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Fe en la humanidad. De Cristina López

Cuando muchos hablan del “pantano” de corruptelas que puede ser DC olvidan que alrededor del pantano hay una comunidad vibrante de individuos de todos los colores y religiones, que ven a los inmigrantes como una parte importantísima de sus comunidades con independencia de las políticas migratorias de moda.

Cristina LópezCristina López, 31 julio 2017 / EDH

En una coyuntura en la que la política continúa dándonos una mala noticia tras otra, específicamente bajo la administración Trump, de vez en cuando cae bien recordar que quienes tenemos el poder y la capacidad de mejorar nuestras sociedades no son nuestros políticos, somos nosotros, los individuos. De nuestra responsabilidad individual depende el querer construir comunidades fuertes y solidarias, con independencia de las políticas públicas de los gobiernos de turno.

EDH logRecientemente en Washington, DC, una de las ciudades estadounidenses con la concentración más grande de miembros de la diáspora salvadoreña, recibimos un recordatorio de la fuerza de las comunidades. La última semana de junio, un edificio en la zona noroeste del distrito, habitado en su mayoría por inmigrantes centroamericanos y sus familias, se convirtió temporalmente en un infierno.
Se especula que una explosión de gas en medio de la noche fue la causante de que todas las familias inquilinas, en cuestión de horas, se quedaran sin nada; sin el espacio donde vivían; sin las cosas que, poco a poco, con el esfuerzo de su trabajo, habían ido comprando para amueblar sus espacios. Se escaparon solo con su vida y con lo puesto.

Legalmente, el edificio no les debe nada. Por el momento, los alojaron temporalmente en un hotel. De los contenidos de sus apartamentos, no verían reparación alguna a menos que tuvieran seguro de inquilinos, cosa que para muchos era un lujo que no podían costearse con sueldos de la industria de servicios.

El agradecimiento por haber escapado una muerte terrible —el incendio cobró una vida— venía para muchos seguido de la aflicción de no tener nada. La Cruz Roja los asistió en los primeros días después de la tragedia, pero como organización que se encarga de los primeros auxilios, poco podían hacer por ellos una vez pasaron varios días. Acudieron a sus consulados, pero la falta de recursos y en ocasiones, de personal capacitado para responder a este tipo de necesidades, los dejó con pocas opciones: se les ofreció únicamente tramitarles pasaportes nuevos a un costo menor que lo normal y brincándose la lista de espera, que no es poco, pero cuando no se tiene nada, tener el pasaporte vigente no aparece tan arriba en la lista de prioridades.

Muchas veces se dice de Washington DC que debido a la altísima concentración de poder que distingue a la ciudad, el éxito lo marca de manera exacerbada el círculo de contactos. Se dice, “no es quién sos, es a quién conocés”. Esto, de entrada, limitaría a muchísimas familias inmigrantes, sobre todo bajo la administración Trump, en la que la desconfianza a los inmigrantes se ha visto exacerbada, azuzada por la retórica que sale del Órgano Ejecutivo. Y sin embargo, cuando muchos hablan del “pantano” de corruptelas que puede ser DC olvidan que alrededor del pantano hay una comunidad vibrante de individuos de todos los colores y religiones, que ven a los inmigrantes como una parte importantísima de sus comunidades con independencia de las políticas migratorias de moda. Esta comunidad respondió a la tragedia haciéndola propia. Aunque aún hay familias necesitadas, en cuestión de semanas donaciones personales de bienes básicos y no tan básicos (desde sofás, camas, sábanas, vajillas enteras hasta impresoras, para apoyar a las familias con niños en edad escolar) están mejorando la situación de miembros de nuestra comunidad, solidarizándose con los inmigrantes en lo que casi puede percibirse como acto de rebeldía ante una administración prácticamente hostil, recordando que al final, si uno de nosotros sufre, sufrimos todos, devolviéndonos a muchos cínicos la fe en la humanidad.

@crislopezg

Solo la deportación masiva podrá salvar a Estados Unidos. De Bret Stephens

En resumidas cuentas: los llamados estadounidenses “reales” están arruinando al país. Quizá deberían irse para que podamos remplazarlos con gente mejor: recién llegados que aprecien todo lo que ofrece Estados Unidos.

Migrantes recién naturalizados durante una ceremonia para nuevos ciudadanos en Atlanta, en otoño de 2016 Credit David oldman/Associated Press

Bret Stephens, 20 junio 2017 / NEW YORK TIMES

Cuando se trata de inmigración, este columnista conservador forma parte del grupo que favorece la deportación. Estados Unidos tiene demasiadas personas que no trabajan, que no creen en Dios, que no aportan gran cosa a la sociedad y que no aprecian la grandeza del sistema estadounidense.

