Encerrarse en sí mismo. De Roberto Rubio

Convierten buenas iniciativas, como la creación de una instancia de Transparencia y Anticorrupción, en un antro de apariencias y difamaciones.

Roberto Rubio, 26 junio 2017 / LPG

Tanto en la filosofía Hegeliana como en la Marxista, la conciencia en sí (en el primer caso) como la clase en sí (en el segundo caso), eran fases primitivas que debían evolucionar hacia una conciencia superior. Así por ejemplo, en Marx, pasar de la clase “en sí” a la clase “para sí” significaba que el obrero dejaba de ser simple obrero para convertirse en un obrero consciente u organizado. Tanto en Hegel como en Marx, si el proceso evolutivo de la conciencia no quería quedarse estancado, debía proyectarse, salir de sí mismo.

Desgraciadamente, a algunos dirigentes del FMLN ya no solo se les olvidó la ética sino también los pensamientos que impulsan los cambios revolucionarios. Quien se encierra en sí mismo, quien estanca las ideas, quien no cuestiona sus propios paradigmas, quien se ancla a los dogmas del pasado, quien perdió la capacidad de hacerse autocrítica, no puede ser revolucionario.

Se encierran, sin querer ver los abultados datos del alarmante deterioro de nuestra economía. Desde esa habitación oscura y con llave, el Buen Vivir hace crecer el empleo, la inversión, el poder adquisitivo, y logra consolidar la fase de expansión económica en que nos encontramos. No importa que digan todo lo contrario todas las encuestas de opinión, así como casi todos los analistas e instituciones de investigación serias.

Al fin y al cabo, desde las ergástulas que se han construido, todas esas opiniones son puros cuentos interesados de la derecha y de los vendidos a ARENA y a los ricos. Para los que se encuentran en esa aislada cartuja, habría que llevar a la hoguera a todos aquellos que desmienten con evidencias empíricas los supuestos logros del Buen Vivir, que dicen que casi no crecemos y que somos el país que menos lo hace en la región, que se han perdido miles empleos de noviembre 16 a marzo 17, que somos el país donde menos inversión externa llega, que estamos en los últimos lugares en las calificaciones de riesgo, que retrocedemos económicamente como el cangrejo, etcétera.

Su claustro les produce una ceguera tal que piden a sus feligreses que solo tengan fe en las encuestas de opinión que elaboran ellos mismos, y descalifican a todas aquellas que no les son favorables. Compañeros, ¡crean que la tierra es plana! Rasgo de la conciencia primitiva: lo que es malo en la oposición es bueno cuando estoy en el gobierno; las encuestas son buenas si me favorecen y malas si no lo hacen.

Su marcado auto confinamiento abarca en política exterior su postura frente a la situación de Venezuela. Cada vez más el desgobierno de Maduro se encuentra nacional e internacionalmente aislado. Un régimen en estado agonizante al que ya casi nadie le apuesta, al que condena la mayoría de gobiernos del continente y reconocidas organizaciones internacionales (ONU, OEA, Unión Europea). Sin embargo, lejos, muy lejos de la realidad, y en contra de la corriente por donde cursa la historia, dirigentes del Frente sostienen que ese caos y mal vivir venezolano es un ejemplo a seguir. Cuesta creer tanta torpeza y miopía política.

Desde su encierro solo se permite atacar y difamar personas e instituciones que denuncian la corrupción, al tiempo que defienden férreamente a sus propios corruptos. Ante las contundentes evidencias de corrupción de algunos de sus miembros, se atrincheran y comportan agresivamente como animal acorralado. Tratan de anular y/o copar instituciones contraloras, atacan la Sala Constitucional o la Fiscalía cuanto estas descubren y actúan ante sus mal andanzas, niegan los sobresueldos en sus filas, y convierten buenas iniciativas, como la creación de una instancia de Transparencia y Anticorrupción, en un antro de apariencias y difamaciones.

En fin, predican un país que no existe. Se enclaustran, por conveniencia o ignorancia, dentro de una realidad inexistente. Son incapaces de generar esa conciencia que permite percibir adecuadamente la realidad, y por tanto. nunca generarán la capacidad de cambiarla, menos de revolucionarla.

Hay que recordar que la naturaleza, la vida, los seres que se encierran en sí mismos, tarde o temprano, se deterioran y pudren.

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