DECIDE… De Luis Mario Rodríguez

La gran controversia en la actualidad tiene que ver con la credibilidad de los partidos políticos. Precisamente ese es el “disparador” para el surgimiento a movimientos amplios y democráticos como DECIDE.

Luis Mario Rodríguez, 29 junio 2017 / EDH

El hartazgo político está haciendo ebullición. Era natural que el fastidio con los partidos generara tal efervescencia que obligara a la sociedad civil a pasar de la crítica a la acción. Está sucediendo desde hace un quinquenio cuando surgieron los indignados en España y los “Occupy Wall Street” en los Estados Unidos. Luego explotó en Brasil y Guatemala con escandalosos casos de malversación de fondos públicos, llegó a México cuando la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, se extendió a Honduras con la “marcha de las antorchas”, y los referéndums en Colombia y el Reino Unido reflejaron un comportamiento diferente de los habitantes. También las elecciones en Francia, Grecia y España mostraron una motivación del voto influenciada por el desasosiego de cientos de miles de familias afectadas por diversas razones.

Este hervidero de frustraciones ciudadanas se repite periódicamente en algún lugar del mundo. Abundan los reclamos por la falta de servicios públicos, por el pobre desempeño de la economía, por el creciente desempleo, por los intentos de concentrar el poder y por la abultada corrupción.

El empacho colectivo con los representantes que surgen de las urnas está provocando un remezón de enormes magnitudes en diferentes latitudes. En algunos sitios el malestar de la sociedad hundió a los partidos tradicionales, fragmentó el sistema y abrió el espacio para los líderes populistas. La reacción del electorado está causando oleajes peligrosos para la democracia. Se deteriora aceleradamente la confianza en las instituciones, las grietas por las que se cuela el financiamiento ilícito de la política se están ensanchando y se cree que las candidaturas independientes son el sustituto ideal a falta de liderazgos partidarios.

Por eso es relevante el surgimiento de nuevas voces y de entidades civiles que aspiran a proteger el sistema político, a fomentar el Estado de Derecho y a educar a la población para elevar la calidad del debate político. Esta es precisamente la plataforma que distingue al movimiento “Defensa ciudadana de la democracia” el cual, según sus fundadores, está integrado por varias otras iniciativas cuya agenda es coincidente con los intereses de DECIDE.

La gran controversia en la actualidad tiene que ver con la credibilidad de los partidos. Precisamente ese es el “disparador” que impulsa a las agrupaciones sociales a lanzarse al activismo. El debilitamiento de los primeros es precisamente el “caldo de cultivo” para demandar, entiéndase bien, su depuración, no su desaparición. Nada bueno puede surgir en un sistema democrático sin organizaciones partidarias. Cuando en política participan individuos sin un ideario que refleje la forma de pensar del que quiere alcanzar el poder, sin una estructura nacional y con un personalismo por encima de cualquier institución o grupo social, se fomenta el autoritarismo y se desnaturalizan las políticas públicas confundiéndose con programas asistencialistas que no garantizan su sostenibilidad en el tiempo.

DECIDE incluye entre sus acciones el “desarrollo de un amplio programa de educación y formación política que le permita al ciudadano interpretar la realidad del país y entender cómo esta le afecta directamente”. Con ello se compromete, en resumen, a fortalecer la cultura política de los salvadoreños. Buena parte de los dilemas nacionales tienen su origen en la falta de información y en el desinterés por los asuntos políticos y por la administración del Estado. En la medida que los funcionarios públicos, los partidos y quienes desempeñan un cargo de elección popular sepan que se les exigirá una detallada y más exhaustiva rendición de cuentas seguramente mejorará su desempeño, teniendo en cuenta que, con excepción de la presidencia y la vicepresidencia de la república, la reelección es admitida por la Constitución y la ley.

DECIDE agrega en su comunicado que servirá de “plataforma de debate político para la gestión de ideas, proyectos y propuestas de solución de los grandes problemas nacionales”. Se trata de una labor fundamental que lamentablemente no se practica en el país y, cuando se hace, se instrumentaliza ideológicamente. Si la nueva organización cumple con aquel objetivo habrá contribuido a mejorar la vida en democracia. Esa es la ruta para que los partidos elijan mejores candidatos, se modernicen, ajusten sus planes a las necesidades del país y procuren buscar acuerdos con sus adversarios.

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