juventud

Detestable unidad. De Napoleón Cornejo

Detesto cuando me hablan de unidad. Especialmente en política. En esas conversaciones, “unidad” es habitualmente un sinónimo de sumisión, de abandono del criterio propio por el del colectivo, y del incondicional apoyo al caudillo de turno, sin objeción alguna, a cualquiera de sus posturas. Esa concepción de unidad, como la que exhibe un rebaño de ovejas, ha convertido a nuestros pueblos más en activos electorales que en individuos críticos de sus gobernantes.

Napoleón Cornejo, 19 marzo 2017 / LPG

En el contexto de los partidos políticos salvadoreños, nunca ha sido más evidente la frase de Walter Lippmann que dice: “Donde todos piensan igual es porque nadie está pensando”. En el FMLN las decisiones y las visiones de la alta comandancia son dogma; y sus fieles, sin detenerse a pensar más allá de la poesía o el discurso incendiario, los acuerpan ingenuamente. ARENA, con la desgastada excusa de adherirse sus “principios”, es un espejo de ese mismo verticalismo que le critica a su contraparte. Solo bastó que llegaran unos jóvenes progresistas y mostraran criterio propio para que la extrema derecha se enervara y les diera una patada. El objetivo de ambos es exactamente el mismo: construir una cohesionada masa de fanáticos con pronta disponibilidad para asentir y ponerse un chaleco.

Pero luego están los que, sabiendo que hay motivos para disentir, se excusan aduciendo que hacerlo concede ventajas al adversario. Lo que esta posición deja claro, además de su penosa resignación al statu quo, es su ingenuidad; pensando que una extrema es mejor que la otra y que el péndulo político de los últimos 30 años no le hace más daño al país. Esa subordinación voluntaria, justificada en el miedo, los vuelve cómplices de empoderar cabezas provectas para decidir nuestro futuro. Un partido que no es criticado ni retado, aún en plena campaña electoral, jamás tendrá presión para modernizarse.

La verdadera unidad no se logra con regaños ni extorsión. No se exige ni se reclama. No se obtiene con un infantil “¡Callate, porque le das armas al otro!” La unidad se gana a partir de ideas, que por su propio mérito hacen que las personas se adhieran a una iniciativa. Se logra con debate público para obligar a los arcaicos liderazgos a reconsiderar su posición y su rol.

Por eso, a los reclamos de que así se divide la “derecha”, la respuesta no puede ser más fácil: ¡Ojalá! Ya es necesario que nazca otra, aseada del fanatismo religioso y sin traumas de la guerra fría. En la actual, cuando se acercaron personas con ideas más acorde a los tiempos, y por ello con capacidad de atraer adeptos tradicionalmente adversos a ARENA, rápidamente les dieron la espalda. Un partido así quizá pueda inspirar hígados, pero no cerebros. Un partido así no nos va a construir un mejor país del que dejó en 2009.

Ningún progreso vendrá sin confrontación. Y son los rebeldes, los disidentes, los que retan a comandancias y cúpulas quienes lo materializan. Para ustedes, en ARENA y el FMLN, que en respeto a las ideas y al intelecto se vuelven disidentes del establishment y rechazan su visión de “unidad”, les comparto lo que escribió uno de mis autores favoritos: “La búsqueda de justicia social y la libertad no puede sacrificarse por ‘bienes supremos’ como ‘la solidaridad de la tribu’, la tan manida ‘cohesión social’ o ‘el orden’ al que alude un dictador para justificar el recorte de libertades y la arbitrariedad. Esa es una de las luchas del librepensador. Para ello necesita soportar la soledad muchas veces y, sobre todo, valentía, una virtud que nos permite ejercer el resto de virtudes. A pesar de la soledad que supone elegir un camino propio y desmarcarse de las masas, no actuar es tomar partido”.

Somos más de 6. De Andy Failer

Esto no se trata de generar un choque generacional, se trata de generar un clima de armonía para todas las generaciones, todas tienen que aportarle a nuestra democracia, y todas son parte de la vida política.

Andy Failer, director de comunicaciones de la Juventud de ARENA recientemente suspendido de su cargo

Andy Failer, 19 marzo 2017 / EDH

En los últimos días la opinión pública ha sido testigo del ruido mediático que provocó todo lo ocurrido alrededor de la juventud de ARENA, de lo cual fui partícipe, pero lo que quiero dejar claro es que el protagonismo no me pertenece ni a mi ni a 5 personas más. Nosotros solo somos un reflejo, diverso, de lo que los jóvenes salvadoreños quieren. Sí, la juventud salvadoreña es la protagonista, y no de esta historia, sino de la que está a punto de construirse.

