juventud

Carta sobre Nicaragua: Libertad sin sermón ideológico. De Paolo Luers

15 mayo 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Cuando comenzó la crisis nicaragüense, escribí en mi carta a los nicas: “Una vez que el espíritu salió de la botella, no habrá manera de volver a meterlo.”

Hoy, un mes más tarde, esto ya se hizo evidente. Se manifiesta en las calles de las ciudades de Nicaragua, este fin de semana en Masaya. ¿De qué espíritu estamos hablando? Del espíritu de rebeldía que durante años estuvo dormido, y que de repente se volvió a despertar. ¿Por qué estuvo dormido tanto tiempo, a pesar de los evidentes abusos del poder por parte de Daniel Ortega y su clan? Porque una generación entera -la de la post revolución, la post contrarrevolución, la post guerra- estaba paralizada. Estaba entrampada en el esquema revolución-contra, pro soberanía-pro imperialista. No podía haber rebeldía, y ni siquiera una oposición consistente, contra un gobierno vestido del manto del sandinismo y de la defensa de la soberanía nacional.

El gobierno de Ortega hizo todo lo posible para mantener vivo y vigente este esquema de polarización. Cada manifestación de oposición y de crítica fue deslegitimizada de antipopular y pro imperialista – y callada, mientras los opositores fueron empresarios, sandinistas disidentes y liberales progresistas.

Tuvo que crecer una generación que ya no piensa en estas coordenadas. Los que ahora se movilizan en las calles, aparte de aparentemente no tener miedo a la represión, no tienen miedo a las etiquetas políticas e ideológicas. Les dicen ‘burguesitos’ o ‘lacayos del imperialismo’ – y les resbala. Les tildan de ‘traicionar a la patria’ – y no les causa ningún complejo, ni siquiera les provoca defenderse. Simplemente no piensan en estas categorías de patria, soberanía, revolución. Por tanto, no se sienten traidores a nada.

Piensan en otras categorías, donde la libertad no es un concepto político relacionado con la soberanía nacional, sino con los espacios personales y culturales que se sienten amenazados por un gobierno que quiere cubrir todo de una salsa ideológica que les parece insufrible. A esta generación de jóvenes no los van a detener denunciándolos de enemigos de la patria y de la revolución. Los tendrían que parar a pura fuerza, en última instancia de las armas – pero por lo menos la Fuerza Armada ya manifestó que no tendrá parte de esta empresa. Malas cartas para Daniel Ortega y sus cómplices.

Tampoco me parece que hay que idealizar a estos jóvenes. Puedo entender las emociones que esta rebeldía provoca a alguien como Sergio Ramírez, el ex vicepresidente de los tiempos revolucionarios del sandinismo, luego de tanta frustración de ver a esta revolución tan romantizada convertida en una nueva dictadura de un nuevo clan mafioso. Sergio escribe en Twitter: “Al devolvernos la moral, los jóvenes de Nicaragua nos han devuelto la vida. Con esta juventud sin mancha, volvemos a renacer. Con ellos nace por fin el nuevo siglo.”

No sé si estos jóvenes representan una ‘juventud sin mancha’. Es más, no sé si para derribar a un régimen tan obsoleto como el de los Ortega se necesita una ‘juventud sin mancha’, que se sacrifique para ‘devolver la moral’ a una generación que se ha dejado comprar la moral y la dignidad. No es esta la intención de esta generación, sino simplemente ser libres para vivir como quieren, y también liberarse de este interminable e insufrible sermón sobre revolución, patria, y moral que han escuchado de sus gobernantes, pero también de los círculos opositores.


Mancha o no, esta juventud no va responder a llamados ideológicos de ninguna índole. Y esto es lo que la hace tan simpática y fuerte.

Vea también:
Carta a los nicas: Al fin rebalsó el vaso. De Paolo Luers

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“Se te fue la juventud”. De Cristina López

Me desanima ver a tantos jóvenes viejos, repitiendo slogans políticos de antaño, con la desidia de un desahuciado esperando que sean otros los que hagan, los que mejoren, los que cambien todo aquello en su entorno que les molesta o incomoda.

