independencia

España, en la ratonera de Calibán. De Pedro J. Ramírez

“Our natures do pursue, like rats that ravin down the proper bane, a thirsty evil, and when we drink, we die” (Measure for measure I, 2).

Pedro J. Ramírez,

Pedro J. Ramírez, director de El Español

Pedro J. Ramírez, 2 octubre 2017 / EL ESPAÑOL

Pablo Iglesias revolotea, sin escrúpulo alguno, como un ave de presa sobre el espacio urbano de Barcelona, a la espera de lo peor, pero tiene razón en algo fundamental: suceda lo que suceda, este domingo 1 de octubre de 2017 lo que él llama “el régimen del 78”, es decir la España constitucional que conocemos, habrá quedado vista para sentencia.

Ilustración: Javier Muñoz

No en el sentido de que habrá absolución o condena para estos 40 años de imperfecta convivencia en libertad -que eso quedará para la Historia y, a nuestros efectos, dará lo mismo-, sino en el sentido de que el periodo, el modelo y el sistema habrán llegado a su fin, ante todo aquel que tenga ojos para ver.

el españolSerá una jornada clave en la que los focos de la opinión mundial se fijarán de forma simplista y distorsionada en esta extraña democracia que tiene que desplegar a miles de policías para impedir votar a millones de ciudadanos, espoleados machaconamente hacia las urnas, mientras los organizadores de tan descomunal desobediencia colectiva -que el número dos de Interior bautiza como “picnic”- continúan en sus cargos públicos, tras acumular un sin número de flagrantes delitos.

Cuando dejen de rodar los peligrosos dados del azar, los acontecimientos habrán podido alcanzar la categoría de catastróficos -no faltará incluso quien busque su Bloody Sunday– o quedarse en simplemente desastrosos. Pero nada bueno habrá sucedido para nadie. Y esa desoladora suma, necesariamente negativa, conlleva la cruz y la raya que toca poner bajo la experiencia constitucional que surgió de la Transición.

“Los acontecimientos habrán podido alcanzar la categoría de catastróficos o quedarse en simplemente desastrosos”

Un régimen político que no ha logrado impedir, ni por las buenas, ni por las malas, ni con el diálogo, ni con las amenazas, ni con la ley y los jueces, ni con la Policía y la Guardia Civil, lo que, en el mejor de los supuestos, será un monumental bochorno colectivo, es evidente que ha dejado de constituir un marco útil para afrontar los problemas de la sociedad española. Al menos en lo que a algo tan sustancial como el modelo de organización del Estado –el maldito Título Octavo- se refiere.

¿Qué nos ha pasado? Pues que nos hemos suicidado en los términos exactos descritos por la tremenda cita de Shakespeare que encabeza esta Carta: “Como las ratas que tragan vorazmente su propio veneno, nuestras inclinaciones corren detrás de un mal del que están sedientas, y cuando bebemos, morimos”.

El “veneno” han sido los recursos y competencias del Estado, entregados, en nombre de identidades trucadas, a las autoridades autonómicas, por parte de unos gobiernos centrales dotados de precarios mecanismos y nula capacidad política de controlar su lealtad institucional.

Eso ha permitido a tales autoridades autonómicas suministrar paulatinamente la pócima, aumentando poco a poco la dosis, estimulando las “inclinaciones”, primero de los vascos y ahora de los catalanes, hacia el “mal” del nacionalismo excluyente, del que tan fácil era hacer que se sintieran “sedientos”.

Sobre todo en medio del desierto, sólo interrumpido por los pedregales de la corrupción, que ha venido suponiendo lo español, como definición y como proyecto colectivo. Y con la fatal consecuencia para los envenenados de que “cuando bebían, morían” en su complejidad individual y en su disposición a articular una comunidad nacional por encima de los mezquinos intereses parroquiales.

Esa “muerte” de millones de individuos como ciudadanos libres e iguales, hacia la que ya progresan también tantos mallorquines, menorquines e ibicencos, una parte fronteriza de valencianos y aragoneses, un puñado de canarios, asturianos o andaluces, amén de la porción correspondiente de gallegos, augura la inexorable defunción por fallo multiorgánico de la España de la Constitución del 78.

“Esa ‘muerte’ de millones de individuos como ciudadanos libres e iguales augura la inexorable defunción por fallo multiorgánico de la España de la Constitución del 78”

¿Qué nos ha ocurrido para fracasar tanto? Hay una respuesta con las luces largas y otra con las de cruce.

La primera es que hemos padecido todos los riesgos del federalismo, sin ninguno de los antídotos que conlleva la regulación de su reconocimiento expreso. La segunda es que hemos preferido, en este último tramo decisivo, circular sobre el piso deslizante de una calzada helada, estólidamente aferrados al volante de una declamación huera y campanuda, en vez de proteger las ruedas del vehículo con las cadenas para situaciones de alto riesgo previstas en el artículo 155 de la Constitución. El resultado estará mañana a la vista de todos. Pero antes tendremos que tragarnos el “picnic”.

