Felipe González

Mejorar un país, arruinar un país. De Héctor Abad

El escritor, traductor y periodista colombiano Héctor Abad compara el rol de Felipe de González y Hugo Chvez/Nicolas Maduro en la historia de sus respectivos países. (SV)

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Héctor Abad: “Felipe González no presidió un gobierno resentido, revanchista ni marcado por el fanatismo ideológico. Se le podrá criticar, y mucho se le ha criticado desde la izquierda, por el hecho de que por su culpa (o gracias a él) el partido socialista abandonara la ortodoxia marxista y siguiera una línea socialdemócrata.”

Héctor Abad, 14 junio 2015 / hectorabad.com

A raíz de la visita de protesta que acaba de hacer Felipe González a Venezuela, conviene recordar lo que hizo por España su ex presidente hace tres decenios, durante un mandato de 13 años, y lo que Hugo Chávez y Nicolás Maduro han hecho por Venezuela en los últimos 16. Vamos a suponer, en principio, que tanto González como Chávez y Maduro tuvieron las mejores intenciones, pero no nos adentremos en su alma ni en su corazón: veamos simplemente los resultados.

Felipe González fue el primer presidente socialista que hubo en España después de la Guerra Civil, la dictadura de Franco y el régimen de transición. Esta transición estuvo marcada por Adolfo Suárez, que tuvo el valor de desmontar las Cortes franquistas, de aprobar una constitución de verdad democrática y de resistir al intento de golpe de estado. Luego vino Calvo Sotelo, que gobernó poco tiempo tras la renuncia de Suárez.

Pues bien, Felipe González no presidió un gobierno resentido, revanchista ni marcado por el fanatismo ideológico. Se le podrá criticar, y mucho se le ha criticado desde la izquierda, por el hecho de que por su culpa (o gracias a él) el partido socialista abandonara la ortodoxia marxista y siguiera una línea socialdemócrata. Se le criticó, también, por ser moderado y conciliador con buena parte de los empresarios españoles (es decir, según muchos, por ser “poco socialista”), pero el hecho es que durante su gobierno España dejó de ser un país oscuro, clerical y dividido entre buenos y malos, un país atrasado de la periferia de Europa, y se sentaron las bases de un país moderno, dinámico, y sobre todo luminoso, alegre y lleno de vida. La España de la movida, pese a sus múltiples escándalos de corrupción, era un país volcado al futuro, un país de grandes cambios sociales positivos (salud pública y educación universales), de esperanza económica y apertura cultural y mental. Hace 30 años, precisamente, González firmó la entrada de España a la Comunidad Europea, quizá una de las instituciones menos malas de este mundo imperfecto.

Chávez y Maduro, en cambio, instauraron y continuaron un régimen del odio, el revanchismo social y el resentimiento de clases. Sin anunciarlo antes, y aliados con Cuba, trataron de aplicar las recetas fallidas del marxismo ortodoxo. Durante los años de mayor bonanza petrolera de la historia del mundo, repartieron de un modo grotesco los recursos públicos de un país riquísimo, y lo lograron quebrar. Adularon y compraron a las clases más pobres con regalos y prebendas populistas. Encarcelaron o desterraron a los opositores políticos y expropiaron a los empresarios. Al hacer casi imposible el ejercicio de la oposición, renunciaron a la crítica. Y al asfixiar a los empresarios arruinaron un aparato productivo que al menos conseguía abastecer el consumo interno del país.

Hace 20 años Venezuela, con todos sus defectos, progresaba lentamente y parecía salir de la condición de subdesarrollo. Hoy, tras más de tres lustros de desgobierno chavista (salvo algunos sectores marginados que han conseguido el regalo de un techo, una salud o una educación de tercera clase), el país se hunde en la inseguridad, el desabastecimiento, la inflación y la represión política de la disidencia. La prensa comprada o clausurada; los principales opositores políticos presos sin causa justa; los intelectuales arrinconados y humillados. Venezuela sin conflicto tiene tasas de delincuencia y homicidios que duplican las de Colombia con todo y conflicto.

