Mes: julio 2017

Adiós a Chamba Ruano, un alcalde de calle. De Paolo Luers

Salvador Ruano

paolo_luers-obsPaolo Luers, 31 julio 2017 / EDH-Observador

Alcalde que no te encontrás en la calle, no sirve. Alcalde que tenés que buscar en su despacho para hablarle de un problema, no sirve. Chamba Ruano fue uno de estos alcaldes que pateaba la calle. Su muerte deja un gran vacío en Ilopango. Sobre todo en las comunidades afectadas por marginación y violencia.

Conocí a Chamba el 22 de enero del 2013, cuando me invitaron de testigo a la firma del “Pacto Municipal de No Violencia” enfrente de la alcaldía de Ilopango. Fue el primero de 11 actos de este tipo, en 11 municipios del país, gobernados por alcaldes de diferentes partidos. Chamba fue el primer alcalde que tuvo el valor de observadorpararse en plaza pública para dar la mano, y luego el micrófono, a los líderes de la MS13 y del Barrio 18 en su municipio. La plaza estaba repleta de ciudadanos, reporteros, pandilleros, policías del CAM y de la PNC. También estaban presentes el ministro de Justicia y Seguridad, David Munguía Payés, monseñor Fabio Colindres, el pastor David Rivas, empresarios y líderes comunitarios. Entre todos ellos y los pandilleros se firmó el compromiso de erradicar en Ilopango la violencia y las extorsiones, pero también la exclusión social. Se firmó un pacto para construir la paz social y para abrir oportunidades para todos. El gobierno se comprometió a aportar los recursos para este reto que asumió Ilopango.

A pesar de que el gobierno nunca cumplió su palabra, Chamba sí cumplió la suya. Se convirtió en mediador, se metió en las comunidades para hacer realidad el compromiso con la no violencia. No se quedó solamente retando a los pandilleros de cumplir su palabra, sino que les ofreció sus buenos oficios para poder cumplir. Estuve con Chamba en discusiones con los pandilleros de las comunidades, hablando con ellos con firmeza, retándolos, regañándoles, pero también ayudándoles a buscar formas no violentas de resolver conflictos. Muchos veces lo amenazaron, pero comenzaron a respetar su valentía y su compromiso con las comunidades.

Ilopango comenzó a cambiar. El diálogo y la mediación comenzaron a desplazar el uso de la violencia para resolver conflictos entre pandillas rivales y las comunidades que controlaban, entre ellos y las autoridades municipales y policiales. El ejemplo más contundente es Apulo: las pandillas siguen existiendo, pero han dejado a aterrorizar y extorsionar a los vecinos y comerciantes – y el turismo volvió a reactivarse en el Lago de Ilopango.

Muchos de estos logros se han mantenido a pesar de la indiferencia del gobierno de Funes y de la hostilidad del gobierno de Salvador Sánchez Cerón, con su decisión de sustituir la guerra contra la violencia por una nueva guerra violenta contra las pandillas. Gracias a las confianzas que ha creado Chamba Ruano, se ha logrado evitar que la nueva ola de violencia, desencadenada en 2015/16 en todo el país, convirtiera Ilopango de nuevo en uno de los municipios más violentos del país.

Muchos, incluso en su propio partido ARENA, han criticado a Ruano por su papel protagónico en el intento de sustituir la violencia por caminos de diálogo, inclusión y mediación. Contrincantes fuera y dentro de su partido trataron de desbancarlo, pero la gente de Ilopango lo siguieron apoyando. Ganó con gran mayoría las elecciones primarias de ARENA por la candidatura a alcalde, y sin duda se hubiera reelegido en marzo del 2018. En múltiples visitas a varias comunidades de Ilopango, algunas con Chamba otras sin él, pude constatar que este alcalde de barrio, de calle, de permanente discusión con su gente era un líder casi sin competencia en su municipio. El hecho que armara pleitos con la cúpula de ARENA, obviamente le hizo daño en el partido, pero en Ilopango le ganó más apoyo y credibilidad.

