elecciones 2018

Votar en el infierno. De Jorge Volpi

La elección se ha transformado en un plebiscito entre la continuidad del régimen o un salto hacia algo que aún no se conoce muy bien. Ninguno de los dos favoritos en las encuestas se muestra con las ideas para transformar un país que se desangra.

Jorge Volpi, escritor mexicano

31 mayo 2018 / EL PAIS

Más de 200.000 muertos en doce años, un número incierto de desaparecidos, superior sin duda a los 70.000, y cientos de miles de desplazados: este es el resultado de la guerra contra el narco, lanzada por el presidente Felipe Calderón en diciembre de 2006 y continuada por Enrique Peña Nieto, sin reconocerlo abiertamente, hasta nuestros días. A estas escalofriantes cifras, propias de una guerra civil, hay que añadir una corrupción que cimbra todos los niveles de nuestra vida pública —una decena de gobernadores se hallan presos o prófugos—, una desigualdad obscena y un sistema de justicia en bancarrota, en donde solo el 3% de los delitos se denuncia y, de esta cifra, apenas el 10% culmina en una sentencia firme (por lo general, condenatoria)

Estas son las penosas cuentas que puede ofrecer al día de hoy la renqueante democracia mexicana, establecida —al menos de forma simbólica— en el año 2000 con el triunfo de Vicente Fox, el primer presidente de la oposición en casi setenta años. Las cuentas, pues, de los Gobiernos emanados del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ambos provistos, al menos en este ciclo, con una ideología de centro-derecha casi intercambiable. Que sus enemigos más encarnizados, como Andrés Manuel López Obrador (mejor conocido como AMLO o El Peje), los asimilen bajo la etiqueta de PRIAN —o, más burdamente, como la mafia en el poder—, no responde por tanto a un capricho, sino a una serie de políticas comunes que nos ha llevado a habitar un cementerio, a carecer de toda confianza hacia nuestros gobernantes y nuestras instituciones y a mantener uno de los coeficientes GINI —el índice internacional de desigualdad— más altos del planeta.

A nadie debería sorprender, pues que las elecciones de este año se aboquen a imponer un doble voto de castigo contra el PAN y el PRI, la criatura bicéfala que ha arrastrado a México a un caos semejante. Cualquier candidato capaz de asumir una drástica condena al statu quo encontraría un eco natural entre la mayor parte de los votantes. Porque, aunque todos los candidatos se esfuercen por negarlo, México no es un país normal, sino un país en ruinas que, gracias al auge económico y la pujanza de las grandes urbes, se disfraza de potencia emergente. Quien no se dé cuenta de que la rabia y la desconfianza son los principales motores ciudadanos en este 2018 en realidad no conoce al país, sino el espejismo esculpido por los medios oficiales.

López Obrador ha tenido la sagacidad de ocultar
sus vertientes más radicales

ENRIQUE FLORES

Más allá de sus numerosos defectos, lo cierto es que AMLO fue el único en darse cuenta de este fenómeno a fuerza de participar en tres elecciones sucesivas y de haber recorrido hasta las comarcas más apartadas de nuestro territorio. Si en 2006 perdió la elección por la mínima —o fue víctima de un fraude—, y en 2012 los ciudadanos decidieron castigar la desastrosa administración de Felipe Calderón concediéndole una nueva oportunidad al PRI, ahora no queda otra alternativa excepto probar la opción que México no ha experimentado hasta ahora o dejar el país en manos de los mismos responsables de la catástrofe. Con esta estrategia en mente, el candidato del Movimiento de Renovación Nacional (Morena: un guiño más a un país tan clasista como racista), ha sabido leer como nadie el tiempo mexicano de nuestra época.

La elección se ha transformado, así, en un plebiscito entre la continuidad del régimen o un salto hacia algo que aún no se conoce muy bien, pero que representa la negación de estos 18 años de infortunio. Con el profundo malestar puesto en su favor, AMLO ha tenido en esta ocasión la sagacidad de ocultar sus vertientes más radicales —poco parece quedar del furibundo opositor que tomó el paseo de la Reforma o se impuso una banda presidencial alternativa en 2006— y la paciencia para construir una alianza en la que caben desde militantes radicales hasta evangélicos ultraconservadores, y donde han encontrado techo panistas y priistas desencantados, defensores de Maduro o de Kim Jong-un y, en una posición preeminente en la campaña, la hija del líder histórico de la derecha empresarial, Manuel J. Clouthier. Ello no quiere decir que a veces no resurja el líder dogmático y autoritario —insiste en que su solo triunfo bastará para limpiar el país—, pero por ahora prefiere mostrarse tolerante, abierto y, en casos extremos, dotado de un extravagante sentido del humor.

En este escenario, AMLO impuso como punto nodal de su agenda —de la agenda— el combate a la corrupción, y las erráticas estrategias de sus rivales no han hecho sino beneficiarlo. Mientras la mitad de la campaña José Antonio Meade y Ricardo Anaya se enzarzaron en una pelea por demostrar cuál de ellos o de sus partidos era el más corrupto —el candidato del PRI apoyado por la Procuraduría General de la República en un típico uso faccioso de las instituciones del Estado—, el líder de Morena continuaba siendo visto como el único político intachable. Se entiende en este contexto que el presidente Peña Nieto eligiera como candidato del PRI a un independiente con fama de honesto, pero al final resultó la peor idea posible: alguien sin carisma y sin consenso entre las bases que, para colmo, debe cargar a cuestas con la marca infamante del partido de la corrupción.

