Autor: segundavueltasv

Carta a una amiga que ama al país: No nos hagamos ilusiones. De Paolo Luers

25 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Muy estimada amiga:

“Todos queremos lo mejor para este pueblo. Eso es lo que necesita el país: un sentido de unidad, un sentido de inclusión, un respeto por nuestras instituciones, nuestro modo de vida, el estado de derecho y el respeto mutuo”. Estas fueron las palabras que citaste del expresidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, después de la elección de Donald Trump en 2016. Fue un llamado bien intencionado que honra al expresidente Obama, pero lastimosamente no fue realista.

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Uniendo esfuerzos. De Erika Saldaña

Porque resulta que Trump no quiere lo mejor para su pueblo, sino que busca promover las causas de la xenofobia, el racismo – y que su lema ‘Make America Great Again’ se traduce a ‘Make White America Great Again’. Resulta que Trump no promueve ‘un sentido de unidad e inclusión’, sino la división y exclusión. Resulta que Trump no  entiende lo que significan la palabra respeto…

Hoy, en el tercer año de la presidencia de Trump, Obama ya no diría lo mismo. Tuvo que reconocer que ante un gobierno de este tipo resulta ilusorio apelar a la unidad, al respeto a las instituciones y a cualquier tipo de respeto. Lo que hay que hacer es fortalecer la institucionalidad y los contrapesos, incluyendo la oposición, para evitar que pueda avanzar su agenda antidemocrática – y para asegurar que en las próximas elecciones se produzca un cambio.

Entonces, la noble frase de Obama sobre ‘el sentido de unidad’ no nos sirve de punto de partida para una reflexión sobre la situación actual de nuestro país – y sobre cómo relacionarse con el gobierno de Bukele los que no somos parte de su proyecto de poder. Vale la pena estudiar Estados Unidos y Trump, pero para aprender cómo hacer oposición y contención a un presidente que ha logrado movilizar una porción tal vez no mayoritaria, pero sí grande y sólida de la población alrededor de consignas simplistas, populistas y divisionistas.

¿Cómo atreverse a ejercer crítica, oposición y contención a un gobierno que tiene ventaja de popularidad, porque no tiene ningún asco a lo simple, lo falso y lo demagógico – mientras que la oposición no sabe cómo comunicar verdades más complejas y mensajes contra la corriente?

¿Cómo lograr esto cuando todos los instrumentos necesarios para hacerlo se encuentran en crisis de identidad y liderazgo: los partidos políticos, la academia, los organizaciones de la sociedad civil, el parlamento, los medios de comunicación? Todos. Y cuando muchos de estos instrumentos de contrapeso son tan fáciles de extorsionar por la presión popular que el recién electo presidente sabe movilizar contra cualquier intento de someter su poder a reglas institucionales y legales.

Sólo cuando estos instrumentos se hayan logrado liberar de su actual parálisis y recuperen su capacidad de jugar su papel en el sistema de pesos y contrapesos, puede convertirse en oposición propositiva y constructiva. Para ser oposición constructiva, primero hay que establecerse como oposición. Esto es válido para partidos como para intelectuales o líderes de la sociedad civil. Si no, veremos más del espectáculo embarazoso que ya comienza a presentarse diariamente: que cada uno por separado y debajo de la mesa, desde su debilidad y su miedo de perder importancia, busca arreglarse con el nuevo poder.

Concertación digna sólo será posible desde posiciones de fuerza y unidad. Es imposible imaginarse una unidad nacional sin antes haber llegado a una claridad de criterios, prioridades y propósitos, tanto en el campo gubernamental como en el campo opositor. Sólo entonces se podrá concertar a favor del país. Sin dar este paso, sin transparencia sobre los propósitos de los diferentes actores (gubernamentales, opositores, ciudadanas y gremiales) no puede haber concertación, solo pactos oscuros y sumisiones.

Entiendo tu interés manifiesto de que el país avance. Está bien decir: ‘Unamos esfuerzos por el país’ – pero antes de unir esfuerzos hay que tener fuerza. No es un gobierno ni un presidente que nos van a unir. Vamos a unirnos para tener la fuerza de concertar con el gobierno por el bien del país. Y para ejercer oposición donde no hay intento de imposición y chantaje.

Saludos,

Uniendo esfuerzos. De Erika Saldaña

24 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

“Todos queremos lo mejor para este pueblo. Eso es lo que necesita el país: un sentido de unidad, un sentido de inclusión, un respeto por nuestras instituciones, nuestro modo de vida, el estado de derecho y el respeto mutuo”. Estas fueron las palabras del expresidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, después de la elección de Donald Trump en 2016. Fue un llamado a la unidad del país luego de que su partido perdiera la elección presidencial. Y estas son palabras que también deberíamos hacer propias para El Salvador.

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La semana pasada tuve la oportunidad de compartir un almuerzo organizado por la embajadora de los Estados Unidos Jean Manes en su residencia, en el que mujeres líderes de este país intercambiaron ideas y visiones con la primera dama de la república y las ministras de Turismo, Educación, Salud, Cultura y Desarrollo Local. El llamado durante la reunión fue el mismo hecho por el expresidente Obama. La embajadora pronunció un breve mensaje que luego fue difundido en su cuenta de Twitter: “El momento de este país es hoy. Tenemos que dar un paso adelante y empujar desde donde estamos. Seamos audaces, seamos valientes, no vacilemos, no nos detengamos. Nuestras familias, nuestras comunidades, nuestros países nos necesitan”. El Salvador necesita a todos sus buenos ciudadanos.

