comunidades

El escenario de la unión. De Manuel Hinds

Manuel Hinds-05Manuel Hinds, 2 marzo 2018 / El Diario de Hoy

La idea de que necesitamos otros Acuerdos de Paz proviene del deseo de los salvadoreños de lograr un sentido de unión, un lazo que nos una con una identidad común y que nos dé la base para lograr un futuro mejor para todos. Esta aspiración es legítima, es esencial para forjar la nacionalidad salvadoreña en el Siglo XXI. Pero el escenario de esa unión no es un salón de lujo en algún palacete en donde se firme un papel sino las comunidades mismas en las que esa unión se vuelva concreta en la búsqueda de un mejor futuro para la comunidad y para el pais. La unión que queremos no se puede lograr definiéndola en párrafos abstractos sino actuándola en el terreno, con objetivos definidos y acciones concretas. Luego, al haberla logrado, puede definirse en párrafos elegantemente redactados.

EDH logLa manera de lograr esto es descentralizando actividades claves para la vida comunal, de tal forma que los habitantes de cada comunidad puedan coordinarse para darle forma a su futuro con el manejo de dichas actividades. Hay tres actividades claves que se prestan para la descentralización en la vida de cada comunidad: la educación elemental, primaria y secundaria; la salud básica, la cultura y el deporte.

Forjar comunidades es solo una de las razones para descentralizar. La centralización de nuestro país desconecta a los clientes de estos servicios que viven en las comunidades de los que manejan su provisión centralizadamente. Esto resulta en una falta de supervisión ciudadana de ellos, y una impunidad en las ineficiencias que aquejan a estas actividades. Estas ineficiencias provienen no solo de problemas administrativos sino también de la politización de estas actividades, que corrompe su funcionamiento.

En protesta a esas ineficiencias, en los últimos años se ha hablado mucho de la descentralización de estos servicios. En esas propuestas, sin embargo, la descentralización no se ha entendido hacia las comunidades sino hacia las municipalidades, lo cual no arregla los problemas porque las municipalidades están sujetas a los mismos problemas de la administración central—su politización, la falta de supervisión por parte de los usuarios de los servicios y la consiguiente ineficiencia y desperdicio.

Por supuesto, el manejo comunal de estos servicios públicos debe coordinarse con políticas nacionales establecidas y supervisadas por el gobierno central. En el caso de la educación, estas políticas deben incluir los programas mínimos que cada escuela debe cubrir, los reglamentos que deben seguirse para optar para posiciones en las escuela, así como la transferencia de dinero a las asociaciones de padres de familia que manejan las escuelas. Igualmente, el gobierno central debe coordinar la operación de las unidades comunales de salud, conectándolas con la red nacional del ministerio, definiendo las tareas de las unidades locales y transfiriéndoles el dinero necesario para su operación. Igual sistema puede instalarse para las unidades de cultura. Las personas que van a usar estos servicios son los que más interés tienen en que funcionen bien. La experiencia en muchos países desarrollados muestra que son los más adecuados para manejar estas instituciones.

Esta experiencia no es exclusiva de los países desarrollados. En los Años Noventa y principios del siglo XXI, los padres de familia salvadoreños demostraron claramente que pueden manejar las escuelas con gran eficiencia. El proyecto Educo, que trabajaba sobre este principio, ganó el premio al mejor proyecto social en el mundo entero, otorgado por el Banco Mundial. No solo eso. El proyecto generó una dinámica al nivel comunal que, si se hubiera continuado, se hubiera convertido en un motor de organización social como el que estamos buscando, y en la base para una democracia que surgiría de la comunidad hacia el país entero. Esta experiencia puede extenderse a las unidades de salud y a los centros culturales y deportivos que nuestro país tanto necesita.

Es sólo en el manejo de los problemas propios de las comunidades que nuestro país puede generar el espíritu comunitario que puede generar una verdadera democracia, y crear una identidad salvadoreña que nos lleve a la reunificación social que tanto necesitamos.

Carta a los empresarios responsables. De Paolo Luers

PAOLOPaolo Luers, 5 noviembre 2015 / EDH

Amigos:
diario de hoyEnfrenté el desafío de hablar, ante una sala llena de empresarios y ejecutivos sobre lo que como ciudadanos y empresarios podemos (y debemos) hacer para enfrentar la crisis de violencia e inseguridad. Roberto Murray, como presidente de la Fundación Rafael Meza Ayau, había invitado a sus familiares, socios y amigos, a los ejecutivos de las empresas de la familia, para pasar un día entero discutiendo cómo convertirse en “parte de la solución” ante los retos del medioambiente y de la violencia.

