¿Padres de la Patria responsables? De Erika Saldaña

Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 17 julio 2017 / EDH

El salvadoreño siempre ha tenido la fama de trabajador. Somos esas personas que nos levantamos con los primeros rayos del sol y durante el día hacemos nuestro mejor esfuerzo para que las labores terminen de la mejor manera. Los salvadoreños honrados procuramos llegar a tiempo a las labores diarias, estar atentos en las reuniones, brindar resultados a los jefes, enfocarnos en lo importante y sacar lo más pronto posible lo urgente. Pero en la Asamblea Legislativa los diputados hacen todo lo contrario.

Si como dice el artículo 121 de la Constitución, la función primordial de los diputados es legislar, pareciera que en El Salvador su trabajo principal es echarle la culpa a los otros partidos de los nulos avances del país, levantar la mano según les ordene la dirigencia y no su conciencia o entendimiento; muchos se dedican a elaborar teorías de la conspiración, echarle zancadilla a cualquier avance en temas importantes, negociar a puerta cerrada y buscar como desgastar leyes que empiezan a funcionar como la Ley de Extinción de Dominio y Ley de Enriquecimiento Ilícito. Pareciera que, al darse cuenta de que algo funciona, su labor es desmantelar la poca institucionalidad que nos va quedando en entidades como la Sección de Probidad o la Fiscalía General de la República.

En El Salvador hay diputados que llegan a la Asamblea al finalizar la plenaria o que se aparecen una vez cada seis meses; otros están en su curul haciendo dibujitos mientras el presidente de la República habla o prefieren salir a fumar mientras se realiza la votación de propuestas importantes; hay 51 diputados que tenían mejores cosas que hacer que estar a las 9 a.m. escuchando y cuestionando el informe anual del Ministro de Hacienda y del resto del gabinete. Algunos tienen tan escasa participación como legisladores que nunca los hemos escuchado hablar o no sabíamos que eran diputados electos.

Y mientras ellos se dedican a hacer casi nada, el país sigue sin alcanzar ningún tipo de acuerdo trascendental para lograr aplacar la crisis fiscal que nos ha tenido en vilo desde hace varios meses. Seguimos sin una reforma de pensiones integral, discutida de manera consciente y consensuada por la mayoría de sectores de la población. Seguimos sin contar con un mecanismo objetivo y transparente para la elección de funcionarios, por lo que no resultaría extraño que sean ciertos los rumores según los cuales las reformas a extinción de dominio y pensiones se negocian a cambio de la elección de Corte de Cuentas de la República.

Es una vergüenza, falta de consideración e irrespeto a la población, que los diputados piensen que el cargo público que se les ha encomendado es una especie de prerrogativa o título nobiliario y no un genuino trabajo por el cual reciben un salario y tienen que presentar resultados. Causa indignación que anden casa por casa ofreciendo trabajar por el país y defender los derechos de los ciudadanos, mientras que a la hora de demostrar su compromiso todas esas promesas y palabras se las lleva el viento.

Esta época electoral es el tiempo perfecto para cuestionar a los diputados sobre qué han hecho por el país y cuáles son sus planes si buscan ser electos en 2018. No bastan las frases adornadas con las típicas “voy a trabajar por el país” o “voy a defender sus derechos”. Como ciudadanía tenemos que educarnos y aprender a exigir resultados de los que son nuestros representantes en la Asamblea Legislativa.

Los políticos responden a incentivos y probablemente el temor al elector sea lo único que los haga darse cuenta y reaccionar en su falta de visión y liderazgo; no existen propuestas legislativas integrales en muchos temas y hay una grave ausencia de resultados en aspectos que nos interesan a todos los salvadoreños. Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto. Si los diputados son los que toman las decisiones al interior de la Asamblea, tengan claro que nosotros, los ciudadanos, las tomamos en las urnas.

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