El efecto, primero embriagador y euforizante, después bloqueador y letal, del “veneno” raticida de “Medida por Medida” ha sido -por citar otra obra de Shakespeare- como el del aguardiente que los dos pícaros, arrojados a la isla, suministran al salvaje Calibán en La Tempestad. Bajo sus efectos canta y baila, lanzando desacompasados gritos de “¡Libertad, libertad! ¡Prosperidad, prosperidad!”, para reclamar la soberanía sobre la isla en la que nació.

Un bufón y un pastelero han dado alas a sus “inclinaciones”, proporcionándole la droga de la que estaba “sediento” y potenciando su rebelión contra el dominio del prudente Próspero, al que considera un ocupante extranjero. La canción de Calibán bien podría convertirse en el himno oficial del 1-O:

“No más peces que pescar,

no más leña que romper,

no más platos que lavar,

no más ropas que tender.

¡Tan, tan, Calibán,

rotos tus hierros están!”

No desbarro: algunos exégetas de Shakespeare han presentado recientemente a Calibán como una especie de freedom fighter contra el colonialismo. También como el buen salvaje de Rousseau, dedicado en su estado de naturaleza a preparar trampas para monos y ratones. Pero los críticos más solventes, desde Jan Kott a Harold Bloom, subrayan su primitivismo feroz, su falta de civilización, su condición semihumana o, para ser más exactos, de “hombre incompleto”, fácilmente manipulable, lastrado por su fanático victimismo.

Un Calibán nace pero sobre todo se hace. Estremece contemplar esos vídeos de escolares catalanes de nueve años -hijos de inmigrantes incluidos- jugando a pegar carteles “para votar y ser libres”. Estremece escuchar las consignas pueriles del Tomorrow belongs to me de la Plaza Universidad. Estremece oír la plegaria de los “cristianos por la independencia”, dignos émulos de los patriotas de 1714 que entregaron el mando a la Virgen de La Merced, en la misma iglesia de Pompeya en la que imperaban el padre Ruperto y sus legendarios huevos. Estremece comprobar cómo avanza impertérrito el Ejército de los Sonámbulos, enarbolando sus esteladas, cual estandartes sagrados, camino de la consecución de su único objetivo sobre esta tierra, sin riesgo alguno de tropezar con la razón o de resbalar sobre la lógica. Esto es lo que hemos engendrado.

“Estremece contemplar esos vídeos de escolares catalanes de nueve años -hijos de inmigrantes incluidos- jugando a pegar carteles”

Confieso mi impaciencia, pero no será hoy cuando abra el “segundo sobre”, en relación a Rajoy y su Gobierno. La única prioridad debe seguir siendo parar el golpe de Estado de Puigdemont y Junqueras. Ahora bien, una cosa es que el Ejecutivo merezca todo el apoyo de los defensores de la legalidad constitucional, mientras intente sofocar la sedición en marcha “sin renunciar a nada”, y otra que no nos demos cuenta, con desolación, consternación y espanto, de cómo ha cambiado en estas tres últimas semanas la dimensión del problema y la estrategia para combatirlo.

Hasta el bochornoso pleno de la ruptura en el Parlament, el adversario perfectamente identificable, al que había que doblegar, era el gobierno de la Generalitat, con la adenda de Forcadell y su Mesa y los líderes de Omnium y la ANC. Una vez que se permitió que, desobedeciendo flagrantemente al TC, las leyes del Referéndum y la Transitoriedad fueran votadas y aprobadas, ya eran todos los diputados separatistas los que quedaban en rebeldía.

Luego el círculo se amplió a los alcaldes dispuestos a ceder sus locales para la votación del domingo. Más tarde a los directores de centros escolares o sanitarios, elegidos para la consulta. Después a los ciudadanos dispuestos a ejercer de presidentes o vocales en las mesas, amenazados por la Agencia de Protección de Datos. Ayer ya estábamos hablando de imputar a miles de personas. Ahora el colectivo sobre el que no cabe más remedio que ejercer la coacción es ya el de la multitud de votantes que saldrán de su casa papeleta en ristre.

Cielo santo, ¿cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí, con una base popular descontrolada e ingente, a punto de desparramarse por miles de puntos de votación, sin que se haya maniatado a la cúpula que sigue manejando los resortes de la conspiración, desde los despachos oficiales que les ha confiado el Estado al que llevan camino de destruir?

“Ahora el colectivo sobre el que no cabe más remedio que ejercer la coacción es ya el de la multitud de votantes que saldrán de su casa papeleta en ristre”

Lo que debía haberse zanjado como un torrencial pulso vertical -con su correspondiente trama, nudo y desenlace- entre Rajoy y Puigdemont, entre Soraya y Junqueras, entre Romeva y un tal Dastis, entre Ana Pastor y Forcadell, ha degenerado en una descomunal confrontación horizontal entre Calibanes y Piolines sobre un océano de gasolina que cualquiera puede incendiar.

