El país que viene

“El país que viene”. De Teresa Guevara de López

TeresaTeresea Guevara de López, 5 marzo 2017 / EDH

Esta semana tuvo lugar la presentación del segundo tomo del libro “El país que viene” un gigantesco esfuerzo de Diego Echegoyen, quien en el primer tomo presentó los testimonios de una generación de jóvenes comprometidos, que nacieron después de 1980, y tienen el privilegio de ser la generación más formada e informada de la historia reciente.

diario hoyFue la oportunidad de conocer a estos salvadoreños, penetrando en el mundo de sus trabajos, de sus planes y de sus sueños, en el ámbito empresarial y del deporte, al mismo tiempo que exponen su percepción sobre la historia reciente del país, y sus expectativas para un futuro en el que ellos serán los principales protagonistas y las posibilidades de participar activamente en el mundo de la política.

Hay críticas acerbas por ilusiones truncadas, puertas cerradas y pocas oportunidades, con promesas de un cambio que nunca llegó. Muchos de ellos han trabajado en organizaciones de la sociedad civil, intentando participar en el debate político, cuestionándose aspectos vitales como la unión centroamericana, la necesidad de un estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Y nos presenta a valientes emprendedores que lo han arriesgado todo para hacer realidad sus anhelos, recomendando cómo convertir el sueño americano en sueño salvadoreño.

En el segundo tomo de “El país que viene” Echegoyen se impone la tarea de escuchar las voces de 60 jóvenes compatriotas en el exterior, que miran el futuro con esperanza, persiguiendo sus sueños con determinación, sin olvidar a la Patria que los abraza en la distancia. Sus historias demuestran el conocido dicho de que “en cualquier lugar del mundo donde vayas, encontrarás un salvadoreño”, porque desde Abu Dabi, Taiwán, Corea, Japón, Australia, España, Italia, el Reino Unido, México, Chile, Argentina, Canadá, los Estados Unidos, Guatemala, Costa Rica y Panamá, nos transmiten la ruta, a veces trágica, otras sorprendente, que los ha llevado a establecerse en el extranjero.

Conmueve la lectura de estas historias, que son girones de estas jóvenes vidas, que han logrado posicionarse en prestigiosas instituciones, superando muchos la barrera del idioma y viendo coronados sus esfuerzos con premios internacionales. Pero en todos ellos se mantiene viva la añoranza de su tierra, y el deseo de regresar para poner a su servicio los conocimientos adquiridos. Hay deportistas, artistas, escritores de cuentos infantiles, ingenieros en robótica, cocineros, especialistas en manejo del agua, una verdadera riqueza, que aunque lejos, está soñando con regresar.

La presencia de once de los protagonistas despertaron en el público sentimientos de emoción, admiración y respeto ante el coraje y la ilusión que demostraban sus testimonios, pero que hacían surgir una serie de preguntas, de difícil respuestas:

¿Qué puede El Salvador ofrecer a estos jóvenes profesionales, brillantes, esforzados, que en otros países han visto abrirse insospechados horizontes, donde sus conocimientos son herramienta segura que los llevará al éxito como un premio a su esfuerzo?

¿Puede el país abrirles los brazos, y darles espacios de participación en la empresa privada, en el sector público, en la actividad política, o se encontrarán con que las puertas están cerradas, y que la mejor decisión será, luego de hacer un peregrinaje sentimental de playas, lagos y montañas, volver a empacar su bagaje de ilusiones, y volver la espalda “a estos septiembres cuajados de luceros”, derramar unas pocas lágrimas al despedirse de la familia, y volver a engrosar el cada vez más creciente grupo de salvadoreños en el exterior?

Triste panorama de una generación de adultos ingratos e ignorantes, que no hemos sabido apreciar el tesoro que estos jóvenes nos quieren entregar. ¿Puede hacerse algo para recuperarlos?

Pensar en El Salvador del futuro es una tarea seria. De Diego Echegoyén Rivera

El 4 de diciembre publicamos una recensión crítica, escrita por Paolo Luers, del libro “El país que viene”. Le contesta Diego Echegoyén, el impulsor del proyecto  y editor del libro.

Segunda Vuelta

Diego Echegoyen es coordinador y editor de la iniciativa El País Que Viene.

Diego Echegoyen es coordinador y editor de la iniciativa El País Que Viene.

Diego Echegoyén Rivera, 8 diciembre 2015 / EDH

diario hoyLos 40 jóvenes de diversos sectores que escribieron para el libro “El País Que Viene”, plasmaron su historia de vida, sus críticas, aspiraciones y propuestas para El Salvador que vamos a tener en los siguientes años. Se trata de voces propositivas de la generación joven de una nación, donde el 60% de la población tiene menos de 35 años.

