Cataluña

España en las manos de los oportunistas. De Fernando Mires

Politólogo chileno radicado en Alemania

Politólogo chileno radicado en Alemania

Fernando Mires, 29 diciembre 2015 / PRODAVINCI

“El destino de España está en manos de la CUP” fue uno de los titulares de El País ese 27 de Diciembre. A primera vista, opinión exagerada. Pero el periodista que la insertó, tenía razón. Pensemos: ese día la CUP, en representación del ultraizquierdismo separatista de Cataluña, decidiría en tres votaciones si apoyaba la investidura de la presidencia de Artur Mas. Si el resultado era positivo, Artur Mas en representación de Junts Pel Sí (Convergencia, Ezquerra y otros) y la CUP iniciaría —como ya había anunciado de modo golpista el 27.10. 2015— los trámites para convertir de una vez por todas a Cataluña en una nación independiente.

Una alianza entre los conservadores (y neoliberales) de Junts pel Sí y los anticapitalistas de la CUT es un micro-equivalente de lo que sería una alianza a nivel nacional entre el PP de Rajoy y el Podemos de Pablo Iglesias: una absoluta imposibilidad. Pero esa imposibilidad es posible en Cataluña gracias a ese monumento al oportunismo llamado Artur Mas.

A Artur Mas no importan los programas, ni las ideologías, ni los valores ni los principios. Lo importante es sumar desde todos los lados en aras de su obsesión: pasar a la historia como el fundador de la república independiente de Cataluña. A fin de cumplir ese destino Mas ha hecho a la CUP concesión tras concesión hasta quedar —lo dice su propia gente— como un pollo desplumado.

Pero Artur Mas no llega a las alturas de su predecesor.

prodavinci

Al anciano Jordi Pujol, quien después de haber gobernado 23 años llegó a considerar la caja fiscal de Cataluña como patrimonio familiar, se le recordará también como el patriarca que supo lograr excelentes condiciones autonómicas para Cataluña en la España de la transición. Nunca, es cierto, abandonó Pujol la idea independista. Pero tampoco intentó imponerla a troche y moche violando la Constitución y mucho menos pactando con quienes siempre fueron sus enemigos viscerales: la ultraizquierda, esa misma que el día 27-D tenía a Cataluña y con ello el destino de toda España en sus manos.

Como era de esperarse entre gente que nunca ha valorado a la democracia, las elecciones de la CUP resultaron una grotesca farsa. Después de tres larguísimas vueltas, los más de tres mil electores obtuvieron un empate matemático, 1515 votos cada uno (!!). La tercera vuelta duró el doble de la segunda y los resultados fueron dados a conocer sólo después que los directivos determinaran a puertas cerradas el empate. Escrutinios que hicieron recordar a las elecciones en los antiguos países comunistas en donde los resultados eran dados a conocer después de que el comité central los discutía.

En cualquier caso “los anticapitalistas” no lograron ocultar que ellos, al igual que la derecha, se encuentran profundamente divididos. A un lado los que ponen el anticapitalismo por sobre el independentismo. Al otro los que ponen al independentismo por sobre el anticapitalismo. Estos últimos, delatando su talante oportunista, argumentaban que si no se realizaba ahora la independencia —en medio de la crisis política que vive España después del 20-D— no se haría nunca. Es decir, para ellos se trataba de aprovechar una circunstancia transitoria para decidir un “para siempre” histórico.

¿Es esa la gente que piensa gobernar a Cataluña si triunfa la escisión? Ha sido seguramente la pregunta de muchos separatistas que ven ahora con horror la locura desatada por el oportunismo de Mas y esos jacobinos sin historia, dispuestos a pescar a río revuelto cuando se trata de alcanzar un poder que en condiciones de mayor estabilidad nunca alcanzarían.

La crisis política española es, sin embargo, verdadera. Ella ha sido provocada en parte por el, después de Artur Mas, más oportunista político de España: Pablo Iglesias.

Pablo Iglesias, Artur Mas

Pablo Iglesias, Artur Mas

Quien lograra para su partido personal, Podemos, nada menos que 69 escaños, lo hizo no gracias a los votos de Podemos sino a los de los separatistas con los cuales pactó en Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia (y quien sabe donde más). Sin esos votos Podemos no habría pasado de los 40 escaños.

De este modo Pablo Iglesias ya no es solo el líder de los anti-capitalistas, es además el líder de los separatistas de todas las izquierdas y de todas las derechas que exigen un referendo. Ha pasado a ser así el Mesías de la balcanización de España, de esa España invertebrada a la que se refería José Ortega y Gasset, formada “por piedras tiradas a lo largo del camino”.

El gran viraje de Pablo Iglesias al convertir a su partido en una organización social-separatista fue llevado a cabo entre gallos y media noche. No hubo ningún congreso, ninguna discusión colectiva, ni siquiera una consulta general en su partido. Y nótese, no estamos hablando de una coma más o menos. Iglesias decidió por sí solo un asunto que tiene que ver nada menos que con la integridad geográfica de toda una nación. Y lo decidió solo para obtener —como si él fuera el Clint Eastwood de la política— un puñado de votos.

