Daniel Ortega

Carta a los nicas: Al fin rebalsó el vaso. De Paolo Luers

21 abril 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Queridos amigos nicaragüenses:
Durante años, los Ortega hicieron cuentas alegres que en Nicaragua ya no quedaba ni rastro de oposición. Tenían razón: Vencieron toda la resistencia de las instituciones que supuestamente controlan el poder, y relegaron a los partidos políticos a la irrelevancia. Pudieron instalarse en el poder como pareja feudal, Daniel Ortega casi ausente, su esposa Chayo Murillo ejerciendo el poder.

De repente, cuando nadie lo esperaba, estalló una ola de protestas que obligó a los Ortega a soltar su aparato represivo. Ya son 4 días seguidos que, a pesar de antimotines golpeando a estudiantes y amas de casa y dejar docenas de heridos y 5 muertos, no logran desarmar las protestas. Hicieron un movimiento falso con el Seguro Social, aumentando las cuotas y bajando los servicios – y el vaso derramó. Y como el régimen ha cerrado todos los canales ‘normales’ e institucionales de oposición y control ciudadano, la protesta inmediatamente se vuelve callejera y violenta. Los jóvenes derrumban y queman los odiosos símbolos de la pareja imperial: las omnipresentes vallas con los pensamientos de Daniel y Chayo y los árboles artificiales de colores que la primera dama mando a instalar en toda la capital. Y como esto es equivalente a sacrilegio, la respuesta de la Policía Sandinista inmediatamente es represiva.

Es una movilización espontánea, sin líderes, sin organización – y el aparato represivo del Estado no sabe cómo enfrentarla sin fuerza letal. Es como echar gasolina al fuego.

No sé en qué va a terminar este enfrentamiento entre ciudadanos y gobierno. Hay quienes sueñan con otra insurrección nicaragüense. Tal vez no va a llegar a esto, seguramente no lograrían derrumbar al gobierno, pero lo que ya está derrumbado es el mitos del sandinismo como movimiento popular y de su control absoluto sobre una ciudadanía impotente.

Lo más seguro es que el régimen del clan Ortega-Murillo, que ha privatizado al Frente Sandinista, va a sobrevivir esta movilización ciudadana. Tienen el aparato, tienen las armas, y tienen la voluntad de usarlas contra su pueblo. Pero de todos modos, estamos viendo el comienzo del fin de este régimen anacrónico.

Una vez que el espíritu salió de la botella, no habrá manera de volver a meterlo. Medio lo lograron luego de la represión contra los campesinos que protestaron contra el proyecto del canal interoceánico y la expropiación de sus tierras, pero luego de esta nueva escalada de represión violenta no hay manera que en Nicaragua no surja una nueva oposición que va a seguir desafiando al sandinismo corrupto.

Enhorabuena.

Los nicas dijeron: Basta. Ya era tiempo que se vuelva a despertar la revolución nicaragüense…

Saludos,

Los empresarios, ¿cómplices o rehenes de Ortega? De Carlos Fernando Chamorro

Carlos Fernando Chamorro, periodista nicaragense. Ex-director de Barricada, el órgano oficial de los sandinistas en los años 80. Hijo de Pedro Joaquín Chamorro, editor de La Prensa asesinado en 1978 por los somozistas, y de Violeta Chamorro, ex-presidenta de Nicaragua

Carlos Fernando Chamorro, 11 mayo 2017 / EL FARO

Vamos en un tren de alta velocidad, sabemos que al final del túnel hay una pared y que podemos estrellarnos, quizás en una semana, en un año, o en cinco, pero mientras el rey nos permita hacer negocios e inversiones, vamos bien.”
Un empresario nicaragüense.

En los corrillos de los grandes empresarios nicaragüenses es común escuchar esta clase de comentarios sobre la paradoja que representa el régimen de Daniel Ortega en su relación con la élite económica. Se respira un genuino clima de entusiasmo —primero fue una sensación de alivio, después vino el acomodamiento, y finalmente la celebración de grandes oportunidades de negocios— ante un Gobierno autoritario que permite y fomenta la inversión privada, incluida la de la familia gobernante y sus allegados. Pero al mismo tiempo se percibe el temor y la incertidumbre que emana de la naturaleza de un régimen de fuerza, que está basado en el poder absoluto del caudillo y su discrecionalidad para premiar y castigar, sin ninguna clase de contrapesos.

La resultante de estos dos impulsos contrapuestos es una actitud de extrema prudencia y autocensura para evitar cuestionar los atropellos del régimen. “Claro que hay una gran corrupción, pero yo no voy a hablar de eso en público, porque me pueden caer”, me explicó, justificándose, uno de los pesos pesados del sector empresarial. El debate público que hace una década transcurría en el parlamento, en las universidades y en los medios de comunicación, ha sido sustituido por el monólogo oficial de la vicepresidenta del Gobierno y esposa de Ortega, Rosario Murillo. Mientras tanto, la diversidad de voces del sector privado se ha reducido cada vez más a la vocería de las cámaras empresariales que ejerce el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri.

El corporativismo, ayer y hoy

He leído con atención la serie de tres artículos publicados recientemente en La Prensa de Nicaragua por el presidente del Cosep: “ El corporativismo y los tres diálogos (1 y 2)” y “El modelo Cosep”, en los que resume su visión, que aparentemente cuenta con la bendición de influyentes líderes empresariales, sobre la actual confluencia de intereses entre el gobierno nicaragüene y el sector privado. Aguerri se propone descalificar el concepto de corporativismo que se ha utilizado para caracterizar la naturaleza de la alianza económica de los grandes empresarios con un Gobierno autoritario —sin democracia, transparencia, ni rendición de cuentas— como si se tratara de un mote o un adjetivo peyorativo.

Pero la descripción que hace sobre cómo funciona el autollamado “modelo Cosep”, encaja cabalmente en lo que históricamente ha sido conocido como corporativismo, aunque sea con las particularidades nicaragüenses: es un sistema cerrado, excluyente, de intermediación directa, en el que la cúpula del sector privado comparece como único actor en representación del resto de la sociedad a negociar los asuntos económicos con el Gobierno, y los acuerdos se convierten posteriormente en leyes, endosadas por un parlamento que no tiene poder de deliberación porque está totalmente sujeto al Ejecutivo.

En la tradición de las ciencias políticas, el corporativismo es un régimen político no democrático en el que el Estado, encarnado en el líder máximo a la cabeza de su partido hegemónico, confiere a determinados grupos —asociaciones de empresarios, sindicatos, y militares, principalmente— el monopolio de la representación de sus intereses y del resto de la sociedad, estableciendo roles y normas jerárquicas. El sistema provee un orden social, pero no hay Estado de Derecho, ni autonomía de la sociedad civil, y menos aún competencia política democrática. En una palabra, no hay democracia y tampoco se tolera una verdadera oposición que represente la posibilidad de alternabilidad en el poder.

La semana pasada, el comandante Ortega proclamó su propia versión del corporativismo a la nica ante una importante asociación iberoamericana de empresarios, cuando dijo: “Aquí somos un solo gobierno, trabajadores, empresarios y el Estado”. En realidad, su definición carece de originalidad. El corporativismo tiene su acta fundacional más conocida en la primera mitad del siglo XX, bajo el régimen fascista de Mussolini en Italia, mientras en América Latina proliferó en Brasil —Getulio Vargas—, Argentina —Juan Domingo Perón—, y México, con la particularidad de que en sus siete décadas en el poder el PRI impuso el principio de la no reelección absoluta. Los teóricos de la transición democrática en América Latina en los años 80 y 90, entre ellos Juan Linz, Guillermo O’Donell, Philippe Schmitter, y Larry Diamond, estudiaron a profundidad las múltiples variantes de este fenómeno que parecía superado, aunque resurgió con nuevos bríos con el “socialismo” bolivariano de Hugo Chávez y su régimen cívico-militar, mientras Ortega implementó la versión pragmática, no estatizante, en alianza con el gran capital privado.

