independencia

La isla siempre fiel. De Ricardo Avelar

ricardo avelar.jpgRicardo Avelar, 17 agosto 2016 / EDH

En las primeras décadas del siglo XIX, los países hispanoamericanos experimentaron una primera oleada de liberalismo, encabezada por revueltas independentistas, algunos experimentos federalistas y un surgimiento de nuevas élites políticas y económicas.

En los círculos políticos e intelectuales de los nuevos estados nacionales surgió un debate sobre la mejor forma de gobernar estos territorios. Por un lado, los más conservadores abogaban por una reivindicación de una monarquía de corte constitucional, y por otro los liberales que veían en la república el camino a seguir. Desde luego, la discusión fue mucho más compleja que esto.

Ediario hoyn la segunda mitad del siglo, se instauró en estos estados un “segundo liberalismo”, que supuso la construcción de instituciones, la profesionalización de las fuerzas armadas, la separación de la Iglesia Católica de la educación y, muy lentamente, la reivindicación de grupos menos privilegiados y la instauración de experimentos de estado de bienestar.

El debate sobre qué tipo de libertades, garantías y sistemas convenían estaba en curso, salvo en una isla a noventa millas de la Florida. Por décadas, el gobierno español logró controlar los diversos experimentos independentistas de Cuba y en un arranque de propaganda -o de cinismo-, denominaron al país “Isla siempre fiel”, la cual no alcanzaría su independencia sino hasta 1902, tras la Guerra Hispanoamericana.

A ciento catorce años de su salida de España, vale la pena preguntarse qué tan libre e independiente es Cuba el día de hoy. Una Cuba donde el Estado ha permeado en las instituciones sociales, con un régimen de partido único y estrictos controles sobre la economía.

Hace un año, en la Cumbre de las Américas en Panamá tuve una pequeña discusión con una joven cubana simpatizante del régimen. Cuando la increpé sobre las sistemáticas violaciones a los derechos humanos en la isla y la represión a la disidencia, ella respondió con una frase lapidaria -y que se ha vuelto el lugar común de los regímenes que aplauden el experimento de los Castro-: “respeta el régimen que hemos elegido de manera soberana”.

Inicialmente un argumento fuerte. Cada país tiene, de hecho, un derecho a la autodeterminación y a elegir el sistema que le gobierna. En una inspección más detallada, sin embargo, encontré una falacia non sequitur (aquella que expone cómo una conclusión no se deriva de sus premisas).

¿Cómo hablar de soberanía de un país entero si quienes lo integran, sus ciudadanos, no tienen el gobierno sobre sus vidas, sus recursos, sus expresiones? ¿Puede divorciarse la soberanía de un país de la soberanía de su gente?

A un año de la inconclusa discusión, esa duda me sigue invadiendo. El argumento de la soberanía es ahora esgrimido por otros gobiernos. En Venezuela, la nueva oligarquía denuncia constantemente al imperialismo, pero no duda un segundo en ejercer la dominación sobre los aspectos económicos y políticos de sus ciudadanos; asimismo, la “soberanía” es la excusa de la nueva dinastía nicaragüense, cuyos exponentes cada vez se parecen más a los tiranos que derrocaron en 1979: dictadorzuelos enemigos de la prensa y la oposición.

Presumo que los valientes disidentes, los periodistas investigativos y los líderes políticos e intelectuales de estas latitudes afirmarían que tal soberanía es meramente discursiva, que poco se ha avanzado en materia de independencia y que el hecho de que una élite elija su sistema no significa, automáticamente, que sus gobernados son realmente libres.

También presumo que, a más de un siglo de la Guerra Hispanoamericana, lejos de sumarse a los aires de modernización y libertad, o a las discusiones sobre mejores formas de gobierno y transparencia, Cuba sigue siendo una isla siempre fiel. Y por fiel, lastimosamente me refiero a estar sometida al capricho de un tirano.

Hace unos días, un buen amigo escribió una columna sobre los cambios que se están dando en la isla. Yo, por el contrario, me decanto a creer la analogía que de su país hiciese el cantautor Carlos Varela: “Un amigo se compró un Chevrolet del cincuenta y nueve. No le quiso cambiar algunas piezas y ahora no se mueve”.

