campaña electoral

Lo que falta en esta campaña. De Federico Hernández Aguilar

24 octubre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Como ya he tenido oportunidad de explicar, la poca o mucha presencia política de Nayib Bukele es producto, si acaso, de la mediocridad que todavía impera en nuestro sistema de partidos. Alguien con las características psicológicas y morales del exalcalde no obtendría ni el cinco por ciento de aceptación popular en cualquier sociedad democrática madura. Lo que hace de este muchacho un “fenómeno” —en el sentido laxo que tiene el término en nuestro medio— es la notoria falta de líderes reales que desde hace rato padecemos en El Salvador.

Dicho lo anterior, y precisamente porque el personaje en cuestión exhibe numerosas debilidades, aún pueden pasar muchísimas cosas desde este día hasta el 3 de febrero de 2019. Favoritismos iniciales que se desplomaron en pocas semanas son parte de nuestra historia reciente. Unas elecciones presidenciales, perdón la perogrullada, se ganan con votos, y miles de personas votando es distinto a miles de “likes” en redes sociales.

Pese a las varias observaciones que cabe hacer a estos sondeos, el señor Bukele parece tener, sin mayores méritos de su parte, una ventaja en las encuestas. Su obsesión con el poder, sin embargo, ya le ha hecho gravitar a lo largo y ancho del espectro ideológico, específicamente del FMLN a GANA, describiendo una parábola de vértigo desde la caverna oscura del radicalismo socialista (al que quizás nunca estuvo adscrito) hasta la madriguera en que se refugian (con algunas excepciones) los sujetos más inescrupulosos de la política criolla.

Si de alguien podemos decir que no representa ningún salto de calidad en la dirección correcta, ese alguien es a todas luces Nayib Bukele. Pero si esta afirmación no es compartida todavía por un número suficiente de ciudadanos como para contrarrestar la muy hinchada imagen del exalcalde, construida a fuerza de resentimientos, victimismo, discursos vacíos y ataques cobardes, ¿quiénes son los verdaderos responsables?

Ni ARENA ni el FMLN han demostrado, hasta hoy, de qué fibra están hechos sus respectivos equipos de campaña. Lo que ha aflorado en los últimos meses ha sido una absurda descoordinación entre sus voceros, una propaganda insípida (spots lacrimógenos incluidos), errores de cálculo incomprensibles y una recurrente ineptitud a la hora de aprovechar —y proyectar al máximo— las propias ventajas competitivas.

Ni Carlos Calleja ni Hugo Martínez necesitan los afeites demagógicos que sí han caracterizado a Nayib Bukele. Pero no basta la autenticidad del que sabe lo que tiene: a veces también resulta electoralmente potable hablar de esas cosas que el adversario simplemente no puede dar. Toda la verdad sobre quienes pretenden gobernar el país no debe traducirse, estamos claros, en insultos ni descalificaciones gratuitas. De lo que se trata es de evidenciar por qué la deriva populista entraña peligros inéditos para el país. Pero cuando los candidatos con mayor sustancia rehúsan la confrontación de ideas y proyectos —y solo así, ojo, es concebible una buena campaña electoral— el que lleva las de ganar es el aspirante más débil, porque a él no lo nutren la verdad o el argumento, sino la ambigüedad y el improperio.

En el ENADE 2018 los cuatro candidatos presidenciales exhibieron sus “armas”. Con excepción de Hugo Martínez, ninguno de ellos demostró que la retórica sea una de sus fortalezas. Si las lecciones de aquel valioso ejercicio democrático fueran debidamente asimiladas, la planificación tendría que ir sustituyendo a la improvisación, la seguridad anímica a la vacilación y el discernimiento al recurso emocional.

Toda campaña política activa sentimientos, por supuesto, pero de la sensibilidad al empalago existen diferencias notables. Lo mismo puede decirse de la capacidad para hacer reflexionar a los votantes: ni tan abundantes razones que los cerebros se achicharren ni tanta superficialidad que el candidato parezca una marca de detergente. Buscando equilibrios y haciendo los ajustes necesarios, ARENA y FMLN tendrían que pasar a segunda vuelta. Si no lo hacen, solo de ellos será la culpa.

La cambiante efectividad de los mítines. De Manuel Hinds

10 octubre 2018 / EDH-Observadores

Hubo una época en la que los mítines eran el medio más importante para ganar cualquier elección. Hay muchos que dicen que ese tiempo pasó ya hace muchos años con el advenimiento de nuevas tecnologías de comunicación, que permiten una mayor cobertura de la población con un esfuerzo mucho menor en términos de trabajo y dinero. Hay muchos otros que dicen que el territorio sigue siendo insustituible porque establece una relación mucho más íntima con el electorado y porque permite la interacción entre éste y el candidato. Quién tiene la razón en esta controversia es una cuestión pragmática.

Los avances de la campaña electoral en El Salvador parecen confirmar la primera opinión. De acuerdo con la encuesta de la UTEC, la población coloca a los mítines como el quinto medio más efectivo para realizar una campaña electoral, con números mucho más bajos que los dos primeros. La Tabla 1 muestra que sólo el 7.6% de la población piensa que el medio más efectivo son los mítines, cuando el 34.1 y el 29.3% piensan que son la TV y las redes sociales.

