Felipe González

A los catalanes. De Felipe González. Y un editorial de EL PAIS

El Pais30 agosto 2015 / Editorial de EL PAIS

A un mes de las elecciones en Cataluña del 27-S, Felipe González dirige hoy desde nuestro periódico una carta abierta a los ciudadanos de esa comunidad. No escribe González como dirigente de un partido, ni puede hablar en nombre de los millones de catalanes y españoles que le votaron en seis elecciones generales consecutivas. Pero tampoco lo hace como un particular que expone opiniones personales, sino como un actor comprometido durante décadas con la causa del progreso de España y que fue durante casi 14 años el presidente del Gobierno.

Las elecciones del 27-S son o pueden llegar a ser, según sus resultados, decisivas para el futuro de millones de ciudadanos. El Gobierno de la Generalitat ha decidido lanzar un desafío a la opinión pública catalana, española e internacional. Sería irresponsable y cobarde mirar para otro lado, y mucho peor aún responder con amenazas, sarcasmos o simples descalificaciones. Es preciso tomárselo en serio y plantear con sencillez, claridad y sentido de la responsabilidad las consecuencias de un voto que puede abrir paso a la declaración unilateral de independencia. La convocatoria del plebiscito que Artur Mas pretende ha logrado ya fracturar a la sociedad catalana y a esta con el resto de España, lo que puede tener efectos muy desafortunados.

El gesto de González recuerda, salvando las distancias, al de Gordon Brown, ex primer ministro de Reino Unido, en vísperas del referéndum escocés. Alarmado por la falta de tino de la campaña por el no a la independencia, Brown, sin duda el político británico de mayor prestigio y proyección fuera de su país, salió de su retiro para decirles a los escoceses, con datos y argumentos, que les iría mucho mejor dentro que fuera de Reino Unido; y para ofrecerles, en nombre de los partidos opuestos a la secesión, que si votaban contra la ruptura se aprobarían reformas institucionales de reforzamiento de su autonomía.

El expresidente español les dice a los catalanes que si “desconectan” de España en lo que sería una grosera violación de la legalidad democrática y un verdadero retroceso histórico, no solo estarán peor sino enfrentados entre sí y con el resto de los españoles, tal vez durante muchas décadas. Ese enfrentamiento lo sería también con Europa, que no toleraría de ninguna manera la partición ilegal de uno de sus Estados, con Iberoamérica y también con una parte sustancial de las democracias avanzadas de todo el mundo, donde los avances tecnológicos y los movimientos progresistas coinciden justamente en la voluntad de derribar fronteras, no de crear otras nuevas.

Ojalá que este mensaje que González expresa con vehemencia y contundencia argumental no caiga en saco roto y sirva para que quienes pueden con su voto evitar esa ruptura, lo hagan. Y para que se rompa el silencio acomodaticio y culpable de muchos responsables de la vida empresarial y cultural de Cataluña.

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A los catalanes

La propuesta que hace Junts pel Sí, esa extraña coalición unida solo por el rechazo a España, puede ser el comienzo de la verdadera “vía muerta” para Cataluña. Rompiendo la legalidad, nadie que tenga la obligación de cumplir la ley va a negociar nada.

Felipe González, ex-presidente del gobierno español

Felipe González, ex-presidente del gobierno español

Felipe González, 30 agosto 2015 / EL PAIS

Hace casi dos décadas que salí de la presidencia del Gobierno de España. No tengo responsabilidades institucionales ni de partido. He recuperado la sencilla condición de ciudadano, aunque en todo momento comprometido con nuestro destino común. Por ese compromiso con España, espacio público que compartimos durante siglos, me dirijo a los ciudadanos de Cataluña para que no se dejen arrastrar a una aventura ilegal e irresponsable que pone en peligro la convivencia entre los catalanes y entre estos y los demás españoles.

Siempre he sentido gratitud por vuestro apoyo permanente y mayoritario para la tarea de gobierno. Siempre, incluso cuando este apoyo era declinante en el resto de España. Y gracias a esta sintonía he podido representaros con orgullo, como a todos los españoles, en Europa, en América Latina y en el mundo. Con vuestra confianza hemos progresado juntos, durante muchos años, superando la pesada herencia de la dictadura, consolidando las libertades, sentando las bases de la sociedad del bienestar y reconociendo, como nunca antes en la historia, la identidad de Cataluña y su derecho al autogobierno.

He creído y creo que estamos mucho mejor juntos que enfrentados: reconociendo la diversidad como una riqueza compartida y no como un motivo de fractura entre nosotros. Para mí, España dejaría de serlo sin Cataluña, y Cataluña tampoco sería lo que es separada y aislada.

La idea de “desconectar” de España, como propone Artur Mas, en un extraño y disparatado frente de rechazo y ruptura de la legalidad, tendría unas consecuencias que deben conocer todos:— Desconectarían de una parte sustancial de la sociedad catalana, fracturándola dramáticamente. Ya se siente esa fractura en la convivencia, y se empiezan a oír voces de rechazo a los que no tienen “pedigrí” catalán. Esos ciudadanos catalanes se sienten hoy agobiados porque se está limitando su libertad para expresar su repudio a esta aventura, porque le niegan o coartan su identidad —catalana y española— que viven como una riqueza propia y no como una contradicción.