Cristina LópezCristina López, 16 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Uno de los chistes formulaicos que circulan en el internet –también conocidos como memes– es aquel de “se te fue la juventud cuando…”, que menciona claros indicadores de que los años más potables han ido quedando atrás. Por supuesto, es diferente para cada generación. Pero fuera del chiste, realmente hay momentos que ensartan ese recordatorio pedante como daga al orgullo, como por ejemplo que el otro día, oyendo radio en el tráfico, el disc jokey — algún puberto sin escrúpulo alguno, sin duda — incluyó en una lista “del recuerdo” las canciones con las que yo crecí, las de Britney Spears, los Backstreet Boys, N’Sync y demás. Y me tuve que reír, pues en mi cabeza las canciones que irían en una lista “del recuerdo” son más bien las de ABBA, la Pequeña Compañía, Pimpinela y Pandora. Y con eso, las que se indignarían serían mis hermanas mayores, puesto que la lista sería diferente para ellas.

EDH logY si la música no es suficiente recordatorio, la evolución del lenguaje lo es, y de manera arrolladora. Nada me recuerda con más claridad que estoy más cerca de los cuarenta que de los dieciséis que tener una conversación con mi sobrina de 16 y preguntarle sobre su vida social y la de sus coetáneos. Resulta que hoy en día y bajo el sol que nos alumbra, la gente ya no “amarra” cuando quiere comenzar una relación romántica. Ahora la gente “se trae”. Ni siquiera intenté encontrarle sentido gramatical al asunto o preguntar qué objeto, si objeto alguno existe, es lo que “se trae” la gente, asumiendo que la frase completa es “se traen algo” y que ese algo es de carácter romántico. Claramente, sería alguien con verdadero dominio de los nuevos términos la verdadera autoridad en descifrar el nuevo curioso léxico y no yo.

Sin embargo, pese a los recordatorios del inexorable paso del tiempo, fuera de ser un indicador generacional y de contextos culturales, la edad es un mal indicador de la juventud. He conocido viejos jóvenes y jóvenes achacosos y cascarrabias. Tanto de lo que define la vejez es cansancio, apatía, desinterés por otras cosas que no sean los rituales ordinarios de la supervivencia personal — se reduce a veces tanto el círculo de lo que al individuo le importa que en esa existencia, socialmente les comenzamos a aceptar a nuestros viejitos sus “mañas” sin cuestionamiento alguno. Sin embargo, impresiona ver gente con más mañas que años. Es, en ese sentido, un mejor indicador de la juventud espiritual, más que los años o la música, la curiosidad intelectual, las ganas de reír, las sonrisas fáciles.

Se va volviendo viejo por dentro aquel al que le dejan de importar los demás y le deja de alegrar la felicidad ajena. Se entumecen las articulaciones emocionales y cerebrales cuando el mundo de lo que nos importa se reduce tanto, ¡tantísimo! que deja de importar la situación del país o las circunstancias de los más desfavorecidos. Por ilustrar con un ejemplo, uno de los “viejos” más jóvenes que conozco se llama Paolo Lüers y difícilmente llegará a viejo, porque dentro de su círculo de las cosas que le importan cabe tanto: una buena cerveza, un buen debate político, mantenerse en la vanguardia de las conversaciones en las redes sociales y saberlas manejar mucho más hábilmente que tanta gente de su generación, escribir sin parar, siendo una de las plumas más prolíficas del país, continuar interesado en entablar amistades intergeneracionales, viajar. De manera opuesta, me desanima ver a tantos jóvenes viejos, repitiendo slogans políticos de antaño, con la desidia de un desahuciado esperando que sean otros los que hagan, los que mejoren, los que cambien todo aquello en su entorno que les molesta o incomoda. A mí la edad no me asusta: cada año cumplido lo celebro con orgullo y si solo de mí dependiera, quisiera continuar haciéndolo por unas siete décadas más. ¡Pero qué miedo me daría volverme vieja!

@crislopezg

“Costumbres viejas no abren puertas nuevas”. De Bernard Garside

El partido que tenga éxito en las elecciones será el que proponga ideas frescas, políticas innovadoras, una visión inclusiva (en lugar de divisiva) del futuro de El Salvador y (quizás lo más importante) el que posea una porción saludable de miembros con mentalidad joven, abierta.