Pobres cubanos. Les impusieron un sistema vetusto y fracasado en el ‘59. Y sí, como el carro de la canción, a pesar de algunas “libertades” económicas, sin otros ajustes necesarios, la dignidad de los cubanos no se mueve.

Independencia política partidaria de los funcionarios. De Erika Saldaña

Durante muchos años, los salvadoreños fuimos simples observadores de la repartición de las instituciones y cargos públicos que los partidos políticos realizaban en cada legislatura. Así, lo normal era que la dirección de los distintos órganos del Estado fuera entregada a simpatizantes o miembros  de los diversos partidos políticos, como una especie de acuerdo previo para obtener los 56 votos necesarios en cada elección.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 2 noviembre 2015 / EDH

diario de hoySin embargo, debido a la renovada conciencia ciudadana sobre la importancia de este tipo de elecciones realizadas por la Asamblea Legislativa, junto a varias sentencias de la Sala de lo Constitucional sobre los requisitos que deben reunir los funcionarios (que habilitan las demandas por incumplimiento de la Constitución), estas reparticiones políticas de las jefaturas de las entidades estatales  se vuelven más complicadas.

Uno de los requisitos desarrollado por la Sala de lo Constitucional en su jurisprudencia es  la independencia política partidaria de los funcionarios, por la cual se exige que un candidato carezca de un vínculo formal o material con cualquier partido político para que  su elección sea legítima. La Constitución no prohíbe expresamente la afiliación política partidaria para ser elegido como funcionario por la Asamblea Legislativa, pero el razonamiento contrario (es decir, que si no lo prohíbe entonces lo permite), basado en una interpretación literal de la Norma Fundamental, resulta insuficiente al momento de comprender de forma sistemática la Constitución (cuyo rasgo característico de sus disposiciones es la abstracción e indeterminación).

Con base en el principio de unidad de la Constitución, por el cual las disposiciones constitucionales deben analizarse en conjunto y no como entidades aisladas, la Sala ha realizado una interpretación sistemática del artículo que establece los requisitos para ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia (artículo 176 Cn.), en relación con el principio de independencia judicial (artículo 172 inciso 3 Cn.), principio de neutralidad política del Estado y la prohibición de valerse de las instituciones para hacer política partidista (artículo 218 Cn.). De dicha interpretación se deriva una exigencia que no aparece expresamente en la primera disposición mencionada, pero adquiere calidad de incompatibilidad para el acceso a los cargos de jueces y magistrados de la Corte (sentencia de inconstitucionalidad 77-2013); esta implica que los jueces y magistrados deben ser independientes e imparciales, y no pueden estar afiliados a ningún partido político dado el conflicto de intereses que se genera entre órganos controladores y entes controlados. Además, dicha incompatibilidad se extiende a todas aquellas instituciones que ejercen una función de control de las mismas actividades del Estado, tales como la Corte de Cuentas, Fiscalía General de la República, Corte Suprema de Justicia, Consejo Nacional de la Judicatura, e incluso, Tribunal Supremo Electoral.

El anterior razonamiento es reforzado por lo establecido en el Informe Único de la Comisión de Estudio del Proyecto de Constitución, el cual tiene valor hermenéutico conforme al artículo 268 Cn. y que permite interpretar el sentido originario de la Constitución. Así, el mencionado informe sostiene: “…hay algo que la Comisión requiere dejar claro en el espíritu de la Constitución: Es el apartamiento de la Corte Suprema de Justicia de toda actuación de carácter político partidista. Las leyes son el producto de políticas de partido. Su control de su constitucionalidad es el producto de la interpretación independiente de la ley fundamental”. Sobre la posible militancia partidaria de los magistrados de la CSJ, el informe es claro al señalar que “es obvio que su cargo es absolutamente incompatible con toda actividad de orden partidista”.

La elección de funcionarios debe realizarse con criterios que denoten objetividad e idoneidad, no con líneas partidarias o particulares que busquen colocar a personas afines que mantengan o cubran los intereses ajenos a la institución. Debe garantizarse que las personas electas cuenten con el mérito para liderar las instituciones, es decir que gocen de la probidad, honestidad, vocación de servicio, compromiso institucional, independencia (que implica separación y no subordinación a los diversos órganos e instituciones, así como a los partidos políticos y grupos económicos) y rectitud requeridas para desempeñar con dignidad la investidura; así como la cualificación técnica y profesional requeridas para el idóneo desempeño del cargo. En las instituciones públicas no necesitamos amigos de uno o todos los partidos, sino que profesionales independientes que estén conscientes que una labor objetiva e imparcial puede incomodar hasta a los encargados de elegirlo.