Los jóvenes quieren mayores oportunidades de empleo, quieren un país seguro, un mejor sistema educativo y de salud, una nación próspera. Todos queremos, sin lugar a dudas, un mejor El Salvador. Y si los políticos verdaderamente quieren hablar, o quieren politiquear, como ya lo han hecho algunos sobre la agenda de la juventud, pues les resumo cuáles son los temas en los cuales ustedes no logran ponerse de acuerdo.

El panorama electoral, de momento, no es favorable para ningún partido político, ni para muchas figuras casi ancestrales dentro de los mismos partidos, ancestrales no solo de trayectoria, sino también de criterio. Esta es la historia que la juventud salvadoreña deberá construir, todos podemos ser protagonistas y dejar de ser espectadores al momento de votar en las dos próximas contiendas electorales.

Sé que es difícil, desde una posición ciudadana, pensar en elecciones o votos cuando está claro que la oferta política más allá de atraer, espanta. ¿Vale la pena votar?

Más del 50 % de la población salvadoreña es joven, y para las próximas elecciones presidenciales la participación de los que votan por primera vez será clave, será trascendental, y nosotros, los jóvenes, podemos lograr que sean épicas. Está en nuestro poder, en nuestras manos, sentenciar a los que se han desenvuelto como más de lo mismo, como también ponerle un alto al populismo. Entonces sí, vale la pena votar. Hoy más que nunca nuestra voz no solo es disidente, también es incidente.

La renovación ha quedado en el discurso, eso ha quedado claro. Y la apertura no ha sido más que una pantalla que ya se ha desvanecido. Los protagonistas de esta historia no son 6 jóvenes, los protagonistas somos todos los salvadoreños que queremos transformar la realidad de nuestro país. Somos más de 6 los que nos hemos dado cuenta de que la política necesita cambios urgentes, somos más de 6 los que vamos votar en las próximas elecciones, somos más de 6 los que exigimos gente más capaz e idónea, somos más de 6 los que ya no creemos en ti: político corrupto, mentiroso, populista y demagogo.

Esto no se trata de generar un choque generacional, se trata de generar un clima de armonía para todas las generaciones, todas tienen que aportarle a nuestra democracia, y todas son parte de la vida política. Muchos cuestionan a esta generación de la cual soy parte, los llamados millennials, todo por ser idealistas y rebeldes. Pero somos nosotros las principales víctimas del contexto social que heredamos de los que hoy, en su mayoría, siguen tomando decisiones en nuestro país. Y nosotros no queremos trasladar el mismo contexto social a la siguiente generación. Permítannos ayudar, aportar, estamos listos para contribuirle enormemente a El Salvador.

A los políticos: Dejen de preguntarse si los cambios son necesarios, o sobre qué debemos discutir, dejen de cuestionar a la diversidad y de señalar a unos pocos. Dejen ya que sus intereses personales se carcoman los anhelos de miles, dejen de alimentar a la corrupción, ¿no les basta la realidad de nuestro país? Dejen de ser parte del problema, porque hoy… somos más de 6 los dispuestos a erradicar el problema.

Jóvenes ahora y siempre. De Carolina Ávalos

Si queremos avanzar como sociedad, tenemos que romper las cadenas que nos atan al pasado.

Carolina Ávalos, 14 marzo 2017 / EDH

En los años 80, mi generación no tuvo acceso a una vía política civilizada. Muchos de nosotros, los jóvenes de entonces, enfrentamos frustraciones y vivimos angustias, en un contexto en donde no teníamos una opción democrática para participar en los cambios sociales y hacer que nuestra voz se escuchara. Fue un tiempo en el que se truncaron los sueños de muchos jóvenes: por la muerte; por la emigración a otras tierras; o, simplemente, porque se quedaron haciendo lo mejor que pudieron, dadas las circunstancias de guerra e inicios de la posguerra. Sí, hay que reconocer que fuimos una generación taciturna contra todo nuestro deseo.

Treinta años después, no queremos repetir la historia. Los jóvenes de hoy no tienen por qué renunciar a ser jóvenes, ni abandonar el deseo de impulsar cambios. Además, no podemos ignorar las dinámicas de la globalización y los cambios que esto conlleva en nuestras sociedades. Me refiero a los avances en campos tan variados como la tecnología y las comunicaciones, pero, sobre todo, en nuevas posibilidades de transformación hacia sociedades más modernas, democráticas y sostenibles.

Por eso me parece incomprensible que en el siglo XXI la juventud salvadoreña choque contra una muralla impenetrable cuando es propositiva. Al parecer, sólo hay cabida en las instituciones políticas para los jóvenes que son agentes de transmisión de la línea tradicional y establecida. Esto, claramente, va en contra de la naturaleza misma de lo que significa ser joven, como sujeto apasionado y transformador de la realidad.

