Francisco Flores

Carta al Fiscal General: El código de la venganza. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 8 junio 2017 / EDH y MAS!

Estimado Douglas Meléndez:
En otra acción jurídica bien publicitada, usted inició el proceso de confiscar 9 propiedades de la familia del ex presidente Francisco Flores. La cereza del pastel que ofrece a la opinión pública: la hacienda Zapotitán, con sus lagos artificiales, presentada como ilustración y símbolo de los lujos que se da un político a costa de fondos públicos.

EDH logEn esta historia que cala perfectamente con el imaginario y el resentimiento popular, ya no importan los hechos. Ya no importa el hecho que esta hacienda ha estado en propiedad de la familia materna de Paco Flores desde los tiempos de Stanislao Pérez, hacía como 120 años. No importa que las mejoras a esta propiedad -por ejemplo los famosos lagos artificiales y la caballería- fueron hechos años antes de que Francisco Flores se convirtiera en maspresidente. No importa que 8 de las 9 propiedad que usted está confiscando estaban en su propiedad mucho antes de asumir la presidencia. Y la novena propiedad confiscada, situada en la isla Sebastián, la adquirió Flores canjeándola por otra de don Juan Wright. Tampoco nada ilícito.

Tampoco importa que Francisco Flores no ha sido condenado, ni en el juicio penal relacionado con los cheques de Taiwán (porque nunca se comprobó que tales cheques eran parte de fondos del Estado); ni en el caso civil por enriquecimiento ilícito derivado del examen de la Sección de Probidad de la Corte Suprema.

A pesar de todo esto, usted quiere confiscar a su familia sus bienes, haciendo uso de la controversial Ley de Extinción de Dominio – controversial porque permite confiscación de bienes antes de comprobar culpabilidad en juicios civiles o penales. Pero sobre todo usted está haciendo uso de otro mecanismo que ya se ha hecho costumbre en el período de su antecesor Luis Martínez, hoy procesado por fraude procesal, y que lastimosamente usted sigue cultivando: Primero llevar a cabo un juicio mediático, buscando una condena en la opinión pública, apelando a los resentimientos populares, para luego ir al juicio formal bajo la sombra y presión de esta pre condena. El resultado: juicios viciados. Con un daño colateral, ya no a los acusados sino al sistema de justicia. Este daño colateral se llama: justicia populista.

Yo no sé si Francisco Flores se ha enriquecido durante su mandato presidencial. Muchos lo creen, pero nadie lo sabe, porque ningún juicio lo ha comprobado. Esto fue uno de grandes problemas de Luis Martínez en el juicio Flores/Taiwán: No pudieron comprobar que los fondos de estos cheques se reflejaran en cuentas o bienes del ex presidente.

Lo que sí sabemos -usted igual que yo- es que las propiedades de la familia Flores que hoy usted quiere expropiar no han sido adquiridas ni por los cheques de Taiwán, ni tampoco por un enriquecimiento presuntamente establecido por la Sección Probidad. Sin embargo, usted procede con su confiscación.

Usted está haciendo uso malintencionado de una ley que a todas luces es inconstitucional. Ojala que la Sala, antes de terminar su mandato en 2018, revise la constitucionalidad de la Ley de Extinción de Dominio.

Hay una lógica que sólo conocemos de la Mafia y de dictadores: ‘A mis enemigos los perseguiré aunque hayan muerto, persiguiendo a sus hijos y hasta sus nietos. En esto reside mi poder…’

No puede ser que usted, que como fiscal general tiene el mandato de garantizar el Estado de Derecho, aplique este código de la venganza.

Saludos,

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PD: Y no me digan que estoy defendiendo a Paco Flores. Estoy defendiendo al Estado de Derecho, porque la fiscalía no lo hace.

 

 

 

Herminia, Francisco y Joaquín. De Marvin Galeas

marvin galeasMarvin Galeas, 1 octubre 2016 / EDH

Tres personas que influyeron de manera determinante en mi manera de actuar y de ver el mundo, fueron mi abuela, Herminia Perla y Perla de Perla, Joaquín Villalobos y Francisco Flores. Personas tan diferentes la una de la otra, casi en todo, excepto en tres cosas: audacia, tenacidad y espíritu de lucha frente a las adversidades.

diario hoyMi abuela forjó en mí, hábitos y costumbres que perduran hasta nuestros días: levantarme muy temprano para agradecer a Dios, hacer ejercicios físicos, alegrarse con lo que se tiene y no lamentarse por lo que no. Murió hace 2O años. Su recuerdo perdura por siempre en mi memoria.