Para miles, para decenas de miles, para cientos de miles, tal vez para millones de catalanes, la jornada de este domingo no puede deparar sino dos experiencias personales, a cual más lamentable: la de topar con un agente uniformado que les impida votar o la de lograr sortear el cerco y conseguir depositar la papeleta, a modo de transgresión heroica contra el Estado que proclama ser el garante de sus libertades. Cualquiera de los dos episodios es de los que dejan huella en sus protagonistas y en la historia oral de una comunidad. Desde ahora el vértigo del choque de trenes con España ya no será una fantasía de las élites sino una vivencia de la calle.

Ese es el gran éxito que ha cosechado Puigdemont antes de que alboree el día sobre el campo de batalla. Ha conseguido arrastrar a Rajoy -y con él a España entera- a su terreno, el de la socialización del conflicto, en la embocadura de la ratonera ante la que Calibán aguarda a sus presas, imbuido de ansia de desquite, cegado por los falsos dioses del culto a su identidad profanada, embriagado por el eco de su propio clamor de libertad.

Diga lo que diga el balance oficial de las dos partes, algo quedará roto para siempre este domingo en Cataluña. El actual Estado de las Autonomías ha fenecido, ahogado en un desbordamiento que no ha sido capaz ni de contener, ni de encauzar, ni de reprimir. Pretender extender su vigencia mediante unas elecciones autonómicas en las que todo jugaría a favor de los separatistas, como ingenuamente anhelan los valientes amigos de Ciudadanos, no serviría sino para dificultar su embalsamamiento y resurrección.

“El vértigo del choque de trenes con España ya no será una fantasía de las élites sino una vivencia de la calle”

Escribo sí, resurrección, porque la oportunidad de la reforma, la renovación, la regeneración o la remudanza -conceptos tan afines a varias hornadas de la Tercera España con la que me identifico- ha pasado ante los ojos de Albert Rivera y sus demás patrocinadores entre vacilaciones y tacticismos. Después de este 1-O ya no basta el recauchutado, el parcheo o el lifting. Tenemos un cadáver -o al menos una apariencia de cadáver- sobre la mesa. Sólo insuflando un nuevo ser en ese cuerpo exánime, podremos devolverle a la funcionalidad de la vida.

Llamémosle, para tranquilidad de todos, “reforma constitucional”; pero estamos abocados a un auténtico proceso constituyente o, si se quiere, reconstituyente. No con base cero, pero sí con la determinación de escuchar a la musa del escarmiento -que decía Azaña- y evitar repetir los errores que nos han hundido en la actual miseria institucional. Y, por supuesto, parando el reloj en Cataluña, esta vez sí, por las buenas o por las malas.

Porque llegará un día en que muchos catalanes engañados en su buena fe descubrirán, al igual que le ocurre al pobre Calibán, que han seguido como si fueran “dioses” a simples estafadores y oportunistas, tan miserables como el bufón y el pastelero de La Tempestad. Pero, de igual manera que Próspero abandona la isla a su suerte para revivir en otro lugar y de otra forma, puede que en ese momento España ya no esté en Cataluña o ni siquiera exista como tal.

Hemos llegado al término de un viaje. Emprendamos otro antes de que esa “muerte imperfecta” de la que hablaba l’Encyclopedie y en la que aun nos encontramos, dé paso a una “muerte absoluta” ante la que “nullum est medicamen in hortis“. Todavía queda una esperanza, si la hora grande de la Política sucede por fin al tedio interminable de la papiroflexia provinciana.

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La revolución de la sociedad civil en ciernes. De Max Mojica

La razón de nuestra pobreza: nuestros gobernantes han gobernado para ellos, alternando grupos sociales que han luchado entre sí simplemente para tomar el turno de la élite beneficiada con la extracción. El FMLN promovió la última revolución, con aberrantes resultados una vez en el poder.

max mojica-xMax Mojica, 18 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

¿Por qué en nuestro país, luego de 196 años de independencia, hay pocos ricos y muchos pobres? La explicación no es tan complicada como parece. No se necesita tener un doctorado en historia, economía o sociología para dar una respuesta; eso sí, es necesario contar con una máquina del tiempo para poder entenderlo. ¿Me acompañas en el viaje?

EDH logCristóbal Colón descubre América en 1492. Él y sus compadres transportan al Continente el sistema político absolutista que imperaba en España, el cual es alegremente implantado como sistema político en los nuevos territorios. Los conquistadores utilizaron el sistema monárquico-extractivo para ser aplicado a sus congéneres, a los hijos de estos nacidos en América (criollos) y, por supuesto, respecto a la población mestiza e indígena conquistada, teniendo derechos económicos y políticos prácticamente ilimitados sobre el trabajo y propiedad de estos últimos.

