ESTADOS UNIDOS

EUA triplicó envío de operaciones especiales hacia El Salvador

Sobre las 19 misiones que han realizado las fuerzas élite del Ejército estadounidense en el país hay poca información pública, por lo que se desconoce el detalle de cada una de las misiones, según un informe reciente de WOLA.

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Ezequiel Barrera, 9 septiembre 2016 / LPG

la prensa graficaLas fuerzas élites del ejército estadounidense, entre ellos los Boinas Verdes, ejecutaron 19 misiones especiales en El Salvador entre 2007 y 2014. Los datos indican que las misiones de fuerzas élite se triplicaron, porque pasaron de cinco misiones entre 2007 y 2010 a 14 entre 2011 y 2014.

Esta cantidad de misiones hizo que el país esté en la casilla número dos de los países con más intervenciones en Latinoamérica por parte de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos de América, solo por debajo de las 21 misiones ejecutadas en Honduras y arriba de Colombia, según publicó recientemente la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (The Washington Office on Latin America, por sus siglas en inglés, también conocida como WOLA).

Sobre esas misiones hay poca información, señala WOLA. De hecho, hay tan poca información pública que todavía no se sabe cuántas misiones más se han ejecutado entre 2015 y 2016. Tampoco se sabe con detalle en qué consisten esas misiones. Una de las pocas cosas que WOLA logró descubrir sobre esas misiones, a través de la Ley de Libertad de Información estadounidense (similar a la Ley de Acceso a la Información salvadoreña), es que uno de los objetivos de los Boinas Verdes en El Salvador es apoyar en las incursiones contra las pandillas.

screen-shot-2016-09-09-at-5-53-40-pm“Hay una falta de transparencia de estas acciones por todo el mundo. En un sentido es parte de la estrategia de Barack Obama, a la que llama ‘huella pequeña’ y que consiste en alejarse de las grandes intervenciones y mantener un perfil más bajo, incluso en América Latina”, aseguró a este periódico Sarah Kinosain, investigadora de WOLA.

De acuerdo con Kinosain, una de las razones por la que Estados Unidos brinda poca información sobre las Fuerzas de Operaciones Especiales que envía a El Salvador y al resto del mundo, y a la vez por la que mantiene perfil bajo, está relacionada con la “estrategia diplomática” que tienen los militares en los país intervenidos.

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“La estrategia es tanto militar como diplomática. Están relacionadas entre sí. Por eso incluso se les llama los Guerreros Diplomáticos”, opinó Kinosain.

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Según el análisis de WOLA, no está clara la función diplomática de las fuerzas de Operaciones Especiales en los países en los que ha desplegado misiones. El organismo incluso es crítico y dice que “si las Fuerzas de Operaciones Especiales se encuentran en los países para promover el interés de los Estados Unidos y los Guerreros Diplomáticos son una herramienta en el terreno para lograr eso, el público estadounidense tiene que empezar a hacer más preguntas y pedir saber qué obtienen los ciudadanos estadounidenses con tantos despliegues en el mundo, como parte de la política exterior”.

El Salvador es el único país de Centroamérica donde hay un oficial de Operaciones Especiales de enlace, quien se encarga de asesorar y dirigir cada una las misiones. Su oficina está en la embajada de los Estados Unidos en San Salvador. Este periódico realizó gestiones para entrevistarlo, pero no fue posible porque, según explicó la oficina de comunicaciones de la embajada, en los primeros días de septiembre fue relevado el oficial que estaba y en su lugar ha sido designada otra persona. Esa transición hizo imposible la entrevista antes de la publicación de esta nota.

Kinosain, investigadora de WOLA, también explicó que en Washington hay un debate sobre el presupuesto asignado a los Boinas Verdes.

“Dentro de esta discusión en Washington hay cuestiones sobre el presupuesto de Estados Unidos: qué departamento está recibiendo más dinero, quién monitorea los gastos militares. En resumen, dónde está invertido el dinero y quién está monitoreando esto”, dijo Kinosain.

