Alemenia

Un mundo infeliz en Alemania. De Joschka Fischer

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Joschka Fischer, ex-líder de Los Verdes, fue entre 1998 y 2005 ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Gerhard Schröder

Joschka Fischer, 26 septiembre 2017 / PROJECT SYNDICATE

BERLÍN – El resultado de las elecciones federales alemanas del domingo fue inesperado y preocupante, al menos para los estándares del país. Los dos partidos principales, el Socialdemócrata (SPD) y la Unión Demócrata Cristiana (CDU), junto a su partido hermano bávaro, la Unión Social Cristiana (CSU), recibieron el castigo de las urnas después de haber gobernado durante los últimos cuatro años como una gran coalición liderada por la canciller Ángela Merkel.

El SPD obtuvo su peor resultado en unas elecciones federales desde las primeras efectuadas en  la República Federal en 1949. De igual modo, la alianza CDU/CSU tuvo su segundo peor desempeño desde 1949, y la CSU sufrió la peor derrota electoral de su historia. Esto reviste especial importancia, dado que Baviera celebrará elecciones estatales el próximo año.

Screen Shot 2017-09-27 at 10.39.47 AMA fin de cuentas las elecciones resultaron ser una avalancha contra la gran coalición de Merkel y, en gran medida, pueden considerarse un voto de protesta contra ella. A nivel internacional se la valora como una estadista efectiva y como la garante de la estabilidad y la autoridad moral en Occidente. Pero claramente esto ya no ocurre en casa.

El mayor error de Merkel en estas elecciones fue ampararse en la misma estrategia defensiva que usó en las dos anteriores, en las que ganó rotundamente. Parece haber dado por sentado que evitar las controversias y mantener el silencio sobre las cuestiones fundamentales que afronta Europa volvería a funcionar. Esto demostró un error de juicio, teniendo en cuenta la crisis de los refugiados de 2015 y sus implicaciones para Alemania, por no hablar del ascenso de la extrema derecha con Alternativa para Alemania (AfD), que obtuvo alrededor del 13% de la votación.

Muchos alemanes han estado preguntándose sobre el futuro del país y de la identidad nacional alemana. Merkel no dio suficientes respuestas a estas reflexiones. Y mientras ella guardaba silencio, populistas como Alexander Gauland (vicepresidente del AfD) saturaron el espacio público con fuertes apelaciones a la nostalgia étnica y nacionalista.

En realidad, el gran ganador de estas elecciones fue el AfD, cuyos miembros incluyen a neonazis y otros extremistas. Su éxito es una desgracia para Alemania. La extrema derecha regresa al Bundestag después de 72 años, y lo hace como el tercer bloque más fuerte. Y ahora es el segundo mayor partido de los Länder (estados federales) que formaban parte de la antigua Alemania Oriental.

Alemania no es el único país europeo en el que la derecha populista ha logrado avances electorales en los últimos años. Pero, debido a su particular historia, en ningún lugar el resurgimiento de la extrema derecha resulta más desconcertante. Los partidos que aún defienden los valores democráticos deben tomarse en serio su responsabilidad de formar un nuevo gobierno para evitar que la derecha cause daños irreparables a la democracia alemana.

Es casi seguro que Merkel permanecerá como canciller en el próximo gobierno. A medida que los miembros de la CDU y la CSU debatan sobre ello en los próximos días, no encontrarán ninguna otra alternativa creíble o igualmente popular. Con o sin pérdidas electorales, no se puede deponer a la canciller sin contar con un sustituto convincente. Merkel tiene suerte: los cuchillos aún no han aparecido, e incluso si lo hacen, probablemente no harán correr sangre (al menos por ahora).

Otra consecuencia inesperada de las elecciones es que los líderes del SPD están discutiendo unirse a la oposición, como si participar en el gobierno fuera una maldición que deben evitar a toda costa. Esto hará que el proceso para formar el próximo gobierno resulte largo y arduo, lo que es inusual en la política alemana.