Cataluña: Pactan en el Parlament romper con España

La propuesta de resolución la han registrado en el Parlament Jordi Turull (CDC) y Marta Rovira (ERC), por parte de JxSí, y Antonio Baños y Anna Gabriel por parte de la CUP. En el próximo pleno, ambos grupos votarán a favor de “declarar solemnemente el inicio del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república”.


La oposición catalana tacha la declaración de ‘golpe a la democracia’
PDF: Lea la propuesta de resolución conjunta para iniciar la independencia

Forcadell, presidenta del Parlament: ‘¡Viva la República catalana!
Sus 10 frases
Viaje a la Cataluña que ya se ha ‘independizado
Mariano Rajoy frenará la ‘provocación’ secesionista
con todas las armas de la ley

Junts pel Sí y la CUP inician la ruptura con el Estado

Reclaman que en 30 días empiece la tramitación de las leyes del proceso constituyente, la seguridad social y la hacienda propia.

Consideran que el Constitucional está “deslegitimado” por lo que no supeditarán la “desconexión” a sus decisiones

La Mesa del Parlament admite a trámite la propuesta con los votos favorables de Junts pel Sí

Los nueve puntos del proceso de desconexión de Junts pel Sí y la CUP
Rajoy: ‘La propuesta del Parlament es una provocación y no surtirá efecto alguno’
El Govern acusa a Rajoy de ‘no respetar la democracia ni la libertad de expresión’

GERMÁN GONZÁLEZ, 27 octubre 2015 / EL MUNDO

No han pasado ni 24 horas desde la constitución del nuevo Parlament cuando los grupos parlamentarios independentistas han presentado una propuesta de resolución en la cámara catalana para declarar “solemnemente el inicio del proceso de creación del estado independendiente en forma de república”. El documento, que consta de una decena de puntos destaca que tras las elecciones del 27 de septiembre el Parlament tiene una “mayoría de escaños de las fuerzas parlamentarias que tienen el objetivo de que Cataluña sea un estado independiente“. Por eso apuestan por “abrir un proceso constituyente no subordinado” para preparar “las bases de la futura constitución catalana”.

el mundoPara ello, los grupos parlamentarios instan al “futuro Govern a adoptar las medidas necesarias para hacer efectivas estas declaraciones”. Además reclaman que en 30 días debe empezar la tramitación de las leyes del proceso constituyente, la seguridad social y la hacienda propia. La resolución también desafía al Tribunal Constitucional al indicar que el Parlament y el “proceso de desconexión democrática no se supeditarán a las decisiones de las instituciones” del Estado, y en particular al de este tribunal al que consideran “deslegitimado y sin competencia por la sentencia de junio de 2010 sobre el Estatut”.

La declaración también reclama adoptar “las medidas necesarias para abrir este proceso de desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica” con España contando para ello con la participación ciudadana. Igualmente reclaman al futuro Govern a cumplir los mandatos del parlament paea “blindar los derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español”.

Para ello, la resolución, que debe votarse, declara la voluntad de iniciar negociaciones para crear el “estado catalán independiente en forma de república” y lo comunica a España, la Unión Europea y la comunidad internacional.

La Mesa del Parlament ya ha admitido a trámite la propuesta de resolución con los cuatro votos independentistas de Junts pel Sí a favor y los votos de los otros tres miembros en contra. Según fuentes parlamentarias, está previsto que la Mesa se reúna de nuevo el miércoles para tramitar la propuesta con carácter de urgencia, con el objetivo de que pueda llevarse a un pleno extraordinario antes del debate de investidura, previsto para el 9 de noviembre.

Cataluña: Derrota y victoria. Editorial El País

El 27-S es para el secesionismo un triunfo electoral y un fracaso plebiscitario.