Una de las preguntas que WOLA sugiere es ¿Qué relación tiene el trabajo de las fuerzas de Operaciones Especiales con los recientes comportamientos de los ejércitos y policías de los países intervenidos? En Honduras, por ejemplo, coincidió el Golpe de Estado, orquestado por el ejército, con el momento en que las intervenciones en ese país comenzaron a aumentar. En El Salvador, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, ha encontrado que el ejército y la Policía Nacional Civil (PNC) han participado en “ejecuciones ilegales y malos tratos” después de las 19 misiones.

WOLA, además, destaca el caso de Guatemala donde solo han sido desplegadas ocho misiones especiales, debido a la resistencia que pusieron instituciones de derechos humanos en ese país.

“Curiosamente, ha habido un menor número de despliegues en Guatemala en comparación con el resto de Centroamérica. Esto podría ser debido a cuestiones de derechos humanos que impidieron que el ejército guatemalteco recibiera asistencia militar de Estados Unidos durante muchos años”, dice el análisis de WOLA.

Lea el informe completo de WOLA:
Operaciones Especiales de EE.UU. en Latinoamérica: ¿Diplomacia paralela?

A new 50-state poll shows exactly why Clinton holds the advantage over Trump: WASHINGTON POST

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washington postIt’s a long road to the White House, so The Washington Post polled all 50 states to find out what each candidate needs to do to get there.

With nine weeks until Election Day, Donald Trump is within striking distance in the Upper Midwest, but Hillary Clinton’s strength in many battlegrounds and some traditional Republican strongholds gives her a big electoral college advantage, according to a 50-state Washington Post-SurveyMonkey poll.

The survey of all 50 states is the largest sample ever undertaken by The Post, which joined with SurveyMonkey and its online polling resources to produce the results. The state-by-state numbers are based on responses from more than 74,000 registered voters during the period of Aug. 9 to Sept. 1. The individual state samples vary in size from about 550 to more than 5,000, allowing greater opportunities than typical surveys to look at different groups within the population and compare them from state to state.

VEA: How the Post-SurveyMonkey poll was conducted

VEA: New poll shows how Trump-Clinton matchup
is redrawing the electoral map View Graphic

The massive survey highlights a critical weakness in Trump’s candidacy — an unprecedented deficit for a Republican among college-educated white voters, especially women. White college graduates have been loyal Republican voters in recent elections, but Trump is behind Clinton with this group across much of the country, including in some solidly red states.

The 50-state findings come at a time when the average national margin between Clinton and Trump has narrowed. What once was a Clinton lead nationally of eight to 10 points shortly after the party conventions ended a month ago is now about four points, according to the RealClearPolitics polling average. A number of battleground states also have tightened, according to surveys released from other organizations in recent days.

The Post-SurveyMonkey results are consistent with many of those findings, but not in all cases. Trump’s support in the Midwest, where the electorates are generally older and whiter, appears stronger and offers the possibility of gains in places Democrats carried recently. He has small edges in two expected battlegrounds — Ohio and Iowa — and is close in Wisconsin, Pennsylvania and Michigan, each of which Democrats have won in six consecutive elections.

At the same time, however, Trump is struggling in places Republicans have won consistently and that he must hold to have any hope of winning. These states include Arizona and Georgia, as well as Texas — the biggest surprise in the 50-state results. The Texas results, which are based on a sample of more than 5,000 people, show a dead heat, with Clinton ahead by one percentage point.

Clinton also leads by fewer than four points in Colorado and Florida and is tied with Trump in North Carolina. In Colorado, other polls have shown a larger Clinton lead. In Mississippi, Trump’s lead is just two points, though it’s doubtful that the GOP nominee is in much danger there.

Electoral college advantage for Clinton

In a two-way competition between the major-party candidates, Clinton leads by four points or more in 20 states plus the District of Columbia. Together they add up to 244 electoral votes, 26 shy of the 270 needed to win.

Trump leads by at least four points in 20 states as well, but those add up to just 126 electoral votes. In the 10 remaining states, which hold 168 electoral votes, neither candidate has a lead of four percentage points or better.