Con la negativa del SPD a participar en una gran coalición, la única opción matemáticamente viable que queda es una alianza “Jamaica” (llamada así por la bandera negra, amarilla y verde de este país), que comprende la CDU/CSU, el Partido Liberal y los Verdes. Pero no será tarea fácil: si bien no tendrán muchos problemas para llegar a los compromisos políticos necesarios, difieren notoriamente en mentalidad de gobierno y estilo de liderazgo.

Además, es muy probable que el calendario político interno prolongue las conversaciones de la coalición. Los líderes de los partidos se darán tono e intentarán mantener la credibilidad frente a sus electores, y no ocurrirá demasiado hasta después de las elecciones estatales en Baja Sajonia el 15 de octubre. E incluso entonces, no se formará un nuevo gobierno con rapidez.

Las únicas alternativas a la coalición Jamaica son un gobierno minoritario de la CDU/CSU o unas nuevas elecciones en la próxima primavera, lo que probablemente solo fortalecería la posición del AfD. Ambos desenlaces serían malos para Alemania, que ampliamente se percibe y cuenta como un ancla de estabilidad en Europa.

Lo anterior significa que el futuro de la democracia alemana y de la estabilidad europea dependerá de si prevalece la razón entre los restantes partidos más pequeños. Los partidos Jamaica tienen la responsabilidad de respaldar a Merkel y de comprometerse a formar gobierno cuando sea necesario. Esperamos que sus líderes sean lo suficientemente inteligentes como para trabajar juntos de buena fe, en lugar de limitarse a buscar una estrecha ventaja partidista. Pueden comenzar definiendo que los tres pilares de un nuevo tipo de coalición sean la seguridad, la reforma económica y la modernización ecológica y digital.

En cuanto a Merkel, no ser capaz capaz de formar un gobierno mayoritario estable probablemente marcaría el fin de su cancillería. En líneas más generales, podría abrir las puertas a un nuevo período de caos político. Nadie debería desearlo para Alemania ni para Europa.

Posdata de Segunda Vuelta:

En cuanto al título, hay un problema de traducción. El título en el original alemán es: Die Zeit nach Angela Merkel hat begonnen (Comenzó la era post Merkel). Para la versión en inglés, Project Syndicate puso un título muy atinado: “Germany’s Grave New World”, jugando con el título de la famoso novela de Aldous Huxley: Brave New Word. En la traducción al español, desde el inglés, nació con “Un mundo infeliz en Alemania” un título… infeliz.

Lea el original en alemán: Die Zeit nach Angela Merkel hat begonnen

Voto joven. Columna Transversal de Paolo Luers

Es un círculo vicioso: los que deciden sobre prioridades son las generaciones que no necesariamente tienen interés en soluciones de largo plazo, sino en sus propios intereses de supervivencia.

paolo3Paolo Luers, 22 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

El Salvador es un país de jóvenes, pero las elecciones son decididas por los viejos. Según un estudio de Fusades, para el 2018 el 30 % de los aptos a votar son jóvenes entre 18 y 29 años; y si sumamos los adultos entre 30 y 39 años, hay una mayoría de 50.8%.

Pero ambos grupos mostraron una participación electoral marcadamente menor que los salvadoreños de 40 años para arriba.

EDH logPor otra parte, los problemas más importantes pendientes de resolver son temas que afectan prioritariamente a los jóvenes y su futuro: educación, pensiones, seguridad pública. En los tres campos hay una enorme deuda con el futuro, o sea con los ahora jóvenes. En los tres campos urgen políticas públicas que por su carácter integral y estructural son de largo plazo: no van a definir la vida de los ahora adultos, sino predeterminar el futuro de los ahora jóvenes o niños.

Resulta absurdo que los jóvenes sigan dejando estas decisiones en manos de la generación de sus padres y abuelos. Parte del absurdo es que en un país demográficamente tan joven nadie da prioridad a la tarea de promover la participación política y electoral de los jóvenes. Es un círculo vicioso: los que deciden sobre prioridades son las generaciones que no necesariamente tienen interés en soluciones de largo plazo, sino en sus propios intereses de supervivencia.

Desde el punto de vista de sus propios intereses, la generación que sigue controlando al Estado, la economía y la sociedad, tiene razón para sospechar que los jóvenes, al tomar protagonismo, llevarían al país hacia otros rumbos.