Durante décadas, los partidos †††políticos que ganaron una elección empujaron esfuerzos hacia decisiones específicas sin considerar la opinión de quienes fueron adversarios o de quienes no pensaban de manera similar. No ha existido la suficiente madurez política de tener en cuenta lo que piensan las minorías. Eso ha profundizado la polarización y el resentimiento entre distintos sectores de la sociedad. Todas estas asperezas existentes son las que hay que limar, centrando esfuerzos en sacar adelante un país dañado por la pobreza, exclusión y corrupción. Esto es posible hacerlo sin perder el pensamiento propio y el sentido crítico propio.

El llamado a unir esfuerzos por el país no se traduce una sumisión y aceptación a ciegas de las decisiones que provengan del Órgano Ejecutivo. La invocación a la unidad significa que todos los involucrados en las decisiones de país deben tener la madurez política de participar en un diálogo horizontal para la toma de decisiones. Significa que los ciudadanos comprometidos con El Salvador debemos unir esfuerzos y apoyar las buenas propuestas que provengan del Ejecutivo. Y también, que la presidencia y sus ministros deben escuchar las observaciones y críticas orientadas a tomar mejores decisiones o corregir errores. La idea principal debe ser siempre resolver de manera civilizada los problemas del país.

En El Salvador necesitamos mucha civilidad. Civilidad cuando convivimos en nuestras colonias y comunidades; civilidad en las calles y en el tráfico; civilidad en el trato con nuestros compañeros de trabajo y con los usuarios de los servicios. Y también, civilidad en el ámbito político, donde los oponentes partidarios o los distintos pensamientos ideológicos no deben tratarse como si fueran enemigos. El fin último de todos los involucrados en política debería ser el progreso del país y el bienestar de la población. Lo único distinto es el camino a seguir, no la finalidad que todos buscamos.

Hoy es un buen momento para compartir el mensaje de la embajadora Manes a todos los ciudadanos que queremos a nuestro país: hay que unir esfuerzos por El Salvador. Debemos dejar a un lado las diferencias políticas que nos han separado desde hace décadas y trabajar, cada quien desde su trinchera personal, en hacer avanzar el desarrollo de nuestro país. Las diferencias no deben ser más ruidosas que el deseo de mejora de todos los ciudadanos. Cuando se trata de nuestro país, todos estamos en el mismo equipo.

Las noches oscuras del alma. De Cristina López

24 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

Se ha ido volviendo cada vez más difícil, en estas eras de autobiografías digitales filtradas y versiones Photoshop de la realidad, hablar de lo que pasa en los momentos que no compartimos. A través de la ventana digital enseñamos al mundo nuestras sonrisas más llenas de dientes, nuestros días más soleados, nuestros mejores atuendos, los días de triunfo personal y éxito profesional. Y no tiene nada de malo. Nuestras audiencias hacen lo mismo y disfrutamos de su contenido digital de la misma manera que esperamos disfruten del nuestro.

Pero también a veces se vuelve fácil como audiencia pensar que la vida de los demás es sólo sonrisas llenas de dientes, días soleados, atuendos excelentes, triunfos y éxitos. Porque hay momentos, los que podrían describirse como “las noches oscuras del alma”, que no compartimos con el mundo. Quizás porque a través del rectángulo de nuestra ventana digital tan expertamente curada no caben las profundidades y complejidades de nuestro cerebro, tan parecido al de todo el mundo, pero tan único y específico en lo que a niveles y balances químicos se refiere. Donde una pluralidad de químicos influyendo incesantemente por dentro y por fuera de nuestras células nerviosas causan millones y miles de millones de reacciones químicas que terminan explicando nuestras percepciones, humores, y la manera en la que experimentamos la realidad. La vida, pues. O quizás porque a veces pensamos que como los trapos sucios que se lavan en casa, es de pésimos modales andar aireando lo íntimo y nos guardamos lo más oscuro, enterrándolo dentro por para que si

Pero ignorarlas no hace que desaparezcan. Y la acumulación de noches oscuras puede dañar irreversiblemente el alma hasta perder las ganas. Este junio se cumplió un año desde que la leyenda culinaria que era Anthony Bourdain decidió quitarse la vida. Bourdain era de todo: chef, reportero, aventurero, escritor. Fue su libro “Kitchen Confidential” lo que me convirtió en fanática del periodismo culinario y como tantos, su muerte me causó impresión. Nadie, más allá de su médico personal podrá con certeza decir si a Bourdain las noches oscuras del alma fueron lo que al final le empujaron a la decisión más triste y drástica de todas. Pero sabemos lo que Bourdain compartía con el mundo, a través de su propia autobiografía digital llena de aventuras internacionales y periodismo culinario. Y sabemos, porque algo de eso había compartido también, que incluso con esa vida que hasta él consideraba bendecida, a Bourdain la falta de salud mental le hacía sufrir muchísimo. Tim Carman, periodista culinario para Washington Post, compartió en una columna la semana pasada que fue el suicidio de Bourdain lo que lo motivó a él a compartir con sus audiencias y personas cercanas el diagnóstico de su propia depresión.