VEA: How our new poll compares with past
presidential election results in every state

A series of four-way ballot tests that include Libertarian Party nominee Gary Johnson and Green Party nominee Jill Stein project a somewhat narrower Clinton advantage, with more states showing margins of fewer than four points between the two major-party candidates. But even here, at the Labor Day weekend turn toward the Nov. 8 balloting, the pressure is on Trump to make up even more ground than he has in recent weeks if he hopes to win the White House.

The poll finds Johnson is poised to garner significant support. He is currently receiving at least 15 percent support in 15 states. The libertarian’s support peaks at 25 percent in New Mexico, where he served two terms as governor. He is only four points shy of Trump’s 29 percent standing there. His support in Utah is 23 percent, and in Colorado and Iowa it is 16 percent. Stein has less support in the poll, peaking at 10 percent in Vermont and receiving at least 7 percent support in 10 states.

Read the full Post-SurveyMonkey results

Overall, the results reflect Trump’s strategy of maximizing support in older, whiter Midwestern states where his anti-free-trade message and appeals to national identity generally find more fertile ground.

But his struggles elsewhere, including places that have long supported Republicans, illustrate the challenges of that strategy in more diverse states where his stances on immigration and some other positions have turned off Democrats, independents and many Republicans.
Demographic divisions shape the competition

To win the election, Trump must quickly consolidate the Republican vote. With prominent Republicans declaring they will not support Trump and some even announcing they will back Clinton, this represents a major challenge for the GOP nominee. In the Post-SurveyMonkey poll, Clinton is winning 90 percent or more of the Democratic vote in 32 states, while Trump is at or above that level in just 13.

As expected, the Clinton-Trump contest has split the electorate along racial lines. Their bases of support are mirror images: On average, Clinton does 31 points better among nonwhite voters than whites, and Trump does 31 points better among white voters than nonwhites.

The electorate is also divided along lines of gender and education, in many cases to a greater extent than in recent elections. Averaging across all 50 states, Clinton does 14 points better among women than men, and Trump does 16 points better among men than women. Clinton is winning among women in 34 states, and she’s close in six others. Trump leads among men in 38 states, is tied in six and trails in the other six.

It is among college-educated voters, however, where Trump faces his biggest hurdle. In 2012, white voters with college degrees supported Republican nominee Mitt Romney over President Obama by 56-42 percent. Romney won with 59 percent among white men with college degrees and with 52 percent among white women with college degrees.

So far in this campaign, Clinton has dramatically changed that equation. Among white college graduates, Clinton leads Trump in 31 of the 50 states, and the two are about even in six others. Trump leads among college-educated whites in just 13 states, all safe Republican states in recent elections.

Across 49 states where the poll interviewed at least 100 white college-educated women, Clinton leads Trump with this group in 38 states and by double-digit margins in 37. Averaging across all states, Clinton leads by 23 points among white women with college degrees.

Trump’s base among white voters without a college degree remains strong and substantial. He leads Clinton in 43 of the 50 states, and the two are roughly even in five others. She leads among white voters without a college degree in just one state: Vermont.

Overall, Clinton does 19 points better among white college graduates than whites without degrees while Trump does 18 points better among whites without degrees than whites with college educations, on average.

Trump’s challenge in the states that remain close will be to produce significant turnout among white, non-college voters to offset those Clinton margins, but it’s far from clear that there are enough of them to be decisive. Absent that, the GOP nominee must find a way to appeal to these college-educated voters during the final weeks of the campaign.
States and regions shaping the race

Trump’s strength across some of the states in the Midwest is one potential bright spot for the Republican nominee. Clinton’s biggest lead among the contested states in that region is in Pennsylvania, where her margin is just four points. In Wisconsin and Michigan, she leads by a nominal two points, while Trump leads by four points in Iowa and three points in Ohio.