Meade y Anaya se enzarzaron en una pelea por demostrar
cuál de ellos era el más corrupto

El sentido actual de las encuestas, que colocan a AMLO entre 15 y 25 puntos de Anaya, y a su vez a este a 10 de Meade, refleja con nitidez los errores del PAN —aliado para esta elección con lo que queda de la izquierda tradicional del PRD— y del PRI. Como sea, no es esta una elección ideológica: por primera vez se vota por tres candidatos conservadores, que van de la visión social anticuada de AMLO a la derecha católica de Meade —y a la ultraderecha de su candidato a la Ciudad de México—, con Anaya como paradójico pivote.

A pocas semanas de las elecciones del 1 de julio, nada parecería ser capaz de enturbiar esta fotografía. Anaya se ha erigido en el único rival viable de López Obrador —de confirmarse el resultado, sería acaso el fin del PRI como lo conocemos—, pero sus dotes oratorias y su juventud no han acabado de calar en grandes sectores del país, y su incapacidad para distinguirse del régimen previo, llegando a flirtear incluso con una alianza tácita con el PRI, y su sobreactuación en el último debate no le ha permitido crecer en las encuestas.

La campaña se ha revelado apática y carente de ideas, con tres candidatos que, por razones opuestas, no ha afrontado el mayor problema del país —esa violencia ciega y esa impunidad para criminales y políticos corruptos que nos convierte en un Estado fallido—, negándose a considerar la legalización de las drogas y olvidando por completo la necesaria construcción de un sistema de justicia confiable, eficaz e independiente: la única receta posible para salir de la catástrofe humanitaria en que nos hallamos sumidos.

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La miseria del abstencionismo venezolano. De Fernando Mires

Revive el debate sobre participar o no en las elecciones presidenciales convocadas por Maduro. La MUD, la coordinadora de los partidos de oposición, no inscribió candidato. Pero ante el hecho que uno de sus dirigentes, el ex gobernador de Lara Henri Falcón, decidió postularse, y ante el creciente apoyo que esta candidatura tiene en la ciudadanía, los partidos opositores y sus líderes se ven ante la disyuntiva de apoyar a Falcón no llamar a no votar. En este debate interviene Fernando Mires, politólogo chileno de mucha incidencia en los sectores opositores de Venezuela. Y lo hace en TalCual, el periódico fundado por Teodoro Petkoff, quien fue el principal crítico de la decisión de la oposición de retirarse de las elecciones parlamentarias del 2005, dejando a Hugo Chávez una Asamblea Nacional sin oposición. El debate sobre esta estrategia abstencionista llevó poco después a la creación de la MUD y de una nueva estrategia que llevó a la oposición a Hugo Chávez en el referéndum sobre la constitución socialista, y en 2015 a ganar una mayoría aplastante en la Asamblea Nacional.

Segunda Vuelta

Fernando Mires, 6 abril 2018 / TalCual

La abstención es y será acompañante en todos los países donde tienen lugar elecciones. Más todavía hoy, cuando los “partidos históricos” –conservadores, liberales y socialistas– ya no son portadores de los ideales e intereses que llegaron a representar a lo largo del siglo XX. No obstante, cuando aparece uno de esos momentos en los cuales en un proceso electoral se juega el destino de una nación –elegir entre un candidato fascista y otro democrático, por ejemplo– las fuerzas políticas se tensan y la abstención tiende a disminuir. Lo hemos visto recientemente en las segundas vueltas de las elecciones europeas. Podríamos decir entonces que en situaciones de débil polarización la abstención aumenta y en situaciones de fuerte polarización (cuando las opciones no dejan lugar a ningún tercero) la abstención disminuye. No es el caso de Venezuela.

Venezuela parece ser una excepción a la regla. En pocos países del mundo existe una polarización política tan extrema como la que se da bajo el régimen de Maduro. Pero a la vez, en pocos la abstención juega un papel tan decisivo. Más todavía: a diferencia de la abstención marcada por el desinterés o desidia, la venezolana es militante. La dictadura lo sabe. Sabe también que en esa abstención reside una de las razones de su supervivencia y por eso mismo la fomenta y la impulsa.

Desde el comienzo del chavismo existe, se quiera o no, una sincronía objetiva entre el abstencionismo y el régimen. Esa es y ha sido la razón principal de la larga existencia del chavismo. El mismo Chávez fue hijo putativo de la abstención.

El abstencionismo venezolano es estructural. En su interior existe, como en toda estructura, un núcleo duro formado por ideólogos y militantes. Se trata de un patriciado sociocultural de remoto (y dudoso) pasado aristocrático. Para ese núcleo la política no es el lugar del compromiso ni de la negociación sino de los símbolos. El ideal de gobierno al que aspira podrá ser republicano, más nunca democrático. El pueblo es para ellos una masa a disposición de grandes líderes, carece de racionalidad y está destinado a seguir consignas luminosas.