EVA VÁZQUE

EVA VÁZQUE

— Desconectarían del resto de España, rompiendo la Constitución, y por ello el Estatuto que garantiza el autogobierno, y la convivencia secular en este espacio público que compartimos. En el límite de la locura, empiezan a ofrecer ciudadanía catalana a los aragoneses, valencianos, baleares y franceses del sur. Hemos pasado épocas de represión de las diferencias, de los sentimientos de pertenencia, de la lengua, pero desde hace casi cuatro décadas, con la vuelta de Tarradellas, entramos en una nueva etapa de reconocimiento de la diversidad y de construcción del autogobierno más completo jamás habido en Cataluña.

— Desconectarían de Europa, aislando a Cataluña en una aventura sin propósito ni ventaja para nadie. ¿Imaginan un Consejo Europeo de 150 o 200 miembros en la ya difícil gobernanza de la Unión? Porque ese sería el resultado de la descomposición de la estructura de los 28 Estados nación que conforman la UE. ¿Imaginan al Estado francés cediendo parte de su territorio para satisfacer este nuevo irredentismo? Nadie serio se prestará a ello en Europa y, menos que nadie, España, que tanto luchó por incorporarse y participar en la construcción europea, tal como es, con su diversidad y, por cierto, con el máximo apoyo de Cataluña.

— Desconectarían de la dimensión iberoamericana (que tanto valor y trascendencia tiene para todos) y especialmente de Cataluña porque este vínculo se hace a través de España como Estado nación y de la lengua que compartimos con 500 millones de personas —el castellano—, como saben muy bien los mayores editores en esta lengua, que están en Barcelona.

El desgarro en la convivencia que provoca la aventura de Mas
afectará a nuestro futuro

Naturalmente afirman lo contrario: “Solo queremos desconectar de España”. ¿De qué España? ¿La que excluye también Aragón, Valencia y Baleares? Los responsables de la propuesta saben que lo que les estoy diciendo es la verdad, si se cumpliera ese “des-propósito”. En realidad tratan de llevaros, ciudadanos de Cataluña, a la verdadera “vía muerta” de la que habla Mas, en un extraño “acto fallido”.

Vivimos en la sociedad más conectada de la historia. La revolución tecnológica significa “conexión”, “interconexión”, todo lo contrario a “desconexión”. Cada día es mayor la interdependencia entre todos nosotros: españoles de todas las identidades, europeos de la Unión entre 28 Estados nación, latinoamericanos de más de 20 países, por no hablar de nuestros vecinos del sur o del resto del mundo. Pregunten a sus empresas, las que crean riqueza y empleo por esta desconexión.

La propuesta que hace esa extraña coalición unida solo por el rechazo a España, sea cual sea el resultado de la falseada contienda electoral, puede ser el comienzo de la verdadera “vía muerta”. ¿Cómo es posible que se quiera llevar al pueblo catalán al aislamiento, a una especie de Albania del siglo XXI? El señor Mas engaña a los independentistas y a los que han creído que el derecho a decidir sobre el espacio público que compartimos como Estado nación se puede fraccionar arbitraria e ilegalmente, o que ese es el camino para negociar con más fuerza. Comete el mismo error que Tsipras en Grecia, pero fuera de la ley y con resultados más graves.

¿Qué pasó cuando se propuso a los griegos una consulta para rechazar la oferta de la Unión Europea y “negociar con más fuerza”? Después de que más del 60% de los griegos lo creyeran, Tsipras aceptó condiciones mucho peores que las que habían rechazado en referéndum, con el argumento, que sabían de antemano, de que no tenían otra salida. ¿Sabían que no había otra salida y engañaron a los ciudadanos?

Pueden creerme. No conseguirán, rompiendo la legalidad, sentar a una mesa de negociación a nadie que tenga el deber de respetarla y hacerla cumplir. Ningún responsable puede permitir una política de hechos consumados, y menos rompiendo la legalidad, porque invitaría a otros a aventuras en sentido contrario. Todos arriesgaríamos lo ya conseguido y la posibilidad de avanzar con diálogo y reformas.

Eso es lo que necesitamos: reformas pactadas que garanticen los hechos diferenciales sin romper ni la igualdad básica de la ciudadanía ni la soberanía de todos para decidir nuestro futuro común. No necesitamos más liquidacionistas en nuestra historia que propongan romper la convivencia y las reglas de juego con planteamientos falsamente democráticos.

Si la reforma de la ley electoral catalana no ha podido aprobarse porque no se da la mayoría cualificada prevista en el Estatuto, ¿cómo se puede plantear en serio la liquidación del mismo Estatuto y de la Constitución en que se legitima, si se obtiene un diputado más en esa lista única de rechazo? ¿Cómo el presidente de la Generalitat va en el cuarto puesto, como si necesitara una guardia pretoriana para violentar la ley?

Es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado. Pero nos cuesta expresarlo así por respeto a la tradición de convivencia de Cataluña. El señor Mas sabe que, desde el momento mismo que incumple su obligación como presidente de la Generalitat y como primer representante del Estado en Cataluña, está violando su promesa de cumplir y hacer cumplir LA LEY. Se coloca fuera de la legalidad, renuncia a representar a todos los catalanes y pierde la legitimidad democrática en el ejercicio de sus funciones.

No estoy de acuerdo con el inmovilismo del Gobierno de la nación, cerrado al diálogo y a la reforma, ni con los recursos innecesarios ante el Tribunal Constitucional. Pero esta convicción, que estrecha el margen de maniobra de los que desearíamos avanzar por la vía del entendimiento, no me puede llevar a una posición de equidistancia entre los que se atienen a la ley y los que tratan de romperla.