De Paco aprendí que uno no puede controlar las situaciones externas, pero que sí podemos ser dueños de nuestros pensamientos, de nuestras reacciones a cualquier evento. Me enseñó una forma metódica de analizar las situaciones y la importancia de estar siempre aprendiendo algo. Francisco Flores murió en enero de este año. Su recuerdo perdura para siempre en mi memoria.

Con mi abuela materna Herminia, teníamos en común el ADN, los ojos claros y el espíritu emprendedor. Con Paco, teníamos en común la edad, la pasión por la filosofía, la literatura y el entusiasmo por la vida. Paco y Herminia tenían en común la mirada horizontal para cualquier persona y una tremenda capacidad para soportar con estoicismo las más bravas adversidades. Mi abuela, Paco y yo teníamos en común cierta tendencia a la soledad.

Queda Joaquín. El único de los tres que aún vive. Hace 16 años que nos distanciamos. Pero no somos enemigos. Acabo de ver una foto suya en donde aparece siendo condecorado por el gobierno de Colombia. Anda por los 65 años. Sin embargo, en la foto luce saludable, joven y con el eterno rasgo de muchacho travieso e inteligente que tenía en la guerra.

En la actualidad quizá tenga con él más diferencias que coincidencias. Pero ello no quiere decir que olvidé las cosas que de él aprendí. Viendo su foto, recordé tantos episodios que vivimos juntos durante la guerra y la última conversación de amigos, sentados en unas gradas al pie de un monumento en Piccadilly, Londres.

De Joaquín aprendí la audacia y la perseverancia. Me enseñó que cualquier situación por difícil que sea tiene solución si se piensa de manera serena y con un método de búsqueda de opciones. Aprendí a actuar de manera decidida y perseverante con la opción tomada.

Pero lo más importante que me enseñó Joaquín, me lo dijo en una frase demoledora, la vez que le confesé tras un masivo ataque aéreo, que había sentido mucho miedo a la muerte. “Todos tenemos miedo, me dijo, la diferencia está en lo que hacemos cuando lo sentimos. O te ahuevás o le hacés huevo”. Trato de practicar siempre, lo segundo.

Durante la guerra, Joaquín fue valiente y lúcido; audaz y vigoroso. Era un auténtico líder que generaba entusiasmo, confianza y lealtad. Evitó el culto a la personalidad, siempre vio el lado positivo en cada situación. Compartíamos la pasión por los Beatles, la irreverencia y el desprecio por lo rígido y lo ampuloso.

Joaquín fue un gran líder porque su manera de ser y pensar era la adecuada, para las circunstancias de aquel momento. Una vez desaparecidas esas circunstancias ese liderazgo desapareció. Triunfó en Oxford y es una figura respetada en muchos países. Pero no mucho en su propio país.

La tiene difícil aquí por la cuestión de Roque Dalton y lo de Roberto Poma. Sobre lo primero creo que me mintió. Sobre lo segundo me dijo que estaba consciente que él y el ERP no habían actuado de manera ética, pero que había que salvarle la vida a Ana Guadalupe Martínez a cualquier costo.

Pienso que para reconciliarse con millares que lo estimaron, lo admiraron y los respetaron, debería decir la verdad sobre el caso Dalton y pedir perdón a la familia, pedir perdón a la familia Poma y a otras tantas familias que sufrieron por algunas de sus decisiones. En toda guerra hay muertos, es cierto, pero hay casos que incluso ocurridos en la guerra, fueron graves desaciertos.

“Lo de mi padre fue un linchamiento público”. Entrevista a Juan Marcos Flores. De Marvin Galeas

El hijo del fallecido expresidente Francisco Flores conversa con El Diario de Hoy sobre el proceso judicial contra su padre y defiende su inocencia.

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Marvin Galeas, 21 junio 2016 / EDH

diario hoyJuan Marcos Flores tiene apenas 25 años y la mirada de un hombre que parece haberlo vivido todo. Hace unos meses murió su padre, el expresidente Francisco Flores, en medio de un controvertido proceso judicial con dramáticos e inesperados giros pocas veces visto antes en nuestra historia.

