Almudena Grandes

Carta a los intolerantes: Tienen derecho de opinar, mas no se censurar. De Paolo Luers

9 abril 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

¿Hasta qué punto realmente somos tolerantes? Se demostrará con el grado de nuestra tolerancia con los intolerantes.

¿Hasta qué punto estamos dispuestos a defender la libertad de expresión? Se demostrará cuando quieren callar a alguien cuyas opiniones rechazamos. ¿Defenderemos su derecho de expresarse libremente?

La señora Julia Regina de Cardenal se destaca por su manifiesta intolerancia en temas de religión, feminismo, y sexualidad. Rechazo casi la totalidad de las opiniones que ella publica. Sin embargo, no me causó ninguna gracias cuando en Twitter apareció una señora llamada Sofía Gretti anunciando orgullosamente “Acabé con la Julia Homofóbica Regina Cardenal”. Resulta que la usuaria @sofiagretti95 había hecho las gestiones con el servicio de denuncia de Twitter para que temporalmente restringieran la cuenta de la señora de Cardenal. Y ella y sus seguidoras lo estaban celebrando en esta red social como “triunfo contra la intolerancia”.

Sin embargo, era lo contrario: otro triunfo de la intolerancia. El que lo resumió bien fue Marvin Galeas. Reprodujo en su cuenta de Twitter el triunfante tuit de Sofía Gretti, y lo comentó así: Se puede o no estar de acuerdo con las opiniones de Julia de Cardenal, lo que no se vale es acallar una posición y celebrarlo de esta manera.”

100% de acuerdo con Marvin Galeas.

La que no estuvo de acuerdo fue Sofía Gretti. Inmediatamente bloqueó a Marvin Galeas. Hay que detenerse en este: La que en nombre de la lucha contra la intolerancia pidió a Twitter que cierre la cuenta de Julia Regina de Cardenal bloqueó a Marvin por desacuerdo con su opinión.

Es más, cuando Marvin publicó en su cuenta en Twitter el anuncio que Sofía Gretti lo había bloqueado, ella tomó una medida aun más radical: Puso candado a su cuenta de Twitter, o sea la bloqueó al público. Terminándose la tolerancia, se terminó la comunicación…

El mismo día detecté en el periódico español El País una columna de Almudena Grandes, titulada “Estómago”. Casi siempre leo sus columnas, aunque casi nunca estoy de acuerdo – y muchas veces me enojo encendidamente con ella, como cuando escribió que había tantas opiniones sobre Venezuela que ella ya no sabía a quién creer, a Nicolás Maduro o a Juan Guiadó.

Casualmente, Almudena ella escribió este día sobre el mismo tema: la intolerancia y la libertad de expresión. Como para provocarme, en la primera parte de la columna le echó una gran regañada a una mujer y dirigente política que yo adoro: Inés Arrimadas, la dirigente del partido opositor “Ciudadanos” en el parlamento catalán. Y cuando ya me tenía encendido, Almudena dio un inesperado giro a su columna, describiendo como el presidente del Parlament, de manera grosera, trató de callar a Ines, quitándole la palabra. La moraleja de la columna: “Si democracia no es una palabra hueca, ser demócrata consiste en defender los derechos y las libertades de personas que dan dolor de estómago. En mi caso, sin ir más lejos, Inés Arrimadas.”

Bueno, a mi me da dolor de estómago la Santa Inquisición en todas sus formas. La católica de la señora Julia Regina, arremetiendo contra las feministas – e igual la inquisición feminista de la señora Sofía Gretti, que trata de callar a las voces que no le gustan. Pero nadie debería censurar a doña Julia – y tampoco debería autocensurarse doña Sofía. Con la censura y con la autocensura se corta toda posibilidad de comunicación.

Saludos,

Estómago. De Almudena Grandes

Ser demócrata consiste en defender los derechos y libertades de personas con las que no estamos en absoluto de acuerdo.

Ines Arrimadas en el Pleno del Parlament el pasado miércoles. Joan Valls GTRE

8 abril 2019 / EL PAIS

Hace poco más de una semana, unas declaraciones de Inés Arrimadas me dieron dolor de estómago. Miquel Iceta había dicho que, si en algún momento, los independentistas catalanes llegaban al 65%, el Estado español tendría que encontrar un mecanismo para encauzar el problema. Es una opinión razonable, que Arrimadas tergiversó, en un grado de obscenidad difícil de superar, al decir que la estrategia del PSC era esperar a que el independentismo creciera hasta el 65% para romper España. Nos estamos acostumbrando a los discursos repugnantes, pero una cosa son los candidatos, que vienen y van, dando más o menos asco, y otra las instituciones, cuya esencia consiste en permanecer. Por eso, cuando mi estómago no se había recuperado todavía, me dolió mucho más la actuación de Josep Costa, diputado de JxCat y presidente accidental del Parlament —en ausencia de Roger Torrent, que había ido al médico—, cuando mandó callar a Arrimadas en el estrado de la Cámara catalana.

La líder de Ciudadanos recordaba una serie de tuits auténticos de Quim Torra, por su contenido xenófobo y supremacista, cuando Costa, que en aquel momento era el presidente de la Cámara en la que reside la soberanía popular de todos los catalanes, la interrumpió para defender al president. Llegó a pedirle que se callara porque, desde que ocupaba ese cargo, Torra no había escrito esas cosas. La grosera, bochornosa censura de Costa, en una sala llena de lazos amarillos y carteles por la libertad de expresión, me indignó sobremanera, pero reforzó mis convicciones. Porque, si democracia no es una palabra hueca, ser demócrata consiste en defender los derechos y las libertades de personas que dan dolor de estómago. En mi caso, sin ir más lejos, Inés Arrimadas.