En su columna del 4 de diciembre Paolo Lüers lo tilda de aburrido. Pensar sobre El Salvador de los siguientes años es una tarea seria y compleja, ese futuro no se construye con chistes  ni con simple crítica de escritorio. Los salvadoreños hemos aprendido muy bien cómo debemos pensar en nuestro futuro: primero con los pies en la tierra y luego con el sobrado esfuerzo y tenacidad que nos caracteriza. Pensar en quienes vamos a ser es un ejercicio serio, no de diversión.

Unir a 40 mentes diferentes en un libro es un proceso interesante. Que parezca aburrido es una apreciación personal y demuestra el desconocimiento de un proceso de nueve  meses de trabajo y de la apuesta para llevar estas ideas al territorio salvadoreño en 2016.

2015-12-04 09.23.07En esa misma columna aduce al equivocado “uso de la corrección política (political correctness)”. Los salvadoreños estamos cansados de la confrontación y la división. Ya reconocemos defensa ciega de la ideología y de la legitimación política que depende de la aritmética en detrimento del consenso. Valoramos cada vez más el diálogo, las ideas compartidas y el sueño común.

Un libro que confronte solo serviría de almohada para los que añoran los tiempos de la guerra. El adecuado diálogo junto con el conocimiento y la creatividad son elementos claves para un país que camine unido. He aquí una regla no escrita de la práctica democrática: Las formas y el fondo son igual de importantes.

“Demasiado ceremonioso; demasiado bien adaptado a los códigos del poder y los padrinos.” Transformar El Salvador que tenemos para convertirlo en El Salvador que queremos pasa por el diálogo intergeneracional. Tenemos tantas cosas buenas que aprender de hombres y mujeres intachables que han aportado, y desde su juventud vieron el país que venía. El relevo generacional es inminente, pero sin la sabia de los adultos, la generación joven solamente será un ensayo. Reconocer el legado es una actitud responsable de las nuevas generaciones.

La falta de atrevimiento de “provocar y expresar rebeldía y los autores que no tienen nada que decir más que contar sus vidas.” Este país que queremos lo vamos a construir entre todos. Qué lamentable es considerar una condescendencia intelectual el que un salvadoreño cuente su historia de éxito. En el florido lenguaje del populismo, provocar y ser rebelde es una buena señal, pero si aspiramos a una nación fuerte y posicionada en el mundo, debemos promover las ideas disruptivas que nos permitan crecer, no las que nos dividan. Cada historia cuenta.

“Sin la clara confrontación de ideas nunca surgen acuerdos o visiones comunes sostenibles.” En el desmesurado mundo de la crítica y el humor negro seguramente solo se pueden defender las ideas con la provocación y la confrontación. El país al que los jóvenes aspiramos debe estar lleno de coincidencias y diálogos.

Extraña el “Espíritu combativo y la irreverencia necesaria.” Definitivamente el Sr. Lüers y yo coincidimos en que se debe renovar la política pero discrepamos en cuál debe ser la actitud de los jóvenes ante este reto. Él apela al combate y la confrontación, reniega del dialogo respetuoso y las coincidencias.

Parece que conocemos a distintos salvadoreños. Yo conozco jóvenes con ganas de oportunidades, con ganas de aportar proactivamente. Algunos se equivocaron y quieren una segunda oportunidad, a ellos también les conozco. ¿Qué jóvenes conoce usted?

Los autores “No son aventureros que se arriesgan para construir su propio futuro.” Los jóvenes que escriben El País Que Viene son un claro ejemplo como muchísimos más salvadoreños, que sí están labrando su propio camino. Con aporte en el libro inspiran a la juventud salvadoreña. Ellos han vencido muchas barreras para salir adelante. Han arriesgado y han demostrado su gran talento, tacharlos de lo contrario es solamente un vicio de crítica.

Si caemos en la falsa necesidad de imponer ideas a la fuerza para construir el futuro, estaremos replicando la década pérdida de los ochenta, esa que nos separó.

El consenso y el disenso deben tener reglas claras en un país en democracia. Un país dividido solo beneficia a los mercenarios, a los que añoran la vieja política y a los que viven de los retoños grises de la verdad absoluta.

El País Que Viene es un primer esfuerzo de unir las voces de la generación joven. Por algo hay que empezar para reformular cómo pensamos en el futuro de nuestro país.

