Guadalupe

San Emigdio, el cantón que definirá al último diputado. De Juan José Morales

Una población de menos de 3,000 personas en Guadalupe, San Vicente, exige que se respete su sufragio.

Juan Cerrito candidato a alcalde por Guadalupe por el PCN. Foto edh por Mauricio Cáceres

Juan José Morales, 23 marzo 2014 / El Diario de Hoy

Los vientos que bajan de lo alto del volcán Chinchontepec le dan a San Emigdio tranquilidad y frescura. Lejos del calor del valle Jiboa este cantón de Guadalupe vive rodeado de cafetales y caminos vecinales donde los vehículos escasean. Es una comunidad acostumbrada a vivir todos los días sin sobresaltos.

Pero hoy esta población del departamento de San Vicente está en el mapa político del país porque el pasado 4 de marzo, en una pequeña escuela de educación básica, 180 salvadoreños emitieron el sufragio pero su decisión terminó abandonada y “extraviada” en una caja por casi tres días, algo que, por azares del destino y de la vida democrática del país, definirá al último diputado y la conformación definitiva de la nueva Asamblea Legislativa para el período 2018-2021.

En esta lucha electoral compiten, Juan Pablo Herrera, actual diputado de GANA que busca la reelección, mientras que Roberto Angulo, un político de larga trayectoria, aspira a lograr la última silla curul bajo la coalición ARENA-PCN.

Podría interesarle:
MAPA INTERACTIVO: Vea quién gobernará las 262 alcaldías

“Yo firmé el acta de cierre de escrutinio, metimos las papeletas en unas bolsas que venían en los paquetes electorales y al día siguiente me entero que estaban en unas cajas que no tenían nada que ver, creo que ahí pasó algo anormal y se está poniendo en riesgo la votación de la gente”, relata Doris Elizabeth Molina, vigilante de la coalición ARENA-PCN de la mesa de votación 9,140 donde se generó el incidente.

Ella explica que durante todo el evento electoral del pasado 4 de marzo la gente participó con total normalidad y no hubo ningún indicio de una posible manipulación de votos o actas por parte de algún partido político, aunque reconoce que al final de la jornada rompieron las papeletas sobrantes, algo que está consignado en el acta que llenaron en la mesa y que también firmaron los vigilantes.

“La participación de nosotros se limitó a verificar que la gente pudiera votar bien, que se le permitiera votar, lamentablemente esto pasó y esta afectando la decisión de la gente de San Emigdio y de todo Guadalupe”, agregó la vigilante.

Por su parte Juan Cerritos, ex candidato a alcalde de Guadalupe y miembro de la dirección municipal del PCN, dijo que en la pérdida de las papeletas hay participación directa de la Junta Electoral Municipal (JEM) y que ellos como partido fueron notificados sobre el incidente dos días después de la elección.

Sigue leyendo: 
Policía Científica analiza papeletas de San Vicente

“Entre domingo y lunes no supimos nada del incidente, nosotros lo que sí vimos y denunciamos el domingo de las votaciones es que en otras urnas se le estaban reportando cero votos al PCN en San Emigdio, yo creo que hubo conexión de miembros de la JEM con gente de las mesas de votación e incluso con los encargados de la Dirección de Organización Electoral, ellos recibieron las cajas con todos los paquetes y las papeletas”, afirmó.

Cerritos aseguró que la caja con las papeletas se encontró hasta el día martes en la oficina del director del Centro Escolar del Cantón San Emigdio, Manuel Rodríguez. Fue él y otros profesores quienes avisaron a la policía sobre el hallazgo y luego llegaron a recoger las papeletas.

“Nosotros el martes al mediodía nos damos cuenta del problema, luego llegó la policía en la tarde y se puso en contacto con la Fiscalía, quien descubrió esto fue una maestra que abrió la oficina de la dirección y se encontró con las papeletas, lo extraño es que para ese día todo el material electoral ya se había desalojado, todas las cajas, menos esas papeletas que a propósito se escondieron para alterar la voluntad de los votantes”, subraya el ex aspirante a edil.

El Diario de Hoy visitó el centro escolar para confirmar con Rodríguez el hallazgo pero no se encontraba en el recinto por estar participando de una capacitación docente.

Lee también: 
Polémica por papeletas en San Vicente:
ARENA podría ganar diputado y Gana perderlo

La Fiscalía General entregó las papeletas el pasado martes pero el Tribunal Supremo Electoral (TSE) las envío a la policía como parte de la investigación para deducir responsabilidades, algo que tiene detenida la resolución sobre la elección de Herrera o Angulo como el tercer diputado de San Vicente.

Si el acta y las papeletas de la urna 9,140 se validan, Angulo sería electo diputado con una diferencia de 37 votos. Caso contrario ganaría Herrera con 18 votos, indican los resultados del escrutinio final del TSE.

Por su parte los vecinos y habitantes de Guadalupe y sus cantones piden que se investigue el caso pero que ante todo se respete su decisión en las urnas.

 

Guadalupe: 4 años de albergue. De Gerardo Calderón

En febrero 2010, si hubiéramos hecho caso al Gobierno, 24 familias en Guadalupe, San Vicente, hubieran seguido viviendo en tiendas de campaña o hacinadas con sus familiares por cuatro años.