Luego de algo más de 300 años de espera (Siglo XIX), los criollos se cansan de no disfrutar del poder que tenían sus bisabuelos, debido al pequeño detalle de haber nacido en el continente americano. Las ideas independentistas surgen de una clase celosa de las prerrogativas de otra clase, buscando libertad política y económica para ellos, pero no para todos los ciudadanos (mestizos e indígenas).

Ya independientes, los criollos reclaman para sí mismos las prerrogativas de los españoles y empiezan a gobernar y actuar exactamente igual que éstos, mientras el resto del pueblo continuaba explotado y aislado política y económicamente. Paulatinamente fue entrelazándose el poder entre criollos y mestizos, en lo político (vía militarismo) y en lo económico (vía grandes capitales agrarios), mientras las mayorías de origen indígena continuaban sumidas en la pobreza.

En el siglo XIX y buena parte del XX la democracia en El Salvador era una simpática forma de describir la sucesión presidencial vía golpes de Estado militares o acuerdos entre familias poderosas. Estallan revoluciones para cambiar la situación, la más relevante: la de 1932, promovida por Farabundo Martí y Feliciano Ama. El primero, marxista-leninista y Secretario del Partido Comunista Salvadoreño, quien recibía instrucciones directamente de Stalin; y el segundo, un líder indígena, católico y analfabeto, instrumentalizado por el Partido Comunista. Ninguna de las revoluciones tuvo éxito.

Como respuesta a la inmovilidad político-social de los gobiernos conservadores llega la “Generación Comprometida” (1950-60), que sembró en la juventud ideas políticas de corte liberal y socialista-comunista; que eventualmente, termina siendo la puerta de entrada para que corrientes políticas “más duras”, orientadas al comunismo, logren infiltrar la Iglesia Católica por medio de la Teología de la Liberación, las universidades y colegios privados al que asistían las élites, los sindicatos en general y especialmente el de maestros que educaban en institutos públicos, los partidos políticos y el estamento militar; a efecto de minar los principales pilares sobre los que se asentaba el sistema político conservador.

La “revolución popular” (gestada en la década de los 60 y 70), derivada de las ideas liberales, socialistas y comunistas en boga, abonadas por las claras injusticias sociales, la falta de movilidad social en lo económico, los burdos fraudes electorales a favor de los militares, unido a la represión política y nula libertad de expresión, fue el caldo de cultivo para la guerra civil prolongada que vivimos en la década de los 80, lo cual marcó el fin de los gobiernos militares y fue el preámbulo de las elecciones ¿democráticas? que derivaron en los gobiernos del PDC, ARENA y FMLN.

De tal forma que los criollos sustituyeron a los españoles; los mestizos militares a los criollos, uniendo fuerzas entre ellos para mantener el poder durante el siglo XIX y buena parte del XX; para luego llegar a la fase de los gobiernos “democráticos” del PDC y ARENA, todos los cuales tuvieron en común el utilizar sistemas político-económicos extractivos para beneficio de las élites gobernantes; para finalmente llegar a un gobierno de izquierda en el Siglo XXI, que no cambió nada pero convirtió a sus líderes en la nueva oligarquía roja, manteniendo el statu quo histórico: el gobierno de turno y sus compadres (ahora en manos de los socialistas) se sirven con la cuchara más grande, mientras el pueblo pasa hambre y ve frustrados sus anhelos de progreso y bienestar.

Esa es la razón de nuestra pobreza: nuestros gobernantes han gobernado para ellos, alternando grupos sociales que han luchado entre sí simplemente para tomar el turno de la elite beneficiada con la extracción. El FMLN promovió la última revolución, con aberrantes resultados una vez en el poder.

Ahora estamos frente a la “revolución de la sociedad civil”, que podría darnos un gobierno electo democráticamente con un gabinete más inclusivo, designado con base en el mérito y representativo de la amplia clase media profesional, que podría ser finalmente en beneficio de las grandes mayorías y no de los beneficiados de siempre: los gobernantes de turno y sus compadres.

@MaxMojica

Próceres modernos. De Cristina López

No se tiene en ese momento duda alguna de que “todos, todos” quieren a la Patria, como dice la canción. Se vive aún en la tierna ignorancia de que muchos, con plena conciencia de sus actos, a la Patria la quieren nadita y se enriquecen a su costa perpetuando un sistema de corrupción.