“27 años antes Doña Lourdes de Flores, lloró la muerte de su padre, el abuelo de Juan Marcos, el doctor Antonio Rodríguez Porth, asesinado a balazos en 1989 por un comando guerrillero”. Al decirle esto, Juan Marcos me mira directo a los ojos y me dice: “a mi edad tengo muchas dudas sobre la vida, y dos grandes certezas”. ¿Cuales son esas certezas?, le pregunto. Sin pensarlo ni un segundo me responde: “la existencia de Dios y la inocencia de mi padre”.

Lo que sigue es una síntesis de una larga conversación, más que una entrevista, llena de recuerdos, reflexiones, y vívidos relatos no conocidos sobre cómo vivió la familia Flores los dos últimos años que mantuvieron al país en vilo, durante un proceso que culminó con la muerte del expresidente.

¿En qué se basas la convicción de que tu padre era inocente?

Mi padre me enseñó a defender la verdad aún a costa de mi vida. Si yo supiese que mi papá se había apropiado de un solo centavo ajeno, jamás lo hubiese defendido. Él mismo me inculcó la defensa de la verdad desde que tuve uso de razón. Además, la vida de mi familia en términos económicos no cambió para nada ni durante ni después de la presidencia de mi padre.

¿Dónde vivían ustedes antes de que tu padre ejerciera la presidencia?

Aquí en esta casa donde estamos platicando. Inmediatamente después que mi padre dejó la presidencia nos venimos para acá. Esta casa que mi mamá heredó de mi abuelo, ha sido nuestra casa de toda la vida.

¿Cuál es el patrimonio de tu familia y de dónde surge?

Mi abuelo paterno era un economista, abogado y empresario muy exitoso. La mamá de mi papá también. El padre de mi mamá era un abogado de mucho prestigio y mi abuela materna provenía de una familia de hacendados. El patrimonio de mis papás es en su inmensa mayoría heredado. Mi padre mejoró con su trabajo lo heredado. La finca Maracaibo, por ejemplo, es propiedad de mi familia desde hace 150 años. Mi bisabuelo, conocido como el Indio Pérez, fue el primer Fiscal General de la República. Entre los tatarabuelos de mi papá hubo generales, terratenientes.

Tu familia era de clase media alta…

Nunca he pensado en eso. Solo sé que mis abuelos tuvieron lo suficiente para educar a mis padres, tanto a mi papá como a mi mamá, en la Escuela Americana, donde ellos se conocieron.

Tanto mi papá como mi mamá se graduaron en universidades estadounidenses. Esta tradición continuó conmigo y mi hermana mucho antes que mi padre fuera siquiera funcionario de gobierno.

Mi papá fue catedrático universitario y mi madre fue un tiempo directora de la Escuela Americana. Repito nada cambió en nuestra vida durante o después de que mi padre ocupó la Presidencia de la República.

Ahora que tu padre ha muerto están insinuando cosas contra tu mamá…

Todo lo que nosotros tenemos, le repito Marvin, es heredado de mis abuelos. Esta casa, como le decía, era de mi abuelo y él se la dejó a mi mamá. Y así las otras propiedades. Todo es legítimo. Ahora que mi padre está muerto continúa el acoso de ciertos sectores contra mi familia. Pero nosotros seguiremos luchando porque la justicia y la verdad están de nuestro lado.

¿Cómo está tu mamá?

Devastada por la muerte de mi papá. Ella quedó huérfana de padre luego que un comando guerrillero asesinara a mi abuelo, el doctor Antonio Rodriguez Porth, y ahora es una viuda que sigue siendo acosada Es como si se tratase de un inmenso odio contra nuestra familia…

¿Odio?

Yo no había nacido cuando asesinaron a mi abuelo. Pero si sé que era un buen hombre, un buen padre y esposo, un intelectual, pero sobre todo un luchador por la libertad. Por eso lo mataron. Mi padre igual, fue un intelectual y defensor de la libertad, enemigo de cualquier sistema dictatorial de derecha o izquierda. Pero mi padre tenía un agravante…

Lo de Fidel Castro en Panamá…

Sí. Detrás de este ensañamiento contra mi padre, porque lo trataron peor que a un criminal, no son pocos los que creen que está Fidel Castro. Mi papá fue él único presidente que lo humilló ante el mundo en un foro internacional.

¿ Y tú qué crees?

