El FMLN no es de izquierda. De Manuel Hinds

En El Salvador, el FMLN ha secuestrado la palabra “izquierda”, cuando en realidad lo que persigue es establecer una tiranía vertical, algo totalmente ilegítimo en una sociedad que es democrática por vocación.

Manuel Hinds, 5 mayo 2017 / EDH

La trágica historia de las luchas ideológicas de la Guerra Fría dejó la impresión de que la política del siglo XX fue una larga confrontación entre la izquierda y la derecha que la derecha ganó con el colapso de la Unión Soviética y del comunismo en general (con la excepción de algunos países como Corea del Norte y Cuba). Pero la diferencia entre el estado moderno y democrático que triunfó sobre los regímenes que colapsaron a lo largo del siglo—el fascismo y el comunismo—no residía en sus inclinaciones ideológicas sino en la forma de las sociedades. La diferencia era que un tipo de sociedad—la fascista y la comunista—era vertical mientras que el otro era, y es, horizontal.

La clasificación de las sociedades en izquierda y derecha es confusa porque la palabra “izquierda” tiene dos sentidos diferentes, ambos relacionados a la intervención del gobierno en la sociedad. Primero está la intervención orientada a controlar la actividad económica, que funde en una dimensión única los poderes económicos y políticos, de tal forma que el gobierno controla ambas dimensiones, estableciendo un régimen totalitario. Esta fusión es la que da la forma vertical a la sociedad.

La forma extrema de esta intervención es la de prohibir la propiedad privada de los medios de producción (las empresas, maquinarias, tiendas, etc.) que es la esencia de lo que llamamos comunismo en conversación casual. En el comunismo toda la gente es empleada del gobierno y se vuelve esclava del que lo con-trola. El objetivo de prohibir la propiedad privada de los medios de producción no tiene nada que ver con conseguir algo para las sociedad. Es un medio para obtener el poder total.

La segunda forma de la izquierda es la que se orienta a llenar las necesidades sociales de los ciudadanos a través de instituciones gubernamentales—incluyendo salud, educación, y seguridad social. Este, el estado del bienestar, es la marca de la izquierda democrática. Esta sociedad no lleva a verticalidad. Es una forma de la democracia. Muchos llaman a ésta la “izquierda moderada” como si fuera lo mismo que el comunismo sólo que con más moderación, pero los regímenes comunistas no son el resultado de llevar al extremo las caracterís-ticas de los regímenes de izquierda democrática sino una perversión que usa las ideas de izquierda como un pretexto para esclavizar la sociedad a las ambiciones de un pequeño grupo.

Los países nórdicos, por ejemplo, son de izquierda porque proveen una sólida seguridad social a sus ciudadanos. Sin embargo, la primera prioridad de esos países está centrada en el respeto por los derechos del individuo, inclu-yendo el derecho a la propiedad. Como en toda sociedad democrática, los poderes económicos y políticos están repartidos en toda la sociedad, y los ciudadanos pueden sacar al gobierno y cambiar el régimen en cualquier momento. La base de este poder de la ciudadanía está en el imperio de la ley, que protege los derechos del individuo contra los abusos de poder del estado o de otros privados.

La verticalidad no sólo usa ideas de izquierda. El fascismo permite la propiedad privada de los medios de producción pero es vertical y tiránico porque, igual que en el comunismo, el que controla el estado controla la economía y, a través de ellos, la sociedad entera. Como en el comunismo, no hay equilibrio de poderes, no hay protección de los derechos individuales, no hay imperio de la ley.

Así, pues, los regímenes que en realidad se parecen son el fascista y el comunista: en ambos, un grupo pequeño usa el control totalitario del régimen para tiranizar a la sociedad entera y eternizarse en el poder. La que es realmente diferente es la democracia basada en los derechos individuales.

En El Salvador, el FMLN ha secuestrado la palabra “izquierda”, cuando en realidad lo que persigue es establecer una tiranía vertical, algo totalmente ilegítimo en una sociedad que es democrática por vocación. La verdadera izquierda debe surgir y unirse al resto de la sociedad para prevenir esto, expulsar del poder al FMLN y establecer una verdadera democracia basada en el respeto a los derechos individuales. La derecha debe recibirla con los brazos abiertos.

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