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Infografia de SPIEGEL Online, 16 septiembre 2017

En Alemania se practica desde hace 20 años un experimento que se llama “Juniorwahl – elecciones junior”. Una semana antes de cada elección general, se celebran elecciones donde los jóvenes entre 15 y 18 años votan -sobre la misma oferta electoral de los partidos. Este año se espera que en 3,500 escuelas participen más de un millón de adolescentes.

Lo interesante es que, según los resultados de las “elecciones junior”, en las 4 últimas elecciones federales (de 2002 a 2013) hubieran salido mayorías parlamentarias (y por tanto gobiernos) muy diferentes a los electos en las elecciones de sus padres.

En las elecciones federales de 2002, los socialdemócratas salieron empatados con los conservadores, pero junto con Los Verdes lograron una mínima mayoría de diputados, y su canciller Gerhard Schroeder pudo seguir gobernando. Pero en las “elecciones junior”, los socialdemócratas ganaron una clara mayoría (43 % en vez de 38.5 %), y sus socios del partido Los Verdes lograron un sensacional 14.6 %, en vez de los 8.6 % en las elecciones reales. Los jóvenes hubieran dado un claro mandato al programa de reformas de los socialdemócratas y verdes y esta colación no hubiera sufrido el fracaso que obligó a Schroeder a convocar elecciones adelantadas en 2005.

En 2005, la coalición reformista socialdemócratas/verdes perdió el poder. Pero tampoco la alianza conservadores-liberales logró una mayoría. Se estableció la “coalición grande” entre socialdemócratas y conservadores, bajo la dirección de Angela Merkel. Pero en las “elecciones junior” el resultado fue al revés: los socialdemócratas ganaron a los conservadores, y Los Verdes ganaron claramente a los liberales. Según los jóvenes, la alianza reformista hubiera continuado gobernando, con una mayoría parlamentaria.

En 2009, pasó algo insólito: el electorado (adulto) castigó a los socialdemócratas por haber entrado en coalición con los conservadores. Perdieron en grande, bajando a 23% frente a los conservadores con 33.8%. Merkel logró una mayoría parlamentaria en coalición con los liberales. Hora de la contrarreforma…

Sin embargo, en las “elecciones junior”, el resultado fue diferente: los jóvenes castigaron parejo a ambos partidos de la “gran colación”. Ambos bajaron a un miserable 19%, y los verdes se convirtieron en la primera fuerza, con 21%, y los emergentes Piratas ganaron 12.2%. Este partido rebelde, en las elecciones reales, quedaron con 2 % fuera del parlamento. Es decir, los jóvenes también querían sustituir la gran coalición, pero dieron mayoría absoluta a una coalición reformista aún más radical, incluyendo a los Piratas.

En 2013, el gobierno conservador-liberal fracasó. Los liberales ni siquiera lograron entrar al parlamento. Con 41.5%, Angela Merkel derrotó claramente a los socialdemócratas y verdes, que juntos sólo llegaron a un 34.1%. La única forma de garantizar la gobernabilidad: una nueva “coalición grande”, bajo dirección de Merkel.

Muy distinto fue el resultado de las “elecciones junior”. Los adolescentes entre 15 y 18 años dieron un mandato para una coalición reformista entre socialdemócratas, verdes y Piratas.

En las 4 “elecciones junior”, los jóvenes dieron apoyo a los partidos que propusieron reformas profundas en los campos educación, justicia social/pensiones, medio ambiente y (en el caso de los Piratas) transparencia y revolución digital. Si hubiera dependido de los jóvenes entre 15 y 18 años, Alemania hubiera sido gobernado por coaliciones reformistas, conducidos por cancilleres socialdemócratas, desde 1998, cuando Gerhard Schroeder puso fin a 16 años de gobiernos conservadores bajo Helmut Kohl, hasta la fecha…

Tradicionalmente, los resultados de las “elecciones junior”, aunque son celebrados una semana antes, se dan a conocer en la noche de las elecciones generales. Con un argumento absurdo: para que los jóvenes no influyan a los votantes adultos. Pero los jóvenes tienen todo el derecho del mundo de influir en las elecciones generales, porque es su futuro que está en juego.