La forma en que procedieron contra mi padre no fue normal. En este momento dos expresidentes están siendo enjuiciados por enriquecimiento ilícito y gozan de amplia libertad. En cambio con mi padre actuaron como si estuviesen recibiendo órdenes de más arriba. Todo lo hacían con mucha saña.

Pero todo inició con la acusación que le hizo el expresidente Funes por el Reporte de Actividades Sospechosas que reveló en su programa de radio y que originó el llamado “caso Taiwán”.

Funes tenía sus propios motivos para odiar a mi papá. En parte creo que sentía un enorme complejo de inferioridad, en todos los sentidos, frente a la figura de mi padre. Pero él solo jugó un papel, indigno de un presidente, nefasto, pero fue solo un papel. En el fondo había algo más.

¿Sientes odio por Mauricio Funes?

Apenas tengo 25 años, me acabo de graduar de antropología y filosofía, tengo mucha energía, muchos sueños, ganas de hacer muchas cosas, cumplir con las misiones que mi padre me encomendó, no voy a perder absolutamente nada de esa energía odiando a ninguna persona.

¿Qué opinión te merece el juez García Argüello?

El juez García Argüello tomó decisiones arbitrarias que impactaron de manera directa en la muerte de mi padre. Ese juez sabía que mi padre estaba enfermo y lo mandó a la cárcel. Se negó a ponerlo en libertad incluso cuando se lo ordenó un tribunal. Ni las peticiones de mi madre lo hicieron ceder.

Lo de mi padre no fue un proceso judicial, fue un linchamiento público que culminó con su muerte. Esta vez fue mi padre, mañana puede ser cualquier otro ciudadano.

¿Por qué crees que tu papá se fue del país en un primer momento?

El no quería irse. Su plan era otro. La noche que desapareció me llamó aparte y me dijo que él sabía que aun sin pruebas lo iban a meter en la cárcel. Me abrazó y luego agregó: “me voy para la finca de Maracaibo. Mañana seguramente me irán a capturar. Yo he decidido enfrentarlos. He decidido inmolarme y que mi vida sirva de ejemplo de lo que puede sufrir un ciudadano cuando se enfrente al poder de un Estado arbitrario”.

¿Qué hiciste?

Me estremecí. Pero sabía que él ya había tomado una decisión. Luego habló con mi hermana y mi madre. Fue una noche extraña, una pesadilla. Se fue. No dormí nada.

Pero al final se fue del país…

No sé si las palabras que al final le dijo mi mamá, o si alguien más con quien habló después lo hicieron cambiar de opinión. De todas maneras, algo me decía, que su suerte estaba echada.

Hasta había grabado un video en donde explicaba los motivos de su decisión y en donde se despedía de los salvadoreños.

¿Por qué regresó?

Las condiciones en las que mi padre estuvo en su exilio fueron muy duras, según me contó. El aislamiento total en el que permaneció, le hicieron reflexionar profundamente sobre los errores que había cometido y que debía correr el riesgo de enfrentar a la justicia, a pesar de las enormes desconfianzas que tenía. Además su enfermedad se estaba agravando por la falta de atención médica. Me dijo que aunque el proceso fuese viciado al menos podría probar su inocencia ante la opinión pública.

Él tenía arresto domiciliar y de pronto todo cambió. Decidieron enviarlo a las bartolinas.

¿Cómo vivió él y ustedes ese momento?

Querían humillarlo en público. Querían lincharlo. Mi mamá les pidió a los comisionados de la Policía que metieran la patrulla policial al garaje para llevarse a mi padre. Pero ellos le dijeron que tenían órdenes de no hacerlo. Le dijeron que mi papá tenía que salir a la calle. Era el mediodía y el gobierno a través de sus medios estaba transmitiendo todo en vivo, además había convocado a todos los medios de prensa.

¿Ante la negativa de los comisionados, qué dijeron tus padres?

Mi papá, como siempre tratando de no mostrar sus emociones. Mi mamá les insistió a los comisionados que al menos pegaran el vehículo lo más cerca que pudieran a la casa, para evitar semejante humillación. Les recordó que mi papá no había sido declarado culpable en algún juicio, pero que de esa manera ya lo estaban condenando ante la opinión pública. Ellos tampoco quisieron atender esa petición. Al final mi papá se puso su chaqueta, besó a mi mamá, se dejó esposar. Los policías, “por órdenes superiores”, pusieron la patrulla lejos de la puerta, para que mi papá caminara esposado el suficiente trecho para que fuera fotografiado, filmado y transmitido en vivo. Todo estaba calculado. Sin embargo, mi padre mantuvo su rostro en alto, mostró siempre serenidad a pesar del escarnio. Él no había sido vencido en juicio, pero ya el gobierno lo había condenado.