Tuve discusiones conflictivas a acaloradas con Chamba, chocando con su terquedad, tratando de moldearlo, enojándome porque no se dejaba. Muchas veces resolvimos estas discusiones con unos tragos, abrazándonos al final. Nunca me tomó mal la crítica, ni yo a él sus ataques de locura.

Su repentina muerte me impactó mucho, porque las andanzas conjuntas y riesgosas forjan amistad. Fui al velorio en Ilopango. Docenas de personas desconocidas me agradecieron por haber sido amigo de Chamba Ruano cuando otros lo atacaron. Para ellos, Chamba ha sido un alcalde que se pudo equivocar, cometer errores, echarse demasiado tragos, armas demasiados pleitos – pero a quien respetan porque nunca los traicionó. Esta gente no quiere tener líderes impecables, políticos streamline, con discursos pulidos y políticamente correctos. Quieren líderes de carne y hueso que dicen lo que piensan y hacen lo que dicen.

Carta gráfica sobre el “éxito” de nuestro gobierno. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 29 julio 2017 / MAS! y EDH

Números y gráficos hablan más claro que palabras. No mienten. El presidente, su ministro de Justicia, y su director de la PNC reclaman que su política de Seguridad es exitosa y que la muestra es que han logrado bajar en un 50% el número de homicidios.

Viendo los números, sabemos que es mentira. Los números de homicidios hoy, luego de 3 años del gobierno de Sánchez Cerén, son exactamente iguales que en junio 2014, cuando asumió el gobierno. Pero durante 2015 y 2016 nos hicieron pasar por el infierno, con 11,953 víctimas de homicidio en sólo dos años.

HOMICIDIOS JUNIO 17

Celebrar como éxito el hecho que hoy el número de muertos es exactamente igual que cuando asumieron el gobierno, es un insulto a la inteligencia y las emociones de los salvadoreños.

Saludos,

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Los caminos de la ley. De Manuel Hinds

La manera en la que el gobierno puede evitar que la Sala lo detenga es muy simple: sólo tiene que gobernar de acuerdo con la Constitución. No tendrá problemas si toma los caminos de la ley. El problema es que el FMLN no quiere hacer esto sino gobernar arbitrariamente, como se gobierna en Cuba y en Venezuela.

manuel hindsManuel Hinds, 28 julio 2017 / EDH

Anteayer la Sala de lo Constitucional dejó sin efecto la reforma a la Ley del Sistema de Ahorros para pensiones que aprobaron la semana pasada el FMLN y GANA. Esta reforma permitía al gobierno tomar hasta el 50 % de los ahorros de los trabajadores para pagar las pensiones del ahora extinto sistema de reparto que cesó de funcionar en 1997. Esta reforma contravenía directamente la sentencia que la Sala emitió en diciembre de 2014, en la que estableció como máximo el 45 % que existía hasta entonces para no limitar excesivamente el margen de inversión que las AFP pueden realizar en beneficio de los trabajadores. El gobierno reaccionó con furia y con veladas amenazas de hacer cosas que no especificó pero que sonaban traumáticas para pagar las pensiones que adeuda.

EDH logEl gobierno se ha pintado como víctima de la Sala de lo Constitucional, diciendo que és-ta no quiere dejarlo gobernar, que sigue una agenda escondida de ARENA, que se excede en sus facultades, y alegando como prueba que la Sala ha emitido muchas sentencias en contra del gobierno en éste y otros temas. El gobierno no reconoce, ni quiere reconocer, que este no es ningún argumento, como no lo es el del delincuente que se queja de que la policía tiene algo en contra de él porque cada vez que quiere delinquir lo detiene.

La manera en la que el gobierno puede evitar que la Sala lo detenga es muy simple: sólo tiene que gobernar de acuerdo con la Constitución. No tendrá problemas si toma los caminos de la ley.

El problema es que el FMLN no quiere hacer esto sino gobernar arbitrariamente, como se gobierna en Cuba y en Venezuela. Ha puesto el ojo en los ahorros (cerca de 10 mil millones de dólares) que los trabajadores acumulan para luego financiar los pagos de sus pensiones, y los quiere. Su expropiación le permitiría gastar a manos llenas de aquí a las elecciones sin tener que manejarse con prudencia. De esta manera, los trabajadores salvadoreños financiarían las campañas electorales del FMLN. Al gobierno le parece escandaloso que la Sala defienda los derechos de los trabajadores.