Algunos politólogos y analistas internacionales que aún prestan atención a Nicaragua —Michael Shifter, David Close, Salvador Martí, Richard Feinberg, entre otros— han ensayado diferentes definiciones sobre el nuevo régimen de Ortega: “dictadura institucional”, “caudillismo tradicional”, “capitalismo de compadres”, o “autoritarismo competitivo”. En Nicaragua, el economista José Luis Medal precisó su especificidad como un régimen “corporativista autoritario”, que se basa en la concentración del poder y la anulación de las instituciones democráticas. Medal reconoce la importancia del diálogo que debe existir entre el sector privado y el gobierno sobre temas económicos y políticas públicas, y el fomento de iniciativas público-privadas, pero advierte sobre el riesgo de que se produzca una captura de los intereses del Estado por los grandes grupos empresariales, cuando las leyes más importantes del país, como la seguridad social, la reforma tributaria, o la ley de bancos, se negocian y se deciden en solitario entre el gobierno y el Cosep, al margen de toda rendición de cuentas institucional.

Ese ha sido el patrón dominante desde 2009, el momento de mayor ilegitimidad política del régimen después del fraude electoral municipal de 2008 y la represión contra la oposición, cuando bajo la presión de la crisis económica internacional Ortega abrazó la alianza con los grandes empresarios. El “modelo” pretende justificarse apelando a los resultados económicos obtenidos en los últimos años en los índices de crecimiento económico, exportaciones, y atracción de inversión extranjera.

Pero lo que no se dice es que los Gobiernos democráticos del período 1990-2006, específicamente los de Violeta de Chamorro y Enrique Bolaños, sentaron las bases del crecimiento económico sin liquidar las instituciones democráticas. Por el contrario, promovieron un desarrollo institucional que ahora ha sido demolido por Ortega. Entonces, lo que el país debería debatir ahora no son únicamente los déficits estructurales que prevalecen en la economía a corto plazo —pobreza masiva, desempleo, desigualdad, educación deficiente, falta de competitividad, exoneraciones fiscales, informalidad, baja productividad, y una matriz exportadora arcaica— sino, además, el costo de oportunidad de la dictadura a largo plazo.

¿Cuánto le costará a Nicaragua restablecer las instituciones democráticas, que han sido capturadas por el autoritarismo? ¿Se podrá transitar de forma pacífica por la vía electoral, o nos tocará vivir el infierno de la Venezuela de Nicolás Maduro? O visto desde la perspectiva del uso de los recursos más escasos: ¿cuál es el costo económico y social de un régimen político autoritario, que ha desviado centenares de millones de dólares de forma inescrupulosa e ineficiente al pozo sin fondo de la corrupción?

Corrupción, transparencia pública, y la prensa independiente

Es impresionante como Daniel Ortega ha logrado instrumentalizar a los empresarios. Nos está usando a todos, porque nosotros también tenemos negocios en Nicaragua y nos va bien, pero somos rehenes.”
Un empresario centroamericano.

Una nueva ola de lucha contra la corrupción pública y privada ha inaugurado tiempos de esperanza en América Latina. La huella dejada por las coimas millonarias del consorcio brasileño Odebrecht, el renovado impulso a la lucha contra el lavado de dinero, la beligerancia de la sociedad civil y la prensa independiente, con el respaldo de instituciones estatales autónomas, están produciendo resultados palpables en muchos países. Se trata no solo de una cruzada ética y moral, para afianzar el principio de cero tolerancia contra la corrupción, sino además de devolverle al Estado y a los ciudadanos el dinero esquilmado al erario público.

En Centroamérica tenemos ejemplos concretos en El Salvador, Honduras, y Guatemala, en los que los movimientos ciudadanos y las instituciones públicas —Fiscalía, Cortes de Justicia, e instituciones supranacionales como la Cicig— han trazado una gruesa línea roja contra la corrupción.

En Nicaragua, en cambio, predomina un silencio sepulcral, y no es porque no exista una corrupción desenfrenada, ampliamente denunciada por la prensa independiente mientras Transparencia Internacional ubica al país entre los más corruptos de América Latina, solo después de Venezuela y Haití. Las encuestas de Funides revelan que la corrupción es una constante preocupación para el clima de negocios que demandan los empresarios. La transparencia cero y la anulación del principio de rendición de cuentas también forman parte integral del modelo corporativista autoritario de Ortega. Son reglas impuestas por las vías de hecho, a través de la demolición de la autonomía de la Contraloría, la Fiscalía, la pérdida total de independencia del Poder Judicial, el tráfico de influencias institucionalizado, y el irrespeto flagrante a la Ley de Acceso a la Información Pública.

A pesar del cerco de silencio, en Confidencial hemos documentado exhaustivamente la danza de los petrodólares, y cómo se ha producido el desvío ilegal de más de cuatro mil millones de dólares en cooperación estatal venezolana hacia canales privados, a disposición de la familia presidencial. El 62% de estos fondos, según los reportes presentados al Fondo Monetario Internacional, se destina a actividades lucrativas bajo la cobija del consorcio Albanisa. Se trata de centenares de millones de dólares en recursos que debieron haber sido destinados a obras de infraestructura productiva o social, pero terminaron en manos de una pulpería de negocios privados, en la que igual se compran canales privados de televisión y radioemisoras, que hoteles o inversiones agropecuarias, sin ninguna racionalidad económica excepto la ambición de la élite gobernante.

Nuevamente, el país debería debatir cuál es el costo de oportunidad de la corrupción bajo una dictadura y preguntarse ¿cuál habría sido el impacto de invertir ese fondo millonario del patrimonio nacional en mejorar la calidad de la educación?

Aparte del costo de oportunidad de haber utilizado estos recursos con eficiencia económica y social, el país está pagando un alto costo directo proveniente de las operaciones de Albanisa. Con los fondos de la cooperación venezolana, el consorcio se ha convertido en la fuerza más poderosa del sector energético: es el principal generador, el transmisor, y el comercializador, como dueño de facto de Disnorte y Dissur. Mientras el vicepresidente de Albanisa, el ingeniero Francisco “Chico” López ejerce una suerte de cargo de súper ministro de energía, el conglomerado controla la regulación y la formulación de políticas, incluída la matriz de expansión para los próximos años. Esto significa que no hay licitaciones públicas de nuevos proyectos, sino que el consorcio se los adjudica de forma automática.

Los fondos venezolanos han generado un monumental conflicto de intereses, como es el control total desde Albanisa, como un solo eje de poder —público y privado, de acuerdo a la conveniencia del momento— de todas las instancias del sector energético. Como resultado, las tarifas no bajan y el país tampoco puede importar energía barata de países vecinos, que en muchas ocasiones presentan excedentes. En el balance final las empresas, los productores y el país entero está perdiendo competitividad por el alto costo de la energía que se deriva de los intereses financieros de Albanisa en colusión con las instancias de Gobierno que controla.

Lo sorprendente es que el tema de la corrupción está fuera de la agenda de desarrollo del Cosep. Entre los cinco ejes de desarrollo estratégico y las 51 líneas de acción definidas en la Agenda 2020 para mejorar el entorno de negocios, no se registra una sola vez el tema de la transparencia pública. Tampoco se menciona la lucha contra la corrupción o la inacción de instituciones encargadas de esta materia como la Fiscalía, o la Contraloría. Únicamente en el punto cinco del Decálogo Democrático, se consigna que “las licitaciones deben realizarse bajo procesos transparentes y públicos”. ¿Es esta una reacción defensiva para proteger a las empresas privadas frente a los intereses de la élite gobernante en las licitaciones, o acaso es parte de un programa para promover la transparencia? Cualquiera que sea su motivación verdadera, es una declaración necesaria pero insuficiente para poner en agenda y prevenir el cáncer nacional de la corrupción.

¿Y qué pasa cuando la corrupción hace colapsar el sistema desde adentro? ¿Existen acaso mecanismos correctivos? En julio del año pasado, por ejemplo, estalló un escándalo mayúsculo de corrupción en la Empresa del Aeropuerto Internacional (EAAI), una de las 58 instituciones públicas en las que existe representación de delegados de las cámaras del Cosep. El gerente de la EAAI, Orlando Castillo Guerrero, fue intervenido en el cargo, incluida la ocupación de sus residencias particulares y la toma de sus empresas familiares, presuntamente para investigar las operaciones anómalas de tercerización que realizaba en el aeropuerto la empresa Anyway Travel, originalmente vinculada a un hijo de la pareja presidencial, que opera como delegado plenipotenciario en los asuntos de Gobierno. Lo insólito es que la investigación en la empresa pública no la condujeron la Policía ni el Ministerio Público, sino operadores particulares del presidente Ortega, como si se tratara de un asunto de familia y no una cuestión de Estado. Al final, Castillo fue destituido del cargo y sustituido por otro funcionario, pero la investigación quedó sepultada en la impunidad, ante la indiferencia o incapacidad de los representantes del Cosep.