Cuenta Carman que Bourdain en un episodio de su serie de CNN “Partes Desconocidas” en el que visitó Argentina, compartió su experiencia con las espirales de depresión que duraban para él a veces días, diciendo “Nadie me va a extender sus simpatías, francamente. Tengo el mejor trabajo del mundo”. Su muerte prematura es evidencia de que ni el talento, ni la fortuna, ni el éxito profesional protegen de los tentáculos poderosísimos de la depresión. El sentimiento de desesperanza puede volverse a veces tan pesado que recuerda a los efectos que en las series de Harry Potter, tenían los dementores sobre quienes se encontraban a sus alrededores: la sensación de que no se volverá a ser feliz nunca. Me diagnosticaron depresión hace unos años y he tenido más de una noche oscura. La ayuda profesional y a veces medicamentos, nos sirven a quienes padecemos de este mal tan común pero tan poco discutido a que salga el sol otra vez. Pero como cualquier carga, es sólo cuando se comparte que se vuelve menos pesada. En honor a la memoria de Anthony Bourdain, ojalá que hagamos de la depresión menos un huésped silencioso del cerebro y más una condición común para la que existe ayuda.

@crislopezg

Amnistías cazabobos. Columna Transversal de Paolo Luers

23 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

El 15 de enero 2019, la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una Ley de Amnistía para facilitar la transición pacífica del país a la democracia. Es una amnistía general, por una parte a todos los opositores condenados, perseguidos, o exilados por causas políticas, Por otra parte, se promete inmunidad a todos los militares y funcionarios gubernamentales y judiciales responsables de violaciones a los Derechos Humanos y de crímenes relacionados a la represión del gobierno contra la oposición y sus seguidores, con una sola condición: la inmunidad se concede a quienes faciliten la transición democrática y contribuyan al restablecimiento del orden constitucional. Esta amnistía favorecería a militares, policías, fiscales, jueces, agentes del servicio secreto y paramilitares que han cometido arrestos arbitrarios, torturas, desapariciones y hasta homicidios, siempre y cuando decidan ponerse del lado de la transición democrática. Hasta el mismo Nicolás Maduro se podría acoger a esta amnistía con solo que emita la orden de cesar la represión y abandone la presidencia.

Fue una de las primeras iniciativas de Juan Guidó, quien como presidente de la Asamblea Nacional recién había asumido transitoriamente la presidencia de la República, luego de que el parlamento había declarado vacante el cargo, ya que no reconoció la reelección de Nicolás Maduro efectuada en 2018.

A partir de la juramentación de Juan Guaidó, el 10 de enero 2019, existen en Venezuela dos gobiernos: el simbólico de Guaidó, apoyado por la Asamblea Nacional, la gran mayoría de los venezolanos y por muchos gobiernos latinoamericanos; el otro es el gobierno de facto de Maduro, apoyado por las Fuerzas Armadas, la policía, la Guardia Nacional y el servicio secreto SEBIN y su capacidad y voluntad de reprimir las manifestaciones de los movimientos opositores.

Guaidó asumió el reto de la presidencia transitoria sabiendo que la única forma de lograr la transición pacífica a la democracia era que la facilitara parte del aparato de poder gubernamental, partidario, jurídico y sobre todo militar del régimen. Guaidó y los legisladores, quienes aprobaron una amnistía general para facilitar la transición, tenían plena consciencia que estaban incluyendo en la amnistía a personas que habían cometido graves crímenes. Lo incluyeron con la convicción de que era necesario y justificado sacrificar la aplicación de la justicia si de esta manera podrían evitar masacres, liberar a todos los presos políticos, facilitar el regreso de los exilados políticos, conseguir el cese a la represión y abrir espacio para una transición democrática mediante elecciones libres.

En estos días de enero 2019, con el presidente de la Asamblea asumiendo la conducción de la transición democrática, con docenas de gobiernos del mundo desconociendo la presidencia de Maduro, con la oposición uniéndose detrás de la Asamblea Nacional y su presidente Guaidó, con los primeros dirigentes del chavismo separándose de Maduro y apoyando la transición, la amnistía tuvo un respaldo total: en la Asamblea, en el movimiento opositor, entre las organizaciones de Derechos Humanos, en la comunidad internacional. Si de esta manera se podría conseguir que militares que antes habían sido el sostén del régimen de Maduro podían ponerse del bando de la oposición o irse al exilio; y si de esta manera los máximos dirigentes del chavismo, incluyendo Maduro, podían negociar el abandono del poder y del país, todos estaban dispuestos de apoyar esta amnistía.

Ya sabemos que el plan no prosperó. Sólo unos pocos funcionarios y militares se pusieron del lado de la transición democrática. La Fuerza Armada no se dividió y quedó leal al régimen. Maduro se mantuvo en el poder. Tampoco ha tenido el valor de arrestar o matar a Juan Guaidó, quien sigue presidiendo la Asamblea y actuando como “presidente encargado” de la transición democrática. La oferta de la amnistía se mantiene…

Me pregunto: ¿Y si en enero 2019 o después el régimen chavista hubiera colapsado, si los militares hubieran abandonado a Maduro y aceptado la amnistía, si de esta forma se hubiera abierto la puerta para una transición pacífica a la democracia en Venezuela? Una vez restablecido el orden constitucional, una vez desarmado el aparato de represión, una vez instalada nuevamente una justicia independiente, ¿cuánto tiempo se hubieran tardado ciertos defensores de los Derechos Humanos para levantar el grito al cielo, exigiendo que se hagan juicios a los responsables de la represión?