Cristina LópezCristina López, 18 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Me acuerdo como si no hubieran pasado dos décadas y media. En el patio del kínder, debajo del palo de mango a cuyos pies se instalaba según la época, altar de Día de la Cruz o telón de fondo para “actos”, varias docenas de minipersonas uniformadas. Las niñas de overol y falda, los niños con pantalones cortos. La mayoría con las rodillas raspadas. En bloques con más desorden que orden, cada quien sujetando entre las manitas (probablemente) pegajosas, una varita de bambú con una bandera hecha de plástico de bolsa. Ondeándola casi con violencia se cantaba con total desentonación aquello de “con dos franjas azules y en medio una muy blanca, se forma la Bandera, símbolo de mi Patria”.

EDH logPor alguna razón se me ha quedado grabado el momento, pero al llegar a la segunda estrofa el corito desentonado se entusiasmaba cual concierto de rock en su momento de clímax, de manera que la parte de “todos, todos debemos quererla mucho mucho y los salvadoreños, le rendiremos culto” se cantaba con total euforia y convencimiento. Convencimiento de la unanimidad del sentimiento, porque si la canción decía “todos”, pues claro que todos, minipersonas y adultos completos, seguramente querían “mucho, mucho” a la Patria también.

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Décadas después me río de la ingenuidad del asunto y agradezco la paciencia de las pobres “misses” que toleraban las vocecitas desgalilladas en plena euforia patriótica. Ingenuidad, porque a los cuatro o cinco años el concepto de Patria es reductible a dos franjas azules con una muy blanca al centro, y el concepto de patriotismo, a la fuerza con la que se ondea la banderita o el volumen con el que se entona la canción. No se tiene en ese momento duda alguna de que “todos, todos” quieren a la Patria, como dice la canción. Se vive aún en la tierna ignorancia de que muchos, con plena conciencia de sus actos, a la Patria la quieren nadita y se enriquecen a su costa perpetuando un sistema de corrupción, tanto desde instituciones gubernamentales como desde corporaciones clientelistas.

Cuando se aprende de nuestros Próceres por primera vez, con la típica imagen de los cromos de librería, se entiende poco de las razones que movieron a ese grupo de padres narizones y un par de señores bigotudos a dedicarle tiempo a la causa independentista. Cuando hablamos ahora de Los Próceres normalmente nos referimos al bulevar más que a las figuras históricas que nos heredaron la responsabilidad por el terruño. Más de una vez me he preguntado, en ese tráfico de Los Próceres y usualmente de ida o vuelta del aeropuerto, si lo que tenemos es lo que soñaron nuestros Fundadores y si, de vernos en la actualidad, se hubieran animado de todas maneras a dar “el Primer Grito”.

Quiero pensar que sí. Que cuando soñaban y pensaban en el futuro –difícilmente se emprenden causas como la independentista a menos que se tenga una enorme capacidad de soñar — pensaban en las generaciones que veníamos después. Que lo que sea que fuere que los impulsaba (más allá del cinismo y de los obvios intereses políticos y económicos del momento, el patriotismo idealista que desgalilla a niños de kínder), lo sentirían también otros hombres y mujeres, y como ellos, arriesgarían lo propio, lo mezquino y lo pequeño, para conquistar lo común, lo significante y lo trascendente. Ojalá, décadas después, las minipersonas que ondeábamos banderitas plásticas y cantábamos con fervor desentonado, no les estemos fallando.

@crislopezg

La isla siempre fiel. De Ricardo Avelar

ricardo avelar.jpgRicardo Avelar, 17 agosto 2016 / EDH

En las primeras décadas del siglo XIX, los países hispanoamericanos experimentaron una primera oleada de liberalismo, encabezada por revueltas independentistas, algunos experimentos federalistas y un surgimiento de nuevas élites políticas y económicas.

En los círculos políticos e intelectuales de los nuevos estados nacionales surgió un debate sobre la mejor forma de gobernar estos territorios. Por un lado, los más conservadores abogaban por una reivindicación de una monarquía de corte constitucional, y por otro los liberales que veían en la república el camino a seguir. Desde luego, la discusión fue mucho más compleja que esto.

Ediario hoyn la segunda mitad del siglo, se instauró en estos estados un “segundo liberalismo”, que supuso la construcción de instituciones, la profesionalización de las fuerzas armadas, la separación de la Iglesia Católica de la educación y, muy lentamente, la reivindicación de grupos menos privilegiados y la instauración de experimentos de estado de bienestar.

El debate sobre qué tipo de libertades, garantías y sistemas convenían estaba en curso, salvo en una isla a noventa millas de la Florida. Por décadas, el gobierno español logró controlar los diversos experimentos independentistas de Cuba y en un arranque de propaganda -o de cinismo-, denominaron al país “Isla siempre fiel”, la cual no alcanzaría su independencia sino hasta 1902, tras la Guerra Hispanoamericana.

A ciento catorce años de su salida de España, vale la pena preguntarse qué tan libre e independiente es Cuba el día de hoy. Una Cuba donde el Estado ha permeado en las instituciones sociales, con un régimen de partido único y estrictos controles sobre la economía.

