Cambio Democrático

Hoy Por ti. De Marlon Hernández-Anzora

5 agosto 2018 / LPG-Séptimo Sentido

La actual Ley de Partidos Políticos establece como requisitos para que un partido continúe con vida alcanzar 50,000 votos en la última elección legislativa u obtener un diputado. Bajo esos supuestos, Cambio Democrático debió desaparecer en 2015. Sin embargo, el Tribunal Supremo Electoral lo mantuvo vivo al inaplicar la norma que mandataba cancelarlo por considerarla inconstitucional.

Luego, la Sala de lo Constitucional –pudiendo haber fallado al respecto con la debida celeridad– aguardó hasta que pasaran las elecciones de 2018, en las que el CD obtuvo un diputado. Una vez alcanzada una diputación, cumplió con el requisito legal para mantenerse en el sistema, pues no fue su responsabilidad que tanto el TSE como la sala, en su debido momento, no hayan tomado decisiones para cancelarlo.

En su tardía sentencia de inconstitucionalidad, la sala deslizó argumentos para que el TSE considerara en su decisión la diputación lograda por el CD: “Es del conocimiento público que, actualmente, el partido político CD cuenta con un diputado en la Asamblea Legislativa, situación sobre la cual esta sala considera que será el TSE el que adopte las decisiones pertinentes” (Inc. 64-2015, p. 22).

En sintonía con esto, el voto disidente del magistrado Cardoza dejó luces de lo que debió ser una decisión más sensatamente apegada a derecho por parte del TSE: “Es insoslayable que el partido Cambio Democrático participó en las elecciones legislativas de 2018, y eso debido al retardo en el pronunciamiento por parte de la Sala de lo Constitucional (…) lo cual genera una nueva oportunidad de participación política, de sometimiento al escrutinio público (…) lo que no puede ser eludido en el pronunciamiento que se realice” (CPP-01-2015, p. 29).

Dadas estas circunstancias, decisiones e indecisiones institucionales implicadas, lo legal era que el CD siguiera con vida. Pero nuevamente pudieron más las conveniencias circunstanciales que la legalidad. Más allá de mis reticencias con personajes cuestionables en el interior de dicho partido, los cuales deben enfrentar individualmente sus responsabilidades, creo que en un Estado derecho no deben primar los sentires o gustos personales, sino lo legal y legítimo. Porque el Estado de derecho y la democracia, cuando se aplican por antojo o por conveniencia, dejan de serlo.

En el interior del CD en 2011, con el objetivo de no permitirnos ser candidatos a diputados a los entonces jóvenes socialdemócratas, se nos aplicó una receta similar a la que hoy le aplican a él el TSE y la Sala de lo Constitucional. Eso provocó que renunciáramos al partido, porque no, no estuvo bien aquello que nos hicieron, así como tampoco es correcto lo que hoy les hacen.

El poder antojadizo, aplicado según el paladar de quienes lo saborean momentáneamente, debe limitarse a la institucionalidad democrática o nos pareceremos cada vez más a nuestro pasado autoritario. En la calle, una nueva generación de salvadoreños se enfrenta diariamente con autoridades policiales que proceden así, usando caprichosamente su poder, amparándose en discursos políticos que los avalan, alientan o se hacen el ojo pacho.

Así que esta reflexión supera la actual controversia por la cancelación del CD para trascender sobre el ejercicio del poder. Es sobre nuestra idiosincrasia de usar el poder discrecional, opaca y autoritariamente. Es porque ayer fui yo, hoy son ellos y mañana podés ser vos la víctima de esas prácticas.

¿Qué le pasó al CD? De Roberto Rubio

Los dirigentes del CD que maquinaron esta alianza la justifican/venden diciendo que su presencia servirá para “domesticar democráticamente” al líder populista. Se olvidan que si un partido tan fuerte como el FMLN no pudo “domesticar” a Mauricio Funes, mucho menos lo hará un partido tan débil a un líder que gira todo en torno a sí mismo.

2 julio 2018 / La Prensa Gráfica

Los dirigentes que convencieron a otros dirigentes y bases del CD con la adopción de la candidatura de Bukele dicen que lo hacen porque hay coincidencias de ideología, principios y bases programáticas. Sin embargo, el Movimiento Nuevas Ideas afirma no tener ideología, y no se le conocen sus principios ni sus bases programáticas. Al CD se le ha percibido como un partido de centro izquierda, y es chocante que ahora sus aliados sean los oscuros y rancios personajes de derecha que conforman Nuevas Ideas.