Recent polls by other organizations have indicated that Wisconsin has tightened over the past month. A recent Suffolk University poll in Michigan shows Clinton leading by seven points, and the RealClearPolitics average in Ohio shows Clinton ahead by three points. Overall, among the quintet of Ohio, Michigan, Wisconsin, Iowa and Pennsylvania, Michigan has been the Democrats’ most reliable of the group, always one of the 15 best-performing Democratic states over the past five elections.

The Rocky Mountain West is another area of fierce competition. The Post-SurveyMonkey poll shows Colorado closer than other polls there, with Clinton leading by just two points and the race tied when Johnson and Stein are included. Meanwhile, Clinton and Trump are roughly even in Arizona. In Nevada, Clinton enjoys a lead of five points in head-to-head competition with Trump but by just three points in a four-way test.

Of all the states, Texas provided the most unexpected result. The Lone Star State has been a conservative Republican bastion for the past four decades. In 2012, President Obama lost the state by 16 points. For Democrats, it has been among the 10 to 15 worst-performing states in the past four elections.

The Post-SurveyMonkey poll of Texas shows a dead heat with Clinton at 46 percent and Trump at 45 percent. Democrats have long claimed that changing demographics would make the state competitive in national elections, but probably not for several more cycles.

A comparison of the current survey with the 2008 Texas exit poll (there was no exit poll there in 2012) points to reasons the race appears close right now. Trump is performing worse than 2008 GOP nominee John McCain among both whites and Hispanics, while Clinton is doing slightly better than Obama.

Among men, Trump is doing slightly worse than McCain did eight years ago. The bigger difference is among women. McCain won a narrow majority of women in Texas while Trump is currently below 40 percent. That’s not to say Texas is turning blue in 2016. Given its history, it probably will back Trump in November and possibly by a comfortable margin. But at this stage, the fact that it is close at all is one more surprise in a surprising year.

Emily Guskin contributed to this report.

Rudy Giuliani’s Fear Factor. De Andy Rosenthal

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Andy Rosenthal, 19 julio 2016 / THE NEW YORK TIMES

NEW YORK TOMES NYTWay back in 1992, people were shocked when Pat Buchanan hijacked President George H. W. Bush’s re-election convention in Houston to declare war on those who didn’t share his right-wing Christian values.

“There is a religious war going on in our country for the soul of America,” he said. “It is a cultural war, as critical to the kind of nation we will one day be as was the Cold War itself.”

Buchanan was right in a way. That cultural and religious war has come to define American politics, for the worse. His speech showed the depths to which the Republican Party had fallen in practicing the dark art of the politics of fear and division. But the Republicans, it turned out, had a lot farther to fall.

This week, I felt almost nostalgic for kinder, gentler Pat Buchanan as the Republicans opened a national convention that has adopted the most right-wing platform in history and will soon anoint the most unqualified candidate for president in memory.

For President Bush in 1992, fear and division were a sideshow. Now they are the main event.

On the convention’s opening night, Rudy Giuliani, the former mayor of New York, gave a speech that was raw anger and hatred. Giuliani’s tirade swamped whatever Trump hoped to accomplish by having his wife talk about what a wonderful guy he is.

Waving his arms and shouting frequently, Giuliani declared: “We must not be afraid to define our enemy. It is Islamic extremist terrorism.”

The former mayor, who has turned the tragedy of Sept. 11 into a career, was picking up on a favorite Republican theme — that not using the phrase he used or an alternative, “radical Islamic terrorism,” somehow suggests a lack of commitment to combating terrorism.

It’s absurd, of course, but the idea is to attack the “other” and still claim there is no bigotry in doing so.

“Failing to identify them properly maligns decent Muslims around the world,” Giuliani said, without explaining how, exactly. “It also sets up a fear of being politically incorrect that can have serious consequences.”

Trump likes to make the same claim that people who object to his attacks on Mexicans, Muslims, women and others are being “politically correct.” That is not political correctness. It is calling out bigotry and racism for what they are.

Giuliani attacked Hillary Clinton over the Obama administration’s decision to help depose the Libyan dictator Muammar el-Qaddafi. He said, rightly, that Libya is now in chaos. But he conveniently left out that President George W. Bush’s decision to wage war against Saddam Hussein and Iraq was the gigantic blunder that set up most of the subsequent horrors in that part of the world.