Tanto o más grande es el oportunismo de Iglesias si se tiene en cuenta que para cumplir su objetivo se pasó por el lado oscuro de su persona el legado de las tradiciones internacionalistas y no nacionalistas de esa izquierda a la cual jura pertenecer. No vaciló, además, en romper con el pacto tácito acordado por los demás partidos: el de no incluir en la agenda electoral el tema de los separatismos. A ese pacto tácito se atuvo incluso Ciudadanos, pese a que el tema de la nación está inscrito en el centro de su programa.

El proyecto de Pablo Iglesias puede todavía ser cumplido. El novato pero ambicioso Pedro Sánchez ya había sacado cuentas alegres para repartirse el poder con Iglesias. Contaba con el apoyo de las ingenuas bases de izquierda del PSOE. Tuvo que hacerse oír la voz firme de la andaluza Susana Díaz para frenar a Sánchez y salvarlo de que se convirtiera junto a Mas e Iglesias en el tercer gran oportunista de la nación. A Susana Díaz se unieron Emiliano García —Page de Castilla-la Mancha y Guillermo Fernández Vara de Extremadura. Pero la última palabra no ha sido dicha.

Algunos barones del PSOE han logrado imponer a Sánchez condicionar un pacto con Podemos a la renuncia al referendo. Pero en ese punto hay que ser cuidadosos. Iglesias no es un hombre de principios. Si se trata de acceder al poder puede utilizar sutilezas como “posponer”, “des-priorizar” en lugar de “renunciar” al referendo.

Pero no sólo el tema separatista diferencia a Podemos del PSOE. Hay otros que son existenciales para la política española y europea. Pongamos solo algunos ejemplos: Podemos es un partido anti- UE. Podemos es pro-Putin y anti-Merkel. Por si fuera poco Podemos maneja discursos dobles: mientras Iglesias critica a Maduro, sus seguidores en el Parlamento Europeo votan en contra de la liberación de presos políticos en Venezuela. Mientras dice aceptar al euro, en el Parlamento Europeo se pronuncian junto al Frente Nacional de Francia en contra del euro.

Todo indica pues que si el PSOE, aún obviado el tema de los referendos, pacta con un partido hipotecado, hipotecará de paso su propio futuro. Eso no lo merece el partido de Felipe González, gran actor en la reconstrucción de la democracia post-franquista.

PSOE tiene otras alternativas: la más sensata sería aceptar un pacto de gobierno junto al PP y Ciudadanos (propuesta original de Ciudadanos). Puede también abstenerse en el acto de investidura y aceptar un gobierno del PP tolerado y vigilado por los demás partidos. Puede ir, por último, con todos los riesgos que eso implica, a una segunda elección.

La peor de todas las alternativas es una alianza del PSOE con Podemos en nombre de una izquierda mítica que ya no existe en ninguna parte. Si eso ocurre, España caerá definitivamente en las manos de esos oportunistas para quienes el poder no es nada más que un fin en sí. Ha llegado quizás la hora en la cual los españoles deberán salvar a España de sí misma.

España: Rajoy busca extender el pacto con Sánchez y Rivera a toda la sociedad

El presidente pretende liderar la alianza para responder al desafío independentista catalán, “sin discusiones estériles”, con los dos principales partidos con los que se disputará el 20-D

Mariano Rajoy, en La Moncloa, valora sus reuniones. / Luis Sevillano

Mariano Rajoy, en La Moncloa, valora sus reuniones. / Luis Sevillano


Javier Casqueiro, 30 octubre 2015 / EL PAIS

el paisNo habrá un papel ni, por ahora, una firma, pero PP, PSOE y Ciudadanos han logrado cerrar un pacto de Estado sobre unos principios mínimos para responder juntos al desafío independentista catalán. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pretende liderar esa alianza con el compromiso de consensuar todas las medidas que se adopten, “sin discusiones estériles”, con los dos principales partidos con los que se disputará las elecciones generales del 20-D. También escuchará y estudiará sus ofertas y las de otras fuerzas, como el PNV y más sectores sociales.

El presidente ha cambiado radicalmente sus primeras intenciones de abordar en solitario la respuesta al reto soberanista planteado por la lista conjunta de Junts pel Sí y la CUP cuando registraron el pasado lunes una resolución en el nuevo Parlamento catalán para iniciar el camino hacia una república en Cataluña. Ahora quiere ir de la mano con todos. Con todos los partidos que ya tienen representación en las Cortes en funciones y con las nuevas fuerzas emergentes aún sin diputados. Con antiguos socios nacionalistas como Unió y PNV, con los que ya ha hablado y también citará en La Moncloa, y con los colectivos y entidades sociales que se presten. Y se muestra satisfecho y contento de haber dado ese paso y variado totalmente su estrategia inicial.

Rajoy compareció ya anoche en La Moncloa en rueda de prensa para detallar muy pocos pasos concretos de ese pacto de Estado a varias bandas pero sobre todo para agradecer la buena disposición de todos, incluido el representante de Podemos, Pablo Iglesias, con el que apenas coincidió en nada.