Cuando se derrumba el sistema institucional de rendición de cuentas, como ha ocurrido en Nicaragua, a la prensa independiente le toca jugar un rol extraordinario para promover la transparencia. Los periodistas no pretendemos ni podemos sustituir a los policías, jueces y contralores, que no cumplen con su obligación legal, pero la fiscalización del poder público y privado exige revelar lo que otros callan y generar una opinión crítica para promover el debate público.

En esa labor hemos contado con el apoyo tanto de funcionarios públicos honestos como de fuentes privadas, que comparten el compromiso a favor de la transparencia. La respuesta del régimen y su estrategia de “información incontaminada” ha sido erigir una política de acoso contra la prensa independiente que combina diversas formas de represión, exclusión en el acceso a las fuentes informativas, e intimidación, que va desde el espionaje y las presiones económicas, hasta la prohibición absoluta de anuncios publicitarios del sector público. En los últimos meses han surgido también voces intolerantes en el sector empresarial que han llegado al extremo de abogar por que la empresa privada deje de anunciarse en medios que critican el corporativismo autoritario y demandan transparencia. Afortunadamente son casos aislados, sin eco, de extremistas que no representan la diversidad y pluralidad del sector privado, en el que predomina un compromiso con los valores democráticos, empezando por la tolerancia y el respeto al papel profesional, independiente, y crítico de la prensa.

¿Es replicable el “modelo Cosep” en un régimen democrático?

El presidente Daniel Ortega es una persona muy inteligente. Yo le comenté que para los empresarios es muy importante el respeto al Estado Derecho y las instituciones democráticas, para lograr un buen clima de negocios. Él no me dio ninguna opinión sobre eso y más bien habló sobre otra cosa, pero estoy seguro de que escuchó y entendió lo que yo estaba diciendo.”
Un empresario de América del Sur.

La publicación el año pasado del Decálogo Democrático del Cosep fue acogida positivamente como un paso importante para poner en primer plano la importancia de la institucionalidad democrática para el desarrollo nacional. Pero una mera declaración de principios que han sido demolidos y siguen siendo violados de forma sistemática por el régimen de Ortega, no basta para mover la agenda del cambio democrático. Tampoco es cierto, como lo demuestra nuestra propia historia bajo el régimen de Somoza, que “haciendo crecer la economía, hacemos crecer la democracia”, como alega el presidente del Cosep.

Todos los estudios sobre desarrollo económico demuestran que la economía puede alcanzar altas tasas de crecimiento bajo regímenes autoritarios, sin que esto desemboque en democracia y, peor aún, sin garantías de sostenibilidad a largo plazo. El camino de la construcción democrática es tortuoso y demanda la existencia de fuerzas sociales y actores democráticos comprometidos con la creación de instituciones, que tarde o temprano representarán un contrapeso al poder autoritario.

Paradójicamente, aunque a primera vista contradice sus intereses de corto plazo, es en el interés de los grandes empresarios propiciar el desmontaje gradual del corporativismo autoritario, si de verdad tienen un compromiso con la estabilidad y el desarrollo sostenible del país. No se trata de que los gremios empresariales sustituyan a la oposición política o que renuncien al diálogo con el Gobierno. Por el contrario, es imperativo mantener y ampliar el diálogo con el poder para que sea inclusivo y le devuelva a la sociedad el derecho al debate público. Para empezar, urge establecer límites para frenar los abusos de poder, denunciar la corrupción y demandar que se investigue y se castigue, y terminar con las “misas negras” en que se deciden las leyes, restableciendo la transparencia pública.

El trueque entre ventajas económicas ahora e inestabilidad política mañana es un mal negocio a largo plazo. Los grandes empresarios están obligados a poner su propia cuota de transparencia y abrirse al postergado examen sobre el rendimiento de los subsidios y las exoneraciones fiscales que superan los 700 millones de dólares, equivalente a más del 7 % del Producto Interno Bruto. Cada año, el gobierno incumple su propia ley y no presenta la evaluación del rendimiento de las exoneraciones, ni ha formulado una propuesta para reducirlas, a pesar de las advertencias del mismo Fondo Monetario Internacional sobre la urgente necesidad de generar un colchón de ahorro fiscal. En diciembre del año pasado, en una entrevista televisiva, le pregunté a José Adán Aguerri si el Cosep se sometería a la revisión de las exoneraciones. Su respuesta inusitada fue que “siendo pragmático, uno no discute exoneraciones ni subsidios en un año electoral”, invocando como pretexto unas elecciones municipales sin autonomía municipal, en las que no está en juego ni siquiera el poder local.

La demanda que diversos sectores han hecho a los grandes empresarios para que pongan límites ante los abusos del poder y la falta de transparencia pública, no significa promover la confrontación con el Gobierno, sino alentarlos a que dejen de ser rehenes del autoritarismo. El discurso oficial, en el que cada vez hay menos diferencias entre el Gobierno y algunos líderes empresariales, aduce que se está convocando a una confrontación para descarrilar la economía. Pero la falacia se cae por su propio peso, pues la única confrontación que existe en Nicaragua es la que el régimen de Ortega ha impuesto contra el resto de la sociedad, cada vez que ésta reclama por sus derechos democráticos conculcados.

En la soledad del búnker de su oficina-residencia en El Carmen, el comandante Ortega tiene sobradas razones para celebrar que su régimen corporativista autoritario haya sido rebautizado como el “modelo Cosep”. La última versión delirante y disparatada es que el “modelo”, ya validado en Nicaragua, ahora estaría en una etapa de “adopción” en otros países latinoamericanos, empezando por nuestros vecinos de Centroamérica.

Pero ¿acaso es posible separar el diálogo económico con el Gobierno, con la ausencia de democracia y transparencia, y rendición de cuentas, que forma parte del mismo modelo? En una breve visita a El Salvador, hace unas semanas, entrevisté a líderes empresariales y analistas vinculados a la visión del sector privado y les pedí su opinión sobre el tema. Todos reconocen que sería deseable en su país un gobierno pro sector privado, que no intervenga en la economía de forma arbitraria como lo hace la administración del FMLN, pero ninguno quiere para El Salvador ni toleraría un régimen que conculque las libertades, y anule el contrapeso de las instituciones democráticas.

En otras palabras, a los grupos empresariales de los países de la región, les resulta ventajoso hacer inversiones y negocios bajo el esquema de Nicaragua, sin que eso valide al corporativismo autoritario como un modelo replicable, porque la otra parte de la ecuación, la dictadura institucional y la falta de democracia, les resulta intolerable. Al menos, eso fue lo que me dijo un influyente líder del empresariado salvadoreño: “nunca estaría dispuesto a anteponer mis intereses de negocios de corto plazo, sacrificando el interés general de la nación”.

Ciertamente, cuando el mensaje y la actuación del liderazgo empresarial se mimetiza con el discurso oficial de un régimen autoritario, las figuras públicas inevitablemente incurren en un costo reputacional que los caricaturistas son los primeros en detectar con la sátira de sus dardos. Ese es el oficio de los humoristas frente al poder en todas partes del mundo. Pero lo que deberíamos estar debatiendo en Nicaragua no es el derecho de los caricaturistas a criticar, que está fuera de discusión, sino el verdadero problema nacional que reclama una ruta de salida.

Sin democracia, y ahora con el desplome de la cooperación económica venezolana, el “modelo” actual, llámese Cosep, o corporativismo autoritario, carece de sostenibilidad a mediano plazo. Ese es el problema medular. Frente a esa encrucijada, el dilema de los grandes empresarios oscila entre el cortoplacismo, que conduce a la complicidad con el régimen y eventualmente a la incertidumbre, o empezar a convertirse, desde ahora, en actores democráticos para dejar de ser rehenes del autoritarismo y aportar a una solución duradera.

Este artículo apareció publicado originalmente en Confidencial .

 

Nicaragua da refugio a los corruptos: Carlos Fernando Chamorro

El periodista nicaragüense cuestiona la forma en la que Ortega le dio asilo al expresidente Mauricio Funes.

Crítico. Chamorro cuestionó la llegada de Funes a tierra nicaragüense. Dice que casos como el del expresidente salvadoreño dañan imagen de su país.

