Carolina Avalos

La trampa. De Carolina Ávalos

carolina avalosCarolina Ávalos, 11 octubre 2016 / EDH

Al observar cómo un hámster comienza a correr para hacer girar la rueda, vemos que llega al punto en que continúa corriendo porque la rueda está girando. En El Salvador tenemos 25 años de gobiernos que se han turnado en correr y hacer girar la rueda. A veces me da la sensación que hemos caído en la trampa del hámster: decisiones mediocres con resultados mediocres que, como al animalito enjaulado, apenas nos hacen avanzar.

diario hoy¿Cómo podemos superar este correteo sin fin? No todas las decisiones han sido malas, por supuesto, sino seguiríamos en la guerra o con la mitad de la población en situación de pobreza. Pero parece que, ante la crisis fiscal, la rueda sigue girando. Con mucha preocupación, le he dado seguimiento al tema fiscal, a su discusión y a las propuestas para salir de la inminente crisis que el país enfrentará a la vuelta de la esquina.

Mi primera observación es que hay capacidad nacional para proponer, ya que contamos con fundaciones y profesionales que han elaborado propuestas muy precisas de corto y más largo plazo para responder a la crisis. El mismo Fondo Monetario Internacional ha hecho una evaluación que indica que para afrontar la creciente deuda pública, encauzar la sostenibilidad fiscal y financiar la estrategia de seguridad ciudadana se requiere, al inicio, la consolidación fiscal, tomar medidas drásticas del lado del ingreso y del gasto y, en un mediano plazo, establecer un sólido marco fiscal.

Creo que todos estamos de acuerdo con esto. Pero les pregunto a todos: ¿Para qué? ¿Qué queremos como sociedad? Al final de cuentas, la política fiscal es una rama de la política económica, y sus principales instrumentos —el gasto público y los impuestos— están a nuestra disposición para influir en el desarrollo económico y social del país. Por lo tanto, tenemos que tener claro cuál es el camino que queremos tomar. La discusión se ha enfrascado en lo que tenemos que hacer para superar la crisis, pero no en acordar una visión común que nos permita seguir un camino racional y que ponga el interés de nuestros ciudadanos por encima de los intereses partidarios y electoreros.

Un ejemplo —tan claro como el agua del Caribe, no del río Acelhuate—, es la inversión en infraestructura en nuestro país. ¿Cuál debería ser la infraestructura de prioridad máxima? Sin duda alguna: vivienda digna, agua potable y saneamiento, electricidad, escuelas, unidades de salud, caminos rurales y obras de mitigación. Pero cuando uno observa los millones que se han destinado en redondeles en la ciudad de San Salvador y en el próximo baipás de San Miguel, o la campaña de Fomilenio para aumentar 27 centavos al impuesto del Fovial para el mantenimiento de calles, me da vergüenza. Es una cuestión de tener las prioridades correctas.

Invertir en la gente debería ser nuestra máxima prioridad, hasta que no entendamos esto y lo llevemos a una escala adecuada en el país, no contaremos con un capital humano pleno y productivo, tal como lo reiteró el Presidente del Banco Mundial recientemente. La población saludable y educada es el fundamento social para nuestra democracia.

No deseo que en nuestro país se siga arrastrando la pobreza de un tercio de la población y que los gobiernos se vanaglorien por administrarla “eficazmente”. Requerimos de ciudadanos educados y con oportunidades de empleo. En un país con crecimiento se generaría el desarrollo sostenible tan anhelado.

Estoy convencida de que para dar un salto al desarrollo no basta con buscar acuerdos de cómo tratar el tema fiscal, sino para qué fin lo hacemos. Yo no quiero que vivamos 25 años más de inercia política y anclados al pasado —con los mismos actores y los mismos argumentos—. Para iniciar tenemos que poner en la mesa de negociación a nuestra gente como sujetos de desarrollo, restaurar la confianza, establecer y respetar el balance de poderes y el Estado de Derecho. Salgamos de una vez de la “trampa del hámster” y avancemos hacia un mejor El Salvador para todos, con una visión compartida.