El líder del PP constató, sin embargo, que lo importante ahora es haber sellado un “acuerdo previo de convivencia que nos une a todos sobre la unidad de España, la soberanía nacional, la igualdad de todos los españoles y el cumplimiento de las leyes”. Rajoy ensalzó que sobre esa misma alianza “se han cimentado hasta ahora los años más brillantes de nuestra historia” y mantiene, por tanto, que las diferencias y discrepancias sobre los procedimientos a aplicar a partir de ahora son asuntos menores, “discusiones estériles”, que él dice haber pedido que se mantengan al margen a los candidatos de los tres partidos con los que se ha entrevistado estos días.

El consenso con el socialista Pedro Sánchez, con el que comió el miércoles en La Moncloa, y con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, con el que se reunió durante una hora en la mañana de este viernes, es casi total sobre esos principios básicos y sobre la necesidad de impedir que se “violenten las leyes y se deslegitimen las instituciones”.

El jefe del Ejecutivo quiere liderar esa respuesta conjunta y a propuesta de los propios Sánchez y Rivera persigue incluir en ese núcleo duro del pacto a otras fuerzas. El lunes se reunirá en La Moncloa con el líder de IU, Alberto Garzón y el martes con los candidatos de Unió, Josep Antoni Durán Lleida, y de UPyD, Andrés Herzog. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que es la que ha fraguado esos contactos y otros, ha hablado también con el presidente del PNV, Andoni Ortuzar. El propio Rajoy admitió anoche que querría sumar a todas las fuerzas y entidades que quieran compartir la reacción ante la gravedad del desafío: “Vamos a buscar lo que nos une, que es lo que protege nuestra diversidad y nuestros derechos”.

Rajoy insistió varias veces en que había pedido a los demás dirigentes no perderse ahora en debates de procedimiento sobre qué medida de los independentistas conviene recurrir y cuándo. Tanto Sánchez como Rivera le han avanzado claramente que no pretenden enfangarse en disputas electorales con este asunto, aunque el líder de Ciudadanos sí le planteó un documento de cinco puntos con alguna divergencia de matiz.

El presidente les prometió volver a hablar antes de adoptar cada paso y les reclamó confianza en los servicios jurídicos del Estado, que trabajan desde hace semanas en tener previstas todas las opciones legales de respuesta.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, con el que Rajoy habló este viernes y mantuvo una entrevista por primera vez, se desmarcó totalmente de ese frente de la que denominó “la nueva gran coalición bunkerizada”. Iglesias también acudió con sus cinco garantías para este proceso pero ninguna coincide ahora ni con lo que pretende Rajoy ni con lo que están de acuerdo Sánchez y Rivera. El candidato de Podemos no respalda ni siquiera que el Gobierno pueda recurrir al Tribunal Constitucional si el parlamento o el gobierno catalán llevan a efecto su amenaza de no cumplir las leyes españolas ni los mandatos de esos órganos. Rajoy estaba muy contento para perderse en disquisiciones sobre ese rechazo previsible: “Nada perdí por haber tenido esa conversación”.

El objetivo es acordar cómo se actúa ante el Constitucional

“No vamos a adelantar acontecimientos, pero quiero lanzar un mensaje de tranquilidad: el Estado tiene instrumentos para evitar el disparate que están tramando”. La frase de Mariano Rajoy anoche, al final de una larga e intensa jornada de contactos políticos en La Moncloa, iba por un lado dirigida a los españoles y catalanes inquietos y preocupados por la magnitud de la deriva soberanista en Cataluña. Pero también tenía como destino la previsión de distintas propuestas y ofertas que espera de las diversas fuerzas —sobre todo las presentes ya en el Parlamento catalán— para actuar ante cada paso que adopten allí los independentistas.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, reconoció que había discrepado con el presidente sobre la oportunidad que él defiende de recurrir ya la semana próxima la más que previsible decisión de la Mesa del Parlamento catalán de admitir la resolución independentista en cuanto el PP se constituya como grupo en la Cámara, el 5 de noviembre.

La Abogacía del Estado, para la que Rajoy reclamó la máxima confianza, no aconseja adoptar ese recurso de inconstitucionalidad en ese momento. La vicepresidenta lo confesó y afirmó, sin embargo, que ya está listo y casi redactado el recurso que será presentado “de inmediato” en cuanto el pleno del Parlamento catalán apruebe esa medida. Rajoy acordó con Sánchez y Rivera estudiar y valorar sus alternativas.

España y el nuevo bloqueo constitucional anti-escisionista. De Fernando Mires

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fernando mires

Fernando Mires, politólogo chileno radicado en Alemania

Fernando Mires, 29 octubre 2015 / PRODAVINCI

Los dos grandes periódicos de España, El País y El Mundo, estuvieron de acuerdo ese día 27. 10.2015 al reaccionar con desacostumbrada virulencia en contra de la asonada secesionista fraguada en Cataluña.

Convergencia Democrática y Esquerra Republicana, ambas puestas al servicio del agresivo socialismo-nacionalista de la CUP, han intentado en nombre de una mayoría parlamentaria que no representa a la mayoría de los votos catalanes, forzar la ruta hacia la secesión mediante un abierto acto de sedición.