Lo único que podemos conocer del pensamiento del líder de Nuevas Ideas es su aproximación al populismo. Ahora resulta que un partido que se define democrático abraza una figura que se cree encima de las instituciones, que no tolera críticas, que promueve acciones agresivas y amenazas contra las instituciones que no hacen lo que él quiere (pequeña muestra al estilo Ortega-Murillo). ¿Qué le pasó al talante democrático y de izquierda del CD?

El CD venía siendo uno de los partidos menos tocados por hechos de corrupción, con algunas excepciones. Sus líderes históricos le daban una marca de respeto y honestidad a este partido. La ética era importante.

¿Qué le pasó ahora a su talante ético? Lo dejaron estacionado. Ya no les importa abrirle la puerta a una persona que con apenas pocos años de ser funcionario público ya tiene condena del Tribunal de Ética Gubernamental por nepotismo, varias licitaciones y compras cuestionadas, una petición de los magistrados de la Sala Constitucional para que la Fiscalía lo investigue por evasión de impuestos, el haber sido investigado por la Sección de Probidad por enriquecimiento ilícito, el enfrentar un proceso judicial por difamación, y posiblemente otro en el caso del Troll Center, etcétera. Apenas se ha asomado al poder y ya tiene en su haber una estela acumulada de casos judiciales. Ya nos podemos imaginar qué puede suceder si llega a la Presidencia. Funes se quedará pequeño. Por lo visto, el comportamiento y trayectoria ética de su futuro candidato les es irrelevante.

Los dirigentes del CD que maquinaron esta alianza la justifican/venden diciendo que su presencia servirá para “domesticar democráticamente” al líder populista. Se olvidan que si un partido tan fuerte como el FMLN no pudo “domesticar” a Mauricio Funes, mucho menos lo hará un partido tan débil a un líder que gira todo en torno a sí mismo. Al contrario, cuando el líder populista cumpla su cometido, les quitará el taxi con todo motorista y licencia, y dejará a pie a todos los que se creyeron sus acompañantes. La muerte histórica del CD será entonces no solo moral sino real.

Sé que este artículo será merecedor de todos los insultos e infamias a las que acostumbran recurrir los troles simpatizantes o sicarios de Nuevas Ideas. Toda la semana anterior se dedicaron a ello ante una entrevista televisiva donde lancé estas críticas al CD. Tan poca es la decencia que tienen que incluso pusieron entre comillas frases atribuidas a mi persona, donde supuestamente afirmaba que solicitaba poner obstáculos a la candidatura de Bukele, cuando lo que mencioné fue lo contrario (ver mi entrevista en Frente a Frente del lunes anterior). Esta es la calaña de los nuevos amigos del CD, estos son los troles y personajes oscuros de la derecha que ahora atacarán y difamarán a los antiguos amigos del CD.

Mal cálculo. Columna Transversal de Paolo Luers

Con esta campaña Bukele puede lograr movilizar y radicalizar a sus seguidores en su postura antipolítica y antisistema, pero al mismo tiempo se aísla del resto de la sociedad, incluyendo los sectores que comparten su desencanto con los partidos. Son precisamente estos los sectores que más se han movilizado para defender a la Sala de lo Constitucional. Y son los sectores que tanto él como cualquier otro candidato necesita para ganar elecciones. Mal cálculo de Bukele.

29 junio 2018 / El Diario de Hoy

El ataque a la Sala de lo Constitucional y las amenazas directas al magistrado Rodolfo González no son simplemente unos pasos más en la acostumbrada retórica demagógica de Nuevas Ideas. Marcan un paso más de este movimiento y su líder al desconocimiento de la institucionalidad del país —y un paso aún más peligroso: al uso de la violencia política. Quien juega así con el fuego, está al punto de romper el consenso social que desde los Acuerdos de Paz no permitía volver al uso de la violencia para fines políticos.

Cuando en la transición a la paz fueron asesinados algunos dirigentes del Frente, la sociedad entera levantó su voz y paró una nueva escalada de violencia política.

Cuando en 2006 un comando vinculado a estructuras del FMLN, dirigido por Mario Belloso, perpetró un atentado contra agentes policiales, la sociedad entera exigió al FMLN desarmar estas estructuras y estrategias —y lo hizo.

Hemos logrado mantener vigente este sólido consenso social contra la violencia política, es una lección aprendida de nuestra historia. Esto nos ha salvado del peor de los males: el uso de la violencia para preservar o alcanzar el poder. Hemos tenido violencia de todo tipo (social, intrafamiliar, contra mujeres, de pandillas, de policías…) pero no contra jueces, políticos, periodistas, sindicalistas o empresarios.