@cavalosb

Reflexiones agostinas. De Carolina Ávalos

, 2 agosto 2016 / EDH

Las fiestas agostinas pueden ser una pausa para la reflexión. La responsabilidad de la familia y el trabajo, en un ambiente de inseguridad y violencia social como existe en nuestro país, nos termina agobiando tanto que terminamos los días enconchados en nuestros hogares. En esta ventana de “tranquilidad” podemos reflexionar sobre los principales desafíos que aquejan a nuestro país y que, a fin de cuentas, nos afectan a todos. He aquí una recapitulación no exhaustiva de algunos temas que el país necesita afrontar y que requieren soluciones factibles y sostenibles, a saber:

diario hoyEl diálogo pendiente. Los distintos sectores de la sociedad hablan de la importancia del “diálogo”, es parte del lenguaje de los partidos políticos, principalmente del partido de gobierno. Sin embargo, éstos no han logrado establecer mecanismos permanentes de diálogo que contribuyan a establecer una agenda mínima de país en lo social y económico. Aquel que pase de la mera declaración de intenciones a sentarse en una mesa con auténtico espíritu de dialogo y voluntad de compromiso habrá hecho un verdadero servicio al país, porque establecer esta agenda económica y social es el paso previo ineludible para lograr el siguiente punto, necesario para el desarrollo sostenible.

Acuerdo de sostenibilidad fiscal. Este pacto es necesario para suscribir un nuevo acuerdo precautorio (Stand-By del FMI), el último de 2009 fue desactivado tres años después por incumplimientos de las metas fiscales (ej. déficit fiscal y nivel de endeudamiento). La disciplina fiscal y la estabilidad macroeconómica son algunas de las piezas fundamentales que pueden contribuir al crecimiento sostenido. El obstáculo a un futuro acuerdo de sostenibilidad fiscal radica en que los partidos lo ven, o como un “chantaje” al que habrá que ceder para conseguir más fondos, o como un “mazo” con el cual golpear al gobierno. Superar este enfrentamiento sería prueba de un nuevo tiempo de nuestra vida política, con los intereses del país a la vanguardia.

El círculo perverso de la corrupción y la impunidad. Es imprescindible poner freno a estos flagelos, principales obstáculos del progreso de nuestro país. La corrupción genera un alto costo social al desviar escasos recursos destinados al desarrollo social, y al socavar la capacidad del Estado para brindar servicios e inversión pública de calidad. Todos, salvadoreños y extranjeros a la par, parecen tener opiniones sobre la conveniencia, o no, de una CICIES. Dejemos hablar a los hechos. Como ya sabemos, la realidad, tal como la crean nuestras instituciones, es muy terca y ella nos indicará el camino a tomar en beneficio de El Salvador.

La crisis institucional que arranca en el 2012, la más seria después del fin del conflicto, es un recordatorio de la importancia de mantener el sistema de pesos y contrapesos como en toda democracia. Las últimas sentencias de la Sala de lo Constitucional, y la reacción vergonzosa de muchos políticos ante éstas (tanto izquierda como derecha), es una muestra del largo camino que aún tenemos que recorrer en nuestro desarrollo democrático que, después de 25 años, da señales de debilidad institucional.

En el ámbito internacional, nuestra política exterior se basa en el “pragmatismo” y en la consecución de oportunidades de crecimiento para El Salvador. Sin embargo, este “pragmatismo” parece alinearse con un enfoque ideológico que no representa la opción mayoritaria de los salvadoreños. Nuestra posición en la OEA en el tema de Venezuela, el desaire diplomático ante Brasil, el silencio ante la reciente crisis parlamentaria nicaragüense no dejan de ser preocupantes y demandan un debate nacional.

Quedan muchos temas urgentes que ameritan reflexión: la erradicación de la pobreza, la escasez del agua, los derechos de las minorías, el sistema de pensiones, la reforma del servicio civil, la informalidad laboral y, desde luego, la inseguridad y su evolución… Las fiestas agostinas no son tan largas para tantos temas cruciales. Pero si se lograra avanzar en consensos y acciones positivas sobre algunos de los temas planteados, sería un tiempo bien aprovechado.

