo, el que no quiere que nada cambie, decía Unamuno. El verdadero demócrata es el que está dispuesto siempre a dar un paso hacia adelante para cambiar. Gracias, Machillas, por recordarlo.

 

Carta a los que no quieren entender nuestra historia. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 14 noviembre 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

No tenía intención de volver a escribir sobre los padres jesuitas. No me gustan los rituales conmemorativos. Pero de repente, hablando de otra cosa, surgió una discusión en Twitter.

Empezó con un tuit que encontré: “Vistos en perspectiva, los logros tras de la guerra civil de los 80 fueron magros y el dolor mucho.”

A estas expresiones de pesimismo e ignorancia, casi siempre trato de responder con argumentos. En este caso, escribí: “Desmilitarización; libertad de expresión, organización y elección; pluralismo político… ¿magros?”

logos MAS y EDHMe contestó uno de los dirigentes del Movimiento 300: “A excepción de la militarización (por motivos obvios), para 1989 ya había todo eso.”

Mi respuesta: “¿Está seguro? Entonces, ¿la bomba en Fenastras no tuvo nada que ver con libertad sindical; y la muerte de los jesuitas nada con libertad de expresión?”

Su respuesta: Lo de los jesuitas, libertad de expresión? Vamos que se q sos mas inteligente..”

Entonces, sí es necesario seguir hablando de la muerte de los jesuitas.

Incluso gente progresista dentro de la derecha no logran desprenderse del mitos que a los jesuitas los mataron por que estaban detrás de la ofensiva guerrillera del 1989. Por tanto no logran entender que la guerra y los Acuerdos de Paz tuvieron que ver con la conquista de la libertad.

En vez de decirlo con otras palabras, cito de una “Carta a Ignacio Ellacuría” que publiqué hacer tres años, el 14 de noviembre del 2014.

“Te mataron por la misma razón que asesinaron a Antonio Rodríguez Porth: Para abortar el proceso de paz. Ambos se volvieron peligrosos para los enemigos de la búsqueda de una solución negociada al conflicto. Estos enemigos los hubo en ambos bandos. Los que dentro de la insurgencia vieron con preocupación que con Alfredo Cristiani había llegado al poder un hombre que tenía la autoridad y la visión de abrir dentro de la derecha espacio a la idea de una salida sin vencedores ni vencidos. Por esto mataron al cerebro detrás de esta visión del nuevo presidente: su Ministro de la Presidencia y más cercano asesor, Rodríguez Porth.”

“Usted comenzó a convertirse en el puente entre los sensatos de ambas partes. Esto -y la incidencia que esto podría tener sobre las decisiones del presidente Cristiani- lo convirtió en un peligro para los enemigos de las negociaciones dentro de la Fuerza Armada.”

“Muy pocos en el ejército se creyeron la paja que usted y sus hermanos jesuitas estaban detrás de la ofensiva insurgente. Esto era el pretexto. Los que ordenaron este crimen no querían eliminar a colaboradores de la guerrilla sino a uno de los pocos puentes que quedaba funcionando entre los que, dentro del FMLN y dentro de la derecha, querían en serio avanzar hacia una solución negociada.”

“Por esto es ridículo pensar que Alfredo Cristiani haya ordenado o consentido la muerte de los jesuitas. Fue una operación contra Cristiani, para debilitarlo.”

Claro que los asesinatos de los jesuitas -y también de Rodríguez Porth- fueron ataques a la libertad de pensamiento y de expresión. Claro que para lograr la paz y la democracia, los Acuerdos del 1992 tuvieron que centrarse en garantizar esta libertad. Claro que hoy tenemos que seguir construyendo sobre este logro.

Cuestionar esto significa abrir espacio a la anti-política – y a los populistas (de izquierda y derecha) que en este vacío hablan de “refundar la república”, en vez de defender la república que conquistada. Saludos,

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Periodistas. De Héctor Schamis

Cuando la prensa libre es el enemigo.