A manifestarse contra ese desastre fue, muy valientemente, Felipe González, a Caracas. No lo dejaron visitar a los presos ni asistir a sus juicios. Lo vilipendiaron con todas las groserías imaginables. Y sin embargo es Felipe González quien tiene la razón, y quien tiene a su espalda el respaldo de la historia de un país que progresó en sus manos, y que puede señalar con la voz firme y la frente en alto el desastre que ha sido, en todos los sentidos, el actual gobierno venezolano.

¿Quién es Héctor Abad?

Felipe González en Venezuela. De Mario Vargas Llosa

La visita del expresidente del Gobierno español a Caracas ha sido un gran éxito que sirve a la oposición democrática al chavismo al tiempo que imparte una lección a la izquierda latinoamericana y europea.

1434047554_992891_1434210216_noticia_normalMario Vargas Llosa, 14 junio 2015/EL PAIS

Se equivocan quienes dicen que la visita del expresidente español Felipe González a Venezuela ha sido un fracaso. Yo diría que, más bien, ha constituido todo un éxito y que en los escasos dos días que permaneció en Caracas prestó un gran servicio a la causa de la libertad.

Es verdad que no consiguió visitar al líder opositor Leopoldo López, preso en la cárcel militar de Ramo Verde, ni tampoco asistir a la vista de su juicio ni a la audiencia en que se iba a decidir si se abría proceso al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma (preso desde febrero), pues ambas convocatorias fueron aplazadas por los jueces precisamente para impedir que González asistiera a ellas. Pero esto ha servido para mostrar, de manera flagrante, la nula independencia de que goza la justicia en Venezuela, cuyos tribunales y magistrados son meros instrumentos de Maduro, al que sirven y obedecen como perritos falderos.

De otro lado, lo que sí resultó un absoluto fracaso fueron los intentos del Gobierno y jerarcas del régimen de movilizar a la opinión pública contra González. En un acto tan ridículo como ilegal, el Parlamento que preside Diosdado Cabello —acusado por prófugos del chavismo a Estados Unidos de dirigir la mafia del narcotráfico en Venezuela— declaró al líder socialista persona non grata, pero todas las manifestaciones callejeras convocadas contra él fueron minúsculas, conformadas sólo por grupos de esbirros del Gobierno, en tanto que, en todos los lugares públicos donde González se mostró, fue objeto de aplausos entusiastas y una calurosa bienvenida de un público que agradecía el apoyo que significaba su presencia para quienes luchan por salvar a Venezuela de la dictadura.

El triunfo de la oposición
no está garantizado en absoluto,
debido a las posibilidades de fraude

Su comportamiento, en ese par de días, fue impecable, exento de toda demagogia o provocación. Se reunió con la Mesa de la Unidad Democrática, que agrupa a las principales fuerzas de la oposición, y las exhortó a olvidar sus pequeñas rencillas y diferencias y mantenerse unidas ante el gran objetivo común de ganar las próximas elecciones y resucitar la democracia venezolana, a la que el chavismo ha ido triturando sistemáticamente hasta reducirla a escombros. Aunque todas las encuestas dicen ahora que el apoyo a Maduro no sobrepasa un 20% de la población y que el 80% restante está en contra del régimen, el triunfo de la oposición no está garantizado en absoluto, debido a las posibilidades de fraude y a que, en su desesperación por aferrarse al poder, Maduro y los suyos puedan recurrir al baño de sangre colectivo, del que ha habido ya bastantes anticipos desde la matanza de estudiantes el año pasado. Por eso es indispensable, como dijo González, que todas las fuerzas de la oposición se enfrenten solidarias en la próxima confrontación electoral que el régimen, debido a la presión popular, ha prometido para antes de fin de año.