@cavalosb

Una oportunidad de renovación política. De Carolina Ávalos

La decisión de la Sala de lo Constitucional de declarar inconstitucional la Ley de Amnistía del 1993 ha provocado un complejo y controversial debate. Hemos documentado este intercambio de opiniones, publicando artículos con argumentos en pro y en contra de la sentencia, y lo seguiremos haciendo. Pronto este debate debe concentrarse en dar respuesta a la pregunta principal: ¿Y ahora, cómo cumplir esta sentencia?

Segunda Vuelta 

, 19 julio 2016 / EDH

La Sala de lo Constitucional resolvió el pasado 13 de julio que los crímenes de lesa humanidad no pueden ser protegidos por la Ley de Amnistía de 1993, porque esto viola la Constitución de El Salvador. ¿Qué entiendo, como ciudadana, por esta sentencia de inconstitucionalidad? Creo que es un hecho histórico que contribuirá a sentar las bases de una verdadera reconciliación y un paso firme al camino de la consolidación de una democracia plena en El Salvador.

Hemos vivido hasta ahora en un espejismo creado por dos grupos interesados en salvaguardar sus intereses políticos y, ahora, poderes económicos. La impunidad es un agravio y un freno claro del avance de la democracia plena al que, como diario hoypaís, aspiramos. Soy una ciudadana que vivió y sufrió la guerra, esa guerra peleada entre nosotros los salvadoreños. Fui, como otros, una joven estudiante indignada por la injusticia social imperante entonces. Aun así, y ya desde entonces siempre he creído que el mejor camino es el democrático, basado en la participación ciudadana y no en empuñar las armas: más Gandhi que Che Guevara.

Celebro la valiente e independiente sentencia de la Sala de lo Constitucional, porque es un paso hacia la restauración de la legalidad y el rescate del sentido auténtico de los Acuerdos de Paz, justo en la antesala del XXV Aniversario de su firma. Lo principal es que nuestro país apuesta por el respeto de los Derechos Humanos y por la reparación de las víctimas durante la guerra civil. Esta apuesta por el derecho a la vida es un ejemplo para seguir en la actualidad, cuando vivimos un nivel tal de inseguridad y violencia, que nos hemos olvidado de las víctimas que a diario deja de saldo esta insensatez e irrespeto a la vida humana.

El estamento militar tiene muy clara su función de acuerdo a la Constitución y es una de las instituciones que han sido fortalecidas después de los Acuerdos de Paz. Esta sentencia no debe significar ningún peligro para esta Institución, ya que las Fuerzas Militares de ahora han recorrido al igual que el resto de la sociedad el camino de la democracia. Tampoco debería preocupar a la democracia parlamentaria. Los diputados deben ser hombres y mujeres probos y honestos, y sin duda los hay en El Salvador. Las instituciones del Estado responsables de cumplir la sentencia de la Sala, desde la Judicatura a la Fiscalía, pasando por la Policía Nacional Civil, deben estar a la altura de lo que los ciudadanos esperamos de ellas. No pueden fallarnos.

Una de las consecuencias de esta resolución debería ser la regeneración de los cuadros políticos de los partidos políticos actuales (y nuevos partidos), así como el fortalecimiento de la institucionalidad. Esta es otra oportunidad, y una oferta a la juventud salvadoreña, para participar en una política renovada, más fresca y transparente.

Es cierto que la sentencia sobre la Ley de Amnistía de la Sala ha abierto una crisis en la triste política diaria y partidista salvadoreña. Pero las crisis también traen oportunidades. Este es el momento de que los auténticos estadistas, si los hay, aprovechen este desafío para anteponer los intereses y valores de un país y una sociedad que quiere ser más justa y democrática, a los intereses personales y de partido. Hay que anteponer la serenidad, la razón, la institucionalidad y los valores realmente democráticos en esta hora crítica, en las que nos jugamos un mejor y más solidario El Salvador, donde los ciudadanos retomemos el mando de nuestras vidas y donde, por fin, el pasado deje de condicionar nuestro futuro.