Bernard Garside, embajador del Reine Unido

Bernard Garside, 7 julio 2017 / EDH

Dentro de un año tendremos una nueva Asamblea Legislativa. La votación se habrá llevado a cabo, los votos habrán sido contados, y en algunos casos, recontados, con la esperanza de que el proceso de votación termine de forma tranquila y con transparencia. Así que, ¿cuál será la forma de la política y de la Asamblea Legislativa en El Salvador el próximo año?

Espero que la política sea diferente. Espero que los miembros de la Asamblea Legislativa sean renovados, con nuevos ímpetus, frescos, dispuestos a trabajar juntos por los salvadoreños.

Se dice que el futuro de cualquier país está en las manos de la juventud, que es vital que se invierta apropiadamente en la nueva generación y que nos sintamos orgullosos de eso. Pero también debemos aceptar que las nuevas generaciones ven las cosas de forma muy diferente a nosotros y que esa diversidad debe ser aceptada. La frase “a mí manera o de ninguna manera” (My way or the highway) tiene poco, o nada de mérito. Solo miremos alrededor de la región para darnos cuenta lo malo que resulta este tipo de políticas. Si quieren seguir adelante, no pueden caminar solos. Necesitan llevar a la gente con ustedes.

Pero hay un buen equilibrio que debe ser experimentado. Como J.K. Rowling escribió en la orden del Fénix, “la juventud no puede saber cómo piensa y siente la edad. Pero los adultos son culpables si se olvidan de lo que era ser joven”. En otras palabras, la juventud no puede reemplazar fácilmente la edad y experiencia; y aquellos con edad y experiencia no pueden sustituir la innovación, entusiasmo y visión fresca sobre la vida. Pero lo que se puede lograr es una mezcla saludable y diversidad de pensamiento, que es importante en cualquier organización que quiera sobrevivir. Porque con la edad, nuestra mente nos juega trucos y, entre los muchos malos hábitos que recogemos, creemos que lo que sucedió en el pasado siempre fue mejor que lo que nos espera en el futuro. ¿Qué mejor manera, por lo tanto, que aceptar el cambio a través de la juventud, recibiéndolo con entusiasmo pero suavizando la inexperiencia con la sabiduría de la edad?

Y solo es una advertencia saludable; porque esto no va a resolver todos los problemas que enfrenta la política global. Es comprensible, la gente quiere más que nunca que su clase política sea honesta, transparente y que tenga en el corazón un interés genuino por su país.

En El Salvador, el partido que tenga éxito en las elecciones será el que proponga ideas frescas, políticas innovadoras, una visión inclusiva (en lugar de divisiva) del futuro de El Salvador y (quizás lo más importante) el que posea una porción saludable de miembros con mentalidad joven, abierta, que están dispuestos a escuchar lo que el público quiere, en lugar de lo que su partido quiere.

Ese partido político no tendrá miedo de abordar temas controversiales como el diálogo con las pandillas, embarazos en menores de edad, o los derechos sexuales de las mujeres –todas las mujeres, ricas y pobres– sin ningún tipo de prejuicio. Por último, será un partido político que reconoce que la responsabilidad del poder no es un derecho divino o algo para tomar por sentado y mantenerlo para siempre. En cambio, entenderá que el poder político es algo que la población le ha confiado, a la cual deberá responder, como individuo, así como partido político.

Entonces, ¿ese partido en realidad existe en El Salvador? Dejo que ustedes juzguen, pero personalmente presiento que aunque la gente se oponga y quiera vivir en el pasado, viene un cambio. La pregunta final es si la gente desea recibirlo y montarse a la ola de dicho cambio para un futuro El Salvador, o si desea ser barrida en el proceso.

Detestable unidad. De Napoleón Cornejo

Detesto cuando me hablan de unidad. Especialmente en política. En esas conversaciones, “unidad” es habitualmente un sinónimo de sumisión, de abandono del criterio propio por el del colectivo, y del incondicional apoyo al caudillo de turno, sin objeción alguna, a cualquiera de sus posturas. Esa concepción de unidad, como la que exhibe un rebaño de ovejas, ha convertido a nuestros pueblos más en activos electorales que en individuos críticos de sus gobernantes.