El PaisEditorial, 28 sept. 2015 /  El País

Nadie puede ignorar este resultado. Todos, también el Gobierno, deben reaccionar. Las elecciones celebradas en Cataluña han sido enormemente significativas. Pese a la confusión del carácter de la convocatoria (plebiscito o elecciones); pese al hecho, desincentivador del voto, de celebrarse en puente en la gran Barcelona (el territorio menos secesionista), y pese a la escasa calidad del debate, el nivel de participación ha sido extraordinario, perfilando un récord histórico para unas elecciones de ámbito autonómico.

En efecto, la participación ha superado no solo la de 2012, sino la de todas las anteriores convocatorias de este ámbito. Además, ha concurrido a las urnas una variadísima gama de opciones y se ha incrementado el número de votantes en todas las circunscripciones, urbanas y rurales, de catalanes de siempre y de nous catalans. Todo ello otorga al 27-S un empaque político que debe acarrear grandes consecuencias.

¿Cuáles? El presidente saliente de la Generalitat, Artur Mas, las configuró como unas elecciones plebiscitarias: “Queríamos un plebiscito y es lo que tendremos”, dijo en el cierre de campaña; estas elecciones “se leerán como un plebiscito”, insistió ayer. Y el líder del secesionismo antisistema, Antonio Baños, añadía que “es necesario” al menos “un 50% de los votos, porque estos comicios son un plebiscito”.

Como este diario destacó antes de celebrarse la elección, el pretendido carácter de plebiscito para la independencia era engañoso, por la naturaleza de la convocatoria (se votaban partidos, no una única cuestión) y por la carencia de competencia jurídica para ello del convocante.

Con casi el 100% de votos escrutados, las fuerzas (contradictorias entre sí) partidarias de la secesión no alcanzaban ni de lejos la mitad de los votos. Pero es evidente que la ciudadanía catalana se ha mostrado severamente fracturada en dos bloques, de distinta aunque similar dimensión. Como el plebiscito que desearon sus organizadores, pues, los secesionistas han perdido claramente la partida. Es un factor fundamental, especialmente en la arena internacional. Sobre todo si además se considera que en casos del género se exigen no solo mayorías simples, sino reforzadas (Montenegro, a instancias de la UE; Quebec, del Tribunal Superior de Canadá), lógico en cuestiones trascendentales.

Ahora bien, como elecciones de especial importancia, han resultado contundentes en favor del independentismo. En escaños, recordando que un escaño barcelonés cuesta dos veces y media que otro leridano, Junts pel Sí vence holgadamente, muy por encima de la ascendente y meteórica cosecha del segundo puesto de Ciutadans (que desbanca al PP, convertido en fuerza menor), y del meritorio tercer lugar del PSC, al que tantos consideraban desahuciado. Lo que da a Junts legitimidad para continuar su estrategia proindependentista, siempre que lo haga ateniéndose estrictamente a la legalidad.

Es cierto que su resultado empalidece porque acaba con muchos menos escaños que la suma anterior de Convergència y Esquerra. Y porque necesitará el concurso de la imprevisible formación antisistema CUP para recolocar como presidente a su número cuatro, Mas. Pero también es cierto que cualquier otra alternativa se asemeja dificilísima, cuando no imposible.

Por todo ello, y porque muchos votos de otras listas exigen mejoras del autogobierno, nadie, tampoco el Gobierno central, puede hacer oídos sordos al resultado. Debe reaccionar con urgencia, ofreciendo cauces para el diálogo y vías de solución que puedan dar respuesta al deseo de cambio expresado sólidamente por los catalanes: vías de solución con la firma del Gobierno, que no puede seguir cediendo la iniciativa a los tribunales de justicia.

Cataluña: El separatismo pierde su plebiscito. Editorial de elmundo.es

el mundoEditorial, 28 sept. 2015 / ELMUNDO.ES

LA APUESTA soberanista de Artur Mas y Oriol Junqueras se estrelló ayer en las urnas. Los catalanes han evidenciado que no quieren la independencia porque la suma de los votos de Junts pel Sí y CUP no llega al 48%, una cifra que revela que la sociedad catalana está partida en dos y que deslegitima cualquier intento de secesión.

Es cierto que la lista única que encabeza Raül Romeva y la CUP han logrado 72 escaños, ligeramente por encima de los 68 que marca la mayoría absoluta. Pero ello no oculta el retroceso de la marea nacionalista que queda en evidencia por dos datos demoledores.