Necesitan regresar al lugar de donde vinieron.

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Hablo de estadounidenses cuya familia ha estado en este país desde hace varias generaciones. Complacientes, sintiéndose con todos los derechos y en ocasiones sorprendentemente ignorantes respecto a temas básicos de la ley y de la historia de Estados Unidos, son una laguna estancada en la que podrían ahogarse nuestros prospectos como nación.

En todos los temas, los no inmigrantes de Estados Unidos le están fallando al país.

¿Delincuencia? Un estudio del Instituto Cato señala que los no inmigrantes tienen una tasa de encarcelamiento de casi el doble que los inmigrantes ilegales, y más de tres veces mayor que la de los inmigrantes legales.

¿Logros académicos? Solo 17 por ciento de los finalistas del concurso de talento científico Intel 2016 –calificado como “el Premio Nobel de los jóvenes”– fueron hijos de padres nacidos en Estados Unidos. En el Instituto Rochester de Tecnología, solo 9,5 por ciento de estudiantes de posgrado en ingeniería eléctrica son no inmigrantes.

¿Devoción religiosa, especialmente la variedad cristiana? Hay más inmigrantes ilegales que se identifican como cristianos (83 por ciento) que estadounidenses que lo hacen (70,6 por ciento). Los derechistas que quieren ponerle restricciones a la inmigración harían bien en ponderar este dato cuando se quejan de la baja asistencia a la iglesia.

¿Creación de empresas y emprendimiento? Lo no inmigrantes abren la mitad de los negocios de los que establecen los inmigrantes; de 1995 a 2005 menos de la mitad de las empresas fundadas en Silicon Valley fueron creadas por personas no inmigrantes. En general, el porcentaje de empresarios no inmigrantes se redujo en más de diez puntos de 1995 a 2008, según un estudio del Harvard Business Review.

Los argumentos en contra de los no inmigrantes no terminan ahí. El índice de partos para mujeres no casadas nacidas en Estados Unidos supera al de las madres nacidas en el extranjero, 42 sobre 33 por ciento, respectivamente. El índice de delincuencia y criminalidad entre adolescentes no inmigrantes supera al de sus pares inmigrantes. Un reporte reciente del Sentencing Project también encontró evidencias de que, mientras menos inmigrantes haya en un vecindario, más posibilidades hay de que este sea peligroso.

Además está la importantísima cuestión de la demografía. La carrera por el futuro a fin de cuentas será corrida por la gente saludable, en edad laboral y fértil. Y aquí también nos están fallando los no inmigrantes. “El aumento en el número total de nacimientos anuales en Estados Unidos, de 3,74 millones en 1970 a 4 millones en 2014, se debe por completo a partos de madres nacidas en el extranjero”, reveló el Centro de Investigaciones Pew. Sin esas mamás inmigrantes, Estados Unidos se vería enfrentado a la misma espiral demográfica mortal que acecha a Japón.

En resumidas cuentas: los llamados estadounidenses “reales” están arruinando al país. Quizá deberían irse para que podamos remplazarlos con gente mejor: recién llegados que aprecien todo lo que ofrece Estados Unidos, que tienen mayores ambiciones para sí mismos y sus hijos y están más dispuestos a hacer sacrificios por el futuro. En otras palabras, el tipo de gente que éramos antes… cuando “nosotros” acabábamos de desembarcar.

Claro, es broma lo de deportar en masa a los “verdaderos estadounidenses”. (¿Quién los va a recibir, además?) Pero la amenaza de deportaciones masivas no ha sido ninguna broma con este gobierno.

El 15 de junio, el Departamento de Seguridad Nacional parecía haber anunciado que extendería un programa del gobierno de Barack Obama llamado Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que permite que jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos siendo niños –unas 800.000 personas en total– sigan estudiando y trabajando. Esa decisión daría marcha atrás a las amenazas de Trump en su campaña de deportar a esos chicos, cuyo único delito fue haber sido traídos a Estados Unidos por sus padres.

Empero, el gobierno sigue empeñado en deportar a esos padres y el viernes 16 de junio, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que incluso DACA seguirá en revisión. Eso es una cruel medida para los jóvenes inmigrantes, que se preguntan si serán enviados de regreso a un país “de origen” que difícilmente conocen y que habla un idioma que muchos de ellos ni siquiera entienden.