Héctor Schamis, 4 junio 2017 / EL PAIS

En mayo pasado fue asesinado el periodista mexicano Javier Valdez Cárdenas. Era un prolífico reportero, columnista y escritor de Sinaloa, estado que llegó a las portadas de los periódicos del mundo gracias al Chapo Guzmán. El dato geográfico y el título de su libro más reciente son buenas pistas para inferir quien lo mató. “Narcoperiodismo: una investigación profundamente documentada sobre la forma en que el narcotráfico aniquila o seduce a periodistas”, se lee en el sitio de Amazon.

“Aniquila o seduce”, nótese el candor de las opciones. Es un crudo y acertado retrato de la tragedia mexicana, sin embargo. Así se ha normalizado el autoritarismo criminal-subnacional, ese peculiar tipo de régimen basado en la colusión de la política y el cartel.

Valdez no es es el primer periodista asesinado por investigar dichas conexiones y difícilmente sea el último. Ello ha convertido a México en arquetipo de violencia contra los periodistas, sin duda, pero tampoco es el único lugar donde ocurre. Ni mucho menos, solo encarna una paradigmática manera, entre tantas, de atentar contra la libertad de prensa.

Genéricamente, debe ser visto como eso: la vulneración del derecho a informar. El periodismo se ha convertido en profesión de alto riesgo en diversos contextos y latitudes. Es el rasgo común a todas las corrientes antiliberales en boga, varias de ellas en el poder. El análisis aquí no es exhaustivo, pero algunos ejemplos sirven para ilustrar el punto.

 Lo que muchos denominan populismo, el estalinismo en todas sus versiones, la llamada revolución bolivariana, el neofascismo europeo, el racismo en cualquiera de sus formas, el aislacionismo de Trump tanto como el del UKIP, las teocracias, el terrorismo y otras organizaciones criminales tienen todos un enemigo común: la prensa libre y las normas constitucionales que la garantizan.

En Rusia es arriesgado investigar al Kremlin, la corrupción o los altos negocios de los oligarcas. Eso hizo Anna Politkovskaya, por ejemplo, periodista de Novaya Gazeta asesinada en 2006 por su cobertura de las violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas de Moscú en el Cáucaso norte, especialmente durante la guerra chechena. Los reporteros del mismo periódico son hoy amenazados por cubrir los abusos contra homosexuales, también frecuentes en Chechenia.

Turquía ha sido declarado el peor país para la libertad de prensa en 2016, habiendo encarcelado más periodistas que ningún otro y clausurado cientos de medios. La ofensiva contra el periodismo se aceleró en respuesta al intento de golpe de julio de ese año. Se espera un empeoramiento de esas condiciones luego del reciente referéndum constitucional, por el cual se institucionaliza una creciente cuota de discrecionalidad en manos del presidente Erdogan.

En Francia aún se debate el asesinato de los periodistas de la revista a Charlie Hebdo de enero de 2015 y sus implicancias. Para muchos fue la insensibilidad de los periodistas, su sátira desmedida y su blasfemia que incitó el ataque; como si el lápiz y las balas fueran equivalentes, vale la pena agregar. Hasta el Papa ironizó entonces que si alguien ofendiera a su madre, “bien podría esperarse un puñetazo”, invitando a una cierta justicia por mano propia. El mensaje es temerario pero conocido: culpar a la victima, asesinarla otra vez.

América Latina, a su vez, ha experimentado múltiples agresiones a los periodistas por parte de aquellos gobiernos determinados a perpetuarse en el poder, se llamen populistas, estalinistas, militares o una mezcla de todo lo anterior. Es que en un país donde la prensa es libre, el poder puede ser investigado. La sociedad se siente capaz de criticar, “empoderada” a hacerlo. La perpetuación es menos probable. El periodista se convierte en el adversario a neutralizar.

En Estados Unidos, las agresiones de Trump a la prensa ya se van transformando en rutina. Son solo verbales, por twitter. Existen límites estrictos marcados por un poder judicial robusto y la omnipresencia de la Primera Enmienda Constitucional, la cual consagra la libertad de expresión.

Ello no obstante contribuye a crear un clima de hostilidad, propicio para la violencia. Un ejemplo ocurrió en el estado de Montana. El candidato republicano al Congreso Greg Gianforte arremetió contra el periodista de The Guardian que cubría su campaña, Ben Jacobs, derribándole y golpeándole en el suelo produciendo la rotura de sus lentes.