TABLA 1 TV Redes Sociales Reuniones por sectores Radio Sub-Total Mítines
% de población 34.1% 29.3% 9.8% 7.6% 80.8% 7.6%

La Tabla 2 muestra otra manera en la que se muestra que la eficiencia de los mítines no es la que antes se pensaba. Hasta este momento sólo el 30% de los pobladores han tenido mítines en sus localidades. La primera fila de la tabla muestra a quienes mencionaron los encuestados de ese 30% que los habían visitado. La segunda fila muestra el resultado de la simulación de voto. Note que el candidato que tiene más de esos votos es el que menos mítines ha tenido. Mientras que el número de mítines es menos de la mitad, el número de votos es más del doble. Por otro lado, es claro que el que más ha invertido en redes sociales va ganando.

TABLA 2 Nayib Bukele Carlos Calleja Hugo Martínez Josué Alvarado
Del 30% de la población que ha tenido mítines, ¿con qué candidato los ha tenido? 22.3% 46.5% 26.6% 0.2%
Simulación de voto 41.9% 18.3% 11.3% 0.2%

Hay tres observaciones que es necesario hacer en esta comparación. La primera es que el medio usado no es el único factor que interviene en dar forma a las preferencias de la población. Es decir, no podemos atribuir las diferencias en la Tabla 2 sólo a los medios usados, aunque sí muestran que los que creen que los mítines son decisivos parecen estar muy equivocados. Sin embargo, como tanto se ha enfatizado por tanta gente, la segunda observación es que se puede decir con seguridad que el que descuida las redes sociales va directo a perder.

La tercera es que, según los encuestados, las reuniones con sectores (médicos, enfermeras, agricultores, etc.) son más efectivas que los mítines porque además de permitir la interacción con el público, a la vez permiten discutir más en detalle las propuestas de políticas y recibir críticas de personas que no están tan asociadas con un partido político como para ir a un mitin en el que se cantan canciones de ese partido y se visten sus camisetas. Es decir, mantienen al candidato más en la realidad.

Finalmente, hay una observación general que es muy importante. El valor de las encuestas no está en que predigan los resultados de una elección, sino sólo en mostrar las tendencias de las opiniones de la población. A los que más ayudan es a los que salen con números menos favorables, ya que les permite reevaluar sus estrategias. Lo malo para éstos sería que todas las encuestas dijeran que todo va muy bien, sólo para despertarse el día después de las elecciones con la desagradable sorpresa de que los números rosados, que los hicieron sentir tan bien en la campaña, los llevaron a descuidarse sin darse cuenta de lo que realmente estaba pasando.

La encuesta de la UTEC no dice cosas cualitativamente diferentes de lo que dicen todas las demás. Marca una situación en la que un candidato, si bien no es seguro que ganaría en primera vuelta si las elecciones fueran ahora, las ganaría seguramente en la segunda vuelta. Ninguna otra encuesta seria ha dado un resultado distinto. Los resultados de todas estas encuestas deberían de crear la ocasión para reflexionar a fondo y cambiar las estrategias que han llevado a la situación actual.

Carta a los votantes: Un test de carácter. De Paolo Luers

2 octubre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados ciudadanos:
Mañana suena el tiro de salida para la carrera por la presidencia. Ya pasamos meses pendientes de los candidatos, sus fotos, sus entrevistas, sus consignas – pero lo que ahora viene son 4 meses de propaganda masiva, de giras, de debates, de encuestas, de propuestas y contrapropuestas y críticas a las propuestas, de decenas de miles de activistas movilizándose en plazas, barrios y redes sociales, incluyendo miles de troles con sus mentiras e insultos…

Es una carrera de maratón. Ganará el candidato con mejor estrategia, mayor consistencia, mejor economía de esfuerzos – y quien al mismo tiempo presente las mejores propuestas de la manera más clara, audaz y creíble.

No necesariamente ganará el que puede movilizar más dinero, saturar los medios con spots y cancioncitas. Como el maratón, en el fondo es una prueba de carácter.

No vamos a premiar al más elocuente. Con Saca y Funes tuvimos dos presidentes extremadamente elocuentes, y miren cómo nos fue con ellos. Más que labio exigimos credibilidad y coherencia. A los que hagan las promesas más impactantes, los vamos a observar con más desconfianza. A los que con más habilidad apelen a nuestras emociones, nuestros resentimientos, miedos o sueños, los vamos a analizar bajo la lupa para ver si detrás de la oratoria y propaganda existe racionalidad.

Los ciudadanos vamos a fijarnos más en los tonos suaves y los argumentos que en los grandes gestos. No todos, siempre habrá los que ciegamente aplaudirán a quienes ya asumieron como sus favoritos, líderes, salvadores o redentores. Pero la ciudadanía, en su mayoría, luego de tantos engaños, ahora es más crítica, más escéptica, más exigente, más independiente – más libre. Ojalá que los candidatos lo entiendan y sepan hablar a esta mayoría.