Más allá de lo inhumano que resulta jugar de ese modo con la vida de otra gente, está también la miopía de esa medida. Nadie encuentra felicidad ahuyentando a quienes podrían amarlo. Los negocios no prosperan cuando despiden a sus mejor empleados ni desanimando las solicitudes de empleo. ¿Cómo quieren que Estados Unidos sea grandioso de nuevo si reprende y expulsa a un sector de su población que tiene más energía, es más emprendedor, más respetuoso de la ley, que más empleos crea, que más ideas genera, que más se reproduce y que es más devoto?

Ya que yo soy hijo de inmigrantes y crecí en el extranjero, siempre he pensado que Estados Unidos es un país que pertenece, en primer lugar, a los recién llegados: a la gente que más se esfuerza por ser parte de él pues se da cuenta de que es precioso; que hace todo lo posible para que nuestras ideas y nuestro atractivo sigan siendo nuevos y brillantes.

Esto solía ser un cliché, pero en tiempos de Trump necesita explicarse una y otra vez: somos un país de inmigrantes; también uno de y para inmigrantes. Los estadounidenses que no entiendan eso deberían irse.

En el tema migratorio, más preguntas que respuestas. De Cristina López

Se vienen tiempos difíciles para los salvadoreños indocumentados en Estados Unidos: ojalá contáramos con un gobierno que no se los complique aún más.

Cristina LópezCristina López, 27 febrero 2017 / EDH

Desde su campaña, el ahora presidente Trump mantuvo una retórica que lo distanciaba —y bastante— de la mayor parte de Republicanos en lo que a la inmigración se refiere. Trump pintó toda la inmigración no autorizada con la brocha gorda de la criminalidad, anunciando que cuando electo, respondería con mano dura bajo la justificación de la seguridad nacional. Por supuesto que el análisis carece tanto de honestidad intelectual como de utilidad práctica, puesto que ni la gran mayoría de inmigrantes no autorizados son criminales, ni es económicamente viable iniciar procesos de deportación contra la comunidad de aproximadamente 11 millones de personas que residen en Estados Unidos sin sus papeles en regla.

diario hoyLa administración de Trump hizo públicos la semana pasada los lineamientos que el departamento de seguridad nacional seguirá a partir de ahora para abordar la aplicación de las leyes de inmigración. Precisamente porque la practicalidad impide deportar a todo el mundo, la administración Obama había extendido lineamientos de priorización para las deportaciones. Solo serían sujetos de procesos de deportación aquellos que contaran con un récord de criminalidad. Aún a pesar de esos lineamientos, muchas personas sin más antecedentes que violaciones de tránsito terminaron separadas de sus familias, otras más sufrieron detenciones arbitrarias en manos del Estado por meses —sin debido proceso— y Obama completó sus dos períodos en la presidencia con el récord más alto de deportaciones en la historia.

El canciller salvadoreño, Hugo Martínez, hizo bien al emitir una respuesta ante los lineamientos emitidos por Trump, en cuanto a garantizar que cada salvadoreño afectado por las cambiantes circunstancias migratorias que esté necesitado de servicios gozará de asistencia legal para sus circunstancias. Esto, cabe decirlo, si tienen la suerte de vivir en una de las 17 zonas que cuentan con consulados en el vasto territorio estadounidense.

Buena respuesta, pero es solo una entre una serie de interrogantes que deben responderse con acciones gubernamentales si realmente se quiere velar por la población salvadoreña que termina viéndose forzada a emigrar. Entre ellas, se incluye ¿qué medidas está tomando el gobierno salvadoreño en sus relaciones diplomáticas con México para velar por el trato que nuestros migrantes reciben en ese país, que en muchos casos atenta contra los derechos humanos? O, ¿qué asesoría se brinda a la ciudadanía salvadoreña cuyas razones para emigrar son la búsqueda de asilo debido a creciente situación de criminalidad? ¿Se les está proveyendo con otras opciones, o se les ignora?

Adicionalmente, es difícil tener credibilidad para enfrentarse a un gobierno como el de Trump y apelar a que no separe familias a través de la deportación, cuando las políticas públicas salvadoreñas en ciertas zonas del país separan familias a diario al obligarlas a escoger entre quedarse y sobrevivir a la criminalidad pandilleril o mandar a menores de edad en una peligrosísima travesía a un país extranjero. También necesitan respuesta los ciudadanos que luego de ser deportados tras años de haberse asimilado dentro de la cultura estadounidense, regresan a una realidad sin la infraestructura necesaria para ser acogidos —en este sentido ha llenado un enorme vacío el sector privado, proveyendo oportunidades laborales y apoyo a cientos de familias. Se vienen tiempos difíciles para los salvadoreños indocumentados en Estados Unidos: ojalá contáramos con un gobierno que no se los complique aún más.

