Juan Manuel Santos

Juan Manuel Santos: “Una justicia perfecta no permite la paz”

el paisEl presidente de Colombia analiza el acuerdo alcanzado con las FARC: “Es imposible hacer justicia sobre 52 años de guerra.”

 Juan Manuel Santos, en el avión presidencial, tras la entrevista. CAMILO ROZO

Javier Lafuente, 4 septiembre 2016 / EL PAIS

La tarde del pasado 23 de agosto el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (Bogotá, 1951) seguía desde su oficina todo lo que ocurría La Habana. Por recomendación de Jonathan Powell, uno de sus asesores internacionales en las negociaciones con las FARC, había apremiado a su delegación para celebrar una suerte de cónclave con el que finiquitar las conversaciones después de cuatro años en La Habana. En torno a las 18.45, Santos recibió una llamada de la canciller, María Ángela Holguín. “Acabamos de terminar”, lee dijo. El presidente recordaba el momento en que dio por concluidas las negociaciones de paz que pusieron fin a 52 años de guerra el viernes durante un vuelo a Cartagena, donde invitó a realizar esta entrevista ante por lo apretado de su agenda.

Hasta que un poco después logró hablar con el jefe negociador, Humberto de la Calle, el mandatario colombiano recuerda que se quedó callado, contento. “Han sido cuatro años muy complicados, en los que estuvimos a punto de tirar la toalla. Pero es un acuerdo que va a cambiar la historia de Colombia. Ahora, esto ha sido difícil, pero construir la paz va a ser aún más complicado”, asegura Santos, consciente de que los acuerdos deben aún refrendarse en el plebiscito del 2 de octubre. A la hora de la entrevista, en la mañana, aún no se conocía la fecha y el lugar de la firma definitiva, que anunciaría esa misma tarde: el 26 de septiembre en Cartagena. En el viaje de vuelta, ya más distendido, bromea con que el desliz de Mariano Rajoy, presidente en funciones de España, fue una mera coincidencia. De hecho, se llegó a barajar el 29 de diciembre y asegura que se concretó definitivamente durante el almuerzo del viernes. La fecha elegida permitirá que los jefes de Estado que quieran acudir puedan prácticamente enlazar su visita a la Asamblea General de la ONU con el acto.

Pregunta. ¿Cuándo fue la última vez que pensó en tirar la toalla?

Respuesta. Al acercarnos al final las FARC comenzaron a añadir puntos a las negociaciones que no se habían discutido. Yo dije: “Si eso es lo que ellos creen que van a conseguir, terminemos ya”.

“El gran reto para el plebiscito será neutralizar
casi cuatro años de mentiras y de desinformación”

P. El jefe negociador, Humberto de la Calle, aseguró que les hubiese gustado haber logrado más en el acuerdo. ¿Qué le hubiese gustado conseguir?

R. De la Calle dijo lo que mucha gente piensa, yo incluido. En un acuerdo de esta naturaleza trazar la línea divisoria entre justicia y paz deja a muchos descontentos. Estoy seguro de que la mayoría de los colombianos hubiesen querido más justicia para los responsables de crímenes de guerra y lesa humanidad. Pero el enfoque con el que abordamos le negociación fue encontrar el máximo de justicia que nos permita la paz. Por eso decimos que todo proceso de paz es imperfecto. Una justicia perfecta no permite la paz.

P. Gobierno y FARC acordaron la creación de una Jurisdicción Especial para la Paz, que será quien sancione a los actores del conflicto. Después de 50 años de guerra, ¿cuánto se pueden demorar esos juicios?

“El odio y la envidia es lo único que justifica
ver a Uribe y Pastrana juntos”

R. Hay que proceder con mucho pragmatismo y realismo. El tribunal tiene que trabajar con mucha eficiencia y abordar en primera instancia los casos más significativos para generar credibilidad y que la gente perciba que se está aplicando la justicia. Pero no nos engañemos, poder impartir veredictos sobre todos y cada uno de los casos de 52 años de guerra es imposible.

