La riqueza y las empresas. De Manuel Hinds

La capacidad de organizar económicamente a una sociedad está en sus empresas, no en los ministerios de economía o hacienda.

Manuel Hinds, 16 junio 2017 / EDH

Al final de la Segunda Guerra Mundial hubo un breve momento en el que, con las medidas convencionales de la riqueza y el ingreso, Alemania y Japón parecieron haber caído en la pobreza. Con sus ciudades en el suelo, con su infraestructura destruida por las bombas y la artillería aliadas, los dos países tuvieron que dedicar grandes esfuerzos a remover escombros, limpiar las calles y volver a ver lo que había quedado de sus ciudades. Por un tiempo, la gente pasó hambre y sufrió pobrezas inenarrables, peores que las que azotaban en esos tiempos a muchos países asiáticos, africanos y latinoamericanos. De acuerdo a las medidas convencionales de los ingresos y la riqueza, y viendo la escasez de bienes materiales, de infraestructura funcional y de equipo para producir, era razonable decir que esos países se habían empobrecido.

Sin embargo, a la vuelta de unos cuantos años, no más de diez, Alemania y Japón habían vuelto a convertirse en grandes potencias económicas, capaces de producir enormes cantidades de productos industriales de alto valor y gran calidad. De acuerdo a las medidas convencionales de ingreso y riqueza, ya otra vez eran ricos. De acuerdo a una nueva medida del ingreso y la riqueza, ahora siendo desarrollada en el Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT) los países nunca dejaron de ser ricos, sólo pasaron por un momento terrible de dislocación de su riqueza.

De acuerdo a esta manera de ver la riqueza, esta reside principalmente en el capital humano (los conocimientos y habilidades de la población) y la capacidad de organizarlo para producir complejos productos de alto valor agregado (una capacidad que es también parte del capital humano). En esta visión, los recursos naturales pueden ser objeto de creación de riqueza pero sólo si existe el capital humano y la capacidad de organizarlo en empresas que los extraigan y los transformen en productos útiles. Pero la riqueza no depende de los recursos naturales, que si no se tienen se pueden importar para darles valor agregado. Dependen de la capacidad de organizarse para llevar adelante tareas complejas. Eso nunca lo perdieron ni Alemania ni Japón durante la guerra. Nunca dejaron de ser ricos. Parte de la riqueza es la capacidad de volver a generar ingresos y riqueza misma después de un revés como la guerra.

Esta capacidad de ejecutar tareas complejas de alto valor agregado no existe en el vacío. No es abstracta. Las sociedades la adquieren y le dan continuidad a través de dos tipos de instituciones: las empresas, que transforman el capital humano en riqueza e ingresos, y las instituciones estatales, que mantienen el orden social y contribuyen a crear nuevo capital humano a través de la educación y la salud pública. Aunque todas estas instituciones son esenciales, el proceso se inicia con las empresas, que crean cadenas de coordinación económica que dan a la sociedad la capacidad productiva. Es decir, las empresas crean los caminos para que la coordinación de las tareas complejas se lleve a cabo día a día, internamente por sus propios procesos internos, externamente por las cadenas de abastecimiento hacia atrás y hacia delante que crean con sus actividades. Así, las empresas son la fuente de la riqueza de un país.

Mucha gente cree que las empresas le deben a la sociedad. En realidad las sociedades les deben a las empresas por organizar la actividad económica y crear la riqueza y los ingresos del país. Así, la recuperación de Alemania no se dio en el vacío o por orden del gobierno federal, sino a través de las empresas, grandes y pequeñas, que reorganizaron las complejas actividades que son necesarias en toda la economía para que un Mercedes Benz, o cualquier otro producto industrial, salga de la línea de producción. Igual fue en Japón. Igual es en todas las economías. La capacidad de organizar económicamente a una sociedad está en sus empresas, no en los ministerios de economía o hacienda.

Este fue el tema que don Samuel Quirós, desde el punto de vista de un empresario, desarrolló en su discurso al recibir un premio de la ASI a la innovación. Cuanta razón tiene en su argumento.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s