No creo que España se vaya a romper, porque sé que eso no va a ocurrir, sea cual sea el resultado electoral. Creo que el desgarro en la convivencia que provoca esta aventura afectará a nuestro futuro y al de nuestros hijos y trato de contribuir a evitarlo. Sé que en el enfrentamiento perderemos todos. En el entendimiento podemos seguir avanzando y resolviendo nuestros problemas.

Venezuela, al límite. De Felipe González

Las elecciones del 6 de diciembre pueden significar el cambio necesario para la reconciliación en el país, pero Nicolás Maduro debe renunciar a los discursos amenazantes y tiene que ejercer como el presidente de todos los venezolanos.

NICOLÁS AZNÁREZ

NICOLÁS AZNÁREZ

El ex presidente invitó a Maduro a respetar las leyes, cesar los ataques contra medios de comunicación y garantizar elecciones libreFelipe González, 21 agosto 2015 / El PAIS

Venezuela atraviesa una grave crisis socioeconómica; de seguridad ciudadana y de libertades básicas. El país necesita un Gobierno que “gobierne”, sin buscar culpables fuera de su ámbito de responsabilidad; que abra un espacio de diálogo con la oposición y con los sectores productivos para intentar enfrentar los desafíos con una visión de los intereses generales de todos los venezolanos. Un diálogo capaz de reconciliar a una sociedad fracturada que sufre el fracaso y el sectarismo de los gobernantes.

La inseguridad física de los ciudadanos —no hablemos de la jurídica— se está convirtiendo, tras el desabastecimiento alimentario, en la preocupación dominante del pueblo que se siente indefenso ante los asaltos, secuestros, robos y asesinatos. Caracas es una de las ciudades más violentas del mundo, incluidas las muertes de servidores públicos de las fuerzas de seguridad. El Gobierno habla de un nuevo plan de lucha contra la criminalidad que domina las calles. El llamado OLP, que es el número 26 de los puestos en marcha para atajar el problema, sin resultados reales.

También hay una crisis institucional. El Estado, que ha concentrado sus poderes en el ejecutivo, no funciona más que para hacer declaraciones responsabilizando a los demás de su fracaso. La Asamblea Nacional ha delegado en el presidente de la República que asume mediante decretos ley las funciones del legislativo. Pero la AN tampoco ejerce la función imprescindible de control de la acción de Gobierno, aplastando las voces de la oposición para que no haya críticas a los errores y la inacción del Gobierno. La justicia funciona al dictado del poder ejecutivo, o del presidente de la AN, incumpliendo todas las normas que garantizan un proceso válido. No hablamos de las normas internacionales de obligado cumplimiento para el Estado venezolano, sino de la propia Constitución de Venezuela y el marco jurídico que la desarrolla.

En Venezuela se vota. Pero no se cumple nada más. No hay legitimidad de ejercicio

La convocatoria de elecciones a la Asamblea Nacional abre una vía de esperanza, si se dan las condiciones razonables para que la contienda electoral sea justa, pero no resuelve por sí sola la crisis de gobernanza que atraviesa el país. Y para que la contienda sea justa, las instituciones deben garantizar que no se alteran a capricho los circuitos electorales, que exista una presencia de observadores creíbles desde ahora, porque se están tomando decisiones que pueden afectar a la razonable igualdad de oportunidades entre los contendientes. Y sobre todo debe garantizar la libertad de representación. Es decir, revertir el proceso de eliminación arbitraria de candidatos utilizando instrumentos judiciales y administrativos desde el poder ejecutivo. Es absurdo que haya presos por razones políticas, que haya candidatos exiliados por razones políticas, que se limite la libertad de representación ante los ciudadanos para que se sometan libremente al escrutinio del pueblo soberano.

El señor Maduro no puede seguir ocultando su fracaso inventando conspiraciones del “imperio”, de la extrema derecha interna e internacional, del “eje Madrid-Bogotá-Miami”. ¿Se imagina alguien a Obama intentando desestabilizar a Venezuela mientras trata de normalizar las relaciones con Cuba? ¿Le parece creíble ese cuento que repiten como un mantra?

Usted sabe que están haciendo un esfuerzo de normalización de las relaciones entre EE UU y Venezuela. Que extreman su prudencia a la hora de mostrar preocupaciones legítimas sobre las libertades y la crisis aguda del país. Usted sabe que en ese esfuerzo hay un obstáculo mayor: la existencia de presos y exiliados políticos y la necesidad de elecciones limpias. Y sabe que ese es tema de consenso en el Congreso de EE UU (casi el único) entre republicanos y demócratas.

Los ciudadanos, sobre todo las madres de familia más humildes, aguantan sin esperanzas las largas colas para acceder a los alimentos o las medicinas que necesitan. Y las ven acaparadas por los corruptos en el mercado negro a precios inaccesibles. No funciona la producción nacional, ni es suficiente la importación, ni hay eficacia en la distribución de estos bienes racionados. Están en una situación alimentaria de emergencia y el Estado no es capaz siquiera de distribuir con eficacia la escasez que sus políticas ha provocado.

Los salarios están siendo devorados por una inflación sin control. Incumpliendo los más elementales deberes de las instituciones ocultan las cifras, que todos los analistas sitúan por encima del 140%. Nadie, ni los más partidarios del Gobierno, desconocen que un dólar vale más de 700 bolívares en la calle, que es donde vive o sobrevive la gente, y no la ficción oficial de 6,30 bolívares por dólar.