Para el segundo tema compartí el podio con dos religiosos: el pastor general del ELIM, Mario Vega, quien adentro del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana es la voz crítica más articulada ante el intento del gobierno de usar esta instancia como pantalla para su política de mano dura; y el padre Luis Paredes, de la parroquia Cristo Redentor en La Escalón, quien está haciendo un trabajo extraordinario con los jóvenes de las comunidades, que diariamente viven las consecuencias de las políticas del gobierno que dentro de un año han resultado en la duplicación de los homicidios y en angustia permanente en las comunidades con presencia de pandilleros.

Lo que más me impresionó fue el alto grado de receptividad y sensibilidad de la audiencia ante la cruda realidad que le pintamos. A mi me tocó llevar el debate al punto crítico: Entonces, ¿qué podemos hacer? Porque lo peor que nos puede pasar como país es que todos (ciudadanos, empresarios, profesionales, académicos, iglesias, fundaciones…)  nos dejemos paralizar ante la incapacidad del gobierno de formular un plan integral, dentro del cual todos podemos aportar a la solución, cada uno desde su capacidad y desde su interés.

Si es cierto que con el gobierno no podemos hacer nada para aportar a solucionar el problema (por lo menos mientras no haya un cambio de su política, o un cambio de gobierno), también es cierto que la empresa privada y la sociedad civil pueden actuar por su propia cuenta. No tenemos que esperar al gobierno. No podremos arreglar el país, pero no estamos condenados a hacer nada.

Podemos (y debemos) seguir trabajando en determinados territorios donde hay condiciones. Si todo el problema de la violencia y delincuencia se ha generado por la desintegración de los tejidos sociales, podemos hacer labores de rescate, preservación del tejido social a escala de comunidades específicas.

Lo que juntos la Asociación Escalón, Fundemas, la Fundación Meza Ayau, con apoyo de la AID, estamos haciendo aquí en La Escalón, es la prueba que esto tiene sentido e impacto, a pesar de la inoperancia del gobierno.

Mientras en general el país, y en particular la ciudad capital, se han vuelto más conflictivos en los últimos dos años, en La Escalón no, porque hace 5-6 años unos empresarios y residentes decidimos lanzar un proyecto que construya relaciones de buenos vecinos con los residentes de La Escalón, las comunidades marginales que nos rodean y que nunca han sido parte de la vida económica, social y cultural de la colonia. Cosas parecidas se han logrado en Las Palmas (colonia vecina de San Benito de 10 mil habitantes), y en Valle del Sol (colonia de 20 mil habitantes, una isla de paz en Apopa). Con pocas inversiones de algunas empresas estos logros pueden hacerse sostenibles.

El padre Paredes, el pastor Vega y este servidor nos llevamos la certeza que entre los empresarios hay suficiente compasión y disposición para seguir avanzando en chiquito, en proyectos específicos en comunidades particulares, aunque a nivel nacional todo parece paralizado. Salí este día de la encerrona y debate más optimista que entré. Espero que los participantes se hayan llevado la misma certeza: Podemos ser parte de la solución, aun cuando el gobierno no asume su responsabilidad.

El día se cerró con brocha de oro con una ponencia de Jorge Melguizo, protagonista de la transformación de Medellín de ciudad más peligrosa del mundo (título que ahora sostiene San Salvador) en modelo de pacificación e inclusión social. Jorge contó las maravillas que se pueden hacer si gobierno (en este caso gobierno municipal, que en Colombia realmente es gobierno), empresa privada y sociedad civil trabajan juntos, con una sola prioridad: transformar los barrios donde nace y se reproduce y se multiplica la violencia y la desintegración social.

Con gran satisfacción registro que lo que pasó en esta sala ya no es un fenómeno aislado. Así como Bobby Murray, hay docenas de empresarios que quieren trascender la caridad y altruismo, incluso el concepto tradicional de responsabilidad social, e invertir en soluciones a los problemas sociales detrás de la violencia y  delincuencia. Lo único que les pido: No se dejen paralizar por la incapacidad del gobierno de liderar este esfuerzo.