Giuliani’s speech led nowhere in terms of actual policies or ideas, only to this rather chilling statement: “If they are at war against us — which they have declared — we must commit ourselves to unconditional victory against them.”

I can think of a couple of conditions: Basic human decency and traditional American democratic values.

Giuliani’s speech was effective. It whipped up the crowd in the convention hall and, no doubt, Trump supporters watching on television.

It just would have been better delivered from a balcony, or at the head of a torch-bearing mob.

Andrew Rosenthal is an op-ed columnist for The Times

Un régimen híbrido. De Héctor E. Schamis

Un análisis diferente del fenómeno Trump: el problema de fondo no es Trump; él es sólo el síntoma de la enfermedad del sistema poltico de Estados Unidos.

Segunda Vuelta

Cuando Trump excluye, evoca un sistema de exclusión anterior a él y más profundo que su pedestre xenofobia.

Hector-SchamisHéctor E. Schamis, 6 marzo 2016 / EL PAIS

Las democracias de la tercera ola fueron caracterizadas como delegativas, iliberales y grises, entre otros términos. Se las consideró regímenes “híbridos”. Ello en función de que, si bien la mayoría de los países en transición calificaba como democracia, en el sentido de un gobierno que se forma a través de elecciones libres, una vez en el poder muchos de ellos no respetaron estándares consistentemente democráticos. De ahí los adjetivos.

Dicha lente analítica rara vez fue usada para examinar las democracias viejas. Tal vez haya que hacerlo ahora que el mundo entero parece haberse unido con el objetivo de detener a Donald el paisTrump. El problema es que los que hoy se alarman por Trump son responsables, tal vez sin saberlo, de haber creado las condiciones que lo hicieron posible en primer lugar. Y ello incluye a muchos miembros del partido cuya nominación Trump está cerca de obtener. La crítica formulada por Mitt Romney, candidato republicano en 2012, es el ejemplo más reciente.

En otras palabras, el fenómeno Trump no es exógeno al sistema político. Por el contrario, es producto de incentivos que han conformado un régimen híbrido a lo largo del tiempo; régimen no muy diferente a las imperfectas democracias de la tercera ola. Solo que es un gris que no comenzó hoy ni ayer, sino tiempo atrás.

La democracia americana hace décadas que representa mal;
ergo, no puede gobernar bien

Es que cuando Trump excluye, al hacerlo evoca un sistema de exclusión muy anterior a él y mucho más profundo que su pedestre xenofobia. Como en la segregación de Jim Crow, es el autoritarismo subnacional sureño que mutiló los efectos inclusivos de la Guerra Civil. Postesclavismo, no obstante, fue un régimen que demoró la democratización del país por casi 90 años: desde 1877, cuando los Estados del sur recuperaron soberanía legislativa, hasta 1964, cuando la minoría afroamericana obtuvo los derechos civiles y políticos.

Esa es la historia, salvo que dicho sistema se ha recreado en este siglo en muchos Estados de ese mismo sur. Es allí donde los convictos—abrumadoramente, minorías raciales y, abrumadoramente, por consumir drogas baratas—han perdido su derecho al voto de por vida: felon disenfranchisement, se llama. Son casi tantos excluidos como los incluidos de 1964. El saldo es cero.

Cuando Trump hace antipolítica tampoco es el primero. Fue en 1992 cuando Ross Perot obtuvo el 18% de los votos como independiente, por la vía de imputarle los problemas del país a Washington y a los políticos. Eran votos naturales del Partido Republicano, con lo cual terminó entregándole la victoria a Clinton. Es desde entonces que los populistas de barricada de Fox News, los ultraconservadores programas de radio diurnos, la música country y el rock cristiano se plegaron a la anti política. Es la demagógica idea según la cual es posible tener democracia sin políticos.