Cristian Meléndez, 31 marzo 2017 / LPG

El periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro aseguró que su país se está convirtiendo en refugio para exfuncionarios que son señalados en sus países de origen de haber cometido posibles actos de corrupción mientras estuvieron al frente de la gestión pública. Uno de los últimos inquilinos del país centroamericano es el expresidente de la república Mauricio Funes.

Funes actualmente es investigado por al menos cinco delitos que están relacionados con posibles actos de corrupción: peculado, malversación de fondos, enriquecimiento ilícito, negociaciones ilícitas y tráfico de influencias. Todos habrían sido cometidos entre 2009 y 2014 como el primer presidente de la república bajo la bandera del FMLN. Eso lo llevó a pedir, con ayuda de dicho instituto político, asilo en Nicaragua, el cual fue aprobado por Daniel Ortega de forma exprés el 1.º de septiembre de 2016.
“Dar asilo es parte de una política muy particular del gobierno del presidente Daniel Ortega, que en los últimos meses ha acogido a varios exfuncionarios públicos que en sus países están siendo señalados por sus autoridades por casos de corrupción o que están en proceso de investigación”, expresó Chamorro al consultarle sobre el beneficio que le otorgó el gobierno sandinista a Funes.

Para Chamorro, quien también es el director del diario Confidencial, de Nicaragua, lo más recomendable es que el expresidente Funes dirima sus problemas legales en los tribunales salvadoreños.

Chamorro considera que la forma en la que Ortega da protección a exfuncionarios, y en este caso al ex presidente salvadoreño, afecta la imagen del país ante la región por obstaculizar los debidos procesos.

“Desde la óptica de Nicaragua, yo considero que daña la imagen de Nicaragua el que nuestro país esté de manera recurrente ofreciendo protección bajo el concepto de asilo político a ex funcionarios públicos que están siendo señalados en sus países por casos de corrupción”, dijo el periodista.

El comunicador aseguró que en Nicaragua poco o nada se sabe de la situación del expresidente salvadoreño, excepto, según dijo, que es uno de los protegidos del presidente Ortega.

“El Gobierno de Nicaragua es un Gobierno secretista, es un Gobierno que actúa de manera discrecional y que no se rige por leyes ni ninguna rendición de cuentas”, dijo Chamorro.

El periodista dice que lo mejor que debería hacer el expresidente Funes, así como el resto de exfuncionarios a los que Ortega les ha dado asilo, “es someterse a los requerimientos que la justicia está planteando en sus países”.

Compromiso con Maduro

Otro de los aspectos de los que habló Chamorro es de la situación que se ha vivido en la región y la problemática en Venezuela.

Para Chamorro, Nicaragua apoya a Venezuela en las reuniones de la Organización de Estados Americanos (OEA) como “consecuencia de la relación clientelar que el gobierno de Ortega tiene con Nicolás Maduro”.

El periodista dice que hay contradicción en el discurso que maneja el gobierno nicaragüense, porque por un lado acepta dialogar con el secretario general de la OEA, pero por otro lado cataloga de injerencia las acciones de la organización en Venezuela.

También, para el director del diario Confidencial, de Nicaragua, todo esto es parte de los procesos de regresión autoritaria que se han implementado en la gestión de Ortega.

“Daniel Ortega es un tránsfuga político y la tarea hoy es evitar que consolide su dictadura familiar”: Henry Ruiz

Henry Ruiz, Comandante “Modesto” en la lucha guerrillera contra Somoza, uno de los nueve miembros de la Dirección Nacional histórica del FSLN, compartió varios brochazos sobre la realidad de Nicaragua y convocó a abstenerse de votar el 6 de noviembre, en una charla con Envío que transcribimos.

Comandante Modesto; Henry Ruiz, Entevistado en su casa de Los Robles para Domingo.Managua 6 de Mayo del 2010.foto Uriel Molina/LA PRENSA [#Beginning of Shooting Data Section] Nikon D200 Focal Length: 122mm Optimize Image: Normal Color Mode: Mode I (sRGB) Long Exposure NR: Off High ISO NR: Off 2010/05/05 11:51:01.8 Exposure Mode: Manual White Balance: Auto Tone Comp.: Auto Bounce JPEG (8-bit) Fine Metering Mode: Multi-Pattern AF Mode: Manual Hue Adjustment: 0¡ Image Size: Medium (2896 x 1944) 1/60 sec - F/5 Flash Sync Mode: Front Curtain Saturation: Auto Color Exposure Comp.: 0 EV Auto Flash Mode: Optional M x 1/8(-1/3 EV) Sharpening: Auto Lens: 70-200mm F/2.8 G Sensitivity: ISO 800 Image Comment: LA PRENSA [#End of Shooting Data Section]

Henry Ruiz, comandante ‘Modesto’

Henry Ruiz, número de septiembre 2016 de la revista ENVIO

¿Cómo llegamos hasta dónde hoy estamos? Y no digo cómo llegó el Frente Sandinista hasta aquí… porque el Frente Sandinista no existe. Lo que hay ahora es sólo un grupo político alrededor del caudillaje de Daniel Ortega, un grupo que sigue manteniendo las siglas FSLN, pero donde ya no hay mística y tampoco hay normas ni programa ni debate, donde ya no hay nada. ¿Y de quién es la responsabilidad? Los responsables de que Daniel Ortega esté ahí donde está somos en primer lugar quienes luchamos contra la dictadura de Somoza, todas las generaciones que cuarenta y pico de años atrás luchamos contra una dictadura y después fuimos permitiendo que este tipo esté hoy encajado en el poder. Durante años hubo contradicciones importantes, pero dejamos pasar el tiempo… Sí, somos culpables, unos más que otros. Ahora, una incipiente dictadura dinástica se levanta ante nuestros ojos y ante nuestra conciencia desafiándonos.

screen-shot-2016-09-20-at-11-17-05-amLas dictaduras son experimentos políticos muy dolorosos. Y si los primeros responsables de esta dictadura somos los hombres y mujeres que permitimos que Daniel Ortega llegara hasta donde hoy ha llegado, somos nosotros los primeros obligados a bajarlo de donde está. Debemos dar el primer paso nosotros. La misión de enfrentar a Ortega es de nosotros, los hombres y mujeres que conocimos el somocismo y que lo enfrentamos, que vivimos la guerra de intervención imperialista de los años 80; somos nosotros, los que vimos iniciarse la democracia como un orden de derechos en que el pluralismo no fue un peligro y la ley escrita parecía respetarse. Retomar la bandera de la justicia social que en aquellos años se deterioró será hoy parte de nuestra lucha.

Una gran mayoría de jóvenes aún no asimila las consecuencias del genocidio institucional que Ortega ha practicado durante estos diez años reformando la Constitución y demoliendo las instituciones. Pero estoy convencido de que más temprano que tarde los jóvenes van a entender que esta lucha no es sólo de nosotros y que necesitan acuerparla. Y se incorporarán si observan en nuestra lucha y en nuestro compromiso ética y prácticas políticas correctas, lejos del oportunismo y el zancudismo, de la corrupción que corre paralela a esas prácticas nefastas. El mandato que hoy tiene toda la sociedad nicaragüense es sacar del gobierno a este dictador.

daniel

Daniel Ortega y Rosario Murillo

Recordemos sólo un poquito de la historia más reciente. Después que Daniel Ortega perdió las elecciones frente a Alemán y a Bolaños ya existía en el Frente una lucha solapada, una inconformidad, porque ya habíamos bastantes militantes sandinistas, orgánicos y no orgánicos, que no queríamos que él siguiera siendo candidato a la Presidencia. ¿Por qué sólo Daniel, sólo Daniel…? Veíamos que a este hombre ya le faltaba carisma y no lograba aglutinar al sandinismo. Con esa convicción iniciamos un movimiento en mayo de 2004, planteando la pre-candidatura presidencial por el Frente Sandinista de Herty Lewites. En Jinotepe reunimos a 10 mil sandinistas en enero de 2005. Las concentraciones que hacíamos con Herty eran masivas. Y en ellas nos volvíamos a encontrar los sandinistas. Y comenzamos a sentirnos de nuevo acuerpados. Ésa era la idea: que desde dentro del Frente surgiera una fuerza que recuperara los principios que ya para entonces estaban siendo descuartizados, que sostuviera la soberanía nacional, que recobrara la mística y que luchara de verdad por los pobres. Pero a Herty lo expulsaron del Frente a inicios del año 2006 y Daniel Ortega se autonombró nuevamente candidato. Y cuando empezaba la campaña para las elecciones de aquel año Herty murió repentinamente…