¿Cómo vivió tu padre esa primera experiencia en la cárcel?

Mi padre era un hombre mentalmente fuerte. Él decía que se sentía libre sin importar donde estuviera. Lo tenían en condiciones terribles, con decenas de delincuentes comunes, la mayoría pandilleros. Sin embargo, él hizo un plan para evitar la desesperación. Les contaba películas a los demás presos. Les daba clases de filosofía de manera simple. Invitaba a los presos a hacer viajes en autobuses imaginarios por ciudades que él conocía.

Sus descripciones eran tan vívidas que los presos, dice mi papá, se sentían, en París o Nueva York. Los presos y los policías, excepto uno que llegó con el rostro cubierto a amenazarlo de muerte, se encariñaron con él.

Regresó a la casa luego de casi medio año preso.

Sí, fue una inmensa felicidad para todos. Pasó Navidad con nosotros. Lo gozamos como nunca antes. La presencia de mi papá generaba siempre alegría en todos los que lo conocían y lo querían.

¿Qué hacía durante ese tiempo?

Escribía, leía mucho, hacía ejercicios, iba a recibir su tratamiento médico, recibía visitas de amigos, amigos de verdad, que llegaron a apoyarlo.

¿Lo visitaron altos dirigentes de ARENA?

Solo Ernesto Muyshondt. Nadie más.

¿Reconoció tu papá que cometió errores en todo ese proceso?

Sí. Mi padre reconoció que cometió muchos errores, no solo en ese proceso, sino a lo largo de su vida. Reconoció que no se asesoró debidamente antes de comparecer ante la comisión de la Asamblea que montó todo ese circo. Él menospreció a los miembros de esa comisión. Ese fue un gran error. Pero, como dice mi mamá, mi papá redimensionó toda su vida en esos dos años.

¿Cambió?

Se volvió más espiritual. Conversaba bastante con unos sacerdotes católicos amigos que venían a visitarlo con frecuencia. Se esforzó por no dejar que ninguna emoción o sentimiento negativo anidara en su corazón. Se dedicó a planificar su defensa legal y la forma de restaurar su honor.

¿Por qué no dijo que los 10 millones de dólares sirvieron para financiar la campaña presidencial de Tony Saca?

Decir eso, argumentaba él, era traicionar a ARENA y al Gobierno de Taiwán. Y que eso era propio de cobardes y desleales. Prefería morir que ser un cobarde o un desleal. Usted sabe que Taiwán donó dinero para los damnificados del terremoto. Esas donaciones eran formalidades de gobierno a gobierno respaldados por documentos en ambas cancillerías.

Además eran auditados. El gobierno de Taiwán dijo públicamente que estaba satisfecho por la forma como se habían manejado esas donaciones en el gobierno de mi padre.

¿Y los 10 millones?

Fueron 4 cheques que sumaban esa cantidad, firmados por el embajador de Taiwán en El Salvador, con instrucciones de su presidente, en ese momento, para financiar la campaña de ARENA. Mi papá entregó ese dinero íntegro al tesorero de ARENA en presencia de Tony Saca.

Mi papá me contó hasta el último detalle de todo eso. Reto a que alguien, incluso a Tony Saca, me desmienta de lo que estoy aquí afirmando.

Estas diciendo cosas duras 

Yo digo la verdad. No tengo compromisos con ARENA ni con el FMLN, ni con Estados Unidos, ni con Taiwán, ni con Rusia. Como mi padre soy y seré un hombre libre donde quiera que esté.

Pero ARENA aceptó que los 10 millones fueron para la campaña.

Si, cuando mi padre ya estaba muerto. Hubo un cínico en ARENA que propuso que el ataúd de mi papá fuera envuelto en la bandera de ese partido. Mi abuela materna lo mandó al carajo, por no decir otra palabra.

¿Estás resentido con ARENA?

No. Simplemente no me siento identificado con ningún partido. La política no es lo mío, aunque sé que mi padre fue un gran presidente. El mejor. Lo dicen las cifras, los hechos, no su hijo.

¿Qué sintieron cuando el juez lo envió de nuevo a la cárcel?