El primero es que CiU y ERC había obtenido un total de 71 escaños en las elecciones autonómicas de 2012. Ahora bajan a 62, un durísimo golpe de los electores. Y el segundo dato adverso es que CiU, ERC y la CUP sumaban 74 escaños y ahora Junts pel Sí y la CUP sólo han obtenido 72.

Artur Mas y los suyos han insistido en que estos comicios eran un plebiscito. Pues bien, lo han perdido. Por mucho que quieran disimular sus líderes, el nacionalismo ha sufrido una derrota en las urnas y ello porque Junts pel Sí ni siquiera ha podido llegar al 40% de los votos pese a que se presentaba como una coalición de fuerzas diversas que representaban a toda la sociedad civil catalana.

Mas ha utilizado las instituciones con fines propagandísticos, ha convertido TV3 en un órgano de partido, ha despilfarrado el dinero público, se ha envuelto en la bandera de todos y se ha presentado como el paladín que iba a llevar a Cataluña a la independencia. Sólo ha conseguido perder votos y dividir a los catalanes. Es impensable que pueda seguir liderando su partido y presidiendo la Generalitat.

La CUP tiene la llave

Tampoco se lo va permitir la CUP, que es la fuerza política que más crece en términos relativos al pasar de tres a 10 escaños. Es una organización de extrema izquierda, que defiende la violencia en la calle, promueve el movimiento okupa y propugna la salida de Cataluña de la Unión Europea. Su cabeza de lista, Antonio Baños, declaró anoche que hay que romper de inmediato con la legalidad española. Fue precisamente David Fernández, el verdadero líder de la CUP y el hombre que esgrimió una sandalia en el Parlament, quien aseguró hace pocas semanas que nunca apoyarían la investidura de Artur Mas. Si mantienen su posición, los días políticos del actual presidente de la Generalitat están contados.

¿Quieren Mas y Junqueras proclamar la independencia de la mano de un partido de extrema izquierda que cuestiona la propiedad privada de los medios de producción? No hace falta ser adivino para suponer que las bases de Convergència deben estar asustadas con la mera posibilidad de esta alianza.

Los resultados de ayer trazan un escenario de enorme inestabilidad política en Cataluña, con la posibilidad de que el nuevo Govern no pueda terminar la legislatura ni, por supuesto, llevar a cabo sus planes independentistas.

En el espectro de los partidos constitucionalistas, el gran triunfador de las elecciones es Ciudadanos, que logra un espectacular resultado al pasar de 9 a 25 escaños y triplicar sus votos. Ello supera todas las expectativas previas.

¿Cuál es la clave de este importante avance? La explicación es que una parte del tradicional voto del PP y del PSC ha ido a parar a la formación de Albert Rivera, que ha acertado en la campaña con sus mensajes. No hay duda de que estos resultados convierten a Ciudadanos como la gran alternativa al nacionalismo a medio plazo.

Por el contrario, el PP baja de 19 a 11 escaños, lo que pone en evidencia que sus planteamientos no han llegado al electorado. De la parálisis en su acción política a la improvisación a última hora, el PP es uno de los perdedores de la noche de ayer. Xavier García Albiol no ha podido remontar el hundimiento del partido, castigado por los casos de corrupción a nivel nacional y por el episodio de La Camarga, que restó autoridad moral a Alicia Sánchez Camacho para dirigir el partido en Cataluña.

Las encuestas eran muy malas para el PSC, que al final ha acabado salvando los muebles. Pasa de 20 a 16 escaños, una caída tolerable que refuerza a Miquel Iceta, un veterano dirigente que ha intentado enderezar el discurso errático del partido, con algunos guiños de empatía hacia su clientela. Los resultados son un alivio para Pedro Sánchez.

El que ha fracasado totalmente en Cataluña es Pablo Iglesias, cuyas siglas han quedado en 11 escaños y menos del 9% de los votos. ICV, la marca de Izquierda Unida en esta comunidad, había sacado 13 representantes en los anteriores comicios. Catalunya Sí Que Es Pot, integrada por Podemos y algunas pequeñas formaciones, ha logrado unos resultados muy malos por dos motivos: su falta de definición respecto al soberanismo y el error al elegir a Luis Rabell como cabeza de lista. Rabell es una persona sin carisma, que hace unos meses se declaraba partidario de la independencia y que de ninguna manera encarnaba la regeneración que propugna el partido de Iglesias.

