Se lo explico, Presidente. De Federico Hernández Aguilar

Si desea que las gremiales empresariales salgan a desconocer un fallo judicial, uniéndose a las voces de sus funcionarios, le recuerdo primero que les está invitando a bordear el delito.

Federico Hernández Aguilar, 17 mayo 2017 / EDH

A usted le resulta difícil entender por qué el sector privado salvadoreño no ha salido a defender a los “empresarios del Sitramss”, quienes son, en su opinión, “los más perjudicados con esa medida irresponsable de la Sala”. Ante semejante desafío, señor Presidente, permítame explicarle algunas cosas.

Cuando usted habla de “irresponsabilidad”, se refiere a una medida cautelar dictada por nuestro máximo tribunal de justicia. Si desea que las gremiales empresariales salgan a desconocer un fallo judicial, uniéndose a las voces de sus funcionarios, le recuerdo primero que les está invitando a bordear el delito. Comprarse un pleito tan estéril para quedar bien con el mandatario de turno, créame, no le será atractivo a ninguna de las gremiales serias, que ya suficientes problemas tienen tratando de ayudar a sus socios a sobrevivir el actual periodo gubernamental.

Pero profundicemos un poquito más, Presidente, para que nos entendamos mejor. ¿Fue el Sitramss un proyecto transparente desde el principio? Si su respuesta es afirmativa, me temo que quien debe dar explicaciones es usted. Le explico.

Antes de cumplir dos años de gestión, la primera administración del FMLN inició la construcción de andenes, áreas terminales y carriles únicos para los buses articulados del Sitramss. Curiosamente, luego de la disputa que se produjo en el seno de la “mesa nacional” que discutió el proyecto, el gobierno tomó la decisión de entregarle la exclusividad del uso de la infraestructura construida —construida, ojo, con dinero público— a una empresa privada denominada Sistema Integrado Prepago (Sipago), conformada por transportistas que también tenían el “encargo” de licitar, “privadamente”, la entrega del negocio de cobranza del pasaje electrónico.

Los señores de Sipago, Presidente, hicieron su trabajo con gran diligencia, al punto que adjudicaron el millonario contrato a Subes El Salvador, filial de una compañía creada hacía apenas dos meses en Uruguay. Esta última firma uruguaya, sin experiencia previa en materia de transporte, consiguió dos cosas importantes en tiempo récord: que su filial salvadoreña “ganara” la licitación sin tampoco tener que demostrar su trayectoria en los asuntos que se licitaban, y una providencial alianza con la empresa argentina Unetel S.A., destinada a proporcionar la tecnología que necesitaba el Sitramss. Unetel, por su parte, entre mayo y julio de 2011, firmó y echó a andar contratos de “consultoría” con los transportistas agrupados en Sipago, de forma que ellos quedaban comprometidos, antes del proceso de licitación, a recibir dinero a cambio de “asistir” al contratista (Unetel) “en la obtención de la adjudicación”.

Las interrogantes que se desprenden de todo lo anterior saltan a la vista, pero voy a tomarme el atrevimiento de formularle algunas por si a usted se le dificultara armar este rompecabezas. Siendo Sipago una empresa privada, ¿podía el Ejecutivo otorgarle en exclusividad una infraestructura edificada con dinero de nuestros impuestos y obviando el trámite respectivo en la Asamblea Legislativa? ¿Cuáles fueron los criterios para definir el perfil de los transportistas que conformarían Sipago y qué garantías de equidad se ofrecieron al resto? ¿Puede una “licitación privada” conceder derechos exclusivos sobre bienes públicos sin cumplir procesos mínimos de transparencia?

¿Conoce usted, señor Presidente, los requisitos técnicos que cumplió Subes El Salvador para obtener el negocio, siendo filial de otra firma que también acababa de ser creada en Uruguay? ¿Cómo es que el Viceministerio de Transporte no hizo objeciones al proceso, avalando por completo las actuaciones de Sipago? ¿Le parece correcto que los transportistas involucrados recibieran dinero, en concepto de “consultorías”, de una de las empresas internacionales aliadas a Subes Uruguay? Y finalmente: ¿sabía usted que existen claros nexos entre toda esta trama y Albapetróleos?

Invíteme a su despacho, Presidente. Y ordénele a dos de sus secretarios, jurídico y de transparencia, que estén presentes, porque es obvio que ellos le están asesorando muy mal. Solo así me explico que usted exija al sector privado que le secunde en esa estrafalaria “defensa empresarial” de un negocio con tantas señales de corrupción.

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