caso Gordo Max

El precedente sentado. De Cristina López

Hay pocas cosas tan incontestables como la edad que una persona tiene. En su tipificación, el delito no demanda que alguien, además, parezca mayor de edad.

Cristina LópezCristina López, 17 diciembre 2017 / El Diario de Hoy

El juicio en el que se procesaba a una personalidad del entretenimiento salvadoreño y a otros tres implicados por el horroroso delito de pagar para tener relaciones con una menor de edad dio por fin sus resultados. Caminaron libres los cuatro hombres, provistos de una nueva oportunidad para poder olvidar sus meses en la cárcel. Según reportajes, durante el proceso se desestimó el principal testimonio, el de la víctima, por tener “incoherencias”.

El tribunal, aparte, terminó estableciendo además que la víctima, al momento de ocurrir los hechos, “no tenía apariencia de menor de edad”.

EDH logNo es descabellado preguntarse por qué importa qué apariencia tenía la víctima si uno de los elementos necesarios para demostrar la existencia del delito era establecer su edad al momento de los hechos y hay pocas cosas tan incontestables como la edad que una persona tiene. En su tipificación, el delito no demanda que alguien, además, parezca mayor de edad.

Pero, por supuesto, todo lo que podemos decir del proceso y sus méritos será mera especulación. No tenemos suficiente información, puesto que el juicio se llevó a cabo con el privilegio que otorga la reserva, a puerta cerrada, solicitada por la Fiscalía.

Los reportes periodísticos del caso dieron mucho que desear, puesto que en muchos casos se reportaba sin ofrecer contexto alguno (¿qué otros casos conexos perseguía la fiscalía y cómo impactaban este? ¿cuántas condenas ha habido de este tipo en el país? ¿con qué habitualidad persigue la Fiscalía delitos de este tipo y qué experiencia tenían los fiscales al respecto?) o sin la rigurosidad de lenguaje jurídico debería requerir el reporte de un proceso judicial (en algunos reportajes se decía que los imputados pagaron fianza sin aclarar que esta fue parte de las medidas cautelares previas a la sentencia, por lo tanto, inconexas al veredicto final). Cuando mejor, los reportajes enfocados en las víctimas y buscando el ángulo de combatir que se sigan dando estos hechos en nuestra sociedad, se personalizaban al punto de parecer un drama novelado para la televisión, explotando la sordidez del asunto. Cuando peor, se reportaba como el segundo tiempo de un partido de fútbol: el enfoque entero en la “fama” y celebridad de uno de los acusados, en que al minuto 20 la Fiscalía dijo esto y los imputados se miraban tensos.

El caso con el que, según reportajes, la Fiscalía buscaba “sentar precedente en favor de niños y mujeres” lo único que hizo fue revelar que el precedente está más que sentado, apoltronado en contra de la confianza al sistema de justicia del país. El precedente que tenemos es que habrá poca transparencia en cuanto a las tácticas que escoge la Fiscalía para tratar un caso.

Que serán los fiscales quienes dicten la cobertura mediática que tiene un proceso de interés público, puesto que la reserva les permitía tal cosa. Que contarán con atención mediática que les permitirá tal cosa, reportando sin contexto alguno, en innumerables casos condenando a priori a los imputados, o en otros, generando simpatía contra sujetos que podrían ser verdaderos depredadores monstruosos. El precedente sentado nos informa que en muchos de estos casos el sinsabor que queda es el de la duda. Y la duda es veneno en lo que a la confianza al sistema judicial se refiere.

¿Por qué es tan importante que la duda nunca acompañe una sentencia judicial, del tipo que esta fuere? Porque garantías de importancia constitucional como el debido proceso y la presunción de inocencia se basan precisamente en que la palabra del tribunal es una en la que se puede confiar. En la confianza de que hubo fiscales que actuaron con los mejores intereses de la víctima en mente, sin los incentivos del sensacionalismo de la atención mediática y la fama de los quince minutos. Que se ocuparon los recursos adecuados para construir el mejor caso posible y presentarlo con pulcritud y profesionalismo. Que la diferencia de recursos entre lo que puede pagar un imputado y una víctima por una defensa legal importa poco con un tribunal justo, el mayor democratizador en una sociedad de ciudadanos iguales. Y, sin embargo, queda la duda, que nos arruina la confianza y hace que el sistema judicial entero huela a podredumbre. Y esa deprimente desconfianza es el precedente sentado.

@crislopezg

Carta a los fiscales y jueces: Levanten la reserva en el “caso Gordo Max”. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 12 diciembre 2017 / MAS! y El Diario de Hoy

¿Por qué el caso de los clientes de una red de prostitución tiene reserva total? Debido a la reserva, solo conocemos la información que los fiscales han filtrado a los medios, mientras que los acusados y sus defensores tienen que mantener silencio. Y debido a esto, en los medios presentan a los 4 acusados como miembros de una red que se dedicaba a la prostitución de menores.

Ninguno de ellos es acusado de este delito, sino como clientes, por haber pagado por tener relaciones con una menor. Que es un delito diferente.

La reserva favorece a la fiscalía y reduce la capacidad de los acusados a defenderse, facilitando su pre-condena mediática. El Diario de Hoy escribió: “Son acusados de pertenecer a red de trata de personas.” Obligada a mantener silencio, la defensa no puede contrarrestar esta falsedad.

logos MAS y EDHLos miembros de la red de prostitución no aparecen en el juicio. Son sujetos de otro juicio separado. Debido a la reserva que los jueces decretaron para ambos casos, no sabemos si la principal testigo, presentada por la fiscalía como “clave Azul” y víctima, anteriormente fue acusada como integrante activa de la red de prostitución. No sabemos si “clave Azul” está bajo protección por su calidad de menor (al tiempo de los hechos), o como “testigo criteriado”, la que a cambio de su testimonio se salva de ser perseguida como proxeneta.

Esto sería grave. La fiscalía no puede conceder este beneficio a alguien que cometió delitos mayores que las personas contra los cuales testifica. Además, sería inconcebible que una mujer involucrada en el delito de ofrecer servicios sexuales de menores de repente se convierta en víctima. Porque “clave Azul” figura en el actual juicio como víctima y testigo de la fiscalía. Sin ella, no habrá condena.

Entonces, ¿es víctima o es victimaria? No hay respuesta, porque la fiscalía (que sabe la respuesta) consiguió reserva total.

Algunos dirán que estoy defendiendo a pervertidores de menores. No se trata de esto. Si son culpables, los quiero ver condenados y encerrados. Pero también quiero que su juicio sea transparente – y que la fiscalía no repita el pecado que muchos ya le hemos señalado: primero pedir reserva, y luego filtrar información negativa para, conseguir una pre-condena mediática.

Siempre es problemático condenar basado en testigos que consiguen impunidad por otros delitos. Si fuera cierto que este caso se sostiene en el testimonio de una persona que de victimaria se convirtió en víctima, quedarían serias dudas en la acusación. Para prevenir esto, lo mejor sería que se levante la reserva, para que podamos conocer y valorar toda la información relevante.

Saludos,

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