Pero, quizás, el efecto más importante de la visita de Felipe González a Venezuela, aparte del coraje personal que significó ir allí a solidarizarse con la oposición democrática sabiendo que sería injuriado por la prensa y los gacetilleros del régimen, es el ejemplo que ha dado a la izquierda latinoamericana y europea. Porque hay entre ella, todavía, y no sólo entre los grupos y grupúsculos más radicales y antisistema, sectores que, pese a todo lo que ha ocurrido en los años de chavismo que padece la tierra de Bolívar, alientan todavía simpatías por este régimen y se resisten a criticarlo y a reconocer lo que es: una creciente dictadura cuya política económica y corrupción generalizada ha empobrecido terriblemente al país, que tiene hoy día la inflación más alta del mundo, índices tenebrosos de criminalidad e inseguridad callejera, y donde prácticamente ha desaparecido la libertad de expresión y los atropellos contra los derechos humanos se multiplican cada día.

Es verdad que algunos de los defensores del régimen de Maduro, como los presidentes Rafael Correa, de Ecuador, Evo Morales, de Bolivia, el comandante Ortega, de Nicaragua, Cristina Kirchner, de Argentina, y Dilma Rousseff, de Brasil, lo hacen con hipocresía y duplicidad, elogiándolo en discursos demagógicos, defendiéndolo en los organismos internacionales, pero evitando sistemáticamente imitarlo en sus propias políticas económicas y sociales, muy conscientes de que éstas últimas, si siguieran el modelo chavista, precipitarían a sus países en una catástrofe semejante a la que padece Venezuela.

Algunos de los defensores del régimen
de Maduro lo hacen con hipocresía y duplicidad

Aunque en Europa el socialismo ha ido convirtiéndose cada vez más en una social democracia, haciendo suyos los valores liberales tradicionales de tolerancia, coexistencia en la diversidad, respeto a la libertad de opinión y de crítica, elecciones libres, una justicia independiente, y comprendiendo que las nacionalizaciones y el dirigismo económico son incompatibles con el desarrollo y el progreso —véase los esfuerzos que hace la Francia socialista de Hollande y Valls para impulsar el mercado libre, estimular la empresa privada y abrir cada vez más su economía—, todavía en América Latina persisten los mitos colectivistas y estatistas. Lo que Hayek llamaba “el constructivismo”, la idea de que una planificación racionalmente formulada podía ser impuesta a una sociedad para imponer una justicia y un progreso material que tendría en el Estado su instrumento central, pese a que la historia reciente muestra en los casos del desplome de la URSS y la conversión de China Popular en un país capitalista (autoritario) el fracaso de ese modelo, todavía en América Latina sigue siendo la ideología de muchas fuerzas de izquierda, uno de los obstáculos mayores para que el continente, en su conjunto, prospere y se modernice como ha ocurrido, por ejemplo, en el continente asiático.

Felipe González prestó un enorme servicio a España contribuyendo a la modernización del socialismo español, que, antes de él y su equipo, estaba todavía impregnado de marxismo, de “constructivismo” económico y no había asumido resueltamente la cultura democrática. Curiosamente, su adversario de siempre, José María Aznar, hizo algo parecido con la derecha española, a la que impulsó a democratizarse y a modernizarse. Gracias a esa convergencia de ambas fuerzas hacia el centro, España, a una velocidad que nadie hubiera imaginado, pasó, de una dictadura anacrónica, a ser una democracia moderna y funcional y un país cuya prosperidad, no hace muchos años, el mundo entero veía con asombro. Conviene recordarlo ahora cuando, debido a la crisis, ha cundido ese parricidio cívico que pretende achacar todo lo que anda mal en el país a aquella transición gracias a la cual España se salvó de vivir el horror que está viviendo Venezuela.

Felipe González deja Venezuela al no ser autorizado a ver al opositor López

El expresidente español viaja a Colombia al serle impedido asistir a una vista en el penal o a la audiencia de Leopoldo López.