En 2006 Daniel Ortega ganó las elecciones y regresó al gobierno. ¿Las ganó…? Eduardo Montealegre se fue corriendo a las 10 de la noche de aquel día a reconocerle la victoria a Ortega sin esperar que finalizara el conteo. Y se quedó sin contar un 8% de los votos. Si se hubieran contado, aún con el Consejo Electoral ya totalmente amañado en ese momento, el resultado habría sido una segunda vuelta entre Ortega y Montealegre. Creo que en una segunda vuelta hubiera ganado Montealegre, que hubiera contado con un concepto de alianza electoral y política. Y no afirmo esto deseando que él hubiera ganado, sino para decir que es positivo que una fuerza de izquierda sea capaz de enfrentarse a la derecha para ganar o para perder en elecciones abiertas, transparentes y democráticas. Para decir que la izquierda debe estar dispuesta a arriesgar el poder y que la alternancia en el poder es una realidad que debemos aceptar tanto en el esquema de la democracia representativa como en el de la directa. Pero para Daniel Ortega nada de eso cuenta. Aquella elección que ganó en 2006 no fue una victoria limpia. Y esta duda persistente pesa en el historial político de Ortega y de su partido.

indice99Cuando Ortega empezó a gobernar en 2007, quienes habíamos empujado el proyecto de Herty Lewites dijimos: “Bueno, démosle un chance, tal vez este tipo ha cambiado”. Y lo dijimos así porque dieron a conocer un programa de gobierno que revisamos con unos economistas de los que habían estado apoyando a Herty, y dijimos: “No está mal, da señales de querer salir del neoliberalismo para empezar a construir una economía de desarrollo nacional. Démosle un año a ver cómo lo hace”. Pero una cosa era aquel programa y otra la vuelta política que este tipo dio. Se fue rapidito al INCAE, se reunió con los empresarios más importantes del país, y allí con ellos decidió cuál sería la economía política de su gobierno, que es la misma que nos está rigiendo hasta el día de hoy, basada en lo que les dijo ese día: “Ustedes hagan la economía y yo haré la política”.

¿Qué país tenemos hoy, como resultado de todo esto? Aquí se acabó la reforma agraria y regresó la concentración de la tierra en manos de unos pocos. El latifundio está avanzando en plenitud, todavía con algunas tareas por hacer. Y ahora, ¡a saquear la Costa Caribe! Están deforestando los bosques y llevándose la madera. Y donde se sospecha que hay oro ya tienen el terreno rayado en el mapa para darle concesiones a la B2 Gold. ¿Le importa la ecología a Daniel Ortega? ¡No le importa, para él la “Laudato Si” es pura babosada del Papa Francisco! Lo que le importa a él es amasar riquezas entre “nosotros”. Y ese nosotros es él y su familia, sus allegados y los más grandes ricos del sector privado empresarial. La pobreza es un problema político y no se superará en Nicaragua con la economía política que impulsa Ortega. Hacer caso a las cifras, debatiendo si crecimos un punto o dos puntos estadísticos en los indicadores de la pobreza es una forma de engañarnos, de alejarnos de la visión común que debemos tener de cómo se construye una nación próspera y soberana. ¿Que actualmente se generan riquezas en Nicaragua? Claro que se están generando, pero la pregunta es hacia dónde van, quién las agarra. Mil doscientos millones de dólares llegaron a Nicaragua en el año 2015 en remesas familiares. Y más de mil millones de dólares le concedió Ortega ese año en exenciones fiscales a los grandes empresarios. Entonces, ¿quiénes están aportando a la economía del país? ¿Nuestros trabajadores en el exilio o el gran capital? Y los pobres que se quedan en el país siguen siendo quienes aportan la mayor fuerza de trabajo en trabajos informales, porque casi el 80% de nuestra economía se mueve en la informalidad. ¿Y qué decir de maestras y maestros, los empleados públicos peor pagados, que tienen que conseguirse tres o cuatro trabajos más para tener un ingreso suficiente con que mantener a sus familias y sobrevivir? ¡Ésas son las oportunidades que les brinda hoy el sacrosanto mercado!

Además, Ortega nos va a dejar un país seriamente endeudado. El convenio petrolero que firmó en 2007 Hugo Chávez Frías con Daniel Ortega Saavedra, que le dejó en estos años a Ortega más de 4 mil millones de dólares hubiera cambiado el perfil social de Nicaragua. Diez años tiene Ortega de gobernar y con ese dinero hubiéramos escapado del círculo vicioso de crecer macroeconómicamente mientras se sigue ampliando la brecha social. Hubiéramos cambiado dedicando buena parte de esos recursos a mejorar la educación, que es siempre la palanca más formidable para conseguir el desarrollo de toda sociedad y de cualquier nación. Pero esa plata se la desplumó Ortega, su círculo de poder, su familia y allegados. Y hoy lo que tenemos es una deuda por esa cantidad de plata con el Banco Central de Venezuela, que ahora es nuestro acreedor y que, estoy seguro, nos cobrará esa deuda, porque ese dinero pertenece a los caudales de la nación venezolana. Durante mucho tiempo nos dijeron que, como ese dinero no pasaba por el presupuesto que la Asamblea Nacional aprueba, era deuda privada. . Los partidos presentes en el Parlamento nos repetían lo de la “deuda privada” y hacían énfasis en eso para lograr la magia que origina la credulidad. Nunca lo creí. ¿Cómo un contrato entre dos Presidentes puede ser un acuerdo privado? No creo que Chávez conociera del descaro de Ortega y se haya prestado a tal atraco. Sinceramente, no lo creo. El ladrón fue el de aquí y Chávez no fue su compinche. Fue Ortega quien abusó de la buena fe de Chávez.

¿Quién es Daniel Ortega? Un luchador sandinista que tiene el mérito de haber pasado siete años en la cárcel. Después dijo que lo torturaban todos los días de esos siete años, pero eso se lo inventó. Hugo Chávez lo llamaba “guerrillero”, pero en ninguna guerrilla estuvo él. Daniel Ortega fue coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, Presidente de la República en 1984, Presidente de la República en 2006, Presidente de la República en 2011 y en 2016 será nuevamente Presidente de la República. Es un hombre que no tenía dónde caer muerto y ahora es un potentado porque hizo de la política un buen negocio, olvidándose de la ética y de los principios que deben regir la ética de un luchador revolucionario, como en una época se creyó de él. El lenguaje en el que se llama solidario, socialista y cristiano no es más que retórica dulzona para engañar a los militantes de su partido y a la gente de las filas humildes del pueblo. Daniel Ortega es un tránsfuga político. Es un hombre que se pasó con todo y mochila a las filas de la derecha adoptando la política económica capitalista más reaccionaria de la historia moderna y practicando las artes de la corrupción.

'Modesto'

‘Modesto’

¿Es una dictadura lo que él ha construido en Nicaragua? Hemos gastado mucho tiempo discutiendo si es o no una dictadura. Decían que no era dictadura porque no hay prisioneros políticos, no hay asesinatos políticos, no hay tortura, no hay represión… Ahora ya está confirmado que tenemos de todo eso, como sucede en el menú represivo de todas las dictaduras. Y aunque aún hay poquito de todo eso, espérense, porque si él sigue encajado en el gobierno, habrá bastante de todo eso y lo habrá para todos.
Si este gobierno fuera democrático,¿ para qué necesitaba la Ley de Seguridad Soberana? Esa ley dota a Ortega de un garrote amenazante en sus manos. ¿Para qué quiere tener el mando directo de la Policía y del Ejército sin la criba normativa de una instancia civil? Para que no haya intermediación de nadie en ninguna crisis en la que él pierda el control. En una situación así Ortega ordenará reprimir “adecuadamente”. Esa ley, la doctrina de la seguridad soberana, le permite a la nueva Seguridad del Estado, que no pareciera que está, pero que sí está, reprimir todo lo que los ojos del dictador consideren dañino a su orden político.

¿Cómo no ver que ésta es una dictadura y además una dictadura familiar? En eso se parece al somocismo. Con una diferencia: Daniel Ortega fue más lejos que Somoza. Él “se voló la cerca” cuando le añadió a su dictadura el confite de poner a Rosario Murillo como Vicepresidente. Porque Salvadora Debayle nunca fue Vicepresidenta. Tampoco lo fue Isabel Urcuyo ni lo fue Hope Portocarrero. La amante de Tacho, Dinorah Sampson, sí mandaba, pero institucionalmente nunca apareció en ningún cargo. Y Ortega ha hecho ahora lo que aquellos no hicieron nunca. Y lo ha hecho sin medir el rechazo que esa decisión ha provocado en sus propias filas.

