Carta a los que me atacan. De Roberto Rubio

Sin duda les debo ser muy incómodo y molesto para ser merecedor de sus constantes y numerosos ataques.

Roberto Rubio, 19 junio 2017 / LPG

Esta carta no va dirigida a aquellos que ustedes mandan a las calles a vomitar veneno y difamaciones; ellos al fin y al cabo, en su fanatismo o ignorancia, creen lo que les dicen. Me dirijo a ustedes, que dirigen y planean los ataques a todos aquellos que criticamos su incapacidad y/o sus actos corruptos.

Me dirijo a los que les incomodo, a los que desde hace tiempo montan campañas y acciones para desprestigiarme, a los que siguen intentando mezclar los pagos u honorarios por los servicios profesionales prestados por los exmiembros de la Comisión Nacional de Desarrollo (CND), donde soy su blanco principal, con el tema de los sobresueldos. Todo ello, con el fin de darle volumen a su estribillo calumnioso de que soy vendido a la derecha y a ARENA, como lo hacen con todos aquellos que los critican.

Ustedes saben bien que la CND funcionaba con un presupuesto oficialmente aprobado. Ustedes tienen la información y los medios para saber si durante la existencia de la CND, alguno de los pagos por honorarios prestados se hizo con fondos que no provenían del presupuesto asignado. Ustedes quizá sepan que con objeto de indagar sobre esto último, amparándome en la Ley de Acceso a la Información Pública, el 5/12/2016 solicité al oficial de Información de Casa Presidencial información sobre mis contratos, recibos, transferencias bancarias, etcétera mientras fui miembro de la CND, y que su resolución del 9/1/2017 fue negativa, afirmando que “no consta registro contractual o documento de pago que vincule al señor Roberto Enrique Rubio Fabián con la Comisión Nacional del Desarrollo para el período 2007, 2008 y 2009”. Otra información similar solicité el 12/5/2017, y todavía no tengo respuesta.

No necesitan enviar a sus grupos de calle a presentar a la Fiscalía o a la CSJ que investiguen si he recibido sobresueldos. Lo solicité públicamente meses atrás de que sus sicarios lo hicieran. Por si no lo leyeron, les recuerdo lo que expresé en comunicado público difundido el 15 de noviembre de 2016: “En base a lo anterior, exhorto a la Fiscalía General de la República que investigue estos hechos ocurridos con algunos pagos a la CND en general, y de mi persona en particular”.

Saben bien que no he sido funcionario público y que por tanto no he recibido sueldo y menos sobresueldo. Sin embargo, malintencionadamente mandan a sus troles y medios de propaganda a mezclarme con los exfuncionarios de ARENA que dicen ustedes que sí los recibieron.

Nunca me han sobornado ni sobornado, nunca he sido corrupto ni corrompido, nunca he robado ni matado, como algunos de ustedes lo han hecho. Mi vida pretende ser decente y modesta, lejos de la indecencia y lujos y riquezas mal habidas que adornan su existencia. No he cambiado de acera como lo han hecho ustedes. No he abandonado mis ideales de trabajar por un país vivible, decente y democrático, ni he dejado de sentir y conmoverme por el sufrimiento de la gente, como ustedes lo han hecho.

Sin duda les debo ser muy incómodo y molesto para ser merecedor de sus constantes y numerosos ataques. Y si duda lo seguiré honrosamente siendo. En varias ocasiones han intentado hackear la oficina anticorrupción que dirijo como coordinador de Transparencia Internacional, mandaron a sus troles a difamar suciamente a una de mis hijas, me han colocado aparatos de espionaje, me han enviado gente del Seguro Social y de Hacienda para ver si encontraban algo en mis declaraciones de renta y cotizaciones, y para mala suerte de ustedes, no pudieron encontrar nada. Ahora quieren restar credibilidad y amedrentarme lanzando nuevamente otra campaña difamatoria.

Sepan que tendrán que seguirlo haciendo, pues continuaré luchando para evitar que terminen de arruinar este país, para que no siga su autoritarismo y avancemos en la democracia que tanta sangre nos ha costado, para que no prosigan corrompiéndose y corrompiendo y podamos respirar aire limpio, para que mis hijos y sus hijos –que algún día conocerán sus perversidades– vivan con la paz, el bienestar y la alegría que ahora ustedes nos niegan.

Hasta el próximo ataque. Los estaré esperando.

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