Napoleón Cornejo, 19 marzo 2017 / LPG

En el contexto de los partidos políticos salvadoreños, nunca ha sido más evidente la frase de Walter Lippmann que dice: “Donde todos piensan igual es porque nadie está pensando”. En el FMLN las decisiones y las visiones de la alta comandancia son dogma; y sus fieles, sin detenerse a pensar más allá de la poesía o el discurso incendiario, los acuerpan ingenuamente. ARENA, con la desgastada excusa de adherirse sus “principios”, es un espejo de ese mismo verticalismo que le critica a su contraparte. Solo bastó que llegaran unos jóvenes progresistas y mostraran criterio propio para que la extrema derecha se enervara y les diera una patada. El objetivo de ambos es exactamente el mismo: construir una cohesionada masa de fanáticos con pronta disponibilidad para asentir y ponerse un chaleco.

Pero luego están los que, sabiendo que hay motivos para disentir, se excusan aduciendo que hacerlo concede ventajas al adversario. Lo que esta posición deja claro, además de su penosa resignación al statu quo, es su ingenuidad; pensando que una extrema es mejor que la otra y que el péndulo político de los últimos 30 años no le hace más daño al país. Esa subordinación voluntaria, justificada en el miedo, los vuelve cómplices de empoderar cabezas provectas para decidir nuestro futuro. Un partido que no es criticado ni retado, aún en plena campaña electoral, jamás tendrá presión para modernizarse.

La verdadera unidad no se logra con regaños ni extorsión. No se exige ni se reclama. No se obtiene con un infantil “¡Callate, porque le das armas al otro!” La unidad se gana a partir de ideas, que por su propio mérito hacen que las personas se adhieran a una iniciativa. Se logra con debate público para obligar a los arcaicos liderazgos a reconsiderar su posición y su rol.

Por eso, a los reclamos de que así se divide la “derecha”, la respuesta no puede ser más fácil: ¡Ojalá! Ya es necesario que nazca otra, aseada del fanatismo religioso y sin traumas de la guerra fría. En la actual, cuando se acercaron personas con ideas más acorde a los tiempos, y por ello con capacidad de atraer adeptos tradicionalmente adversos a ARENA, rápidamente les dieron la espalda. Un partido así quizá pueda inspirar hígados, pero no cerebros. Un partido así no nos va a construir un mejor país del que dejó en 2009.

Ningún progreso vendrá sin confrontación. Y son los rebeldes, los disidentes, los que retan a comandancias y cúpulas quienes lo materializan. Para ustedes, en ARENA y el FMLN, que en respeto a las ideas y al intelecto se vuelven disidentes del establishment y rechazan su visión de “unidad”, les comparto lo que escribió uno de mis autores favoritos: “La búsqueda de justicia social y la libertad no puede sacrificarse por ‘bienes supremos’ como ‘la solidaridad de la tribu’, la tan manida ‘cohesión social’ o ‘el orden’ al que alude un dictador para justificar el recorte de libertades y la arbitrariedad. Esa es una de las luchas del librepensador. Para ello necesita soportar la soledad muchas veces y, sobre todo, valentía, una virtud que nos permite ejercer el resto de virtudes. A pesar de la soledad que supone elegir un camino propio y desmarcarse de las masas, no actuar es tomar partido”.

Somos más de 6. De Andy Failer

Esto no se trata de generar un choque generacional, se trata de generar un clima de armonía para todas las generaciones, todas tienen que aportarle a nuestra democracia, y todas son parte de la vida política.

Andy Failer, director de comunicaciones de la Juventud de ARENA recientemente suspendido de su cargo

Andy Failer, 19 marzo 2017 / EDH

En los últimos días la opinión pública ha sido testigo del ruido mediático que provocó todo lo ocurrido alrededor de la juventud de ARENA, de lo cual fui partícipe, pero lo que quiero dejar claro es que el protagonismo no me pertenece ni a mi ni a 5 personas más. Nosotros solo somos un reflejo, diverso, de lo que los jóvenes salvadoreños quieren. Sí, la juventud salvadoreña es la protagonista, y no de esta historia, sino de la que está a punto de construirse.