No se trata de jugar con palabras. Secesión implica un separatismo radical. Sedición, en cambio, implica una rebelión. Una que en este caso pretende desconocer no sólo la legalidad estatal sino, además, el veredicto electoral de la ciudadanía catalana. Con toda razón el editorial de El País del día 28 habló de un “golpe al estado”.

prodavinciHay, con toda seguridad, muchas argumentos alrededor de la propuesta secesionista. Pero esos argumentos deberán ser debatidos en el espacio público para culminar en procesos electorales en donde estará planteado sin ambages, el tema central, en este caso la autonomía e incluso el independentismo. Todo otro camino es anticonstitucional. Transformar eventos que por su naturaleza no son plebiscitarios en plebiscitos, es fraude. Ese procedimiento sólo corresponde a gobiernos autoritarios como los de Putin, Lukashenko o Maduro y en ningún caso a una democracia enraizada como la española.

Muy mal se ve a Artur Mas en una Europa acosada por ultra-nacionalismos de todo tipo al lado de los cuales el catalán parece ser uno más.

Más irrisoria resulta la convocatoria si se tiene en cuenta que surgió desde una alianza política fragmentada.

Efectivamente, Junts pel Sí y la CUP no tienen nada, pero absolutamente nada en común con excepción de su declarado amor a la patria catalana. Pero incluso ese amor no es el mismo amor.

Para la gente de Junts pel Sí, ese amor surge de un proyecto destinado a construir una Cataluña más moderna (es decir, más capitalista) sobre la base de una economía pujante que supuestamente pondría a Cataluña a la cabeza de las naciones de Europa (lo mismo soñaban los líderes croatas en el pasado reciente). Para la CUP en cambio, su amor al nacionalismo es inseparable de su amor al socialismo. Su ideal es convertir a Cataluña es una republica soviética en miniatura, alternativa comunista frente al capitalismo español.

Es fácil adivinar entonces hacia donde llevaría la escisión de Cataluña en el caso de que los secesionistas lograran su objetivo. Al día siguiente Cataluña se convertiría en una nación dividida en dos polos políticos irreconciliables.

Todo depende entonces de cómo se plantean las cosas. Si en términos electorales, y aprovechando la ola de impopularidad por la cual atraviesa el gobierno de Rajoy, es planteada la independencia, es lógico y natural que muchos catalanes -transfiriendo su malestar con respecto al gobierno en contra del Estado- pueden llegar a apoyar emocionalmente a una salida secesionista. Si es planteada en cambio que la separación pasa por la alianza estratégica (es decir, a larguísimo plazo) entre Junts pel Sí y la CUP, difícilmente sería alcanzada esa mayoría.

Más allá de la “cuestión catalana”, Junts pel Sí está cerca del programa del PP. En cambio CUP representa lo más arcaico y fundamentalista del izquierdismo español. De ahí que posponer programas, ideologías y principios, vale decir, todo lo que hace a la política, en aras de una supuesta y casi siempre inventada comunidad originaria, sólo puede llevar a Cataluña a los umbrales del mundo pre-político. No obstante, si la mayoría de los catalanes así lo quiere, esa será su decisión y su problema. Pero este tampoco es el caso.

Aquí estamos frente al caso de una mayoría ocasional parlamentaria que decide actuar en contra de la mayoría electoral de su propia comunidad política. Esa y no otra fue la razón por la cual los líderes del PSOE y de Ciudadanos, Pedro Sánchez y Albert Rivera, venían, aún antes de haber sido dada a conocer la movida de los secesionistas, presionando a Rajoy para que diera el visto bueno a la formación de un bloque formado inicialmente por los tres más grandes partidos de España (PP, PSOE y Ciudadanos) en contra del secesionismo catalán (y nada más).

Al fin Rajoy cedió y el bloque constitucional, así se llama ya, ha sido formado.

¿Por que demoró tanto Rajoy? Hay tres explicaciones y las tres parecen ser ciertas.

La primera es el carácter burocrático y leguleyo del presidente y de quienes lo rodean. Hasta ahora estaban convencidos de que para frenar el movimiento secesionista bastaba aplicar la ley, imponer querellas judiciales y hacer llamados al orden. No les pasaba por la cabeza que ningún movimiento secesionista, no sólo en España, quiere ser regido por las leyes de la nación de la cual se quiere separar.

Precisamente eso es el secesionismo: ruptura con la constitución de todos en nombre de un constitucionalismo particular. Así se explica por qué el secesionismo sólo puede ser detenido con otro movimiento político aún más mayoritario que el secesionismo.

La segunda razón obedece a un ideal político que Rajoy intenta restaurar. Parece evidente que el mandatario no se siente cómodo en el contexto de una formación política tetra-partidaria. No son pocas las veces en las cuales Rajoy ha manifestado su convencimiento de que pronto el país volverá a los buenos tiempos en los cuales sólo PP y PSOE alternaban en el poder. Todavía no quiere convencerse de que tanto Cds como Podemos llegaron para quedarse.