El discurso autoritario y anti-electoral de María Corina Machado es prototípico. No las estrategias sino la pureza de la moral decidirán el curso de la historia. No los argumentos, sino el grito o la pose heroica serán decisivos. No los diálogos, no la polémica, no el debate y por lo mismo, no las elecciones, son para ellos los ejes de la política. De hecho desprecian a las elecciones porque como las minorías elitarias que son, desprecian a las mayorías. Esos sectores existen a lo largo y ancho de todo el continente, pero en Venezuela, de modo exacerbado.

El problema más grave es que, siendo los miembros de la abstención militante una extrema minoría, logran cada cierto tiempo ejercer hegemonía sobre todo el campo de la oposición. Se comprueba así una vez más que las ideas, costumbres y modas de los grupos socialmente (ojo: no económicamente) dominantes operan con efecto transmisor sobre todo el contexto social de una nación, hasta el punto que, algunos por arribismo, otros por sumisión, o como un simple reflejo, terminan sometidos a los dictados de esas minorías. Esos grupos hegemonizaron a la oposición hasta la capitulación electoral impulsada el año 2005. Pero a partir del 2006, con la candidatura de Rosales, el triunfo en el plebiscito del 2007, la campaña electoral de Capriles del 2013, y el magnífico triunfo del 6D en el 2015- la hegemonía antipolítica fue sustituida por una conducción política representada por los partidos de la MUD. Desde ese momento la oposición emprendió un curso políticamente ascendente y en medio de fragosas batallas electorales consagró sus cuatro puntos cardinales: electoral, constitucional, pacífica y democrática.

No obstante, los grupos elitarios unificados hoy en Soy Venezuela nunca se han dado por vencidos. De hecho intentaron retomar la conducción mediante la llamada Salida del 2014. Durante las luchas revocatorias del 2015, originariamente surgidas en defensa de la AN, hicieron desaparecer la alternativa electoral de la cual el revocatorio debía ser su impulsor. Las grandes movilizaciones del 2017, también surgidas en defensa de la AN –originariamente democrática y popular, masiva y festiva– fueron usurpadas por comandos juveniles luchando con escudos de cartón en contra de fuerzas entrenadas como bestias para el ejercicio de la represión. En todos esas situaciones Maduro logró imponer la línea militar –incluso a sangre y fuego– por sobre la línea política. En todas ellas, también, la línea insurreccional de la oposición abstencionista secundó –objetivamente- los propósitos del madurismo.

La historia de la oposición, desde 2006 hasta ahora, ha estado marcada por dos luchas. Una externa en contra del régimen y otra interna por la hegemonía y conducción. Durante el primer trimestre del 2018, el capitulacionismo abstencionista ha conquistado nuevamente la hegemonía y la conducción de la oposición. Precisamente en los momentos en los cuales el régimen ha llegado a sus puntos más bajos de aprobación, en medio de la crisis económica más catastrófica que haya padecido algún país latinoamericano, cuando había llegado la hora para aplicar el golpe electoral decisivo, el del jaque mate, la oposición ha retrocedido a los momentos más antipolíticos de su historia. ¿Cómo pudo llegarse a esta situación?

Mibelis Acevedo ha descrito en un magistral artículo como las fuerzas de la inercia (Thanatos) pueden lograr vencer a las de la existencia (Eros) De acuerdo a la metapsicología de Freud –quién explicó por qué hay seres humanos que no pueden alcanzar la felicidad y mucho menos el éxito cuando están a punto de lograrlo– ese parece ser un hecho evidente. Desde el punto de vista historiográfico, debemos, sin embargo, remitirnos a los antecedentes más cercanos. Ellos tuvieron lugar en las fracasadas conversaciones de República Dominicana cuando, como era de esperarse (repito, como era de esperarse) el régimen no aceptó las condiciones solicitadas por la MUD. La MUD se vio así enfrentada a dos alternativas: o no presentarse a elecciones (era precisamente la que buscaba Maduro) o presentarse levantado una candidatura única para denunciar ante la ciudadanía y el mundo los fraudes cometidos y por cometer.

¿Por qué la MUD eligió la alternativa más deseada por Maduro? Hay dos posibilidades. La primera, porque subordinó la política nacional a una mítica “comunidad internacional” representada por el Grupo de Lima que, en su intento por apoyar a la oposición, declaró que no iban a reconocer los resultados de las elecciones. La segunda – parece ser la más evidente- fue que los partidos de la MUD no estaban en condiciones de lograr consenso en torno a un candidato único. Pues si lo hubiera tenido –como clamó con insistencia Capriles– habrían asistido a Santo Domingo en nombre de una candidatura ya configurada. En ese sentido la declaración del Grupo de Lima no habría sido más que una coartada que permitió a la MUD disimular su falta de cohesión interna. Si esa fue la razón –y al parecer, esa fu– la MUD ha cometido un acto de enorme irresponsabilidad, a saber, el de subordinar la suerte de toda una nación a sus intereses partidarios.

No hay en efecto ninguna contradicción entre participar en elecciones y solicitar y recibir apoyo externo. Todo lo contrario, sin elecciones, la comunidad internacional no tiene a nada que apoyar.