Podemos retrocede

Pablo Iglesias tiene muchas razones para estar preocupado porque los resultados en Cataluña pueden ser interpretados en el contexto de la fuerte y prolongada caída en las encuestas desde esta primavera. En Cataluña, su discurso no ha llegado a los ciudadanos, lo que debe abrir una seria reflexión entre sus militantes. El fracaso de Podemos es todavía más sangrante si se tiene en cuenta el giro a la izquierda del electorado catalán, expresado en el avance de la CUP.

La última de las formaciones que aspiraba a entrar en el Parlament era Unió, que no ha podido alcanzar el 3%, por lo que queda sin representación. Es una pena que el nacionalismo moderado haya recibido este tremendo castigo de las urnas.

No deja de ser una contradicción difícil de entender que el electorado de CiU, formado tradicionalmente por una burguesía moderada, se haya quedado sin un solo diputado. Ello sólo se puede explicar porque Mas ha arrastrado a sus posiciones a ese sector de la sociedad catalana.

Haciendo balance de los resultados, las expectativas nacionalistas han quedado muy frustradas, pero ello no debe servir de excusa para paralizar la necesaria regeneración que necesita España para hacer atractiva la convivencia a todos los ciudadanos, sin distinción de ideologías ni de territorios.

Ha llegado la hora de trabajar todos juntos para, por decirlo en términos orteguianos, asumir el reto de vertebrar España, lo que consiste en crear una ilusión colectiva que aglutine el esfuerzo de todos sus habitantes. Los resultados de ayer crean un escenario adecuado para avanzar en esa dirección.

Dios te salve, Patria sagrada. De Cristina López

Cada año, la independencia patria llena las redes sociales y los medios de comunicación con mensajes que hacen vibrar las fibras del corazón, apelando a la nostalgia y al amor al terruño, robándonos lágrimas a los más sensibles. Alusiones a las pupusas domingueras, a las entrañables –aunque pocas – celebraciones de victoria en las gradas del estadio Cuscatlán, a los celajes durante el atardecer, a las playas y a los volcanes. 

Cristina LópezCristina López, 14 sept. 2015 / EDH

Cada quién llena el espacio en blanco de qué es lo que les inspira el fervor cívico con ideas y conceptos muy diferentes. Algunos glamourizando el tesón — o imbatible instinto de superviven-   cia– de nuestra población “echadora de riata” y la obstinada vena de superación del hermano lejano. Otros con los campos de doradas espigas, los cielos de púrpura y oro o con la sonrisa de las señoras de los mercados. Algunas personas, romantizando la paz firmada en los acuerdos o las coloridas figuras de las obras de Fernando Llort. A algunos más, son los poemas de Alfredo Espino o los cuentos de Salarrué lo que nos hace llorar. A otros, podrían ser las payasadas de la Tenchis y el disfrute de cotidianeidades como el café de olla, las bebidas carbonatadas en bolsa con nudo de pajilla, las charamuscas y los chistes Chiclín lo que les hincha el pecho, y a algunos más, quizás sea el orgullo de compartir nacionalidad con personalidades como la rosa de El Principito, Claudia Lars, Prudencia Ayala o el Mágico González.

No faltarían menciones a la cemita y a las cocadas,  a la Manyula –que en paz descanse– y a las caricaturas de Ruz. A los cocteles de conchas y a los gritos callejeros de “papeeeel,  botellaaaas”. A las fiestas patronales de Antiguo y a los buses pintados de piropos. Y así, a una interminable lista de pequeños y grandes elementos, muchos de ellos romanticismos idealistas de cosas ordinarias que vistas con realismo fatalista, serían vergonzosas e indicativas de oportunidades para mejorar, pero que el prisma de “lo propio” maquilla de encantadoras.