Suele pasar cuando el polvo se ha asentado, cuando ya no hoy represión, cuando hacer uso de la libertad de expresión ya no es peligroso. Una amnistía puede tener toda la lógica dentro de una situación histórica tensa, cuando para todos la meta prioritaria, en coma de todas las demás, es conseguir la paz, la libertad, el cese de guerra y persecución. Y años más tarde, cuando los peligros han sido superados, hay quienes cambian las prioridades y exigen, en nombre de la justicia, cambiar la historia y abolir las amnistías.

Pero insisto: la historia no se puede reescribir. Mucho menos escogiendo las partes que ya no nos gustan. Tampoco se puede dar amnistías cazabobos.

Tiza. De Cristian Villalta

Ya sea en Twitter o en papel bond, escribir sigue tratándose de lo mismo: hacerlo limpiamente, a idea por párrafo, defendiendo tus creencias sin irrespetar a las personas.

23 junio 2019 / LA PRENSA GRAFICA

Para disimular tus apetitos, sobre todo los más siniestros como el de la intolerancia y la destrucción, siempre escribe después de comer. Que no es lo mismo que escribir sin hambre porque si tus circunstancias no son comunes o peor aún, si simplemente no te gusta la gente, ¿a quién le escribes?

Inferiores a las originales por culpa de estas manos, ninguna de estas ideas es mía. Algunas son de T. P. Mechín, magistral ensayista de hace un siglo; otras, de José María Méndez, Flit de columnas invencibles en tiempos de Lemus y Osorio. Salvadoreños ambos, tan entrañables como el cuento del cuento que descuenteya y tan vigorosos como el Dalton de Taberna, no podría mencionarlos si no hubiese conocido a don Francisco Andrés Escobar.

Don Francisco fue uno de los lujos de mi formación. Si educarte sólo tus padres, formarte sólo un buen maestro. Y tal fue aquel hombre para cientos de estudiantes, un oasis en la peregrinación por la palabra, escritor versátil y genial de talento omnívoro y alma frugal.

Enseñar es una experiencia solitaria. Por eso, porque exige un corazón especial, es la madre de las vocaciones. Y eso lo entendí en Escobar, que sin importar lo profundo de sus cavilaciones siempre las interrumpía para escuchar a sus alumnos.

A don Francisco la gente verdaderamente le gustaba. Sospecho que la disfrutaba más que a los libros, condición indispensable para entregarte a la docencia. Y por eso su esfuerzo en conocer al estudiante a través de sus textos, de su discurso, de sus exposiciones, de la charla informal con un café de por medio. ¿Cómo ayudarle en esas cortas semanas en que estaría a su servicio? Intentaba saberlo conociéndote.

A don Paco le debo el mejor anaquel de mi biblioteca personal, autores que me recomendó de modo quirúrgico, con la certeza de que o me gustarían mucho o los odiaría profundamente. No salí ileso de ninguno. Los revisito cada tanto y cada una de esas veces es un regalo que le debo a mi maestro.

Tuve formidables profesores, valientes, generosos, geniales, un etcétera que va del eterno padre Ibáñez hasta irremediablemente desembocar en Argelia, que me consolaba de los pelotazos con dulces en un kíndercito que era el cielo. Cada uno de ellos fue como un color en mi cabeza y ahora, me es imposible saber adonde termina lo que me enseñó el uno y comienza lo que me enseñó el otro.

Les recuerdo hoy no porque sea el Día del Maestro, sino por los tiempos que corren, cuando el futuro tiene un tufillo a pasado, cuando el Estado renueva sus votos con el garrote, cuando la patria galantea con la represión, cuando la intolerancia es socialmente correcta.

Nuestra nación es esclava de una clase política mediocre y de un Estado incompleto; sobrellevarlos requiere carácter, para superarlos le urge inteligir; uno y otra sólo son posibles a largo plazo si El Salvador apuesta por la educación.

Invertir en mejores profesores, no en más policías, sería revolucionario. Un buen profesor es la primera trinchera contra el dogmatismo y el fanatismo. Los orfebres de El Salvador que queremos no están armados más que de tiza, paciencia y generosidad.

De una cátedra noble aprendes que el talento nunca es suficiente sin disciplina, y que sin compromiso ni rigor intelectual la técnica es mero artificio. Y cuando un país se cae a pedazos, que los más educados sean puro artificio es tan censurable como el crimen.

Las declaraciones del Banco Central. De Manuel Hinds

22 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

En la entrevista que tuvo con Nacho el miércoles 19 el presidente del Banco Central dedicó su tiempo a dos temas. Primero, enunció las políticas que la institución seguirá en este período presidencial. Segundo, discutió las proyecciones de crecimiento de la economía en el contexto de la economía mundial. En este artículo discuto el primer tema, que en mi opinión es el más importante porque el segundo es altamente especulativo. Además, el crecimiento depende muchísimo del éxito o el fracaso de las políticas discutidas en el primer punto.