Lo cierto fue que al decidir no acudir a las elecciones, la MUD rompió con su línea electoral sin ofrecer ninguna otra alternativa. Los resultados de esa ruptura los tenemos a la vista. Después de la fundación de un Frente Amplio cuyo sentido solo podía ser actuar en el marco de una estrategia electoral, la oposición no electoral se encuentra paralizada, sin alternativa, librada a su propia anomia: una verdadera catástrofe. Para repetir una opinión ya vertida, entre las elecciones y la nada, la MUD eligió a la nada.

Desde el momento en que la MUD eligió a la inacción como política. aparecieron en Venezuela dos abstencionismos: el originario, representado por la señora Machado –quien, sin darse cuenta ha logrado hegemonizar al conjunto político opositor– y el de los más fieles seguidores de la MUD quienes sin argumentos atinan solo a repetir casi textualmente las palabras de la líder extremista. No se trata, claro está, que el propósito de la MUD haya sido convertir a sus seguidores en abstencionistas radicales. Pero sí fue la ausencia política de la MUD la razón que permitió que en los terrenos abandonados por ella penetrara el abstencionismo maricorinista.

La diferencia entre los dos abstencionismos es que el primero siempre ha sido abstencionista y el segundo lo será para siempre pues, si Maduro logra un triunfo el 20 de mayo, no habrá más elecciones en Venezuela. La semejanza entre los dos abstencionismos es que para ambos la candidatura de Falcón parece ser el enemigo principal y la dictadura de Maduro el enemigo secundario. La paradoja es que en estos momentos es Falcón y no la MUD quien representa la línea política de la MUD.

La MUD ha roto la línea electoral de la MUD,
y si sus representantes más esclarecidos no advierten
el peligro en cierne, la suerte está sellada, no solo para
MUD/FA sino para toda Venezuela. Esa es la tragedia.
Esa es, también, la miseria del abstencionismo venezolano

Votar es colaborar, dicen los machadistas. Votar es legitimar a la dictadura, repiten los abstencionistas de segunda hora. Votar no es elegir, dicen los primeros. Votar no es elegir, repiten los segundos (sin darse cuenta de que para elegir hay que votar) Hay que pasar a la desobediencia civil, gritan los primeros. Hay que pasar a la abstención activa (¡!) corean los segundos. Votaremos solo después de que caiga Maduro, arguyen los primeros. Si Maduro no nos da las condiciones (para que pierda Maduro) no votaremos, es la versión algo light de los segundos. La dictadura no cae con votos, plantean los primeros. Estas no son elecciones, sostienen los segundos. Solo una invasión puede salvarnos, dictaminan los primeros. Solo la comunidad internacional nos dará elecciones libres, es la versión de los segundos. Falcón es un títere de Maduro, señalan los primeros. Falcón consolida a Maduro, completan los segundos. Las diferencias entre los dos abstencionismos son cada vez más leves, más tenues, más próximas. Y eso es solo culpa de la MUD. Nada más que de la MUD.

Es importante repetir. Falcón no rompió con la MUD. Falcón solo rompió con una decisión intempestiva de la MUD. La MUD rompió con la línea política de la MUD. Falcón en cambio continúa la línea electoral de la MUD pues la MUD es electoral y no puede ser más que electoral. No sabe, no puede y no debe hacer otra cosa que participar en elecciones. La MUD es una coalición electoral y muy poco más.

La candidatura de Falcón y la MUD, sin embargo, se necesitan mutuamente. Falcón necesita a la MUD para lograr una mayoría y dar origen y forma a un gobierno de transición a la democracia. La MUD, a su vez, necesita de Falcón para que la saque del marasmo a que la condujo su aventurero viraje abstencionista. Eso lo saben los principales dirigentes de la MUD, aunque no lo digan. Eso lo sabe también la candidatura de Falcón.

Ha llegado la hora en la que los políticos democráticos de Venezuela deberán saltar sobre sus propias sombras. El muy lúcido Simón García lo ha dicho más claro que nadie. “El régimen está acelerando su mutación del autoritarismo al totalitarismo. Es una de las advertencias del Observatorio Electoral nacional: cada elección es más restrictiva que la anterior. El gobierno se prepara, con un paso hacia atrás y dos hacia adelante, para un período especial con relaciones comerciales restringidas y la liquidación absoluta de las formalidades democráticas. Mayo puede ser la última coyuntura electoral, antes de consolidar aquí el modelo comunista cubano: con el hambre sofocando la lucha por la libertad“.

Faltan cinco minutos para las 12.

“Después de la fiesta electoral, la goma electoral”. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 12 marzo 2018 / El Diario de Hoy

Si el día de las elecciones es una fiesta, hoy estamos sufriendo una fuerte resaca poselectoral. Con un escrutinio final a medias podemos anticipar dos cosas: que muchos personajes impresentables continuarán en la Asamblea Legislativa y los concejos y que el Tribunal Supremo Electoral otra vez está en deuda con el país al verse cuestionada la transmisión de actas y el conteo de los votos.

Uno de los síntomas de la goma electoral se refleja en las náuseas que provoca el hecho de ver que continuarán en la Asamblea Legislativa y concejos varios personajes cuestionados por corrupción, enriquecimiento ilícito, decisiones dudosas, ignorancia, o a quienes han hecho del servicio público una forma fácil de vivir y no producen resultados visibles. En esta elección se dio un paso al dejar a un par de impresentables fuera, pero falta mucho por hacer en la conciencia y educación del electorado.