Saludos, f4519-d851d-firma-paolo

ARENA denuncia que FMLN usa a la OIE para “persecución política”

Nidia Díaz dijo ayer que irán a la FGR con pruebas en contra de tres alcaldes de ARENA por nexos con maras.

, 20 agosto 2015 / EDH

“El FMLN está ocupando a la OIE, que es la inteligencia del Estado, para hacer una persecución política a nuestros funcionarios”. Así de contundentes fueron las palabras del jefe de fracción de ARENA, Alberto Romero, ante la amenaza de la dirigente del FMLN, Nidia Díaz, de que irán a la Fiscalía a poner la denuncia contra alcaldes y varios diputados de ARENA por “nexos” con las pandillas y acciones para desestabilizar al Gobierno.

Díaz aseveró ayer en la Asamblea Legislativa que la cúpula del FMLN está por presentar al Fiscal General, Luis Martínez, una serie de “pruebas” que involucrarían a tres ediles areneros y algunos diputados de ese partido. Afirmó que parte de esas supuestas evidencias ya fueron enviadas al fiscal.

La diputada y dirigente efemelenista aseguró que la información la han obtenido de “labores de inteligencia” internas del FMLN, aunque no descartó que Medardo González, secretario general del partido oficial, tiene más datos que le han proporcionado a través de otros mecanismos.

González declaró en una entrevista a Telesur el miércoles que los “organismos de Inteligencia del Estado tienen información, nosotros como partido político también tenemos información de reuniones de dirigentes del partido ARENA con líderes de las pandillas aquí en el país”.

Ante esas declaraciones, el principal partido de oposición rechazó que sus alcaldes o diputados tengan que ver con la actuación de las pandillas y volvió a negar las acusaciones de que intenten desestabilizar al gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén.

El jefe de la fracción tricolor afirmó que el FMLN está actuando como lo hizo en el pasado: “al estilo comunista, fabricando pruebas” y realizando “persecución política” en contra de quienes los critican, tal como lo están haciendo los gobiernos en Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Por ello, Romero pidió al Gobierno que en vez de atacarlos por auditar su gestión, explique los 125 muertos en tres días, la falta de medicinas y camas en los hospitales, y brinde alternativas a los agricultores que “se están muriendo de hambre” por la fuerte sequía.

“Lo que demuestran es la misma incapacidad para gobernar, le quieren echar la culpa a otra gente; si desestabilizar es ir a denunciar la enorme corrupción que tuvo (Mauricio) Funes (expresidente del país) en El Chaparral, vamos a seguir siendo desestabilizadores”, respondió Romero.

También el concejal de ARENA en la alcaldía de San Salvador, Edwin Zamora, reprochó los señalamientos del oficialismo.

“No entiendo cómo no tienen vergüenza, cómo es posible que estén haciendo acusaciones de esa naturaleza, cuando todo el pueblo salvadoreño sabe que a pesar que al principio nos mintieron, finalmente quedó comprobado el acuerdo del pacto con las pandillas que el FMLN hizo el año pasado”, aseveró.

Luego agregó: “Fue evidente cómo los asesinatos bajaron por las prebendas que les dieron a las pandillas y después de dos años pagamos la consecuencias de ese mal acuerdo. Que ellos vengan a hacer una acusación de esa naturaleza me parece irresponsable, es un tremendo descaro”.

Zamora indicó que miembros del partido hablan con todos los sectores de la sociedad, pero aclaró: “que el partido vaya a llegar a un acuerdo con ellos, no hacemos lo que hace el FMLN”.

González aseguró en la entrevista televisiva que tiene fotos que “evidencian” reuniones privadas de ellos (areneros) con los líderes de las pandillas”, aunque no las mostró, pero dijo que diputados de ARENA han visitado comunidades en las que predominan las maras.

Y luego de que en redes sociales circulara una foto del diputado arenero, Johnny Wright Sol, junto al analista Paolo Lüers, durante una visita a la comunidad Las Palmas, en San Salvador, el pasado fin de semana, ambos explicaron ayer el objetivo de su asistencia al lugar.

Wright Sol afirmó que trabaja en un plan para la comunidad denominado “La Paz en vos” que contempla un proyecto de inclusión de jóvenes que puedan trabajar en programas deportivos dentro de su comunidad. “Es un trabajo que estoy haciendo, no es ningún secreto, no hay nada que quiera ocultar…”, afirmó.