Fue un golpe profundo para toda la familia. Mi papá lo soportó como un valiente. La presión que vivía le estaba causando estragos, pues la sangre tiende a espesarse en esas condiciones, según los médicos. Eso y la trombosis aceleraban la formación de coágulos. Al final, esa presión formalmente le causó la muerte. Formalmente porque las desatinadas decisiones del juez que lo mandó a la cárcel sin hacer ningún examen médico previo, provocaron de alguna forma el desenlace fatal.

¿Cómo fueron las últimas horas de tu papá antes del derrame?

Se veía bien. Se sentía bien. Ese domingo estuvo escribiendo bastante. Dijo que tenía listo el plan para defender su honor ante la opinión pública. Sabía que eso era importante de cara al juicio. Comió temprano. Luego se sentó en su sillón para ver algo en televisión. De pronto, cuando caía la noche, cerró los ojos, e hizo la cabeza a un lado como quien va a dormitar un rato. Ya nunca más volvió a despertar…

¿Qué sientes que debe hacer ahora Juan Marcos?

Limpiar el honor de mi padre. Resaltar su legado como el presidente que le devolvió a mis paisanos el orgullo de ser salvadoreños, cuidar a mi madre y a mi hermana. Ser feliz y ser un hombre de bien. Es la mejor forma de rendir tributo a ese gran hombre que fue mi papá.

En cuanto a los enemigos de mi familia, le digo que los perdono por haber asesinado a mi abuelo, por lo que le hicieron a mi padre. Solo les pido que ahora nos dejen vivir en paz este duro golpe, este duelo. Este dolor.

Punto de inflexión. De Eduardo Torres

Eduardo Torres, director editorial de El Diario de Hoy

Eduardo Torres, director editorial de El Diario de Hoy

Eduardo Torres, 3 febrero 2016 / EDH

Altísimo impacto ante la opinión pública expone  la data de nuestras plataformas digitales, que reflejan muestras de dolor y, por qué no decirlo, de indignación, causadas por la muerte del expresidente Francisco Flores. Paco murió a los cincuenta y seis años de edad, “con mucho todavía que aportar”, como escribió en nuestras páginas impresas José Antonio Rodríguez Rivas, su cuñado. Que cada quien juzgue si hubo o no abuso institucional en un caso en el que no trascendió prueba jurídica en contra. Dejémoslo ahí.

En un entorno país de crisis generalizada, de desesperanza como muestran las encuestas, de oportuno, excelente y necesario ha sido calificado el comunicado del expresidente Alfredo Cristiani “Alto a la confrontación política y a las venganzas”. La muerte del expresidente Flores nos obliga a todos a reflexionar sobre la confrontación socio-política, dice Cristiani, “antes de que su fuerza destructiva se torne irreversible”. Insta aprender a dirimir nuestras diferencias “sin recurrir a la violencia y la crueldad”; y en saber distinguir entre la búsqueda de la verdad y la justicia, y la sed de venganza.

“Cuando en 1992 firmamos la paz”, dice quien siendo presidente firmó en Chapultepec los acuerdos de paz, “lo hicimos con el compromiso de administrar nuestras diferencias de manera democrática y civilizada, sin atentar contra la vida. Debemos añadir a ese objetivo el respeto a la dignidad de los adversarios”.

“Ningún ser humano, independientemente de los errores que pueda cometer, debe ser destruido en su humanidad. Si es culpable, debe responder ante la ley y merece un juicio justo. Si no es culpable y esto se demuestra ante la ley, merece ser tratado como inocente. En ambos casos merece respeto”, agrega.

Concluye: “Que el del expresidentes Flores sea el último caso de venganza política que veamos en nuestro país. Nunca es tarde para reflexionar y hacer un alto en el camino. Se lo debemos a la Patria y lo merecemos todos los salvadoreños”.

Muy bueno me pareció el inusual comunicado del expresidente Cristiani, apoyado de inmediato por los partidos PCN y PDC. Me satisface a su vez que reaccionara ayer el FMLN, por medio de su Secretario General, tomándole la palabra; no tanto la reacción del secretario de Comunicaciones gubernamental, pidiendo la reincorporación de ARENA  a la Interpartidaria. Porque de instancias mediáticas demasiado ha tenido ya el país, donde no se concreta nada más que la foto y las imágenes de televisión. Y nada cambia.