Cada 15 de septiembre –y más si se le agrega la nostalgia de estar lejos– resulta tentador usar la pluma para exaltar a la patria de maneras que parecerían plagio de un anuncio televisivo del Banco Agrícola. Sin embargo, más ganaría la patria si convirtiéramos nuestra nostalgia y fervor cívico en acciones. Y se puede empezar contestando un par de preguntas: ¿respetamos el Estado de Derecho hasta en los detalles mínimos de la misma manera que exigimos su respeto? ¿Estamos conscientes de las realidades socioeconómicas que marcan tantas diferencias en el país y de lo mucho que hace falta por mejorar? Y lo más importante, en la cara de la corrupción y el conformismo que amenaza con estancar al país y arrebatarle el progreso al que aspiramos, ¿demostraremos el mismo idealismo optimista que nuestros próceres, basado en la unión más que en las diferencias? Si las respuestas a estas preguntas son “no”, ese fervor patrio que demostramos con tanta efusividad, no es más que incoherencia. Sí, que Dios te salve, patria sagrada. Pero que también ojalá estemos haciendo suficiente por salvarte nosotros.

A los españoles. De Artur Mas / Raül Romeva / Carme Forcadell / Muriel Casals / Oriol Junqueras / Lluís Llach / Germá Bel / Josep Maria Forné

El 30 de agosto publicamos en Segunda Vuelta una columna de Felipe González, expresidente del gobierno español, titulada: “A los catalanes” – un llamado a mantener la unidad de España. Hoy le contesta un grupo de dirigentes catalanes, encabezado por Artur Mas, presidente de la Generalidad, el gobierno de Cataluña: “A los españoles”. El 27 de septiembre los catalanes deciden sobre el futuro de su relación con España, en una elecciones convertidas en plebiscito.

Segunda Vuelta

Gráfica: RAQUEL MARÍN

Gráfica: RAQUEL MARÍN

Catalunya ha amado España y la sigue amando. Pero que nadie se lleve a engaño. No hay vuelta atrás, ni Tribunal Constitucional que coarte la democracia, ni Gobiernos que soslayen la voluntad de los catalanes.

Artur Mas, president de la Generalitat de Catalunya

Artur Mas, president de la Generalitat de Catalunya

Artur Mas / Raül Romeva / Carme Forcadell / Muriel Casals / Oriol Junqueras / Lluís Llach / Germá Bel / Josep Maria Forné, 6 septiembre 2015 / EL PAIS

Para dar lecciones de democracia a los catalanes hay que tener mucha audacia. Pero para despacharse evocando lo peor que ha sacudido Europa, equiparando soberanismo a nazismo, para arremeter así contra la expresión más ilusionante, firme, masiva, cívica y democrática que se está viendo en esta misma Europa hay que ser muy poco responsable; tamaña provocación indica hasta qué punto hemos llegado. Eso es lo más triste del libelo incendiario que firma todo un expresidente del Gobierno español como Felipe González.

Valdría para la ocasión aquello de “a palabras necias, oídos sordos”, qué duda cabe si no fuera que no se trata de un mandatario de un partido de rancio abolengo democrático. Ocurre, sin embargo, que quién suscribe el texto es un ilustre que en su día fue presidente del partido que representa la alternancia en España al Partido Popular. Ahí radica lo más preocupante de la situación: los principales partidos españoles comparten discurso y estrategia para con Catalunya. La misma receta, la de siempre, sin tapujos.

Catalunya ha amado España y la sigue amando. Catalunya ha amado la solidaridad y la fraternidad con España y con Europa. Y en el caso de España lo ha hecho a pesar de la ausencia de reciprocidad, procurando, siempre, fomentar una economía racional y productiva, unas infraestructuras al servicio de las necesidades económicas, al servicio de la gente, de la prosperidad, impulsando tenazmente una mejora de las condiciones de vida fomentada en una sociedad más libre y más justa.