El Salvador del futuro se va a construir con la pasión y la energía de los jóvenes, no con la confrontación y la división.

@elpaisqueviene

Que no sea aburrido el país que viene. Columna transversal de Paolo Luers

paoloPaolo Luers, 4 diciembre 2015 / EDH

diario hoy¿Adónde está la rebeldía? Con el permiso de todos los autores de “El país que viene” (muchos de los cuales son mis amigos): Me parece muy aburrido el país que según ustedes viene.

En este libro que unos 40 jóvenes presentaron todo es muy correcto, pero tengo que confesar: Me costó leerlo. Se expresan respetando el código del “political correctness”, incluso los que están totalmente equivocados. El libro no pasó el test: Yo solamente leo de noche, y cuando los libros son aburridos, me duermo. Cuando me fascinan, me desvelo…

Leyendo el libro me invadió la misma sensación que tuve cuando vi las fotos y los videos del acto de su presentación: demasiado ceremonioso; demasiado bien adaptado a los códigos del poder. ¿Por qué un libro que pretende anunciar el país que viene se presenta en un hotel, en vez de nacer en una universidad o en un centro deportivo en Soyapango? ¿Por qué los jóvenes del país que viene, para entrar en sociedad, necesitan de padrinos del país que tenemos? Los padrinos: Hugo Martínez, el canciller; David Escobar Galindo, el firmante de paz; Margarita Escobar, la excanciller y diputada; Erlinda Handal, la viceministra de Educación; Lorena Peña, la presidenta de la Asamblea. Ahí están en el libro, llenándolo con cinco (!) prólogos y con ideas del país que ya tenemos y ahí estuvieron en la presentación. ¿Quién tiene ganas de leer un libro con cinco ceremoniosos prólogos, y quién tiene ganas de ir a un evento con tanto discurso?

Y, precisamente, así es el libro. Hay muy pocos entre los 40 autores que se atreven a provocar, a marcar rupturas, a expresar rebeldía y hartazgo, a formular ideas fuera del “mainstream”. Los de izquierda, casi todos, hablan como si fueran miembros de la Comisión Política del Frente. Cero distancia, cero atrevimiento. Y los de derecha, hablan como si no fueran de derecha. No tienen amarre partidario, pero si amarre a los códigos de lo “políticamente correcto”, aunque con un toque liberal. Todos “nice” – por Dios, evitemos la confrontación y la polémica. Y hay otros (de derecha, de izquierda y asépticos) que no manejan este discurso, pero que simplemente no saben escribir o no tienen nada que decir más que contar sus vidas. Es una lamentable actitud de condescendencia intelectual incluirlos en el libro.

El libro nos muestra nuevamente que sin la clara confrontación de ideas nunca surgen acuerdos o visiones comunes sostenibles que valgan la pena. Es el privilegio de los jóvenes provocar, confrontar, defender sus ideales con pasión. No encontré ni una onza de pasión en este libro, solo mesura, racionalidad, madurez. Me niego a creer que en esta generación no existan sueños ni utopías.

Los jóvenes que se expresan en el libro parecen tener una gran prisa de convertirse en adultos y entrar en los pasillos del poder. Para hacer esto, dejan afuera del salón sus pasiones, su rebeldía, y con esto su fuerza y creatividad…

Esto no significa que no hay ideas buenas en el libro. Muchos de estos jóvenes, al asumir el liderazgo social y político, estarán bien preparados para su rol. Se puede esperar buen rendimiento de ellos. Lo que no se puede esperar, por lo menos no si este libro es representativo de la generación que viene, es espíritu combativo y la irreverencia necesaria para renovar la política.

“El país que viene” parece una iniciativa de profesionales que aplican a posiciones de junior en las respectivas firmas de sus papás (sea ALBA o Banco Agrícola, FMLN o ARENA), no un movimiento para desplazar a la generación que manejó el país en la guerra y la postguerra y que ahora no sabe adónde llevarlo. No son aventureros que se arriesgan para construir su propio futuro.

Casi todo lo que digo en esta recensión del libro suena terriblemente injusto, porque sé bien que en muchos de los 40 jóvenes hay bastante rebeldía, pasión y ganas de retar al país que tenemos y su “establishment”. Solo que no lo  expresaron en el marco de esta iniciativa y bajo este manto de lenguaje correcto que caracteriza el proyecto “El país que viene”. El hecho que la confrontación de la generación que ahora lidera el país es demasiado estéril, no puede llevar a los jóvenes a pensar que la confrontación de ideas (e ideológica) sea mala y que haya que sustituirla por la permanente búsqueda de consensos. Lastimosamente la mayoría de los autores cayeron en esta trampa del proyecto “El país que viene”.