@crislopezg

Immigration Agents Took a Woman From El Salvador With a Brain Tumor Out of the Hospital

Maya Rhodan, 23 febrero 2017 / TIME

Law enforcement officials moved a 26-year-old woman from a Texas hospital where she was being treated for a brain tumor back to a detention facility against her will, according to her legal representative.

The undocumented El Salvadoran woman, who is being identified only as Sara to protect her privacy, began complaining of headaches while in a detention facility in early February, according to The Daily Beast, which first reported the story. On Feb. 10, she collapsed, and she was later taken to a hospital, where she was diagnosed with a brain tumor.

Melissa Zuniga, a paralegal who is working on the case, said in an email that Sara told her on Wednesday night that she had been taken back to a detention facility with her hands and ankles in restraints.

” She was brought in a wheelchair and is not being given treatment even though her nose continues to bleed and she has told them her head is exploding,” Zuniga said in an email.

According to The Daily Beast, Sara admitted to crossing the border illegally in November of 2015 but claimed she had done so because she feared an aunt in El Salvador would kill her. A Border Patrol agent, meantime, testified that Sarah told him she had come to the United States for work.

Although Sara was detained in 2015, her case has gotten renewed attention because of recent executive orders from the Trump Administration aimed at increasing deportations.

VIDEO: NUEVAS ORDENES DE TRUMP:
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Federal agents in Texas move hospitalized Salvadoran woman awaiting emergency surgery to a detention facility: LA TIMES

The Prairieland Detention Center in Alvarado, Texas. (Louis DeLuca / Associated Press)

The Prairieland Detention Center in Alvarado, Texas. (Louis DeLuca / Associated Press)

Barbara Demick, 23 febrero 2017 / LOS ANGELES TIMES

LOS ANGELES TIMESA critically ill woman from El Salvador who was awaiting emergency surgery for a brain tumor was forcibly moved from a Texas hospital to a detention center by federal agents, raising concerns about President Trump’s directive to more aggressively pursue people living in the country illegally.

Sara Beltran-Hernandez, 26, a mother of two young children, was bound by her hands and feet and removed by wheelchair from Huguley Hospital in Fort Worth late Wednesday by Immigration and Customs Enforcement agents who brought her to a detention facility in Alvarado, Texas.

“It is heartbreaking and inhumane,’’ said Chris Hamilton, a Texas lawyer who tried to visit the woman Wednesday night at the detention center, where he was threatened with arrest for trespassing.

“This is unacceptable under our Constitution, and unacceptable from a standpoint of basic human rights,” Hamilton said. “This woman is critically ill and in severe pain.”

Lawyers who have been representing Beltran-Hernandez in an asylum petition said they plan to file an emergency appeal in Texas to get their client returned to the hospital.

“The medical team and legal team are focused on getting Sara the medical treatment she desperately needs,” said Lorena Massoni, a paralegal working on Beltran-Hernandez’s case.

Beltran-Hernandez  was picked up by immigration agents in November 2015 while trying to get from El Salvador to New York to visit her mother and other relatives who live in Queens. She has been detained ever since at the Prairieland Detention Center in Alvarado, Texas, while her family petitioned for asylum, citing threats of violence against her, from a domestic partner, among others.

Beltran-Hernandez was transferred from the detention center to the hospital in Fort Worth this month after complaining of headaches, nosebleeds and memory loss. Doctors diagnosed a brain tumor and put her on a waiting list for emergency surgery, which was supposed to take place this weekend, according to her legal team. They were stunned when the agents removed her from the hospital Wednesday.

“They had tied up her hands and ankles,” Melissa Zuniga, another paralegal on the case, said in a text message. “I don’t understand why at all when she’s extremely sick and being moved in a wheelchair.”

Beltran-Hernandez’s relatives have not been allowed to visit her, although they have spoken to her on the telephone.

Beltran-Hernandez is back at the Prairieland Detention Center, according to Immigration and Customs Enforcement.

The agency said in a statement Thursday, “During her stay at the hospital, ICE ensured that she was able to speak to her family and to her attorney by phone. Like all detainees in our care, Ms. Beltran will continue to have access to 24 hour emergency medical care and to any required specialized treatment at an outside facility.’’ The statement also said that a doctor had determined she was stable enough to be discharged and that she will be seen again by a medical specialist next week.

The abrupt removal of the critically ill woman is a dramatic example of what many observers believe might become the new normal: immigration agents implementing the Trump administration’s call to aggressively deport people in the country illegally regardless of whether they have committed serious crimes.