Los jóvenes quieren mayores oportunidades de empleo, quieren un país seguro, un mejor sistema educativo y de salud, una nación próspera. Todos queremos, sin lugar a dudas, un mejor El Salvador. Y si los políticos verdaderamente quieren hablar, o quieren politiquear, como ya lo han hecho algunos sobre la agenda de la juventud, pues les resumo cuáles son los temas en los cuales ustedes no logran ponerse de acuerdo.

El panorama electoral, de momento, no es favorable para ningún partido político, ni para muchas figuras casi ancestrales dentro de los mismos partidos, ancestrales no solo de trayectoria, sino también de criterio. Esta es la historia que la juventud salvadoreña deberá construir, todos podemos ser protagonistas y dejar de ser espectadores al momento de votar en las dos próximas contiendas electorales.

Sé que es difícil, desde una posición ciudadana, pensar en elecciones o votos cuando está claro que la oferta política más allá de atraer, espanta. ¿Vale la pena votar?

Más del 50 % de la población salvadoreña es joven, y para las próximas elecciones presidenciales la participación de los que votan por primera vez será clave, será trascendental, y nosotros, los jóvenes, podemos lograr que sean épicas. Está en nuestro poder, en nuestras manos, sentenciar a los que se han desenvuelto como más de lo mismo, como también ponerle un alto al populismo. Entonces sí, vale la pena votar. Hoy más que nunca nuestra voz no solo es disidente, también es incidente.

La renovación ha quedado en el discurso, eso ha quedado claro. Y la apertura no ha sido más que una pantalla que ya se ha desvanecido. Los protagonistas de esta historia no son 6 jóvenes, los protagonistas somos todos los salvadoreños que queremos transformar la realidad de nuestro país. Somos más de 6 los que nos hemos dado cuenta de que la política necesita cambios urgentes, somos más de 6 los que vamos votar en las próximas elecciones, somos más de 6 los que exigimos gente más capaz e idónea, somos más de 6 los que ya no creemos en ti: político corrupto, mentiroso, populista y demagogo.

Esto no se trata de generar un choque generacional, se trata de generar un clima de armonía para todas las generaciones, todas tienen que aportarle a nuestra democracia, y todas son parte de la vida política. Muchos cuestionan a esta generación de la cual soy parte, los llamados millennials, todo por ser idealistas y rebeldes. Pero somos nosotros las principales víctimas del contexto social que heredamos de los que hoy, en su mayoría, siguen tomando decisiones en nuestro país. Y nosotros no queremos trasladar el mismo contexto social a la siguiente generación. Permítannos ayudar, aportar, estamos listos para contribuirle enormemente a El Salvador.

A los políticos: Dejen de preguntarse si los cambios son necesarios, o sobre qué debemos discutir, dejen de cuestionar a la diversidad y de señalar a unos pocos. Dejen ya que sus intereses personales se carcoman los anhelos de miles, dejen de alimentar a la corrupción, ¿no les basta la realidad de nuestro país? Dejen de ser parte del problema, porque hoy… somos más de 6 los dispuestos a erradicar el problema.

Jóvenes ahora y siempre. De Carolina Ávalos

Si queremos avanzar como sociedad, tenemos que romper las cadenas que nos atan al pasado.

Carolina Ávalos, 14 marzo 2017 / EDH

En los años 80, mi generación no tuvo acceso a una vía política civilizada. Muchos de nosotros, los jóvenes de entonces, enfrentamos frustraciones y vivimos angustias, en un contexto en donde no teníamos una opción democrática para participar en los cambios sociales y hacer que nuestra voz se escuchara. Fue un tiempo en el que se truncaron los sueños de muchos jóvenes: por la muerte; por la emigración a otras tierras; o, simplemente, porque se quedaron haciendo lo mejor que pudieron, dadas las circunstancias de guerra e inicios de la posguerra. Sí, hay que reconocer que fuimos una generación taciturna contra todo nuestro deseo.