Gerardo Calderón, ex directivo de Techo

Gerardo Calderón, ex directivo de Techo

Gerardo Calderón, 8 novimebre 2015 / LPG

la prensa graficaDel 7 al 9 de noviembre de 2009 llovió cinco veces más de lo que llueve regularmente durante todo ese mes. Cantidades exorbitantes de agua minaron la tierra expandiendo violentamente la ribera de los ríos y aflojando rocas gigantes en las montañas. Cientos de viviendas fueron destruidas y familias perdieron seres queridos.

En febrero 2010, tres meses después de la catástrofe, la emergencia en los medios de comunicación ya se había esfumado, pero seguía presente en cientos de familias damnificadas. En Guadalupe, 24 familias que habían perdido sus viviendas seguían acampando en la zona verde de una lotificación. En consecuencia, la organización Techo decide apoyar sin titubeos a estas familias con un proyecto de 24 viviendas de emergencia.

Una mañana en Guadalupe, mientras esperábamos los materiales para construir las primeras viviendas de emergencia, recibimos una llamada de uno de los directores del Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano. Con tono altanero nos sugiere detener nuestro proyecto ya que ellos habían gestionado la compra de un nuevo terreno en el que construirían viviendas definitivas para estas 24 familias afectadas por el huracán Ida. Dijo que si Techo seguía adelante con su apoyo, las familias corrían riesgo de no ser tomadas en cuenta para su proyecto. Inmediatamente nos reunimos con todas las familias y les planteamos lo que acababa de suceder. Ellas intuían que el proyecto del Gobierno iba a tardar más, “venimos escuchando de ese proyecto desde hace tres meses y seguimos viviendo en tiendas de campaña con nuestras familias”. Cansados de vivir bajo el plástico y la incertidumbre, decidieron no esperar el proyecto del Gobierno y se sumaron entusiasmados a trabajar junto con Techo en la construcción de estas 24 viviendas de emergencia.

Las familias de Guadalupe intuyeron bien. El proyecto del Gobierno tardó más, se concluyó cuatro años después de haber tenido todo “listo y gestionado”. Por fin en 2013 estas 24 familias lograron reubicarse en una nueva colonia, formal, con servicios básicos, segura y donde sus escrituras ya están en trámite.

Dejando de lado la poca capacidad del Gobierno de reaccionar oportunamente ante esta catástrofe, y yendo más allá de imaginar qué hubiera pasado si Techo hubiera cancelado su proyecto por seguir las instrucciones de aquella llamada, es necesario observar el impacto de la ayuda material y apoyo moral que brindó la sociedad salvadoreña en aquellos días de solidaridad nacional.

El huracán Ida nos tocó a todos directa o indirectamente y nos hizo reaccionar con otro huracán, un huracán de buena voluntad. Apenas y las lluvias habían cesado cuando ya habían compatriotas organizándose para recolectar víveres, ropa, medicamentos, etc., otras organizaciones visitaban albergues buscando atender psicológicamente a las víctimas directas de los deslaves de rocas. Las oenegés más expertas no entregaban nada, más bien se llevaban información; andaban con un sinnúmero de formularios que llenaban en entrevistas con el alcalde, víctimas, al examinar el lugar de los hechos, etc. En fin, las toneladas de ayuda y apoyo inundaron las zonas afectadas. De hecho, en una visita de reconocimiento pasé tres horas en una fila interminable de automóviles cargados de paquetes queriendo entrar a la zona de Verapaz y Guadalupe. Seis años después del huracán, algo queda muy claro: ni las toneladas de víveres y abrigo, ni los incontables reportajes de la prensa, ni las constantes visitas de levantamiento de información de las oenegés evitaron que 24 familias de Guadalupe pasaran cuatro años de sus vidas en un albergue temporal de 24 viviendas de emergencia. Para ganarle la batalla a los huracanes, debemos dejar de ser como ellos: fulminantes, que se arman cada uno o dos años, que aparecen con fuerza una noche y se difuminan días después. Ese comportamiento de “huracán” demuestra nuestra ingenuidad al entender las catástrofes en nuestro país, pensamos que sus causas son exclusivamente naturales, impredecibles y con impacto de corto plazo, cuando en realidad lo que ocurre en El Salvador es una catástrofe social permanente, ante la cual pocos reaccionan, esa catástrofe se llama injusticia social. Esto se evidencia en los altos niveles de marginación y exclusión y la poca empatía con los más desfavorecidos. Es de reconocer que huracanes, tormentas, sequías y la violencia afectan desproporcionadamente a los más pobres. Los estragos de estas calamidades están fuertemente determinados no tanto por la fuerza de la madre naturaleza, pero por cómo la sociedad salvadoreña ha decidido organizarse y apoyar a los más excluidos.

El pasado 7 de noviembre se cumplieron seis años desde que nos golpeó el huracán Ida y la sociedad se sensibilizó y actuó de manera excepcional en apoyo a los más afectados. Reconozcamos que la catástrofe que nos azota a diario es la injusticia social, no esperemos el siguiente huracán para solidarizarnos y actuar en consecuencia.