Hace un año, en la Cumbre de las Américas en Panamá tuve una pequeña discusión con una joven cubana simpatizante del régimen. Cuando la increpé sobre las sistemáticas violaciones a los derechos humanos en la isla y la represión a la disidencia, ella respondió con una frase lapidaria -y que se ha vuelto el lugar común de los regímenes que aplauden el experimento de los Castro-: “respeta el régimen que hemos elegido de manera soberana”.

Inicialmente un argumento fuerte. Cada país tiene, de hecho, un derecho a la autodeterminación y a elegir el sistema que le gobierna. En una inspección más detallada, sin embargo, encontré una falacia non sequitur (aquella que expone cómo una conclusión no se deriva de sus premisas).

¿Cómo hablar de soberanía de un país entero si quienes lo integran, sus ciudadanos, no tienen el gobierno sobre sus vidas, sus recursos, sus expresiones? ¿Puede divorciarse la soberanía de un país de la soberanía de su gente?

A un año de la inconclusa discusión, esa duda me sigue invadiendo. El argumento de la soberanía es ahora esgrimido por otros gobiernos. En Venezuela, la nueva oligarquía denuncia constantemente al imperialismo, pero no duda un segundo en ejercer la dominación sobre los aspectos económicos y políticos de sus ciudadanos; asimismo, la “soberanía” es la excusa de la nueva dinastía nicaragüense, cuyos exponentes cada vez se parecen más a los tiranos que derrocaron en 1979: dictadorzuelos enemigos de la prensa y la oposición.

Presumo que los valientes disidentes, los periodistas investigativos y los líderes políticos e intelectuales de estas latitudes afirmarían que tal soberanía es meramente discursiva, que poco se ha avanzado en materia de independencia y que el hecho de que una élite elija su sistema no significa, automáticamente, que sus gobernados son realmente libres.

También presumo que, a más de un siglo de la Guerra Hispanoamericana, lejos de sumarse a los aires de modernización y libertad, o a las discusiones sobre mejores formas de gobierno y transparencia, Cuba sigue siendo una isla siempre fiel. Y por fiel, lastimosamente me refiero a estar sometida al capricho de un tirano.

Hace unos días, un buen amigo escribió una columna sobre los cambios que se están dando en la isla. Yo, por el contrario, me decanto a creer la analogía que de su país hiciese el cantautor Carlos Varela: “Un amigo se compró un Chevrolet del cincuenta y nueve. No le quiso cambiar algunas piezas y ahora no se mueve”.

Pobres cubanos. Les impusieron un sistema vetusto y fracasado en el ‘59. Y sí, como el carro de la canción, a pesar de algunas “libertades” económicas, sin otros ajustes necesarios, la dignidad de los cubanos no se mueve.

Independencia política partidaria de los funcionarios. De Erika Saldaña

Durante muchos años, los salvadoreños fuimos simples observadores de la repartición de las instituciones y cargos públicos que los partidos políticos realizaban en cada legislatura. Así, lo normal era que la dirección de los distintos órganos del Estado fuera entregada a simpatizantes o miembros  de los diversos partidos políticos, como una especie de acuerdo previo para obtener los 56 votos necesarios en cada elección.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 2 noviembre 2015 / EDH

diario de hoySin embargo, debido a la renovada conciencia ciudadana sobre la importancia de este tipo de elecciones realizadas por la Asamblea Legislativa, junto a varias sentencias de la Sala de lo Constitucional sobre los requisitos que deben reunir los funcionarios (que habilitan las demandas por incumplimiento de la Constitución), estas reparticiones políticas de las jefaturas de las entidades estatales  se vuelven más complicadas.

Uno de los requisitos desarrollado por la Sala de lo Constitucional en su jurisprudencia es  la independencia política partidaria de los funcionarios, por la cual se exige que un candidato carezca de un vínculo formal o material con cualquier partido político para que  su elección sea legítima. La Constitución no prohíbe expresamente la afiliación política partidaria para ser elegido como funcionario por la Asamblea Legislativa, pero el razonamiento contrario (es decir, que si no lo prohíbe entonces lo permite), basado en una interpretación literal de la Norma Fundamental, resulta insuficiente al momento de comprender de forma sistemática la Constitución (cuyo rasgo característico de sus disposiciones es la abstracción e indeterminación).