“The most pernicious thing is that immigration enforcement authorities are filtering through government at every level seeing who they can scoop up,’’ said Rory Lancman, a councilman from Queens. Lancman is not involved with the Beltran-Hernandez case but is active on behalf of other immigrants in his district.

“If immigration agents are in our schools, our healthcare system, our courts, lives will be lost,” he said.

Carta a Donald Trump: La guerra en casa. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 18 febrero 2017 / EDH

Dear Mr. President:
I know you hate Spanish. Stupid language. Later I’ll send you a copy of my letter in English, which is a great language. People here don’t understand it, so I have to publish in Spanish…

Estimado presidente:
¿Realmente quiere declararle la guerra a los inmigrantes? ¿O por qué dio orden a su secretario de defensa a movilizar a unos 100 mil soldados de la National Guard para perseguir y arrestar a los ilegales? De paso sea dicho: Al fin alguien habla claro y se enfrenta a la pinche corrección diario hoypolítica que obligaba a decir: “No puede haber personas ilegales, todos seres humanos son legales y tienen derecho a vivir, aun cuando sean indocumentados.” Bullshit: Ilegales son ilegales, son potenciales terroristas, igual que los musulmanes.

Anyway: Usted al fin va a emplear fuerzas militares contra los inmigrantes ilegales, en la frontera (mientras no tenga su muro), y en las ciudades. ¿Veremos soldados patrullando en Echo Park en Los Angeles, en Heampstead en Long Island, y en Adams Morgans en Washington DC?

Esto realmente hará América great again. Usted ya dijo hasta la saciedad que no entiende porque los Bush y Obama han mandado tropas estadounidenses para defender países raros donde ni siquiera hablan inglés ni saben hacer hamburguesas, mientras nadie estaba defendiendo a los ciudadanos de Estados Unidos contra violadores, terroristas, pandilleros y otros inmigrantes.

Se acuerda los años de la guerra de Vietnam, cuando los “Weatherman” y otros radicales andaban gritando: “Bring the war home! – ¡Traemos la guerra a casa!”? Bueno, ellos no lo lograron. Total losers. Pero usted ahora lo va lograr: Tropas contra inmigrantes. Make America Great Again…

Aquí en Centroamérica, las embajadas y diferentes congresistas y senadores viajeros de Estados Unidos (todos total losers e intrusos) nos han dicho: “Cuidadito, no deberían militarizar la Seguridad Pública, no saquen a los militares a la calle a luchar contra el crimen.” Por cierto, los gobiernos nuestros nunca les hicieron caso a estas advertencias. Hoy van a estar felices los presidentes de Honduras y El Salvador, porque con usted movilizando fuerzas militares en sus ciudades, ya nadie les va a fregar por militarizar nuestros países. A lo mejor usted va a mandarles ayuda militar, como ya le ofreció al gobierno de México. Los nuestros la van a aceptar sin tanta discusión…

De paso sea dicho: Su muro sólo va a detener a los niños salvadoreños, mujeres hondureñas y otros terroristas, si lo diseña como lo hizo el camarada Walter Ulbricht, cuando construyó su muro, primero atravesando la ciudad de Berlin, luego toda Alemania: No sólo fue un muro, esto no sirve, fue un muro con una franja de muerte detrás, donde patrullaban tropas y habían torres con francotiradores. Great wall! Putin todavía debe tener los diseños originales de su tiempo como oficial de la KGB en Alemania Oriental… Si usted se trae a casa los drones de combate que Obama mandó a otros países, tal vez le funcionará la militarización de su frontera sur.

Le doy otro consejo. Es para que mejore su orden ejecutiva contra a entrada de los terroristas a Estados Unidos. Tal vez todavía no le han informado, pero el país con la tasa de terroristas más alta del mundo es El Salvador. Tenemos como 60 mil pandilleros, declarados por la Corte Suprema como terroristas, no contando el medio millón de colaboradores. Para que los llamados jueces no le vuelvan a boicotear su nueva orden ejecutiva, con el argumento que discrimina a los musulmanes, simplemente incluya en su lista El Salvador. Aquí casi no hay musulmanes, todos son católicos o evangélicos, hasta los terroristas.

Sólo tome en cuenta una cosa, Mr. Trump: Si nos manda de regreso a todos los pandilleros, violadores y otros inmigrantes centroamericanos, nosotros aquí también tendremos guerra en casa. Porque aquí los gobernantes no saben lidiar con una crisis social. Total losers.

Suerte con la guerra en casa, presidente. Saludos le manda

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Lea a el memorándum del Secretario de Seguridad Nacional
del presidente Trump, general John Kelly,
sobre la movilización
de unidades militares de la Guardia Nacional