Cerrar el camino de la unidad anti-secesionista a CDs habría sido una brutalidad; por decir lo menos. CDs no sólo es el principal partido de Cataluña. Es el puente de plata que se extiende desde Cataluña hacia el resto de España. Incluso podría ser posible que un día España tenga un presidente catalán. Si a los españoles se les aviva el seso y despiertan, esa sería la mejor defensa en contra de cualquiera escisión.

Visto el mismo problema desde otra perspectiva, a quien menos convenía dejar fuera a Cds en aras de un bi-partidismo que ya no existe, era al PSOE. Las razones son simples: Sabidas son las simpatías de no pocos miembros del PSC por una alternativa separatista. Frente a ellos Pedro Sánchez requería dar un golpe de timón y así disciplinar a los barones regionales de su partido. Acompañado sólo por el descendente PP habría sido el suyo un golpe débil. Con Ciudadanos al lado, es un golpe fuerte.

No son pocos, en efecto, los observadores que ya ven en el horizonte una alianza de gobierno formada por el PSOE y Cds.

¿Por qué Podemos no fue incorporado inicialmente a la alianza? Pablo Iglesias se quejó, argumentando que en la unidad política hay que dar cabida a quienes piensan diferente. Nadie le dijo que ese es precisamente el problema. Podemos no está a favor del secesionismo pero tampoco está en contra. Como ya ha ocurrido frente a todos los temas de importancia nacional y europea, Podemos carece de política. Por sus relaciones con la CUP, no puede ser radicalmente anti-secesionista y por lo mismo le resultará difícil formar parte de un bloque en contra de la secesión.

Hay, además, una tercera razón que explica la vacilación de Rajoy para constituir el frente constitucional. El 20 de Diciembre tendrán lugar las elecciones generales. Formar parte de un bloque al lado de sus dos adversarios más directos significa para Rajoy abrirles las puertas en la toma de decisiones y de paso confesar su imposibilidad para resolver por sí solo los problemas de su país, justo antes de la gran contienda electoral. Sólo cuando Rajoy estuvo convencido de que la Política (con P mayúscula) era en ese momento mucho importante que la Política (con p minúscula) decidió dar el visto bueno al bloque constitucional.

El 20 de Diciembre serán decididas muchas cosas en España. Entre otras, si la decisión de Rajoy no sólo fue tardía sino, además, demasiado tardía.

Cataluña: Pactan en el Parlament romper con España

La propuesta de resolución la han registrado en el Parlament Jordi Turull (CDC) y Marta Rovira (ERC), por parte de JxSí, y Antonio Baños y Anna Gabriel por parte de la CUP. En el próximo pleno, ambos grupos votarán a favor de “declarar solemnemente el inicio del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república”.


La oposición catalana tacha la declaración de ‘golpe a la democracia’
PDF: Lea la propuesta de resolución conjunta para iniciar la independencia

Forcadell, presidenta del Parlament: ‘¡Viva la República catalana!
Sus 10 frases
Viaje a la Cataluña que ya se ha ‘independizado
Mariano Rajoy frenará la ‘provocación’ secesionista
con todas las armas de la ley

Junts pel Sí y la CUP inician la ruptura con el Estado

Reclaman que en 30 días empiece la tramitación de las leyes del proceso constituyente, la seguridad social y la hacienda propia.

Consideran que el Constitucional está “deslegitimado” por lo que no supeditarán la “desconexión” a sus decisiones

La Mesa del Parlament admite a trámite la propuesta con los votos favorables de Junts pel Sí

Los nueve puntos del proceso de desconexión de Junts pel Sí y la CUP
Rajoy: ‘La propuesta del Parlament es una provocación y no surtirá efecto alguno’
El Govern acusa a Rajoy de ‘no respetar la democracia ni la libertad de expresión’

GERMÁN GONZÁLEZ, 27 octubre 2015 / EL MUNDO

No han pasado ni 24 horas desde la constitución del nuevo Parlament cuando los grupos parlamentarios independentistas han presentado una propuesta de resolución en la cámara catalana para declarar “solemnemente el inicio del proceso de creación del estado independendiente en forma de república”. El documento, que consta de una decena de puntos destaca que tras las elecciones del 27 de septiembre el Parlament tiene una “mayoría de escaños de las fuerzas parlamentarias que tienen el objetivo de que Cataluña sea un estado independiente“. Por eso apuestan por “abrir un proceso constituyente no subordinado” para preparar “las bases de la futura constitución catalana”.

el mundoPara ello, los grupos parlamentarios instan al “futuro Govern a adoptar las medidas necesarias para hacer efectivas estas declaraciones”. Además reclaman que en 30 días debe empezar la tramitación de las leyes del proceso constituyente, la seguridad social y la hacienda propia. La resolución también desafía al Tribunal Constitucional al indicar que el Parlament y el “proceso de desconexión democrática no se supeditarán a las decisiones de las instituciones” del Estado, y en particular al de este tribunal al que consideran “deslegitimado y sin competencia por la sentencia de junio de 2010 sobre el Estatut”.

La declaración también reclama adoptar “las medidas necesarias para abrir este proceso de desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica” con España contando para ello con la participación ciudadana. Igualmente reclaman al futuro Govern a cumplir los mandatos del parlament paea “blindar los derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español”.