Las autoridades imputaron a Gianforte por agresión física. Días más tarde, Jacobs obtuvo su nuevo par de lentes, donando los anteriores a Newseum, el museo de las noticias en Washington DC, para documentar el hecho. Un final feliz.

Feliz siempre y cuando no sea allí donde también termine la libertad de prensa, en un museo. Pues para eso están los museos: evocar el pasado y reificar lo abstracto.

Si vamos a defender la Libertad, que sea la de todos. De José Miguel Fortín Magaña

Cuando hablamos de la Libertad, de sus virtudes y de su defensa, habitualmente lo hacemos pensando en primera persona; de igual manera ocurre cuando se trata de los derechos y muy distinto es en cuanto a los deberes, en cuyo caso sí pensamos en la obligatoriedad de su cumplimiento por quienes nos rodean. Probablemente sea natural pensar y actuar de esa manera, aunque no deja de reflejar un rostro no tan sociable de nuestras personalidades. Las anteriores consideraciones son mucho más válidas y sensibles ahora que vivimos inmersos en la realidad de una época en la que la comunicación e interacción entre seres humanos está al alcance de todos por los recursos tecnológicos como las redes sociales.

José Miguel Fortín Magaña, 2 junio 2017 / LPG

La verdadera lucha por las libertades y los derechos no radica solo en defender la propia o la de quienes comparten nuestras ideas, posturas o puntos de vista, sino en luchar por la de todos, incluso y principalmente por la de aquellos que no piensan como nosotros, que dicen las cosas de una manera que no nos gusta o que están abiertamente en contra de nuestros postulados.

Cotidianamente censuramos, a veces de manera muy poco educada incluso llegando a la burla, a quienes “tienen la osadía de pensar distinto” o decir cosas que no queremos oír y terminamos actuando como aquellos a quienes condenamos.

Hace pocos días el licenciado Max Mojica, quien perteneció al Movimiento Libertad hasta hace poco, emitió algunos comentarios en sus redes sociales con los que muchos –y me incluyo– podremos estar en desacuerdo o totalmente en contra, como lo expresado contra la Iglesia Católica, el señor arzobispo y el colegio Externado de San José, pero lo hizo haciendo uso de su libertad para expresarse, de su libertad para compartir su pensamiento y preservar ese derecho, tan suyo como nuestro, debe ser parte primordial de la lucha de todos.

Yo mismo tuve la dicha de vivir buena parte de mi infancia en los recintos del Externado de San José y aunque sin compartir, entonces como ahora, algunas ideas de quienes dirigen esa institución, mi permanencia allí sirvió en mucho en la formación de mi manera de ser y pensar. Al igual que yo, son incontables los salvadoreños de toda corriente política e ideológica que deben buena parte de su formación al trabajo de los sacerdotes de la Compañía de Jesús y a los maestros que laboran con ellos.

La democracia, que hemos elegido como forma de gobierno y convivencia social, se nos plantea a todos como una exquisita manera de unirnos más en función de los disensos que de las ideas compartidas, porque al final el reto y su victoria intrínseca sobre cualquier otra forma de comunidad está precisamente en superar las diferencias para perseguir los objetivos comunes.

Cada día nos plantea a todos tanto la necesidad de convivir, como la urgencia de hacerlo de manera pacífica y civilizada, de dejar un poco de lado nuestros propios puntos de vista, de respetar al que piensa distinto y de aceptar que solo defendiendo la libertad ajena puedo defender la propia.

Parafraseando a Voltaire: Max, no estoy de acuerdo con tu opinión sobre mi colegio ni tu opinión sobre el señor arzobispo, pero daría mi vida por defender tu derecho a disentir de mí.

 

Coartar la libertad de expresión, ¡jamás! De Sherman Calvo

He sido, pero sobre todo soy un respetuoso de la libertad de expresión y de la libertad de pensamiento.

sherman-calvoSherman Calvo, 14 febrero 2017 / LPG

Es más, mi vida laboral de 40 años la he dedicado a la defensa de ellas y a la autorregulación como freno a la censura previa, misma que siempre se muestra amenazante a la publicidad y creo, sin lugar a dudas, que toda censura es peligrosa porque detiene el desarrollo de un país.