La juventud es la levadura que puede contribuir a las transformaciones necesarias en los partidos políticos existentes, e incluso en el mismo sistema político. Apostarle a espacios e instituciones políticas en donde no se exija la obediencia, sino la participación dinámica de nuestros jóvenes, sería un punto de quiebre. Más ahora que  estamos en un momento decisivo en la política nacional: la ciudadanía y los jóvenes, en particular, buscan un tipo de representación política que les haga valer sus ideales, que les canalicen y den respuestas a sus preocupaciones, y que les brinden espacios para participar activamente en el debate nacional y en el planteamiento de propuestas para generar cambios positivos en la sociedad.

Estoy convencida que es un momento decisivo en nuestra vida política. Las diferentes generaciones tenemos que trabajar juntas y dar un giro en la manera de hacer política en nuestro país. No podemos seguir comprometiendo el futuro de nuestros jóvenes y de toda una sociedad. Más aún, cuando vivimos en un contexto social complicado, en donde los jóvenes son las principales víctimas de la violencia social, donde las oportunidades educativas son limitadas, desiguales y de mala calidad. En El Salvador, la matriculación de la educación media (tasa neta) roza el 38 % y la terciaria (tasa bruta) el 30 %, muy por debajo de los promedios de América Latina.

Hay muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan (uno de cada cuatro), y que no cuentan con las herramientas necesarias (cualificación, educación, etc.) para poder insertarse en el mercado laboral en condiciones favorables, por lo que siguen engrosando el gran sector informal, todo esto limitando seriamente las posibilidades de movilización laboral y social.

Como sociedad tenemos que abrirle el paso de los jóvenes al conocimiento, al acceso a tecnologías, a la participación política, a las oportunidades de realizarse en su vida laboral, familiar y comunitaria. No podemos seguir truncando las vidas de más jóvenes, con nuestras viejas historias de un mundo mejor antes de la guerra e imponiendo nuestras visiones de manera egoísta: tenemos que conciliar y transitar entre generaciones. O le abrimos el paso a la juventud, o el paso se abrirá a pura presión, como ocurrió con el volcán de San Salvador al hacer erupción en 1917: la presión fue de tal magnitud que la lava buscó salidas alternas.

Los jóvenes tienen el potencial de transformar la sociedad y de exigir, reformar y construir las vías democráticas para ello. Tengo la convicción que apoyaremos en este camino a los jóvenes, hijos nuestros, y futuros padres y madres de nuestros nietos, sobre todo porque es nuestro anhelo que se conviertan en ciudadanos de pleno derecho.

@cavalosb

Johnny Wright: “Arena sigue siendo un partido excluyente”

El diputado de ARENA Johnny Wright fue el único diputado, de los 84, que se abstuvo de votar durante la plenaria en donde se eligió a Douglas Arquímides Meléndez como fiscal general, en enero de 2015. Foto: Fred Ramos

Gabriel Labrador, 8 marzo 2017 / EL FARO

¿Está de acuerdo con la decisión del presidente de Arena de pedirle la renuncia a Andy Failer, director de comunicación de la JRN?

Rotundamente no, no estoy de acuerdo, y aunque tiene la potestad para hacerlo, en el comunicado del partido se habla de que Arena es una institución. Pero en una institución también hay procesos, en una institución la acusación también se justifica con evidencias, y yo no he visto que se haya seguido un debido proceso. De hecho, conozco diferentes versiones entorno a lo sucedido. He leído declaraciones de algunos que dicen que fue porque Andy filtró información; he escuchado que porque les dio una entrevista a su medio ; e inclusive he escuchado que porque él ha manifestado su opinión entorno a que la legislación vigente del aborto es algo que hay que discutir. Entonces, hay varias versiones, y verdaderamente, para tomar la decisión para quitar a alguien de la estructura del partido pues no me pareció correcta ni la forma ni el fondo con lo que se ha hecho a la Juventud.

¿La decisión de pedirle la renuncia a alguien es un castigo, una sanción o una censura?

Yo no creo que para Andy o para la Juventud haya sido un castigo. Creo que el gran perdedor en todo esto es el partido que, a través de esta acción, manifiesta que sigue siendo un partido exclusivo o excluyente.

¿Pero acaso no hubo un mensaje de apertura cuando se les juramentó como directivos de la JRN, en diciembre?