Con base en el principio de unidad de la Constitución, por el cual las disposiciones constitucionales deben analizarse en conjunto y no como entidades aisladas, la Sala ha realizado una interpretación sistemática del artículo que establece los requisitos para ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia (artículo 176 Cn.), en relación con el principio de independencia judicial (artículo 172 inciso 3 Cn.), principio de neutralidad política del Estado y la prohibición de valerse de las instituciones para hacer política partidista (artículo 218 Cn.). De dicha interpretación se deriva una exigencia que no aparece expresamente en la primera disposición mencionada, pero adquiere calidad de incompatibilidad para el acceso a los cargos de jueces y magistrados de la Corte (sentencia de inconstitucionalidad 77-2013); esta implica que los jueces y magistrados deben ser independientes e imparciales, y no pueden estar afiliados a ningún partido político dado el conflicto de intereses que se genera entre órganos controladores y entes controlados. Además, dicha incompatibilidad se extiende a todas aquellas instituciones que ejercen una función de control de las mismas actividades del Estado, tales como la Corte de Cuentas, Fiscalía General de la República, Corte Suprema de Justicia, Consejo Nacional de la Judicatura, e incluso, Tribunal Supremo Electoral.

El anterior razonamiento es reforzado por lo establecido en el Informe Único de la Comisión de Estudio del Proyecto de Constitución, el cual tiene valor hermenéutico conforme al artículo 268 Cn. y que permite interpretar el sentido originario de la Constitución. Así, el mencionado informe sostiene: “…hay algo que la Comisión requiere dejar claro en el espíritu de la Constitución: Es el apartamiento de la Corte Suprema de Justicia de toda actuación de carácter político partidista. Las leyes son el producto de políticas de partido. Su control de su constitucionalidad es el producto de la interpretación independiente de la ley fundamental”. Sobre la posible militancia partidaria de los magistrados de la CSJ, el informe es claro al señalar que “es obvio que su cargo es absolutamente incompatible con toda actividad de orden partidista”.

La elección de funcionarios debe realizarse con criterios que denoten objetividad e idoneidad, no con líneas partidarias o particulares que busquen colocar a personas afines que mantengan o cubran los intereses ajenos a la institución. Debe garantizarse que las personas electas cuenten con el mérito para liderar las instituciones, es decir que gocen de la probidad, honestidad, vocación de servicio, compromiso institucional, independencia (que implica separación y no subordinación a los diversos órganos e instituciones, así como a los partidos políticos y grupos económicos) y rectitud requeridas para desempeñar con dignidad la investidura; así como la cualificación técnica y profesional requeridas para el idóneo desempeño del cargo. En las instituciones públicas no necesitamos amigos de uno o todos los partidos, sino que profesionales independientes que estén conscientes que una labor objetiva e imparcial puede incomodar hasta a los encargados de elegirlo.

Cataluña: Pactan en el Parlament romper con España

La propuesta de resolución la han registrado en el Parlament Jordi Turull (CDC) y Marta Rovira (ERC), por parte de JxSí, y Antonio Baños y Anna Gabriel por parte de la CUP. En el próximo pleno, ambos grupos votarán a favor de “declarar solemnemente el inicio del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república”.


La oposición catalana tacha la declaración de ‘golpe a la democracia’
PDF: Lea la propuesta de resolución conjunta para iniciar la independencia

Forcadell, presidenta del Parlament: ‘¡Viva la República catalana!
Sus 10 frases
Viaje a la Cataluña que ya se ha ‘independizado
Mariano Rajoy frenará la ‘provocación’ secesionista
con todas las armas de la ley

Junts pel Sí y la CUP inician la ruptura con el Estado

Reclaman que en 30 días empiece la tramitación de las leyes del proceso constituyente, la seguridad social y la hacienda propia.

Consideran que el Constitucional está “deslegitimado” por lo que no supeditarán la “desconexión” a sus decisiones

La Mesa del Parlament admite a trámite la propuesta con los votos favorables de Junts pel Sí

Los nueve puntos del proceso de desconexión de Junts pel Sí y la CUP
Rajoy: ‘La propuesta del Parlament es una provocación y no surtirá efecto alguno’
El Govern acusa a Rajoy de ‘no respetar la democracia ni la libertad de expresión’

GERMÁN GONZÁLEZ, 27 octubre 2015 / EL MUNDO

No han pasado ni 24 horas desde la constitución del nuevo Parlament cuando los grupos parlamentarios independentistas han presentado una propuesta de resolución en la cámara catalana para declarar “solemnemente el inicio del proceso de creación del estado independendiente en forma de república”. El documento, que consta de una decena de puntos destaca que tras las elecciones del 27 de septiembre el Parlament tiene una “mayoría de escaños de las fuerzas parlamentarias que tienen el objetivo de que Cataluña sea un estado independiente“. Por eso apuestan por “abrir un proceso constituyente no subordinado” para preparar “las bases de la futura constitución catalana”.

el mundoPara ello, los grupos parlamentarios instan al “futuro Govern a adoptar las medidas necesarias para hacer efectivas estas declaraciones”. Además reclaman que en 30 días debe empezar la tramitación de las leyes del proceso constituyente, la seguridad social y la hacienda propia. La resolución también desafía al Tribunal Constitucional al indicar que el Parlament y el “proceso de desconexión democrática no se supeditarán a las decisiones de las instituciones” del Estado, y en particular al de este tribunal al que consideran “deslegitimado y sin competencia por la sentencia de junio de 2010 sobre el Estatut”.