Es inaceptable que Maduro hable de la “revolución” mezclando los votos y las botas

El aparato productivo del país ha sido destruido sistemáticamente en una carrera sin sentido de ocupación de la economía por un Estado ineficiente y corrupto. En nombre de la “revolución” han liquidado lo público y lo privado, desde PDVSA a la industria del acero, pasando por la producción alimentaria o la de medicamentos. Incautando lo que funciona y estatalizándolo han conseguido que todo se paralice, que la productividad desaparezca, que lo único que prospere sea la “boliburguesía” depredadora de los recursos y, ahora, de la escasez y la pobreza.

La democracia sigue siendo el sistema menos malo que existe. No garantiza el buen gobierno, pero sí garantiza al pueblo cambiar al Gobierno cuando no le gusta. La democracia se legítima en origen por el voto de los ciudadanos, como la condición necesaria, pero no suficiente. Porque necesita que el Gobierno cumpla con sus programas, que el Parlamento o asamblea lo controle y elabore leyes para todos, que se respete a las minorías, que la división de poderes sea real, que haya garantía de libertad de opinión y de información, así como de elección de los representantes de los ciudadanos.

En Venezuela se vota. Por eso son tan importantes las elecciones del 6 de diciembre. Pero no se cumple nada más. No hay legitimidad de ejercicio. El desafío del 6 de diciembre es más decisivo que una elección normal de la AN. Puede ser el comienzo del cambio para la gobernanza y la reconciliación a través del diálogo que necesita Venezuela. Pero la esencia de la democracia está en que la derrota —de quien decida el pueblo soberano— es aceptable, porque se dan las razonables condiciones de igualdad para competir. El presidente de la República debe garantizar que esto ocurra, porque es presidente de todos los venezolanos. Por eso tiene que renunciar a los discursos amenazantes y las decisiones que se derivan de ellos. Es inaceptable que hable de la “revolución” mezclando los votos y las botas. Las Fuerzas Armadas son de Venezuela y se deben a Venezuela, no al fracasado proyecto de su Gobierno. Los medios de comunicación públicos son de todos los venezolanos y el acceso a ellos debe reflejar la pluralidad de opciones políticas y no ser un monopolio de sus partidarios.

Usted, señor presidente, debe respetar y hacer respetar la libertad de prensa y de opinión, sin perseguir a los medios —ya muy escasos— que representan opiniones discrepantes.

Usted, señor presidente, que concentra todos los poderes del Estado, puede y debe ordenar la libertad de los presos políticos y la vuelta de los exiliados.

Usted, señor presidente, puede y debe invitar a observadores internacionales con experiencia, como los de la OEA y la UE, además de Unasur para que den legitimidad plena a la competencia electoral.

Si lo hace demostrará dos cosas: que es el presidente que representa a todos los venezolanos y que no teme a la contienda electoral limpia que su país merece.

Mejorar un país, arruinar un país. De Héctor Abad

El escritor, traductor y periodista colombiano Héctor Abad compara el rol de Felipe de González y Hugo Chvez/Nicolas Maduro en la historia de sus respectivos países. (SV)

Héctor Abad: "

Héctor Abad: “Felipe González no presidió un gobierno resentido, revanchista ni marcado por el fanatismo ideológico. Se le podrá criticar, y mucho se le ha criticado desde la izquierda, por el hecho de que por su culpa (o gracias a él) el partido socialista abandonara la ortodoxia marxista y siguiera una línea socialdemócrata.”

Héctor Abad, 14 junio 2015 / hectorabad.com

A raíz de la visita de protesta que acaba de hacer Felipe González a Venezuela, conviene recordar lo que hizo por España su ex presidente hace tres decenios, durante un mandato de 13 años, y lo que Hugo Chávez y Nicolás Maduro han hecho por Venezuela en los últimos 16. Vamos a suponer, en principio, que tanto González como Chávez y Maduro tuvieron las mejores intenciones, pero no nos adentremos en su alma ni en su corazón: veamos simplemente los resultados.

Felipe González fue el primer presidente socialista que hubo en España después de la Guerra Civil, la dictadura de Franco y el régimen de transición. Esta transición estuvo marcada por Adolfo Suárez, que tuvo el valor de desmontar las Cortes franquistas, de aprobar una constitución de verdad democrática y de resistir al intento de golpe de estado. Luego vino Calvo Sotelo, que gobernó poco tiempo tras la renuncia de Suárez.

Pues bien, Felipe González no presidió un gobierno resentido, revanchista ni marcado por el fanatismo ideológico. Se le podrá criticar, y mucho se le ha criticado desde la izquierda, por el hecho de que por su culpa (o gracias a él) el partido socialista abandonara la ortodoxia marxista y siguiera una línea socialdemócrata. Se le criticó, también, por ser moderado y conciliador con buena parte de los empresarios españoles (es decir, según muchos, por ser “poco socialista”), pero el hecho es que durante su gobierno España dejó de ser un país oscuro, clerical y dividido entre buenos y malos, un país atrasado de la periferia de Europa, y se sentaron las bases de un país moderno, dinámico, y sobre todo luminoso, alegre y lleno de vida. La España de la movida, pese a sus múltiples escándalos de corrupción, era un país volcado al futuro, un país de grandes cambios sociales positivos (salud pública y educación universales), de esperanza económica y apertura cultural y mental. Hace 30 años, precisamente, González firmó la entrada de España a la Comunidad Europea, quizá una de las instituciones menos malas de este mundo imperfecto.

