¡Húndanse solos, por favor! De Federico Hernández Aguilar

Por qué defender a José Luis Merino con tanta porfía? ¿Es que acaso la información que maneja este hombre oscuro, sobre el FMLN y sus dos gobiernos, es tan comprometedora?

Federico Hernández Aguilar, 28 junio 2017 / EDH

Aunque nadie de su entorno quiera decírselo, Presidente, yo sí voy a hacerlo, por su propio bien y por el futuro inmediato de su gobierno: lo de José Luis Merino va en camino de terminar mal, muy mal. Pregúntele a su Canciller qué significado tiene que los dos grandes partidos políticos estadounidenses, demócratas y republicanos, se hayan puesto de acuerdo para pedir una exhaustiva investigación —de alcances internacionales— del actual “Viceministro de Inversión Extranjera y Financiamiento para el Desarrollo” (Por cierto, ¿a quién se le ocurrió semejante nombre para semejante cargo?).

Si Hugo Martínez se lo explica bien, Presidente, entonces usted tendrá claro que el “comandante Ramiro” está frito. (Perdone mi forma tan directa de planteárselo, pero no existe otra). La pregunta es por cuánto tiempo seguirán su partido y su administración buscando proteger a José Luis Merino. Ambos, FMLN y gobierno, se enfrentan a la misma disyuntiva luego de conocerse las sospechas que pesan sobre el excomandante: o se apartan de él, exhortándole a defenderse solo, o cierran filas para blindarlo y poner trabas a la investigación internacional que está encima. El oficialismo que usted dirige, Presidente, se decidió por lo último. Y las consecuencias de esa decisión son imprevisibles.

El primer efecto adverso es, por cierto, local. Merino está al borde del precipicio y su gobierno, Presidente, ha elegido encadenarse a él. El despeñamiento de “Ramiro”, por lo tanto, cuando se produzca, arrastrará consigo a la misma gestión que prometió una lucha frontal contra la corrupción, las mafias y el crimen organizado. La contradicción es demasiado grande como para querer taparla con el pulgar. Y por defender lo indefendible, profesor Sánchez, muchos votos que pudieron haber ido a parar al FMLN, el año que viene serán de la oposición o de nadie.

El segundo efecto es internacional, pero con importantes repercusiones nacionales. Estados Unidos ha condicionado su ayuda a El Salvador exigiendo el efectivo combate de la corrupción, el crimen y la impunidad. Proteger a José Luis Merino confeccionándole inmunidades a su medida —dentro de la diplomacia o a través de la Asamblea Legislativa— es una cachetada al rostro de nuestro principal socio comercial, que a la vez es el hogar de casi tres millones de salvadoreños. No hay manera de salir bien librado de tan “mal negocio”. El excomandante será investigado de todos modos, y su gobierno le habrá confirmado a los Estados Unidos que el compromiso del oficialismo salvadoreño contra la corrupción y el crimen tiene límites bastante nítidos: el castigo a priori es para el adversario político; el derecho a la presunción de inocencia es una disculpa adelantada para el “compañero”.

Usted disculpe, Presidente, pero me da vergüenza haber creído que su trayectoria de luchador social le iba a imponer ciertas jerarquías éticas a su administración. Lo cierto es que no solo ha campeado la ambigüedad moral en su gobierno, sino que ha sido notoria la intención de disfrazarla de fraseología ideológica. “Luchar contra el imperialismo yanqui” es una consigna que llevó a la muerte a muchas personas bien intencionadas; siquiera por respeto a esos muertos, digo yo, debería su partido de abstenerse de usarla para exculpar a delincuentes.

La historia juzgará hacia atrás, a partir de los errores de hoy, hasta las razones verdaderas por las que personas como usted fueron a la guerra. Y eso debería preocuparle mucho a un revolucionario que llegó al extremo de justificar el asesinato de personas con tal de concretar el sueño socialista.

¿Por qué defender a José Luis Merino con tanta porfía? ¿Es que acaso la información que maneja este hombre oscuro, sobre el FMLN y sus dos gobiernos, es tan comprometedora? Lo entiendo si así fuera, Presidente, porque entonces su administración estaría protegiendo a la cúpula entera del partido oficial. Lo que le pido, sin embargo —¡lo que le exijo como salvadoreño!—, es que no arrastre al país entero con ustedes. ¡Húndanse solos, por favor!

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