Pero el peor síntoma de la goma es el dolor de cabeza que nos está haciendo pasar el Tribunal Supremo Electoral. Tuve la oportunidad de ser observadora electoral en distintos centros de votación y mi primera impresión fue buena: la instalación y el desarrollo del trabajo de las Juntas Receptoras de Votos se realizó de forma decente y no sucedió el caos que varios pronosticaban con la ciudadanización de estos organismos temporales electorales. La ciudadanía que salió sorteada y los que voluntariamente fueron a colaborar con el proceso de votación cumplieron; hicieron lo posible por hacer su trabajo de la mejor manera, a pesar de la poca anticipación con que el Tribunal brindó las capacitaciones.

El problema vino cuando al Tribunal Supremo Electoral le tocó aparecer a hacer su parte. El lunes nos levantamos con la sorpresa que muchas caras nuevas estaban despuntando en el conteo, con lo cual se renovaría la Asamblea Legislativa; pero no, todo fue un error de programación y el script nos mató cualquier ilusión de ver a varios candidatos fuera.

La empresa contratada para transmisión y conteo tuvo un desliz de principiante y la elección del 2018 quedará marcada por el “error humano” cometido por Smartmatic. Un error que pudo enmendarse en cualquiera de los simulacros que ejecutó el Tribunal en semanas anteriores y que tuvo que ser comunicado a la población al momento de saberse y no hasta el final del día. A la fecha, el Tribunal no ha transparentado de manera técnica y adecuada en qué consistió el error, quién lo cometió y cómo se deducirán responsabilidades.

Aunque un error haya sido simple, en un ambiente tan polarizado como El Salvador, cualquier mal movimiento huele a fraude electoral. Eso es lo que ahora percibimos en el desarrollo del escrutinio final; desde la semana pasada los ánimos se encuentran caldeados en las mesas en el Cifco y surgen muchos cuestionamientos sobre hasta dónde llega la intervención de los partidos políticos en el conteo y el rol del Tribunal Supremo Electoral y la Fiscalía General de la República como garantes de la legalidad.

A todos los involucrados en el escrutinio final debe quedarles claro que en sus manos tienen la voluntad del pueblo expresada en los votos. Tienen que ser transparentes y claros en la forma en que se asignan preferencias, en el fraccionamiento de los votos cruzados y dejar a un lado cualquier tipo de negociación para salir rápido del conteo. El Tribunal Electoral tiene que recordar que es Supremo y corregir los errores que se presenten en el escrutinio final. Mientras que la Fiscalía tiene que estar pendiente que todo se realice bajo el marco de la legalidad; estas dos instituciones tienen que asumir el rol que les corresponde en un Estado de Derecho.

Desde el fiasco del 2015, el Tribunal Supremo Electoral tuvo tres años para planificar de manera adecuada las presentes elecciones. Aun así, el presidente de este organismo continúa culpando a la Sala de lo Constitucional de su dejadez y falta de organización. En este momento todavía tienen la oportunidad de reivindicar los errores humanos que ha puesto en duda su capacidad de administrar estas elecciones. Pónganse serios, es la legitimidad de la democracia lo que está en las mesas del escrutinio final.

Inicia el debate sobre el futuro del FMLN – tres aportes

Inmediatamente después del fiasco electoral del FMLN del 4 de marzo, comenzaron a circular varias propuestas de militantes y  simpatizantes del partido, así como de otros grupos de izquierda, exigiendo cambios inmediatos y radicales en el FMLN. Solo incluimos aquí los que pudimos comprobar que son son auténticos, no los rumores y las noticias falsas que circulan en redes sociales, como por ejemplo unas supuestas declaraciones de Oscar Ortiz que él mismo inmediatamente desmintió.

Segunda Vuelta

La Comisión Política del FMLN dando la cara luego de las elecciones del 4 de marzo