Chávez y Maduro, en cambio, instauraron y continuaron un régimen del odio, el revanchismo social y el resentimiento de clases. Sin anunciarlo antes, y aliados con Cuba, trataron de aplicar las recetas fallidas del marxismo ortodoxo. Durante los años de mayor bonanza petrolera de la historia del mundo, repartieron de un modo grotesco los recursos públicos de un país riquísimo, y lo lograron quebrar. Adularon y compraron a las clases más pobres con regalos y prebendas populistas. Encarcelaron o desterraron a los opositores políticos y expropiaron a los empresarios. Al hacer casi imposible el ejercicio de la oposición, renunciaron a la crítica. Y al asfixiar a los empresarios arruinaron un aparato productivo que al menos conseguía abastecer el consumo interno del país.

Hace 20 años Venezuela, con todos sus defectos, progresaba lentamente y parecía salir de la condición de subdesarrollo. Hoy, tras más de tres lustros de desgobierno chavista (salvo algunos sectores marginados que han conseguido el regalo de un techo, una salud o una educación de tercera clase), el país se hunde en la inseguridad, el desabastecimiento, la inflación y la represión política de la disidencia. La prensa comprada o clausurada; los principales opositores políticos presos sin causa justa; los intelectuales arrinconados y humillados. Venezuela sin conflicto tiene tasas de delincuencia y homicidios que duplican las de Colombia con todo y conflicto.

A manifestarse contra ese desastre fue, muy valientemente, Felipe González, a Caracas. No lo dejaron visitar a los presos ni asistir a sus juicios. Lo vilipendiaron con todas las groserías imaginables. Y sin embargo es Felipe González quien tiene la razón, y quien tiene a su espalda el respaldo de la historia de un país que progresó en sus manos, y que puede señalar con la voz firme y la frente en alto el desastre que ha sido, en todos los sentidos, el actual gobierno venezolano.

¿Quién es Héctor Abad?

Felipe González en Venezuela. De Mario Vargas Llosa

La visita del expresidente del Gobierno español a Caracas ha sido un gran éxito que sirve a la oposición democrática al chavismo al tiempo que imparte una lección a la izquierda latinoamericana y europea.

1434047554_992891_1434210216_noticia_normalMario Vargas Llosa, 14 junio 2015/EL PAIS

Se equivocan quienes dicen que la visita del expresidente español Felipe González a Venezuela ha sido un fracaso. Yo diría que, más bien, ha constituido todo un éxito y que en los escasos dos días que permaneció en Caracas prestó un gran servicio a la causa de la libertad.

Es verdad que no consiguió visitar al líder opositor Leopoldo López, preso en la cárcel militar de Ramo Verde, ni tampoco asistir a la vista de su juicio ni a la audiencia en que se iba a decidir si se abría proceso al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma (preso desde febrero), pues ambas convocatorias fueron aplazadas por los jueces precisamente para impedir que González asistiera a ellas. Pero esto ha servido para mostrar, de manera flagrante, la nula independencia de que goza la justicia en Venezuela, cuyos tribunales y magistrados son meros instrumentos de Maduro, al que sirven y obedecen como perritos falderos.

De otro lado, lo que sí resultó un absoluto fracaso fueron los intentos del Gobierno y jerarcas del régimen de movilizar a la opinión pública contra González. En un acto tan ridículo como ilegal, el Parlamento que preside Diosdado Cabello —acusado por prófugos del chavismo a Estados Unidos de dirigir la mafia del narcotráfico en Venezuela— declaró al líder socialista persona non grata, pero todas las manifestaciones callejeras convocadas contra él fueron minúsculas, conformadas sólo por grupos de esbirros del Gobierno, en tanto que, en todos los lugares públicos donde González se mostró, fue objeto de aplausos entusiastas y una calurosa bienvenida de un público que agradecía el apoyo que significaba su presencia para quienes luchan por salvar a Venezuela de la dictadura.

El triunfo de la oposición
no está garantizado en absoluto,
debido a las posibilidades de fraude

Su comportamiento, en ese par de días, fue impecable, exento de toda demagogia o provocación. Se reunió con la Mesa de la Unidad Democrática, que agrupa a las principales fuerzas de la oposición, y las exhortó a olvidar sus pequeñas rencillas y diferencias y mantenerse unidas ante el gran objetivo común de ganar las próximas elecciones y resucitar la democracia venezolana, a la que el chavismo ha ido triturando sistemáticamente hasta reducirla a escombros. Aunque todas las encuestas dicen ahora que el apoyo a Maduro no sobrepasa un 20% de la población y que el 80% restante está en contra del régimen, el triunfo de la oposición no está garantizado en absoluto, debido a las posibilidades de fraude y a que, en su desesperación por aferrarse al poder, Maduro y los suyos puedan recurrir al baño de sangre colectivo, del que ha habido ya bastantes anticipos desde la matanza de estudiantes el año pasado. Por eso es indispensable, como dijo González, que todas las fuerzas de la oposición se enfrenten solidarias en la próxima confrontación electoral que el régimen, debido a la presión popular, ha prometido para antes de fin de año.