P. De todas las críticas al proceso, ¿cuál es la que más entiende?

“No gobierno para las encuestas, hice este proceso
a sabiendas del costo político que iba a tener”

R. Mucha gente piensa que debe haber más justicia, pero porque no están acostumbrados a la justicia transicional, a la justicia restaurativa, a la reparadora. Estamos acostumbrados a la justicia vengativa, por cierto, cada vez más en entredicho si lo que se busca es restaurar a la víctima.

P. ¿Cuál es el gran reto para el plebiscito del 2 de octubre?

R. Poder poder neutralizar casi cuatro años de mentiras y de desinformación, que han hecho mella, que han confundido mucho la gente. Tenemos comprobado que a toda esa gente cuando se le explican los acuerdos dicen: “Ah, yo no sabía, tenía entendido otra cosa”. El gran reto es hacer una pedagogía efectiva.

P. ¿Cómo se va a lograr en cuatro semanas si no se ha conseguido en cuatro años?

R. Haremos una campaña sencilla pero muy intensa. Vamos a lograr el cometido, quizás no con todo el mundo, porque nos hubiese gustado tener más tiempo, pero creo que será suficiente para poder ganar el plebiscito ampliamente.

P. Ustedes han logrado un acuerdo de paz, pero siempre se les ve saliendo al paso de declaraciones de los críticos al proceso. ¿Por qué cree les cuesta marcar la agenda?

R. Los negociadores no han tenido el tiempo de hacer pedagogía, ahora están comenzando. Además, muchos de los periodistas han sido influidos por esa desinformación. Uno de los grandes debates que debería generarse en este país es el papel de los medios como cuestionadores. Un periodista cuando sabe que lo que le está diciendo es mentira debe cuestionar eso. Aquí muchos de los periodistas reproducen la mentira porque lo dice una persona u otra.

P. Las élites de las ciudades hace años que no sienten de cerca la violencia, pero son muy reacios al proceso. Y los que han sufrido la violencia más de cerca se sienten alejadas de las élites políticas. ¿A quién creen que tienen que dedicar más atención para el plebiscito?

R. La actitud de las víctimas ha sido una de las grandes lecciones de este proceso. Pensé que iban a ser los más duros y han sido los más generosos, los más dispuestos a perdonar. Ha sido una gran lección de vida. No entiendo cómo mis compañeros de élite, porque yo pertenezco a ella, soy miembro de los clubes más exclusivos de la capital, se dejan desinformar sobre los beneficios de la paz.

P. ¿Le molesta?

R. Me siento a veces triste de que exista gente que después de tener la información no entienda la importancia de dar este paso para dejarle a todos nuestros hijos un país más tranquilo. Aquí también hay un ingrediente político. Mucha gente está pensando en 2018 [año de las próximas elecciones presidenciales]. Cuando se piensa solamente con un criterio de conveniencia política se distorsiona la realidad. Otra cosa que me tiene triste es lo que el odio y la envidia son capaces de hacer. Unió a los dos enemigos más acérrimos, Uribe y Pastrana. Rezo todos los días para no ser invadido por esos sentimientos de odio y envidia, lo único que justifica ver a Uribe y Pastrana juntos.

P. Al igual que ocurrió con David Cameron, usted no tenía por qué convocar una consulta y las encuestas señalan que su popularidad baja. ¿Teme un Brexit a la colombiana?

R. No. Estoy seguro de que el pueblo colombiano tiene inteligencia para pensar que aunque no es una paz perfecta esto es mejor que 20 o 30 años más de guerra. Nunca he gobernado paras las encuestas, porque si se vive pendiente de las ellas no se toman decisiones. Yo hice este proceso a conciencia, a sabiendas del costo político que iba a tener. Cualquier líder debe asumir el capital político como algo para gastarlo. El que se mantiene cuidando su capital político no toma decisiones.