8 marzo 2018 / SEGUNDA VUELTA

I. Un documento elaborado por el Kolektivo San Jacinto del FMLN:

II. Manifiesto de miembros del Consejo Asesor de la campaña de Jackeline Rivera:

MANIFIESTO HISTÓRICO
Consejo Asesor Municipal
Ante los resultados de las elecciones del 4 de marzo 2018:
El Frente Farabundo Martí es un instrumento de lucha que se creó a partir del sacrificio generoso de jóvenes que dieron su vida por las transformaciones sociales. Su memoria es sagrada.
Consideremos que el partido FMLN sufrió una derrota estratégica en las elecciones para alcaldes y diputados, las consecuencias del catastrófico resultado obtenido serán muy graves.
Ante esta situación el Consejo Asesor Municipal integrado por ciudadanos preocupado por los problemas del país manifiesta que:
1. Es indispensable que el FMLN ejecute medidas rápidas que den señales claras que van a corregir lo que sea necesario para comenzar a reestablecer la confianza de los salvadoreños en el único instrumento político partidario de la izquierda en El Salvador.
2. Se pide a la Comisión Política deponer sus cargos y que de manera inmediata asuma la dirección del FMLN una Comisión de Transición integrada por dirigentes del partido;
3. Se pide a los Secretarios Departamentales, que serán diputados, asumir únicamente como diputados, y que las Secretarías Departamentales sean dirigidas  por militantes que se dediquen a trabajar a tiempo completo por la construcción y fortalecimiento del Partido.
4.  Que la Comisión de Transición  convoque a un Congreso Extraordinario del FMLN para que constituido como el máximo organismo de decisión defina la Estrategia y elija a una nueva Comisión Política y  autoridades departamentales  para sacar adelante al Frente Farabundo Martí
5.  Que se Convoque a un Congreso Ciudadano integrado por salvadoreños de izquierda y que la nueva dirección del FMLN se comprometa a incorporar los acuerdos del Congreso Ciudadano
6. Que la Comisión de Transición abra el padrón del FMLN para posibilitar el ingreso de antiguos militantes y personas  que quieran ser parte de la militancia del Partido
7. Que el Congreso Extraordinario convoque a los  afiliados del partido para que en votación libre y democrática elijan  a los Candidato a la Presidencia y Vice Presidencia de la Republica.
8. Que exista voluntad real de escuchar las opiniones y recomendaciones de los militantes, simpatizantes y organizaciones de izquierda.
Firman por el Consejo Asesor Municipal de la Candidatura de Jackeline Rivera
Marcelo  Lungo
Licda. Alma Benítez  Molina
Bessy Rios
Alejandra Dubon
Victoria Eugenia  Ramirez Acosta
Jesus Salvador Samayoa
Nayda Acevedo Medrano
Gustavo Milan
Roberto Cañas
Judá Alexander Flores
Pastor Eleazar Aguilar.
Nota: Según una noto en El Mundo, los siguientes miembros del Consejo Asesor no firmaron el documento: Evaristo Hernández (director de la Digestyc), Lourdes Palacios (subsecretaria de Transparencia del Gobierno), Angel Ibarra (viceministro de Medio Ambiente), Ana Lilian Vega (presidenta del Banco de Fomento Agropecuario). Significa que solo los miembros que no son militantes del FMLN, firmaron la petición.

III. Pronunciamiento de un grupo de ex-combatientes del ERP, que no son militantes del FMLN y que ayudaron a organizar el evento de Nayib Bukele en San Francisco Gotera

Queda un año. Hay que dividirlo en periodos. Objetivo principal: evitar que la derecha retorne al ejecutivo. Impedirlo de todas las formas posibles.
PERIODO 1. Escuchar, discutir y tomar en cuenta las propuestas de los diferentes sectores.
PERIODO 2.  Renovar las direcciones de los partidos de izquierda. Principalmente el FMLN.
PERIODO 3.  Hacer una autocritica franca, ser humilde, valiente, audaz y constructivo en el diálogo. Evitar acusaciones, opiniones degradantes y ofensivas entre los distintos sectores de izquierda, progresista y social demócratas.
PERIODO 4.  Hacer una gran alianza estratégica entre el FMLN Y NUEVAS IDEAS Y OTROS SECTORES PROGRESISTAS para crear el proyecto estratégico conque este nyevo movimiento de izquierda aplastara a la derecha en las próximas elecciones.
COMPROMISO. No perder la perspectiva. Entender que lo que importa es impedir que la derecha lleve al pais al retroceso mas desequilibrante y neoliberal de su historia. Entender que el FMLN solo, ira inevitablemente al suicidio. Que NUEVAS IDEAS tiene la inedita y unica oportunidad de unirse y servir de puente (sin rencores ni odios mutuos) para la nueva y gran alianza estratégica. La sociedad civil debera exigir esta nueva actitud de la nueva dirigencia politica. La sociedad civil tiene madurez, disposición, fuerza, organizacion, trayectoria, etc. Se merece una dirigencia con mas madurez y vision.

¡Decime qué se siente! De Ricardo Avelar

Ricardo Avelar, 7 marzo 2018 / El Diario de Hoy

“Brazil, decime qué se siente-e-e”, cantaban los hinchas argentinos a sus archirrivales sudamericanos durante la Copa Mundial de fútbol en 2014. Esto, pues el titán y anfitrión de esta justa deportiva quedó eliminado de forma humillante en las semifinales, mientras que el cuadro albiceleste se coló en la final.

La canción no solo hacía referencia a la intensa rivalidad que ambas naciones tienen en el fútbol. También resaltaba la sorpresa de que Brasil quedase eliminado en un torneo en el que figuraba entre la lista de favoritos. “Decime qué se siente” fracasar cuando creíste que lo tenías todo ganado, seguramente pensaban los aficionados argentinos. Es que no hay nada peor que dar un triunfo por sentado y llevarse una decepción enorme.

Hace unos días, los salvadoreños acudieron a las urnas para elegir a aquellos ciudadanos que los representarán durante los próximos tres años, tanto en el Legislativo como en los concejos municipales.

Horas después del cierre de los centros de votación, los resultados preliminares se empezaron a conocer. Y con estos, los principales temas de conversación. Primero, el elevado descontento con la política tradicional, representado en los crecientes votos nulos. Segundo, cómo algunos han querido hacer un uso político y oportunista de esta opción, pretendiendo posicionarse como los padrinos de algo que siempre estuvo ahí. Tercero, la estrepitosa caída del oficialismo y cómo no hay en el mundo aparato de propaganda que sepa contar una historia positiva al respecto.