Pero, quizás, el efecto más importante de la visita de Felipe González a Venezuela, aparte del coraje personal que significó ir allí a solidarizarse con la oposición democrática sabiendo que sería injuriado por la prensa y los gacetilleros del régimen, es el ejemplo que ha dado a la izquierda latinoamericana y europea. Porque hay entre ella, todavía, y no sólo entre los grupos y grupúsculos más radicales y antisistema, sectores que, pese a todo lo que ha ocurrido en los años de chavismo que padece la tierra de Bolívar, alientan todavía simpatías por este régimen y se resisten a criticarlo y a reconocer lo que es: una creciente dictadura cuya política económica y corrupción generalizada ha empobrecido terriblemente al país, que tiene hoy día la inflación más alta del mundo, índices tenebrosos de criminalidad e inseguridad callejera, y donde prácticamente ha desaparecido la libertad de expresión y los atropellos contra los derechos humanos se multiplican cada día.

Es verdad que algunos de los defensores del régimen de Maduro, como los presidentes Rafael Correa, de Ecuador, Evo Morales, de Bolivia, el comandante Ortega, de Nicaragua, Cristina Kirchner, de Argentina, y Dilma Rousseff, de Brasil, lo hacen con hipocresía y duplicidad, elogiándolo en discursos demagógicos, defendiéndolo en los organismos internacionales, pero evitando sistemáticamente imitarlo en sus propias políticas económicas y sociales, muy conscientes de que éstas últimas, si siguieran el modelo chavista, precipitarían a sus países en una catástrofe semejante a la que padece Venezuela.

Algunos de los defensores del régimen
de Maduro lo hacen con hipocresía y duplicidad

Aunque en Europa el socialismo ha ido convirtiéndose cada vez más en una social democracia, haciendo suyos los valores liberales tradicionales de tolerancia, coexistencia en la diversidad, respeto a la libertad de opinión y de crítica, elecciones libres, una justicia independiente, y comprendiendo que las nacionalizaciones y el dirigismo económico son incompatibles con el desarrollo y el progreso —véase los esfuerzos que hace la Francia socialista de Hollande y Valls para impulsar el mercado libre, estimular la empresa privada y abrir cada vez más su economía—, todavía en América Latina persisten los mitos colectivistas y estatistas. Lo que Hayek llamaba “el constructivismo”, la idea de que una planificación racionalmente formulada podía ser impuesta a una sociedad para imponer una justicia y un progreso material que tendría en el Estado su instrumento central, pese a que la historia reciente muestra en los casos del desplome de la URSS y la conversión de China Popular en un país capitalista (autoritario) el fracaso de ese modelo, todavía en América Latina sigue siendo la ideología de muchas fuerzas de izquierda, uno de los obstáculos mayores para que el continente, en su conjunto, prospere y se modernice como ha ocurrido, por ejemplo, en el continente asiático.

Felipe González prestó un enorme servicio a España contribuyendo a la modernización del socialismo español, que, antes de él y su equipo, estaba todavía impregnado de marxismo, de “constructivismo” económico y no había asumido resueltamente la cultura democrática. Curiosamente, su adversario de siempre, José María Aznar, hizo algo parecido con la derecha española, a la que impulsó a democratizarse y a modernizarse. Gracias a esa convergencia de ambas fuerzas hacia el centro, España, a una velocidad que nadie hubiera imaginado, pasó, de una dictadura anacrónica, a ser una democracia moderna y funcional y un país cuya prosperidad, no hace muchos años, el mundo entero veía con asombro. Conviene recordarlo ahora cuando, debido a la crisis, ha cundido ese parricidio cívico que pretende achacar todo lo que anda mal en el país a aquella transición gracias a la cual España se salvó de vivir el horror que está viviendo Venezuela.

Felipe González deja Venezuela al no ser autorizado a ver al opositor López

El expresidente español viaja a Colombia al serle impedido asistir a una vista en el penal o a la audiencia de Leopoldo López.

Felipe González se despide de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López

Felipe González se despide de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López

Caracas, 9 junio 2015/EL PAIS

El expresidente del Gobierno español Felipe González ha abandonado este martes Venezuela al no recibir autorización por parte del Gobierno chavista para visitar al opositor Leopoldo López en la prisión de Ramo Verde, donde lleva más de un año preso, o para asistir a la vista judicial contra él prevista para este miércoles. El anuncio de que el español ha regresado a Bogotá (Colombia), a donde ha viajado en un avión de las Fuerzas Aéreas de Colombia, ha sido realizado por Omar Estacio, abogado del también opositor Antonio Ledezma, alcalde de Caracas.

González, considerado persona non grata por el Gobierno de Nicolás Maduro, llegó a la capital venezolana el domingo para participar en la defensa de los líderes opositores venezolanos presos López y Ledezma. Su primera parada en Venezuela fue la residencia de la familia López, en donde se reunió con el equipo de abogados de la defensa. Al salir dijo que “Venezuela necesitaba mucho diálogo”, aunque aplaudió el “buen gesto” del presidente Nicolás Maduro al mostrar su intención de convocar elecciones este año.

“Me gustaría encontrar un país donde no hubiera buenos y malos”, incidió González, que no ha querido, sin embargo, salir al paso de las concentraciones convocadas por el oficialismo en contra de su visita. El expresidente español logró, tras una hora a la espera de autorización por parte de las autoridades, visitar a Ledezma, que está en arresto domiciliario.