La entrevista dejó muy clara una diferencia muy fundamental con el gobierno anterior: su actitud con respecto al estado de la economía, a la necesidad de aumentar la inversión, y a la capacidad de crecimiento que tiene la producción salvadoreña. Diferente al ambiente depresivo que tenían las declaraciones de los gobiernos del FMLN, y de las culpas que ellos nunca dejaron de echar a gobiernos anteriores y al sector privado, el presidente del Banco Central presentó una imagen optimista del país, basada en cifras bien fundamentadas.

Habló de indicadores modernos que los gobiernos anteriores nunca mostraron, tales como la estabilidad monetaria y macroeconómica a toda prueba que da la dolarización al país, que produce no solo la inflación más baja de América Latina sino también las tasas de interés más bajas de la región (solo comparables con las de Panamá); la diversidad de nuestras exportaciones que es mucho mayor que las de nuestros vecinos (3,000 productos exportados a 135 países, con 110 empresas realizando el 80% de ellas); la solidez del sistema bancario; y la opinión de los inversionistas con respecto a la capacidad de nuestros trabajadores de aumentar su productividad.

Igual identificó las debilidades de nuestra economía, las que tienen incidencia en el diseño de políticas, tales como los enmarañados trámites que dificultan todas las actividades económicas sin dejar ningún beneficio al país y la necesidad de reducir estas marañas para “despertar el apetito por la inversión”. Dentro de esta tarea, destacó los esfuerzos que el Banco Central hará para modernizar el sector financiero en las cuatro actividades (bancos, seguros, mercados de valores y pensiones) que caen dentro de sus atribuciones regulatorias.

En este último tema, habló de la presentación de varias leyes para promover la banca electrónica, el comercio digital, y el uso más intensivo de los servicios bancarios por la población. Por supuesto, para opinar sobre estas leyes será necesario conocerlas, pero los temas escogidos son los correctos para mejorar una banca ya bien insertada en el siglo XXI.

Al principio de la entrevista, el presidente del Banco Central hizo un anuncio que creó el ambiente para entender e interpretar sus subsiguientes declaraciones. Anunció que próximamente el Banco Central celebrará su aniversario y realizará una ceremonia en la que no solo invitará a los ex – presidentes del banco sino que integrará con ellos una mesa pública para discutir los desafíos que enfrenta la institución en el futuro. Esto lo justificó diciendo que a los presidentes pasados la administración actual quiere enfatizar que el satisfactorio estado del Banco Central no es el resultado de personalidades individuales sino de una consolidación institucional que se ha llevado a cabo por décadas, a través de diversas administraciones. Éste es quizás el mensaje más prometedor del presidente del Banco Central, un mensaje que él reafirmó tanto con la claridad en el análisis de los últimos desarrollos financieros percibidos desde una institución reguladora como con la presentación de proyectos de ley que tienen que haber sido preparados durante la administración pasada.

En realidad, el profesionalismo del Banco Central es una de nuestras ventajas competitivas, una que se ha mantenido por décadas y bajo gobiernos de diversas ideologías. Al reconocerlo al tomar posesión de su cargo, y al reconocer que el progreso sólido depende no de individuos especiales sino del mantenimiento de la integridad institucional son mensajes que dan mucho optimismo para el futuro, igual que el ofrecimiento de unas políticas orientadas a mantener la estabilidad sin par de nuestra economía, y a incrementar la productividad de ella.

No hay duda de que habrá obstáculos no previstos y problemas endémicos que pueden retrasar cualquier programa, pero si el Banco Central se mantiene en lo que está planeando, tampoco hay duda de que contribuirá al desarrollo de nuestro país en los próximos años.

Carta sobre el arte de dar cachetadas de payaso. De Paolo Luers

22 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Resulta difícil e impopular cuestionar la nueva ofensiva contra las pandillas, lanzada por el nuevo gobierno. La gente quiere que el Estado actúe contra la delincuencia, porque sufre de ella – y la respuesta más fácil de un gobierno es desplegar a soldados y policías adónde la gente los vea. Resulta que en este sentido el gobierno de Bukele no es diferente a los gobiernos de Paco Flores, Toni Saca, Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén. Hace exactamente lo mismo.

Y ahí es donde precisamente comienzan las dudas. Es una verdad innegable que el Estado ha perdido control de buena parte de su territorio, y que esto es el origen del problema de la violencia y del poder de las pandillas – y todos los presidentes mencionados la han enfrentado equivocadamente.

El vacío que dejó el estado abandonando las comunidades marginales urbanas y rurales no se llena con miles de policías y soldados invadiendo los territorios con fusiles, ametralladoras y tanquetas. Se llena con escuelas y profesores; con centros de salud, doctores y enfermeras; con canchas y entrenadores; con inversiones y jobs; con buenos servicios de agua, desagüe, de energía, de transporte y de comunicación; con fondos para cultura y deporte. Y también con una policía al servicio de la comunidad.

Lo que hasta ahora se ha visto del plan de seguridad del gobierno Bukele es más de lo mismo: Un gran despliegue de fuerza, multiplicada por el despliegue de propaganda – pero es una fuerza invasora que viene de afuera para tomar control, no una fuerza de seguridad que tenga arraigo en los territorios. La historia ha demostrado que esto no funciona contra una fuerza, como las pandillas, que nació, creció y vive adentro de las comunidades.