Para ello, la resolución, que debe votarse, declara la voluntad de iniciar negociaciones para crear el “estado catalán independiente en forma de república” y lo comunica a España, la Unión Europea y la comunidad internacional.

La Mesa del Parlament ya ha admitido a trámite la propuesta de resolución con los cuatro votos independentistas de Junts pel Sí a favor y los votos de los otros tres miembros en contra. Según fuentes parlamentarias, está previsto que la Mesa se reúna de nuevo el miércoles para tramitar la propuesta con carácter de urgencia, con el objetivo de que pueda llevarse a un pleno extraordinario antes del debate de investidura, previsto para el 9 de noviembre.

En la frontera de la ignorancia. De David Jiménez

David Jiménez, director del periódico español El Mundo

David Jiménez, director del periódico español El Mundo

David Jiménez, 27 sept. 2015 / ElMundo.es

LA FAROLA frente a la casa de una buena amiga apareció un día envuelta en la bandera independentista. Con el tiempo, los parques, plazas y fachadas de su pueblo, en las afueras de Barcelona, fueron también cubiertas por esteladas. La población se dividió entre los que estaban a favor de esa muestra pública de independentismo y quienes creían que los espacios públicos no deben ser monopolizados por símbolos de una opción política. Y entonces ocurrió: el ambiente cambió, gentes que se conocían desde siempre dejaron de saludarse, amistades empezaron a enfriarse o se rompieron.

El pueblo se partió en dos.

Cuento todo esto porque me temo que, más allá de los resultados de hoy en las elecciones autonómicas, algo se ha fracturado en Cataluña. Costará repararlo. Cuando personas que piensan diferente dejan de hablarse, y en su lugar bajan la mirada al cruzarse en la calle o rehúyen conversaciones de sobremesa, se pierde la capacidad de comprender qué ha llevado al otro a su posición. Y es en esa incomunicación donde crece con más facilidad el resentimiento.

Mi amiga, que pasaría el test de pedigrí catalán del nacionalismo más sectario y ha sido reportera de guerra, lamentaba la ignorancia de quienes manipulan irresponsablemente los sentimientos nacionalistas. ¿Acaso desconocen que una vez plantas la semilla de un conflicto éste crece aunque después dejes de alimentarlo? ¿Que convertir enemigos imaginarios en reales es el primer paso para hacer aceptable lo que antes no lo era? ¿Que la historia está llena de ejemplos de sociedades civilizadas que se dejaron contagiar por el fanatismo y sus líderes iluminados?

Lo sorprendente en el caso catalán no es tanto el fervor independentista -todo el mundo tiene derecho a sentirse lo que le plazca-, sino que ese sentimiento haya sido despertado de manera tan eficaz por una casta política corrupta, inculta y egoísta a la que el futuro de Cataluña le importa bien poco, comparado con el suyo propio. Pero la responsabilidad del momento que vivimos no es sólo de quienes han utilizado la mentira y el dinero de todos para enfrentar a catalanes y españoles, poniendo los recursos públicos al servicio de la propagación de un mensaje que ha ido degenerando hacia la xenofobia, sino a los gobiernos que desde Madrid han respondido con desidia a ese desafío soberanista.

No hablo de los últimos días o meses, porque este viaje no empezó con la llegada de Artur Mas, sino al día siguiente mismo de lograrse el pacto constitucional que dio a Cataluña competencias que serían la envidia de cualquier movimiento de secesión. Hemos llegado hasta aquí después de décadas en las que los nacionalistas han utilizado escuelas, instituciones y medios de comunicación para adoctrinar a la población, marginar metódicamente a quienes se atrevían a disentir y burlar a un Estado que ha sido incapaz de garantizar derechos tan básicos para una parte de sus ciudadanos como estudiar en castellano si así lo desean.

Y, ¿qué han hecho los partidos nacionales mientras todo esto sucedía? Pactar con los promotores de esa agenda, cuando necesitaban sus votos. Legitimar su victimismo al asumir como natural la deslealtad permanente hacia España. Y ceder, una y otra vez, en la creencia de que llegaría el día en que el nacionalismo quedaría satisfecho. La ingenuidad no puede ser un atenuante en este caso: la historia, si alguien se hubiera molestado en leerla, debería haber bastado para despejar sus ilusiones.

Así que es sólo ahora, ante el desafío final, cuando nos han entrado a todos las prisas, primas hermanas de la improvisación. Empresarios que durante años han permanecido callados ante el rodillo nacionalista hablan al fin de las consecuencias de la independencia, ciudadanos que vivían con pasividad el monopolio del discurso público crean organizaciones cívicas para expresarse con libertad y los partidos nacionales hacen el esfuerzo por articular, aunque sea tarde y mal, un discurso sobre la importancia de lo mucho que une a catalanes y españoles, frente a quienes quieren levantar una frontera de ignorancia entre nosotros. Esperemos que no sea demasiado tarde.

Cataluña: Derrota y victoria. Editorial El País

El 27-S es para el secesionismo un triunfo electoral y un fracaso plebiscitario.