Trump no le robó esa retórica a Perot, sin embargo. En realidad la tomó prestada del establishment del Partido Republicano, el mismo que hoy se rasga las vestiduras pero hace décadas que enfrenta cada ciclo electoral equipado con idénticas fobias. Esa es la génesis del mismísimo Partido del Té. Es solo que ahora el discurso se ha hecho más virulento y terminará arrastrándolos también a ellos, políticos de Washington después de todo. Como le ocurrió a Eric Cantor en 2014, entonces líder republicano en la Cámara de Representantes, nada menos. Deberían haber tomado nota.

Cuando Trump gana elecciones se apoya en un sistema electoral quebrado, propicio para sus falacias. Es un sistema donde los votantes no eligen a sus representantes, sino a la inversa. La base está en los distritos reconfigurados —gerrymandered— de acuerdo a datos demográficos que garantizan el resultado por la homogeneidad social, económica y cultural del territorio. Ello favorece la perpetuación en un Congreso que exhibe tasas de retención de escaño de alrededor del 95%, como Cuba o China, por ejemplo.

Cuando Trump captura la frustración y el resentimiento de la sociedad, lo hace a causa de la ruptura del contrato social, el fin del American Dream por el cual responsabiliza a los inmigrantes. Es un chivo expiatorio para su oratoria pero acerca de una realidad incontrovertible: la incertidumbre laboral y la desigualdad, que ha aumentado por más de una generación.

Esta ruptura se refuerza por la merma de la movilidad ascendente. No hay más que ver en el tiempo los costos de la matrícula universitaria en relación a la inflación para entender que el viejo vehículo de la movilidad —la educación— tiene el motor fundido. Los jóvenes se gradúan, pero terminan endeudados y sin empleo. Desde luego que están enfadados, lo cual los hace buenos clientes de las promesas extremas de un lado o del otro.

Tal vez sea posible detener a Trump, o tal vez no. Pero para hacerlo en serio sería necesario cambiar instituciones que no funcionan; redefinir los términos del contrato social; volver a incluir; dejar de encarcelar minorías. Y, sobre todo, la elite política debería tener alguna capacidad de auto crítica. La democracia americana hace décadas que representa mal; ergo, no puede gobernar bien. Es un régimen híbrido, de esos cuyos síntomas más visibles son los Trumps.

@hectorschamis

Congreso EUA condiciona $750 mill a lucha anticorrupción

Las dos cámaras legislativas acordaron el martes un solo proyecto general de presupuesto que incluye $750 millones para la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica condicionados a los avances que El Salvador, Guatemala y Honduras muestren en materia de transparencia.

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Héctor Silva Ávalos, 17 diciembre 2015 / LPG

la prensa graficaLa buena noticia para Guatemala, El Salvador y Honduras es que los legisladores estadounidenses se pusieron de acuerdo para otorgar $750 millones a la llamada Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, el plan pactado por los tres países y Washington para atacar las causas de la migración de indocumentados a Estados Unidos (EUA), entre ellas la debilidad de los estados nacionales y la corrupción.

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Screen Shot 2015-12-18 at 9.21.56 PMLa otra buena noticia para los tres países es que ninguno de sus respectivos gobernantes podrá acceder a esos fondos si no muestra resultados concretos en la lucha anticorrupción o si no es capaz, entre otras cosas, de establecer condiciones para el funcionamiento de fiscalías generales independientes que puedan perseguir y encarcelar a funcionarios corruptos.

“(Los fondos solo serán puestos a disposición) luego de que el Secretario de Estado certifique y reporte a los comités pertinentes del congreso que esos gobiernos están tomando medidas efectivas para combatir la corrupción, incluida la investigación y persecución penal de funcionarios en ejercicio sobre quienes pesen acusaciones verificables de corrupción”, dice el texto acordado en Washington.

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Son 16 las condiciones específicas (ver recuadro) que impone el proyecto de ley de presupuesto consensuado el pasado martes en ambas cámaras del Congreso estadounidense, un documento de 2,009 páginas que será votado mañana y que, en su sección 745, establece las condiciones para erogar fondos a los tres países centroamericanos.