Y agregó: “Todos sabemos que la comunidad Las Palmas es una comunidad marginada, se conoce como una comunidad de alto nivel de pandilleros, y difícilmente podríamos ocultar la realidad de esa comunidad, pero también vive gente que no son pandilleros, no son criminales, son salvadoreños trabajadores y merecen que en sus comunidades se les dé la debida atención, porque son comunidades que han quedado abandonadas por el Gobierno”, argumentó el diputado arenero.

Lo dicho por Wright Sol coincide con lo expresado el lunes por el ministro de Seguridad, Benito Lara, de que es “un error” creer que todos los que viven en comunidades de riesgo son pandilleros.

Por ello, Lüers cuestionó: “¿Quiere decir que cualquier diputado del FMLN que va a Soyapango es pandillero?, es una cosa ridícula”.

Alejandro Gutman, presidente de Forever: “¿No será bueno fomentar el reencuentro de los pandilleros presos con sus familias?”

Hace más de una década que Gutman empezó a trabajar con los más desfavorecidos de la sociedad, en lugares por los que pocos salvadoreños se atreven a caminar. No suena muy atrevido presuponerle cierta sapiencia sobre las causas que han hecho de El Salvador uno de los países más violentos del mundo; desde ese conocimiento concluye algo que en esta coyuntura sonará provocador: “No se puede construir nada sin dialogar con los pandilleros”.

Alejandro Gutman, presidente de la oenegé Forever. Foto Roberto Valencia.

Alejandro Gutman, presidente de la oenegé Forever. Foto Roberto Valencia.

Roberto Valencia, 15 julio 2015 / EL FARO-Sala Negra

Apenas unas horas antes de esta entrevista, un grupo de pandilleros del Barrio 18 asesinó a un agente de la Policía Nacional Civil (PNC) y a su hijo en el reparto La Campanera, en la zona norte de Soyapango. Cuando se consumó el doble homicidio, el presidente de la Fundación Forever, el argentino Alejandro Gutman, se encontraba en la colonia acompañado por sus hijas adolescentes y por el presidente del Banco Agrícola, Rafael Barraza, quien se dejó convencer de que por unas horas dejara atrás las comodidades, se vistiera unos jeans y subiera en microbús a conocer una de las comunidades más estigmatizadas del país, si no la más.

“El aislamiento entre la mitad de la población más pobre y la mitad que dispone de ciertos recursos es mucho más severo en El Salvador que en otros países”, dice Gutman, “y mientras ambos mundos no se integren, va a ser muy difícil que haya cambios profundos”.

Han pasado 12 años ya desde que llegó al país a poner en marcha una pequeña pero ruidosa oenegé que en principio se bautizó “Fútbol Forever2, para luego pasar a llamarse solo Forever. “Me equivoqué”, admite, “tardé siete años en darme cuenta de que el fútbol no era suficiente”.

¿Siente que el país está peor que nunca?
Siento que El Salvador viene en un deterioro continuo desde que comencé a trabajar en el país, salvo en momentos muy puntuales. Sí, veo un deterioro, natural si se tiene en cuenta que es la consecuencia de políticas, de desentendimientos corporativos, de una herencia cultural, y de un modo de ver la vida de parte de las instituciones y de los ciudadanos, acostumbrados a depositar en otros la responsabilidad de aportar soluciones.

¿Al salvadoreño le cuesta sentirse corresponsable de la sociedad de la que forma parte?
La sociedad salvadoreña está tan polarizada que no tiene contrapesos. Hay sociedades que tienen más repartidas las instituciones, y esas sociedades son, cuando las cosas vienen mal, las que aguantan mejor los procesos de deterioro.

¿Cómo repercute en la convivencia social ese deterioro que usted menciona?
En El Salvador hay menos tolerancia, muchísima menos tolerancia. Basta escuchar lo que dice la clase política a través de los medios de comunicación, mensajes que solo contribuyen a polarizar más la situación. Pero no solo están fallando los políticos; también los intelectuales. La intelectualidad asociada a la derecha trabaja para la derecha, y la intelectualidad de la izquierda… digamos que se quedó defendiendo cuestiones que quizá en algún momento fueron importantes, pero que hoy están distanciadas de la realidad.