El PaisEditorial, 28 sept. 2015 /  El País

Nadie puede ignorar este resultado. Todos, también el Gobierno, deben reaccionar. Las elecciones celebradas en Cataluña han sido enormemente significativas. Pese a la confusión del carácter de la convocatoria (plebiscito o elecciones); pese al hecho, desincentivador del voto, de celebrarse en puente en la gran Barcelona (el territorio menos secesionista), y pese a la escasa calidad del debate, el nivel de participación ha sido extraordinario, perfilando un récord histórico para unas elecciones de ámbito autonómico.

En efecto, la participación ha superado no solo la de 2012, sino la de todas las anteriores convocatorias de este ámbito. Además, ha concurrido a las urnas una variadísima gama de opciones y se ha incrementado el número de votantes en todas las circunscripciones, urbanas y rurales, de catalanes de siempre y de nous catalans. Todo ello otorga al 27-S un empaque político que debe acarrear grandes consecuencias.

¿Cuáles? El presidente saliente de la Generalitat, Artur Mas, las configuró como unas elecciones plebiscitarias: “Queríamos un plebiscito y es lo que tendremos”, dijo en el cierre de campaña; estas elecciones “se leerán como un plebiscito”, insistió ayer. Y el líder del secesionismo antisistema, Antonio Baños, añadía que “es necesario” al menos “un 50% de los votos, porque estos comicios son un plebiscito”.

Como este diario destacó antes de celebrarse la elección, el pretendido carácter de plebiscito para la independencia era engañoso, por la naturaleza de la convocatoria (se votaban partidos, no una única cuestión) y por la carencia de competencia jurídica para ello del convocante.

Con casi el 100% de votos escrutados, las fuerzas (contradictorias entre sí) partidarias de la secesión no alcanzaban ni de lejos la mitad de los votos. Pero es evidente que la ciudadanía catalana se ha mostrado severamente fracturada en dos bloques, de distinta aunque similar dimensión. Como el plebiscito que desearon sus organizadores, pues, los secesionistas han perdido claramente la partida. Es un factor fundamental, especialmente en la arena internacional. Sobre todo si además se considera que en casos del género se exigen no solo mayorías simples, sino reforzadas (Montenegro, a instancias de la UE; Quebec, del Tribunal Superior de Canadá), lógico en cuestiones trascendentales.

Ahora bien, como elecciones de especial importancia, han resultado contundentes en favor del independentismo. En escaños, recordando que un escaño barcelonés cuesta dos veces y media que otro leridano, Junts pel Sí vence holgadamente, muy por encima de la ascendente y meteórica cosecha del segundo puesto de Ciutadans (que desbanca al PP, convertido en fuerza menor), y del meritorio tercer lugar del PSC, al que tantos consideraban desahuciado. Lo que da a Junts legitimidad para continuar su estrategia proindependentista, siempre que lo haga ateniéndose estrictamente a la legalidad.

Es cierto que su resultado empalidece porque acaba con muchos menos escaños que la suma anterior de Convergència y Esquerra. Y porque necesitará el concurso de la imprevisible formación antisistema CUP para recolocar como presidente a su número cuatro, Mas. Pero también es cierto que cualquier otra alternativa se asemeja dificilísima, cuando no imposible.

Por todo ello, y porque muchos votos de otras listas exigen mejoras del autogobierno, nadie, tampoco el Gobierno central, puede hacer oídos sordos al resultado. Debe reaccionar con urgencia, ofreciendo cauces para el diálogo y vías de solución que puedan dar respuesta al deseo de cambio expresado sólidamente por los catalanes: vías de solución con la firma del Gobierno, que no puede seguir cediendo la iniciativa a los tribunales de justicia.

Cataluña: El separatismo pierde su plebiscito. Editorial de elmundo.es

el mundoEditorial, 28 sept. 2015 / ELMUNDO.ES

LA APUESTA soberanista de Artur Mas y Oriol Junqueras se estrelló ayer en las urnas. Los catalanes han evidenciado que no quieren la independencia porque la suma de los votos de Junts pel Sí y CUP no llega al 48%, una cifra que revela que la sociedad catalana está partida en dos y que deslegitima cualquier intento de secesión.

Es cierto que la lista única que encabeza Raül Romeva y la CUP han logrado 72 escaños, ligeramente por encima de los 68 que marca la mayoría absoluta. Pero ello no oculta el retroceso de la marea nacionalista que queda en evidencia por dos datos demoledores.

El primero es que CiU y ERC había obtenido un total de 71 escaños en las elecciones autonómicas de 2012. Ahora bajan a 62, un durísimo golpe de los electores. Y el segundo dato adverso es que CiU, ERC y la CUP sumaban 74 escaños y ahora Junts pel Sí y la CUP sólo han obtenido 72.

Artur Mas y los suyos han insistido en que estos comicios eran un plebiscito. Pues bien, lo han perdido. Por mucho que quieran disimular sus líderes, el nacionalismo ha sufrido una derrota en las urnas y ello porque Junts pel Sí ni siquiera ha podido llegar al 40% de los votos pese a que se presentaba como una coalición de fuerzas diversas que representaban a toda la sociedad civil catalana.