Quienes piensan que todo ya está decidido, se autoengañan – y nos quieren engañar. En estos cuatro largos meses de campaña cualquier cosa puede pasar. El Frente puede recuperarse, Vamos puede conectar con muchos de los indecisos, y los dos “favoritos”, Bukele y Calleja, pueden cometer errores fatales – o consolidar su posición con muestras de liderazgo.

De nosotros, los ciudadanos críticos, depende de que el país no se equivoque nuevamente. El Salvador no aguanta otro gobierno ineficiente, incapaz y que no tenga el valor de definir correctamente sus prioridades. Por esto, mi única recomendación a los votantes es: Desconfíen de los que en esta campaña traten de decir lo que se imaginan que ustedes quieren escuchar. Fíjense en quienes tienen el valor de decir verdades, aunque nos puedan doler y nos exijan sacrificios.

Repito: En el fondo esta carrera presidencial es una prueba de carácter. Pero no solo del carácter de cada uno de los candidatos, también del carácter de cada uno de nosotros. Si nosotros, los ciudadanos, pasamos este test de carácter, nuestro país tendrá futuro. Si no, nos van a seguir engañando y frustrando.

Saludos,

Carta a la gente de Oriente: No se dejen engañar con un proyecto fantasma. De Paolo Luers

6 septiembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY 

Estimados amigos al otro lado del Lempa:
Voy a comenzar una serie de cartas y columnas sobre las primeras propuestas concretas que lanzan los candidatos presidenciales. Algunas se prestan más para cartas, que es el formato menos analítico, más polémico, a veces irónico (o incluso sarcástico) para tratar cosas serias. Otras propuestas requieren más análisis y contexto y serán tratadas en las columnas editoriales o la sección Observadores.

Comienzo con una propuesta del señor Bukele, la más reciente: La construcción de un Aeropuerto Internacional a nivel del primer mundo en Oriente.

Es un tema para una carta, no para un análisis serio. Porque no es una propuesta seria. Es para llamar la atención. La estrategia general de la candidatura de Bukele (y del nacimiento de Nuevas Ideas) es captar los sentimientos de frustración, resentimiento y abandono que tiene la mayoría de la población. Y este sentimiento tiene razones de ser sobradas – y es particularmente fuerte en Oriente. Porque Oriente ha sido abandonado.
El FMLN, que también quiere explotar este sentimiento de abandono, se inventó la Zona Económica Especial – y los cuentos chinos de grandes inversiones de sus nuevos amigos en Beijing en el puerto La Unión y en las zonas costeras. Entonces, Bukele, quien anda en la caza de los votos históricos del Frente, ofrece a ustedes algo aun más sensacional: Un Aeropuerto Internacional “del primer mundo”. Ustedes ya no tendrán que viajar a Comalapa para abordar aviones o para recoger a sus familiares. Y así como los aeropuertos grandes del primer mundo, este en Oriente generaría un polo de inversión, empleo, progreso. Suena bien.

Sin embargo, así como el puerto de La Unión ya tiene 10 años sin servir para nada, le pasaría al Aeropuerto Internacional Oriente. Para que un puerto o un aeropuerto se vuelva internacional y polo de desarrollo, tiene que existir una demanda real. El puerto de La Unión no ha podido atraer a quien lo opere, porque en Oriente hay muy poco qué embarcar y desembarcar. Lo que Oriente necesita es inversión sistemática y sostenible en producción de bienes, no otra ruina de un desarrollo artificial.

Es cierto que Oriente tiene un problema serio de conectividad que frena su desarrollo económico y productivo. Por esto haría mucho sentido pensar en un proyecto de tren rápido que conecte La Unión, San Miguel y Usulután con San Salvador y hasta con Santa Ana – y en llevar nuestra raquítica red de autopistas más allá del Rio Lempa, donde termina ahora.

De nada le sirve a Oriente (ni al país) un segundo aeropuerto internacional. Los aeropuertos internacionales funcionan cerca de centros de concentración de población, comercio y producción. Hay que invertir en el transporte aéreo, pero en la conversión de Comalapa en un verdadero aeropuerto internacional – y conectarlo con trenes y autopistas con el resto del país, incluyendo Oriente.

No tiene sentido inventar proyectos de cientos de millones de dólares, sin haber hecho estudios serios de factibilidad, financieros y de desarrollo territorial. Nada de esto ha hecho el señor Bukele, antes de anunciar su Aeropuerto Internacional Oriente, igual que no lo hizo antes de anunciar que iba a llevar a Nuevo Cuscatlán 1000 millones de dólares de inversión; o cuando comprometió la estabilidad financiera de la alcaldía de San Salvador con su Mercado Cuscatlán.

La propuesta del aeropuerto es populismo puro e irresponsable. Reprobado, candidato. Mejor que no tenga oportunidad de poner en práctica semejantes disparates.

 

Saludos,

 

Posdata: En la siguiente columna editorial haré un análisis comparativo de las propuestas de Bukele y Calleja sobre cómo enfrentar la corrupción.