De ninguna forma creo que es este el mensaje que se le debe enviar a la juventud. No creo que si se invita a la juventud a que participe en política, se le debe pedir a la juventud que se adapte a los partidos políticos; todo lo contrario, creo que los partidos políticos deben adaptarse a la juventud. Y precisamente no logro ver eso en estos momentos. Estaba lleno de esperanza con los nuevos jóvenes que habían llegado a conformar la directiva nacional, que habían preparado un proyecto importante entorno a los temas que ellos consideran son temas fundamentales de nación. Es lamentable que haya sucedido lo que sucedió, aunque creo que la decisión que tomaron los cinco (que renunciaron) ha sido una decisión muy valiente, consecuente, y pues realmente gozan de todo mi respeto y admiración.

¿Está claro por qué despidieron a Andy Failer?

Mirá, hay una versión de los jóvenes en donde ponen en su comunicado que el trasfondo de la decisión es haber accedido a darle una entrevista a El Faro. Esa es la versión de los jóvenes. Entre la versión de los jóvenes y la de la dirigencia del partido, yo a ciegas confiaría en la versión de los jóvenes.

¿Es falso que Andy estuviera filtrando información equivocada? ¿Te parece poco sostenible?

Pues para ser una acusación de ese tipo considero que debe sostenerse con evidencia, porque no deja de ser una acusación bastante seria. Por eso existen instancias como el Tribunal de Primera Instancia del partido donde uno puede interponer una denuncia para que haya una investigación. Esas acusaciones diría que son irresponsables.

Cuando cinco jóvenes deciden irse, seguramente consideraron que ni siquiera se podía hacer la lucha adentro, sino que tiraron la toalla y dijeron: “ya aquí no se puede”.

No creo que deba verse como que este grupo está tirando la toalla, incluso ellos lo manifiestan en su comunicado, que esto no se trata de una protesta sino que ellos van a seguir trabajando por El Salvador. Yo conozco a todos los integrantes que renunciaron el día de ayer y tengo mucha cercanía con AndY, que está en mi equipo de trabajo, y estoy totalmente convencido de que a estos jóvenes no los detiene nadie. Tienen grandes sueños y van a hacer grandes cosas. Entorno, lo que esto podría implicar para el partido, pues… yo sigo estando en el partido, soy un diputado del partido Arena, y ahí estamos también trabajando por generar espacios, debate, diálogo y apertura, pero apertura real.

¿Podrías, por ejemplo, discutir internamente sobre el buen uso de los recursos públicos, o el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo o en el tema de aborto en determinadas circunstancias?

Son temas de nación, relevantes, que definitivamente tienen que abordarse, discutirse y por supuesto que hay que buscarles solución. Pero creo que la gran pregunta para el partido no es cómo lo va a lograr, cuándo lo va a lograr, quiénes lo van a lograr. La pregunta fundamental es ¿qué quiere ser Arena? Yo creo que todo mundo reconoce que si Arena quiere salir adelante, si Arena quiere volver a representar a la mayoría de los salvadoreños, tiene que cambiar, de una u otra forma. Pero no cambios cosméticos, yo diría que cambios fundamentales. Y lo primero que hay que plantearse es ¿qué partido quiere ser? A mí me parece que para algunas personas, la salida de estos jóvenes lo están viendo como una victoria o una reafirmación de que Arena es un partido conservador. Pues podés llamarle liberal, podés llamarle conservador, el partido no va a salir adelante si no representa los sueños, los ideales, y la solución a los problemas de la gran mayoría de salvadoreños. Yo no creo que es un tema de tipificar la ideología, o inclusive definirla aún más, sino que Arena debe demostrar que está trabajando sobre lo fundamental, sobre el desarrollo social que necesita la gente, sobre verdaderamente apostar al país, que no solo quede en palabras y de ser un partido de oposición responsable.

¿Preguntabas qué es Arena? ¿No está definido en los estatutos, en los principios y objetivos?

Es curioso que mencionás los principios y los estatutos. Muchas personas hablan de los mismos, yo los he leído muchas veces, y no encontré en el cuerpo de estatutos o de principios razón alguna por la cual se puede justificar el despido de Andy de la estructura del partido.

¿No hay una razón comprensible de por qué ha ocurrido esto?

Desde mi punto de vista, no.

¿El despido y las renuncias posteriores son un retroceso con lo que se había avanzado de apertura y renovación del partido?

¿Un retroceso para el partido? Sí, es un retroceso. Creo que la decisión que se tomó dificulta que el partido sea un partido atractivo para jóvenes. Queda claro que la juventud salvadoreña, o la juventud en general, no es un segmento de la población que va a seguir una línea. Yo veo una juventud idealista, con aspiraciones, con sueños, rebelde, llena de energía y con deseos de cambiar las cosas. Entonces, yo creo que es difícil decir: ‘todos son bienvenidos, pero siempre y cuando, vea…’ Yo creo que o todos son bienvenidos o todos no son bienvenidos.