Estamos ante una bifurcación de nuestra historia. Del camino que tomemos dependerá al puerto al que llegaremos: o una democracia madura, solidaria y más justa; o un sistema político incapaz de resolver los problemas que como sociedad nos aquejan desde hace un siglo.

@cavalosb

La discriminación frena el progreso. De Carolina Ávalos

carolina avalosCarolina Ávalos, 5 julio 2016 / EDH

Escribo desde España, donde este pasado fin de semana en el Barrio de Chueca se ha celebrado “Madrid Orgullo”, en el marco de la semana del Orgullo LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales). Es una gran fiesta cultural en el que se manifiesta la diversidad y la igualdad. Esto no deja de lado el camino recorrido y las reivindicaciones del Colectivo, que han logrado en la última década tener en España una de las legislaciones más progresistas del mundo, y con una población que mayoritariamente reconoce sus derechos.

diario hoyEn El Salvador estos grupos excluidos luchan contra la discriminación y por los derechos y libertades más fundamentales, como es el acceso a la educación, la salud, al trabajo digno, a la vida y a su propia identidad sexual. Esto fue expresado por diferentes representantes del Colectivo LGTBI en San Salvador, en el Primer Foro sobre Derechos Humanos de la Población LGTBI organizado por amigos como España, Canadá y la Unión Europea. Lo anterior constituyó un espacio de diálogo, un primer encuentro en el que se logró reunir a diferentes representantes (de la Asamblea, el Ejecutivo, la Fiscalía y los medios de comunicación).

La discriminación se da en todos los ámbitos a lo largo de la vida de estas personas, tanto por la falta de tolerancia a la diversidad como por la inexistencia de una legislación adecuada. En este marco, el actual sistema educativo, deficitario y excluyente, falla a estos jóvenes que se enfrentan con el acoso, obligados finalmente a desertar. Otro ámbito de discriminación es el laboral, en donde más del 60 por ciento (según datos expuestos en el Foro) se inserta en trabajo precario e indigno. Hay esfuerzos en muy pocas instancias de gobierno y en el sector privado por incluir a esta población en puestos de trabajo dignos obligando a está población a recurrir a puestos de trabajo “no normales”, como lo expresó una de las ponentes.

Es vergonzoso que en el Siglo XXI aún se le da un tratamiento de ciudadanos ‘de segunda’ a muchas poblaciones excluidas y marginadas, a pesar de contar con la ratificación por parte de nuestro país de los principales convenios e instrumentos internacionales de Derechos Humanos.

En un país en donde la vida es vulnerada cada día a través de la exclusión y violencia sistemática desde sus distintas manifestaciones —la vivienda infrahumana, la desnutrición crónica, el trabajo indigno, la muerte violenta— el reto para proteger y asegurar los derechos fundamentales de estas poblaciones vulnerables hay que asumirlo ya, como es el caso de la población LGTBI que es doble y hasta triplemente discriminada.

Todo ser humano nace libre, en igualdad y derechos. Si buscamos en cuáles sociedades se garantizan los derechos para las mujeres, poblaciones LGTBI, y otras poblaciones excluidas y vulnerables, volteamos nuestra mirada a aquellos países que lideran el bienestar mundial y los procesos democráticos más avanzados.

Entre las conclusiones e ideas expuestas en el Foro destacan el compromiso de luchar contra la impunidad de los crímenes de odio, la de representar una imagen no sesgada de esta comunidad en los medios de comunicación, dándole espacios para expresar sus problemas y anhelos, y avanzar en la legislación nacional e internacional para proteger sus derechos. No basta con reconocer los derechos básicos, si esto no va aparejado con acciones y medidas de políticas concretas eficaces que cierren las brechas de desigualdad y exclusión.

Este no es un debate entre el bien o el mal, desde una perspectiva moral, sino un debate entre los derechos y las libertades para todos, desde el ángulo jurídico y constitucional. De que estemos a la altura de este debate dependerá también nuestra madurez como sociedad.