Antes de nombrar a Rosario Murillo, a mí me preguntaron si creía que ella sería la elegida para la Vicepresidencia. Dije que no, porque eso no le agregaba nada políticamente a Daniel Ortega. La Vicepresidencia obedece a un concepto de alianza política, y así la había manejado él varias veces. ¿Por qué, entonces, nombrarla a ella? Lo haría sólo si tuviera un doble problema. Uno, que sintiera que no tiene ya capacidad para organizar al Frente Danielista, todavía conocido como FSLN, dándole estructura y mandos para hacerlo funcionar como una maquinaria. Y otro, que no se sintiera seguro de poder terminar otro mandato de cinco años más. Además, como a Daniel Ortega no le gusta trabajar y ella es hiperactiva y está en todo… Todo eso debe haberle decidido a escogerla a ella como su fórmula política electoral y de sucesión.

¿Quién es Rosario Murillo? La historia nos enseña sobre el papel que ella juega porque siempre en la historia ha habido Agripinas… Ahora, ella está fabricándose su perfil: sobrina nieta de Sandino, pariente de Darío… ¡y muy pronto prima de Jesucristo! Ella forma parte de esas personas que se autoenaltecen, pero que son figuras de la realidad virtual y así como se encumbraron así desaparecerán cuando la realidad popular les pase por encima. Daniel y Rosario mientras más tiempo estén en el poder más se alienarán. Creo que ése es el término adecuado: los dos están alienados por el poder. El poder enloquece y mientras más tiempo se pasa en el poder es mayor la locura. Pienso que este dúo está ya tan alienado que por eso está cometiendo últimamente tantos dislates políticos.

¿Hay contradicciones en la cúpula de este poder dictatorial? Hay muchas. Rosario las ha tenido con todo el mundo. Algunos han perdido la pelea frente a ella. Otros han subido por ella. Otros han sido defenestrados. Hay movimientos de salida y también movimientos de entrada de algunos que se van encajando en la cúpula. En medio de las contradicciones, ella y sus hijos han ido asumiendo cada vez más responsabilidades en el aparato del Estado. Hasta el momento, yo creo que ella va ganando en la disputa interna. Otras contradicciones que están teniendo entre todos ellos tienen que ver con el reparto de utilidades… Lo nuevo es que la decisión de imponerla a ella como Vicepresidenta le está causando a Daniel graves problemas internos y le está socavando el soporte orgánico que hasta ahora mantenía. Las malas decisiones se pagan caras y él ya las está pagando porque no esperaba que tanta gente del danielismo considerara que ella no debía ser Vicepresidenta, que tantos en sus filas estén rechazando esa decisión y que digan claramente que no irán a votar el 6 de noviembre, sumándose a la abstención.

El danielismo es todavía fuerte. Porque las contradicciones principales no se han desatado todavía. Ya hay choques de naturaleza económica porque este gobierno, por abusivo, está chocando con algunas cámaras del COSEP. Por ahí van a ir creciendo las contradicciones. Es que una vez que el dinero “toca la cabeza” de alguien, éste siempre quiere más dinero. “Cagajón del diablo”, llamó al dinero alguien por ahí. Éste es un modelo basado en la codicia y quienes lo integran quieren cada vez más dinero. Hasta ahora, el gran capital nacional y el capital transnacional están bien con Daniel Ortega, están muy bien. Él les ofrece todo y además les cumple. Y si no, vean la represión que ordenó cuando hace poco se levantaron los obreros y obreras de una zona franca exigiendo mejores salarios y condiciones laborales más humanas y para lograrlo, pedían el apoyo “del comandante Daniel y de la compañera Rosario”. ¡Y qué comandante y qué compañera! ¡Reprímanlos! Ésa fue la orden, no fuera a extenderse el mal ejemplo entre las 110 mil mujeres y hombres trabajando hoy en zonas francas, única fuente de generación de empleo formal que este régimen y sus semejantes neoliberales han promovido. Y lo mismo pasa en el sector público: al que brinca, lo sacan, y el que no menciona “al comandante y a la compañera” cuando ofrece declaraciones públicas sobre su trabajo administrativo, ése va fuera. Y al empleado que exige derechos laborales, una maquinaria que tienen en el sistema judicial lo aplasta. Están todavía fuertes, pero crecen las contradicciones. Y las contradicciones nunca son estáticas, caminan. Y ahí va caminando el descontento entre los tramos que generan las contradicciones…

General Giap con dirección nacional del FSLN

General Giap con dirección nacional del FSLN

Más que hablar de ellos, me parece que debemos preguntarnos qué vamos a hacer para deshacernos de ellos. Soy ahora integrante de un pequeño movimiento político, el Movimiento Patriótico por la República, el MPR. Es un movimiento, no un partido, porque no tiene programa ni estatutos. Es un proyecto político, con fines políticos, que busca soluciones políticas a los problemas de este país y que busca cambiar la economía política que esta dictadura nos ha impuesto. Somos el producto, en el tiempo, de lo que fue otro movimiento, que iniciamos sólo sandinistas, el Movimiento contra la Reelección, el Fraude y la Corrupción. Con esos tres objetivos nos juntamos varios compañeros y ciudadanas y ciudadanos que fuimos elaborando poco a poco un pensamiento político doctrinario.

En nuestro movimiento consideramos la no reelección a perpetuidad como un principio y una necesidad histórica en Nicaragua para romper con el caudillismo. Consideramos fundamental establecer la no reelección a perpetuidad en una nueva Constitución Política que debemos lograr. Es también un principio para nosotros la defensa y la práctica del Estado laico. Otro principio que planteamos es la suscripción popular, eliminada por el pacto Alemán-Ortega. La planteamos convencidos de que hay que transformar el sistema de partidos políticos, pues tal como hoy funcionan conducen necesariamente al gavillismo y al amiguismo político, que a su vez conduce siempre a todas las marañas de la corrupción. Por eso proponemos candidaturas de suscripción popular, que permitan a los movimientos políticos y a la sociedad civil hacer política y participar en elecciones unidos por programas y metas comunes y sin las ataduras convencionales. Cuánto movimiento social existe hoy en Nicaragua, pero no tiene participación política porque las leyes partidistas se lo impiden…

El Movimiento por la República considera una urgencia política la derogación de la ley de la concesión canalera, ley 840, porque atenta contra la soberanía nacional y la integridad territorial, inculpando a Daniel Ortega como un político traidor que amerita un juicio político que sirva de escarmiento a todo político, a todo partido, a toda asamblea y que les ilustre que la soberanía nacional es sagrada y sacrosanta y que no se puede jugar con ella en nombre de cualquier razón alegada como importante. Un abuso político como el cometido por Ortega en la concesión canalera es mortal y merece la más alta de las penas en la escala de los más altos delitos.

Hoy, cuando desde la sala de los poderes que constituyen el Estado de Derecho, han sido ya demolidas las facultades que partidos y ciudadanos poseen para ejercer con el voto directo la democracia representativa, Daniel Ortega ha aniquilado el proceso electoral y ha convertido sus restos en chatarra para que la reciclen los partidos zancudos, a la cabeza de ellos el PLI, el partido que le entregó a Pedro Reyes, un ex-agente de la Seguridad del Estado.

¿Qué hacer? La conciencia ciudadana no debe ser burlada y por eso proponemos la abstención. No hay que ir a votar. Si el 6 de noviembre las calles están desoladas sabremos que la abstención ganó y que Ortega perdió. Y al día siguiente, el lunes 7 de noviembre, debemos seguir reuniéndonos porque el paso siguiente es levantar un movimiento masivo que derogue la ley 840.