El lunes, el expresidente se reunió con miembros de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con el fin de analizar la situación política venezolana, con vistas a las posibles elecciones que se deberían celebrar a final de año. El presidente Maduro ha instado al Consejo Nacional Electoral (CNE) a que convoque los comicios. Desde que aterrizó en Caracas, González ha valorado en varias ocasiones el gesto de Maduro y ha insistido en la necesidad de diálogo.

El viaje también incluyó una visita al periodista Teodoro Petkoff, del semanario Tal Cual, al que entregó el premio Ortega y Gasset que no pudo recoger el pasado mayo porque el Gobierno no le autorizó a abandonar el país.

 

Venezuela pide explicaciones a Colombia por trasladar a González

Maduro tacha de “fracasada” la visita del expresidente , que se reunió con Santos en Bogotá para hablar del proceso de paz

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El Gobierno de Venezuela ha pedido explicaciones a Colombia sobre por qué el expresidente español Felipe González abandonó este martes Caracas en un avión de las Fuerzas Aéreas Colombianas, rumbo a Bogotá. “La canciller ha citado al embajador”, confirmó el presidente Nicolás Maduro, quien incidió en la idea que viene repitiendo desde hace meses de que existe un “eje Madrid-Bogotá” para desestabilizarle cuyo “articulador” es el exmandatario español.

“He estado observando lo que fue esta visitada fracasada de este personaje que el pueblo español detesta, el señor este Felipe”, se refirió Maduro durante un programa especial sobre transportes en el que intervino a través de videoconferencia. El mandatario venezolano ha suspendido este martes su programa ‘En contacto con Maduro’, por el supuesto virus que le impidió viajar el domingo a visitar al Papa en Roma .

Al poco de hacer estas declaraciones, el Gobierno de Colombia, a través de un comunicado, confirmó que el presidente Juan Manuel Santos había autorizado el traslado de González y que, a su llegada a Bogotá, se reunió con el exmandatario en compañía del jefe negociador del proceso de paz, Humberto de la Calle. “El tema central de la conversación fue el proceso de paz en Colombia y la próxima cumbre Celac-Unión Europa”, que se iniciará este miércoles. “El expresidente González ha sido un amigo incondicional de Colombia y de su proceso de paz”, añade el texto, que no incluye ninguna referencia a Venezuela.

Sobre la presencia de González en Caracas durante dos días para participar en la defensa de los principales líderes opositores presos, Leopoldo López y Antonio Ledezma, Maduro incidió en que la visita “ha dejado muy malparada a esto que llaman oposición, a la derecha, frente a los ojos de los venezolanos”. “Ha venido a apoyar a grupos extremistas que han intentado derrocarme. Realmente da vergüenza, pena ajena. Es realmente indigno”, añadió.

La visita de Felipe González reúne a la oposición venezolana

Felipe González con Lilian Tintori yel coordinador de la Unidad Democrática Chuo Torrealba

Felipe González con Lilian Tintori y el coordinador de la Unidad Democrática, Chuo Torrealba

El expresidente español tiene intención de visitar a los presos opositores presos, pero no lo hará si no tiene autorización.

 

El expresidente del Gobierno español Felipe González se ha reunido este lunes con miembros de la de Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con el fin de analizar la situación política venezolana, con vistas a las posibles elecciones que se deberían celebrar a final de año. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha instado al Consejo Nacional Electoral (CNE) a que convoque los comicios. Desde que aterrizó en Caracas, González ha valorado en varias ocasiones el gesto de Maduro y ha insistido en la necesidad de diálogo entre los venezolanos.

La reunión de González con los miembros de la MUD, en la que estuvo presente la mujer de Leopoldo López, Lilian Tintori se prolongó durante casi dos horas. La principal ausencia fue la de Maria Corina, cuya formación Vente no está integrada en la MUD, aunque ella sí lo integra, de forma independiente. Desde el oficialismo, no hubo ninguna referencia al encuentro. A mediodía de este lunes, el hostil recibimiento a González que había preparado el oficialismo se había reducido considerablemente y no había constancia de protestas en las calles de las principales ciudades. El expresidente español se ha mostrado en todo momento conciliador y ha recalcado que, pese a que su intención es visitar a los presos opositores presos, no lo hará si no tiene autorización.

La visita de González, largamente esperada por la oposición venezolana desde que en marzo el expresidente español anunció su intención de incorporarse a la defensa de Leopoldo López y Antonio Ledezma, podría surtir además unos efectos colaterales de regeneración en la alianza opositora. La MUD, que hasta entonces había congregado a todas las fuerzas que se enfrentan al Gobierno de Nicolás Maduro, quedó fracturada en 2014, cuando la facción dirigida por López y la exdiputada María Corina Machado impulsaron por su cuenta un movimiento llamado La Salida, que propugnaba una rápida sustitución del actual Gobierno y que coincidió con las protestas callejeras que azotaron varias ciudades venezolanas

La brecha no ha sido restañada todavía en la actual coyuntura, cuando, a tan solo unos meses de las elecciones parlamentarias de fin de año, la gestión de Maduro muestra índices de aprobación de alrededor de 25%, y los estudios de opinión reportan una ventaja de 15% en la intención de voto a favor de la oposición. Analistas consideran que la oposición deberá mostrarse unida para sacar partido a esta oportunidad electoral, sin precedentes durante el período chavista.

