Divide y vencerás. De Manuel Hinds

Maduro y sus aliados cubanos ya han demostrado hasta la saciedad que no les importa matar, encarcelar y violar los derechos de sus ciudadanos con tal de mantenerse en el poder.

Manuel Hinds, 26 mayo 2017 / EDH

La lucha en Venezuela se va haciendo cada vez más larga. El repudio del pueblo al régimen del Socialismo del Siglo XXI es abrumador y decidido. Pero los Socialistas del Siglo XXI están ya tan enquistados en las estructuras de poder que pueden resistir indefinidamente a los embates de las protestas sin que eso les importe un comino. Maduro y sus aliados cubanos ya han demostrado hasta la saciedad que no les importa matar, encarcelar y violar los derechos de sus ciudadanos con tal de mantenerse en el poder.

Si los venezolanos hubieran actuado hace unos años con la fuerza que hoy están mostrando los Socialistas del Siglo XXI ya hubieran desaparecido del mapa político para dar paso a una democracia moderna. Pero dejaron que el monstruo creciera, subyugara a las fuerzas armadas y a la policía, e invadiera todas las instituciones del país, capturándolas para que en vez de servir al país se convirtieran en instrumentos del abuso del poder de Chávez, Maduro, los cubanos y sus asociados.

Los venezolanos no pudieron actuar a tiempo para deshacerse de este régimen por dos razones. Primero, porque no pudieron generar una unión entre todos los opositores del gobierno para formar una fuerza irresistible. Los partidos moderados, todos enemi-gos del chavismo y de Maduro, se mantuvieron divididos por razones irrelevantes y por personalismos estúpidos. Esto permitió a los chavistas mantener el poder ejecutivo en sus manos contra viento y marea. Segundo, porque, en gran parte por esa razón, dejaron a los Socialistas del Siglo XXI cambiar las leyes, la constitución, y las instituciones de tal forma que ellos llevaban siempre la ventaja en las elecciones, y para asegurarse de que aunque perdieran no soltarían el poder. La manipulación del sistema electoral fue tal que el pueblo tuvo que votar abrumadoramente en contra de ellos para sacarlos del poder. Pero cuando eso pasó, los Socialistas del Siglo XXI se han negado a cumplir con la constitución y a entregar el poder.

Esta historia debe ser ejemplo para nosotros. Por años, el FMLN ha venido socavan-do las instituciones del país para que nadie pueda oponérseles.

Las elecciones de 2018 y 2019 dan la oportunidad, quizás la última, de botar a los del FMLN del gobierno y la Asamblea. La sociedad civil y los partidos que no son el FMLN o satélites de éste deben comprender que si esta oportunidad no se usa probablemente no habrá otra, y que si la hay el aprovecharla tendría costos enormes para la sociedad entera—costos como los que Venezuela ha estado pagando en los últimos años. Por esa razón, toda la sociedad civil debe unirse con el propósito de expulsar al FMLN de su enquistamiento en el gobierno, recuperar la democracia y el respeto a los derechos individuales para esta y las futuras generaciones, y abrir las puertas para que gobiernos electos democráticamente puedan invertir en capital humano y desarrollar el país.

En esta lucha, el objetivo último es recuperar el poder ejecutivo. Por supuesto que la Asamblea es crucial, y que debe lucharse para lograr la mayor ventaja posible en ella. Pero basta ver Venezuela para darse cuenta de que la oposición puede controlar entero el poder legislativo y aún así estar impotente ante el ejecutivo, que puede desatar un poder imbatible con su control de las fuerzas armadas y de la economía del país.

Varias personas han manifestado su interés por ser presidentes de la república. Sólo uno de ellos va a triunfar. Si estas personas son patriotas, no deben permitir que la ambición de ser ese uno destroce la unidad de la oposición, permitiendo que, como pasó en Venezuela, el FMLN se perpetúe en el poder. Tienen que competir, pero con programas y políticas, no con ataques destructivos que le ahorren al FMLN el trabajo de destruir a la oposición. Luego, al elegir al candidato de la oposición, todos los demás líderes deben apoyarlo. Esto es importante no sólo por la razón obvia de que la unión hace la fuerza, sino también porque el pueblo quiere ver que sus líderes están luchando por ideales, no por ambiciones personales.

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