En total, el desembolso del 75 % de los $750 millones está condicionado a que los gobiernos de Jimmy Morales, de Guatemala; Juan Orlando Hernández, de Honduras; y Salvador Sánchez Cerén, de El Salvador, sean capaces de mostrar avances en políticas públicas relacionadas con la transparencia, la persecución del crimen organizado, la disciplina fiscal o la regulación de los flujos migratorios hacia Estados Unidos, entre otros.

Motivos de suspensión

El mismo proyecto establece los mecanismos para la suspensión o retención de esta ayuda en caso de que los Gobiernos no cumplan con las condiciones establecidas por el Congreso. Para empezar, el secretario de Estado tendrá que revisar los progresos realizados por los tres gobiernos del Triángulo Norte en sus esfuerzos por cumplir cada uno de los 16 condicionantes y deberá, a más tardar el 30 de septiembre de 2016, someter un reporte de avances al Congreso en Washington.

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Si el Congreso o el mismo Departamento de Estado determinan que los avances no son suficientes los fondos estarán en riesgo. “Si se determina que un gobierno central no está mostrando suficiente progreso, el Secretario deberá suspender, por completo o en parte, la asistencia a ese gobierno en las materias en cuestión, e informar por escrito a los comités pertinentes del Congreso”, establece el proyecto de ley.

La única manera en que los fondos volverían a ser desembolsados, una vez suspendidos, es que los comités del Congreso lo aprueben tras certificar que los gobiernos centroamericanos han tomado “las medidas correctivas pertinentes”.

Presión creciente

La presión sobre los tres gobiernos de Centroamérica en materias de lucha contra la corrupción y fortalecimiento de instituciones estatales empezó en noviembre de 2014, cuando la administración de Barack Obama negoció, a través del vicepresidente Joseph Biden, los términos de la Alianza para la Prosperidad.

Desde el principio, Washington insistió, sobre todo a través de voceros del Departamento de Estado, pero también a través de las oficinas de influyentes senadores relacionados con los comités judiciales, de relaciones exteriores o de adjudicaciones, en que los tres países debían mejorar sus prácticas de transparencia y combate a la corrupción.

En concreto, para el caso guatemalteco, la Casa Blanca y el Departamento de Estado presionaron al gobierno del entonces presidente Otto Pérez Molina para que renovara el mandato de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). La comisión, a la postre, participó en las investigaciones que terminaron en un proceso judicial contra el expresidente Otto Pérez Molina, quien hoy guarda prisión acusado de corrupción. Desde mediados de este año, Estados Unidos también ha influido para que Honduras establezca un mecanismo internacional anticorrupción parecido a CICIG, algo a lo que el Gobierno de Juan Orlando Hernández se ha resistido. Y en el caso salvadoreño las condicionantes impuestas por el Congreso a la cooperación para la Alianza por la Prosperidad llegan en momentos en que seis congresistas han pedido la elección de un fiscal independiente y horas después de que el partido en el Gobierno propuso limitar las facultades de investigación a la sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia, que ya pidió juicios por enriquecimiento ilícito contra el diputado Reynaldo Cardoza y contra el exdirector del Instituto Salvadoreño del Seguro Social Leonel Flores.

End the Gun Epidemic in America. Editorial/The New York Times

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Gun Debate Yields Page One Editorial

4 diciembre 2015 / THE NEW YORK TIMES

The New York Times is running an editorial on its front page on Saturday, the first time the paper has done so since 1920, calling for greater regulation on guns in the aftermath of a spate of mass shootings.

The editorial, headlined “The Gun Epidemic,” describes it as “a moral outrage and a national disgrace that people can legally purchase weapons designed specifically to kill with brutal speed and efficiency.” It suggests drastically reducing the number of firearms, and “eliminating some large categories of weapons and ammunition.”

In a statement, the publisher of The Times, Arthur Sulzberger Jr., said the paper was placing an editorial on Page 1 for the first time in many decades “to deliver a strong and visible statement of frustration and anguish about our country’s inability to come to terms with the scourge of guns.”