 

Carta a los areneros: Aprendan de Angela Merkel. De Paolo Luers

Humo arcoiris sobre el Reichstag en Berlin: “habemos amor”

Paolo Luers, 1 julio 2017 / MAS! y EDH

Estimados amigos:
Yo sé que los temas controversiales les causan dolor de estómago y los meten en dilemas. La mayoría de sus votantes duros están en contra del matrimonio para todos, incluyendo homosexuales; y de manera más decidida contra una flexibilización de la prohibición del aborto. Pero por otra parte, la mayoría de los votantes blandos están a favor de ambas reformas. Estoy hablando de los ciudadanos, que por una parte están hartos del FMLN, pero por otra parte no comulgan con las posiciones conservadores que predominan en ARENA. No hay encuestas que lo comprueban, pero yo les reto hacerlas – y apuesto a que este centro político se les dirá que el mayor obstáculo para votar por ARENA es su conservadurismo, para no decir sus posiciones reaccionarias, en cuanto a matrimonio y aborto.

Entonces, ¿qué hacer?

Aprendan de Angela Merkel, la gobernante de Alemania. Ella sí tiene encuestas que son muy claras: 61.4% de los alemanes están a favor de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo; sólo 26.5% están en contra. Pero estos 26.5% casi todos son voto duro del partido de Merkel. Por otra parte: Todos los demás partidos le pusieron de condición para una futura coalición que se pase la ley del “matrimonio para todos”. Entonces, la canciller alemana se hizo la misma pregunta: ¿Qué hacer? ¿Cómo salir de este dilema?

La solución fue muy típica para Frau Merkel: 1) Luego de años de bloquear una votación sobre el asunto espinoso, dijo en una entrevista que estaba en favor que la propuesta llegara al pleno; 2) como presidente del partido declaró que este era un “asunto de conciencia” y que cada diputado estaba libre de votar como su conciencia le dictara; 3) a la hora de la plenaria, ella razonó y votó en contra.

Claro, una mujer que a pesar de graves crisis logró mantenerse en el poder por 12 años (y va por más), sabe leer la tendencia de la historia. Ella sabía que hay una nueva mayoría, porque muchos diputados de su partido iban a votar a favor de la ley. Y cabal, la ley pasó con 393 contra 226 votos, porque 75 diputados (=25%) de su partido la apoyaron.

Problema resuelto. La ley pasó, Merkel al final del año podrá entrar en negociaciones para formar su gobierno de coalición. Su partido, aunque mayoritariamente en contra del “matrimonio para todos”, fue suficiente democrático para no bloquearlo. Ella mostró lealtad a la mayoría conservadora de su partido, pero al mismo tiempo apertura a la mayoría de ciudadanos…

Así se hace política. Aprendan de esto, areneros. Y no es un truco barato: Declarar una ley de este tipo asunto de conciencia es lo más decente que un partido puede hacer.

Si ustedes tuvieran el valor de hacer lo mismo en el caso de la flexibilización del aborto, un grupo de diputados de ARENA votaría sí, pero sin que el partido entre en crisis.

Los ciudadanos no exigimos de ustedes que abandonen sus convicciones. Sólo esperamos que sean demócratas y permitan que cada diputado vote según su conciencia. Preservarían la unidad del partido y al mismo tiempo credibilidad ante los sectores que queremos votar contra el FMLN – pero no a favor de un brazo electoral de Opus Dei.

Piénsenlo. La apertura y la tolerancia no duelen.
Saludos,

Alemania en la era de Trump. De Joschka Fischer

Si EE UU avanza hacia el nacionalismo y el aislacionismo, solo será una gran potencia entre muchas.

Joschka Fischer fue ministro de asuntos exteriores de Alemania y vicecanciller entre 1998 y 2005.

Joschka Fischer, fundador de Los Verdes, fue ministro de asuntos exteriores de Alemania y vicecanciller entre 1998 y 2005.

Joschka Fischer, 5 febrero 2017 / EL PAIS

Donald Trump es hoy el presidente número 45 de Estados Unidos y, en su discurso de asunción, dejó en claro al establishment norteamericano allí reunido que su Administración no pretende hacer lo mismo que se viene haciendo. Su lema, Estados Unidos primero, marca el rechazo, y la posible destrucción, del orden mundial liderado por Estados Unidos que los presidentes demócratas y republicanos, empezando por Franklin D. Roosevelt, han construido y mantenido —aunque con diferentes grados de éxito— durante más de 70 años.