Las amenazas del gobierno sólo añaden un detalle a lo que ha estado tratando de hacer por mucho tiempo para apropiarse de los ahorros de los trabajadores con el fin último de apropiarse del poder total en el país, y para siempre. En esta vena, el gobierno ha tratado muchas veces de confiscar al menos la mitad de estos ahorros, fracasando muchas veces, la última el martes pasado. Paralelamente, ha seguido una estrategia de ir logrando que los fondos de pensiones le presten más y más dinero, pagándoles tasas de interés mucho más bajas que las que les paga a otros acreedores. Esta estrategia paralela, que se podría llamar la del salami, es la que la Sala detuvo en diciembre de 2014 y volvió a detener ayer. Esto provocó las quejas del gobierno y las poses de estar luchando por pagar las pensiones.

La hipocresía profunda del gobierno se evidencia en el hecho que se pinta a sí mismo como un defensor del pago de las pensiones de los trabajadores cuando, al mismo tiempo, les está reduciendo las pensiones que pueden recibir al rebajarles las tasas de interés que les pagan, y está tratando de confiscarles el dinero que los trabajadores mismos han ahorrado para retirarse.

Pero los esfuerzos del gobierno para perpetuarse en el poder, no se detienen en la apropiación de fondos de los trabajadores. Por varios años ha tratado de echar a los magistrados de la Sala de lo Constitucional, de quitarle el poder a la Sala misma, de ahogar al Tribunal Supremo Electoral por falta de fondos para quitarle transparencia a las elecciones, y, en estos días, han empezado a hablar de cambiar la Constitución.

Si todavía queda algún norteado que no se ha dado cuenta de que nos llevan por la misma ruta que Venezuela, ya es tiempo de que se entere y que mida las consecuencias de lo que está pasando. Distraídos en el chambre diario, en el último tuit, en el video viral, los salvadoreños no se están dando cuenta de que vamos hacia la esclavitud.

Racionalidad y ética. Columna Transversal de Paolo Luers

El único antídoto al populismo es la racionalidad. Muchos en este país se sienten frustrados de la política que no resuelve los problemas de país y ni siquiera define las prioridades de los problemas a resolver; muchos han perdido la confianza en los políticos, la tolerancia con el mal gobierno del FMLN y la paciencia con la oposición.

paolo3Paolo Luers, 28 julio 2017 / EDH

Esta frustración tiene dos escapes: uno es la antipolítica que ofrece el populismo, predicado por “líderes” que ofrecen apartar los partidos y los complicados mecanismos de una institucionalidad que funciona, pero no para establecer mejores instituciones, sino para constituir una relación directa y apasionada entre un ‘líder’ y ‘el pueblo’; la otra salida es introducir racionalidad a la política, o más bien, racionalidad y ética.

EDH logNos predican como loros que hay que “despolarizar” la política. Y esto lo repite un coro de loros. Pero nuestro problema no es la polarización, ni la confrontación, sino la falta de confrontación transparente entre proyectos de políticos, propuestas de políticas públicas, definiciones de las prioridades, proyectos de solución a las crisis de seguridad, de educación y de crecimiento. No se trata de despolarizar, sino de definir de manera racional los polos, de desapasionar la política, de hacerla racional, discutible, transparentando con toda claridad las opciones. Tenemos un exceso de pleito – y un déficit de debate.