Treinta años después, no queremos repetir la historia. Los jóvenes de hoy no tienen por qué renunciar a ser jóvenes, ni abandonar el deseo de impulsar cambios. Además, no podemos ignorar las dinámicas de la globalización y los cambios que esto conlleva en nuestras sociedades. Me refiero a los avances en campos tan variados como la tecnología y las comunicaciones, pero, sobre todo, en nuevas posibilidades de transformación hacia sociedades más modernas, democráticas y sostenibles.

Por eso me parece incomprensible que en el siglo XXI la juventud salvadoreña choque contra una muralla impenetrable cuando es propositiva. Al parecer, sólo hay cabida en las instituciones políticas para los jóvenes que son agentes de transmisión de la línea tradicional y establecida. Esto, claramente, va en contra de la naturaleza misma de lo que significa ser joven, como sujeto apasionado y transformador de la realidad.

La juventud es la levadura que puede contribuir a las transformaciones necesarias en los partidos políticos existentes, e incluso en el mismo sistema político. Apostarle a espacios e instituciones políticas en donde no se exija la obediencia, sino la participación dinámica de nuestros jóvenes, sería un punto de quiebre. Más ahora que  estamos en un momento decisivo en la política nacional: la ciudadanía y los jóvenes, en particular, buscan un tipo de representación política que les haga valer sus ideales, que les canalicen y den respuestas a sus preocupaciones, y que les brinden espacios para participar activamente en el debate nacional y en el planteamiento de propuestas para generar cambios positivos en la sociedad.

Estoy convencida que es un momento decisivo en nuestra vida política. Las diferentes generaciones tenemos que trabajar juntas y dar un giro en la manera de hacer política en nuestro país. No podemos seguir comprometiendo el futuro de nuestros jóvenes y de toda una sociedad. Más aún, cuando vivimos en un contexto social complicado, en donde los jóvenes son las principales víctimas de la violencia social, donde las oportunidades educativas son limitadas, desiguales y de mala calidad. En El Salvador, la matriculación de la educación media (tasa neta) roza el 38 % y la terciaria (tasa bruta) el 30 %, muy por debajo de los promedios de América Latina.

Hay muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan (uno de cada cuatro), y que no cuentan con las herramientas necesarias (cualificación, educación, etc.) para poder insertarse en el mercado laboral en condiciones favorables, por lo que siguen engrosando el gran sector informal, todo esto limitando seriamente las posibilidades de movilización laboral y social.

Como sociedad tenemos que abrirle el paso de los jóvenes al conocimiento, al acceso a tecnologías, a la participación política, a las oportunidades de realizarse en su vida laboral, familiar y comunitaria. No podemos seguir truncando las vidas de más jóvenes, con nuestras viejas historias de un mundo mejor antes de la guerra e imponiendo nuestras visiones de manera egoísta: tenemos que conciliar y transitar entre generaciones. O le abrimos el paso a la juventud, o el paso se abrirá a pura presión, como ocurrió con el volcán de San Salvador al hacer erupción en 1917: la presión fue de tal magnitud que la lava buscó salidas alternas.

Los jóvenes tienen el potencial de transformar la sociedad y de exigir, reformar y construir las vías democráticas para ello. Tengo la convicción que apoyaremos en este camino a los jóvenes, hijos nuestros, y futuros padres y madres de nuestros nietos, sobre todo porque es nuestro anhelo que se conviertan en ciudadanos de pleno derecho.

@cavalosb

Johnny Wright: “Arena sigue siendo un partido excluyente”

El diputado de ARENA Johnny Wright fue el único diputado, de los 84, que se abstuvo de votar durante la plenaria en donde se eligió a Douglas Arquímides Meléndez como fiscal general, en enero de 2015. Foto: Fred Ramos

Gabriel Labrador, 8 marzo 2017 / EL FARO

¿Está de acuerdo con la decisión del presidente de Arena de pedirle la renuncia a Andy Failer, director de comunicación de la JRN?

Rotundamente no, no estoy de acuerdo, y aunque tiene la potestad para hacerlo, en el comunicado del partido se habla de que Arena es una institución. Pero en una institución también hay procesos, en una institución la acusación también se justifica con evidencias, y yo no he visto que se haya seguido un debido proceso. De hecho, conozco diferentes versiones entorno a lo sucedido. He leído declaraciones de algunos que dicen que fue porque Andy filtró información; he escuchado que porque les dio una entrevista a su medio ; e inclusive he escuchado que porque él ha manifestado su opinión entorno a que la legislación vigente del aborto es algo que hay que discutir. Entonces, hay varias versiones, y verdaderamente, para tomar la decisión para quitar a alguien de la estructura del partido pues no me pareció correcta ni la forma ni el fondo con lo que se ha hecho a la Juventud.