“Even in this digital age, the front page remains an incredibly strong and powerful way to surface issues that demand attention,” Mr. Sulzberger said. “And, what issue is more important than our nation’s failure to protect its citizens?”

The editorial reflects the intensifying debate over gun laws that is taking place in the days following two recent mass shootings — one in Colorado Springs on Nov. 27, and another in San Bernardino, Calif., on Wednesday in which 14 people were shot and killed.

The front page of The Daily News on Thursday collected Twitter posts from Republican politicians offering their prayers to the victims, around the headline “God Isn’t Fixing This.”

The last time The Times ran an editorial on the front page was in June 1920, when it lamented the nomination of Warren G. Harding as the Republican presidential candidate. It was a move, The Times wrote, that would “be received with astonishment and dismay by the party whose suffrages he invites.”

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End the Gun Epidemic in America

Editorial, 5 diciembre 2015 / THE NEW YORK TIMES

It is a moral outrage and national disgrace that civilians can legally purchase weapons designed to kill people with brutal speed and efficiency.

All decent people feel sorrow and righteous fury about the latest slaughter of innocents, in California. Law enforcement and intelligence agencies are searching for motivations, including the vital question of how the murderers might have been connected to international terrorism. That is right and proper.

But motives do not matter to the dead in California, nor did they in Colorado, Oregon, South Carolina, Virginia, Connecticut and far too many other places. The attention and anger of Americans should also be directed at the elected leaders whose job is to keep us safe but who place a higher premium on the money and political power of an industry dedicated to profiting from the unfettered spread of ever more powerful firearms.

It is a moral outrage and a national disgrace that civilians can legally purchase weapons designed specifically to kill people with brutal speed and efficiency. These are weapons of war, barely modified and deliberately marketed as tools of macho vigilantism and even insurrection. America’s elected leaders offer prayers for gun victims and then, callously and without fear of consequence, reject the most basic restrictions on weapons of mass killing, as they did on Thursday. They distract us with arguments about the word terrorism. Let’s be clear: These spree killings are all, in their own ways, acts of terrorism.

Opponents of gun control are saying, as they do after every killing, that no law can unfailingly forestall a specific criminal. That is true. They are talking, many with sincerity, about the constitutional challenges to effective gun regulation. Those challenges exist. They point out that determined killers obtained weapons illegally in places like France, England and Norway that have strict gun laws. Yes, they did.

But at least those countries are trying. The United States is not. Worse, politicians abet would-be killers by creating gun markets for them, and voters allow those politicians to keep their jobs. It is past time to stop talking about halting the spread of firearms, and instead to reduce their number drastically — eliminating some large categories of weapons and ammunition.

It is not necessary to debate the peculiar wording of the Second Amendment. No right is unlimited and immune from reasonable regulation.

Certain kinds of weapons, like the slightly modified combat rifles used in California, and certain kinds of ammunition, must be outlawed for civilian ownership. It is possible to define those guns in a clear and effective way and, yes, it would require Americans who own those kinds of weapons to give them up for the good of their fellow citizens.

What better time than during a presidential election to show, at long last, that our nation has retained its sense of decency?

Carta de congresistas de Estados Unidos pidiendo que se elija un fiscal íntegro en El Salvador

Seis miembros del Congreso de Estados Unidos dirigieron una carta a Lorena Peña, en su calidad de Presidenta de la Asamblea Legislativa, y al diputado José Antonio Almendariz, en su calidad de presidente de la subcomisión que revisa los expedientes de los candidatos a fiscal general, pidiendo que “se elija a un fiscal general con el compromiso de combatir la  corrupción y el crimen organizado en el país.”

Aunque la carta no memciona directamente al ex fiscal gneral Luis Martínez, es obvio que los congresistas urgen a la Asamblea a no reelegirlo sino a buscar otro fiscal “con record de integridad”. Además expresan su apoyo a la instalación de una Comisión Internacional contra la Impunidad y  los esfuerzos de prevención de la violencia.

Segunda Vuelta

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