La declaración también reclama adoptar “las medidas necesarias para abrir este proceso de desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica” con España contando para ello con la participación ciudadana. Igualmente reclaman al futuro Govern a cumplir los mandatos del parlament paea “blindar los derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español”.

Para ello, la resolución, que debe votarse, declara la voluntad de iniciar negociaciones para crear el “estado catalán independiente en forma de república” y lo comunica a España, la Unión Europea y la comunidad internacional.

La Mesa del Parlament ya ha admitido a trámite la propuesta de resolución con los cuatro votos independentistas de Junts pel Sí a favor y los votos de los otros tres miembros en contra. Según fuentes parlamentarias, está previsto que la Mesa se reúna de nuevo el miércoles para tramitar la propuesta con carácter de urgencia, con el objetivo de que pueda llevarse a un pleno extraordinario antes del debate de investidura, previsto para el 9 de noviembre.

Cataluña: Derrota y victoria. Editorial El País

El 27-S es para el secesionismo un triunfo electoral y un fracaso plebiscitario.

El PaisEditorial, 28 sept. 2015 /  El País

Nadie puede ignorar este resultado. Todos, también el Gobierno, deben reaccionar. Las elecciones celebradas en Cataluña han sido enormemente significativas. Pese a la confusión del carácter de la convocatoria (plebiscito o elecciones); pese al hecho, desincentivador del voto, de celebrarse en puente en la gran Barcelona (el territorio menos secesionista), y pese a la escasa calidad del debate, el nivel de participación ha sido extraordinario, perfilando un récord histórico para unas elecciones de ámbito autonómico.

En efecto, la participación ha superado no solo la de 2012, sino la de todas las anteriores convocatorias de este ámbito. Además, ha concurrido a las urnas una variadísima gama de opciones y se ha incrementado el número de votantes en todas las circunscripciones, urbanas y rurales, de catalanes de siempre y de nous catalans. Todo ello otorga al 27-S un empaque político que debe acarrear grandes consecuencias.

¿Cuáles? El presidente saliente de la Generalitat, Artur Mas, las configuró como unas elecciones plebiscitarias: “Queríamos un plebiscito y es lo que tendremos”, dijo en el cierre de campaña; estas elecciones “se leerán como un plebiscito”, insistió ayer. Y el líder del secesionismo antisistema, Antonio Baños, añadía que “es necesario” al menos “un 50% de los votos, porque estos comicios son un plebiscito”.

Como este diario destacó antes de celebrarse la elección, el pretendido carácter de plebiscito para la independencia era engañoso, por la naturaleza de la convocatoria (se votaban partidos, no una única cuestión) y por la carencia de competencia jurídica para ello del convocante.

Con casi el 100% de votos escrutados, las fuerzas (contradictorias entre sí) partidarias de la secesión no alcanzaban ni de lejos la mitad de los votos. Pero es evidente que la ciudadanía catalana se ha mostrado severamente fracturada en dos bloques, de distinta aunque similar dimensión. Como el plebiscito que desearon sus organizadores, pues, los secesionistas han perdido claramente la partida. Es un factor fundamental, especialmente en la arena internacional. Sobre todo si además se considera que en casos del género se exigen no solo mayorías simples, sino reforzadas (Montenegro, a instancias de la UE; Quebec, del Tribunal Superior de Canadá), lógico en cuestiones trascendentales.

Ahora bien, como elecciones de especial importancia, han resultado contundentes en favor del independentismo. En escaños, recordando que un escaño barcelonés cuesta dos veces y media que otro leridano, Junts pel Sí vence holgadamente, muy por encima de la ascendente y meteórica cosecha del segundo puesto de Ciutadans (que desbanca al PP, convertido en fuerza menor), y del meritorio tercer lugar del PSC, al que tantos consideraban desahuciado. Lo que da a Junts legitimidad para continuar su estrategia proindependentista, siempre que lo haga ateniéndose estrictamente a la legalidad.

Es cierto que su resultado empalidece porque acaba con muchos menos escaños que la suma anterior de Convergència y Esquerra. Y porque necesitará el concurso de la imprevisible formación antisistema CUP para recolocar como presidente a su número cuatro, Mas. Pero también es cierto que cualquier otra alternativa se asemeja dificilísima, cuando no imposible.

Por todo ello, y porque muchos votos de otras listas exigen mejoras del autogobierno, nadie, tampoco el Gobierno central, puede hacer oídos sordos al resultado. Debe reaccionar con urgencia, ofreciendo cauces para el diálogo y vías de solución que puedan dar respuesta al deseo de cambio expresado sólidamente por los catalanes: vías de solución con la firma del Gobierno, que no puede seguir cediendo la iniciativa a los tribunales de justicia.