El presidente Bukele rompió ya con una de los discursos centrales de su campaña, que la violencia no se combate con la fuerza sino con inversión social y creación de empleos.

Rompió radicalmente con esta promeso y regresó al enfoque militar del problema: despliegues masivos, invasión y control militar de territorios en vez de transformación de barrios.

Para poder hacer esto, el nuevo gobierno tuvo que apostar a la continuidad y profundización de la militarización de la Seguridad, ya bastante avanzada en el último gobierno del FMLN. Militarización en sus dos dimensiones: prolongar, ampliar y profundizar la participación de la Fuerza Armada en todos los aspectos de seguridad; y crear dentro de la PNC unidades y procedimientos de carácter militar, en detrimento del concepto de policía comunitaria y comprometida con los derechos humanos y el desarrollo local.

Quien tiene dudas, cuando vea la foto que la presidencia publicó de la reunión de planificación de su campaña ‘Control Territorial’: 4 coroneles de la Fuerza Armada y el único oficial policial es el comisionado Arriaza Chicas, cuya mayor experticia es la construcción de unidades militarizadas dentro de la PNC. No van a encontrar en esta foto a una sola persona que tenga vocación y experiencia en la reparación de los tejidos sociales de las comunidades afectadas por el abandono del Estado y la violencia. Más de lo mismo y más mano dura bajo la bandera de Nuevas Ideas…

Anunciaron que el plan ‘Control Territorial’, en su primera fase, se concentrará en 12 municipios: el centro de San Salvador, Santa Ana, Colón, Santa Tecla, Ciudad Delgado, Mejicanos, Soyapango, Apopa, San Miguel, Ilopango, San Marcos y San Martín. Pero esta lista no coincide con la de los municipios con más índices de violencia y delincuencia.  De los 12unicipios seleccionados, solo 4 figuran entre los 12 más conflictivos: San Salvador, San Miguel, Mexicanos, y Apopa. En cambio, varios de los municipios ‘líderes’ en violencia no está siendo tomados en cuenta: Quezaltepeque (#1), Nahuizalco (#2), Perulapán (#3), Usulután (#7), Jiquilisco (#9), Izalco (#10) y Chalchuapa (#11). ¿Por qué razón darle prioridad a Soyapango, que a pesar de su mala fama solo ocupa el lugar #25 en el rating de violencia, Ilopango (#25), San Marcos (#29) o Santa Tecla (#31)?

¿Será que esta incongruencia del plan ‘Control Territorial’ se debe a que los criterios y objetivos con los cuales fue diseñado no son técnicos, sino prioritariamente de comunicación e impacto mediático? ¿Se trata de cachetadas de payaso?

Saludos de

El auge populista pasará factura a Latinoamérica. De Kenneth Rogoff

Tal y como están las cosas, parece que América Latina seguirá siendo la región del futuro por tiempo indefinido

Kenneth Rogoff es ex economista jefe del FMI y profesor en la Universidad de Harvard.

21 junio 2019 / EL PAIS

Aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiende a apoderarse de la mayoría de los titulares, no se trata de una rareza en el ámbito global. Los autócratas populistas han disfrutado de un impresionante ascenso al poder en países de todo el mundo, y en ninguna parte la tendencia es más pronunciada que en América Latina tras la elección de un presidente de izquierdas en México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), y de otro de derechas en Brasil, Jair Bolsonaro. Los estadounidenses tienen razón al quejarse de las tendencias autocráticas de Trump, pero como les recordó en su momento el exministro de Finanzas de Chile Andrés Velasco, Trump es un mero aprendiz en comparación con los populistas de América Latina.

Esto no significa que las economías de México y Brasil compartan la misma suerte que la de Venezuela bajo Hugo Chávez y su hombre fuerte actual, Nicolás Maduro. Chávez y Maduro convirtieron al país más rico de América Latina —propietario de una cuarta parte de las reservas mundiales probadas de petróleo— en un caso perdido, con una inflación de más de 1.000.000% y una tasa de pobreza de más del 90%. Al menos 4 millones de los 32 millones de habitantes de Venezuela han salido del país, y las previsiones sugieren que este número podría duplicarse este año si Maduro sigue en el cargo. Venezuela debe su difícil situación no tanto a las sanciones económicas de la era Trump, sino a sus propios líderes populistas. El país ha estado decayendo durante años, y la mayor parte de la caída en sus indicadores sociales y económicos es muy anterior al Gobierno de Trump.

AMLO, como el carismático Chávez hace dos décadas, asumió el cargo el año pasado con la promesa de que mejoraría las vidas de la gente común. Uno de sus primeros actos oficiales fue frenar la construcción de un nuevo aeropuerto que se necesitaba desesperadamente en la Ciudad de México —a pesar de que el proyecto ya estaba completo en un 30%—, alegando que las aerolíneas son para los ricos. Luego lanzó un nuevo proyecto de aeropuerto en un lugar montañoso, poco práctico, más alejado, donde tiene menos posibilidades de terminarse.