Abstenerse es una acción dinámica si con ello se persigue un fin político. Los ciudadanos pro-abstención nos identificamos como quienes rechazamos la farsa electoral de Ortega y sus secuaces. La acción política de la abstención contribuirá conscientemente a deslegitimar la farsa electoral que esta gente ha montado. Los ciudadanos pro-abstención nos identificamos como ciudadanos que luchamos y lucharemos por construir un Estado de Derecho más fuerte y legítimo que el que ha sido derruido por Ortega. Esa construcción iniciará con la derogación de la Ley 840 mediante un movimiento plebiscitario de masas que evite las consecuencias negativas que para la soberanía económica de nuestro país se producirían si la ley es derogada sólo por una votación en la Asamblea Legislativa. El pueblo organizado es quien debe derogar la ley mediante una acción plebiscitaria, que después, en nuevos pasos de lucha, permita también elaborar una nueva Constitución Política que levante las bases de un nuevo Estado de Derecho donde no haya reelección, se derogue la ley de seguridad soberana, se dedique a la educación el 7% del PIB, se honre la promesa de dar tierra y créditos a los campesinos pobres, se restablezca el aborto terapéutico y se proteja realmente nuestro medioambiente con políticas de mediano y largo plazo para que así Nicaragua contribuya a la lucha mundial contra el cambio climático. Todo esto empieza con la decisión de no ir a votar el 6 de noviembre.

Dirección Nacional del FSLN, 1980

Dirección Nacional del FSLN, 1980

La abstención significa no ir a votar. Desde ahora hay que hacer campaña por la abstención con todas las personas que conocemos, convencerlas de que es una decisión política activa. El voto útil para Ortega es ir a hacer fila, aunque uno vaya a rayar o a manchar la boleta o a escribir en ella cualquier cosa. Porque aunque alguien manche su voto, lo verán en la fila y lo registrarán como votante. Y todos los votos nulos, manchados, rayados o con cualquier mensaje aparecerán después como votos por la dictadura. Los resultados de esta farsa ya están decididos. Pero si las calles ese día están desoladas sabremos que Ortega perdió y que la abstención ganó. Y el plan es que desde el día siguiente sigamos organizándonos y levantemos la bandera de derogar la ley 840 por medio de un plebiscito al que poco a poco iremos incorporando otras banderas.

La ley 840 tiene rango constitucional. Se necesitan dos tercios de los diputados para derogarla. Pero si la derogan los diputados, el chino Wang Jing nos cae encima, porque en esa ley los daños y perjuicios que se le causen los puede reclamar él en tribunales internacionales. Eso dice la ley. De manera que si lo hacemos “a paso de mula”, Wang Jing nos demanda. Y a estas alturas no sabemos si la concesión canalera, por 50 mil o 70 mil millones de dólares, fue ya convertida en derivados financieros que pueden estar moviéndose en el mercado especulativo. ¿Quién va a responder por eso cuando sepan que la ley se derogó? Si lo hacemos con los votos de los diputados nos demanda Wang Jing. Pero si levantamos a un pueblo en las calles exigiendo la derogación de la ley tendremos respaldo moral y peso político nacional e internacional. Tiene que ser con un plebiscito. Y un movimiento de masas no permitirá que el plebiscito lo organice el Consejo Electoral. Hay suficientes personalidades honestas en este país para organizarlo. Las masas en las calles son las que nos darán autoridad moral y política para derogar esa ley y después para hacer una nueva Constitución.

Hay mucho que hacer, pero no vamos a esperar el 6 de noviembre para empezar a trabajar. Desde ahora hay que hablar con la gente sobre la abstención y así ir formando una especie de cadena con la que organizadamente vamos a ir a discutir lo que sigue. Empezaremos con la derogación de la ley 840 porque esa bandera tiene el soporte objetivo de un movimiento organizado, valiente, que no ha tenido miedo y que está pidiéndonos solidaridad. Y no apostemos mucho por Managua, que es siempre “la vaca echada”… En Nicaragua siempre las luchas han venido desde afuera hasta llegar de último a Managua. El asesinato de Pedro Joaquín Chamorro en 1978 fue lo que puso a los managuas a entender que algo estaba pasando, mientras nos moríamos en la montaña… El plan ahora es ir creando condiciones y creando conciencia fuera de Managua hasta organizar un movimiento que logre una nueva correlación de fuerzas políticas en el país.

No lo vamos a lograr en un día. Organizar políticamente no es como hacer una piñata: se fija una fecha, se invita a la gente del barrio, se compra la piñata y en un ratito se quiebra y todo mundo alegre. No, organizar políticamente requiere paciencia. Hay que convencer a la gente de los objetivos. Y los objetivos deben estar claros. Cuando me preguntan para qué será ese movimiento plebiscitario de masas respondo: “Es para tumbar a Ortega”. No lo vamos a sacar del gobierno con un movimiento armado, sino con un movimiento social potente y así nos vamos a ahorrar mucha sangre. Y hay que empezar ya, pero hay que tener paciencia. Paciencia y claridad de objetivos. Así fue la lucha contra Somoza: sostenida, sostenida, sostenida y así fue creciendo, creciendo, creciendo…

La diferencia entre asilo político y santuario para maleantes. De Paolo Luers

paolo

Paolo Luers, sin barba gracias a Mauricio Funes

Paolo Luers, 16 septiembre 2016 / EDH-Observadores

Daniel Ortega y Mauricio Funes se están paseando en una institución muy noble: el asilo político que países democráticos conceden a los perseguidos por regímenes autoritarios y represivos.

El asilo político tiene una honrosa tradición en América Latina. Costa Rica acogió a los nicaragüenses perseguidos por Somoza, a los chilenos expatriados por Pinochet, a los argentinos reprimidos por la junta militar – y a nuestros hermanos salvadoreños que huían de escuadrones de la muerte: Rubén Zamora, don Fabio Castillo, Manuel Ungo entre ellos. Lo mejor de la historia de México y Venezuela está relacionado con los republicanos españoles que llegaron a estos países luego del triunfo de Franco; y con los miles de intelectuales del Cono Sur que acogieron en los años de las dictaduras militares.

observadorFrancia y Checoslovaquia dieron generosamente asilo político a intelectuales, artistas y científicos antifascistas que tuvieron que salir de Alemania y Austria – y cuando Hitler ocupó estos países, fueron acogidos por Gran Bretaña, Estados Unidos y Canadá, donde hicieron extraordinarios aportes a la cultura y academia. El cine de Hollywood tuvo un extraordinario auge con la llegada de profesionales y artistas que huían de la barbarie nazi. Igual la ciencia, la literatura, el teatro, la medicina…

La historia del asilo político es a la vez historia del intercambio cultural, de la globalización del pensamiento, de la libertad de expresión y de las universalidad de las artes.

Funes en Managua

Funes en Managua

La figura del asilo político de Mauricio Funes bajo las faldas del clan Ortega es un insulto para los perseguidos políticos que tuvieron que salir al exilio, pero igualmente para los gobiernos y sociedades que los acogieron. Es un insulto para los esfuerzos extraordinarios que líderes como Angela Merkel, pagando un gran costo político, están haciendo hoy en día, abriendo las fronteras de Alemania para los refugiados de países destruidos por guerras y terrorismo, como Siria o Afganistán.

Lo que Funes consiguió en Nicaragua no es asilo político, de ninguna manera. Es otra cosa: es santuario o ‘safe heaven’, que repúblicas bananeras y dictaduras siempre han otorgado a maleantes, mafiosos, ex dictadores, y terroristas.

La Cuba de Batista acogió a capos de la mafia y de otras organizaciones del crimen organizado perseguidos por la justicia en Estados Unidos: Mayer Lanski y Lucky Luciano solo son los más prominentes.

La Cuba de Castro echó a la mafia, pero dio santuario a la ETA y narcos latinoamericanos. En la Libia de Gadafi encontraron protección y apoyo asesinos como Carlos “El Chacal” y Idi Amin, ex dictador de Uganda.

Los jefes de los carteles colombianos encontraron santuario en la Panamá de Noriega y en la Nicaragua sandinista.

Es en esta macabra tradición que Mauricio Funes se enmarcó cuando decidió ‘asilarse’ en Nicaragua – no en la noble tradición de los luchadores por la democracia que tuvieron que salir de sus patrias y encontraron asilo político en las sociedades abiertas de la Venezuela pre chavista, en Costa Rica, en México y en España.

A diferencia de los asilados que dieron aportes intelectuales, profesionales y creativos a los países que los acogieron, Mauricio Funes no va a aportar nada a Nicaragua. ¿Qué bueno va a contribuir Funes a Nicaragua con la tal ‘consultoría profesional’ que dice ejercer en Managua? ¿Qué conocimientos y cualidades tiene Mauricio Funes, aparte de retórica izquierdosa combinada con dotes de vividor? La única cosa donde puede contribuir es en el mafioso y mentiroso imperio mediático de la familia Ortega. Se merecen mutuamente.