Mas ha utilizado las instituciones con fines propagandísticos, ha convertido TV3 en un órgano de partido, ha despilfarrado el dinero público, se ha envuelto en la bandera de todos y se ha presentado como el paladín que iba a llevar a Cataluña a la independencia. Sólo ha conseguido perder votos y dividir a los catalanes. Es impensable que pueda seguir liderando su partido y presidiendo la Generalitat.

La CUP tiene la llave

Tampoco se lo va permitir la CUP, que es la fuerza política que más crece en términos relativos al pasar de tres a 10 escaños. Es una organización de extrema izquierda, que defiende la violencia en la calle, promueve el movimiento okupa y propugna la salida de Cataluña de la Unión Europea. Su cabeza de lista, Antonio Baños, declaró anoche que hay que romper de inmediato con la legalidad española. Fue precisamente David Fernández, el verdadero líder de la CUP y el hombre que esgrimió una sandalia en el Parlament, quien aseguró hace pocas semanas que nunca apoyarían la investidura de Artur Mas. Si mantienen su posición, los días políticos del actual presidente de la Generalitat están contados.

¿Quieren Mas y Junqueras proclamar la independencia de la mano de un partido de extrema izquierda que cuestiona la propiedad privada de los medios de producción? No hace falta ser adivino para suponer que las bases de Convergència deben estar asustadas con la mera posibilidad de esta alianza.

Los resultados de ayer trazan un escenario de enorme inestabilidad política en Cataluña, con la posibilidad de que el nuevo Govern no pueda terminar la legislatura ni, por supuesto, llevar a cabo sus planes independentistas.

En el espectro de los partidos constitucionalistas, el gran triunfador de las elecciones es Ciudadanos, que logra un espectacular resultado al pasar de 9 a 25 escaños y triplicar sus votos. Ello supera todas las expectativas previas.

¿Cuál es la clave de este importante avance? La explicación es que una parte del tradicional voto del PP y del PSC ha ido a parar a la formación de Albert Rivera, que ha acertado en la campaña con sus mensajes. No hay duda de que estos resultados convierten a Ciudadanos como la gran alternativa al nacionalismo a medio plazo.

Por el contrario, el PP baja de 19 a 11 escaños, lo que pone en evidencia que sus planteamientos no han llegado al electorado. De la parálisis en su acción política a la improvisación a última hora, el PP es uno de los perdedores de la noche de ayer. Xavier García Albiol no ha podido remontar el hundimiento del partido, castigado por los casos de corrupción a nivel nacional y por el episodio de La Camarga, que restó autoridad moral a Alicia Sánchez Camacho para dirigir el partido en Cataluña.

Las encuestas eran muy malas para el PSC, que al final ha acabado salvando los muebles. Pasa de 20 a 16 escaños, una caída tolerable que refuerza a Miquel Iceta, un veterano dirigente que ha intentado enderezar el discurso errático del partido, con algunos guiños de empatía hacia su clientela. Los resultados son un alivio para Pedro Sánchez.

El que ha fracasado totalmente en Cataluña es Pablo Iglesias, cuyas siglas han quedado en 11 escaños y menos del 9% de los votos. ICV, la marca de Izquierda Unida en esta comunidad, había sacado 13 representantes en los anteriores comicios. Catalunya Sí Que Es Pot, integrada por Podemos y algunas pequeñas formaciones, ha logrado unos resultados muy malos por dos motivos: su falta de definición respecto al soberanismo y el error al elegir a Luis Rabell como cabeza de lista. Rabell es una persona sin carisma, que hace unos meses se declaraba partidario de la independencia y que de ninguna manera encarnaba la regeneración que propugna el partido de Iglesias.

Podemos retrocede

Pablo Iglesias tiene muchas razones para estar preocupado porque los resultados en Cataluña pueden ser interpretados en el contexto de la fuerte y prolongada caída en las encuestas desde esta primavera. En Cataluña, su discurso no ha llegado a los ciudadanos, lo que debe abrir una seria reflexión entre sus militantes. El fracaso de Podemos es todavía más sangrante si se tiene en cuenta el giro a la izquierda del electorado catalán, expresado en el avance de la CUP.

La última de las formaciones que aspiraba a entrar en el Parlament era Unió, que no ha podido alcanzar el 3%, por lo que queda sin representación. Es una pena que el nacionalismo moderado haya recibido este tremendo castigo de las urnas.

No deja de ser una contradicción difícil de entender que el electorado de CiU, formado tradicionalmente por una burguesía moderada, se haya quedado sin un solo diputado. Ello sólo se puede explicar porque Mas ha arrastrado a sus posiciones a ese sector de la sociedad catalana.

Haciendo balance de los resultados, las expectativas nacionalistas han quedado muy frustradas, pero ello no debe servir de excusa para paralizar la necesaria regeneración que necesita España para hacer atractiva la convivencia a todos los ciudadanos, sin distinción de ideologías ni de territorios.

Ha llegado la hora de trabajar todos juntos para, por decirlo en términos orteguianos, asumir el reto de vertebrar España, lo que consiste en crear una ilusión colectiva que aglutine el esfuerzo de todos sus habitantes. Los resultados de ayer crean un escenario adecuado para avanzar en esa dirección.