La sociedad salvadoreña no está dispuesta a permitirle a nadie romper este consenso. Tampoco a Nayib Bukele y sus apóstoles. Uno de ellos, de nombre Silvio Aquino, viaja por Europa como “emisario” de Bukele para organizar grupos de apoyo a Nuevas Ideas. Fue él quien en Twitter llamó a asediar la casa del magistrado Rodolfo González, para presionar a la Sala de lo Constitucional que desista de su supuesta intención de ordenar la cancelación del CD y así bloquear la candidatura presidencial de Bukele.

Viendo la personalidad y trayectoria de este activista subcultural elevado a apóstol por el líder de Nuevas Ideas, uno podría pensar que se trato del desliz de un loquito. Lamentablemente, no es así. Los tuits de Aquino siguieron la línea de su líder. Bukele escribió en Twitter: “Yo sé que eso es lo que quieren los mismos de siempre, su plan es arrinconarnos ahí, pero no nos dejan otra opción: Si no hay democracia, salimos a las calles”. Y enseguida dio retuit y aval a la amenaza contra Rodolfo González.

¿Qué hizo el magistrado para provocar la ira de Bukele y sus apóstoles? Anunció que esta semana la Sala va a deliberar sobre una resolución del TSE de 2015, en la cual declaró inaplicable el artículo 47 de la Ley de Partidos Políticos. Este artículo ordena que un partido será cancelado si no alcanza 50 mil votos o una diputación. El CD no cumplió ninguno de los dos requisitos en las elecciones de 2015, pero el TSE le perdonó la vida, interpretando que este artículo viola el principio del pluralismo político.

Siempre cuando un tribunal declara inaplicable una ley por razones constitucionales, la Sala tiene que sentenciar sobre la ley en cuestión.

El mismo CD, a través de su director de comunicaciones, pidió que la Sala no demore más esta revisión, para crear seguridad jurídica en una situación donde el CD pretende participar en las elecciones presidenciales, lanzando como candidato a Bukele. En este sentido es incomprensible que Nuevas Ideas y el CD hayan interpretado el anuncio del magistrado González como intención de bloquear la candidatura de Bukele.

La Sala no va a decidir sobre la suspensión o sobrevivencia del CD como partido. Mucho menos sobre la candidatura de Bukele. La Sala únicamente va a revisar si el TSE tuvo razón cuando declaró inaplicable el artículo 47. En caso de que la Sala decida revertir la interpretación del TSE, no significa que suspende el CD ni deja nuevamente sin vehículo a Bukele. Significa que a partir de ahora el TSE ya no podrá negarse a aplicar el artículo 47.

Incluso si la Sala declarara inválida la resolución del TSE de mantener vivo al CD, esto no suspende su existencia como partido. Sería el TSE que nuevamente tendrá que decidir sobre vida o muerte del CD -—y tendrá buenos argumentos para dejarlo con vida, porque de hecho siguió existiendo, y en las últimas elecciones ganó una diputación.

Viendo las cosas como realmente son, nada justifica que Bukele se presente como víctima de un bloqueo sistemático a su candidatura. Mucho menos justifica movilizaciones contra la Sala y amenazas a los magistrados.

Lo que Bukele, Nuevas Ideas y el CD están haciendo con toda esta arenga es crear un conflicto artificial para sostener su tesis de que “el sistema” está usando las instituciones (TSE y Sala de lo Constitucional), porque “los partidos de siempre” no se atreven a medirse en elecciones con ellos. Esto confirma la falta de respeto que Bukele tiene para la institucionalidad del país. Lo demostró cuando quiso intimidar a la Fiscalía, movilizando a sus indignados seguidores a asediar la sede del Ministerio Público. Lo mostró cuando expresó que al ser presidente y no tener apoyo legislativo buscaría la forma de disolver la Asamblea. Lo demuestra hoy instigando a sus turbas a intimidar a los magistrados de la Sala y del TSE.

Lo que no toma en cuenta es que la sociedad salvadoreña no tolera ni violencia política ni ataques contra la independencia judicial. Con esta campaña Bukele puede lograr movilizar y radicalizar a sus seguidores en su postura antipolítica y antisistema, pero al mismo tiempo se aísla del resto de la sociedad, incluyendo los sectores que comparten su desencanto con los partidos. Son precisamente estos los sectores que más se han movilizado para defender a la Sala de lo Constitucional. Y son los sectores que tanto él como cualquier otro candidato necesita para ganar elecciones. Mal cálculo de Bukele.