Aunque AMLO prometió durante su campaña acabar con la corrupción, su Gobierno ha rechazado licitaciones competitivas por más del 70% de los contratos que ha adjudicado. Al igual que Trump, rechaza a los críticos de los medios de comunicación con el pretexto de que difunden “noticias falsas”, y advierte a los periodistas: “Compórtense bien o saben lo que les sucederá”. Sin embargo, los inversores globales se sienten aliviados por el hecho de que AMLO ha dejado trabajar al banco central, al menos hasta ahora.

Pero incluso si el mercado no está evaluando el elevado “riesgo de Venezuela” para México, muchas de las celebridades, escritores, académicos y políticos de tendencia izquierdista que elogiaron a Chávez se han mostrado notablemente reticentes a animar a AMLO. Después de haber visto a Trump convertir la tragedia venezolana en su baza política, los forasteros que pueden simpatizar con las ambiciones socialistas de AMLO son prudentes. La única excepción, por supuesto, es el líder de la extrema izquierda del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn, un partidario del corrupto régimen chavista de Venezuela, quien asistió a la toma de posesión de AMLO en diciembre de 2018.

Mientras que AMLO representa una amenaza para la segunda economía más grande de América Latina, Bolsonaro está poniendo en peligro el principal motor del continente. Como dice el viejo y triste refrán, Brasil, con sus abundantes recursos naturales y su gente talentosa, “es el país del futuro, y siempre lo será”. Su nuevo presidente, un excapitán del Ejército que quiere armar a los ciudadanos y arrasar grandes extensiones de la Amazonía (que aceleraría significativamente el calentamiento global), se ha convertido en un pararrayo para protestas estudiantiles, ambientalistas y activistas de los derechos de los homosexuales. Anticipándose a las protestas masivas, recientemente canceló un viaje a Nueva York después de recibir críticas mordaces de su alcalde, Bill de Blasio. Las cosas no están mucho mejor en casa. Los índices de aprobación de Bolsonaro se han reducido a la mitad desde que asumió el cargo a principios de año. Los primeros escándalos dejan en claro que no podrá limpiar la corrupción endémica que paraliza la gobernanza de Brasil, y mucho menos demostrar las habilidades de formación de coaliciones necesarias para implementar la ambiciosa agenda de reformas económicas de su Gobierno.

Para empeorar las cosas, la tercera economía de América Latina, Argentina, se enfrenta ahora a la perspectiva de un retorno de un Gobierno socialista, corrupto y autocrático después de las elecciones presidenciales de octubre. El actual presidente del país, Mauricio Macri, asumió el cargo en 2015 prometiendo un retorno de la salud económica después de que el expresidente Néstor Kirchner y su sucesora/esposa, Cristina Fernández de Kirch­ner, despilfarraran los beneficios de un auge de las exportaciones agrícolas a principios de la década de los dos mil. Sin embargo, Macri, quien heredó una situación extremadamente difícil —no solo un gran déficit presupuestario y una capacidad de endeudamiento limitada—, también ha cometido algunos errores críticos. Para reducir la inflación, el Gobierno de Macri trató de reducir la tasa de crecimiento del dinero y encontrar fuentes alternativas de financiación. Pero los funcionarios optaron por recurrir a préstamos a corto plazo en dólares extranjeros (un error clásico), y Argentina pronto se vio incapaz de pagar sus deudas. El tipo de cambio ahora se ha derrumbado, la inflación ha llegado a superar el 50% y el partido de los Kirchner está listo para recuperar el poder.

Si todos los líderes autocráticos fueran tan competentes como el fallecido Lee Kuan Yew, el padre fundador de Singapur, los recientes desarrollos políticos en las Américas podrían no ser tan preocupantes. Lamentablemente, este no es el caso, particularmente cuando se trata de los populistas en México, Brasil y Argentina. Tal como están las cosas, parece que América Latina seguirá siendo la región del futuro por tiempo indefinido.

Carta a Óscar Ortiz: ¿Cómo posicionarse ante Bukele? De Paolo Luers

20 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimado Óscar:

Felicidades. Ganaste y esta vez no te pueden arrebatar el triunfo, como en aquella elección entre vos y Schafik. Pueden decir que apenas ganaste con una diferencia muy estrecha, pero ganaste a pesar de todo. A pesar del padrón depurado, reducido por la dirección saliente a un número ridículo de 39 mil fieles.

Aunque todavía no lo quieren reconocer oficialmente, sos el nuevo secretario general del partido. Normalmente, en la tradición ortodoxa en la cual se enmarcó el FMLN, esto significaba el poder total. Compañero secretario general, ordene… Incluso Gorbachov, una vez nombrado secretario general, pudo usar el poder de este cargo para desmontar el bloque socialista y al fin la Unión Soviética.

En el caso tuyo, habría que ver si este cargo realmente te dará el control del partido y el poder de transformarlo. Todavía no se sabe quiénes fueron electos al Consejo Nacional y quiénes saldrán nombrados para la Comisión Política. A lo mejor tendrás que compartir el poder con dirigentes que se opondrán a cualquier intento de tocar los dogmas ortodoxos que según ellos son el corazón de la identidad revolucionaria del Frente…

Entonces, tu método tiene que ser abrir un gran debate sobre cómo redefinir el rol de la izquierda en nuestro país. Este debate tendrás que abrirlo siempre, incluso cuando tuvieras el control del Consejo y de la Comisión Política, porque los virajes políticos de los partidos nunca funcionan por decreto, tienen que pasar por un debate abierto, sincero y profundo. De todos modos, de nada sirve una transformación democrática del partido si no lográs convencer e incluir en el viaje a la mayoría que hasta la fecha ha apoyado a la dirigencia anterior y sus dogmas.