Hay dirigentes que nos dijeron o que pusieron en Twitter ‘bueno, los que no piensen así, tienen que irse y buscar otro partido’.

El abordaje no debe de ser un abordaje confrontativo. El reto que tenemos las personas que pensamos diferente es lograr persuadir, y no tanto hacia dentro del partido, que de hecho tiene su base reducida al histórico más bajo. Más bien, debemos de persuadir y convencer a los votantes, a los salvadoreños que hoy por hoy ni se identifican con ningún partido político. Creo que en esas aguas debemos de estar pescando y creo que esa es la gente a la que hay que convencer.

¿Esta decisión marcha en sentido contrario a eso?

Sí, evidentemente sí.

¿Qué pasó con Mauricio Interiano? Él prometió renovación, pero este caso lo deja en entredicho, lo pone como un dirigente conservador para un partido conservador.

Creo que esa pregunta solo se la puedes hacer a Mauricio Interiano y te deseo toda la suerte del mundo de que él te pueda conceder esa respuesta.

¿Cuál es tu valoración de Interiano?

No. Honestamente no quisiera opinar o hacer una valoración sobre el desempeño del presidente del partido. La opinión que realmente cuenta es la de los salvadoreños y la de los areneros que quieren sumarse o incluso de los que quieren alejarse del partido. En el fondo, aquí responsabilidad tenemos todos de hacer cada quien lo que podemos hasta donde podemos.

¿Dirías que hay una intención para afectarte a vos? Andy tiene un vínculo contigo. Algunos de los que renunciaron también.

Pudiese ser, pero en la política y en nuestro proyecto, en el trabajo que hacemos. No me tomo las cosas de manera personal. Nuestro compromiso, nuestra visión, nuestros objetivos y la defensa del sistema democrático liberal, la defensa del estado de derecho, de la igualdad ante la ley, del principio de tolerancia y del respeto a la libertad de expresión, y otros derechos y libertades que nosotros tenemos y que creemos fundamentales. Todo ese trabajo y todo lo que hacemos nosotros es más grande que la persona. No se trata de si estoy dolido o herido de forma personal. Ni siquiera me he detenido para considerar eso.

¿La decisión del partido afecta a los diputados de Arena, a vos, te resta credibilidad?

¿A mi persona? No.

¿Y al partido?

Al final, cada quien es responsable de lo que dice y hace. Yo estoy dispuesto a siempre responsabilizarme por mis fracasos, por mis errores, como también por mis aciertos. Pero en general creo que esta situación no le ayuda (al partido). Definitivamente no le ayuda.

Coartar la libertad de expresión, ¡jamás! De Sherman Calvo

He sido, pero sobre todo soy un respetuoso de la libertad de expresión y de la libertad de pensamiento.

sherman-calvoSherman Calvo, 14 febrero 2017 / LPG

Es más, mi vida laboral de 40 años la he dedicado a la defensa de ellas y a la autorregulación como freno a la censura previa, misma que siempre se muestra amenazante a la publicidad y creo, sin lugar a dudas, que toda censura es peligrosa porque detiene el desarrollo de un país.

Recientemente fui mencionado en una carta dirigida a la Juventud Republicana Nacionalista, donde se me hacía ver como un censurador de los jóvenes, con especial apetito para devorarles su capacidad de expresión en redes. No obstante, quienes me conocen saben que no es mi forma de ser y habrán leído entre líneas la mala intención de manchar mi trabajo, pero especialmente dañar a ARENA, partido que desde siempre ha luchado a favor de las libertades inherentes de los salvadoreños.

(La carta de Paolo Luers a que se refiere el autor)

la prensa grafica¿Cómo tomo esta aseveración, que por cierto no fue corroborada ni conmigo ni con nadie del COENA? Simple, la tomo de quien viene. Ese tipo de desinformación lo único que hace es favorecer a los detractores de la libertad, la seguridad y el desarrollo.

La afirmación en dicha carta es totalmente falsa. En ese tipo de reuniones siempre estamos presentes el COENA con las diferentes estructuras partidarias como testigos. Categóricamente, reitero, no está en mis planes como parte del COENA censurar ni bloquear comunicación a ustedes, jóvenes. Lo convenido como partido de amplia opinión fue hacerles comprender que no pueden separar sus redes particulares de las institucionales. Siendo figuras públicas, deben respetar los estatutos, principios de ARENA y la Constitución de la República sobre todas las cosas. Bajo su palabra de honor han jurado trabajar por el país y respetar los principios de nuestro partido, eso es algo muy diferente a una censura previa, lo cual no sería ético ni correcto.