Vea también:
Carta a la ciudadanía crítica: Otra vez a defender la Sala. De Paolo Luers
Video: Los observadores discutiendo el tema del CD, la Sala y Nuevas Ideas

Carta de despedida al CD: El taxi amarillo. De Paolo Luers

23 junio 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Algunas muertes se dan rápidas, de golpe. Otras pasan por una larga agonía que afecta la dignidad, porque le erosiona la independencia – y por tanto la autoestima.

De estas muertes es la de Cambio Democrático.

Nació como Convergencia Democrática, en 1988, como confluencia de los socialcristianos de Rubén Zamora y los socialdemócratas de Guillermo Manuel Ungo en una sola fuerza de la izquierda democrática, reformista, y humanista. La idea: hacer contrapeso a la izquierda ortodoxa del FMLN, en una dialéctica de competencia y complemento. Este propósito nunca lo logró cumplir, siempre quedaba en la sombra de su permanente aliado FMLN; siempre en peligro de perder su identidad y su alma. Tan así que luego de su máximo éxito, en 1997, cuando logró convertir a uno de sus líderes, el Dr. Héctor Silva, en alcalde de San Salvador, rápido su socio grande FMLN se lo apropió. Ya en el 2000, Héctor Silva corrió y ganó como candidato del FMLN…

En 1999 La Convergencia se convirtió en el CDU (Centro Democrático Unido) y como tal sufrió su primera muerte en 2004, luego de no lograr el mínimo de votos requeridos. Fue suspendido como partido. Algunos de sus dirigentes lo refundaron como Cambio Democrático. Hubo largas gestiones para reunir bajo un mismo techo a todos los grupos de tendencia socialdemócrata. Todas fracasaron. Así que la única manera de mantenerse vivo fue continuar bajo la sombra del FMLN, participando en múltiples coaliciones para diputaciones y alcaldías. Comenzó la agonía…

Hasta que en el 2009, para sobrevivir, el CD hizo alianza con Mauricio Funes. Este se aprovechó del prestigio personal de los personajes históricos del CD: Rubén Zamora, Héctor Dada y Héctor Silva. El apoyo de ellos le dio a Funes la credibilidad que necesitaba para sumar medio millón de votos al voto duro del FMLN. La participación en el gobierno de Funes le dio al CD oxígeno – y una cuota del poder muy encima de su caudal de voto. Pero también tuvo su costo: Entrando al esquema populista y corrupto de Funes, el CD terminó perdiendo su principal capital, el prestigio y la honorabilidad representada por sus fundadores: Ungo, Zamora, Dada y Silva. Estar cerca del poder, pero sin capacidad de corregirlo cuando se vuelve corrupto, pero resultó ser una victoria pírrica.

Al final de la era Funes, el CD quedó en una agonía aun peor: No listos para morir, ya sin electores, sin identidad, sin dirigentes solventes, pero siempre con cierta utilidad para el FMLN. El vacío de liderazgo lo llenaron personajes de dudosa reputación. Hasta que Héctor Dada y Juan José Martell hicieron otro intento de rescatarlo. Ya moribundo, pero todavía no dispuesto a morir. Así el CD llegó al 2018, con menos de 20 mil votos en todo el país. Y con un agravante: Ahora también su socio FMLN está en franco declive. Ya no habrá vida debajo de su sombra.

Pero apareció un palo nuevo para arrimarse: Bukele, un candidato sin partido que le permita llegar a la presidencia. Tiene popularidad, está en campaña permanente, tiene éxito como encantador de desencantados – pero necesita un partido legalmente constituido como vehículo para llegar al poder: un partido taxi.
Ahora Bukele y el CD anunciaron que Bukele se inscribirá como candidato presidencial del CD. Ya negociaron que será ratificado en las primarias obligatorias y luego su movimiento Nuevas Ideas se sumará. Lo llaman coalición. Pero coaliciones son alianzas electorales entre partidos para sumar votos. El CD no tiene votos. Tampoco tiene capital político o moral – lo empeño ya varias veces. Lo único que Bukele adquiere es un vehículo matriculado, por más destartalado que sea. Es lo único que necesita.

Un partido nacido con grandes propósitos políticos y morales, reducido a la matrícula electoral que puede ofrecer a un político que predica la anti política. Hablan de “coincidencias programáticas”, cuando ni uno ni el otro tiene programa. El CD va a dejar de existir, será absorbido por este movimiento amorfo que tiene una sola finalidad: llevar a su fundador al poder.

A todos que siempre creímos en la necesidad de una izquierda democrática, esta muerte tan indigna duele.

Saludos,

En abril 2015, ya publiqué un ‘Obituario para Cambio Democrático’