¿La decisión de pedirle la renuncia a alguien es un castigo, una sanción o una censura?

Yo no creo que para Andy o para la Juventud haya sido un castigo. Creo que el gran perdedor en todo esto es el partido que, a través de esta acción, manifiesta que sigue siendo un partido exclusivo o excluyente.

¿Pero acaso no hubo un mensaje de apertura cuando se les juramentó como directivos de la JRN, en diciembre?

De ninguna forma creo que es este el mensaje que se le debe enviar a la juventud. No creo que si se invita a la juventud a que participe en política, se le debe pedir a la juventud que se adapte a los partidos políticos; todo lo contrario, creo que los partidos políticos deben adaptarse a la juventud. Y precisamente no logro ver eso en estos momentos. Estaba lleno de esperanza con los nuevos jóvenes que habían llegado a conformar la directiva nacional, que habían preparado un proyecto importante entorno a los temas que ellos consideran son temas fundamentales de nación. Es lamentable que haya sucedido lo que sucedió, aunque creo que la decisión que tomaron los cinco (que renunciaron) ha sido una decisión muy valiente, consecuente, y pues realmente gozan de todo mi respeto y admiración.

¿Está claro por qué despidieron a Andy Failer?

Mirá, hay una versión de los jóvenes en donde ponen en su comunicado que el trasfondo de la decisión es haber accedido a darle una entrevista a El Faro. Esa es la versión de los jóvenes. Entre la versión de los jóvenes y la de la dirigencia del partido, yo a ciegas confiaría en la versión de los jóvenes.

¿Es falso que Andy estuviera filtrando información equivocada? ¿Te parece poco sostenible?

Pues para ser una acusación de ese tipo considero que debe sostenerse con evidencia, porque no deja de ser una acusación bastante seria. Por eso existen instancias como el Tribunal de Primera Instancia del partido donde uno puede interponer una denuncia para que haya una investigación. Esas acusaciones diría que son irresponsables.

Cuando cinco jóvenes deciden irse, seguramente consideraron que ni siquiera se podía hacer la lucha adentro, sino que tiraron la toalla y dijeron: “ya aquí no se puede”.

No creo que deba verse como que este grupo está tirando la toalla, incluso ellos lo manifiestan en su comunicado, que esto no se trata de una protesta sino que ellos van a seguir trabajando por El Salvador. Yo conozco a todos los integrantes que renunciaron el día de ayer y tengo mucha cercanía con AndY, que está en mi equipo de trabajo, y estoy totalmente convencido de que a estos jóvenes no los detiene nadie. Tienen grandes sueños y van a hacer grandes cosas. Entorno, lo que esto podría implicar para el partido, pues… yo sigo estando en el partido, soy un diputado del partido Arena, y ahí estamos también trabajando por generar espacios, debate, diálogo y apertura, pero apertura real.

¿Podrías, por ejemplo, discutir internamente sobre el buen uso de los recursos públicos, o el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo o en el tema de aborto en determinadas circunstancias?

Son temas de nación, relevantes, que definitivamente tienen que abordarse, discutirse y por supuesto que hay que buscarles solución. Pero creo que la gran pregunta para el partido no es cómo lo va a lograr, cuándo lo va a lograr, quiénes lo van a lograr. La pregunta fundamental es ¿qué quiere ser Arena? Yo creo que todo mundo reconoce que si Arena quiere salir adelante, si Arena quiere volver a representar a la mayoría de los salvadoreños, tiene que cambiar, de una u otra forma. Pero no cambios cosméticos, yo diría que cambios fundamentales. Y lo primero que hay que plantearse es ¿qué partido quiere ser? A mí me parece que para algunas personas, la salida de estos jóvenes lo están viendo como una victoria o una reafirmación de que Arena es un partido conservador. Pues podés llamarle liberal, podés llamarle conservador, el partido no va a salir adelante si no representa los sueños, los ideales, y la solución a los problemas de la gran mayoría de salvadoreños. Yo no creo que es un tema de tipificar la ideología, o inclusive definirla aún más, sino que Arena debe demostrar que está trabajando sobre lo fundamental, sobre el desarrollo social que necesita la gente, sobre verdaderamente apostar al país, que no solo quede en palabras y de ser un partido de oposición responsable.