Felipe González se despide de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López

Felipe González se despide de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López

Caracas, 9 junio 2015/EL PAIS

El expresidente del Gobierno español Felipe González ha abandonado este martes Venezuela al no recibir autorización por parte del Gobierno chavista para visitar al opositor Leopoldo López en la prisión de Ramo Verde, donde lleva más de un año preso, o para asistir a la vista judicial contra él prevista para este miércoles. El anuncio de que el español ha regresado a Bogotá (Colombia), a donde ha viajado en un avión de las Fuerzas Aéreas de Colombia, ha sido realizado por Omar Estacio, abogado del también opositor Antonio Ledezma, alcalde de Caracas.

González, considerado persona non grata por el Gobierno de Nicolás Maduro, llegó a la capital venezolana el domingo para participar en la defensa de los líderes opositores venezolanos presos López y Ledezma. Su primera parada en Venezuela fue la residencia de la familia López, en donde se reunió con el equipo de abogados de la defensa. Al salir dijo que “Venezuela necesitaba mucho diálogo”, aunque aplaudió el “buen gesto” del presidente Nicolás Maduro al mostrar su intención de convocar elecciones este año.

“Me gustaría encontrar un país donde no hubiera buenos y malos”, incidió González, que no ha querido, sin embargo, salir al paso de las concentraciones convocadas por el oficialismo en contra de su visita. El expresidente español logró, tras una hora a la espera de autorización por parte de las autoridades, visitar a Ledezma, que está en arresto domiciliario.

El lunes, el expresidente se reunió con miembros de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con el fin de analizar la situación política venezolana, con vistas a las posibles elecciones que se deberían celebrar a final de año. El presidente Maduro ha instado al Consejo Nacional Electoral (CNE) a que convoque los comicios. Desde que aterrizó en Caracas, González ha valorado en varias ocasiones el gesto de Maduro y ha insistido en la necesidad de diálogo.

El viaje también incluyó una visita al periodista Teodoro Petkoff, del semanario Tal Cual, al que entregó el premio Ortega y Gasset que no pudo recoger el pasado mayo porque el Gobierno no le autorizó a abandonar el país.

 

Venezuela pide explicaciones a Colombia por trasladar a González

Maduro tacha de “fracasada” la visita del expresidente , que se reunió con Santos en Bogotá para hablar del proceso de paz

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El Gobierno de Venezuela ha pedido explicaciones a Colombia sobre por qué el expresidente español Felipe González abandonó este martes Caracas en un avión de las Fuerzas Aéreas Colombianas, rumbo a Bogotá. “La canciller ha citado al embajador”, confirmó el presidente Nicolás Maduro, quien incidió en la idea que viene repitiendo desde hace meses de que existe un “eje Madrid-Bogotá” para desestabilizarle cuyo “articulador” es el exmandatario español.

“He estado observando lo que fue esta visitada fracasada de este personaje que el pueblo español detesta, el señor este Felipe”, se refirió Maduro durante un programa especial sobre transportes en el que intervino a través de videoconferencia. El mandatario venezolano ha suspendido este martes su programa ‘En contacto con Maduro’, por el supuesto virus que le impidió viajar el domingo a visitar al Papa en Roma .

Al poco de hacer estas declaraciones, el Gobierno de Colombia, a través de un comunicado, confirmó que el presidente Juan Manuel Santos había autorizado el traslado de González y que, a su llegada a Bogotá, se reunió con el exmandatario en compañía del jefe negociador del proceso de paz, Humberto de la Calle. “El tema central de la conversación fue el proceso de paz en Colombia y la próxima cumbre Celac-Unión Europa”, que se iniciará este miércoles. “El expresidente González ha sido un amigo incondicional de Colombia y de su proceso de paz”, añade el texto, que no incluye ninguna referencia a Venezuela.

Sobre la presencia de González en Caracas durante dos días para participar en la defensa de los principales líderes opositores presos, Leopoldo López y Antonio Ledezma, Maduro incidió en que la visita “ha dejado muy malparada a esto que llaman oposición, a la derecha, frente a los ojos de los venezolanos”. “Ha venido a apoyar a grupos extremistas que han intentado derrocarme. Realmente da vergüenza, pena ajena. Es realmente indigno”, añadió.