Recientemente fui mencionado en una carta dirigida a la Juventud Republicana Nacionalista, donde se me hacía ver como un censurador de los jóvenes, con especial apetito para devorarles su capacidad de expresión en redes. No obstante, quienes me conocen saben que no es mi forma de ser y habrán leído entre líneas la mala intención de manchar mi trabajo, pero especialmente dañar a ARENA, partido que desde siempre ha luchado a favor de las libertades inherentes de los salvadoreños.

(La carta de Paolo Luers a que se refiere el autor)

la prensa grafica¿Cómo tomo esta aseveración, que por cierto no fue corroborada ni conmigo ni con nadie del COENA? Simple, la tomo de quien viene. Ese tipo de desinformación lo único que hace es favorecer a los detractores de la libertad, la seguridad y el desarrollo.

La afirmación en dicha carta es totalmente falsa. En ese tipo de reuniones siempre estamos presentes el COENA con las diferentes estructuras partidarias como testigos. Categóricamente, reitero, no está en mis planes como parte del COENA censurar ni bloquear comunicación a ustedes, jóvenes. Lo convenido como partido de amplia opinión fue hacerles comprender que no pueden separar sus redes particulares de las institucionales. Siendo figuras públicas, deben respetar los estatutos, principios de ARENA y la Constitución de la República sobre todas las cosas. Bajo su palabra de honor han jurado trabajar por el país y respetar los principios de nuestro partido, eso es algo muy diferente a una censura previa, lo cual no sería ético ni correcto.

Por otro lado, también podría ver esa acción como un hecho proveniente de a quienes les estorban mis principios y valores, mi fe, mi religión católica y mi defensa por la vida. Y ahora, ante una ARENA que lucha por ser modernizada, por romper con vicios del pasado, volver a su credo, fortalecerse como producto de la democracia interna, abrazar la transparencia y hacer valer sus principios, definitivamente hay una minoría empecinada en desvirtuarnos ante la opinión pública, valiéndose de argumentos que se contraponen con la esencia de nuestro partido.

Respetada Juventud Republicana Nacionalista, les ratifico mi admiración por su valentía de asumir el reto de buscar nuevas oportunidades para los salvadoreños a través de ARENA, pero tengan mucho cuidado con las mentiras seductoras que conducen al fracaso. No olvidemos que además de los principios, estatutos y valores del partido por los que hemos jurado cumplir, nos une el principal objetivo de ser la esperanza para rescatar a El Salvador. Todo lo negativo no hace más que perdernos en el anhelado rumbo de la paz, el progreso y libertad que buscamos alcanzar.

Ustedes, jóvenes, no son el futuro, son el presente, ya decía Robert Luis Stevenson que la política es la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación, y tenía razón, pero no es menos cierto que existe una cualidad imprescindible para tener éxito en política, para lograr atraer una comunidad centrada en sus propios problemas en torno a una serie de principios. Esta cualidad no es otra que lo que denominamos el liderazgo político.

Prestancia, comunicación, imagen y dedicación, son, entre otros, atributos que no resultan ajenos a la figura del líder político que necesita el país, pero ahora bien, ¿cuáles son las características que definirían el liderazgo político de nuestro tiempo? LA CREDIBILIDAD. En nuestros días es la cualidad más importante para un líder. El descrédito actual que vive la clase política solo podrá superarse gracias a ella. LA FIRMEZA. La política no es terreno para pusilánimes y mucho menos en tiempos de crisis. La firmeza y la resolución son cualidades que proporcionan seguridad a los ciudadanos. LA AUTORIDAD. Distingámoslo de la firmeza, puesto que, mientras que la primera se refiere a la imposición y la previsibilidad del yo, la autoridad se ejerce frente al resto. LA HONESTIDAD. El líder político necesita ser honesto con sus votantes, con los ciudadanos. LA CONVICCIÓN. El líder político actúa conforme al diálogo, no a la imposición. Su autoridad en este sentido es más moral que ejecutiva.

Finalmente, jóvenes de la JRN, tengan presente que las crisis pueden atemorizar, pero nos sirven para cancelar una época e inaugurar otras y eso es en lo que debemos estar concentrados.