Es cierto, esto lo que vemos en el libro es el país que viene, simplemente por el relevo generacional biológico. Todos ellos van a ser parte del poder de mañana. Merecidamente, porque se portaron bien.

Pero estoy convencido que habrá otro país que vendrá de otra manera, no tan suave y elegante y bien educado, sino molestando, haciendo desorden, tomándose los espacios que necesita para transformar el país. Dentro de esta generación, y dentro de muchos de los 40 autores, hay una generación no tan adaptada, no tan ansiosa de convertirse en “establishment”, más dispuesta al disenso. Esto será el país que no simplemente vendrá, sino que irrumpirá.

A los salvadoreños que nacieron después de 1980. De Diego Echegoyen

Haber nacido entre 1980 y 2000 nos convierte en jóvenes con una vida inconclusa y cualquier idea cabe. Somos permeables, abiertos y con una necesidad natural de respuestas, somos de gustos nuevos y protagonistas de historias que se pueden extender por la red de manera infinita. No se nos puede negar el apodo de hippies, hipsters, muppies, millenials o yuppies: somos jóvenes, somos salvadoreños. 

Diego Echegoyen es coordinador y editor de la iniciativa El País Que Viene.Diego Echegoyen, 21 octubre 2015 / EDH

Nuestra juventud está en un punto de inflexión. Somos un país joven. Cerca del 30 % de la población salvadoreña tiene menos de 29 años; somos testigos de una realidad abrumadora: 60,000 jóvenes son miembros de las maras.

Con el promedio de muertes diarias que tenemos, pedir que hagamos brillar nuestro optimismo podría considerarse un abuso, pero ¿no somos los jóvenes los que cruzamos fronteras físicas e imaginarias con la fuerza y frescura de la juventud? ¿Acaso no somos nosotros los intrépidos, los fuertes, los que se nos permite equivocarnos? Sí. Seamos optimistas.

No permitamos que la ceguera intelectual vacíe la sabia de nuestro importante tránsito por esta tierra con olor a pino y sabor de horchata. Que no destruya el contenido de nuestros aportes, que no desaparezca nuestra capacidad de hacer, que nuestro sueño más profundo encuentre satisfacción en las buenas ideas, el diálogo y la visión del futuro.

Todo lo que pensemos, repensemos y hagamos como jóvenes repercutirá en quienes seremos como nación en los siguientes 20 años.

EL-DIARIO-DE-HOY-LOGODebemos apostar por un crecimiento intensivo basado en la creatividad y el conocimiento; un país grande y con oportunidades para todos, se logrará en la medida que apostemos por escuchar y no atacar a  personas y debatir propuestas. Debemos poner por delante la capacidad inventiva de los salvadoreños y dibujar juntos el país al que aspiramos.

Necesitamos tener la convicción de que se puede tener éxito y que en El Salvador hay oportunidades. Requerimos tener referencias positivas, y si no las hay, ¡construyámoslas!

¿Cómo motivar la sana ambición y las ganas de estar mejor? Esa pregunta debería ser una materia en las escuelas y una estrategia presidencial obligatoria.

Apoyemos al “diferente” de la clase, incentivemos al maestro que hace las cosas distintas. Humillemos el miedo, avergoncemos la tristeza.

A cada generación le ha correspondido tomar decisiones, apretarse el cinturón y ver hacia el futuro. En este tiempo también hay personajes como Claudia Lars, Roque Dalton, Alfredo Espino, Prudencia Ayala, Salarrué, Matilde Elena López… La diferencia es que los talentos contemporáneos pasan inadvertidos, y plasman su aporte a nuestra cultura desde el asiento de un bus, en las praderas de San Pedro Nonualco, o en las arenas de la Barra de Santiago.

A nadie le interesa más este extraordinario pedazo de tierra que a nosotros los guanacos, los alegres, los trabajadores, los chiquitos, los trigueños… Nadie va a venir a contarnos nuestra historia, somos los únicos responsables y los únicos que podemos comprometernos.

Lograr el país que queremos solamente es posible si la juventud suma ideas y las convierte en proyectos y plataformas incluyentes. La desconexión entre la realidad y la agenda política-pública debe abastecerse de savia nueva. Este país necesita jóvenes líderes comprometidos con su generación y con el futuro, no con la ideología política.