El ascendente que ejerce González entre buena parte del liderazgo venezolano, de carácter histórico –sobre los dirigentes del socialdemócrata partido Acción Democrática- y político –sobre el ala progresista del partido Primero Justicia, del ex candidato presidencial Henrique Capriles Radonski, y del que se desgajó en su momento Leopoldo López-, le concede una cierta capacidad para amalgamar a los bandos en disputa.

González tenía previsto reunirse también con el periodista Teodoro Petkoff, de 83 años, fundador del diario Tal Cual, uno de los que más ha sufrido la persecución del chavismo, y uno de los referentes de la izquierda moderada en Venezuela. Entre sus logros políticos está la recondución de la estrategia de la oposición en 2006. Apenas un año antes, en diciembre de 2005, casi toda la dirigencia antichavista se había negado a participar en las elecciones parlamentarias convocadas para aquel entonces porque no confiaba en el sistema electoral venezolano. Petkoff fue premiado con el último Ortega y Gasset, que entrega EL PAÍS, en reconocimiento a toda su trayectoria. Privado de poder salir de Venezuela, por una demanda del número dos del chavismo, Diosdado Cabello, que lo acusó de difamación, el premio lo recibió el propio Felipe González.

El resto de la agenda de González en Venezuela sigue siendo una incertidumbre. El expresidente español aún espera la aprobación del Ministerio de Servicios Penitenciarios para poder visitar al opositor Leopoldo López en la cárcel militar de Ramo Verde. “Lo haré si tengo la autorización para hacerlo”, insistió Gonzalez. Este martes, la justicia venezolana decidirá además si envía a juicio al alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, detenido el pasado mes de febrero, que cumple arresto domiciliario.

Cuando la democracia española fue negocio. De Antonio Navalón/El País

Felipe González, ex-presidente del gobierno español y dirigente de la Internacional Socialista, ha anunciado que él personalmente se va a incoporar en el equipo de defensa de Leopoldo López y otros dirigentes opositores presos en Venezuela. Numerosos ex-presidentes de Amárica Latina, de derecha e izquierda, lo apoyan. Un columnista de El País comenta:

Felipe González

Felipe González

Antonio Navalón, Columnista de El País, 24 mayo 2015

En cierto sentido, para América Latina el 11-S supuso tener una vida fuera del control del gran garrote estadounidense. EE UU tuvo que concentrar toda su furia en las guerras de Afganistán, Irak y la lucha contra el terrorismo islámico. A partir de ese momento, se abandonaron prácticas como invadir los países latinoamericanos que rompían las reglas o evitar y orquestar golpes de Estado.Ese abandono hizo posible —junto al robo y la destrucción de los valores de la clase política tradicional venezolana— el nacimiento de Hugo Chávez y, lo que es peor, su consolidación. El chavismo creó un sistema en el que utilizó todo su poder para crear una dirigencia bajo una nueva ideología. De la falta de concordia y de la desunión nacional, hizo su agenda.

La iniciativa del expresidente español, Felipe González, de participar en la defensa de dos presos políticos venezolanos —Leopoldo López y el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma—, es de una extraordinaria importancia estratégica para España y América Latina. Resulta vergonzoso que una multiplicidad de organismos (desde la ONU hasta Unasur) sea incapaz de evitar la masacre cívica y de los derechos humanos en Venezuela.

Tener la visión política de dar la batalla por los presos y, sobre todo, iniciar la regeneración moral —el principal déficit del subcontinente—, supone para España uno de los pocos elementos que justifican la importancia de sus empresas en Latinoamérica.

España no llegó a estas tierras por ser una potencia económica. Sus empresas no son líderes porque administren mejor que nadie, lo son por la necesidad de racionalización del continente en su desafío democrático. A partir de la Transición, la Madre Patria sirvió por primera vez para construir una escala de valores, modernidad y éxito que los países latinoamericanos llevaban 200 años esperando.

Esa caída en la escala de valores, esa crisis generalizada, esa pérdida de credibilidad de los políticos en España y en la mayor parte de los países del continente augura un cambio en las relaciones más allá de la retórica y de la unidad del español.

Es necesario recuperar la fortaleza moral ya que su falta es el principal elemento de distorsión y de la crisis actual de la región americana. No creo que Felipe González vaya a ser detenido en Caracas, pero sí que el régimen es incapaz de administrar siquiera sus propios odios lo que abre espacios de una inseguridad peligrosa. Por ello, esta audaz jugada de estar dispuesto a jugársela físicamente es el inicio no sólo de una mayor presencia, sino de la regeneración de una clase política que ha fallado en el mantenimiento de la fe y de la seriedad de las instituciones.

Es cierto que González no va solo, lo acompañan otros exmandatarios latinoamericanos muy importantes —Pastrana, Lagos y Cardoso—, pero aparte de la causa general de la democracia, además de la defensa del pueblo de Caracas, empieza una recuperación de los mejores momentos de la historia entre la antigua potencia colonizadora (España) y los países latinoamericanos.

El proceso democrático español e hitos como la jurisdicción universal o el ejemplo del juez Garzón justificaron la hegemonía de España en la zona. Eso ha desaparecido. Por esa razón, o se inventa un nuevo decálogo de valores y una fortaleza que devuelva cierta confianza a las sociedades o solo tendremos crisis políticas con Gobiernos que no entienden América Latina —como le pasa hoy al Partido Popular—, y, además, la gran esperanza blanca y la gran nutriente de las cuentas de resultados de los bancos y las empresas españolas empezará a peligrar.