Sin embargo, la conversación que prevaleció el día después de las elecciones giró en torno a otro fenómeno: cómo algunas de las personalidades más tradicionales y conocidas de nuestra política se estaban quedando fuera, pues la gente había optado por marcar los rostros de otros candidatos.

Mientras se conocían los resultados preliminares y las plataformas virtuales del Tribunal Supremo Electoral actualizaban las actas, la sorpresa era ver que populares figuras como David Reyes, René Portillo Cuadra o Milena Mayorga (ARENA); Rodolfo Parker (PDC); Cristina López (PCN); Karina Sosa o José Luis Merino (FMLN) quedaban fuera de la Asamblea Legislativa.

Sus puestos parecían estar siendo tomados por un candidatos nuevos, sin mayor experiencia política previa y sin mayores bastiones territoriales. Esto generó, en parte del electorado, opiniones diversas. Por un lado, unos lo veían con escepticismo. Otros, con alegría desmesurada por deshacerse de “dinosaurios”. Y unos más, de forma más analítica, apuntaban a una de las ventajas del voto por cara, el no poder dar un “cargo por sentado”.

Al final del día, y respondiendo a la surrealista naturaleza de nuestros últimos procesos electorales, mucho se debió a un error en la asignación de las preferencias y los sorprendentes resultados iniciales dieron paso a un panorama más previsible: muchos de los candidatos tradicionales sí resultaron electos, pero el sistema le otorgó sus números a alguien más.

Por ende, la legislatura 2018-2021 no resultará tan nueva como se esperaba. Algunos, como Merino o la exatleta López, parece (hasta el momento en que escribo esto) que quedan fuera, pero en su mayoría, los tradicionales permanecen.

Sin embargo, es justo preguntar: “Candidato, decime qué se siente-e-e, haber perdido la curul”. El error de la empresa Smartmatic le hizo saber a algunos políticos lo que se vive cuando una elección es poco previsible, cuando el ciudadano tiene el poder de sacar de su puesto a alguien que parece que lo ocupará de por vida. Esta vez fue un accidente, pero trae algunas lecciones.

Uno de los pilares de las democracias representativas es la incertidumbre electoral, el saber que nadie tiene el gane asegurado y que el voto puede enviar a casa a los que no cumplan y abrir las puertas a alguien más. Ojalá que los “perdedores por un día” hayan tenido tiempo de reflexionar y por un momento se la hayan creído. Ojalá hayan pensado qué los llevó a perder. Y ojalá vean esto como un simulacro. Puede que un día sea real. O cumplen o se van.

Y los que sí quedaron fuera, con y sin el error tecnológico, sepan que no es casualidad: el voto por rostro permitió que los ciudadanos vetaran su propuesta. Ustedes, que quizá dieron por sentado el triunfo, también dígannos qué se siente.

@docAvelar

Carta a los areneros: Cuidado con esta victoria. De Paolo Luers

Paolo Luers, 6 marzo 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimados amigos:
Entiendo su alegría por el resultado electoral del 4 de marzo que les favorece grandemente. Los felicito.

Pero cuidado con el triunfalismo. Viendo bien los resultados, ARENA no ha superado su resultado del 2015. En 2015 ARENA obtuvo 885374  votos para diputados. Ahora, si proyectamos los resultados preliminares con 72% de actas escrutadas al 100%, habrán obtenido 856000 votos para diputados. Igual en las elecciones del alcalde de San Salvador: En el 2015, Edwin Zamora consiguió 82288 votos (contra 89164 de Bukele). Ahora, proyectando los votos de Ernesto Muyshondt al 100% de las actas, llegarían a 86500. Apenas 4000 más, y todavía menos que Bukele en 2015.

ARENA no creció, lo que pasó el 4 de marzo es que el FMLN se desplomó. Ustedes tienen todo derecho de celebrarlo, pero no saquen conclusiones falsas. La conclusión correcta y realista es: Hay una buen noticia y una mala. La buena: ARENA logró derrotar la tesis que es igual al FMLN, y que por tanto el desencanto de la ciudadanía lo afecta igual. No es cierto, y esto para ustedes es buena noticia. El electorado castigó al FMLN, por razones obvias, y no castigó al partido ARENA.

La mala noticia: El partido ARENA todavía no está creciendo. El pueblo no lo castigó, pero tampoco lo premió.

La conclusión de la buena y de la mala noticia: Hay mucho por hacer para construir una nueva mayoría, que en el 2019 permita a ARENA asumir el gobierno. Entonces, celebren el buen resultado, pero no se den la paja que la batalla ya está ganada. La verdadera batalla es en febrero 2019.

¿Cómo ha logrado ARENA derrotar la tesis de que el desencanto de 60% de los ciudadanos con la política afectará por igual a todos los partidos? Hablando mucho de renovación. Con cierta credibilidad, por que de hecho abrió algunos espacios de democracia interna, de debate interna, de renovación. Por ejemplo la contienda interna para elegir a su candidato presidencial. Hoy le toca a ARENA mostrar que va en serio con su renovación y su vocación democrática. Ya no en discurso, sino en hechos.