El debate de una sola vez tiene que ser público. No es un debate interno que va a resolver la crisis de tu partido, es un debate entre el Frente y la sociedad.

Empezando con el debate sobre el punto que ha estado detrás de la campaña interna, con acusaciones mutuas, insinuaciones y rumores: ¿Cómo posicionarse ante el nuevo gobierno? ¿Cómo posicionarse ante un hombre que canibalizó al FMLN para ganar la presidencia? ¿Cómo posicionarse ante un presidente quien desde el poder enfila todas sus armas contra el Frente para darle el tiro de gracia no para tomar su lugar como expresión de izquierda, sino para consolidar su poder?

Existe el rumor que tú vas a buscar la supervivencia del Frente conduciéndolo a una alianza con Bukele. Una vez que salgas del pleito sobre los resultados de la elección interna, esta es la primer duda que tenés que aclarar, con palabras y con hechos. Porque si el Frente se alinea con su verdugo, ya no habrá nada que hacer, sea quien sea quien conduzca a este partido al patíbulo. Nuevamente felicidades, Oscar. Hoy todo depende de vos. Ya no hay excusa de no escoger el camino correcto. Si lo escogés, tendrás mucho apoyo.

Saludos,

¿Están cayendo en la misma trampa? De Carlos Ponce

19 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

Estar expuestos de forma prolongada a altos niveles de delincuencia afecta cómo percibimos a los victimarios, a las víctimas y al Estado. La desesperación y angustia nos llevan a favorecer y, a veces, hasta exigir, un tratamiento más contundente, agresivo y duro del problema. Incluso estamos dispuestos a sacrificar garantías ciudadanas con tal de dotar al Estado de herramientas para que derrote a los criminales. Sin embargo, esto, sin excepción, produce un efecto totalmente opuesto al esperado. El problema no se resuelve, se empeora.

Este tipo de circunstancias son un sueño hecho realidad para los políticos populistas y los asesores en comunicación, ya que pueden explotar fácilmente la desesperación de la ciudadanía para ganar réditos políticos. La gente no solo pide a gritos ser rescatada por el gobierno, sino que, además, está dispuesta ceder lo que sea para ser salvada. Las condiciones están dadas para crear una narrativa que venda a los funcionarios de gobierno como héroes y pinte su abordaje del problema de inseguridad, por descabellado y malintencionado que sea, como una épica batalla entre el bien y el mal.

La receta siempre es la misma, no importa el país. Primero, se crean unidades especiales dentro de la policía, se despliegan a las áreas problemáticas y realizan actividades sumamente visibles. Las unidades se proyectan con una imagen intimidatoria que de la percepción de contundencia a través operativos masivos y capturas de delincuentes que se pintan como terribles villanos.

Muchos pueden pensar ¿Y qué? ¡Esto es lo que necesitamos para resolver el problema! La realidad, sin embargo, es que se trata de una ilusión. Hay ejemplos de sobra en nuestro país que demuestran que seguir esta receta empeora el problema y no lo resuelve. Mano Dura, súper mano dura y las medidas extraordinarias, por ejemplo, todas agudizaron el problema.

Hay muchas razones para explicar por qué no sirven estas medidas. La predominancia de lo mediático sobre lo técnico, por ejemplo. Los asesores en comunicación se vuelven los directores de la orquesta, cometiendo errores desastrosos. No ven, por ejemplo, las devastadoras consecuencias de los mega operativos, las redadas masivas y los despliegues de contingentes policiales. Estos venden el abordaje, pero no arreglan el problema.

Es importante ponerse por un momento en los zapatos de las personas que viven en las comunidades asediadas por pandilleros. Estas personas tienen que escoger a qué gobierno obedecer ¿Al gobierno elegido por el electorado o al gobierno ilegítimo establecido por la pandilla? ¿Cuáles leyes obedezco? ¿Pago la extorsión o la denuncio? Al final, la decisión depende de cuál de las opciones implique menos incertidumbre. Aquí es donde los abordajes mediáticos de la inseguridad agudizan el problema.

Diferentes estudios demuestran que los policías que patrullan zonas de alta incidencia delincuencial son relativamente más irrespetuosos, agresivos e impacientes. Se comportan así porque perciben que están en un territorio hostil. Esto distancia a la ciudadanía del estado. Las capturas masivas generalmente no son sustentadas con pruebas robustas, por lo que la mayoría detenidos terminan saliendo libres. Entonces, no solo la gente de estas comunidades ve con desconfianza a los policías porque los trata mal, sino que los percibe como inefectivos. Sampson y Bartusch utilizan el término cinismo legal para describir cómo la gente pierde la fe en Estado para resolver sus problemas de inseguridad.

Bajo estas circunstancias, la elección que implica menos incertidumbre es el gobierno ilegítimo de las pandillas, ya que el castigo por romper sus reglas es contundente y certero.

El comisionado Mauricio Arriaza Chicas, director de la Policía, aseguró esta semana que el presidente ha ordenado que se enfoque en la represión. Es importante que defina exactamente qué significa eso para pronosticar con certeza si el problema se agudizará más o no.