¿Faltan referentes intelectuales positivos?
En El Salvador no hay referentes intelectuales ni sociales capaces de colaborar e impulsar ideas, de aclarar esas ideas, y eso lo dificulta todo, porque no hay diálogo social ni reflexiones. Todo acá es yo contra vos. No se escuchan propuestas ni ideas, y mucho menos acciones que acompañen a esas ideas. Además, la institucionalidad está debilitada. Y no me refiero al Estado, sino a las universidades, los hospitales, las iglesias, las escuelas, las asociaciones… ¿Qué rol juegan acá estas instituciones, fundamentales para cualquier sociedad? ¡Las empresas! ¿Dónde están? ¿Dónde están los profesionales, los universitarios? ¿Quién está luchando en este país por ideales que en verdad sean transformadores de realidades?

Los políticos, dirían algunos.
Ante el vacío creado, los políticos tratan de encantar a la población con mensajes populistas que repiten constantemente, y quieren vendernos que son la solución, pero ellos nunca lo han sido. Los salvadoreños esperan que los políticos les resuelvan sus problemas, en lugar de ponerse los pantalones y actuar.

¿No es legítimo exigir que el Estado o los partidos políticos abanderen los cambios?
En algunas cosas, sí, pero no en todo. Yo creo que es un insulto a la condición humana pensar que el Estado debe resolvernos todo.

El salvadoreño que lea esta entrevista puede inferir que usted está cuestionándole su pasividad.
En El Salvador, aquel que está más o menos bien se ha acostumbrado a vivir en su mundillo, con sus privilegios, y no quiere perderlos. Si alguien tiene su casita, su carro y puede enviar a sus hijos a la universidad, por lo general no quiere perder esa situación. Esa persona siente que no tiene que mejorar las condiciones de los que pertenecen a la mitad más empobrecida del país.

Pero un clasemediero estadounidense o argentino también mira básicamente por los suyos, y eso no se traduce en una sociedad violenta.
El aislamiento entre la mitad de la población más pobre y la mitad que dispone de ciertos recursos es mucho más severo en El Salvador que en otros países. Y mientras ambos mundos no se integren, va a ser muy difícil que haya cambios profundos.

Usted cree que en otros países la sociedad está más integrada.
Los dos mundos absolutamente aislados el uno del otro son algo muy propio de la sociedad salvadoreña; cuesta hallarlo en otras sociedades, al menos de una forma tan marcada.

¿Y qué consecuencias tiene ese aislamiento en el combate a la pobreza y la exclusión?
El sistema de ayuda que se ha construido consiste en que la mitad que vive mejor dicta qué es lo que le conviene a la otra mitad; con ese sistema, en el fondo, lo que se garantiza es que no se haga nada que atente contra lo establecido. Por eso yo siempre trato de llevar a la gente más privilegiada a zonas estigmatizadas, para que vea con sus propios ojos y entienda que la realidad de los pobres no se puede cambiar con programas de ayuda planificados en oficinas seguras y tranquilas y maravillosas, sin siquiera haber cedido la palabra a las personas que viven en las comunidades a las que supuestamente se pretende ayudar.

¿Por qué las expresiones más crudas de la violencia ocurren en la mitad más empobrecida?
Porque el flujo sociocultural que funciona en las comunidades es mucho más débil. La vida en una comunidad, en líneas generales, es de pura sobrevivencia, y en esas condiciones es normal que de ahí salgan tanto víctimas como victimarios. La palabra desarrollo tiene un significado distinto en las comunidades, que apela a sobrevivir mejor, mientras en nuestro mundo la red de apoyos es mayor, nos protegemos mejor entre nosotros, y también el Estado que, aunque funciona mal, de algún modo nos defiende mejor que como defiende a los más empobrecidos.

Usted ha llevado al presidente del Banco Agrícola al reparto La Campanera.
Y lo senté a platicar con la directora de la escuelita de La Campanera. ¿Alguien cree que esa directora no tiene nada interesante que decir? O cualquier mujer líder en esa comunidad, ¿no tiene nada interesante que aportar a la sociedad salvadoreña? Los alumnos, los padres… ¿no tienen los salvadoreños mucho que aprender de estas personas?

Hace cuatro años, antes de la Tregua, la Sala Negra lo entrevistó y usted advirtió de que los índices de violencia en El Salvador iban a ir a peor.
Y no soy ningún profeta. Basta con estar en las comunidades. Cualquier persona normal que ama lo que hace y que esté convencida y comprometida iba a ver lo que yo veía.