¿Preguntabas qué es Arena? ¿No está definido en los estatutos, en los principios y objetivos?

Es curioso que mencionás los principios y los estatutos. Muchas personas hablan de los mismos, yo los he leído muchas veces, y no encontré en el cuerpo de estatutos o de principios razón alguna por la cual se puede justificar el despido de Andy de la estructura del partido.

¿No hay una razón comprensible de por qué ha ocurrido esto?

Desde mi punto de vista, no.

¿El despido y las renuncias posteriores son un retroceso con lo que se había avanzado de apertura y renovación del partido?

¿Un retroceso para el partido? Sí, es un retroceso. Creo que la decisión que se tomó dificulta que el partido sea un partido atractivo para jóvenes. Queda claro que la juventud salvadoreña, o la juventud en general, no es un segmento de la población que va a seguir una línea. Yo veo una juventud idealista, con aspiraciones, con sueños, rebelde, llena de energía y con deseos de cambiar las cosas. Entonces, yo creo que es difícil decir: ‘todos son bienvenidos, pero siempre y cuando, vea…’ Yo creo que o todos son bienvenidos o todos no son bienvenidos.

Hay dirigentes que nos dijeron o que pusieron en Twitter ‘bueno, los que no piensen así, tienen que irse y buscar otro partido’.

El abordaje no debe de ser un abordaje confrontativo. El reto que tenemos las personas que pensamos diferente es lograr persuadir, y no tanto hacia dentro del partido, que de hecho tiene su base reducida al histórico más bajo. Más bien, debemos de persuadir y convencer a los votantes, a los salvadoreños que hoy por hoy ni se identifican con ningún partido político. Creo que en esas aguas debemos de estar pescando y creo que esa es la gente a la que hay que convencer.

¿Esta decisión marcha en sentido contrario a eso?

Sí, evidentemente sí.

¿Qué pasó con Mauricio Interiano? Él prometió renovación, pero este caso lo deja en entredicho, lo pone como un dirigente conservador para un partido conservador.

Creo que esa pregunta solo se la puedes hacer a Mauricio Interiano y te deseo toda la suerte del mundo de que él te pueda conceder esa respuesta.

¿Cuál es tu valoración de Interiano?

No. Honestamente no quisiera opinar o hacer una valoración sobre el desempeño del presidente del partido. La opinión que realmente cuenta es la de los salvadoreños y la de los areneros que quieren sumarse o incluso de los que quieren alejarse del partido. En el fondo, aquí responsabilidad tenemos todos de hacer cada quien lo que podemos hasta donde podemos.

¿Dirías que hay una intención para afectarte a vos? Andy tiene un vínculo contigo. Algunos de los que renunciaron también.

Pudiese ser, pero en la política y en nuestro proyecto, en el trabajo que hacemos. No me tomo las cosas de manera personal. Nuestro compromiso, nuestra visión, nuestros objetivos y la defensa del sistema democrático liberal, la defensa del estado de derecho, de la igualdad ante la ley, del principio de tolerancia y del respeto a la libertad de expresión, y otros derechos y libertades que nosotros tenemos y que creemos fundamentales. Todo ese trabajo y todo lo que hacemos nosotros es más grande que la persona. No se trata de si estoy dolido o herido de forma personal. Ni siquiera me he detenido para considerar eso.

¿La decisión del partido afecta a los diputados de Arena, a vos, te resta credibilidad?

¿A mi persona? No.

¿Y al partido?

Al final, cada quien es responsable de lo que dice y hace. Yo estoy dispuesto a siempre responsabilizarme por mis fracasos, por mis errores, como también por mis aciertos. Pero en general creo que esta situación no le ayuda (al partido). Definitivamente no le ayuda.