P. ¿Qué pasa si gana el no?

R. Muy sencillo: se devuelve la guerrilla a la selva y continúa el conflicto armado.

P. ¿Y con usted?

R. Termino mi mandato [en 2018] con una herida en mi capacidad de gobernar. Acabaría lo que hemos empezado además de la paz. Otra de las grandes mentiras es decir que yo me dediqué demasiado a la paz.

P. Esta ha sido una de las semanas más convulsas que se recuerda en América Latina. ¿Qué le ha parecido el impeachment a Dilma en Brasil?

R. Personalmente, me ha dolido. Tuve con Dilma una muy buena relación, colaboramos en muchos aspectos de la región. Verla en esta situación ha sido doloroso en lo personal. En la parte institucional, prefiero no opinar, porque tengo que respetar las reglas del juego internas de cualquier país. No quiero que Brasil salga perjudicado en este proceso.

P. Después de la multitudinaria manifestación en Venezuela, y con la frontera ya abierta, ¿teme que una implosión social afecte a Colombia?

R. Lo que sucedió en Venezuela es la demostración de que el pueblo venezolano quiere que se agilice el proceso de revocatorio, tienen todo el derecho a reclamarlo. Colombia ha estado siempre dispuesto a ayudar en cualquier momento para poder evitar una implosión que a nadie le conviene.

P. Estados Unidos ha sido el gran aliado de Colombia. Hillary Clinton ha apoyado el proceso de paz. Donald Trump no se ha pronunciado. ¿Usted a quién prefiere en la Casa Blanca?

R. Yo prefiero no meterme en la política de otro país, pero Hillary es una amiga personal, su marido y ella han sido un apoyo para mi gobierno y los anteriores. No tengo si no elogios para ellos. A Trump no lo conozco , pero sí puedo opinar que sus políticas no son las que estamos abanderando.

Opiniones sobre el acuerdo colombiano. Felipe Gonález y Joaquín Villalobos

El mejor de los acuerdos posibles

Desde la emoción de vivir un momento como este, tanto tiempo esperado; y desde la razón que comprende el desafío que queda por delante, mi alegría es inmensa.

Felipe González, ex-presidente del gobierno español

Felipe González, ex-presidente del gobierno español

Felipe González, 22 junio 2016 / EL PAIS

Desde la emoción de vivir un momento como este, tanto tiempo esperado; y desde la razón que comprende el desafío que queda por delante, mi alegría es inmensa. Siempre ha sido más fácil hacer la guerra que construir la paz.

La guerra es más dolorosa por sus víctimas y sus horrores, más costosa en recursos humanos y materiales, pero más simple. Al final, se trata de destruir al otro, a lo que dé lugar. Quien tiene más capacidad de hacerlo, puede terminar ganando.

Hacer la paz, crear una cultura de paz, ampliar la democracia para que quepan todos los que estén dispuestos a renunciar a la violencia, recuperar a los desplazados, reconocer y compensar a las víctimas y trabajar, gobernar, para todos, con un desarrollo incluyente, es una tarea más compleja, más difícil, pero mucho más satisfactoria.

Eso es lo que toca ahora, en esta nueva etapa de la historia de Colombia. Y hay que hacerlo con todos los poderes del Estado, con sus instituciones y con todos los ciudadanos que quieren la paz, la libertad y el bienestar de Colombia.

¡La paz es de los colombianos y para los colombianos! ¡La paz es de todos y para todos! La paz que quiere toda América Latina. La paz que alegra al mundo, atenazado por guerras y conflictos en Oriente Medio, en África… ¡Por fin una buena noticia! ¡Por fin se acaba el conflicto más antiguo de América Latina!

Desde Belisario Betancur hasta Juan Manuel Santos, todos los presidentes, sin excepción, lo han intentado con determinación, con buena fe, interpretando el deseo de la inmensa mayoría de los colombianos. A todos hay que agradecer sus esfuerzos, su contribución.
Ahora está en las manos de los protagonistas de verdad: ¡los ciudadanos de este gran país que es Colombia!