En aquella entrevista usted decía que las comunidades estaban descuidadas.
Por seguir con La Campanera, ¿quién ha ido a trabajar en serio allá en los últimos seis o siete años? ¡Nadie! La directora y los profesores de la escuela se lo decían a Rafael Barraza. ¡Nadie! Nosotros gestionamos la construcción de dos aulas, se logró que los que terminan noveno grado puedan estudiar en el instituto de la Santa Eduviges, y nuestros voluntarios llegan a ayudar, pero, ¿y el Estado? ¿Y las instituciones? El olvido es igual, ¡igual que el primer día que yo llegué! ¡Nada ha cambiado!

El descenso en los homicidios por la Tregua, ¿qué fue? ¿Un espejismo?
La Tregua fue, quiero suponer, un intento con buenas intenciones, pero lamentablemente se quiso buscar un atajo al problema de la violencia, pero sin haber armado bien las cosas, con una iniciativa que incluso terminó incomodando al propio gobierno, que a cada rato cambiaba su discurso.

Usted habla de comunidades descuidadas, mientras el gobierno, que asegura ser de izquierda, dice estar trabajando por los más desfavorecidos.
Todos los políticos siempre van a decir que les preocupa la gente, sobre todo cuando gobiernan. Y no voy a negar que en seis años haya habido algunas medidas puntuales positivas, pero en el gobierno no hay personas capaces de adaptarse, conocer y querer reconocer esa realidad, porque ni siquiera intentan trabajar cotidianamente esas realidades para querer cambiarlas. No veo acá un plan para transformar la realidad.

¿Y en las oenegés, las fundaciones, los organismos internacionales…?
Patético… patético… Las Naciones Unidas, Unicef, el BID, la cooperación española, la italiana… es patético. Tienen recursos millonarios, tienen la capacidad para transformar y motivar a otras instituciones, para promover la integración tan necesaria para el desarrollo… pero, en lugar de eso, sus soluciones son hablar de programitas de prevención, hablar de inclusión, hablar de oportunidades en lugar de desarrollo. Sinceramente, no veo gente muy iluminada en ese entramado.

Usted critica, señala, cuestiona con dureza…
Pero lo hago después de haber pasado 12 años metido en lugares a los que pocos entran, y de haber meditado, sistematizado y corregido toda esa experiencia.

Alejandro Gutman, presidente de la oenegé Forever. Foto Roberto Valencia.

Alejandro Gutman, presidente de la oenegé Forever. Foto Roberto Valencia.

Forever lleva años trabajando en la Santa Eduviges, en Montes V, en La Campanera. ¿La convivencia en esas zonas ha mejorado?
No se puede descontextualizar. Forever es una fundación muy pequeña, con solo tres personas en planilla, porque todos los demás son estudiantes, voluntarios, jóvenes becados, padres de familia, artistas que nos ayudan, universidades que dan becas, empresas que imparten cursos de formación…

¿Pero hay logros concretos en cuanto a la convivencia?
Lo que está sucediendo es que las escuelas se reactivan, y las comunidades empiezan a ver a decenas de jóvenes que antes no tenían futuro y ahora van a la universidad o se capacitan en el Marriott o en la KL (Radio Cadena YSKL), jóvenes que descubren otros mundos y que empiezan a interactuar distinto, a transformarse y a transformar… es todo un proceso de revitalización que no se puede medir de un día para otro y con un grupo reducido de personas. Todo el país, todas las empresas deberían estar involucradas, y no solo dos o tres comunidades.

¿Qué rol desempeñan las pandillas en el modelo que plantea para sacar a las comunidades de su aislamiento?
Yo hablo con los pandilleros desde el primer día que llegué a Soyapango, y sigo haciéndolo. ¿Qué es lo que nos ha permitido trabajar y construir sin problemas? Por un lado, la transparencia, porque Forever no tiene ninguna agenda detrás, solo mejorar las condiciones de vida de los vecinos, de todos; y por otro lado, es un hecho que muchos de los pandilleros tienen hijos, y por lo general no quieren para sus hijos la misma vida que han tenido ellos. Son dos ingredientes indispensables para tratar de dar la vuelta a la situación que se vive en el país.