El 27 de setiembre va de decidir
si queremos forjar una Catalunya que rija su destino

Catalunya ha amado la libertad por encima de todo, con pasión; tanto la ha amado que en varias fases de nuestra historia hemos pagado un precio muy alto en su defensa. Catalunya ha resistido tenazmente dictaduras de todo tipo, dictaduras que no sólo han intentado sepultar la cultura, la lengua o el conjunto de las instituciones del país. Catalunya se ha alzado siempre contra las injusticias de todo tipo, contra la sinrazón. Catalunya ha amado a pesar de no ser amada, ha ayudado a pesar de no ser ayudada, ha dado mucho y ha recibido poco o nada, si acaso las migajas cuando no el menosprecio de gobernantes y gobiernos. Y pese a ese cúmulo de circunstancias, el catalanismo -como expresión mayoritaria contemporánea- ha respondido, una y otra vez, extendiendo la mano y encauzando todo tipo de despropósitos por parte de gobiernos y gobernantes. Catalunya ha persistido en ofrecer colaboración y diálogo frente a la imposición y ha eludido, pese al hartazgo, responder a los agravios acentuando el desencuentro.

Catalunya hace siglos que busca un encaje con el resto de España. Casi se puede decir que ésta búsqueda forma parte de nuestra naturaleza política. Pero cuando un tribunal puso una sentencia por delante de las urnas. Cuando durante cuatro años se ofendió la dignidad de nuestras instituciones. Cuando se cerraron todas las puertas, una tras otra, con la misma y tozuda negativa, la mayoría de catalanes creyó que hacía falta encontrar una solución.

No hay mal que cien años dure ni enfermo que lo resista. Así no se podía seguir, por el bien de todos. Por eso ha eclosionado en Catalunya un anhelo de esperanza, que ha recorrido el país de norte a sur, de este a oeste, una brisa de aire fresco que ha planteado el reto democrático de construir un nuevo país, de todos y para todos, si es que ese es el deseo mayoritario que expresa libremente la ciudadanía catalana. De hecho, ese es el test democrático que comparte con naturalidad la inmensa mayoría de la sociedad catalana, dilucidar el futuro de Catalunya votando, en las urnas, y asumiendo el mandato ciudadano sea cuál sea este. Y si así lo manifiestan los ciudadanos, crear un nuevo estado que establezca unas relaciones de igualdad para con nuestros vecinos, especialmente con España.

Afortunadamente Catalunya es una sociedad fuerte, plural y cohesionada. Y lo va a seguir siendo pese a los malos augurios expresados con saña en otras latitudes. Cataluña es, a su vez, un modelo ejemplar de convivencia, tanto como ha demostrado ser, sin lugar a dudas a lo largo de su historia, una sociedad integradora, dinámica, creativa, que ha contribuido como nadie al progreso de España.

El problema no es España,
es el Estado español que nos trata como súbditos

Catalunya es y va a seguir siendo una sociedad democrática, que respeta la voluntad de sus ciudadanos. La tradición democrática viene de lejos, incluso en épocas pretéritas fue también así, como narraba emocionado, con lágrimas en los ojos, un anciano Pau Casals ante Naciones Unidas, recordando el arraigo de nuestra tradición parlamentaria. O subrayando, en un emotivo y célebre discurso, las asambleas de Pau i Treva, que establecían períodos de paz frente a la violencia que sacudía la sociedad feudal.

Insistimos, la base del acuerdo es una relación entre iguales, el respeto mutuo. Y ahí nos van a encontrar siempre, con la mano tendida, ajenos a todo reproche, dispuestos a colaborar y a estrechar todo tipo de lazos. Pero que nadie se lleve a engaño. No hay vuelta atrás, ni Tribunal Constitucional que coarte la democracia, ni Gobiernos que soslayen la voluntad de los catalanes. Ellos van a decidir sin ningún género de dudas. Y tan democrático es volver a las andadas como recorrer un nuevo camino. Ante eso sólo cabe emplazar a todos los demócratas a ser consecuentes y asumir el mandato popular. De eso va el 27 de setiembre, de decidir si queremos forjar una Catalunya que se asemeje a Holanda o Suecia, que rija su destino con plena capacidad, o seguir por los mismos derroteros.

Se trata de decidir nuestra relación con el conjunto de España. Porque con España no solo nos une la historia y la vecindad sino también y especialmente el afecto y vínculos familiares e íntimos. En este nuevo país que queremos se podrá vivir como español sin ningún problema, mientras que ahora es casi imposible ser catalán en el Estado español. El problema no es España, es el estado español que nos trata como súbditos. Somos pueblos hermanos pero es imposible vivir juntos sufriendo insultos, maltratos y amenazas cuando pedimos democracia y que se respete nuestra dignidad.