Los discursos populistas abundan. Se han apoderado de la izquierda, desplazando su acumulación histórica de análisis y pensamiento críticos. Se manifiestan, de manera aún más desenfrenada, en la supuesta “nueva izquierda”, personificada en la figura mesiánica de Nayib Bukele, que tiene muchos vasos comunicantes con la supuesta “nueva derecha”, fundada por Tony Saca, su engendro GANA y su “teórico” cantinflesco Walter Araujo. Pero ARENA, luego de rendirse ante el populismo de Saca, tampoco se ha liberado de esta tentación. En vez de apostar consecuentemente al antídoto del populismo, la racionalidad, sigue jugando con la tentación de enfrentar al populismo de sus adversarios con otro propio. De repente se perfila una batalla entre “nueva visión” de Carlos Callejas contra las “nuevas ideas” de Bukele; o “el país primero” contra “el pueblo primero”…

Pero sería absurdo que empresarios, si deciden meterse en política ante las deficiencias de la clase política, lo hicieran adoptando otra versión del clásico discurso de los políticos que esconden con demagogia su incapacidad de generar y gestionar soluciones y prioridades. O tienen la capacidad de introducir racionalidad a la política, o mejor no se metan. Necesitamos su capacidad de ejecutar, pero no nuevos gurús.

Lo mismo hay que decir a la emergente clase media profesional, que se está aglutinando en movimientos ciudadanos, y que está a un paso de meterse en política, sea a corto plazo con candidaturas no partidarias, sea a mediano plazo construyendo un partido centrista. Es preocupante que en este contingente de la nueva política, que debería ser la reserva moral y racional del país, también se escuchan discursos populistas. Hay quienes convierten la crítica a la corrupción en una cruzada, con peligro de terminar en una cacería de brujas. De repente la justa y necesaria crítica a la política establecida se convierte en discurso contra “la clase política”, muy parecido al discurso del populismo de izquierda que se declara en guerra contra “la casta política” y “los partidos del sistema”.

El motor de arranque de los movimientos ciudadanos decididos a meterse en política es la genuina y justificada frustración con la impunidad y la poca voluntad de los partidos y de la institucionalidad del país de enfrentarlas. La ruptura con un orden establecido de corrupción siempre arranca con la frustración y la indignación, incluso el resentimiento, pero ellas no pueden ser la base para una “nueva política”. Tiene que someter las emociones y pasiones a un proceso de análisis que genere racionalidad.

La oposición -ni ARENA, ni mucho menos los nuevos actores ciudadanos que se están articulando- no deben caer en la tentación de recoger y articular el resentimiento de la gente. No se puede construir una alternativa política sobre resentimientos, sino solamente sobre propuestas y soluciones racionales. Y racional, para definirlo bien en este contexto, incluye hablar con franqueza de las medidas impopulares y de los sacrificios colectivos necesarios para enfrentar y solucionar los problemas no resueltos del país.

A los “renovadores” dentro y fuera de ARENA les toca una tarea histórica compartida: introducir racionalidad a la política. Y ética, que en última instancia es lo mismo. Porque los discursos populistas se visten de un enorme ímpetu moral (o moralista), pero la ética, para ser válida, está basada en racionalidad.

Carta a los movimientos ciudadanos: Que sean Fuerza. De Paolo Luers

Paolo Luers, 27 julio 2017 / MAS! y EDH

¡Ciudadanos!
Que bueno que se han unido varios movimientos y organizaciones ciudadanas para hacer fuerza. Esto es lo que necesitamos: fuerza que se convierte en presión sobre los partidos y gobernantes; incluso, si no hacen caso y no cambien, fuerza que se convierte en alternativa.

Ojala que esto se convierta en la plataforma común de todos los que comparten dos objetivos centrales: poner fin al gobierno del FMLN con su política de erosión a la democracia; y al mismo tiempo asegurar que el que lo sustituya no sea un gobierno de ARENA que reviva las políticas del pasado, sino una administración comprometida con la ciudadanía, profesional, amplia y con el valor de empujar las reformas que el país necesita para consolidar su democracia y para facilitar un crecimiento económico incluyente.

En una plataforma como esta, que focaliza en las prioridades esenciales cabrán todos los que no tienen partido, pero que sí quieren hacer política: conservadores democráticos, liberales, socialcristianos, socialdemócratas.

La fuerza de una plataforma ciudadana tan amplia residirá en su pluralidad – y en la firme decisión de no dejarse dividir por la diferencia de posiciones en temas que pueden ser importantes para cada uno, pero que para el país son secundarios.