El salvaje de la ópera. De Ibsen Martínez

el paisLaureano Ortega insulta a los nicaragüenses con el dispendioso espectáculo de su megalomanía a costa de petrodólares.

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Ibsen Martnez, escritor, dramaturgo, guionista y columnista venezolano

Ibsen Martnez, 10 agosto 2016 / EL PAIS

Como algunas otras obras maestras literarias latinoamericanas – pienso, por ejemplo, en El gallo de oro, de Juan Rulfo –, El salvaje de la ópera, del egregio autor brasileño Rubem Fonseca, comenzó siendo eso que los cineastas llaman “un tratamiento literario”.

Aunque, como es habitual en nuestra América, el dinero se acabó muchísimo antes de arrancar el rodaje, Fonseca ya había tomado impulso y carrerilla y terminó por darnos un gran libro, inspirado en la vida y obra de António Carlos Gomes (1836- 1896), por sus muchas virtudes notable compositor brasileño, autor de una ópera rarísima : Il Guarany (El guaraní) que, de cantarse, no se canta en la otra lengua oficial del Paraguay sino, como ocurrió en su resonante estreno en La Scala de Milán, en 1870, en italiano.

Ideas tan sueltas como ésta me visitan desde que leí, el pasado 3 de agosto y en este mismo diario, un reportaje de Carlos Salinas en torno a la prole de los esposos Ortega Murillo, pareja decidida a cerrar el nepótico círculo de las dictaduras dinásticas nicaragüenses iniciado por Anastasio “Tacho” Somoza en 1937.

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Según el reportaje, uno de los más avispados vástagos de Daniel Ortega se llama Laureano y ha resultado, como en tiempos pasados se habría dicho en el llano venezolano, una “lanza en un cuarto oscuro” para los negocios.

Afirma el reportaje que el despabiladísimo Laureano ha sido “nombrado por su padre como asesor presidencial en inversiones y mano fuerte de ProNicaragua, institución que atrae a los inversionistas extranjeros”. Laureano – no resisto la tentación de llamarlo Laureanito, tal como al hijo de “Tacho” Somoza, el primerísimo bárbaro dictador nica, llamaron “Tachito” – es quien fue a China a cortejar al billonario Wang Jing con la propuesta de construir un Canal Interoceánico que dejase chiquito al de Panamá.

Sin embargo, lo que interesa a mi bagatela semanal es señalar el interés de Laureano Ortega por la obra del gran Giacomo Puccini.

El hijo del comandante cantando en homenajo a  Luciano Pavarotti

El hijo del comandante cantando en homenajo a Luciano Pavarotti

Su debilidad por Puccini lo ha llevado a instituir, en febrero de este año, y en el Teatro Nacional “Rubén Darío”, de Managua, un festival “pucciano” que, a la manera del festival de Torre del Lago, en Lucca, programó exclusivamente óperas del autor de Madame Butterfly.

A mí, para ser francos, me parece una iniciativa en extremo edificante, pues se aparta de la presunta afición del patriarca de la familia, el comandante Daniel Ortega, por el acoso sexual intrafamiliar, compulsión que, de no castigarse a tiempo, puede muy bien conducir al incesto.

El festival de Laureanito presentó por vez primera en Centroamérica obras del compositor toscano, y ellas fueron Turandot y La Bohème. Sin embargo, hay algo tiránicamente escarnecedor en la puesta en escena del Turandot de Managua y es que haya sido justamente Laureanito el tenor a cargo del papel de Calàf.

La estampa del hijo de un dictador centroamericano entonando el aria “Nessun dorma” ante un auditorio cautivo, hecho de dignatarios del gobierno y empleados de la administración pública, obligados a ovacionar, evoca los extravíos de la millonaria Florence Foster Jenkins, quien, pese a ser tan sorda como una bombilla incandescente, llegó a comprar, en octubre de 1944, todo el aforo del Carnegie Hall para darse el gusto de cantar, un mes antes de morir, en un verdadero teatro de ópera.

La Foster Jenkins al menos se gastaba dineros legítimamente heredados de su padre. Laureano, en cambio, emula a los grandes Giacomo Lauri-Volpi y Beniamino Gigli, insultando a los nicaragüenses con el dispendioso espectáculo de su megalomanía a costa de petrodólares birlados por Hugo Chávez a todos los venezolanos.

@ibsenmartinez

Nicaragua y los flautistas. De Manuel Hinds

Manuel-Hinds-VIB-11Manuel Hinds, 5 agosto 2016 / EDH

Con la entronización de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo como sus soberanos, Nicaragua cerró el círculo que había comenzado hace 37 años, en 1979, cuando el mismo Ortega y sus sandinistas derrocaron a Anastasio Somoza y lo pusieron en fuga. Con la así llamada “Revolución Sandinista” se inauguró un período de reajuste, no de sistema, sino de personas y dinastías. Por casi cuatro décadas, el país pretendió que buscaba el rumbo hacia la democracia pero caminó con paso bastante firme de regreso al régimen que le había dado la estabilidad en los previos 45 años, de 1934 a 1979: el somocismo.

diario hoyPor supuesto, los Ortega han ido más allá que los Somoza mismos. Ninguno de los Somoza se atrevió a eliminar del todo a la oposición, o a nombrar a su propia esposa como vicepresidente, que en este caso es igual a ser copresidente o co-reina (no reina consorte sino reina a la misma altura que Ortega mismo). Pero el sistema de gobierno es el mismo que tuvieron los Somoza por tanto tiempo: un caudillaje hereditario, basado en una red enorme de corrupción y clientelismo, en la que cada quien (menos el pueblo) encuentra una posición en la que recibe de los de abajo y paga a los de arriba, no por productos transados sino para mantener su estabilidad. En el tope de la pirámide está el gran dictador que se convierte en el mar adonde desembocan todos los ríos de la corrupción. Este es el mismo sistema que, en una forma o en otra ha existido en Latinoamérica desde que somos independientes, si no desde antes porque el manejo interno de los virreinatos, capitanías generales y colonias menos importantes era bastante similar.

La opinión pública, con mucha razón, condena a los esposos Ortega por hacer lo que están haciendo. Pero el episodio recuerda lo que dijo Heinrich Jaenecke, un editor que había sido oficial del ejército alemán durante la segunda guerra mundial: “¿Qué fue lo que realmente nos llevó a seguir a Hitler al abismo como los niños del flautista de Hamelin? El enigma no está en Hitler. Nosotros somos el enigma”. La gran pregunta no es por qué Ortega y Murillo quieren sujetar a Nicaragua en una tiranía familiar, que convierte a Nicaragua de país a hacienda personal, sino por qué los nicaragüenses se dejan. La respuesta a este enigma es la clave para entender por qué, desde que somos independientes, los latinoamericanos hemos regresado una y otra vez a lo mismo que ahora tienen los Ortega en Nicaragua: una tiranía basada en redes de corrupción.

La respuesta a esta pregunta no es un concepto abstracto de corrupción y no está en los normalmente definidos como corruptos. Está, como Jaenecke denuncia, en los que se dejan, en los que caminan detrás del flautista que los lleva al abismo, que son el pueblo mismo. El pueblo camina detrás de los flautistas porque quiere creerles lo que ellos prometen: el desarrollo, las riquezas, y la felicidad obtenidas sin tener que trabajar, sin tener que estudiar, sin tener que hacer esfuerzos. Una y otra vez, por doscientos años, los latinoamericanos han creído esta patraña, y han soñado con convertirse en ricos con solo quitarle a los ricos, con solo darle el voto al que promete que hará esto para pasarles las riquezas a ellos, pensando que tendrán tanto dinero como la gente de California que aparece en los programas de televisión sin tener que fundar empresas como Apple, o Google, o Cisco Systems, y sin tener que ir a una buena universidad y aprender las tecnologías que mueven al mundo moderno.

Uno puede conmiserarse con las víctimas cuando esto les sucede por primera vez. Pero cuando año tras año, por dos siglos, toda Latinoamérica ha caído una y otra vez en el mismo engaño, la víctima ya no merece conmiseración. Los culpables no son los terribles tiranos de la región, como el Doctor Francia, y Perón, y los Somoza, y Fidel Castro y su hermano, sino los pueblos mismos, que queriendo estafar a la vida, enriqueciéndose sin esfuerzo, resultan estafados por los que con una flauta los llevan al abismo.