La visita de Felipe González reúne a la oposición venezolana

Felipe González con Lilian Tintori yel coordinador de la Unidad Democrática Chuo Torrealba

Felipe González con Lilian Tintori y el coordinador de la Unidad Democrática, Chuo Torrealba

El expresidente español tiene intención de visitar a los presos opositores presos, pero no lo hará si no tiene autorización.

 

El expresidente del Gobierno español Felipe González se ha reunido este lunes con miembros de la de Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con el fin de analizar la situación política venezolana, con vistas a las posibles elecciones que se deberían celebrar a final de año. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha instado al Consejo Nacional Electoral (CNE) a que convoque los comicios. Desde que aterrizó en Caracas, González ha valorado en varias ocasiones el gesto de Maduro y ha insistido en la necesidad de diálogo entre los venezolanos.

La reunión de González con los miembros de la MUD, en la que estuvo presente la mujer de Leopoldo López, Lilian Tintori se prolongó durante casi dos horas. La principal ausencia fue la de Maria Corina, cuya formación Vente no está integrada en la MUD, aunque ella sí lo integra, de forma independiente. Desde el oficialismo, no hubo ninguna referencia al encuentro. A mediodía de este lunes, el hostil recibimiento a González que había preparado el oficialismo se había reducido considerablemente y no había constancia de protestas en las calles de las principales ciudades. El expresidente español se ha mostrado en todo momento conciliador y ha recalcado que, pese a que su intención es visitar a los presos opositores presos, no lo hará si no tiene autorización.

La visita de González, largamente esperada por la oposición venezolana desde que en marzo el expresidente español anunció su intención de incorporarse a la defensa de Leopoldo López y Antonio Ledezma, podría surtir además unos efectos colaterales de regeneración en la alianza opositora. La MUD, que hasta entonces había congregado a todas las fuerzas que se enfrentan al Gobierno de Nicolás Maduro, quedó fracturada en 2014, cuando la facción dirigida por López y la exdiputada María Corina Machado impulsaron por su cuenta un movimiento llamado La Salida, que propugnaba una rápida sustitución del actual Gobierno y que coincidió con las protestas callejeras que azotaron varias ciudades venezolanas

La brecha no ha sido restañada todavía en la actual coyuntura, cuando, a tan solo unos meses de las elecciones parlamentarias de fin de año, la gestión de Maduro muestra índices de aprobación de alrededor de 25%, y los estudios de opinión reportan una ventaja de 15% en la intención de voto a favor de la oposición. Analistas consideran que la oposición deberá mostrarse unida para sacar partido a esta oportunidad electoral, sin precedentes durante el período chavista.

El ascendente que ejerce González entre buena parte del liderazgo venezolano, de carácter histórico –sobre los dirigentes del socialdemócrata partido Acción Democrática- y político –sobre el ala progresista del partido Primero Justicia, del ex candidato presidencial Henrique Capriles Radonski, y del que se desgajó en su momento Leopoldo López-, le concede una cierta capacidad para amalgamar a los bandos en disputa.

González tenía previsto reunirse también con el periodista Teodoro Petkoff, de 83 años, fundador del diario Tal Cual, uno de los que más ha sufrido la persecución del chavismo, y uno de los referentes de la izquierda moderada en Venezuela. Entre sus logros políticos está la recondución de la estrategia de la oposición en 2006. Apenas un año antes, en diciembre de 2005, casi toda la dirigencia antichavista se había negado a participar en las elecciones parlamentarias convocadas para aquel entonces porque no confiaba en el sistema electoral venezolano. Petkoff fue premiado con el último Ortega y Gasset, que entrega EL PAÍS, en reconocimiento a toda su trayectoria. Privado de poder salir de Venezuela, por una demanda del número dos del chavismo, Diosdado Cabello, que lo acusó de difamación, el premio lo recibió el propio Felipe González.