El presidente Sánchez Cerén, quien es firmante de la paz, dijo durante su primer Consejo de Ministros del año que se había reunido con los expresidentes Cristiani y Calderón Sol y que invitaría a hacer lo mismo a la ANEP. Es de aplaudir esa iniciativa porque los entendimientos básicos que tanto requiere el país habrán de salir de este tipo de reuniones. El gobierno, claro está, puede crear las instancias que crea pertinentes –“mesas falsas” y “mesas reales” les llaman avezados observadores políticos–, pero no es en cualquier instancia que podrá intentarse recuperar el espíritu de Chapultepec.

Y el país necesita recuperar ese espíritu de tolerancia entre nosotros. Salir de la cultura del odio que se viene pregonando, que nos está destruyendo como nación.

En un comunicado leído el pasado domingo, la familia del expresidente Flores manifestó que no está por ningún tipo de venganza; sólo piden que se limpie su nombre.

Reflexionemos y actuemos para bien ahora y siempre, en especial en este momento que es punto de inflexión.

Que la muerte del expresidente Flores no sea en vano.

 

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Inolvidable. De José Antonio Rodríguez Rivas

tono rodríguezJosé Antonio Rodríguez Rivas, 1 febrero 2016 / EDH

Dicen que la vida es para ser vivida y no para ser comprendida. Yo nunca pretendería comprender una vida ajena, ni mucho menos la de una persona tan especial como Francisco Guillermo Flores Pérez. No sé si fue por la sangre de su abuelo, de su madre o de su padre, o de la combinación de éstas, pero Paco siempre vivió de lleno su vida en sus términos. Vivió con base en lo que le llamaba a hacer su prodigiosa inteligencia, la cual definió claramente sus valores y principios. Sus convicciones le llevaron a ser amado por los que lo conocían mejor: su esposa, sus hijos, sus hermanos y amigos.

Todos lo recuerdan por su sentido del humor agudo y su profunda conversación. Su familia lo acompañó, sabedora de que era un hombre de bien, hasta en las más difíciles circunstancias. Compartir un tiempo con él siempre fue una oportunidad diario hoypara disfrutar de sus ocurrencias y para aprender de su filosofía de la vida, refinada por la mucha lectura y la puesta en práctica. Era amante de los niños y los perros, tal vez porque sentía que en ellos no existe la hipocresía. Es irónico que sus detractores y acusadores, en los últimos años, son todos políticos sin solvencia moral, incapaces de mantener una familia o una comunidad unida, que espetan un discurso de odio y división.

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Querido lector, le pregunto: ¿a quién pusiera usted de ejemplo para sus hijos? Yo me solidarizo con Paco Flores, y lo digo con orgullo. Sólo me queda la esperanza de que mis hijos hayan aprendido algo de él.

Paco gozaba de su juventud hasta hace poco, hasta que su salud se fue deteriorando por las injusticias, por el tiempo en la cárcel, por la tensión extrema constante de cada día, porque le fue negada la pronta atención médica cuando la necesitó. Se entregó voluntariamente a la justicia salvadoreña, confiando en que se pudiera hacer justicia, pero el sistema lo traicionó. Cuando necesitó hacerse una operación de la vesícula, le negaron el permiso. Cuando necesitó hacer ejercicio para darle tratamiento a su condición médica, le negaron el espacio. Lo humillaron y encarcelaron. Lo exhibieron y lo maltrataron, de una forma que ni se trata a los que le disparan al pecho a la policía, o manejan en estado de ebriedad y chocan su automóvil y matan al pasajero.

Paco tenía 56 años y su cuerpo nunca se contaminó con drogas ni alcohol. Era disciplinado en su régimen de ejercicio diario, como en su lectura, como en todo en su vida. Hubiera durado y producido mucho más si no lo hubieran asesinado negándole el tratamiento médico que necesitaba recibir oportunamente.

Aún siendo un hombre justo, cuando lo acusaron falsamente, los que lo rodeaban por interés, lo abandonaron. Su partido fue el primero en darle la espalda. “No nos interesa. Que se defienda como pueda”, dijeron. Cuando el juez encargado de su caso se atrevió a pedirle respeto a la querella, lo cambiaron. Al que mostrara simpatía por Paco, lo acribillaban. Hubo médicos que le negaron atención, para evitarse inconvenientes. Solo quedaron unos pocos valientes a su lado, los amigos que vale la pena tener. Cuando su hijo (¡Tan buen muchacho! ¡El orgullo de cualquier padre!) le apoyó públicamente por las redes sociales, los troles se lo acabaron inmisericórdemente. Piense usted, querido lector, ¿es este El Salvador que usted quiere dejarle a sus hijos? ¿Usted todavía cree que lo que le pasó a Paco no le puede pasar a usted, o a su hermano, o a su hija?