No hay, no puede haber, acuerdos “perfectos” porque no serían acuerdos. Los hay posibles e imposibles. Y este es posible, el mejor de los posibles, aunque cada uno tenga derecho a pensar en que lo hubiera hecho mejor.

Por eso, esta es la hora de la unidad por la paz, por el fin del horror. Para resarcir a las víctimas, a los desplazados, para volver a convivir, para reconciliar a todos los hombres y mujeres de buena fe.

He sido testigo comprometido de todos los esfuerzos para acabar el conflicto, dispuesto siempre a servir, en lo que pudiera, a los presidentes que me lo pidieron. Lo hice como presidente del Gobierno de España y como ciudadano, durante 35 años. Y, ahora, llego a sentirme como un colombiano más, desde ese regalo de nacionalidad compartida del que disfruto.
He participado de las dudas y angustias de todo el proceso. He comprendido la desconfianza de tantos colombianos, tan grande como su deseo de paz.

Quiero agradecer a todos los presidentes de Colombia que me hayan tratado como amigo y me hayan permitido aportar un esfuerzo modesto por la paz. Pero, sobre todo, siento gratitud por los colombianos que me trataron siempre con cariño y respeto. Era lo mismo que sentía y siento por ese pueblo magnífico y próximo.

¡¡¡Felicidades Colombia!!!

El acuerdo de los acuerdos.

El mito de que no era posible la paz en Colombia ha muerto.

Joaquín Villalobos, fue jefe del ERP y miembro de la Comandancia General del FMLN durante la guerra

Joaquín Villalobos fue jefe del ERP y miembro de la Comandancia General del FMLN durante la guerra

Joaquín Villalobos, 22 junio 2016 / EL PAIS

Medio siglo de conflicto, varios intentos de negociaciones fallidas, dos años de conversaciones secretas y cuatro de negociaciones públicas son el camino recorrido que ha llevado a la guerrilla de las FARC a firmar el acuerdo de cese de fuego y dejación de las armas en La Habana. Las exploraciones confidenciales comenzaron a inicios del año 2010, durante la administración del presidente Álvaro Uribe, ahora el principal opositor al proceso. Esos contactos fueron retomados por el presidente Juan Manuel Santos y, a finales de ese año, se iniciaron conversaciones secretas, se acordó una agenda que incluyó el desarme y se designó a La Habana como sede de las negociaciones. En estos años la opinión pública colombiana se ha mantenido dividida entre los que creían y los que no creían que el desarme de la guerrilla sería posible. Con este acuerdo, las FARC han puesto sus armas sobre la mesa con fecha para dejarlas, por lo tanto el mito de que esto no era posible ha muerto.

Se habla mucho de las garantías y mecanismos para que los acuerdos se cumplan, pero la realidad es el principal garante. Después de muchas décadas de violencia recurrente, está en el propio interés del Estado colombiano tener presencia y llevar el desarrollo a la Colombia rural, profunda y salvaje. Igualmente, después de medio siglo de lucha armada está en el propio interés de las FARC dejar las armas y pasar a la lucha política. En esencia, el acuerdo de paz es el cruce histórico de estos dos intereses. En medio de esto tendrán que atenderse los daños dejados por el conflicto en cuanto a reinserción, justicia, víctimas y narcotráfico.

Progresar jamás implica que las dificultades terminan, progreso es cambiar unos problemas por otros que nacen como producto de que los anteriores fueron resueltos. El gran reto del posconflicto será pacificar en lugares donde la insurgencia, el paramilitarismo y la criminalidad se convirtieron, por la ausencia del Estado, en profesiones bien reconocidas, respetadas y remuneradas. Terminado el conflicto comienza la tarea de reducir la profunda asimetría entre la Colombia sofisticada y la Colombia salvaje. Con el acuerdo de paz otro país está en marcha, pero los retos para que siga avanzando son enormes. Lo que viene sin duda no será fácil, pero será menos peor que los 225.000 muertos y los seis millones de desplazados.

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También existen opiniones críticas, como esta que publicó el ex presidente colombiano Andrés Pastrana en redes sociales