Para que una plataforma ciudadana se convierta en fuerza, lo más importante es que no repita los errores de los partidos: su sectarismo, su autosuficiencia, su arrogancia. Y aunque buena parte de la movilización ciudadana nace de la frustración con el país como está, para convertirse en fuerza no puede apostar a recoger a los resentidos e indignados, sino tiene que movilizar a los que quieren resolver los problemas del país, a los que quieren construir. Este movimiento se convierte en fuerza si se convierte en un una muralla contra la anti-política y las tentaciones populistas que amenazan al país.

Sobre este tema los invito a leer mi Columna Transversal que publicaré mañana, viernes 28, bajo el título: Racionalidad y Ética. Insisto: la fuerza ciudadana nacerá de la racionalidad, la ética, el debate, el análisis, la pluralidad.

Hicieron un primer paso. El siguiente sería: crecer, definir las prioridades que unifican, ampliar la alianza, hacerla tan fuerte que los partidos, sobre todo ARENA, no la puedan ignorar, sino que tengan que tomar en serio sus propuestas y críticas.

Mucho de lo que pasará en estos años decisivos, con elecciones de alcaldes y diputados en 2018 y presidenciales en 2019, con la batalla por dar continuidad a la independencia de la Sala… dependerá de ustedes.

Saludos,

Camus después de Camus. De Fernando Mires

Este texto no es actual, salió publicado en enero 2017. Es atemporal.

Segunda Vuelta

Fernando Mires, 5 enero 2017 / americanuestra.com

Casi todos los días se cumple el aniversario de la muerte de algún escritor célebre. Pero a algunos los recordamos más que a otros. No quiero decir que esos escritores hubieran escrito para la posteridad. Por lo demás, quien escribe para la posteridad tiene que estar muy dominado por la idea de la muerte pues la posteridad no existe para nadie que esté vivo. La posteridad es solo una hipótesis. Pero sí hay algunos, y a esos perteneció Albert Camus, a quienes podemos comprender mejor después que han abandonado este mundo. Creo advertir la razón:

Camus leyó mejor que muchos en las líneas de su tiempo letras que alcanzaron nitidez solo después de su muerte. Pero las leyó en su tiempo, durante su vida, debatiendo y discutiendo con sus pares e impares. Porque hoy día, ya varios años después de que fueran revelados los millones de crímenes cometidos en la ex Unión Soviética, después de la caída estrepitosa del Muro de Berlín, de que China se convirtiera en la segunda potencia capitalista (otros dicen, la primera) del planeta, de que en Cuba y Corea del Norte “la dictadura del proletariado” se encuentre representada por oprobiosas dinastías, del colapso de los “socialismos militares” del mundo árabe, y de las humillaciones a que somete la pandilla militarista de Maduro y Cabello a todo lo que parezca oposición en Venezuela, en fin, después de todo eso y mucho más que no pudo presenciar Camus, poner en tela de juicio la lógica de la razón revolucionaria dista de ser un despropósito. Al contrario. Mas bien cabe preguntarse acerca de la integridad espiritual de quienes todavía la defienden.

Estoy hablando, para que no haya equívocos, de la misma desintegración espiritual de quienes defendieron a la dictadura de Franco como un medio para alcanzar “la república integrista cristiana“. O de las atrocidades cometidas por los EE UU en Vietnam en nombre de “el sueño americano”“. O de quienes todavía ven en los antropófagos dictadores militares sudamericanos, demiurgos de una  “revolución restauradora”. Estoy hablando, si alguien no ha entendido, en contra de esa lógica que lleva a justificar a cualquier medio en nombre de un imaginado fin. De los que desvalorizan la existencia en aras de un objetivo suprahistórico. De los que al perseguir el futuro destruyen el presente. De los que se creen dueños, nadie sabe con qué derecho, de la razón de la historia. De los hombres nuevos y, por cierto, de sus dementes fabricantes.