Yo me decepciono de mi país. Siento la injusticia con que trataron a Paco, lo que le llevó a su muerte, en mi piel. No temo hacer pública mi empatía, porque lo conocí y sé que fue el mejor Presidente que tuvo El Salvador en los últimos años. Lo que hicieron con Paco lo hicieron conmigo, con mi amor por la Patria, con cualquier ideal de un país mejor que tuve alguna vez. Y, querido lector, aunque usted no se haya dado cuenta, lo han hecho con usted también. La Patria ha perdido a un hombre noble y a un buen líder, víctima del odio que se respira en el ambiente en el país que lleva el nombre de El Salvador.

José Antonio Rodríguez es hijo del Dr. José Antonio Rodríguez Porth, asesinado por un comando guerrillero en 1989, y hermano de Lourdes Rodríguez de Flores, viuda del ex presidente Flores. Desde la administración Calderón Sol ha sido director ejecutivo de la GEO.

Carta a Francisco Flores: Hang in there! ¡No te rindas! ¡Hacele huevo! De Paolo Luers

PAOLOPaolo Luers, 26 enero 2016 / EDH

Estimado Paco:
Espero que te recuperés, y plenamente. Te lo deseo, de toda corazón, por el bien tuyo y de tu familia, obviamente, pero también por el bien del país, de la justicia. La gente quiere (y merece) justicia. Y el caso tuyo es emblemático: la primera vez que un expresidente enfrenta la justicia. Casi automáticamente, tu caso se ha convertido en el gran test del sistema: ¿Habrá justicia o habrá impunidad? Y yo agrego otra disyuntiva, que ya también mucha gente siente: ¿Habrá justicia o habrá venganza?

Los que están detrás del juicio paralelo – juicio político y mediático – contra vos, Mauricio Funes y Cia., han tratado, con demasiado éxito, meternos en la cabeza que la única manera de hacer juicio en el caso Flores-Taiwán es tu condena. Pero ya muchos se dieron cuenta que esto no es cierto: Con razón a ‘Su Majestad la Justicia’ siempre la retratan con una venda sobre los ojos; ella es ciega políticamente, y ante ella todos somos iguales. O es así, o no es justicia.

A vos te tienen que vencer en juicio o sobreseerte. Ambos desenlaces son válidos, son justicia. Hay que aplicar justicia a los culpables, pero también a los inocentes. Y el que no ha sido vencido en juicio es inocente. Punto.

diario hoyEn el caso tuyo, luego de todas las campañas políticas y mediáticas de Mauricio Funes, Luis Martínez, Walter Araujo, y muchos (no todos) del FMLN, la justicia nos debe la prueba que está funcionando; que aquí no hay impunidad para los culpables ni venganza  para los inocentes.

Por esto, estimado Paco, no sólo te deseo a vos como persona que logrés salir bien de esta prueba, también lo deseo al país, para que puedas tener el juicio justo que merecés luego de la precondena y, hay que decirlo, el silencio de los cobardes y oportunistas.

Estás en coma, y por suerte no tenés que darte cuenta de la miseria humana que se manifiesta en sectores del país que confunden justicia con venganza. Deseo a tu esposa, tus hijos y a todos tus familiares y amigos que tengan la estoicidad que se necesita para aguantar esto.

Si este derrame cerebral te termina quitando la capacidad de enfrentar tu juicio, quedarías condenado en la opinión pública. Solo un juicio justo y transparente, ante los ojos de toda la sociedad, puede quitarte el estigma que ya lograron pegarte en el juicio mediático. O confirmarlo.

Yo no sé si al fin sos culpable de los delitos que te acusan o no. Hasta ahora no me han convencido las pruebas. En otras publicaciones he dicho que no tengo dudas de tus pecados contra la ética política, por esto ahora tenemos una Ley de Partidos que afortunadamente regula el financiamiento de campañas electorales. Pero por nada me han convencido que te has enriquecido de fondos públicos.

Repito: Deseo que te recuperés plenamente.

Saludos,

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