@cavalosb

El Salvador ante el espejo. De Carolina Ávalos

El populismo es una metáfora de la miseria y una sombra de la democracia, que puede ser un peligro al surgir en contextos de democracias nacientes y frágiles, o cuando éstas no funcionan bien.  Cuando los grandes problemas del país se ignoran, y el paso por el gobierno se convierte en una plataforma ideal para crear ilusiones y esperanzas y no dar respuestas a los problemas reales de la población se deben encender las alarmas.

El Salvador, y la región, enfrentará dos años de desplome económico (caída precios de materias primas, lento crecimiento de las economías desarrolladas y menores flujos comerciales y de capital) según proyecciones del Banco Mundial. Sin embargo, esto no es nuevo para nuestro país, caracterizado históricamente por mantener los más bajos niveles de crecimiento promedio en Centroamérica. Esto nos debe apurar para retomar la agenda del crecimiento sostenible y erradicar la pobreza extrema.

diario hoyNo se puede hablar de política social, sin hablar de política económica, y no se puede hablar de éstas sin hablar de políticas ambientales valientes y reforma fiscal, es así de simple. Si cumplimos los caprichos de cada funcionario que llega al gobierno de turno, nos encontraremos con una situación como la actual, sin visión compartida de Desarrollo y Oportunidades… aquella que obviamos pactar, como si fuese un tema menor, en los “Acuerdos de Paz”.

El Informe Regional de Desarrollo Humano hace un llamado claro de afrontar la pobreza en sus múltiples dimensiones. ¿Pero qué significa esto, y cómo se aplicaría a El Salvador?

La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es un primer paso para que el país construya su propia ruta y trabaje con una visión de futuro. ¿De donde parte El Salvador? El Informe habla de los logros en materia de reducción de la pobreza y cómo hay que crear una serie de fortalezas y resilencias para que aquellos segmentos que ahora son vulnerables no vuelvan a caer en la pobreza ante las futuras crisis. El Informe muestra cómo únicamente el tres por ciento de nuestros conciudadanos han escapado de la pobreza debido a transferencias directas, comparado con 41 y 13 por ciento en Chile y Brasil, respectivamente. Otros estudios recientes señalan que la disminución de la pobreza en El Salvador se explica más por la migración y las remesas familiares que por políticas públicas exitosas.

La expulsión de salvadoreños y sus remesas no puede, ni debe ser la base de la política social y económica del país.

Los problemas de la pobreza multidimensional se resuelven, por un lado, con asegurar los derechos fundamentales de las personas, y por otro, generando las condiciones para ampliar las oportunidades económicas, culturales y políticas. Algo difícil en un país en donde la corrupción y las malas políticas desvían valiosos recursos que se esfuman como la niebla con el primer rayo de sol.

El empleo digno y de calidad junto a la educación son determinantes para romper con la trampa de la pobreza. La protección social puede contribuir al crecimiento inclusivo si se focaliza en la fuerza laboral con mayor desventaja social (ej. jóvenes, mujeres…entre otras), creando así oportunidades para entrar en el mercado laboral en igualdad de condiciones.

Todo lo anterior podría realizarse si se tiene una clara estrategia económica, en donde se promuevan reformas dirigidas a estimular la inversión privada, mejorar la productividad y vencer la informalidad en un marco de seguridad jurídica y políticas que generen confianza y respeto el Estado de Derecho. Sin olvidar, que es fundamental fortalecer las instituciones y modernizar la administración pública, y todo ello desde posiciones ideológicas, siempre legitimas, pero que se supediten al bien común y al interés general.

Se habla mucho de la necesidad perentoria de acuerdos de país, de políticas de Estado, pero aquellos llamados a conseguirlas parecen incapaces de hacerlo, a pesar de la creciente exigencia ciudadana. ¿Es demasiado pedir? Nuestro futuro y el de nuestros hijos nos lo dirá.