¿La solución, según su experiencia, pasa por integrar a los pandilleros?
Yo creo, y esto lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo, que es necesario el diálogo con los pandilleros. Estoy absolutamente convencido. Pero dialogar no significa negociar, y no entiendo por qué se clavan con la palabra negociación, y hasta se genera un discurso confrontativo en los medios por una palabra. Yo me pregunto: ¿no será bueno que se hable con los pandilleros presos y fomentar el reencuentro con sus familias, con sus hijos? ¿No ayudaría recomponer esos vínculos familiares? Estoy convencido de que sí. Y lo mismo se puede decir de las víctimas de los pandilleros: ¿no tenemos como sociedad recursos para atender a esas víctimas y no dejarlas a la deriva, como ocurre ahora? Y me refiero a los profesionales de sicología, a trabajadores sociales, a universitarios. ¿No podemos ser una mejor sociedad?

Usted defiende el diálogo como una herramienta indispensable.
Sin diálogo con los pandilleros no se puede construir nada. Yo no me meto en cuestiones de seguridad pública, y por supuesto que creo que quien infringe la ley debe ser combatido, pero desde hace 12 años todos los gobiernos están apostando a la represión, y en lo verdaderamente importante no se ha hecho nada; o si han hecho algo, no ha impactado en las comunidades.

Una curiosidad: ¿por qué cambió el nombre de su fundación: de Fútbol Forever a Forever?
Porque me equivoqué. Durante siete años de mi vida estuve ideando un programa con el que, a través del fútbol, los jóvenes hallaran un modelo de aprendizaje para escapar de la pobreza, para que los valores del deporte los pudieran trasladar a otras situaciones en sus vidas. Tardé siete años en darme cuenta de que no era suficiente, de que todo lo demás ahoga a los jóvenes y de que el deporte no alcanza. La problemática de la pobreza es demasiado compleja y no puede ser reducida a una temática concreta.

¿Cuál es hoy, esquematizada, la filosofía de trabajo de la fundación?
La integración. Forever propone la integración de esas dos mitades aisladas que conforman la sociedad salvadoreña. No imagino otra forma para salir de la pobreza que no pase por la integración de esos dos mundos. Ni esos programas de prevención tradicionales, ni esas oportunidades, ni esa llamada responsabilidad social empresarial que es casi una industria, ni esa inclusión social que hoy está de moda… todas esas ideas están por debajo de la integración.

El país presenta los niveles de violencia más altos de las últimas dos décadas. Alejandro, ¿hay margen para el optimismo?
En este viaje a El Salvador he traído a mis hijas, y subieron conmigo a La Campanera. ¿Creés que llevaría a mis hijas de 16 años a La Campanera si no creyera que este problema tiene solución?

¿Pero es a corto plazo? ¿A medio? ¿O tendremos que esperar al menos un par de generaciones para ver resultados?
Hay cosas que se están construyendo, y hay resultados que se verán pronto, algunos incluso ya se están viendo. Las vidas de cientos de jóvenes han cambiado; solo hay que escucharlos a ellos. Yo sería un enfermo mental si no reconociera lo grave de la situación, pero también siento un enorme optimismo por esa gente. El presidente del Banco Agrícola pasó una tarde en La Campanera, y sé que se fue impresionado, pero no por lo que yo le dije, sino por lo que vio y escuchó de los vecinos. Y su mensaje puede tener un efecto multiplicador en otras personas que, como él, nunca visitarían por iniciativa propia un lugar así. Hay mensajes que solo calan cuando vienen de la boca de un igual. Y mi optimismo radica en que cada vez son más las empresas y los funcionarios de peso que conocen de primera mano el proyecto y se suman, y eso representa un cambio cultural enorme.

¿Un cheque para un proyecto puntual puede cambiar una realidad tan arraigada?
No, por supuesto que no; por eso esto no es cuestión de cheques ni de dinero. Cuando yo hablo de compromiso y de involucramiento de las universidades, por ejemplo, me refiero a que estén mucho más cerca de las escuelas de las comunidades, para que no sea prácticamente imposible pasar de una a otra. Lo mismo con las empresas, los profesionales o los artistas; compromiso es que estén cerca del pueblo, y que se promueva una integración honesta y real. A eso me refiero, y para derribar esas barreras que existen, y que hoy por hoy son las más difíciles de derribar, el dinero es lo menos importante.