Por otro lado, también podría ver esa acción como un hecho proveniente de a quienes les estorban mis principios y valores, mi fe, mi religión católica y mi defensa por la vida. Y ahora, ante una ARENA que lucha por ser modernizada, por romper con vicios del pasado, volver a su credo, fortalecerse como producto de la democracia interna, abrazar la transparencia y hacer valer sus principios, definitivamente hay una minoría empecinada en desvirtuarnos ante la opinión pública, valiéndose de argumentos que se contraponen con la esencia de nuestro partido.

Respetada Juventud Republicana Nacionalista, les ratifico mi admiración por su valentía de asumir el reto de buscar nuevas oportunidades para los salvadoreños a través de ARENA, pero tengan mucho cuidado con las mentiras seductoras que conducen al fracaso. No olvidemos que además de los principios, estatutos y valores del partido por los que hemos jurado cumplir, nos une el principal objetivo de ser la esperanza para rescatar a El Salvador. Todo lo negativo no hace más que perdernos en el anhelado rumbo de la paz, el progreso y libertad que buscamos alcanzar.

Ustedes, jóvenes, no son el futuro, son el presente, ya decía Robert Luis Stevenson que la política es la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación, y tenía razón, pero no es menos cierto que existe una cualidad imprescindible para tener éxito en política, para lograr atraer una comunidad centrada en sus propios problemas en torno a una serie de principios. Esta cualidad no es otra que lo que denominamos el liderazgo político.

Prestancia, comunicación, imagen y dedicación, son, entre otros, atributos que no resultan ajenos a la figura del líder político que necesita el país, pero ahora bien, ¿cuáles son las características que definirían el liderazgo político de nuestro tiempo? LA CREDIBILIDAD. En nuestros días es la cualidad más importante para un líder. El descrédito actual que vive la clase política solo podrá superarse gracias a ella. LA FIRMEZA. La política no es terreno para pusilánimes y mucho menos en tiempos de crisis. La firmeza y la resolución son cualidades que proporcionan seguridad a los ciudadanos. LA AUTORIDAD. Distingámoslo de la firmeza, puesto que, mientras que la primera se refiere a la imposición y la previsibilidad del yo, la autoridad se ejerce frente al resto. LA HONESTIDAD. El líder político necesita ser honesto con sus votantes, con los ciudadanos. LA CONVICCIÓN. El líder político actúa conforme al diálogo, no a la imposición. Su autoridad en este sentido es más moral que ejecutiva.

Finalmente, jóvenes de la JRN, tengan presente que las crisis pueden atemorizar, pero nos sirven para cancelar una época e inaugurar otras y eso es en lo que debemos estar concentrados.

 

COENA: Demuéstrenme que estoy equivocada. De Cristina López

Foto: Kike Giron

Foto: Kike Girón

cristina-lopezCristina López, 11 febrero 2016 / MEDIUM

Estimados miembros del COENA,

Mi carta quizás poco signifique para ustedes. Al fin y al cabo, ni soy donante de su partido, de esos con poder para influir en sus planes, y tampoco como votante les he sido fiel siempre: en diferentes elecciones me he sentido asqueada por su oferta política, ya sea porque continúan ofreciendo lo mismo (algunas candidaturas tienen más de una década de mantenerse iguales), o porque quieren impulsar caras nuevas pero con los mismos métodos. Su marcha que apela a la violencia y menciona tumbas en los términos más casuales me parece de lo más ofensivo, sobre todo en un país en el que las tumbas se cavan a diario. Tampoco les ayuda que de todos los candidatos que han llevado a la presidencia, a la mitad se les ha iniciado un proceso por corrupción, a mi parecer el pecado y abuso de poder más grande que puede cometerse en un país con un índice de pobreza tan alto.

No soy nadie (en términos de relevancia política) ni tengo nada (en términos de apoyo económico). Solo tengo opiniones y una plataforma para divulgarlas, y quizás con ella entretener, provocar y en los casos más afortunados, convencer.

Soy, como muchos miembros de mi generación, liberal a secas, con más necesidad de ideas que de partidos; de las que leemos a Bastiat por hobby y coincidimos con Foucault de que los abusos del poder punitivo son violencia del Estado contra el individuo. De los que queremos libertad para todos, hasta para los que no son como nosotros, y progreso económico para todos. De los que tuvimos la suerte de ser expuestos a diversidad de gente e ideas, por lo que contamos con el beneficio de tener amigos brillantes en la derecha y en la izquierda, con los que podemos debatir coherente y civilizadamente. Por eso siempre me ha chocado cuando en nombre de la politiquería electorera, polarizan e insultan al contrario en lugar de debatirlo o buscar puntos en común. Me asquea cuando traicionan las libertades que dicen defender en nombre de un populismo religioso mal entendido, cuando actúan como grupo de intereses de la empresa privada en vez de defensores de los derechos del individuo, cuando en la asamblea votan exactamente al revés de lo que supuestamente defienden, o cuando en vez de desmantelar la corruptela estatal de disfrute de carros nacionales, carísimos viajes, almuerzos y beneficios que pagamos con impuestos, los gozan como si nada.