Si Estados Unidos abandona su rol de potencia económica y militar líder y avanza hacia el nacionalismo y el aislacionismo, precipitará un reordenamiento internacional, al mismo tiempo que cambiará al propio país. En lugar de ser una potencia hegemónica, Estados Unidos se convertirá en una gran potencia entre muchas.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido el motor del libre comercio global, de manera que una postura proteccionista, o un intento de revertir la globalización o utilizarla para intereses nacionales estrechos, tendrían enormes consecuencias económicas y políticas en todo el mundo. Las plenas implicaciones de un cambio de estas características son ampliamente impredecibles; pero todos sabemos —o deberíamos saber— lo que sucedió la última vez que las potencias líderes del mundo centraron la atención en sí mismas, en los años 1930.

el paisLas alianzas, instituciones multilaterales, garantías de seguridad, acuerdos internacionales y valores compartidos que sustentan el orden global actual pronto podrían ponerse en tela de juicio, o directamente rechazarse. Si eso sucede, la antigua Pax Americana habrá sido innecesariamente destruida por el propio Estados Unidos. Y sin ningún marco alternativo obvio para reemplazarla, todos los indicadores apuntan a una situación de turbulencia y caos en el futuro cercano.

Los dos exenemigos de Estados Unidos, Alemania y Japón, están entre los principales perdedores si Estados Unidos abdica de su rol global con el Gobierno de Trump. Ambos países experimentaron una derrota total en 1945 y, desde entonces, han rechazado todas las formas del Machtstaat, o estado de poder. Al encontrarse su seguridad garantizada por Estados Unidos, se transformaron en socios comerciales y han seguido siendo participantes activos en el sistema internacional liderado por Estados Unidos.

“Estamos en el mismo bote que todos los demás
europeos con respecto a la seguridad”

Si Trump retira el paraguas de seguridad de Estados Unidos, estas dos potencias económicas líderes tendrán un serio problema de seguridad en sus manos. Mientras que la posición geopolítica periférica de Japón, en teoría, podría permitirle renacionalizar sus propias capacidades de defensa, ir detrás de esa opción podría aumentar significativamente la posibilidad de una confrontación militar en el este de Asia. Esta es una perspectiva alarmante, considerando que muchos países en la región tienen armas nucleares.

Alemania, por su parte, reside en el corazón de Europa y está rodeada por sus exenemigos de tiempos de guerra. Es el país más grande del continente en términos económicos y demográficos, pero le debe mucho de su potencia a la garantía de seguridad de Estados Unidos y a marcos institucionales multilaterales, transatlánticos y europeos basados en valores compartidos y en el libre comercio. El orden internacional existente ha hecho que el Machstaat y la esfera de influencia que lo rodea se volvieran innecesarios.

A diferencia de Japón, Alemania no puede renacionalizar su política de seguridad ni siquiera en teoría, porque una medida de esa naturaleza minaría el principio de defensa colectiva en Europa y desgarraría al continente. Para que no nos olvidemos, el objetivo del orden de posguerra global y regional fue integrar a las antiguas potencias enemigas de manera que no plantearan ningún peligro mutuo.

Debido a su peso geopolítico, la perspectiva de Alemania hoy es sinónimo de la de la Unión Europea. Y el panorama de la UE no es el de una potencia hegemónica; más bien, tiene que ver con el régimen de derecho, la integración y la reconciliación pacífica de los intereses de los Estados que la componen. La sola ubicación de Alemania hace que el nacionalismo sea una mala idea; y, además, sus intereses políticos y económicos más fundamentales dependen de una UE fuerte y exitosa, especialmente en la era de Trump.

Alemania está en el mismo bote que todos los demás europeos con respecto a la seguridad. De la misma manera que no puede haber seguridad francesa sin Alemania, no puede haber seguridad alemana sin Polonia. Eso es porque Alemania y todos los demás países europeos ahora deben hacer todo lo posible para impulsar sus aportaciones a la seguridad colectiva dentro de la UE y de la OTAN.