¡Nos duele El Salvador! De Carolina Ávalos

carolina avalosCarolina Ávalos, 7 junio 2016 / EDH

En su famosa frase “Me duele España”, Miguel de Unamuno expresa su profunda preocupación por un país fragmentado, retrasado y aislado que acabaría enfrentándose a una guerra civil. Pero, sobre todo, refleja un ‘alma’ que busca la regeneración, el cambio y el progreso.  He tomado sus palabras prestadas, porque en este país a muchos ‘Nos duele El Salvador’, como antítesis de un anhelo de convertirnos en ciudadanos plenos.

Los resultados mediocres hasta ahora —a pesar del triunfalismo y autocomplacencia del discurso del segundo aniversario presidencial— son, a mi juicio, una responsabilidad que nos compete a todos y no solo al gobierno de turno. No pretendo ser diario hoynegativa sino, al contrario, resaltar el compromiso que podemos y tenemos capacidad de asumir, como ciudadanos plenos, para dar un rumbo adecuado a nuestro país y no descansar en la ‘esperanza’ que nos vende el gobernante del momento. No gastaré mis palabras en criticar a los partidos políticos —gobernantes y oposición—, sino en hacer un llamado a nosotros, la ciudadanía, porque tenemos una visión de país que queremos y compartimos a través de los cambios generacionales, la modernización y la democratización, y el anhelo de asemejarnos a sociedades más justas, más libres y más prósperas.

La incapacidad del establishment político en dar respuestas a los males más profundos de El Salvador es una triste realidad. Nuestra mayor traba, sin embargo, es permitir que nuestro pasado condicione nuestro futuro. Por la continua vigencia del pasado en nuestro presente somos incapaces de superar nuestros males: la exclusión social y económica, la impunidad, la intolerancia ideológica y el irrespeto a la vida y al medio ambiente. Debemos acordar condiciones objetivas (más allá del diálogo por el diálogo) para que nuestro país crezca sostenidamente, y así generar empleo de calidad y digno, reduciendo los niveles intolerables y vergonzantes de informalidad. Debemos dejar de hacer ojo pacho a la contaminación y destrucción ambiental; solucionar el tema del agua; abandonar la administración de la pobreza para superarla definitivamente; y apostarle seria y presupuestariamente a una educación de calidad más allá del reparto de “lempitas”.

La desigualdad, la impunidad y la irresponsabilidad en la gestión pública son aspectos críticos que están contribuyendo a que le fallemos sistemáticamente a las nuevas generaciones. Lamentablemente, somos una sociedad que seguimos expulsando a nuestros conciudadanos, desesperados, sin oportunidades económicas o con temor a morir en un país en donde la ‘muerte’ está a la orden del día. Emigramos, pero, desgraciadamente, el país sigue sin cambiar, sin ser más acogedor para muchos salvadoreños.

¿Pero por qué seguimos, como ciudadanos, avalando una sociedad que ha quedado entrampada en su mediocridad e inercia? Estoy convencida de que estamos en un punto de inflexión, tanto como nación como en nuestra vida política, y que podemos dar un salto al desarrollo y obtener lo que hasta ahora la ‘guerra’ y la ‘paz’ no han logrado conseguir. Es necesario huir de parabienes y de triunfalismos. Ya no queremos ver que se los ‘repartan’ entre los que acordaron su ‘paz’, ahora sentados en las sillas de las decisiones de Estado y que, después de 25 años, no han solucionado los problemas esenciales del país.

Soy salvadoreña, crecí en este país, viví la guerra, vi la muerte, sufrí la desintegración familiar, he sido discriminada por ser mujer y sigo creyendo en mi país. Creo que los problemas fundamentales los resolveremos.

En un país en donde la mayoría de ciudadanos anhelamos la democracia, si un hijo sufre, todos sufrimos; si a un hijo le duele, a todos “nos duele El Salvador”. La prolongada guerra, la fragmentación y el círculo perverso de la desconfianza ha roto nuestra alma, como salvadoreños.