El resto de la agenda de González en Venezuela sigue siendo una incertidumbre. El expresidente español aún espera la aprobación del Ministerio de Servicios Penitenciarios para poder visitar al opositor Leopoldo López en la cárcel militar de Ramo Verde. “Lo haré si tengo la autorización para hacerlo”, insistió Gonzalez. Este martes, la justicia venezolana decidirá además si envía a juicio al alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, detenido el pasado mes de febrero, que cumple arresto domiciliario.

Cuando la democracia española fue negocio. De Antonio Navalón/El País

Felipe González, ex-presidente del gobierno español y dirigente de la Internacional Socialista, ha anunciado que él personalmente se va a incoporar en el equipo de defensa de Leopoldo López y otros dirigentes opositores presos en Venezuela. Numerosos ex-presidentes de Amárica Latina, de derecha e izquierda, lo apoyan. Un columnista de El País comenta:

Felipe González

Felipe González

Antonio Navalón, Columnista de El País, 24 mayo 2015

En cierto sentido, para América Latina el 11-S supuso tener una vida fuera del control del gran garrote estadounidense. EE UU tuvo que concentrar toda su furia en las guerras de Afganistán, Irak y la lucha contra el terrorismo islámico. A partir de ese momento, se abandonaron prácticas como invadir los países latinoamericanos que rompían las reglas o evitar y orquestar golpes de Estado.Ese abandono hizo posible —junto al robo y la destrucción de los valores de la clase política tradicional venezolana— el nacimiento de Hugo Chávez y, lo que es peor, su consolidación. El chavismo creó un sistema en el que utilizó todo su poder para crear una dirigencia bajo una nueva ideología. De la falta de concordia y de la desunión nacional, hizo su agenda.

La iniciativa del expresidente español, Felipe González, de participar en la defensa de dos presos políticos venezolanos —Leopoldo López y el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma—, es de una extraordinaria importancia estratégica para España y América Latina. Resulta vergonzoso que una multiplicidad de organismos (desde la ONU hasta Unasur) sea incapaz de evitar la masacre cívica y de los derechos humanos en Venezuela.

Tener la visión política de dar la batalla por los presos y, sobre todo, iniciar la regeneración moral —el principal déficit del subcontinente—, supone para España uno de los pocos elementos que justifican la importancia de sus empresas en Latinoamérica.

España no llegó a estas tierras por ser una potencia económica. Sus empresas no son líderes porque administren mejor que nadie, lo son por la necesidad de racionalización del continente en su desafío democrático. A partir de la Transición, la Madre Patria sirvió por primera vez para construir una escala de valores, modernidad y éxito que los países latinoamericanos llevaban 200 años esperando.

Esa caída en la escala de valores, esa crisis generalizada, esa pérdida de credibilidad de los políticos en España y en la mayor parte de los países del continente augura un cambio en las relaciones más allá de la retórica y de la unidad del español.

Es necesario recuperar la fortaleza moral ya que su falta es el principal elemento de distorsión y de la crisis actual de la región americana. No creo que Felipe González vaya a ser detenido en Caracas, pero sí que el régimen es incapaz de administrar siquiera sus propios odios lo que abre espacios de una inseguridad peligrosa. Por ello, esta audaz jugada de estar dispuesto a jugársela físicamente es el inicio no sólo de una mayor presencia, sino de la regeneración de una clase política que ha fallado en el mantenimiento de la fe y de la seriedad de las instituciones.

Es cierto que González no va solo, lo acompañan otros exmandatarios latinoamericanos muy importantes —Pastrana, Lagos y Cardoso—, pero aparte de la causa general de la democracia, además de la defensa del pueblo de Caracas, empieza una recuperación de los mejores momentos de la historia entre la antigua potencia colonizadora (España) y los países latinoamericanos.

El proceso democrático español e hitos como la jurisdicción universal o el ejemplo del juez Garzón justificaron la hegemonía de España en la zona. Eso ha desaparecido. Por esa razón, o se inventa un nuevo decálogo de valores y una fortaleza que devuelva cierta confianza a las sociedades o solo tendremos crisis políticas con Gobiernos que no entienden América Latina —como le pasa hoy al Partido Popular—, y, además, la gran esperanza blanca y la gran nutriente de las cuentas de resultados de los bancos y las empresas españolas empezará a peligrar.