La fortaleza de Alemania se basa en su poder financiero y económico, y ahora tendrá que apalancar esa fortaleza en nombre de la UE y de la OTAN. Desafortunadamente, ya no puede contar con el llamado “dividendo de la paz” del que gozó en el pasado (e inclusive, durante la crisis del euro). El ahorro es sin duda una virtud; pero otras consideraciones deberían tener prioridad cuando nuestra casa se está incendiando y a punto de venirse abajo.

Más allá de la seguridad, el segundo interés fundamental de Alemania es el libre comercio global. El comercio intraeuropeo seguirá siendo extremadamente importante, porque así es como Alemania se gana la vida; pero el comercio con Estados Unidos también será vital. No será un buen presagio para Alemania si China y Estados Unidos —sus dos mercados exportadores más importantes fuera de la UE— entran en una guerra comercial. El proteccionismo en alguna parte del mundo puede tener repercusiones globales.

Y, sin embargo, junto con todos los peligros que plantea la presidencia de Trump para los europeos, también ofrece oportunidades. La retórica proteccionista de Trump por sí sola ya ha derivado en un acercamiento entre China y Europa. Más importante, la nueva Administración le ha brindado finalmente a los alemanes una posibilidad de cerrar filas, crecer y reforzar su poder y posición geopolítica.

Pero si los europeos finalmente se juntan, deberían evitar el antinorteamericanismo. Trump es el presidente de Estados Unidos, pero no es Estados Unidos. Los países del Atlántico norte seguirán teniendo una historia común y valores compartidos —incluso bajo una presidencia de Trump—,  aunque sean muchas cosas las que cambiarán en los próximos años.

Alemania apoya debate por posible Cicies en el país

El Embajador Heinrich Haupt destacó la labor de la Cicig combatiendo impunidad y corrupción.

El embjadaor alemán Dr. Heinrich Haupt hablando en la recepción del Día de la Unidad de Alemania

El embjadaor alemán Dr. Heinrich Haupt hablando en la recepción del Día de la Unidad de Alemania

5 octubre 2015 / EDH

El Embajador de Alemania en El Salvador, Heinrich Haupt, expresó que Alemania ve con interés el debate sobre la instalación de una Comisión Internacional Contra la Corrupción en El Salvador  (Cicies).

El diplomático destacó que una manera para combatir la impunidad y la corrupción es con asesoría internacional. Es así que destacó el excelente trabajo que la Cicig ha hecho en Guatemala, contando con el apoyo de Alemania y muchos otros países amigos.

“Seguimos con interés la viva discusión de los salvadoreños sobre una posible Cicies”, expresó Haupt, durante el 25º Aniversario de la Unidad Alemana.

Asimismo, vio positivo que los partidos políticos hayan sumado esfuerzos para dar respuesta a la ciudadanía que pide acciones concretas contra la delincuencia.

“El Salvador tiene partidos políticos fuertes que, a través del Pacto de Ataco y el proceso interpartidario, parecen acatar el clamor del votante de tratar en conjunto los problemas más urgentes del país como es la seguridad ciudadana, un tema doloroso de vida y muerte que nunca debería prestarse a manejos políticos, ni por parte de la izquierda, ni por parte de la derecha, ni por parte de los populistas”, dijo.

El embajador alemán destacó que los esfuerzos de la sociedad civil solo pueden ser exitosos cuando el Estado promueve un marco fuerte de seguridad jurídica, de respeto hacia la institucionalidad democrática y los derechos de los ciudadanos.

A esto recordó que dado que pronto se elegirá un Fiscal General de la República, este debe ser nombrado según las normas establecidas por la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, que debe ser “independiente, profesional e inmune contra intereses partidarios”.

En su discurso, también elogió a dicha Sala calificándola de independiente y profesional que “hace valer la voluntad del soberano, del mismo pueblo, colocándola encima de los intereses partidarios”.

“Una justicia fuerte y profesional, como se manifiesta en la impresionante labor de la Sala, presenta una sólida base tanto para la inversión privada como la cooperación al desarrollo”, expresó.