Hay dos grandes retos en este sentido, y la gente va a observar con qué determinación democrática ARENA los enfrentará. Primero, las primarias para elegir a su candidato presidencial. Ustedes como militantes tienen que garantizar una contienda justa, sin imposiciones, sin manipulaciones, sin verticalismo, con debates francos y de altura – y al final con unidad fortalecida.

El segundo reto: ¿Cómo van a usar durante el año 2018 su nueva fuerza en la Asamblea Legislativa? Si los ciudadanos vemos que la nueva correlación de fuerza en la Asamblea, lleva a ARENA a la prepotencia y a las viejas mañas de pactos legislativos poco transparentes, repartiendo cuotas de poder entre ARENA, el PCN y GANA para forjar un bloque de conveniencia, la próxima vez el electorado los va a castigar, como acaba de hacerlo con el FMLN.

Usen bien su nuevo poder en la Asamblea, y nunca se olviden porqué la ciudadanía castigó al Frente: por prepotencia, por falta de debate franco, por manejar las primarias como farsa, por los chanchullos y pactos oscuros con GANA – y por supuesto, por su incapacidad.

Saludos,

 

Vote, vote, vote. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 4 marzo 2018 / El Dairio de Hoy

El día llegó, hay que ir a votar. Aunque este descontento sea realista, ningún candidato es perfecto y usted no estará de acuerdo en todo lo que proponga. La política no es perfecta, hay avances, estancamientos, retrocesos; pero, en general, hemos avanzado para mejor. Aunque no lo parezca.

Hay que ir a votar porque independientemente decida hacerlo o no, los diputados y concejos saldrán electos este día; es mejor tener algún tipo de incidencia que quedarnos como simples espectadores del rumbo del país. Aquí les resumo por qué hay que ir a votar:

1. Anular el voto no pasa de ser una protesta personal válida, pero sin efectos trascendentales que cambien el ámbito político. Bajo el supuesto que los votos nulos más las abstenciones sean mayores que los votos válidos, la elección tendría que repetirse con los mismos candidatos. No salimos de nada.

2. El cambio en la política de El Salvador no es algo que llegará con un evento específico; se trata de un proceso gradual en el que hay que ir avanzando lo más que se pueda y a pesar de la resistencia que se presente, ya sea en forma de obstáculos que impiden el ingreso de ideas frescas, o también de funcionarios que se aferran al poder porque han convertido su puesto en una forma de vivir cómodamente y no por vocación de servicio.

3. Si queremos que la política cambie debemos empezar cambiando nosotros. Los principales encargados de que las campañas no se basen en fiestas para los niños, retórica, entrega de víveres y regalitos somos nosotros los ciudadanos. Si seguimos confiando en los de siempre, con sus estrategias sin sentido, el país no cambiará. Obliguemos a elevar el nivel de la política, pues las experiencias de años pasados dejan claro que los involucrados no lo harán por voluntad propia. Exijamos más. Votemos por los más preparados.

4. Las supuestas diferencias ideológicas ya no son suficiente para rechazar a alguien solo por el partido al que pertenecen. La forma de actuar de ARENA y FMLN deja en evidencia que en El Salvador la diferencia en términos prácticos entre derecha e izquierda partidarias se va desvaneciendo. Deberíamos preocuparnos por los perfiles de los candidatos y por sus propuestas, más que por el miedo a la bandera. Si vamos a juzgar a alguien que sea por sus propias acciones u omisiones, no por un bagaje histórico del que no tienen culpa. No nos ceguemos por el sesgo a la bandera.

5. El Salvador urge de una transformación del sistema de partidos. En el corto plazo, la solución a esta crisis de representación es que nosotros, como votantes, le demos una oportunidad a los nuevos liderazgos que están surgiendo desde el interior de los partidos. Vote por caras nuevas, pero no por baby dinosaurios.

6. Hay que ir a votar, sino un grupo de impresentables llegarán a alcaldías y diputaciones. Las personas ineficientes, que no han presentado resultados, presuntos corruptos, gente anclada a su puesto que ha hecho de la política una forma fácil de sobrevivir, deben ser relevados. Como voluntariamente no han salido de la política, usted puede negarles el voto y evitar que sigan desgastando las instituciones o aprovechándose del cargo. No se convierta usted en parte de los culpables al votar por gente impresentable. Los ciudadanos a través del voto también somos un filtro para dejar fuera a malos funcionarios.

7. Control de nuestro voto. Tenemos que involucrarnos más allá del día de la elección. El servicio público requiere un escrutinio constante por parte de la ciudadanía y medios de comunicación sobre las decisiones que se toman en asuntos públicos. Si alguien inicia en política prepárese a que le cuenten las costillas. El Salvador ya no es una finca que pueden manejar como quieran, es una república.

8. El sistema se renovará en la medida en que los votantes nos involucremos y pongamos de nuestra parte cambiándolo en las votaciones. Aun con la resistencia que se presente, las viejas ideas tienen que ser desplazadas por un pensamiento fresco, por jóvenes preparados y con propuestas. A nosotros como ciudadanos nos toca colaborar a través del voto. Aproveche la oportunidad, vote, vote, vote.