Camus habría dicho: estoy hablando en contra de quienes usurpan el significado de la rebelión en nombre de la revolución. Dos palabras -rebelión y revolución- hasta Camus casi sinónimas y que hoy sabemos gracias entre otros a Camus, son antónimas. Pues si bien una revolución puede comenzar con una rebelión, la revolución, mientras más se prolonga en el tiempo termina por convertirse en la negación de toda rebelión.

Para Camus la rebelión es un “no“. La revolución, en cambio, es un “sí”. Negación y afirmación explicada en su célebre “El Hombre Rebelde”. “¿Qué es un hombre rebelde?” -preguntaba Camus-. Su respuesta fue concluyente: “Un hombre que dice que no” (p.17).

El motivo que lleva al pronunciamiento del no, no es uno solo. Tampoco está inscrito en algún lugar de la historia, como llegó a postular Hegel. Pero sí tiene, para Camus, un sentido ontológico. Uno que va más allá de Hegel para quien el sí y el no son constitutivos de una trinidad dialéctica que es a la vez la unidad del pensamiento (La afirmación, la negación, la negación de la negación).

Hegel se preguntaba en su Fenomenología del Espíritu ¿Por qué el esclavo no se libera de su amo? La pregunta de Camus era en cambio otra: ¿Por qué un esclavo que nunca ha intentado liberarse, es decir, por qué alguien que ha dicho siempre sí, dice de pronto no? El no en ese sentido surge de la gota de agua que colma el vaso. Es el punto imprecisable que marca la no soportabilidad de la negación de uno por el ser del otro.

Ese no del esclavo rebelde es por eso un sí dicho por el ser a sí mismo. Mas, no es un sí a una sociedad sin esclavos, ni a un nuevo modo de producción, ni siquiera a un “mundo mejor“. Es simplemente un no a quien, hombre de carne y hueso, lo desconoce en su propio ser. Puede surgir de un latigazo de más -o de un pan menos, o de un insulto innombrable- el impulso que lleva al esclavo en un momento determinado a matar al amo. No es en todo caso un acto que surja de la reflexión. Más bien, como lo explicaba Camus, ocurre al revés: la reflexión surge del acto mortal. O dicho así: La negación es la primera condición del pensamiento pues el pensamiento proviene de una fundamentación y no se puede fundamentar lo que todavía no ha sucedido.

Antes del acto que surge de la negación no hay nada que fundamentar. “En nuestra prueba cotidiana” -argumentaba Camus- la rebelión desempeña el mismo papel que el “cogito” en el orden del pensamiento; es la primera evidencia. Pero esta evidencia saca al individuo de su soledad. Es un lazo común que funda en todos los hombres el primer valor: Yo me rebelo, luego nosotros somos” (p. 25).

Este acto negativo del ser no proviene, por lo tanto, de ninguna moral establecida, de ningún código legal y mucho menos de una filosofía. Se trata simplemente de un ser que desea ser reconocido por otro ser que no lo deja ser.

Cuando las multitudes de 1989 desafiando a guardias armados saltaron el muro de Berlín -es un ejemplo- no pensaban en crear un orden histórico superior. Simplemente saltaron el muro obedeciendo al impulso corporal de quienes quieren entrar en el espacio común que por derecho pre-constitucional les pertenece, en este caso la nación común. Esa es la diferencia con la revolución cuyos actos son siempre pre-meditados. Según Camus: “Mientras que la historia, incluso la colectiva, de un movimiento de rebelión es siempre la de un compromiso sin salida en los hechos, de una protesta oscura que no compromete sistemas ni razones, una revolución es una tentativa para modelar el acto sobre una idea, para encuadrar al mundo en un marco teórico. Por eso es que la rebelión mata hombres, en tanto que la revolución destruye a la vez hombres y principios” (p. 101).

Eso significa también: mientras una revolución convierte a un sujeto en un objeto, la rebelión convierte al objeto en un sujeto. Razón por la cual, mientras en algunas rebeliones hay muertos, las revoluciones convierten a la muerte en un sistema. En la rebelión la muerte del otro es consecuencia de un acto no pensado. En la revolución en cambio, se trata de homicidios sistemáticos; de asesinatos deliberados.