Me causa risa burlona verlos repetir las ridiculeces del FMLN: tan absurdos como los tributos que el Frente le dedicó siempre a Fidel y la ciega pleitesía que le ofrendaron siempre a Chávez, fueron sus palabras de apoyo a Trump, el presidente — ¡desde ya! — más corrupto en lo que a conflictos de interés se refiere, tan autoritario y populista como los socialistas del siglo 21 y el que más daño le va a hacer a nuestros compatriotas trabajadores en Estados Unidos. Su apoyo dejó en evidencia una falta de entendimiento del panorama político (tan grave en los dirigentes de un partido como una asociación de médicos apoyando las cualidades curativas del ocultismo) que daba más risa que miedo.

Y sin embargo, la imagen que como partido me causa tantos anticuerpos — esa imagen de cierre, de control, de repeler la opinión ajena, de pensar sólo en términos de izquierda y derecha en lugar de autoritarismo vs. libertad, de asumir que en nuestro país no existe discriminación o violencia de género — de repente ciertos de sus miembros, de manera individual y con acciones más que con palabras, me dejan gratamente sorprendida. Johnny Wright, con su defensa de las libertades individuales ante las medidas extraordinarias de seguridad. A veces, Juan Valiente, con su cruzada individual por desmantelar la corrupción dentro del servicio público. Y recientemente, la última JRN (a quienes les recomendaría, investiguen todos los conceptos históricos conectados a “nacionalista” y consideren un muy necesario re-branding), toda compuesta por adultos jóvenes sin un historial de servidumbre al partido. Con ideas independientes. Con ganas de trabajar. Con un conocimiento y manejo de las redes sociales que a ustedes les falta y que tanto necesitan. Con la acertadísima noción de que su partido no va a salir de la crisis en la que está (o ¿no es crisis perder dos elecciones presidenciales seguidas, una contra un candidato — ahora presidente — con menos carisma que una cuchara plástica y con ideas antediluvianas?) a menos que intenten hablar más allá de aquellos que ya se enchalecan para aplaudir en sus mitines y gozar de sus mariachis: estos jóvenes saben que nos necesitan a nosotros, a los independientes, a los que queremos sentarnos a debatir y tenemos la mente abierta para ser convencidos si las propuestas son coherentes con ciertos principios básicos. Estos ciudadanos jóvenes, cuyo trabajo no es la política (cosa que no parecen haber entendido ustedes, si siguen convocándolos a reuniones en horarios laborales) y por lo tanto, están metidos en este huevo, no por plata o por conectes, sino por las razones correctas. Con solo meterse, y dar la cara, ya hicieron más que muchos de nosotros.

Ver a estos jóvenes dispuestos a trabajar por su partido, a la gente cínica y desilusionada como yo, nos dice que quizás su partido merece nuestro voto alguna vez, porque quizás le espera un futuro de renovación y cambio a la altura que los retos que enfrenta el país amerita. Si a estos jóvenes los bloquean, de alguna u otra manera, en público o en privado, porque son críticos, o porque son gays, o porque sienten que no pueden controlarlos, no están bloqueándolos solo a ellos. Están bloqueándose ustedes de obtener el voto presente y futuro de una ciudadanía liberal e independiente.

Si los bloquean, me habrán dado la triste satisfacción de confirmar que en la lectura que hice de ustedes tristemente tenía razón, y que estos jóvenes habrán de encontrar su lugar en la política como independientes o en un nuevo partido. Los reto: demuéstrenme que estoy equivocada.

Saludos, y disculpas, por la irritación que pueda haber causado un consejo no pedido.

Cristina López G.

Que no sea aburrido el país que viene. Columna transversal de Paolo Luers

paoloPaolo Luers, 4 diciembre 2015 / EDH

diario hoy¿Adónde está la rebeldía? Con el permiso de todos los autores de “El país que viene” (muchos de los cuales son mis amigos): Me parece muy aburrido el país que según ustedes viene.