¿Cómo acabar ese dolor con la oportunidad del 25 aniversario del Acuerdo de Paz, y revertir este camino de sufrimiento, fragmentación, desconfianza e impunidad? Es un reto que como ciudadanos tenemos que retomar. “Se viaja no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte”, dijo Unamuno. Esperamos que esto deje de ser una realidad en nuestro país.

@cavalosb

Partido y Gobierno: ¿el todo y la parte? De Carolina Ávalos

, 24 mayo 2016 / EDH

Un paso positivo en la política de Estado en el campo internacional fue la “normalización” de relaciones con Cuba bajo el gobierno anterior. Por lo tanto, la reciente pataleta ideológica del FMLN en el caso de la destitución temporal de la presidente de Brasil, realizada por un Gobierno que debería representar a todos los salvadoreños, es un paso atrás en ese proceso de maduración democrática de nuestra posición y desempeño en el ámbito internacional.

El alineamiento inmediato de El Salvador con La Habana y Caracas en el caso de Brasil puede satisfacer a la Comisión Política del FMLN, no así a la ciudadanía salvadoreña como cuerpo social soberano, y tampoco debería satisfacer a nuestro Gobierno que, a todas luces, se ha precipitado. No es lo mismo mostrar preocupación por un proceso que es difícil de comprender, que “no reconocer al gobierno provisional” y pedir a la “Embajadora que regrese”. A ver cómo salimos ahora de esta situación tan incómoda y qué consecuencias nos trae, esta vez sí, a todos los salvadoreños.

diario hoyLos intentos posteriores del Gobierno por arreglar el embarazoso incidente diplomático que crearon, sólo ponen en evidencia, una vez más, la confusión que existe entre la línea de partido (en todos los partidos) y el interés nacional. Esta reacción supuestamente de país ante una crisis política interna en un país amigo y socio, que se desarrolla siguiendo las disposiciones constitucionales y legales democráticamente aprobadas y plenamente vigentes en Brasil, sólo tiene un efecto: deteriorar nuestra posición ante la comunidad internacional.

Los intentos de aclaración por parte del Presidente y el Canciller me parecen necesarios para buscar la manera de revertir el daño, pero las declaraciones contradictorias de otros voceros generan dudas y contribuyen a difuminar la poca credibilidad que todavía guarda la población ante las instituciones públicas. Esta división de posiciones en el seno mismo del Gobierno se traduce, en el ámbito nacional, en una supremacía de los intereses de partido sobre los del país, y ha creado una crisis de ansiedad entre los ciudadanos y un ambiente de desconfianza hacia nuestras instituciones políticas. Esta combinación es letal: contribuye a socavar la democracia. Recordemos que la mayoría de salvadoreños no somos miembros de ningún instituto político, y ninguno puede hablar en nuestro nombre. Aun así, los partidos políticos tienen un papel fundamental en la restauración de esta confianza por parte de la ciudadanía, utilizando los mecanismos democráticos e impulsando genuinos y eficaces espacios de diálogo.

Una propuesta de más diálogo en El Salvador podría parecer ingenua, más aún cuando nos acercamos a un año pre-electoral y los cálculos políticos dominan el quehacer público. Pero ante una sociedad cada vez más compleja y exigente –en donde surgen actores distintos a los tradicionales partidos y con un mayor conocimiento de sus derechos– se vislumbra la existencia de una brecha importante entre el quehacer de la clase política y el manejo adecuado de la cosa pública, y las demandas reales de la sociedad. Por lo tanto, una dinámica de diálogo político, puede contribuir a seguir fortaleciendo y consolidando el proceso democrático de nuestro país, al tejer la confianza en nuestro sistema político, tanto al interior como al exterior de nuestras fronteras.

Las buenas maneras democráticas y el respeto institucional, no sólo son para “ir por casa”, sino también para ejercerlas en la comunidad internacional donde nuestro país, aunque pequeño, tiene su papel que jugar, y debemos hacerlo constructivamente, como le corresponde a un país como el nuestro que sólo puede prosperar en la estabilidad, en la harmonía, y en base en relaciones respetuosas y cooperativas entre los Estados. No con descalificaciones, desplantes y amenazas.

@cavalosb