Dicho con Camus: “la mayoría de las revoluciones adquieren su forma y su originalidad en un asesinato. Todas o casi todas han sido homicidas” (p. 150). O más preciso aún: “En la época de la negación podía ser útil interrogarse sobre el problema del suicidio. En la época de las ideologías (y no hay revolución sin ideología revolucionaria, FM) hay que ponerse en reglas con las del asesinato” (p.150).

La muerte (o simplemente la negación gramatical) del otro en las revoluciones, sigue un plan sistemático de acuerdo a un fin previamente determinado. Pero ese fin -ahí reside la mendacidad de cada revolución- nunca debe ser alcanzado pues si lo es termina la revolución. La revolución para no morir requiere que el fin requerido sea siempre inalcanzable. Su lógica existencial necesita de un fin que nunca se cumpla. En cierto modo toda revolución es una estafa pública. No así la rebelión. La rebelión termina con la negación del otro. Basta.

Toda revolución busca extenderse en el tiempo. Hay algunas en las que sus líderes envejecen o mueren, cambian las generaciones, y la revolución continúa su curso. Los seres humanos son mortales, pero la revolución no lo es, repiten con fervor los revolucionarios. Los revolucionarios persiguen a través de la inmortalidad de la revolución su propia eternidad. ¿O ha conocido usted a un revolucionario que alguna vez haya dicho, ya hicimos la revolución, y ahora a vivir tranquilos, calabaza calabaza cada uno para su casa? No. No: así solo hablan los rebeldes. Jamás los revolucionarios.

Toda revolución busca extenderse hacia el infinito de todos los tiempos, no solo del tiempo de los revolucionarios sino, sobre todo del de quienes no lo son, los que deben ser reducidos a un material modelable; plasticina, arcilla, cemento. ¿Y los que no quieren ser convertidos? A ellos les espera el cadalso, la tortura, la muerte. Toda revolución termina asesinando a la rebelión en nombre de la revolución. Los revolucionarios, así lo dijo Camus: “Desprecian la libertad de las personas y sueñan con una extraña libertad de la especie; rechazan la muerte solitaria y llaman inmortalidad a una prodigiosa agonía colectiva” (p.282).

En la revolución impera el principio de la muerte. En la rebelión el de la vida. Esa fue la razón por la cual Albert Camus, aunque si bien siempre estuvo a favor de la liberación de Argelia con respecto al colonialismo francés, nunca estuvo a favor de los comunistas argelinos que luchaban por la liberación. Su pregunta inquieta era evidente: ¿Y quién nos va a liberar de los liberadores?

La rebelión de Camus comenzaba y terminaba en un no. En un simple, claro y rotundo no.

Con el sí comienza toda ideología. Y con la ideología la enajenación del ser con respecto a sí mismo. Razón de más para afirmar que Camus fue la representación real del hombre rebelde. De ahí su permanente actualidad. Porque siempre, desde la infancia hasta la vejez, habrá motivo para rebelarnos en contra de algo o alguien. La rebelión nos hace dignos. No así la revolución. Nunca las revoluciones, a diferencias de las rebeliones, han sabido morir con dignidad.

 

Así podría salvar Trump a Maduro. De Moisés Naím

Un bloqueo petrolero daría la coartada perfecta al chavismo.

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Moisés Naim, escitor y columnista venezolano

Moisés Naím, 23 julio 2017 / EL PAIS

El presidente Donald Trump y su equipo están considerando la posibilidad de prohibir la importación de petróleo venezolano a Estados Unidos. El cálculo de la Casa Blanca y otros en el Congreso es que esta sanción asfixiaría la economía venezolana y conduciría a la caída del régimen de Nicolás Maduro. Yo no estoy tan seguro. Veo la posibilidad de que esta medida más bien termine fortaleciendo al Gobierno de Caracas, debilitando a la oposición y agravando la crisis humanitaria que está devastando a los venezolanos.

el paisTrump ha anunciado que impondría severas sanciones económicas a Venezuela si Maduro lleva adelante su intención de convocar comicios para una Asamblea Constituyente. Los más de 500 diputados que saldrían elegidos, en un proceso tutelado y trampeado por el régimen, tendrían la misión de reescribir la Constitución. La fundada preocupación es que la intención de Maduro y sus socios cubanos es la de usar esta nueva Constitución —cuya redacción y aprobación controlarían— para imponer instituciones y políticas económicas como las que imperan en Cuba.