El riesgo de Felipe. Editorial de El Nacional/Venezuela

El ex-gobernante español y dirigente histórico de la Internacional Socilaista Felipe González anunció que va a viajar a Venezuela para integrarse en el equipo de defensa en el juicio contra Leopoldo López y otros dirigentes opositores encarcelados por el gobierno de Nicolás Maduro.
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Felipe González, presidente del gobierno español de 1982 ahasta 1996. Secretario General del Partido Socialista Obrero Español PSOE de 1974 hasta 1997. Presidente del Consejo Europeo en 1995.

Editorial del diario venezolano El Nacional, 17 de mayo 2015

La Cancillería ha hecho una declaración escandalosa en relación con la posibilidad de una próxima visita del ex presidente español Felipe González. No ha sido advertida por los dirigentes políticos ni por la ciudadanía en general, debido a que han permanecido en silencio frente a unas palabras que son simplemente una amenaza descarada.

Felipe González viene a Venezuela “bajo su responsabilidad”, advierten desde la Casa Amarilla en lo que solo puede calificarse como un indigno llamado de atención que se hace a un visitante incómodo. Venga, no podemos detenerlo, pero aténgase a las consecuencias, dijo a su manera la voz de la cancillería bolivariana. Usted verá lo que hace, señor Felipe, porque nosotros, gente cuidadosa del prójimo que viene del extranjero, cumplimos con la obligación de anunciarle que la puede pasar mal y que no podemos hacer nada frente a una decisión que usted toma después de recibir nuestro oportuno llamado de atención.

Olvida la Cancillería que no está ante un viajante cualquiera, sino ante un ex mandatario extranjero que luchó por la democracia de su país, pero también de naciones hispanoamericanas agobiadas por las dictaduras militares, como Argentina y Chile. También olvida sus vínculos decorosos con la política venezolana, en cuyos asuntos ha participado de manera pública y plausible desde la segunda mitad del siglo pasado sin que ninguna sombra haya opacado su tránsito.

También olvida la Cancillería que Felipe es un estadista famoso en el Viejo y el Nuevo Continente por sus labores en pro de la integración. No es un cualquiera a quien se deben adelantar los riesgos de su periplo.

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Felipe González y Lilian Tintori, la esposa del dirigente opositor y preso político venezolano Leopoldo López

Muchas cosas olvida el Ministerio de Exteriores, aún las mínimas consideraciones que se deben tener con cualquier ciudadano de buena voluntad que venga del extranjero con afanes constructivos, sin que se trate de un personaje famoso. Es una lástima, o más bien una vergüenza, que se haya la Cancillería atrevido con una frase tan desafortunada que, en última instancia, se devuelve como bumerán hacia quien la pronunció.

¿Por qué? Por el absurdo deseo de meterle miedo a un hombre valiente, en primer lugar, a un hombre que, si asumió su responsabilidad ante la represión franquista y ante las dictaduras del sur, no hará mutis ante exhortaciones de pacotilla. Por el asomo de los futuros problemas que pueda tener debido a la provocación de las huestes del régimen, en segundo lugar, no en balde algo de eso se desprende de la deplorable media lengua que quiere prevenirse de futuros entuertos. Por el reconocimiento de que la autoridad no hará nada si ocurren desmanes ante la visita del expresidente, en tercer lugar, lo cual no es otra cosa que una velada confesión de desgobierno.

Leopoldo López

Leopoldo López

Mucho preocupa, a la Cancillería y a la canciller, la presencia de Felipe González. Mucho temen a sus luces de estadista y de demócrata cabal. Saben que están ante una presencia que traerá cola. De otra manera, no se pueden entender las pobres y cobardes declaraciones que hemos comentado.

¿Quién es Leopoldo López?: Dos entrevistas de Paolo Luers

“No basta ser mayoría, hay que saber imponerse”

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