Se acerca una batalla de ideas y no es contra compañeros o contra hermanos. Es contra nosotros mismos. Frente a los desafíos y demandas de la realidad actual se hace indispensable contar con una dosis de ánimo propositivo que solamente nuestra energía puede dar.

Reneguemos de la irresponsabilidad que significa ver pasar la vida. Aferrémonos a los ideales y transformemos nuestra vida. Para construir, reconstruir y deconstruir este país se hace necesario hacerlo, primero, en nuestro interior.

En 20 años, cuando nos releven los jóvenes nuevos, sabremos responder a ¿qué hiciste por este país?

No matemos a nuestros hijos. Salvemos a nuestros nietos.

@diegoechegoyen

¿Cómo es el país que viene? De Ricardo Avelar

En cualquier momento, a un joven interesado en el desarrollo democrático o la ejecución transparente de políticas públicas para el beneficio de un país le podría surgir una incómoda pero importante pregunta: ¿Cómo es el país que viene? 

ric avelar

Ricardo Avelar es director ejecutivo de CREO

Ricardo Avelar, 21 octubre 2015 / EDH

Digo incómoda porque esta pregunta es todo menos impersonal. Al efectuarse esta interrogante, el joven adquiere un tácito compromiso de ubicarse a sí mismo en el centro de la respuesta, no como un mero espectador de un futuro incierto sino como el arquitecto de eso que anhela para su país.

En El Salvador, un joven se cruzó con esta pregunta hace algunos meses. Seguramente, al ver la magnitud de la respuesta que se le abalanzaba, notó que responderla no era algo que pudiese hacer solo. Diego, a quien así llamaremos, pudo haberse llenado de lugares comunes e ilusiones, respondiendo una fantasía para calmar su propia incertidumbre sobre el país que se avecina.

Sin embargo, optó por tomar el camino más largo y complejo: haciendo uso de una robusta red de contactos, invitó a un grupo de treinta y tantos jóvenes, entre líderes de opinión, empresarios, políticos, artistas y deportistas, para ayudarle a construir esa maqueta de El Salvador y dejarla plasmada en el libro “El país que viene, lo que opinan los jóvenes”. Este no solo servirá de reflejo o fotografía del momento actual, sino como una carta de navegación para un futuro donde dejamos de pedir cambios y los construimos nosotros.

Cuando Diego me contactó hace unos meses para ser uno de los autores de este litro, además de una profunda emoción, dentro de mí  surgió una enorme dicotomía: Por un lado, quería narrar una historia bella, con hidalgos ciudadanos que construyen patria responsablemente, haciéndose cargo de sus decisiones, vigilando a sus funcionarios y protegiendo la gestión de la cosa pública para el exclusivo beneficio del país y no de intereses particulares o pequeños saqueadores.

EL-DIARIO-DE-HOY-LOGOPor otro lado, sentía que esa era una historia incompleta, sin una base firme. El Salvador está en problemas, y no lo digo únicamente por los altos índices de violencia, el estancamiento económico, la pasividad de las autoridades o las excusas que adornan el relato oficial. La gran crisis de nuestro país no reside en el sector público, por décadas acostumbrado a hacer un uso arbitrario y opaco del poder, sino en su ciudadanía.

En medio de la crisis y una que otra divagación, concluí que esa gran dicotomía es lo que dibuja a El Salvador en el presente: por un lado, una generación vibrante y constructora de innovación, solucionando necesidades de forma sostenible para más salvadoreños y ganando una gran independencia en el camino. Por otro, sin embargo, una ciudadanía incapaz de fiscalizar por completo al poder político y una torpe polarización que nos impide ver el amplio espectro de la corrupción en el país.

Vivimos en un país confundido, en una especie de Doctor Jekyll y Señor Hyde a nivel nacional. A veces despertamos con esperanzas y otras tantas, con un sentimiento de histeria y cinismo, como si no fuéramos a ninguna parte.

Es precisamente ese punto donde el aporte de Diego es clave para responder la pregunta de El Salvador que viene: es uno que se reconoce a sí mismo, con sus limitaciones y también sus oportunidades. Es uno que no pretende contar una versión ideal de su coyuntura, pero tiene ánimos de cambiarlo sin pedir permisos. Es una ciudadanía que no ha terminado de despertar, pero definitivamente ya no está dormida. Es, al fin y al cabo, un El Salvador donde los corruptos y quienes les defienden lentamente se irán quedando marginados.

P.D.: Al líder del proyecto le asignamos su nombre real, pues su trabajo merece ser destacado y replicado a lo largo de la región. Gracias Diego Echegoyén por la amable consideración en tan importante proyecto que la próxima semana verá la luz.