Por otro lado, más de siete millones de venezolanos que participaron en una consulta organizada por la oposición manifestaron su repudio a esta Constituyente. Diversos presidentes y expresidentes de América Latina y Europa, el secretario general de la Organización de Estados Americanos y múltiples organizaciones internacionales han exhortado al Gobierno de Caracas a que suspenda esta iniciativa. Pero Maduro y los suyos reiteran que el proceso es imparable.

De resultar esto cierto, Trump ha prometido sanciones más severas de las que ya hay. El enfoque adoptado por Barack Obama y continuado por Trump ha sido el de identificar con nombre y apellido a corruptos, narcotraficantes, violadores de derechos humanos y otros criminales que ocupan altos cargos en el Gobierno de Venezuela y en sus fuerzas armadas e imponerles fuertes sanciones personales. Pero en ciertos círculos de Washington y de la oposición venezolana estas sanciones son percibidas como insuficientes, y de ahí la propuesta de prohibir la importación de petróleo venezolano a Estados Unidos.

Ni los más fanáticos pueden defender ya
la revolución bolivariana sin hacer el ridículo

Hay tres razones por las cuales esta es una mala idea. La primera es que la experiencia histórica en materia de sanciones demuestra que los bloqueos o embargos económicos generales casi nunca logran su objetivo. Hacen sufrir más a la población pero no afectan a los gobiernos y a las élites que lo apoyan.

El caso de Cuba es el mejor ejemplo. En 1962, Estados Unidos le impuso un embargo comercial en respuesta a las confiscaciones de bienes de ciudadanos y empresas norteamericanos. Lejos de desgastar al régimen, su único efecto ha sido el darle una excusa para justificar la crónica catástrofe económica que sufre la isla.

Y hay más ejemplos. Lo que llevó al Gobierno de Irán a la mesa de negociación que culminó en el acuerdo que frenó su programa nuclear no fueron las sanciones económicas que pesan sobre el país desde hace décadas, sino nuevas y muy sofisticadas medidas de castigo dirigidas a altos funcionarios, a sus socios y a su sistema financiero. Vladímir Putin se queja de las sanciones generales que hay contra Rusia, pero mucho más de las que afectan específicamente a las finanzas de sus más cercanos colaboradores y oligarcas amigos.

La segunda razón es que el bloqueo petrolero es innecesario. Sus terribles efectos ya los ha creado Nicolás Maduro. La economía venezolana ha colapsado y desgraciadamente sigue en caída libre. Las reservas en el Banco Central están por debajo de 10.000 millones de dólares, una fracción de lo que deberían ser. La mayor parte de los alimentos, los insumos para producirlos o las medicinas hay que importarlos pagándolos al contado en moneda dura, ya que nadie le da crédito al Gobierno. La trágica realidad es que ya no hay suficientes dólares para importar lo que hace falta para nutrir y medicar adecuadamente a todos los venezolanos. Y esta tragedia la crearon Chávez, Maduro y sus aliados cubanos… solitos. Sin ayuda de Washington.

Y esta es la tercera razón. La tragedia venezolana tiene responsables muy claros. El mundo ya ha entendido que los venezolanos sufren por culpa de la oligarquía chavista que ha gobernado al país durante 18 años bajo la tutela de La Habana. Ahora ni siquiera los simpatizantes más fanáticos pueden defender los resultados de esa revolución bolivariana sin hacer el ridículo. Un bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump sería una maravillosa y oportuna tabla de salvación política para Maduro. Trump sería presentado como el responsable del hambre de los venezolanos. Maduro ha venido denunciando la “guerra económica declarada por el imperio del norte contra Venezuela” como la causa de los males del país. El bloqueo petrolero le daría la coartada perfecta.

No lo haga, presidente Trump.