En este libro que unos 40 jóvenes presentaron todo es muy correcto, pero tengo que confesar: Me costó leerlo. Se expresan respetando el código del “political correctness”, incluso los que están totalmente equivocados. El libro no pasó el test: Yo solamente leo de noche, y cuando los libros son aburridos, me duermo. Cuando me fascinan, me desvelo…

Leyendo el libro me invadió la misma sensación que tuve cuando vi las fotos y los videos del acto de su presentación: demasiado ceremonioso; demasiado bien adaptado a los códigos del poder. ¿Por qué un libro que pretende anunciar el país que viene se presenta en un hotel, en vez de nacer en una universidad o en un centro deportivo en Soyapango? ¿Por qué los jóvenes del país que viene, para entrar en sociedad, necesitan de padrinos del país que tenemos? Los padrinos: Hugo Martínez, el canciller; David Escobar Galindo, el firmante de paz; Margarita Escobar, la excanciller y diputada; Erlinda Handal, la viceministra de Educación; Lorena Peña, la presidenta de la Asamblea. Ahí están en el libro, llenándolo con cinco (!) prólogos y con ideas del país que ya tenemos y ahí estuvieron en la presentación. ¿Quién tiene ganas de leer un libro con cinco ceremoniosos prólogos, y quién tiene ganas de ir a un evento con tanto discurso?

Y, precisamente, así es el libro. Hay muy pocos entre los 40 autores que se atreven a provocar, a marcar rupturas, a expresar rebeldía y hartazgo, a formular ideas fuera del “mainstream”. Los de izquierda, casi todos, hablan como si fueran miembros de la Comisión Política del Frente. Cero distancia, cero atrevimiento. Y los de derecha, hablan como si no fueran de derecha. No tienen amarre partidario, pero si amarre a los códigos de lo “políticamente correcto”, aunque con un toque liberal. Todos “nice” – por Dios, evitemos la confrontación y la polémica. Y hay otros (de derecha, de izquierda y asépticos) que no manejan este discurso, pero que simplemente no saben escribir o no tienen nada que decir más que contar sus vidas. Es una lamentable actitud de condescendencia intelectual incluirlos en el libro.

El libro nos muestra nuevamente que sin la clara confrontación de ideas nunca surgen acuerdos o visiones comunes sostenibles que valgan la pena. Es el privilegio de los jóvenes provocar, confrontar, defender sus ideales con pasión. No encontré ni una onza de pasión en este libro, solo mesura, racionalidad, madurez. Me niego a creer que en esta generación no existan sueños ni utopías.

Los jóvenes que se expresan en el libro parecen tener una gran prisa de convertirse en adultos y entrar en los pasillos del poder. Para hacer esto, dejan afuera del salón sus pasiones, su rebeldía, y con esto su fuerza y creatividad…

Esto no significa que no hay ideas buenas en el libro. Muchos de estos jóvenes, al asumir el liderazgo social y político, estarán bien preparados para su rol. Se puede esperar buen rendimiento de ellos. Lo que no se puede esperar, por lo menos no si este libro es representativo de la generación que viene, es espíritu combativo y la irreverencia necesaria para renovar la política.

“El país que viene” parece una iniciativa de profesionales que aplican a posiciones de junior en las respectivas firmas de sus papás (sea ALBA o Banco Agrícola, FMLN o ARENA), no un movimiento para desplazar a la generación que manejó el país en la guerra y la postguerra y que ahora no sabe adónde llevarlo. No son aventureros que se arriesgan para construir su propio futuro.

Casi todo lo que digo en esta recensión del libro suena terriblemente injusto, porque sé bien que en muchos de los 40 jóvenes hay bastante rebeldía, pasión y ganas de retar al país que tenemos y su “establishment”. Solo que no lo  expresaron en el marco de esta iniciativa y bajo este manto de lenguaje correcto que caracteriza el proyecto “El país que viene”. El hecho que la confrontación de la generación que ahora lidera el país es demasiado estéril, no puede llevar a los jóvenes a pensar que la confrontación de ideas (e ideológica) sea mala y que haya que sustituirla por la permanente búsqueda de consensos. Lastimosamente la mayoría de los autores cayeron en esta trampa del proyecto “El país que viene”.

Es cierto, esto lo que vemos en el libro es el país que viene, simplemente por el relevo generacional biológico. Todos ellos van a ser parte del poder de mañana. Merecidamente, porque se portaron bien.

Pero estoy convencido que habrá otro país que vendrá de otra manera, no tan suave y elegante y bien educado, sino molestando, haciendo desorden, tomándose los espacios que necesita para transformar el país. Dentro de esta generación, y dentro de muchos de los 40 autores, hay una generación no tan adaptada, no tan ansiosa de convertirse en “establishment”, más dispuesta al disenso. Esto será el país que no simplemente vendrá, sino que irrumpirá.